Hola, los personajes del Twilight no me pertenecen, y la historia es de blueberrytree, solo me adjudico la traducción.
Capítulo 20
Bella estaba sentada en la cama de Alice, mirando una película de Ginger Rogers que la pequeña insistió que vieran. De tan preocupada que estaba con la frágil situación de su amiga, la chica no conseguía prestar mucha atención a la historia que pasaba en la televisión.
Alice salió del hospital dos días después de entrar. La caída no había causados, felizmente, ninguna lesión, pero su salud estaba siendo muy controlada, debido al hecho que la chica estaba sufriendo un fuerte desorden alimenticio. Eran tantos problemas, que Bella comenzaba a desesperarse solo de recordar la lista de cosas que Jasper había dicho que serían necesarias para que Alice se recuperara totalmente. La dulce mujer necesitaba ganar siete kilos para estar con un peso considerablemente saludable. Conforme fuera ganando kilos de manera sana, algunos otros problemas irían desapareciendo.
Bella intentó conversar con su amiga a fin de saber qué la llevó a querer adelgazar tanto, pero ni siquiera Alice parecía entender bien la situación.
―Quería estar flaca, solo eso ―respondió ella.
―Pero siempre fuiste flaca, Alice, desde el día en que te conocí, siempre fuiste bajita y flaquita. De un tiempo para acá las cosas fueron simplemente perdiendo el control. Eres flaca desde que estabas tomando el medicamento.
―Sabía que tenía gordos, Bella. ―Suspiró―. Solo quería estar bonita.
―¿Y quedar en huesos y piel es ser bonita? Entonces debo ser horrorosa a tu vista.
―Claro que no. Eres hermosa, el problema soy yo... soy yo quien no es bonita. Y quería estar hermosa, tener el placer de entrar en un pantalón tamaño cero. Ya tuve un problema así cuando era adolecente, pero después volví a engordar y mantuve el mismo peso durante estos años… ―contó.
―Alice ¿y crees que ese peso está mal? ―preguntó sorprendida. No lograba entender de ninguna manera. Alice era delgada, siempre fue delgada; debía pesar cerca de 46, 47 kilos cuando Bella la conoció, diferente a los 36 que pesaba ahora.
―Para mí lo era ―respondió, cansada de la conversación―. No vas a entender, Bella.
―Tal vez no. Me asusté mucho cuando te vi en el hospital… ―habló, desviando la mirada, pero tocó la mano de la chica que estaba a su lado―. Parecías tan frágil, Alice. Aún lo pareces.
―Va a estar todo bien. ―La chica sonrió y apretó la mano de Bella.
―Prométeme que no vas a hacer nuevamente nada de esto. Promete que vas a hacer todo para mejorar y estar bien, volver a ser la Alice que conocí.
―No puedo prometer nada, Bella. Voy a intentar dar lo mejor, tengo un montón de consultas que Jasper marcó para mí… ―Suspiró.
―Él está haciéndote bien.
―Sí. ―Sonrió―. Creí que me iba a dejar. Antes tenía miedo que me abandonara por no ser lo suficientemente bonita o suficientemente delgada… y ahora, cuando estoy en el peor momento de mi vida, él está a mi lado. Debe ser una señal, ¿verdad? Sé que quiere mi bien…
―Todos los que están a tu alrededor quieren tu bien, Alice, solo es necesario que cooperes.
―Está claro que voy a cooperar, Bella. Ya dije, haré lo mejor, el tiempo va a ser mi mejor amigo, estoy segura.
Las dos miraron "Sombrero de copa", y Alice se sacudía en la cama cada vez que Ginger y Fred bailaban juntos, ni siquiera parecía que estaba enferma. Bella sospechaba que quizá eso era una estrategia de la pequeña para que nadie la molestara con preguntas de si todo está bien.
―Amo como bailan. Si pudiera ser una estrella de cine, con seguridad elegiría ser Ginger Roberts. Es tan graciosa y al mismo tiempo sexy ―admiró Alice, aun removiéndose en la cama y moviendo los pies como si estuviera zapateando en el aire―. ¿Quién te gustaría ser?
―No sé… ―respondió Bella, un poco admirada con el ánimo de Alice al hablar del asunto. ¿Había salido del hospital hace dos días y estaba de esa forma? ¿Será que volvió a toma anfetaminas?
―Vamos, Bella, todo el mundo quiere ser una estrella de cine por lo menos una vez en la vida. ¿Por qué me miras de esa manera? ―preguntó.
―Tu cuerpo está débil, tengo miedo que te lastimes si te mueves en la cama de esa manera.
―No quiero que me trates diferente por culpa de lo que pasó, Bella. Mierdas pasan en la vida de todo el mundo y ahora pasó en la mía. No necesitas estar consintiéndome siempre, puedo moverme cuando quiera, no voy a quebrarme. No cambies conmigo, no lo podría soportar ―confesó.
―Discúlpame ―respondió. Se sintió mal por pensar que su amiga podría haber vuelto a tomar droga. Se dio cuenta que ese ánimo era solo Alice intentando ser Alice, y mostrando que nada de lo que pasó podría amilanarla.
―Ya ―dijo Alice―. Ya imagino qué diva te gustaría ser.
―¿Quién?
―Marilyn.
―Claro que no ―Bella roló los ojos―. Me gustaría ser alguien más sexy que ella.
―¿Quién? ―preguntó Alice, ahora completamente curiosa. ¿Quién Bella osaba decir que era más sexy que Marilyn Monroe?
―Brigitte Bardot.
―Sí, ella era súper sexy. Pero hoy…
―La edad llega para todos… excepto para la prometida de Edward… ―murmuró, rolando los ojos.
―¿Qué pasó? ―dijo Alice, con una risita por la expresión de su amiga―. ¿Pasó algo que me perdí?
―Nada. Es solo que… argh, estoy tan irritada ―respondió―. Quiero que Edward sea solo para mí y ella está en medio del camino, y sé que no debería estar reclamando porque estuve de acuerdo con esto, pero…
―¿Pero qué?
―Lo amo… tipo, demasiado ―suspiró―. Las cosas podrían ser simples para nosotros, como lo son para los personajes de Fred y Ginger. Una discusión aquí, otra allí, ahí empezamos a hacer berrinches y cuando llegas al final, seremos felices para siempre ―suspiró y Alice rio de la pésima analogía.
―¿No crees que éste es el mejor momento para conversar con él sobre eso? Muéstrale lo que estás sintiendo.
―No quiero que se sienta presionado.
―Al carajo lo que él vaya a sentir, Bella. Edward se metió en una situación complicada y estás junto a él, escuchar lo que estás sintiendo hace parte también, no es solo besitos y sexo.
―Claro que no lo es, nunca lo fue… aunque ahora esté un poco, demasiado curiosa para mi propio bien en relación al sexo.
―Juego nuevo… el mejor, pene nuevo ―bromeó―. Habla con él sobre eso, solo para que tengas una postura de lo que vas a hacer, de lo que te espera. Si él estuviese preso en esa relación, lo mejor que tienes que hacer es dejarlo, Bella. Sé que va a doler mucho, pero es mejor que sea ahora que vivir siempre con una persona que nunca será realmente tuya, quien tiene horario para regresar a casa porque otra familia lo espera.
―Lo sé ―concordó, pues sabía que Alice estaba en lo correcto. El gran problema era poner eso en práctica.
―Hablando de él, tu celular está vibrando y hay un Edward bien grande escrito en la pantalla ―respondió Alice, agarrando el celular que estaba entre ellas en la cama ―. Hola viejito.
―¡Alice! ―gritó Bella, al darse cuenta que su amiga había atendido la llamada.
―¿Por qué no me viniste a visitar también? Ah, que disculpa tan rebuscada. Es porque sabes que voy a golpearte. Eso mismo. ―Rio―. Ok, estoy esperando. Chao.
―¿Puedo saber de qué estaban hablando? ―preguntó Bella, sorprendida por el hecho de que Alice, además de atender la llamada, no dejó que hablara con Edward.
―Está aquí abajo ―contó―. Me estaba burlando de su cara y ¿sabes lo que el hijo de su madre me dijo? Que ni enferma logro parar de meterme en su vida. ¡Qué tipo tan descarado!
―¿Atiendes mi celular y estás llamando descarado a Edward? ―preguntó Bella―. Hay algo mal en esa frase.
―Está de buen humor ―constató Alice, ignorando por completo el comentario que su amiga había hecho―. Al menos fue lo que percibí por su carcajada cuando le dije viejito.
―Se nota que eres más joven que él ―intentó defender Bella.
―Es solo una broma, amiga. No pareció estar ofendido, creo que tu novio tiene plena conciencia de que está muy bien para un hombre de treinta años.
―No es mi novio ―corrigió Bella, y en el mismo momento una persona golpeó a la puerta.
―Entra ―hablaron las dos al mismo tiempo.
―¿Estoy interrumpiendo el club de mujeres? ―preguntó Edward―. Puedo quedarme con Jasper en la sala.
―Está bien. Ven a darle un besito a la enferma ―dijo Alice con una sonrisa.
―¿Cómo estás? ―preguntó él, agachándose para darle un beso a Alice―. Ya pareces mejor de lo que estabas el día que te vi en el hospital.
―Ahí voy, infelizmente, no puedo estar bien de un día para otro.
―¿Te estás alimentando? ―preguntó.
―Sí, Jasper insiste en mantenerme alimentada cada tres horas, pero estoy comiendo en pocas cantidades, anoche intentó darme más de lo que necesitaba y nos dimos cuenta que eso no tuvo un buen resultado ―respondió―. Pero las cosas están encaminándose, Jasper está siendo la familia que no tengo, y Bella también, claro. No quiero que más personas sepan, me siento apenada.
―Lo importante ahora es enfocarte en estar saludable, ¿verdad?
―Sí, claro. ―Sonrió―. Va a salir todo bien.
―Sinceramente espero que sí. Ya vi que las enfermedades no te dejan menos entrometida. Entonces, ya que no hay manera… ―bromeó, y Alice, para sorpresa de todo el mundo, le dio a Edward una patada en la pierna―. Carajo, ¿volviste a tomar anfetaminas? ¿Qué energía es esa?
―Broma de mal gusto ―habló Alice.
―Disculpa, fue más fuerte que yo.
―Estoy intentando mantener el ánimo, es lo que me hace seguir adelante ―respondió Alice.
―Ven, estoy viendo que están divirtiéndose mucho, ¿pero no vas a hablar conmigo, Edward? ―preguntó Bella desde el otro lado de la cama, triste con el hecho que Edward no le había ni siquiera ofrecido un humilde hola.
―Dios mío, pero que niña tan consentida ―bromeó Alice.
―Disculpa, baby ―habló Edward, yendo hasta el otro lado del cuarto y se inclinó para darle a Bella un beso en los labios―. ¿Cómo estás?
―Bien ―respondió.
―Vine a buscarte.
―La película aún no termina, apenas se acabe no vamos, ¿ok? Te lo hubiera dicho si Alice no hubiese atendido la llamada por mí.
―Está bien, me quedaré en la sala conversando con Jasper.
―¿Está mirando el juego, verdad? ―preguntó Alice.
―Sí ―habló Edward con una sonrisa―. Quizá veamos más el juego que conversar.
―Está bien, cuando acabe voy para sacarte de enfrente de la TV ―habló Bella.
―Ok ―concordó, dándole un beso más a la morena―. Te extrañé.
―También, amor ―susurró, dándole al hombre un suave beso.
Edward salió del cuarto y, apenas cerró la puerta, Alice no podía parar de mirar a Bella. La morena se quedó mirando a la TV, pero no pudo controlarse al sentir la mirada de Alice totalmente encima de ella.
―¿Qué pasó? ―cuestionó Bella―. ¿Vas a burlarte porque le dije amor?
―No. Nada de eso.
―¿Entonces qué?
―Mandaré a cortar sus bolas si no se casa con la persona correcta ―habló Alice―. Contigo, Bella.
―Deja eso ―respondió Bella, regresando su atención a la televisión.
La morena no quería conversar más sobre eso. Ahora Edward estaba ahí y juntos podrían aprovechar el día. Por lo que sabía, Lauren había viajado por la mañana y, para la felicidad de la pareja, solo regresaba hasta el día siguiente. Era un día para aprovecharse y no para estar pensando en los puntos negativos de esa relación.
Con el fin de la película, Bella se despidió de su amiga y prometió que haría más visitas durante la semana, ya que la pequeña había sido dispensada del trabajo hasta que estuviera bien. A Edward le tomó un tiempo para despegarse del juego de futbol americano que pasaban por la televisión, pero la morena encontró una manera de decirle algo en el oído que hizo que se levantara rápido.
―¿A dónde vamos? ―preguntó él mientras la morena se ponía los lentes oscuros.
―No sé. Pensé en comer alguna bobería y después ir a casa, ¿Qué tal?
―¿Qué bobería? ―cuestionó él.
―Chocolate ―respondió con una sonrisa.
―Ok, vamos a esa tienda antes de tomar el metro ―dijo él―. Tengo una idea.
―¿Cuál idea?
―Solo te lo voy a contar cuando estemos adentro.
―No vale, estoy curiosa.
―Eres muy curiosa. ―Rio él.
―No tienes idea de cuánto…
Entraron a una tienda que tenía todo tipo de golosinas inimaginables. Edward colocó los brazos alrededor de Bella y caminaron agarraditos por los corredores, observando las estanterías y todo tipo de dulces apetitosos.
―¿No quieres hacer ningún tipo de indecencia aquí, verdad? ―preguntó Bella, muriendo de vergüenza.
―No. ―Se carcajeó él.
―¡Ah, bien! Quiero experimentar cosas nuevas, pero eso ya es demasiado exhibicionismo para mí.
―La verdad, vamos a hacer algo que nunca hiciste ―dijo él.
―¿Qué? ¡Cuéntame! ―pidió.
―Abre la bolsa ―habló él, bajito al oído de ella.
―¿Ahn?
―Abre la bolsa y pon dentro ese chocolate ―cuchicheó él.
―Vas a ver… ―habló ella, aprensiva.
―Ponlo ahora ―dijo él, pasándole el chocolate a la morena, quien estaba con el corazón disparado; pero aun así, colocó el chocolate dentro de su bolsa.
Los dos continuaron caminando discretamente por el lugar ―aunque Bella no estaba teniendo mucho éxito en esa parte―. Buscando algo que pudiese disfrazar la incomodidad de la chica, Edward fue hasta el corredor donde había algunos condones y tomó el que era de su preferencia. Ambos caminaron hasta la caja y esperaron su turno.
El chico que estaba en la caja ni siquiera desconfió que la morena pudiera estar haciendo esa cara de susto por culpa de un chocolate robado, creyó que era una más de esas chicas que se asustaban de ser atrapadas comprando condones con su novio. Ya era un acontecimiento más que común en esa tienda.
―¿Cómo te sientes robando por primera vez? ―cuestionó Edward.
―Es una mezcla entre querer abrir la bolsa para comer el chocolate y correr para el primer baño que vea porque, por los nervios, me dio dolor de estómago. ―Rio ella.
―Bella combinación, ¿hein? ―preguntó bromeando―. Ahora vamos a tu casa. Hoy estoy pensando en cocinar algo para nosotros.
―¿De verdad? Dios mío, el mejor día de mi vida. ¡Obtengo chocolate y cena de premio!
―Pero quiero algo a cambio ―comentó él mientras ambos caminaban hasta el metro.
―¿Qué?
―Muchos y muchos besos.
―¡Ah, qué difícil! ―suspiró ella, claramente bromeando.
―¿Haces el esfuerzo?
―Voy a intentarlo. ―Sonrió―. Pero solo porque te amo.
Edward aún se asustaba un poco con la reacción que tenía al escuchar esas palabras. Tenía ganas hasta de buscar en internet la razón por la cual su corazón comenzaba a palpitar con solo escuchar a la morena expresar lo que sentía por él. Quería que todo en su vida se arreglara en ese momento, pero sabía que, más que nunca, ese era el momento de tener paciencia y rogar para que todo se encaminara.
Por la mañana, había quedado contento con la llamada de su hermana, informándole que conseguiría marcar la entrevista que tanto deseaba para obtener un puesto disponible en el banco en el que trabajaba. Pensó que finalmente era el momento en que todo se arreglaría para él. Estaba feliz, enamorado y ahora para que todo quedara completo solo le faltaba la independencia. Un raro optimismo estaba presente en su vida.
La pareja tomó el metro hasta Upper East Side y, antes de subir al apartamento de Bella, pasaron a un mercado a comprar algunos ingredientes para la cena que Edward iba a preparar. Estaban llenos de paquetes en las manos mientras subían hasta el decimoquinto piso del edificio de Bella. La morena lo llenaba de besos mientras los números en el visor cambiaban.
―Calma ahí que tengo que sacar las llaves ―dijo ella, colocando los paquetes en el suelo y abriendo su bolsa.
La morena buscó en todo el bolso ―mientras escuchaba a Edward bromear y decir que las mujeres guardaban un montón de cosas innecesarias en la bolsa y nunca encontraban lo que realmente necesitaban―, pero fue imposible encontrar el objeto que tanto quería.
―No tengo las llaves dentro de la bolsa.
―¿Estás segura? ―preguntó él.
―Claro que lo estoy, Edward. Ya rebusqué en todos los bolsillos y no están aquí.
―¿Será que las dejaste en casa de Alice? ―cuestionó él.
―No lo sé ―dijo la morena, agarrando el celular y llamando a su amiga―. Alice, ¿olvidé mis llaves encima de tu cama? ¡Mierda! Debieron haberse caído de la bolsa. No sé, voy a ver aquí con Edward. Que mierda. No, no te preocupes. Ok. Besos, amiga.
―Dime que no tenemos que regresar a Village ―refunfuñó Edward.
―¿Quieres acampara en la puerta de mi casa?
―Vamos a mi apartamento ―ofreció él.
―No…
―Bella, Lauren no está en casa y solo llega hasta mañana. Comemos y después vamos a donde Alice en busca de las llaves.
―No me gusta estar en una casa que no es la mía, aún más, teniendo en consideración la situación en la que estamos ―confesó.
―No vas a pasar la noche allá, solo vamos a comer y ya, después que el monstruo de mi estómago esté alimentado, pasamos por donde Alice.
―¿No nos demoramos? ―preguntó.
―No. Lo máximo, unas tres horitas.
―Ya, pero no más que eso, ¿ok? Quiero dormir en mi apartamento.
Ellos fueron hasta el apartamento de Edward y fingieron ignorar la mirada desconfiada del portero del edificio. La morena sentía que no pertenecía a ese lugar, además del enorme lujo, gracias a sus binoculares, recordaba muy bien todos los momentos que en ese apartamento fueron vividos entre Edward y Lauren.
―Si quieres puedes quedarte en la sala mientras preparo las cosas en la cocina ―informó Edward.
―Ok ―respondió ella, sentándose en el sofá de la pomposa sala de estar.
―No me tardo, ¿ok? Puedes mirar la televisión en el caso que quieras distraerte. Cualquier cosa solo me buscas en la cocina, ¿está bien? ―preguntó, intentando aliviar la clara incomodidad que Bella estaba sintiendo.
―Está bien.
Bella consiguió quedarse sentada por cinco minutos, después el aburrimiento comenzó a hablar un poco más alto y se levantó para observar las fotografías que estaban encima de una mesa. Edward y Lauren con seguridad ya habían dado la vuelta al mundo, y todo estaba registrado en las fotos que la morena observaba. Bella jamás podría ofrecerle algo de ese género a Edward, se sentía triste viendo aquello, pues no le gustaba que le recordaran la situación en la que se había metido.
Continuó caminando por la casa y observando cada detalle de las habitaciones, era el típico apartamento que se veía en esos programas de televisión, que mostraban casas de personas ricas. Muebles clásicos, candelabros de oro, decoraciones de cristal… era fácil para ella entender por qué Edward fue seducido por todo el lujo, pero eso no acallaba lo que pensaba, que estar con una persona solamente por lo que poseía es totalmente errado. En seguida paró de juzgar a Edward, porque al final de cuentas ella era una mujer que estaba teniendo una relación con un hombre que pronto se casaría. ¿Qué moral tenía para hablar de lo que era cierto o errado?
―Estaba buscándote ―habló él.
―Discúlpame, sé que debí esperarte en la sala, pero terminé aburriéndome y fui deambulando por la casa. Esto es muy lindo ―comentó sobre la sala de juegos.
―Es un lugar genial, pero nada en este apartamento es tan genial como la terraza.
―Sí, lo recuerdo. ―Sonrió ella, acercándose y poniendo los brazos alrededor de él. Se sintió melancólica y no sabía cómo explicar el motivo de eso al hombre frente a ella―. ¿La comida ya está lista?
―Aún no, coloqué el plato principal en el horno. Creo que dentro de cuarenta minutos, más o menos, podemos ya ir al comedor ―respondió, pasando los dedos por el cabello de la morena.
―¿Juguemos pool? ―preguntó ella.
―¿De verdad?
―Sí… o… ―pensó en otra cosa―. No, deja...
―¿Qué pasó?
―Nada.
―Ahora estoy curioso, cuéntame qué era…
―Tengo vergüenza, no quiero. Solo era… nada, olvídalo.
―No voy a olvidarlo, cuéntame.
―Pensé que en lugar de jugar pool podríamos hacer otra cosa… ―murmuró―, en esa mesa de pool.
―¿Algo como sexo? ―preguntó.
―Más o menos.
―¿Qué es más o menos sexo? ―preguntó intrigado.
―Argh, no es más o menos sexo, es sexo.
―¿Entonces por qué dijiste más o menos?
―¡Porque tengo vergüenza! ―exclamó―. Olvídalo. Aquí es el último lugar en el que debería pensar en tener sexo…
―Pero estás pensando en eso.
―Más o menos.
―Eso es un sí, ¿correcto?
―Tal vez.
―¿Podemos tener una charla más objetiva? ―indagó.
―Ok.
―Quieres follar en la mesa de pool.
―Un poco.
―¿Un poco cuánto?
―Mucho…
―Ok, no puedes ser objetiva cuando estás excitada.
―Es como una fantasía. Las personas siempre tienen sexo en lugares extraños, nunca lo he hecho en un lugar diferente.
―Baby, sin ofender, pero puedes contar en una mano cuántas veces has tenido sexo, es más que normal que aún no lo hayas hecho en un lugar exótico.
―Ofendió un poco… ―dijo con un puchero.
―Disculpa ―pidió, dándole a la morena un beso en los labios―. Te dejo jugar con mi taco en la mesa de pool. ¿Qué pasó? ¿Pésima broma?
―Un poco.
―Un poco, ¿cuánto?
―Mucho. ―Se carcajeó ella―. Déjalo…
―¿Qué pasó?
―Es una falta de respeto. Simplemente estoy en la casa de tu prometida y quiero follar encima de la mesa de pool de su casa con su prometido. ―Rio sin mucho humor.
―Bella, estoy enamorado de ti. Follar aquí, follar allá… ¿qué diferencia hace? Estoy haciendo las cosas erradas desde el comienzo.
―¿Somos un error?
―No fue eso lo que dije.
―Disculpa, estoy frustrada.
―¿Por qué?
―Porque no estoy logrando cumplir con lo que pactamos cuando comenzamos a relacionarlos. Quiero estar contigo, quiero ser tu novia. Sé que no me prometiste nada, pero… mierda, joder ―soltó.
En ese momento Edward quiso contarle todo a Bella: que estaba pensando en desistir del matrimonio con Lauren, que le pidió ayuda a Rosalie a fin de conseguir un empleo; pero tuvo miedo de que la entrevista no funcionara y no quería que la morena pensara que era un incapaz. Decidió entonces dar la mejor respuesta que podía pensar en ese momento.
―Sé lo que estás sintiendo porque me siento así también. No voy a decir que todo va a cambiar, pero no veo ya las cosas como antes, baby. Va a salir todo bien, de alguna manera va a salir todo bien para nosotros.
Bella no quiso cuestionar lo que él dijo, quería creer que todo iba a salir bien; al final de cuentas, Edward aún no se había colocado una alianza de matrimonio en el dedo, pero el optimismo no era un aliado de la morena en los últimos días.
―Tengo miedo de pensar así. Creo que en la situación en la que estamos, prefiero creer que todo va a salir mal y ser sorprendida si algo va bien ―desahogó.
Edward no respondió, solo la abrazó. El hecho de tener a la morena en sus brazos era más como una manera de asegurar que aún era suya que consolar a la chica.
―¿Puedo contarte un secreto? ―preguntó Edward.
―Puedes ―respondió, sin quitar los brazos alrededor de él.
―A veces imagino los caminos por los que puedo llevar mi vida. Creo que todo el mundo es abierto a varias posibilidades, entonces me quedo pensando en que varias cosas locas pueden ocurrirme, algunas obviamente más reales que otras.
―¿Cómo qué? Cuéntame una posibilidad.
―¿Una feliz o una trágica?
―Trágica primero, para después olvidarla gracias a la historia feliz.
―Imagino que estoy caminando en el metro y sin querer resbalo y me caigo a las vías.
―¡Mierda, Edward!
―Dijiste que querías la trágica ―respondió con una carcajada―. Y ni te he contado cómo termina. Digamos que en un hospital, coma y amnesia después del accidente.
―Carajo, ¿te caes a las vías y el tren no va a pasar sobre ti? ―cuestionó.
―También es una posibilidad, pero creo que quedar en coma es peor.
―Estás loco ―dijo ella, riendo.
―Mucho tiempo libre termina en eso, comienzo a pensar tonterías, pero también pienso cosas geniales.
―Cuéntame la cosa buena.
―Imagino que consigo un empleo, que vivo en un apartamento pequeño, pero que alquilé con mi dinero, y todas las noches antes de dormir, obtengo un beso de mi mujer ―respondió.
―No quiero preguntar quién es esa mujer ―habló ella, mirándolo.
―¿Por qué? ¿Crees que voy a decir alguien que no seas tú?
―No, justamente lo contrario; si dices que soy yo, va a doler demasiado ―expuso sinceramente.
―Ok ―respondió él, dándole a la morena un beso en el hombro―. ¿Sabes también otra posibilidad?
―¿Cuál?
―Imagino que un día cualquiera estamos solos, hablando de cosas sin importancia, solo charlando calmadamente, cuando me doy cuenta que atrás de nosotros tenemos una enorme mesa de pool… ―comentó y Bella rio.
―Cuéntame más sobre ese pensamiento.
―Ahí pongo mis brazos alrededor de tu cintura y comenzamos a caminar para atrás, distraídos, hasta que… ―habló él, recostando a la morena al borde de la mesa de pool―. Te chocas con la mesa, y con mis brazos fuertes te levanto y te siento encima de la mesa.
―Adoré la parte de los brazos fuertes ―dijo con una risita.
―Gracias.
―¿Y luego? ―preguntó ella, fingiendo estar intrigada con la situación.
―Como buen hombre, pregunto si estás de acuerdo con lo que estamos prontos a hacer.
―¿Y qué respondo yo?
―Primero te reusarías un poco. Dices que no estas segura. Un pucherito, cosa que es buena para provocar antes del sexo, dejar al hombre creyendo que no va a pasar nada…
―Hmmm, no se nada de eso ―habló seria, pero estaba encontrando eso demasiado divertido.
―Ahí te digo que no tienes por qué tener miedo y paso mi mano muy lentamente por tu pierna, pasando entre tus muslos y subiendo… subiendo… hasta encontrarme con tus bragas y te provoco, pasando mis dedos por la tela ―dijo él, haciendo exactamente eso. Bella tenía los ojos cerrados, concentrada en las sensaciones.
―Hmmm…
―Es ese exactamente el sonido qué haces.
Después de eso, Edward no continuó narrando mucho. Bella lo haló más cerca y le dio al hombre un hambriento beso en los labios.
Él estaba listo para abrir el botón de la blusa de Bella, cuando escuchó un sonido de llaves en el cuarto de al lado.
―¿Edward? ―Lauren gritó desde la sala de estar―. ¿Estás en casa?
Al mirar a Bella, Edward se dio cuenta que la morena estaba prácticamente estática. Sus ojos estaban amplios y sus manos congeladas. Ninguno de los dos esperaba la presencia de la rubia platinada en la casa, al fin de cuentas, solo debía regresar al día siguiente.
―Puta muerda ―dijo él―. No salgas de aquí, voy a intentar llevarla para la habitación y sales. ¿Bella? ¿Baby? ¡Bella!
―¿Qué? ―preguntó, aun claramente en shock. En ese momento estaba teniendo dificultad para responder, su corazón latía más rápido que nunca.
―Quédate aquí, ¿ok? Cálmate. Ya regreso.
Edward salió de la sala de juegos y se encontró de frente con Lauren, parada en la sala de estar con una enorme sonrisa en los labios.
―Creí que solo llegarías hasta mañana ―comentó él.
―Lo sé, pero no me sentía muy bien y decidí regresar hoy.
―Ah sí ―respondió.
―Traje un regalo para ti ―dijo ella, entregándole un paquete.
―Vamos al cuarto ―dijo él.
―¡No, ábrelo ahora! ¡Estoy ansiosa! ―comentó animada.
Edward decidió hacer lo que la mujer quería y abrió el paquete. Nada podría prepararlo para lo que estaba dentro del empaque. El corazón de él se disparó, las manos le temblaban y quería desesperadamente sentarse. No era posible.
―¡Quedé como tú, en shock! ―comentó Lauren con una risita.
Edward sostenía en la mano un zapato pequeñito de color blanco. No podía ni oír bien lo que la mujer estaba diciendo, perplejo observaba el objeto.
―Me desperté sintiéndome muy mal y regresé a casa para ir al médico. ¡No sabes cuán sorprendida quedé al saber que estaba embarazada! Es para no creerlo, sinceramente creí que debido a mi edad eso era imposible, ¡pero aparentemente sí! ―contó feliz―. ¡Es una señal, Edward! El matrimonio, el bebé… es nuestra vida que empieza, como realmente una familia.
Él no sabía qué decir. Tenía miedo que Bella pudiera estar escuchando la conversación y se desesperara. Tenía miedo por él. ¿Qué haría? Antes era solamente Lauren, ahora era Lauren y un niño. Un hijo que él tendría que educar y criar. Era demasiado en ese momento.
―¿Estás bien, querido? ―preguntó Lauren, acercándose―. Entiendo perfectamente tu estado de shock, ¡tendrías que haber estado conmigo cuando me enteré para ver que mi cara fue la misma! Respira un poco, toma agua… te mostraré el ultrasonido después, solo necesito tomar un baño, sabes que tengo horror de usar ropa de hospital.
―Sí… ―respondió, un poco catatónico.
―¿Qué olor es ese? ¿Estás preparando algo para cenar?
―Sí.
―Hmmm… entonces voy a tomar mi baño muy despacio, y cuando salga voy a deleitarme con lo que quiera que sea que estés preparando. ¡Vamos a celebrar este día, querido! ―Sonrió, dejando la sala después de darle al hombre un leve beso en los labios inmóviles.
Edward no se movió. Se quedó estático, sentado en el sofá, observando los zapatitos. ¿Cómo había pasado? ¿Por qué ahora? ¿Qué iba a hacer? Eran tantas preguntas y no tenía respuestas para ninguna de ellas. Por su vista periférica vio a una persona parada a su lado. Era Bella, quien tenía las mejillas marcadas por las lágrimas y parecía que iban a desbordarse nuevamente.
―Necesito irme ahora ―dijo en un tono bajo.
―Bella…
―Es demasiado ―dijo bajito―. Me pediste que te dijera cuando fuera demasiado. Es demasiado, Edward. No aguanto más, no después de esto. Me voy a joder.
―No sé cómo pasó esto... ―confesó, claramente en shock―. Por favor, Bella…
―No me pidas nada. No hagas eso conmigo.
―¿Podemos conversar?
―¿Conversar? Edward, vas a ser papá, vas a casarte… puta madre, ¿en dónde me metí? ―preguntó retóricamente, pasándose las manos por el cabello.
Edward quería rebatir, pero en el momento no tenía argumentos. La morena caminó sola hasta la puerta y ni siquiera miró hacia atrás.
El hombre se sentó nuevamente en el sofá y una vez más miró los zapatitos. ¿Y ahora?
Lauren tomaba su baño con una sonrisa enorme. Ella le diría a todos que era la sonrisa de una mujer feliz por haber acabado de descubrir que daría a luz a un niño, pero en el fondo sabía muy bien que era la sonrisa de una mujer que había logrado exactamente lo que quería.
Bien… en algún momento esto tenía que irse al carajo y ese momento llegó. ¿Qué opinan? ¿Qué cree que pasará? Recibo sus opiniones, me encanta leerlas.
PREGUNTA DE LA AUTORA: ¿Qué llevas siempre en la bolsa?
Mi respuesta a la pregunta anterior, morderme las uñas u.u fea fea maña jajaja
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Nos leemos pronto
Beijos
Merce
