XX
Durante los días siguientes Meg hizo todo lo que le ordenaron, algunas veces incluso más de lo que le tocaba. Era una forma para mantenerse ocupada y no recordar lo ocurrido aquella noche, una forma de caer otra vez en la debilidad.
Una mañana Vibia se dio cuenta que Meg la evitaba. Intentaba responder a sus comentarios y preguntas. Pero aun así su amiga veía que Meg estaba pálida y apenas sonreía, como si algo la atormentase. Sabía que era hora de hablar con ella.
Esa misma noche decidió ir a ver a Meg, se levantó de su cama mientras cogía una lámpara de aceite y se dirigió a su habitación. Al llegar llamo unas cuantas veces hasta que al final escucho como el pestillo se hacia un lado y la puerta se entreabrió, dejando ver el rostro de Meg, cansado y pálido, con ojeras de no haber descansado lo suficiente.
– ¿Puedo… puedo pasar, por favor?
Meg la miro un momento, abrió la puerta y le indicó que entrara haciéndose un lado.
Vibia entro en la estancia y, mientras dejaba la lámpara de aceite en una de la mesas, vio como Meg se sentaba en su cama apoyando la espalda en la pared. Cogió una silla, se sentó frente suyo y la miró mientras había un momento de tensión.
Se aclaro la garganta – Meg… escucha hace días que veo que… – pero no siguió al ver que Meg se incorporaba de su apoyo en la pared para mirarla bien…
– ¿A qué has venido, Vibia?
Esta la miro y, sin dar más rodeos, dijo – ¡Pues… saber qué te pasa Meg!
Meg se apoyó en la pared nuevamente sin mirar a su amiga directamente.
– ¿Que tiene que pasarme Vibia…?
Su amiga la miro con una ceja levantada – ¿Estas de broma no? Hace semanas que no hablas, apenas comes y cada vez estas mas pálida… Me preocupo por ti Meg… Siento haberme comportado de esa manera, diciéndote esas cosas y no entenderte… Sí, puede que tengas razón y no sepa que es enamorarse pero entiendo que quieres esa persona. Puedo respetarlo pero también advertirte del peligro…
Meg hizo una mueca con sus labios – Ya no importa Vibia…
Vibia la miro sin entender – ¿El que no importa Meg?
Meg se levanto de la cama y fue hacia la ventana – Tu… tu tenias razón en todo Vibia. He sido una ingenua creyendo que alguien me amaba de verdad…
Vibia se acerco a su amiga – Meg, oye, no quería decirlo con ese tono. Si crees que ese gladiador…
Meg la interrumpió –Ese… gladiador ya no esta en mi vida Vibia.
– ¿Cómo?
Meg se giro para enfrentarse cara a cara con su amiga.
Una noche vino aquí y dijo que era mejor dejar lo que teníamos por miedo a que fuéramos descubiertos… Po que un tipo le dijo algo sobre mí.
Vibia se quedo pálida – ¿Un tipo? ¿Pero quién?
Meg levanto los hombros en forma indicando que no tenia idea– Después de la fiesta de nuestra domina, Hércules fue hacia el Ludus y fue atacado por un tipo…
Vibia la miraba con asombro – pero… César lo sabe quiero decir…
– Sí, lo sabe… están investigando el asunto. César piensa que es un complot. No sabe muy bien si todo esto es algo por parte del senado. Hay gente que no opina igual que él, muchas disputas internas… por lo que escuche.
– Bueno… César, por sus opiniones y sus directrices, no tenga muy contentos a algunos la verdad. He escuchado decir que intenta celebrar estos juegos para mantener al pueblo satisfecho, pero creo que si no tiene el apoyo de la mayoría del senado no tendrán muchas buenas críticas. – explico Vibia.
– Si todo eso fuera del senado… – Se pregunto Meg en voz alta – ¿Por que atacar a unos de los gladiadores?
Vibia no respondió.
– Oye Meg, sobre el otro tema en concreto…
– Vibia déjalo, el ya me lo dijo esa noche con palabras muy claras y precisas.
– ¿Es que vino el aquí?
– Ya te lo estoy diciendo Vibia… – Dijo Meg con cansancio
– Ya bueno, pero… ¿y si llegaba a entrar alguien…? ¿Sabes lo que es la prudencia mujer?
– Sí que se que es la prudencia… ¿pero en que otro sitio podíamos hablar?
– Seguro que hablaste mucho, por lo que veo… – Dijo Vibia con seriedad.
Meg trago saliva incomoda, y más con las sospecha que llevaba semanas teniendo
– Vibia, tengo que contarte algo y que me asusta… por favor antes de gritar o tirar algo…
Vibia la miro sin decir nada. Se sentó en la silla mientras Meg se sentaba a su lado cogiendo sus manos. Vibia noto que las tenias sudorosas y frías.
– Veras… yo… sospecho que puedo estar encinta…
Que pasara en los próximos capítulos? tardare un poco, pero tranquilos que actualizare tan pronto como pueda.
Gracias por leer mi historia, espero que la estéis disfrutando.
