Todos los personajes, excepto Seishin, son propiedad de Kishimoto.
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Capítulo 21: Izumi.
Por doceava vez en el día un estruendoso chapuzón resonó en el claro, espantando con su eco a los pajarillos de los nidos cercanos. Se aproximaba el ocaso, y las horas habían transcurrido sin ningún progreso aparente. Unas cuantas hojas flotando en el lago fungían como recordatorio de que el otoño, con sus tonos marrón y sus ráfagas de aire seco, se había presentado antes de lo advertido… y que así lo haría el invierno. Seshin suspiró resignado, y le llamó con dulce voz.
"Hinata-dono, ¿se encuentra bien? ¿algo le preocupa?"
"Mmm… yo…" balbuceaba ella sin afrontar la cerúlea mirada siempre tan fija.
"Puedo ver que no logra concentrarse ¿será acaso que el sentimentalismo esta nublando su objetivo, Hinata-dono?" Seishin finalizó con su acostumbrada sonrisa.
Ella le conocía suficiente como para entender que no había un gramo de maldad en su pregunta, pero aún así de alguna forma… se sintió ofendida. Quizás es verdad… han pasado 2 semanas desde la última vez que estuvimos en Konoha, y aquella vez sólo nos quedamos lo suficiente para reabastecer nuestros recursos; Otou-san no estaba en casa, Hanabi aún no salía de la academia… el cumpleaños de Neji nii-san pasó sin que pudiera entregarle su regalo… no logré ver a Naruto ni a ninguno de mis amigos. Seishin-san es prácticamente la única persona con la que he tenido contacto por casi 2 meses; quizás es por eso que estoy imaginando cosas, quizás soy… demasiado sentimental… "Es posible…" respondió "debo disculparme si le causo problemas por cosas tan vanas Seishin-sensei, pero… los extraño." Confesó.
"¿A quiénes?" entrecerró sus ojos de rubí y esbozo un compresivo y amable gesto.
"A todos…" murmuro ella encontrando de lleno los ojos de su maestro enrarecidos por el ocaso.
El pelirrojo calculaba con rapidez, regido por el hechizo de su triste gesto, un periodo aceptable de ocio. Después de todo se lo habían ganado. Cualquiera que resistiera ese tipo de entrenamiento es merecedor de un buen descanso… especialmente ella… "Podríamos…"
"No…" interrumpió con un susurro la joven adivinando sus pensamientos detrás de la repentina propuesta, por demás inesperada "no es necesario… yo…"
"Hinata-dono, si su concentración es pobre también lo será el resultado del entrenamiento. Hasta ahora creo que ha hecho un excelente trabajo. Es de sabios parar un momento a respirar."
Las gesticulaciones del pelirrojo eran siempre de lo más formales, pero poco a poco, su perspicacia femenina le sugería a la joven cierto cambio; sutil, pero indudablemente presente. Era como si las palabras del joven sensei se llenaran de rocío, como si sus ojos recibieran con gusto los rayos del sol, como si sus sonrisas nacieran con más naturalidad, como si sus elegantes ademanes se inclinaran inconscientemente hacia ella. Pero, vaya, ¿no es era eso normal? Al menos, toda cuanta persona con quien Hinata había compartido una considerable suma de tiempo, tendía a presentar los mismos cambios – todos excepto su progenitor – quizás por ello hizo caso omiso de sus casi inaudibles suspiros pensando que tal vez él también tendría a alguien esperándole en casa.
"Prepare sus cosas Hinata-dono, partimos al alba." Sonrió complacido.
"¡Hai!"
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Hacía 23 días, 14 horas y 32 minutos desde que la vio la última vez, pero ¿Quién cuenta?
Naruto caminaba con los hombros ligeramente caídos, los brazos oscilando suavemente con una pronunciada curva convexa en la espalda – joroba –, evidente señal de que se arrastraba a casa a fuerza de voluntad. Cubierto en tierra y sudor, tenía una docena de nuevas e insignificantes heridas que desvanecerían tan pronto como dejara de prestarles atención. En realidad no importaba que aquellos rasguños propios de su extremoso entrenamiento sanaran de la noche a la mañana, cubrirlas con las vendas limpias y los ungüentos fragantes que Hinata le proveía en cantidades irracionales se habían convertido en una rutina.
…Hinata… suspiró percibiendo de pronto con mayor intensidad el cansancio que hacia presa de sus piernas. De nuevo, atraído por la fuerza centrífuga de la duda, aún sin fuerzas, repasó las premisas que habían rondado en su cabeza por días y días.
Hecho número 1: Nunca anunciaban su partida o su regreso.
Hecho número 2: tampoco enviaban notificaciones semanales de sus progresos.
Hecho número 3: siempre iban sólo ellos dos, y
Hecho número 4: nunca hablaban sobre sus "misiones"
¿Por qué Tsunade pretendía no oírle cada vez que le preguntaba sobre su locación? ¿Qué tipo de misión requería a 2 med-ninjas? La conclusión más racional a la que llegaba implicaba muchos heridos… y muchos heridos = peligro… aún así…
Hecho número 5: nunca pedían refuerzos ni le dejaba acompañarlos.
Naruto comenzaba a sentirse intrigado por el asunto.
Esa tarde había tenido la suerte de toparse con Kiba cuando percibió el olor de Hinata acercándose. Dijo que llegaría en poco más de 2 horas, tiempo suficiente para bañarse y dejar correr con el agua fría el cansancio del entrenamiento vespertino. Por aquellos días entrenar era lo único que le valía al ojos celestes una mente fresca; de otro modo se sorprendía una y otra vez leyendo el mismo libro que ella dejó en sus manos la última vez, a pesar de haberlo terminado 3 días después de su partida, o bien enlistando aquellas susodichas premisas tan torturantemente llamativas.
Bajo la regadera, recordaba su viaje de regreso de su más reciente misión. Esa vez de hecho pensó verla… Debió ser una alucinación… como en un oasis… Caminando en el aire, con los ojos fijos en un punto distante, extremadamente concentrada la Hinata del espejismo volteo a verle directamente a los ojos y un parpadeo después, ya no estaba. Salió del baño con una toalla enredada a la cintura y con la mente fija en la idea de recibirla… al fin… sacudió su cabello como un cachorro empapado por la lluvia, y procedió a sortear montones de ropa sucia para encontrar el cambio que reservaba impecable para situaciones como esa. Puede parecer rara la idea, pero no es cualquier cosa el recibir al hogar en casa. Con lo que quiero decir que no es cualquier cosa recibir a quien hace de cualquier lugar el hogar, en el sitio donde se descubrió el sentido de pertenencia por primera vez, y bien merece un atuendo limpio. Fresco y presto, cerró la puerta, y partió.
Ese maldito perro sarnoso… gruñía Naruto minutos después… ¿me habrá mentido? No sería la primera vez que me juega una broma de este tipo, pero… aún así, sé que no me iré hasta que tenga que hacerlo… casi riéndose de sí mismo, el rubio cogió una hoja que el viento arrastraba en su dirección mientras esperaba impacientemente en el dintel de las puertas de la aldea… es difícil hacerlo cuando no hay forma de saber cuánto tiempo se quedará… ¿será que… esta vez…? Lejos, en el horizonte, un par de figuras se acercaban a paso ligero… ¿Hinata…? Naruto cubrió sus ojos del sol y los entrecerró procurando agudizar su visión par distinguir a la distancia la marmórea figura de nuestra princesa sonriendo ampliamente y saludando con el brazo extendido.
"¡¡Hinata!!" saltó eufórico.
Conteniendo su urgencia la joven caminaba al paso de su acompañante. Seishin, al ver correr tan ávidamente al ruidoso ninja, contuvo el aliento y anunció solemnemente "Puede adelantarse, si así lo desea Hinata-dono."
"Gracias, pero no." Negó ella, con las manos hechas un nudo frente a su ombligo, ademán testigo de que controlaba su antigua manía de jugar con los dedos cuando le embargaba el nerviosismo "Cada quien cumple su rol en una relación, y ese, le pertenece a él." Afirmó sonriendo espléndidamente, entre orgullosa y divinamente resignada.
R.e.l.a.c.i.ó.n…. r.e.l.a.c.i.ó.n... La palabra vibró terrible en las perfiladas orejas del pelirrojo, junto con las vivas exclamaciones del ninja hacia quien comenzaba a sentir un tanto de… ¿qué era? ¿celos…? No. Era… algo distinto… era más como…
"Sensei… ¿ocurre algo?"
"No." Negó con un tono un tanto más cortante de lo que planeó "Yo iré a reportar nuestros progresos a la Hokage."
"Hnn…" asintió ella medianamente familiarizada al notable cambio que su sensei experimentaba cada vez que se acercaban a la aldea.
"Por ahora, no hay necesidad de desempacar. Primero escuchemos lo que la Hokage tenga para decir. Hoy por la noche le informaré todo. Llevaré el equipaje a la casa Hyuuga" extendió su mano hacia la mochila de Hinata rozando ligeramente su mano en el proceso "por favor, tenga cuidado."
"Arigato…" le sonrió, como siempre.
Seishin le observó con atención, una atención distinta a la acostumbrada. Sus ojos usualmente revelaban serenidad, una confianza que imprimía en el receptor de su curiosidad una profunda avidez por contestar o corresponder de la forma más digna y sincera posible. Ésta mirada, de la que Hinata percibió sólo una fracción de segundo, manifestaba una innegable e irreprimible avidez por capturar su sonrisa, como si dudase y considerase con toda seriedad congelarse en ese momento, y vivir en el sin lamentarse por el futuro ni recordar su pasado. Sus ojos irradiaban una luz opaca, pero cálida… devolvió la sonrisa, y después de una reverencia, el pelirrojo se alejó sin prisas.
El rubio no era muy bueno percibiendo atmósferas, pero nunca se le escapaba la forma en que Seishin miraba a Hinata al despedirse. Era… una mezcla de cariño, temor y tristeza. No era precisamente que le molestara, era más bien que le inquietaba. Al cruzarse en el camino, ambos hombres se dirigieron una mirada del nada amistosa. El viento agitando ligeramente los rojizos cabellos sueltos descubrió en el atemporal rostro del ninja un gesto ligeramente amargo, triste y derrotado. Naruto sintió una gélida sensación correrle la espalda… ese… gesto… mientras cavilaba entre incrédulo e indignado escuchó el murmullo cálido y familiar que le hacía consentir el sueño por las noches.
"Tadaima…" susurró Hinata.
"O.. okaeri…" contestó él súbitamente consciente de su objetivo principal.
Justo frente a ella, sus rodillas, como de goma, le traicionaron y le dejaron caer de cara. …¿Estoy… temblando?... Se preguntaba asombrado.
"¡Naruto!"…¿Esta temblando…? ¿Estará enfermo… o herido?... se apresuraba ella
Con sorpresa, y algo avergonzado, levantó los ojos para encontrar un ligero rubor en sus mejillas y sus blancas perlas brillando en preocupación. "Me llamaste Naruto…" sonrió encantado.
"Estamos solos ¿Qué no?" Hinata sentía como palmo a palmo, un escalofrío dictaba a su cuerpo la orden de abalanzarse contra él
"Tengo el sobrenombre perfecto para ti…" declaró el rubio, como si lo hubiese recordado de pronto, con aquella impulsividad que merecería una evaluación psiquiátrica.
"¿Ah sí?" dijo curiosa "¿y cuál es?"
"¡Hime!" contestó orgulloso.
Ella enmudeció… ¿Hi…hime...? acaso… ¿es una indirecta? ¿Trata de decirme que descubrió algo?... en medio de la conmoción que le arrebató el aliento por un segundo, agradeció por primera vez el entrenamiento de "inexpresividad" a la que le sometía su padre durante su infancia; aunque nunca había destacado en ello – quizás porque su naturaleza tendía más a la sinceridad que al triunfo, los que después descubrió con placer, de ninguna forma son mutuamente excluyentes. – decía, que aunque nunca había destacado en ello, descubría ahora su poderosa utilidad.
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Tsunade meditaba con las manos cubriendo parcialmente su boca, como si con ello previniese que cualquier oído externo al asunto escuchase sus resoluciones. "¿Estás seguro Seishin-san?"
"Confío en ella Hokage-sama."
"Esa no fue mi pregunta…" replicó con aquella intrínseca agresividad que le caracterizaba "Estoy segura que Naruto nunca haría nada que pudiera herirle, pero… será difícil mantenerlo bajo control. Démosle crédito, ha madurado, pero…" hizo una pausa, como buscando las palabras más adecuadas, rigiéndose como lo hace un líder con la prudencia de quien cree ser escuchado por todos en todo momento "aún así la idea no me convence. ¿Crees que el resultado superará los riesgos?" terminó con una ceja alzada en suma sospecha.
"Mmmm… creo que… se beneficiaría sin duda" contestó con cautela el pelirrojo "últimamente parece perdida en otras cosas. Es muy posible que Uzumaki-san sea más un auxilio que un estorbo, además… tengo entendido que el aire es su elemento ¿cierto?"
"Hai…hai…" pese a recibir dos razones de considerable peso, Tsunade encontraba difícil deshacerse de sus preocupaciones. Por un lado, Naruto era uno de sus pilares más fuertes en el frente de cualquier misión, y aún más en las puertas de Konoha en caso de que algún ataque sorpresivo aconteciera; por otro lado se trataba de 2 adolescentes que recién habían descubierto el placer de compartir la vida con otro ser humano a un grado sumo e íntimo… ambos siempre estuvieron solos, en formas distintas, pero igualmente hirientes. La novedad siempre lleva a los inexpertos a hacer estupideces. Se trataba pues de una apuesta en que no veía – como madre sin título que era – por ningún ángulo oportunidad alguna de ganancia, sólo riesgos y más riesgos. Aún así, confiaba en el juicio de su antiguo compañero de batalla como en el suyo propio, y muy a su pesar veía también ciertos posibles frutos… después de un momento de interna deliberación, continuó como un juez que se conduce siempre con justicia, aunque le duela "Si así lo crees, Seishin-san, es todo tuyo. Hace algún tiempo que no tiene alguien que guíe su entrenamiento, así que los 3 saldrán ganando. Me aseguraré de hacerle entender la gravedad del asunto; aunque no le daré muchos detalles. ¿Podrás mantenerlos a los 2 en tus espacios?"
"Sin duda. Hinata-chan ha tenido también un efecto en mis habilidades." Sonrió él, con un brillo inesperado en sus opacos rubíes.
"Seishin-san… ¿cómo… cómo va eso?" pregunto la Hokage algo incómoda, sintiendo que no era su lugar y que no tenía derecho alguno de preguntar, pero, para su sorpresa, el pelirrojo contestó casi sin vacilar. "No muy bien… Tsunade-san." Como siempre, invocando una atmósfera de mayor intimidad al confesarle sus pesares a su antigua camarada, que coincidía ser, por obra de la ironía, la Hokage de Konoha.
"Ya veo…" murmuró más la mujer en ella, que la líder "así que tienes más de una razón para agregar a Naruto al grupo ¿cierto?"
"Aa…" asintió él sin levantar la cabeza "es una niña. A pesar de… todo… es una niña."
"Entiendo."
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Shino, Kiba y akamaru los encontraron jugando haciéndose cosquillas como un par de criaturas; la mayoría de sus amigos sabían que su relación se había formalizado un par de meses atrás, pero ninguno de ellos los había visto ejerciendo los derechos que su etiqueta les otorgaba. Naturalmente les llamaron desde lejos, esperando que volviera cada uno a su respectivo espacio personal.
"Shino, Kiba, akamaru ¡¡Tadaimasu…!!"
"Okaeri Hinata-chan"
Pronto, se encontraron caminando hacia Ichiraku´s sin siquiera pensarlo; era algo natural cuando se trataba de Naruto y Hinata. Unos cuantos platos de ramen apilados en la barra después, la noche había caído ligera y fresca sobre las arboledas de Konoha. Shino, actualmente encargado de algunas responsabilidades administrativas, le informó a la decepcionada Hinata que de los 9 rokies los únicos presentes eran el grupo 8 y el 7. Cierto es que la kunoichi no tenía idea de cuánto tiempo tendría hasta la próxima "misión" pero, algo le decía, que no vería otro anochecer.
"Es tiempo de ir a casa…" murmuró para sus adentros.
"¡Te acompaño!" Exclamaron Kiba y Naruto a la vez mientras el chico con lentes asentía.
Soplaba una agradable brisa; distraída en los muchos asuntos que debía resolver, la joven levantó los ojos hacia el cielo nocturno, costumbre que había adoptado desde muy pequeña por consejo de su madre – ten cuidado de siempre mirar las estrellas… –y se transportó sin esfuerzo a una de esas noches del entrenamiento junto al lago. Sonrió. Era reconfortante ver las estrellas reflejadas en el agua aquellas noches. Le daba la impresión de que no era la fatiga del día la que le obligaba a desparramarse en una gran piedra que había cerca del campamento, después de exponerse a todo tipo de estímulos dolorosos e indescriptibles durante el reino del astro sol hasta mucho después de su partida; como decía, las estrellas reflejadas en el lago le daban la impresión de que quedarse allí, no tenía que ver con la extenuación que difícilmente le permitía sostenerse sobre sus rodillas al final del día, sino que era decisión propia.
El entrenamiento constaba básicamente de 3 partes.
Al despuntar del día, se levantaban maestro y alumna a meditar cuando apenas los primeros rayos tintineantes iluminaban la cristalina laguna, aprovechando, según palabras del pelirrojo "el brote de vida" de cada mañana. Con la espalda erguida hasta el punto de un ángulo recto, respiraban en armonía sentados con las piernas hechas un nudo justo en el centro del lago. Nunca se le informaba cuanto tiempo duraría la meditación matutina, sino que, cuando Seishin lo decidía se lanzaba al ataque en contra de la concentrada princesa que usualmente recibía uno o dos coscorrones antes de la hora del desayuno. Taijutsu – estilo Hyuuga de preferencia, pero no siempre –. Así pues, la primera etapa quedaba concluida.
Después de almorzar, se iniciaba una rica variedad de ejercicios que tenían la finalidad de dominar el elemento en turno. La práctica dependía del tipo de elemento que fuesen a utilizar. Hinata encontraba geniales las técnicas que utilizaba Seishin para sintonizar cada parte de su cuerpo y hacerle una extensión del elemento. Desde estiramientos, estabilizar pequeñas gotas de agua con mínimas infusiones de chakra para que quedasen suspendidas en el aire – lo que después se convirtió, al aumentar la dificultad, en algo parecido a moldear figuras en el aire cual si el agua fuese barro – sembrar semillas y apresurar el nacimiento de los brotes, manipular la forma de las raíces, mecer las ramas y troncos de un lado hacia otro con la mano derecha y en dirección contraria con la izquierda, mecerse en los árboles sin usar nada más que chakra para sostenerse, hasta mantenerse estática en las posiciones más extrañas. Siempre sintió curiosidad sobre la fuente – de información – de tan variados recursos y técnicas de las que se valía Seishin para enseñarle.
La tercera parte del entrenamiento siempre daba inicio al vislumbrarse el ocaso en el horizonte, bajo la sola luz de las estrellas; y por mucho, era su parte favorita de día. En esta Hinata mezclaba su chakra simultáneamente con uno o más elementos. Se daban la sesiones de sparring contra Seishin, o bien algunas veces lecciones sobre la mejor forma de combinar los elementos. Era en este momento, después de que Seishin atendiera cualquier herida que se ganaba en el transcurso del día, que se recostaba en aquella susodicha y divina piedra, poseedora de quietud y dedos fríos, y procedía a observar astros hasta que volvía a sentir las piernas. Al menos un tiempo solían ser las piernas, después… debía esperar un poco más para que la sensación de control motriz general en brazos y piernas volviera a ella. Agua y tierra no fueron mayor problema, pero, desde hacía algunos días, cuando comenzaron con el nuevo elemento, frecuentemente el aire le metía en líos muy serios y se sorprendía amaneciendo, con los pies helados, sobre el fiel peñasco. Su chakra se agotaba extremadamente rápido, la cantidad de chakra y de aire en la mezcla resultaban explosivos, y para su desgracia, encontrar el equilibrio entre su esencia y la del elemento era claramente contranatural.
Cuando Hinata cuestionó a su guía sobre la razón, recibió una simple y concisa respuesta: `Usted desconoce la libertad; la libertad la desconoce a usted Hinata-dono`… Libertad…tantos años en la casa Hyuuga quizás tengan ese efecto en las personas. Neji… me pregunto… si estará en casa… Perdida en su mente, la puerta de la mansión se le dibujo mucho antes de lo que pensaba, y se dio cuenta que durante todo el trayecto no había dicho una sola palabra. Se disculpo ruborizada con los 3 jóvenes y entro corriendo perdiéndose en los muros antes de que ninguno pudiera decir adiós.
Qué raro… fue la respuesta general.
Caminando calle abajo, encontraron una gran sorpresa inmóvil a mitad del camino, con los ojos fijos en la mansión Hyuuga. A los 3 ninjas les pareció familiar, pero no fue hasta que estuvieron a 2 pasos de la figura que Shino reconoció a la niña de aquella misión en la aldea de la nube "¡Izumi-chan!" (Capítulo 5, 6 y 7)
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Los tres shinobis le llamaron y trataran de llamar su atención efusivamente de muchas formas en vano, la niña sencillamente no dejaba de ver, como paralizada, hacia la casa Hyuuga. El rubio al principio pensó que estaba bajo algún tipo de genjutsu, pero, al descartarlo y simultáneamente recibir una orden de la Hokage, decidió que lo mejor era que le dieran un vistazo.
Con un plan de mutuo acuerdo sobre los puntos que se revelarían y los que no, Tsunade mandó llamar a Naruto. Cuando este se presento con una niña de la mano, y vio el estado en que se encontraba, la Hokage tuvo un mal presentimiento. Finalmente, después de pasar los primeros 10 minutos en un chequeo general sin detectar la menor anormalidad, se presentó Seishin, fiel a su palabra de conceder a la Hokage unos minutos a solas con el joven.
"Hokage-sama…" le llamó respetuoso, pero sin esconder su interrogante.
"Hai Hai… es una niña que el equipo 8 y Naruto encontraron en una misión hace algunos meses cerca de la aldea de la nube. Parece ser sonámbula… o bajo algún tipo de hipnosis…"
Ahora, consideremos un poco la situación en la que se encontraba Naruto. La última vez que vio a Seishin notó una clara hostilidad de su parte, cosa que encontró muy extraña pues el pelirrojo hacia siempre caso omiso de las miradas y palabras irrespetuosas, e incluso ofensivas, que el rubio tendía a ofrecerle. Seishin usualmente sonreía, y volvía a su usual expresión de calma – lo cual irritaba terriblemente al rubio. Pero, cierto es que la reacción que más le contrarió no fue precisamente ese mirada helada que le dedicó al pasar junto a él, sino más bien… ese gesto de tristeza, derrota, amargura y confusión que le siguió; ese gesto… lo conocía bien. Era el mismo que Sakura tenía pintado todo el tiempo, años atrás, cuando el nombre Sasuke revoloteaba a su alrededor. Ese gesto era un claro mensaje, incluso para alguien tan poco empático y denso como él… esa fue la cara de alguien que ha perdido algo muy querido… su rostro revelaba gravedad, expresión que no era comúnmente encontrada en el poseedor de la sonrisa más contagiosa de Konoha, pero, tan súbitamente como un knock out, su rostro se oscureció rodeado de un aura asesina…¡¡Y lo peor es que esta todo el tiempo con ella!! Siempre siempre allí… si alguna vez me entero de que estas largas ausencias son culpa de este malnacido pitufo ¡le arranco la cabeza a mordidas!... Tranquilizándose un poco, razonó que la mejor forma de averiguar por qué Hinata y Seishin eran continuamente asignados a misiones tan peculiares era preguntar de frente… con eso en mente… respiró profundo y articulo de la forma más civilizada que encontró "Y dime… ¿Cómo va el entrenamiento de Hinata, Seishin?"
"¡¡Hinata-hime!!" gritó Izumi, pronunciando palabra por primera vez, irrumpiendo esa atmósfera densa, casi palpable, que se formó entre los dos jóvenes presentes.
¿Hime…?... ¿Izumi-chan?" preguntó Naruto "¿estás bien?"
"¿Dónde está Hinata-hime? ¿Dónde dónde? ¡¡Necesito encontrarla!!" declaró la niña, empuñando las manos y llevándolas a su pecho como protegiendo algo muy preciado.
"¿Cuál es la urgencia?" inquirió la Hokage sospechosa.
"Es tiempo de que le entregue el pergamino" contestó la niña cual si fuese la cosa más obvia del mundo "lo necesitará."
"Perga…mino…" murmuró Naruto recordando vagamente que el incidente en aquella aldea tenía algo que ver con un pergamino
"¿Por qué Hinata necesitaría ese pergamino?" se adelantó la Hokage.
"Porque el equinoccio de otoño se acerca y su luna es la mejor para revelar sus secretos. Hinata-hime debe hacerlo en la luna llena del equinoccio, pero antes debe romper el sello. ¡Necesito hablar con ella! ¡Por favor! ¿Dónde está Hinata-hime?"
"¿Equinoccio de otoño…?" murmuró Tsunade "Es el 21 de septiembre si no me equivoco… pero si eso es… dentro de 9 días." se alarmó, y aunque no era partidaria de usar la intimidación contra las mujeres, optó por obviar su edad e interrogarla como a cualquier amenaza "¿qué sabes de tú de Hinata? ¿Quién te ha mandado? ¿Para qué es ese pergamino? Y ¿por qué le llamas Hinata-hime?"
"Porque mi abuelo me reprendió cuando me referí a ella como onee-chan, me dijo que a la princesa ojos de luna no se le podía…" tras la Hokage un rubio muy sorprendido y por demás confundido llamó su atención "Naruto onii-chan ¿por qué haces esa cara tan extraña?"
Seishin miró de lleno a la Hokage que abría los ojos con sorpresa, masajeó su frente como lo haría si estuviese exhausta, prediciendo una gran migraña, y tras un suspiro, enfrentó los ojos azules del pelirrojo diciendo claramente…Habrá que decirle…
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Los jardines de la casa Hyuuga eran su lugar favorito de la casa, por muchas razones, la principal de todas era su madre… la paciencia con que arrancaba hierva por hierva sin dañar un solo pétalo del pequeño jardín que cultivaba frente al pórtico. Aún recordaba el aroma de los crisantemos, las rosas, los jazmines y la menta por la mañana cuando todo el rocío se evaporaba lentamente. Otra de las razones por las que se sentía en paz frente al particular paisaje era porque le recordaba las buenas tardes de sparring con Neji, en aquella alejada parte de la casa, donde podía tropezar o bien asestar un golpe de lleno entre sus costillas sin preocuparse porque alguno de los habitantes comparasen sus habilidades.
Entre manos jugaba con un pequeño paquete envuelto en papel verde, esperando sinceramente que Neji respondiera a sus llamados silenciosos. Tenía la sospecha de que el adusto ninja no sólo era capaz de leer asertivamente su lenguaje corporal – que por otro lado no era un gran reto – sino que además, podía escucharle aún cuando no emitiera sonido alguno, aún cuando estaban apartados. Sí, nuestra princesa después de todo cosechaba parte de su encanto gracias a las semillas de fantasía e ingenuidad que dejaba caer a su paso.
Un fuerte lazo se había formando entre ellos los últimos años, y aunque Hinata nunca había reparado en su origen, el ninja poseedor de una mirada petrificante le dijo alguna vez con voz suave "Es el hilo del protector enredado al protegido" y sonrió imperceptiblemente para todo aquel que no fuese ella.
Hanabi estaba en el dojo, entrenando. Su padre en su estudio, y Seishin no estaba en casa. No esperaba una cálida bienvenida, pero… tampoco pensaba quedarse sola. Había estado sentada en el mismo sitio por 2 horas antes de que decidiese recurrir al último recurso: la servidumbre. Evitaba tanto cuanto podía el ejercer sus privilegios como miembro de la élite, por no decir de heredera, pero, esa noche sencillamente no era una noche para estar sola en casa.
Se arrepintió tan pronto como la mensajera se alejó por el pasillo, pero era ya muy tarde… suspirando… pronto, el paquete entre sus manos tenía arrugas por todos lados.
"Hinata-sama… ¿mando llamar?" escuchó por detrás de su hombro.
"Hai… nii-san…"
"¿Pasa algo?" respondió con la misma inexpresiva voz de siempre, aunque la joven descubrió una nota de curiosidad.
Rápidamente se puso de pie y giró sobre sus talones extendiendo hacia el castaño ojos pálidos el paquete que amenazaba con desenvolverse. Él la miró con sorpresa hasta que la escuchó decir aún con los brazos en ofrenda. "Disculpa que no haya estado presente el día de tu cumpleaños nii-san"
Una suave y enternecida mueca apareció tan pronto como se fue en sus labios y sus ojos volvieron a ser hielos sin vida. "Arigato… Hinata-sama. ¿Puedo abrirlo?"
"¡¡Hai!!" le sonrió ella. "espero que te guste…"
La tapa descubrió dos hileras de seis pomos etiquetados según tipo de lesión. Neji sonrió… muy Hinata… y antes de que pudiera hablar, ella le interrumpió "Hay más… en el fondo de la caja… pero eso es para después. Por ahora… ¿entrenarías un poco conmigo nii-san?"
"Por supuesto, Hinata-sama."
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¿Cuánto tiempo puede alguien sostener la quijada abierta antes de que se le adormezca?
Naruto buscaba en el gesto de la Hokage alguna señal de picardía, algo que delatase que su historia era una broma y que se burlaría del ninja por ser siempre tan crédulo y simplón. Pero no. De hecho… lo único que se leía en el cejo de la rubia era preocupación, al igual que en el de Seishin.
Izumi ofreció un resumen bastante claro sobre toda la situación. Luego de que se refirió a los textos una y otra vez, logró hacer ver a los escépticos ninjas que su intención no era otra que ayudar. Su papel era entregar el pergamino a Hinata cuando estuviese lista.
"Izumi-chan" habló la Hokage luego de suspirar profundamente "¿Qué es lo que tenemos que hacer?"
"Bueno… básicamente… Hinata-hime tiene que sacrificar su inocencia" dijo Izumi.
"¡¡¡¡¿QUÉ HINATA TIENE QUE HACER QUÉ?!!!!"
Naruto enrojeció de pies a cabeza, y Seishin, en contra de su voluntad, fijó una mirada glaciar y con un instinto asesino escalofriante en el rubio "¿Acaso es algo que Hinata-dono ya no posee?"
"Yo… yo…" Naruto comenzaba a sentirse mareado, cuando escucho una voz aún más terrible alzarse por sobre su cabeza.
"¿QUÉ LE HICISTE NARUTOOOO?" una vena saltaba en la frente de la Hokage, quien comenzaba a tronarse los puños.
"¡NADA NADAAA! ¡¡¡¡NO HEMOS HECHO NAAAADAAAAA!!!!!"
