N/A: En las citas que he puesto al inicio del capítulo hay asteriscos, éstos señalan la referencia a la cita dentro del texto, así que mientras leen el capi van a encontrar a dos asteriscos, que es una referencia a la primera cita, y a tres asteriscos, que es una referencia a la segunda cita. P.D.1 La traducción portugués-español de las citas es mía. P.D. 2 ¡LEAN LA NOTA AL FINAL DEL CAPI, POR FAVOR!

Capítulo revisado innúmeras veces, pero soy humana, así que, de antemano, disculpen cualquier error que se me haya escapado.


Disclaimer: La saga Crepúsculo pertenece a Stephenie Meyer, yo solamente me divierto con sus personajes, ya que me enamoré de ellos. Esta historia es una idea mía y ahora la comparto con ustedes.


Capítulo 21 — Valorando la vida

POV Edward

"[...] amar es elegir a la criatura que ha de ser compañera en la vida, no es garantizar a la perpetua felicidad de dos personas, porque esa puede desvanecerse o corromperse." ** (Helena, Machado de Assis, escritor brasileño)

~0º0~

"No saber guardar la felicidad, después de haber sabido adquirirla es señal de locura." *** (A falência (La bancarrota) Júlia Lopes de Almeida, escritora brasileña)

~0º0~

— El doctor Cullen, por favor, soy Edward Cullen — le dije a toda prisa a la chica de la recepción del hospital, mi corazón latía acelerado en mi pecho, un latido de ansiedad y preocupación.

— Ahora mismo, él me avisó que vendría a buscarlo — dijo la chica tecleando los números del teléfono sobre su mostrador. — Listo, el doctor Cullen ya está en camino — me avisó la mujer al finalizar la llamada.

— Gra…cias… — le musité.

Me senté una de las sillas que había allí, recargué mis brazos sobre mis rodillas y dejé mi cabeza caer entre mis manos, la preocupación me estaba volviendo loco.

— Tranquilo, Edward — oí decir mi padre, su mano descansando sobre mi hombro, erguí mi cabeza para encontrarme con su mirada preocupada —, ella está bien, ya está en una habitación — empezó a explicar sentándose a mi lado.

En este instante Garrett entró y se acercó a nosotros. Él y mi padre intercambiaron una mirada y un asentimiento de cabeza.

— Gracias por traerlo — le agradeció mi padre.

— Él haría lo mismo por mí — restó importancia mi socio y amigo.

Mi padre asintió.

— ¿Qué pasó, papá? — Les interrumpí. — ¿Por qué Bella tuvo que ser ingresada si estaba trabajando?

— Ella estaba de paso por el servicio de urgencias cuando un paciente trastornado por una jaqueca invadió el área y exigía que las enfermeras le aplicasen una inyección para el dolor. Totalmente fuera de sus cabales el hombre empezó a amenazar al equipo y fue cuando Bella pasó por el pasillo, regresaba de estar con Maddie durante su hora de almuerzo, ella pasó a su lado y el hombre la agarró por el cuello, chocándola contra la pared, varias enfermeras y enfermeros fueron necesarios para apartarlo de encima de ella.

— Lo mato — dije levantándome de la silla, sintiendo la sangre hervir dentro de mis venas — pero Garrett y mi padre me sostuvieron por los brazos.

— Cálmate, hijo, ahora mismo él está sedado y un policía está en su enfermaría a la espera que se despierte para llevarlo a la comisaria.

— ¿Charlie?

— Está en la habitación con Bella esperando los resultados de sus exámenes, por eso no está el mismo vigilando al agresor. Vamos, te llevaré a dónde está Bella.

Asentí.

— Garrett, gracias — le dije a mi amigo.

— Sí quieres me quedo…

— No, vuelve a la empresa, todos deben de estar preocupados salimos a toda prisa sin dar explicaciones. Te llamo así que sepamos como estar Bella.

Nos despedimos y mi padre me llevó hasta a la habitación donde estaba mi novia, entramos al interior del hospital y caminamos por un largo pasillo, entramos en un ascensor y subimos al quito piso, salimos en otro pasillo y tras caminar un poco mi padre nos detuvo delante de una puerta blanca, tras él dar un golpe suave a la puerta entramos a la habitación, mi corazón se encogió ante la escena que vi. Allí estaba mi Bella sobre una camilla, desacordada, totalmente pálida, con un collar cervical alrededor de su cuello, una vía de suero inyectada en su mano izquierda.

— Edward… — la voz de Charlie me sacó de mi aturdimiento.

Miré al padre de mi novia, que estaba sentado a los pies de la camilla de su hija. Él estaba tan pálido como ella, el semblante angustiado.

— Charlie…

Me aproximé de la camilla y tomé la mano libre de Bella entre la mía, estaba helada. Con mi otra mano le acaricié la mejilla mientras en mis adentros rogaba a que se despertara.

— Carlisle — oír decir Charlie —, ella ya debía de haber despertado.

Un golpe en la puerta interrumpió la posible respuesta de mi padre, un hombre alto de pelo castaño con la edad muy cercana a la de mi padre, entró a la habitación.

— Doctor Gerandy, ya conoces a Charlie, el padre de la doctora Swan, este es Edward, mi hijo y su novio.

— Siento conocerlo en esta situación, hijo — dijo el médico con pesar, a lo que yo solamente asentí con un gesto de cabeza.

— ¿Cómo está mi hija? — Cuestionó Charlie ya de pié.

— Le hicimos una tomografía y comprobamos que ella presenta un cuadro de conmoción cerebral moderada, lo bueno es que no existen roturas de los vasos sanguíneos, tampoco hinchazón cerebral, así que descartamos la posibilidad de riesgo de muerte. — Mi padre, Charlie y yo dejamos escapar un suspiro de alivio al oír estás palabras. — Sin embargo — retomó el habla el médico —, tenemos que ver cuánto tiempo tarda ella en despertarse y luego evaluar su cuadro clínico, Carlisle me comentó que ella sufrió un cuadro de conmoción dos años atrás, por eso debemos quedar en estado de alerta, pues a veces una repetición de este cuadro puede venir a dejar algún tipo de secuela.

— ¡Jesús! — Suspiró Charlie, dejándose caer sobre la silla en que antes estaba sentado.

Vi el rostro de mi padre contraerse en una expresión de angustia, su mirada se detuvo unos instantes sobre la camilla tras mi espalda, nuestras miradas se encontraron y creo que mi semblante era un reflejo del suyo.

— Las próximas horas serán cruciales, pero vamos a tener fe, la doctora Swan es una mujer joven y de buena saludad — nos animó el médico —, cualquier cosa llamen a la enfermera y yo vendré a cada una hora a revisarla, esperemos que ella se despierte antes que yo vuelva.

— Voy a llamar a tu madre y a tus hermanos, Jasper está en su día libre y Emmett tiene guardia por la noche — empezó a decir mi padre —, todavía no les he dicho nada, esperaba tener noticias más concretas antes de llamarlos. Pediré a tu madre que recoja a Maddie en la guardería.

— Ohhh… Maddie… — suspiré y me giré acercándome nuevamente a la cama de Bella.

— Despierta, preciosa, por favor, te necesitamos, nuestra hija te necesita — imploré dejando un suave beso sobre su frente —, yo te necesito — añadí bajito —, te amo, Bella, despierta, preciosa, por favor — mi voz se quebró, precisaba saber que ella iba a estar bien, quería ver su mirada chocolate mirándome enamorada, su sonrisa de amor.

— Ten paciencia, hijo, y vamos a tener fe, ella se despertará pronto, como el doctor Gerandy dijo, ella es joven y sana. — Me apoyó mi padre poniendo un brazo alrededor de mi hombro.

— Es difícil tener paciencia en esta situación, papá… verla así…

— Lo sé, Edward… Bella es como una hija para mí… — dijo y vi como sus ojos se aguaron, él se apartó de mi lado —, voy a llamar a tu madre — avisó antes de salir de la habitación.

Charlie seguía sentado en la silla con la mirada perdida.

— Ella se quedará bien — me dijo.

— Ella se quedará bien — repetí yo.

Cogí una silla que estaba arrinconada a la pared y la puse al lado de la camilla de Bella, me senté y envolví su mano entre las mías. Tras algunos minutos de silencio Charlie se levantó.

— Necesito hacer algo, sino esta espera me volverá loco — explicó —, voy a comprobar si el agresor ya despertó, quiero tener el placer de esposarlo. La cuidarás…

— Por supuesto, no saldré de su lado.

— Vale, hijo, gracias. Estoy con mi móvil cualquier cosa llámame.

Asentí, él se fue y yo me quedé a solas con Bella. Verla allí desacordada, débil, pálida, sin saber si su vida podría cambiar a causa de alguna secuela era algo demasiado abrumador. Estaba más tranquilo por saber que no existía riesgo de muerte, pero imaginar que ella podría despertar y no ser la misma Bella me dejaba angustiado, no por mí, por ella, pues no podría imaginar cómo reaccionaría ella ante alguna secuela que la imposibilitase de trabajar o de cuidar a nuestra hija. Todo por culpa de un desgraciado egoísta… que se puso muy valentón ante un equipo de enfermería compuesto sólo por mujeres, era un cobarde, del tipo de hombre que sólo se atreve a imponerse delante de mujeres, pero que cuando está delante de otros hombres se le olvida todo lo valiente que es y se esconde igual una rata.

Me levanté de la silla y sin deshacer el enlace de su mano a la mía, me incliné sobre ella dejando mi cabeza tocar ligeramente la piel de su frente, aspirando su olor a Bella a mi Bella.

— Es hora de despertar, mi bella durmiente — le hablé —, te necesitamos preciosa, yo te necesito tanto, no tienes ni idea, mi amor — suspiré, dejé un beso sobre su frente y enseguida me aparté levando su mano a mis labios para besar su suave piel, con mis labios todavía sobre la piel de su mano, cerré mis ojos y rogué a Dios por salud.

— Edward… — abrí mis ojos de golpe para encontrarme con la mirada chocolate de mi novia.

— Gracias a Dios — suspiré aliviado. — Estoy aquí, Bella — dije volviendo a inclinarme sobre su rostro.

— Me duele la cabeza — se quejó…

Inmediatamente apreté el botón para llamar a una enfermera.

— Ya vendrán a examinarte y a darte algo para el dolor — le dije.

— ¿Qué pasó? ¿Por qué estoy aquí? — Cuestionó mirando confusa a su alrededor, llevando una mano hasta su collar cervical.

— Ehhh… tranquila, preciosa, deja que el médico te revise primero, luego te contaremos lo que sucedió. Lo importante es que as despertado.

— ¿Cuánto tiempo estuve desacordada?

— Más de una hora.

La enfermera entró en este momento.

— Ella se despertó — le avisé —, puedes llamar al médico, por favor.

— Sí, ahora mismo, es bueno verla despierta, Doctora Swan.

— Gracias…

— Necesito llamar a tu padre — le avisé cuando la enfermera nos dejó a solas.

Charlie contestó rápidamente, le di la noticia, y el alivio en su voz fue perceptible cuando, igual que yo, suspiró un "gracias a Dios", enseguida me dijo que se dirigía hacia la habitación.

Minutos después el doctor Gerandy entró en la habitación acompañado de la misma enfermera que había salido en su busca.

Doctora Swan, nos dio un gran susto, es bueno verla despierta.

No me acuerdo lo que me sucedió — le contestó Bella.

Es normal, usted sufrió una conmoción cerebral de intensidad moderada, habrá que estar en observación por algún tiempo.

Lo sé… me duele la cabeza — le dijo ella.

Voy a examinarla y le daré algo para el dolor.

Esperaré a tu padre afuera, Bella — le avisé, ella asintió ligeramente.

Salí de la habitación y me quedé junto a la puerta, poco después Charlie llegó.

El médico la está examinando, pero ella parece bien — lo tranquilicé.

El examen tardó cerca de diez minutos y cuando el doctor Gerandy dejó la habitación encontró a un padre y novio ansiosos a su espera.

¿Cómo ella está? — Inquirió Charlie.

Ella se despertó bien, aparte del dolor de cabeza, que es normal a causa del golpe, ella no presentó ningún síntoma que nos alarme, no está soñolienta, su habla está coherente, pero la dejaré en observación por esta noche, esperemos que siga igual. Si mañana por la mañana su cuadro no presente cambios le daré el alta, pero habrá que estar en descanso por 15 días, nada de televisión o lectura, nada que genere un esfuerzo cerebral y/o físico. Si todo sale bien les daré mayores explicaciones antes del alta.

Agradecimos al médico y cuando nos despedíamos llegaron mis padres y mis hermanos y mis cuñadas. El doctor Gerandy hizo un breve resumen del estado de Bella nuevamente y nos pidió que no la abrumáramos con demasiadas visitas, como máximo 2 personas dentro de la habitación.

Ah, doctor — lo llamé —, ¿ella ya sabe lo que sucedió?

Le dije que sufrió una agresión física y que ustedes le contarían los detalles.

Asentí y el médico nos dejó ante los agradecimientos de mi familia.

Voy entrar a verla — nos avisó Charlie.

Dile que pronto estaré con ella.

Él asintió y entró en la habitación cerrando la puerta a su espalda.

Ohhh… hijo, qué susto, cuando tu padre me llamó no podría creer en sus palabras — dijo mi madre abrazándose a mí.

Yo tampoco, mamá. Jamás tuve tanto miedo en vida — le confesé.

Ohhh… cariño. Ella se quedará bien.

Lo peor ya pasó, hermano — me dijo Jasper.

Todavía le queda una noche en observación… — le recordé.

Se ha despertado bien, dudo de que empeore — me contestó optimista.

Ojalá así sea — suspiré.

Bellita se pondrá bien, hermano, es joven y sana, pronto ni siquiera vamos nos acordar de este día — me apoyó Emmett.

Ella es fuerte, Edward, más de lo que aparenta, se recuperará pronto — corroboró Rosalie.

Sí, ella se recuperará pronto, lo siento aquí — dijo Alice, llevando una mano en sobre su corazón.

Miré a los rostros de mi familia a mi alrededor y vi la preocupación estampada en cada rostro, la angustia en la mirada, aunque ellos intentaban no demostrarme para poder darme el apoyo que yo necesitaba.

Gracias… gracias a todos — agradecí, mirando sus rostros, mientras todavía tenía a mi madre abrazada junto a mí.

Ella es nuestra familia también, hijo — dijo mi padre, apoyando una mano sobre mi hombro, dándome un apretón de apoyo.

Asentí, lo sabía y me alegraba de eso, la mujer que amaba era admirada y amada por mi familia y eso me llenaba de orgullo.

x-x-x-x-x

Quiero ver a nuestra hija, Edward — me pidió Bella cuando volví a entrar en su habitación.

Voy a buscarla en la guardería — le avise y dejé un beso sobre su frente. — ¿Cómo te sientes? — Pregunté acariciando su mejilla.

Bien… el dolor de cabeza empieza a disminuir, pusieron medicinas en mi suero — explicó apuntando para su mano donde se encontraba la vía intravenosa. — ¿Qué sucedió? Lo último de que me acuerdo es que había una especie de discusión en el pasillo del servicio de urgencias.

Miré a mi madre, que fue la última a entrar en la habitación, tras todos los demás visitaren rápidamente a mi novia, y quien había dicho que se quedaría para ayudarla; los demás se fueron ya que no podían estar todos allí, mis cuñadas pidiendo que les llamara si necesitase de ayuda con Maddie. Esme asintió a mi pregunta implícita y tras llenarme los pulmones de aire empecé a contarle lo sucedido a Bella.

Estabas de paso por el área de urgencias, cuando un paciente que estaba descontrolado pues quería ser medicado por un dolor de cabeza, te cogió por el cuello y chocaste contra la pared, dañando tu cabeza en el proceso, desmayaste casi que al instante — vi como Bella se estremeció al oír mi narración y tuve ganas de tomarla en brazos y protegerla de todo. —Apartaron el hombre de ti y él ahora está sobre el efecto de tranquilizantes y custodiado por un policía, será llevado a la comisaria así que el médico le dé el alta.

Ya había oído este tipo de historias desde cuando todavía estaba en la universidad, pero jamás pensé que algo así me iría a ocurrir — suspiró ella con cansancio.

La violencia en hospitales es algo más común de lo que suele pensar la gente, principalmente con los profesionales de urgencias. Carlisle tiene a muchas historias de agresiones físicas que sufrieron colegas suyos mientras estaban en guardia — comentó mi madre.

Por suerte estoy bien, gracias a Dios, podría haber…. haber sido peor… — suspiró Bella y vi sus ojos se empañaren de lágrimas.

No, cariño, no pienses en eso — dijo mi madre confortándola, mientras le acariciaba el rostro.

Yo mismo tuve que hacer un gran esfuerzo para no pensar que podría haberla perdido para siempre.

Descansa, amor, voy por nuestra hija — le dije.

Ella asintió y yo intercambié una mirada con mi madre antes de dejar la habitación, ella puso los ojos en blanco como si dijera, "por supuesto que la voy a cuidar, hijo".

Dejé la habitación y cuando estaba me dirigiendo hacia las instalaciones de la guardería, me encontré con Charlie, él tenía un aspecto que divergía entre estar encabronado y estar preocupado.

¿Qué pasó, Charlie? — Pregunté cuando estuve lo suficiente cerca.

Acabo de enterarme que el malnacido aquel llevaba bajo la ropa un cuchillo de caza ¿Sabes lo que eso significa, Edward? — Cuestionó, mirándome trastornado. — Él la podía haber golpeado con algo más que sus manos, la podía haber acuchillado en medio de su ataque de ira.

La sangre se heló en mis venas y un escalofrío espeluznante recurrió todas las terminaciones nerviosas de mi cuerpo al comprender lo que podría haber pasado, y en aquel momento me acordé de las palabras que el propio Charlie me había dicho meses antes cuando fue a visitarme en la empresa: "— Eres tan protector cuanto yo era a tu misma edad cuando me casé con la madre de Bella. Pero ten en cuenta que ni siempre vamos a lograr proteger a aquellos que amamos, la vida a veces nos pone delante de situaciones que nos dejan sin la opción de poder hacer nada. No pude proteger a mi esposa del accidente que le arrebató la vida, no pude proteger a mi hija de sufrir el dolor de la pérdida de un hijo. Estar vivo y amar a alguien nos hace vivir en un riesgo constante de sufrir por aquellos que amamos o de hacerles sufrir."

Al rememorar sus palabras me sentí tan impotente, porque por primera vez en mi vida experimenté la sensación de querer proteger a alguien, la sensación que debía de haberla protegido, pero la situación era algo que se escapaba totalmente de mis manos. De la manera más cruel, percibí que la felicidad, mi felicidad, nuestra felicidad puede corromperse o desvanecerse en un parpadeo.**

— Nos queda agradecer a Dios por haberla protegido por nosotros, hijo — me dijo Charlie, literalmente leyendo mis pensamientos —, y disfrutar de la vida como si no hubiera mañana, porque no sabemos lo que nos puede suceder dentro del siguiente segundo.

— Eso haré… — le contesté simplemente, él me sonrió y me dio un apretón en el hombro.

— Voy a la comisaria, quiero investigar a los antecedentes penales de este tipo, si él es un reincidente la cosa se complicará mucho para él, me encargaré personalmente de eso — prometió. — Pasaré a ver a Bella y enseguida voy para allá, sé que ella está en buenas manos, sólo por eso soy capaz de apartarme de ella en este momento, pero quiero que me llames si le sucede cualquier cambio en su cuadro clínico.

— Lo haré, no tengas dudas.

Me despedí de Charlie y seguí mi camino hacía la guardería, hablé con la cuidadora, que ya estaba al tanto de lo pasó a Bella, todo el hospital estaba, ella me preguntó por la salud de Bella y me pidió que le enviase los buenos deseos de todo el equipo de la guardería por su mejoría.

— Gracias — agradecí a la mujer —, Bella se pondrá muy contenta al saber cuán apreciada es por todos.

Ella me sonrió y fue a buscar a mi niña.

— ¡Papi! Papi…papi… — Repetía Maddie una y otra vez, desde los brazos de la cuidadora que se reía por la efusiva alegría de mi hija al verme. También fue la primera vez que conseguí reír desde que mi padre me llamó para darme la noticia de lo de Bella.

— Hola, pequeña preciosura — dije tomándola en brazos.

— Papi…— ella me sonrío mostrándome sus pequeños y blancos dientes, cuatro sobre la encía superior y cuatro sobre la inferior. Ella puso sus manitas sobre mis mejillas, acariciando mi rostro, era una nueva costumbre suya, cada vez que yo llegaba de algún sitio ella me recibía de esta manera, la había copiado de su madre. Sus hermosos ojos me miraban de una manera tan dulce, tan ilusionada y tan inocente, ajena a toda la angustia que estuvimos viviendo en la última hora.

Le agradecí a la cuidadora y tomé su pequeña mochila lila llena de corazones y flores coloridos, con un dibujo de la "Doctora juguetes" sobre el bolso de la frente.

— Vamos ver a mamá — le dije a Maddie.

— ¡Mami! — Exclamó ella feliz, sonriéndome nuevamente.

— Sí, mami…— dije abrazándola más cerca de mi cuerpo —, estuvimos tan cerca de perderla… — suspiré bajito, dejando un beso sobre su sonrosada mejilla. Como si comprendiera mi estado de ánimo, Maddie recostó su cabeza sobre mi hombro y dejó una de sus manitas alrededor de mi cuello, era como si me estuviera confortando. Acaricié su espalda mientras caminábamos por el largo pasillo del hospital hasta llegar al área de las habitaciones de internos.

— Mira, mamá, quién llegó a verte — dije entrando a la habitación. Maddie levantó su cabeza de mi hombro y sonrió grandemente al ver a su madre.

— Mami — dijo ella, estirándose hacia Bella.

— Edward, déjame sostenerla — pidió mi novia, al ver que yo sostenía firmemente a nuestra hija.

— No puedes, recién despiertas de un desmayo causado por una conmoción cerebral — le acordé.

— La necesito… por favor… — pidió angustiada, mientras la niña en mis brazos empezaba a molestarse porque yo no la dejaba ir con su madre. Esme… — musitó mi novia, volviendo su rostro hacia mi madre.

— Ella no tiene que sostenerla, Edward, tan sólo siéntala a horcajadas sobre el estómago de Bella.

— Por favor, amor… — pidió nuevamente mi novia y fue mi perdición, pues al mismo tiempo Maddie empezó a llorar estirándose hacia Bella, llamándola.

Me aproximé de su camilla y dejé a nuestra niña a horcajadas sobre su estómago, como sugirió mi madre. Maddie se abrazó a ella, y enterró el rostro en el hueco de su escote.

— Ya, muñequita, mamá te tiene… shhhh…. — le decía Bella con mimo, mientras acariciaba su espalda con su mano libre.

Maddie irguió su rostro, sentándose derecha, olvidando las lágrimas para regalar una hermosa y dulce sonrisa a Bella.

— Dios… cómo te amo, hija — suspiró Bella, los ojos llenos de lágrimas, mientras acariciaba el rostro de Maddie, como si lo estuviese memorizando, sin duda, asustada ante el hecho que algo más grave le podría haber pasado.

Retazos de una conversación nuestra, que parecía haber sucedido un siglo antes, surgió en mi mente.

"— […] Sabes, siempre oí a las madres de mis pacientes decir que su mayor miedo después que dieron a luz era el de morir dejando a sus hijos todavía en la fase de la niñez. Las comprendo muy bien hoy, el bienestar y la seguridad de Maddie es lo primero para mí. — Me había comentado ella, a lo que yo le contesté que no le iba a pasar nada, y enseguida ella añadió:

La vida es como la llama de una vela, Edward, en un momento está flamante, pero en el siguiente se apaga de un soplido. Se lo pasó a la madre de Maddie, dudo que por la cabeza de Tanya haya pasado la idea de que no iba a estar al lado de su bebé para verla crecer — razonó Bella —, tampoco a mi madre — añadió con un deje de tristeza en su voz.

Lo sé, pero si nos pusimos a pensar en eso nos volveremos locos a la espera de un momento que solamente Dios sabe cuándo pasará — le dije.

Antes jamás lo pensé, pero desde que Maddie entró en mi vida soy más consciente de mi mortalidad."

Su mayor miedo por muy poco no se hace realidad, un escalofrío recorrió mi cuerpo con tan sólo pensar en esta hipótesis.

Maddie se durmió sobre el pecho de Bella, con cuidado para no despertarla la tomé en mis brazos.

— Edward, quiero vayas a casa y te quedes con ella — empezó a decirme Bella.

— No, mamá puede quedarse con ella, yo me quedaré contigo — dije tajantemente.

— No. Esme se quedará conmigo, Maddie necesita mantener su rutina y para eso uno de nosotros tiene que estar a su lado. Ella está acostumbrada a estar algunas horas con su abuela, pero siempre la llevamos a casa, la bañamos, le damos su biberón y la arropamos por la noche, ella extrañará si no estamos a su lado, y ya que no puedo estar con ella, por lo menos la tendrá a ti, es bueno que ya no le dé el pecho, eso le haría más difícil la noche — a los ocho meses mi novia había dejado de amamantar a nuestra hija, Maddie ya comía de todo un poco y solamente tomaba el pecho por las mañanas y por la noche, así que fue un proceso gradual y natural que dejara la leche materna.

— Bella… — intenté oponerme.

— Es la mejor solución, hijo — opinó mi madre, interrumpiéndome —, pensando justamente en esto ya salí de casa preparada por si tenía que quedarme con Bella — dijo ella señalando un gran bolso que estaba sobre una mesa de apoyo contra la pared —, además en estas situaciones es más cómodo estar entre mujeres.

Bella asintió, un gesto pequeño ya que el collar cervical restringía sus movimientos.

— Las dos no juegan limpio — les dije cediendo a la petición.

Ellas se sonrieron a lo que rodé los ojos. Con Maddie nos quedamos en el hospital hasta las seis de la tarde.

— Cualquier cosa me llamas — le pedí a Bella, sentándome en la orilla de su camilla y tomando su mano entre las mías.

— Estoy bien, Edward. De verdad creo que lo peor ya pasó — me contestó ella, apretando mi mano.

— Pero de igual manera me llamaras si no te sientes bien.

— Ok, Esme lo hará — concedió mirando a mi madre al otro lado de la habitación con nuestra hija, que ya se había despertado de su siesta, en brazos mostrándole la vista del jardín del hospital por la ventana —, pero dudo que sea necesario.

— Ojalá así sea — dije inclinándome sobre ella para dejar un suave beso sobre sus labios. — Cuídate y descansa mucho — le pedí.

— Sí, señor — dijo ella intentando aligerar el ambiente.

— Te amo — le acordé.

— Yo también te amo — suspiró, tirando de mi mano para que me acerca a su rostro ya que ella no podía hacerlo por la restricción del collar cervical.

Nos besamos tiernamente, un beso profundo lleno de sentimiento, amor, miedo y entrega.

— Anda ve, tienes que dar la cena a Maddie — dijo cuando nos apartamos, claramente intentando evitar la profusión de emociones que la abrumaban en aquel momento.

Asentí y me acerqué a mamá para despedirme y tomar a Maddie en brazos.

— Dale un beso a mamá, pequeña preciosura — le dije acercándola al rostro de Bella, nuestra hija sonrió y dejó un beso baboso en la mejilla de su madre.

— Se buena con papá, muñequita — le pidió Bella, mientras acariciaba sus suaves rizos.

— Estaremos bien, no te preocupes, tan sólo descansa, mañana temprano estaremos aquí.

Le di un último beso y otro a mi madre, con Maddie en brazos caminé hasta el área de la obstetricia y en el puesto de enfermería pregunté si mi padre estaba ocupado en aquel momento, la enfermera me dijo que no tenía pacientes y que estaba en su consultorio, le agradecí y me dirigí hacia el lugar, ganándome miradas extrañadas por estar con una niña en brazos en aquella área del hospital.

— Hijo… — dijo mi padre levantándose de su silla, cuando entré tras oír su permiso en respuesta al pequeño golpe que di a la puerta.

— Me voy a casa — le avisé —, entre Bella y mamá ambas me convencieron que debía quedarme con Maddie.

— Es lo mejor, mi nieta va a echar de menos a su madre, jamás estuvo una noche sin ella.

— Abu… — le llamó Maddie sonriéndole, él se inclinó y dejó un beso sobre su frente.

— Hola, princesa — dijo acariciando su mejilla, sonriéndole de regreso. — Cuida a esta preciosura y descansa, no te preocupes por Bella, no creo que ella empeore, sólo está ingresada por una cuestión de precaución, lo más probable es que sigua recuperándose bien. Mi guardia termina dentro de una hora, la pasaré a verla antes de irme a casa, pero no te preocupes Emmett tiene guardia esta noche y se quedará pendiente de ella — me tranquilizó él.

Me despedí de mi padre y me dirigí hacia el aparcamiento, estaba con las llaves del coche de Bella, el mío se quedó en el aparcamiento de la empresa horas antes Garrett me trajo en su propio coche. Acomodé a Maddie en su silla y me puse al volante.

Una sensación extraña me embargó cuando entre en casa sabiendo que aquella noche Bella no llegaría, ella no estaría allí para compartir conmigo los cuidados de nuestra hija, para mecerla hasta que se durmiera y luego arroparla en su cuna; para cenarnos juntos y enseguida acurrucarnos en nuestra cama satisfechos en sentir la proximidad de nuestros cuerpos mientras nos contábamos como había sido nuestros respectivos días. Suspiré y me senté en el sofá dejando a Maddie de pie sobre el suelo entre el hueco entre mis piernas.

— Vamos a ponerte cómoda, pequeña preciosura — le dije mientras empezaba a quitarle la pequeña chaqueta jeans, dejándola con un mameluco marga larga, la prenda era rosa con pequeños puntitos blancos y en el centro del pecho estaba escrito con letras mayúsculas la frase "Niña de papi". De pronto me acordé como en aquella misma mañana todo estaba tan tranquilo, estábamos felices, yo me reí contento cuando Bella entró en la cocina trayendo a Maddie vistiendo aquella pieza adorable y un pantalón azul oscuro con dos un corazón rosa sobre cada rodilla. Suspiré nuevamente y senté a Maddie en mi regazo para quitarle sus pequeñas converse dejando sus medias y pantalones puestos.

Dejé a mi hija en la sala dentro de su cercado, jugando con algunos bloques mientras preparaba su cena, sólo tenía que calentarla, ya que Bella siempre preparaba grandes cuantidades de comida y las separaba en envases que dejaba en el congelador. Elegí una sopa de legumbres con fideos, y la puse a calentar en el microondas, aproveché los pocos minutos para poder cambiar de ropa, jugué con mi hija durante algunos minutos mientras esperaba que su sopa se enfriara un poco.

— ¡A comer, Maddie! — Le dije tras algunos minutos y ella estiró sus bracitos hacía mí, la cargué y me senté con ella sobre mi regazo en uno de los bancos de la encimera. Ella tomó toda la sopa en pocos minutos, era una pequeña glotona, comía de todo, solo teníamos que poner en su plato y ella sin duda lo comería, así que era siempre un motivo de preocupación cuando no quería comer, pues sabíamos que era señal de que algo le pasaba.

Tras su cena me senté con ella en el sofá y vimos un poco de dibujos animados, ella sentada junto a mi costado derecho con su cuerpo ahuecado bajo mi brazo. Tras cuarenta minutos ella empezó a ponerse soñolienta, la dejé sobre el sofá y fui a la cocina a preparar su leche, lo preparé y lo dejé en su biberón enfriándose. Volví a la sala y la encontré en la misma posición que la había dejado, fui a su habitación y al baño y preparé todo para bañarla. Volví a la sala y la tomé en brazos, mimosa ella acurrucó su cabeza sobre mi hombro, su pelo haciendo cosquillas en mi mentón. La bañé, puse un pañal limpio y un conjunto de pijama de camisa manga larga roja con un lazo blanco en el centro del pecho y un pantalón blanco con bolitas coloridas, por último le puse unas medias rojas, estábamos en primavera, pero la noches en Forks suelen ser frías y siempre la arropábamos bien para que no contrajera un resfrió. Con una soñolienta Maddie en brazos me fui a la cocina a coger su biberón con leche ya tibia, ella lo tomó mientras nos mecíamos en su mecedora; así que terminó el biberón ella se durmió, me quedé algunos minutos con ella en brazos y después la acomodé en su cuna. Dejé un beso en su cabeza, oliendo su dulce fragancia a bebé para poder sentir un poco de tranquilidad. Dejé la puerta de su habitación entreabierta y llevé conmigo el monitor de la niñera electrónica, me duché, vestí un pantalón chándal gris y una camiseta blanca, enseguida me preparé un sándwich y lo comí con un vaso de jugo, tras comer me senté a ver un poco de tele, tomé mi móvil y vi que tenía un mensaje de mi padre.

"Bella está bien, la pasé a ver como te había dicho antes." — Suspiré aliviado.

Acababa de enviar un mensaje agradeciendo a mi padre cuando me entró un nuevo mensaje.

"Bella está bien, pero pregunta por Maddie" — Era mi madre.

"Dile que está alimentada, bañada y dormida y también dile que la extrañamos. Gracias, mamá"

"Por nada cariño. Ella dijo que también los extraña, te manda un beso, ahora que sabe ustedes dos están bien ella pondrá dormir tranquila. Buenas noches, hijo.

"Besos para las dos y gracias nuevamente, mamá. Buenas noches."

Sabía que mi madre entendería que no estaba agradeciendo tan sólo por los mensajes, sino por el apoyo y por cuidar de Bella.

Escribí un mensaje a Garrett informándole sobre el estado de Bella, luego revisé a Maddie una última vez y entré en la habitación de Bella, que en los últimos meses se había convertido en nuestra habitación, qué raro fue acostarme a la cama y no tenerla a mí lado, no poder envolver mis brazos alrededor de su cintura y atraerla hacia mi cuerpo y enterrar mi rostro en su cuello, sintiendo el olor de su piel, su cuerpo caliente junto al mío. Me acosté con mi cabeza sobre su almohada y tras algún tiempo logré adormecer, un sueño agitado, poblado de pesadillas, en que Bella seguía desacordada y malherida sobre la camilla del hospital. Me desperté gracias al lloriqueo de mi hija, por el monitor podía oír que decía "Mami o mamá" mientras lloraba, fui a su habitación y la encontré sentada en su cuna con los ojos llenos de lágrimas, su cabello cayendo sobre su rostro, con el dorso de una de sus manitas pegado a su mejilla intentando apartar el pelo alborotado.

— Mamá — dijo estirando sus bracitos para que la cargara, como si yo pudiera llevarla con su madre.

La tomé en brazos y sentí su cuerpo temblar sollozando.

— También la extraño, pequeña preciosura — musité acurrucándola contra mi pecho. — Vamos, papi te hará un biberón con leche calentita. Con ella pegada a mí como si fuera una lapa, ya que intenté dejarla en su cercadito, pero empezó a llorar más fuerte sujetándose de mi camisa, logré preparar su leche. Con mucha paciencia logré que ella se tomara al menos medio biberón, pues durante quince minutos estuvo girando la cabeza cada vez que le acercaba la tetina a la boca, suspirando un "mamá" en tono lastimero. Después le cambié el pañal y la llevé para nuestra cama, acostándome con ella sobre mi pecho, ella se durmió mientras yo le acariciaba la espalda y le recitaba poesías en un intento de calmarla, siempre llamando a su mamá entre hipidos bajitos. Cuando estuve seguro que ella se había dormido, la dejé sobre la almohada de Bella con esperanza que el olor de su madre la confortara, hice una especie de cercado con mantas y almohadas alrededor de ella para asegurarme de que ella no se caería de la cama y luego me acosté a su lado, adormecí viendo el ir y venir de su respiración.

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Por la mañana me desperté antes que Maddie, revisé mi celular y no había ninguna llamada, me levanté, me duché, comí algo y preparé el desayuno de mi hija, un plato de cereales, su primera palabra al despertarse fue "mami", estuvo muy apática mientras yo le preparaba para salir, fueron mil intentos para que comiera algo del cereal que le había preparado hasta que desistí, ella no comería nada más, y yo no podría obligarla sabía a ciencia cierta como ella estaba se sintiendo.

— Vamos por mamá, pequeña — dije tomándola en brazos, cogiendo enseguida su mochila que estaba sobre el sofá.

— Sí... — dijo batiendo palmas, dándome su primera sonrisa del día.

Llegamos al hospital a las siete, Emmett me esperaba a la entrada y me acompañó hasta la habitación de Bella.

— Ella se ha despertado bien, hermano. Sin dolor de cabeza, ni náuseas es probable que el doctor Gerandy le dé el alta cuando la revise — me contó él mientras caminábamos por el pasillo.

— ¿Puedo llevar a Maddie o crees que no es un buen momento? La puedo dejar en la guardería.

— No, está bien. Bella está ansiosa por verla y como ella está en una habitación individual no hay problema.

Cuando entramos en la habitación en que estaba mi novia la encontramos terminando su desayuno.

— ¡Mami! — Gritó Maddie al verla.

— Muñequita...

Mi madre apartó la bandeja del desayuno de encima de Bella y yo dejé a nuestra hija a horcajadas sobre sus caderas. Maddie se abrazó a ella y Bella la envolvió con sus brazos, ya que le habían quitado la vía intravenosa de la mano.

— Te extrañé tanto, muñequita, los extrañé — dijo ella volviendo su rostro hacia mí.

— También te extrañamos — afirmé, dejando un beso sobre sus labios.

— ¿Cómo les fue la noche? — Preguntó mientras que su mano derecha acariciaba la espalda de nuestra hija y con la izquierda su pelo.

— Diferente... — dije simplemente.

— Ummm... Lo puedo imaginar.

El doctor Gerandy llegó media hora después a revisar a Bella y tras terminar su chequeo le dio el alta y una baja laboral de 15 días, él también le quitó el collar cervical, que había sido puesto por precaución, pues el fuerte agarre del agresor podría haber lastimado los músculos de su cuello. Cuando el médico le quitó el collar tuve ganas de poder estar por algunos minutos con el malnacido que la dañó y poder darle su merecido, la suave y cremosa piel del cuello de Bella estaba marcada por el intento de estrangulamiento; el área estaba roja y sin duda dentro de algunos días estaría amoratada. Tras ver aquellas marcas tuve que hacer un gran esfuerzo para poder seguir concentrado en las recomendaciones que le daba el médico a Bella y a nosotros, él le daba consejos para que hiciera reposo y descansara principalmente durante la primera semana de recuperación, que no hiciese esfuerzo físico ni mental, nada de televisión, celular o lectura por al menos una semana. También nos dijo que sería normal que sintiera algo de dolor de cabeza a veces, náuseas e inclusos mareos, por eso le pidió sostener a Maddie solamente si estuviera sentada, pero en general estos síntomas solían desaparecer de manera gradual dentro de días o semanas a depender de cada paciente. Le agradecimos los consejos y nos despedimos de él, enseguida dejamos la habitación para que mi madre ayudase a Bella a vestirse.

— Ahora podemos respirar tranquilos, lo peor ya pasó — comentó Emmett cuando estuvimos fuera de la habitación.

— Sí, gracias a Dios, todo no pasó de un gran susto — suspiré, sintiendo como si el peso del mundo fuera quitado de sobre mis hombros. Gracias por estar pendiente de ella durante la noche — le agradecí.

Mi hermano tan sólo asintió con una sonrisa.

— Ven, con el tío oso, princesa — dijo ofreciendo sus manos a Maddie, que se inclinó hacia su invitación —, papi tiene que ayudar a mami. ¿Vamos por un bollo en el refectorio?

— Boooyo… — repitió Maddie, sonriéndole, feliz ante la perspectiva de comer algo dulce.

— Eso, princesa, dale adiós a papi — pidió mi hermano, mi hija me sonrió y llevando su manita a la boca me sopló un beso y luego me dio adiós con la mano, le soplé otro beso y ella me sonrió. — Volvemos pronto — me avisó Emmett —, si ustedes están listos para ir antes, sólo llámame — él me dio adiós con la mano imitando el gesto de su sobrina y se fue con ella en brazos.

Esperé como que diez minutos fuera de la habitación y fue en este momento que Charlie llegó.

— Buenos días, hijo — me saludó.

— Buenos, Charlie. El doctor Gerandy acaba de dar el alta a Bella.

Gracias a Dios, llamé a la recepción por la noche y me dijeron que ella estaba bien — me contó —, pero aun así no he podido dormir bien.

Yo tampoco — le confesé. — ¿Tienes alguna novedad acerca del agresor de Bella?

Sí, buenísimas novedades. Él es de Nova York y es reincidente, hace tres años casi mata a su ex a golpes, y todavía estaba en su período de libertad condicional, así que volverá a la cárcel de allí inmediatamente.

Un loco a menos en la sociedad.

Algunos minutos después la puerta de la habitación de Bella se abrió.

Ella ya está lista — nos avisó mi madre. — Buenos días, Charlie.

Buenos días, Esme, gracias por cuidarla…

Ella es como una hija para mí, Charlie, no tienes por qué agradecerme.

Él asintió.

Voy entrar a verla — nos avisó.

Mi mamá se movió de la puerta acercándose a mí.

¿Cómo estás, Edward? — Preguntó tocando mi rostro con sus suaves manos maternales.

Bien, mucho más tranquilo ahora que ella ya está de alta.

Tomé su mano de mi rostro y le besé el dorso.

Gracias por la ayuda, por cuidarla. Ustedes estaban en lo cierto Maddie se puso muy gruñona por la noche, llamó mucho a Bella, se durmió entre hipidos.

Ohhh… mi pequeña… pobrecita, debe de haber sido muy raro para ella no tener a su madre por la noche.

Fue rarísimo y no sólo para ella — respondí.

Mi madre me dio una mirada tierna, llena de entendimiento, pero no comentó nada más, no habría necesidad de hacerlo, ambos sabíamos que yo amaba a Bella con todo mi ser, así como ella amaba mi padre y él a ella.

¿Dónde está mi nieta?

Emmett la llevó por un bollo en el refectorio.

Pobre, Rosalie, no me gustaría estar en sus zapatos si cuando decidan dar a Ethan un hermanito éste sea niña, ¿Te imaginas a Emmett con una niña?

Me reí, sí lo imaginaba, sería una pequeña princesa consentida, él le enseñaría a jugar al baloncesto, al fútbol e incluso defensa personal y sin duda jugaría a las muñecas por ella, lo peor es que me veía haciendo las mismas cosas si mi hija me pidiera.

Ah, mamá, no sé si tenerle lástima a Rosalie o a Emmett.

Nos reímos, mi hermano se volvería loco intentando consentir y proteger a su princesa, igual que yo.

Entramos a la habitación y encontramos a Bella sentada en la lateral de su camilla y Charlie delante de ella. Mi novia se había duchado y vestía una camisa blanca manga larga, holgada, un pantalón vaquero ceñido a sus piernas y unas bailarinas negras. Su pelo marrón y espeso caía suelto alrededor de su rostro, ella todavía se veía cansada y algo pálida.

¿Ya quieres irte a casa? — Le pregunté.

Sí, por favor — dijo haciéndonos reír.

Voy llamar a la enfermera para que traiga la silla de ruedas — ella hizo un mohín de disgusto con los labios —, es mejor que no te esfuerces por ahora, es un camino largo hasta el coche — le recordé y ella asintió.

¿Dónde está nuestra hija? — Amaba oírla decir "nuestra hija", sonreí.

Con Emmett, ya deben estar por volver. Ya vuelvo — dije saliendo en busca de alguna enfermera. Cuando volví a su habitación acompañado de la enfermera y de la silla de ruedas Emmett y Maddie ya estaban allí, Bella sentada en una silla con Maddie sobre su regazo.

Ven con la abuela, pequeña — le dijo mi madre inclinándose para cogerla, pero mi hija se volvió hacia el pecho de Bella y se sostuvo de su camisa.

¡Mamá! — dijo mi niña muy resoluta sobre con quien quería estar.

Ah… muñequita, la abuela se quedará triste si no le das un abrazo — le habló mi novia dejando salir a la luz todo su encanto para el trato de los niños.

¿Tisti? — Musitó Maddie y miró rápidamente a su abuela.

Sí, triste, anda dale un beso y un abrazo a la abuela para que ella sonría.

Mi hija miró de su madre hacia su abuela.

Abu… — concedió soltando su agarre de la camisa de Bella. Mi madre la tomó en brazos y ella rodeó su cuello con sus bracitos abrazándola y luego le dejó un baboso beso en su mejilla.

Ahhh… ahora la abuela está feliz — dijo mi madre sonriéndole, mientras la besaba repetidas veces, haciéndola reírse.

Aproveché el momento de distracción de mi hija para ayudar a mi novia a sentarse en la silla de ruedas.

Gracias…

Por nada — dije dejando un breve beso sobre sus labios. — Vamos a casa, amor.

Sí, a casa… — suspiró.

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En la entrada del hospital nos despedimos de nuestros familiares, mi madre necesitaba descansar por la noche mal dormida al estar pendiente de Bella, Emmett por su guardia nocturna y Charlie tenía que ir a trabajar. Cuando llegamos a nuestro edificio, la ayudé a salir del coche y me certifiqué que se sentía bien, luego, saqué a Maddie de su silla y cargándola sobre mi brazo izquierdo, enlacé el derecho alrededor de la cintura de Bella, tomamos el ascensor y pronto llegamos a su apartamento.

En casa… gracias a Dios — la oír decir cuando entramos; por el tono con el que habló podía sentir las palabras que estaban implícitas allí, "En casa y viva gracias a Dios".

Vamos para tu habitación, tienes que descansar — le pedí.

Sí.

En su habitación ella cambió su ropa por una blusa azul y un pantalón de chándal gris, después se sentó en la cama poniendo algunas almohadas contra su espalda, dejé a Maddie junto a ella y nuestra hija inmediatamente se acurrucó contra su cuerpo, el viaje en coche la había dejado soñolienta.

Estás con sueño, muñequita — le dijo Bella, acariciando su cabeza, a lo que nuestra hija cerró sus hermosos ojos, disfrutando del cariño.

Te extrañó mucho, por la madrugada se despertó llamándote y tardó en volver a dormirse, está cansada — le conté.

Mamá también estaba pensando en ti, mi muñequita — dijo Bella acostándose totalmente a la cama para atraer a Maddie junto a su pecho, dejando un beso sobre su pelo, para enseguida quitar de sus pies las pequeñas bailarinas rojas que le había puesto hoy por la mañana. — Tú también estás cansado, Edward, vamos todos a descansar.

Sí, lo necesitamos — estuve de acuerdo. Estábamos cansados tanto físicamente cuanto emocionalmente, así que necesitábamos descansar tanto el cuerpo como la mente.

Me cambié de ropa, vistiendo la misma camisa que había vestido la noche anterior y el mismo pantalón chándal, me acosté a mi lado de la cama, besé la cabeza de Maddie que ya estaba casi dormida para entonces y luego dejé un beso sobre la frente de mi novia y recosté mi cabeza sobre mi almohada, nuestras miradas se conectaron y nos sonreímos, allí, tranquilos en nuestro hogar, con nuestra hija durmiendo entre los dos, adormecimos con el corazón agradecido por poder estar disfrutando una vez más de un momento en familia.

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Me desperté cerca de una hora después, mis chicas seguían dormidas, era una escena muy hermosa, y allí, contemplando el tranquilo sueño de las mujeres de vida, me di cuenta de cuán cerca estuve de perder mi felicidad. Bella era mi felicidad, si algo le hubiese ocurrido… sabía que sólo saldría adelante por nuestra hija, pero sería un muerto en vida. Yo había encontrado a mi felicidad a su lado y debía aprovechar a cada momento junto a ella y a mi hija, porque por más que desease poder protegerlas de todo lo malo no podía hacerlo.

La felicidad golpeó a mi puerta, y yo iba a guardarla como la más preciosa de las joyas; es locura no disfrutar de la felicidad que la vida nos regala, es locura no priorizar lo que de verdad importa, y luego lamentar de no haberla disfrutado cuando ya no tenemos a quien amamos a nuestro lado, eso es sin duda la mayor de las locuras humanas***. Yo no iba desperdiciar a ningún momento de felicidad, tampoco iba a retrasarlo a la espera de un momento adecuado, iba a aprovechar a cada minuto pues, como Charlie me comentó cierta vez, "estar vivo y amar a alguien nos hace vivir en un riesgo constante de sufrir por aquellos que amamos o de hacerles sufrir." Por eso debíamos hacer que la vida valiera la pena, demostrar nuestro amor a quien amamos, disfrutar de ellos, porque vivemos en riesgo constante de perderlos o de que ellos nos pierdan.

Despacio me levante de la cama, con cuidado para no despertar a mis chicas salí de la habitación y cogí las llaves de mi apartamento que estaban sobre la estante de la sala, rápidamente entré en mi apartamento y me dirigí a mi habitación, allí tomé lo que necesitaba de dentro de mi mesita de noche y lo puse en el bolso de mi pantalón, volví al apartamento de mi novia y la encontré despierta, sentada en la cama, mirando a nuestra hija.

¿Adónde fuiste? — Preguntó bajito.

Me aproximé y me senté a su lado en la lateral de la cama.

A mí apartamento, necesitaba algo que estaba allí.

Ella me miró extrañada. Tomé su mano entre las mías y empecé a explicarle.

Quería hacer eso de otra manera, estaba esperando un momento adecuado, cuando pudiera proporcionarte algo especial, pero me di cuenta, que especial es lo que tenemos, y todo lo que hacemos juntos es especial, porque nos amamos y porque nos hacemos felices. Ayer la vida nos dio un gran susto, podíamos no estar aquí juntos en este momento — le dije y vi sus ojos aguasen de lágrimas, mientras ella asentía con la cabeza —, por eso decidí no dejar para después nuestra felicidad, porque el después puede no llegar — expliqué mirándola a los ojos, ella me escuchaba con atención.

Llevé sus manos a mis labios y las besé, le sonreí, y me deslicé de la cama, poniéndome de rodillas ante ella, vi sus ojos se agrandaren ante mi gesto.

Isabella, mi preciosa Bella — empecé a decir las palabras que iban a cambiar mi vida de manera definitiva, mirándola a los ojos a todo momento, sus manos entre las mías todavía, —, nos encontramos de una manera inusitada, encontré a mi hija y te encontré, por un tiempo intentamos ocultar nuestros sentimientos, pero él era mayor que nosotros mismos. Ambos sabemos lo fuerte que es nuestro amor, una vez te pedí que además de la madre de mi hija, también fueras mi novia, hoy con nuestra hija junto a nosotros — dije gesticulando hacia nuestra niña que dormía con una sonrisa dibujada en sus labios de fresa, Bella la miró y una sonrisa amorosa y tierna embelesó su rostro —, te pido que además de su madre, seas la madre de mis futuros hijos, de nuestros futuros hijos. Mi preciosa Bella, te amo con todo lo que soy, me darías el gran honor de ser tu esposo — le pregunté sacando del bolso de mi pantalón la pequeña caja que estaba allí, abriéndola delante de ella.

Ella jadeó, llevando una de sus manos a la boca, cubriéndola, al ver el anillo que había comprado para ella, sus ojos agrandados por la sorpresa, su mirada visiblemente emocionada.

Con el corazón expectante esperé oír su respuesta.


¡Hola! Muchas creían que Bella estaba embarazada, pero todavía no… jejeje Lo que le pasó es algo que de verdad sucede en la rutina de los profesionales del área de la salud, muchos pacientes se ponen agresivos a veces y pueden llegar a dañar a estos profesionales, yo aproveché el tema para demostrar cuán frágil es la vida y lo importante que es aprovecharla al lado de la gente que amamos, creo que Edward comprendió bien eso, ¿no? ¿Les gustó la escena de la pedida de mano? ¿Qué creen que le contestará Bella? ¿Tendremos boda en el próximo capi?... A ver lo que sale de mi imaginación… ;)

Estamos nos acercando al final de esta historia, creo que tres o cuatro capítulos más y lograré finalizarla, les aviso que como los capítulos me están saliendo demasiado largos, puede que retrase la actualización, pero si no lo hago el jueves, lo haré el domingo.

Gracias por los alertas, favoritos y por los reviews :D Aquí también agradezco a aquellas que me dejan sus comentarios aquí en Fanfiction, en mi grupo en Facebook, en el grupo de FFDA o en mi propio Facebook, ¡gracias por el apoyo, chicas!

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Saludos llenos de cariño, ¡nos leemos el próximo jueves o domingo!