Como se lo prometí a Goldengate 24, aquí subo el siguiente capi, espero que les guste y que no haya salido muy apresurado.
Si hay errores (y horrores) luego los corrijo, es que me están limitando el uso de internet en el trabajo) igual no me enojo si me dicen.
Espero que sea de su agrado. No se que mas decir.
Solo que TORTUGAS NINJA Y TODOS SUS PERSONAJES son propiedad de KEVIN EASTMAN Y PETER LAIRD Y DE LA CADENA NICKELODEON, y muy importante, el personaje de DIX es propiedad de mi querida amiga ELDAR LISSWEN SARITHIEL (que si anoté su nombre correctamente me debe una galleta) yo solo los uso para divertirlos y divertirme un rato.
Que comience el show.
Jack Robins preparó una pequeña maleta con varios artículos médicos, medicamentos, gasas, vendas, y una especie de respirador con máscara y se la dio a Splinter.
-Tome, recuerde que no debe agitarse, aunque algo me dice que lo hará de todos modos. En esta mochila está un respirador portátil, si siente que le falta el oxígeno, colóquela sobre su ho… su na… sobre su cara para respirar, por favor, señor Hamato, no se confíe, usted sufrió una operación reconstructiva de pulmón, además todavía tiene dos costillas fracturadas, muerto no puede ayudarle a sus hijos.-
-Gracias, señor Robins, lo tendré en cuenta.- dijo Splinter. La niña caminaba por ahí viendo algunas cosas. Jack le entregó un paquete de galletas.
-Toma, niña, obedece al señor Hamato, preferiría que te quedaras conmigo, pero él tiene razón, es cuestión de tiempo para que Lars encuentre este lugar y quien sabe que es lo que pueda ocurrir. –
-Adiós, señor humano bueno, si vuelvo a ver al señor Krahler le voy a decir que no todos los humanos son malos, que yo conocía uno que es bueno – dijo la niña con una sonrisa tierna.
-Gracias, significa mucho para mi – dijo Robins. –ahora los acompañaré a la parte de abajo, donde están las rejillas de drenaje, ¿Está seguro que podrá salir por ahí? –
-Me he movido en el alcantarillado por quince años, doctor Robins, créame que se moverme en él.- dijo Splinter.
-Por favor, llámeme Jack, y espero, sinceramente, que volvamos a vernos –
Jack rápidamente, por una serie de pasadizos, condujo a Splinter al cuarto de máquinas, donde estaban transformadores eléctricos y varios equipos, y al fondo había una rejilla de drenaje bastante grande.
-Es por aquí, buena suerte, amigo - dijo Jack extendiendo una mano a Splinter, que el roedor estrechó. Luego, como lo dicta la cortesía japonesa, el mutante se despidió con una inclinación.
-Muchas gracias por todo, Robins-san, me da gusto que se haya convertido usted en un buen hombre, ojalá pueda convencer a su cuñado de su error.-
Robins respondió el saludo algo nervioso. –Oh, si, lo olvidaba, usted es japonés, no le garantizo nada respecto a Lars, pero… esperemos que pueda hacer algo. Creo que Robins-san está bien, si no quiere decirme Jack. Por favor, cuídense mucho.-
Splinter entró en el drenaje, una vez ahí, Jack Robins cargó a Violeta y le ayudó a bajar, mientras Splinter la atrapaba abajo.
-Cuídense mucho – dijo Jack Robins cuando las alarmas se activaron. – váyanse, ya – apuró y cerró la rendija.
-Señor papá de Leo, este lugar está oscuro y huele feo, me da miedo – dijo la niña aferrándose a la yukata de Splinter.
-solo quédate conmigo, pequeña, y el olor, pronto se irá, lo prometo.- dijo el roedor tomando la mano de la niña y buscando una salida.
Los chicos estaban rodeados, más de treinta soldados apuntando con sus armas a la camioneta.
Leonardo se agachó para esconderse debajo del tablero, y Elisa tomó su lugar, pero el soldado que estaba enfrente no se tragó el cuento y abrió la puerta, al igual que otro grupo abrió a la fuerza la puerta de atrás.
-Hay mutantes aquí, señor – dijo uno de los militares.
Los chicos sentían que sus corazones se iban a salir de su pecho. Donatello se acurrucó cerca de su hermanito y lo abrazó, mientras que Raphael sacó sus sais y se lanzó sobre los soldados, ante la mirada de terror de los menores. Inmediatamente por la mente del chico genio cruzó la imagen de Raphael siendo asesinado por los soldados, ya que tenían un motivo. Así que solo atinó a gritar.
-Raphael, detente – gritó Leonardo al mismo tiempo que Donatello. Raphael vio hacia la parte de la cabina y un par de hombres estaban sacando a su hermano de azul, ese momento de distracción causó que otros hombres le dispararan una especie de dardo en el brazo. El chico de rojo aulló, y se sacó el dardo, su cuerpo empezaba a darle vueltas e iba a intentar atacar de nuevo, cuando uno de los captores de Leonardo le habló:
-Si te mueves, me encargaré de que no vuelvas a ver a este chico – dijo el soldado William Scott, uno de los hombres que sujetaba a Leonardo. Él estaba presente cuando Olivia Benson dijo que esos chicos eran unidos, y decidió retar a su suerte, averiguando si eran tan unidos como para entregarse a cambio del bienestar de otro. Y así fue. Raphael bajó sus armas y un grupo de soldados le puso un dispositivo en el cuello que le recordó el que usaba el grupo Elite y que le daba descargas eléctricas. El muchacho estaba sudando helado, temblaba, tanto de ira como de impotencia.
Otro entró y tomó a Donatello y lo obligó a salir. El muchacho, ya sea porque había visto que tenían a sus otros hermanos, porque no había mucho que pudiera hacer, o por su naturaleza pacífica, se entregó sin oponer resistencia. Las humanas veían impotentes todo.
-Ustedes, señorita, la jovencita y la niña que están con usted, vengan por aquí, ahora – ordenó otro soldado.
-Por favor, no los lastimen.- suplicó Elisa.
-Tú, levántate – ordenó otro militar a Miguel Ángel, el chico estaba tan aterrado como sus hermanos, intentó moverse pero al levantarse perdió el equilibrio.- ¡Oigan, este está enfermo!-
Al escuchar esto todos se pusieron alerta.
-Todos atentos por si se vuelve loco y ataca a todo mundo – ordenó el líder de los militares.
Todos apuntaron sus armas hacia Mikey.
-¡No, no le harán daño a mi hermano! – gritó Donatello, soltándose como pudo del agarre de los soldados y corriendo a abrazar a su hermano menor.
Raphael también se soltó, igual que Leonardo. Los tres se abrazaron protectoramente sobre el menor. Los soldados miraban la escena y luego se miraron entre ellos.
-Por favor – habló Abril – no pueden hacerles daño, ellos no han hecho nada, déjenlos ir.-
-El muchacho está enfermo, si, pero yo soy doctora y lo he estado atendiendo y sé que no es nada parecido a lo que menciona Lars, no le hagan daño –
Los soldados miraron a su líder.
-Tenemos órdenes que llevarlos con nosotros, tráiganlos.- ordenó fríamente y los soldados sujetaron a los chicos y, forcejeando, los hicieron retroceder.
-¡No, suéltennos! – gritó Donatello.
-¡Basta! Me las van a pagar, déjennos en paz – gritó Raph también forcejeando, aunque el chico rudo tenía problemas ya que el sedante empezaba a hacer efecto.
-Donnie, Raph, Mikey – fue lo único que alcanzó a gritar Leonardo.
-Leo… Leonardo, Raphael,… Donnie…- gimió Mikey.
-Al chico enfermo pónganlo aparte –dijo el líder y Mikey vio como era separado de sus hermanos.
-¡No! ¡¿Qué le van a hacer?! – Leonardo no pudo más y estalló en lágrimas cuando vio como varios hombres se llevaban aparte a su hermanito.- ¡Mikey, MIKEY! – Gritó el chico de azul aterrado e imposibilitado para ayudar a su hermano. Donatello se unió a sus gritos.
-Hermanito, Mikey- gritó Donatello mientras era empujado a un compartimiento con sus otros dos hermanos. Raphael difícilmente podía mantenerse de pie.-
Sin embargo, pese a las protestas de los muchachos, Leonardo, Donatello y Raph fueron subidos a la fuerza en un vehículo, y Miguel Ángel en otro.
Miguel Ángel estaba aterrado, alcanzaba a escuchar a sus hermanos llamarlo, y a Elisa decirle a los soldados que el muchacho solo estaba enfermo. De repente un par de hombres con trajes especiales se acercaron a él, el jovencito trató de retroceder pero se sentía realmente muy mal.
Unos hombres lo tomaron del brazo y lo llevaron a una especie de banca, donde otro hombre tomó una aguja para sacarle sangre. Entonces el camión empezó a avanzar y los hombres le conectaron un suero y lo encadenaron a un asiento fijo en el camión. Miguel Ángel quería llorar del miedo, pero el niño hizo un esfuerzo para tratar de ser valiente, por sus hermanos.
Leonardo, Raph y Donnie sintieron que el carro en el que viajan se movía. Ellos, a diferencia de Mikey, no estaban solos, pero no había ventanas por las que ver. Se miraron aterrados, Raphael no puede evitar más y cayó de rodillas.
NO había nada más que hacer, solo… esperar.
Lars está pasmado ante lo que creía una ilusión: ese era su hijo. Mas grande. En un estado aparentemente salvaje; sucio, cabello largo y la ropa desgastada. Los anteojos que usaba de niño aún los tenía, unidos con cinta adhesiva. Pero era él. En sus ojos podía ver los ojos de su amada Vivian. Ese era su hijo, su Dix.
-¿Dix? – dijo Lars y el niño se sorprendió de que el científico supiera su nombre. Pero uno de los soldados, tomando del brazo al chico lo lanzó a un rincón.
-¡Maldito vago!¿tu otra vez? No sé cómo llegaste aquí pero será mejor que te largues – el soldado empujó al jovencito y lo tiró al piso.
-¡¿Qué cree que está haciendo Morris, bestia descerebrada?! – bramó histérico Lars.
-No se preocupe, señor, nos encargaremos de este vago de una vez – dijo y varios hombres se lanzaron sobre Dix y comenzaron a patearlo, Lars tomó el arma de uno de los soldados y le disparó al soldado Morris en la cabeza y cayó convulsionándose y luego se quedó quieto. Los demás lo vieron aterrados, pensando que finalmente Lars se había vuelto loco, y sacaron sus armas para defenderse.
-¡Se atreven a ponerse en mi contra! Yo les di trabajo y les di ocupación a todos ustedes, los estuve reclutando por todo el país, soldados con baja deshonrosa del ejército por mala conducta, no son más que escoria y ahora se atreven a rebelarse contra mí – gritó Lars apuntando con el arma a los soldados, obligándolos a entrar a un compartimento con paredes transparentes. Al parecer Lars no se dio cuenta de ello, pues él también entró con los hombres.
Dix aprovechó que nadie le prestaba verdadera atención, y recuperándose de los golpes, gateó rumbo a la estructura que tenía cautivo a Dax. El gato montés lo vió y recordó lo que Lars hacía momentos antes.
-Los botones… - dijo con dificultad – uno cierra esa puerta, para que no salgan –
Dix vió el tablero, había muchos botones y Dix comenzó a presionarlos todos. Entonces empezaron a ocurrir cosas. Ventanas que se abrían y cerraban, sirenas se escuchan y el mecanismo que sostenía a Dax se abrió, liberando al felino.
-Dix, ¿qué estás haciendo? – preguntó Lars alertado por la actividad de sus sistemas.
-¡Ese mocoso miserable! ¿Por qué lo defiende tanto, Lars? Es un maldito vago andrajoso que se junta con mutantes- dijo uno de los soldados.
-¡Porque ese chico estoy seguro de que es mi hijo! – gritó Lars entre furioso y dolido.
Dix lo escuchó y se quedó quieto, pero cuando los soldados y Lars venían sobre él Dax encontró el dispositivo y cerró la puerta, dejando atrapados a los soldados y a Lars.
-¡No, no no no no! – dijo impotente Lars. -¡abran estas puertas!-
-No se puede desde adentro – dijo uno de los soldados.
-Dix, espera, no te vayas – suplicó Lars.
El jovencito estaba pasmado, el ver a Lars detonaba imágenes en su memoria y al mismo tiempo le asustaban.
-Debemos irnos, Dix – ordenó Dax jalando al muchacho del brazo. Dix obedeció.
-¡No! Dix, hijo, ¡regresa! – gritó Lars golpeando la pared transparente que lo atrapaba.
Dix lanzó una última mirada hacia el hombre y luego siguió a Dax.
Dax lo condujo por varios callejones, escondiéndose; al parecer habían activado varias alarmas ya que muchos soldados empezaron a congregarse. Era cuestión de tiempo para que liberaran a Lars y a los otros hombres, entonces Dax tenía poco tiempo.
-Vamos, aprisa, con cuidado para que no nos vean – dijo el mutante.- ¡Dix, me escuchas!-
El niño pareció salir de su ensimismamiento y asintiendo siguió a Dax.
Splinter en ese momento, había logrado salir de la oficina de Robins, con la pequeña violeta a su lado, caminaba por el drenaje con cuidado, no podía arriesgarse a ser visto. Le había dicho a la niña que fuera lo más silenciosa posible, y la niña lo era. Su naturaleza zorruna le hacía que sus pisadas fueran silenciosas, y era ágil por naturaleza, cuando había sido necesario correr, la niña casi no había tenido problemas para seguirle el paso.
-Señor papá de Leo – dijo la niña de repente en voz baja.- mire – señaló y Splinter vio a un humano y un mutante de gato montés. Al parecer los dos se ocultaban de los soldados. No sabía que hacía el jovencito con el mutante pero no podía dejarlo ahí.
-Violeta, escóndete ahí – ordenó Splinter señalando una esquina, la niña era obediente y lo hizo. Entonces Splinter levantó la rejilla un poco.- Por aquí, aprisa – dijo.
El mutante vio con algo de recelo a Splinter. Pero no tenía otra opción. Entró al lugar seguido de Dix. Justo a tiempo, pues varios hombres llegaban a ese lugar en cuanto cerraron la rejilla.
-No tardarán en buscar aquí, hay que movernos.- dijo Splinter, - ¿Puedes moverte? –
-Si,eso creo – dijo Dax. Luego miró a Dix.- Dix, ¿Puedes moverte? –
-Si,… si puedo, solo me duele un poco la espalda, padre – dijo el jovencito y comenzó a caminar con algo de recelo.
-Ustedes, ¿también eran prisioneros de ese loco? – preguntó Dax a Splinter. El roedor lo miró.
-Algo así, logramos escapar, dígame, que es lo que piensan hacer –preguntó el roedor.
-No lo se – dijo Dax. De repente, Dix parecía algo nervioso.
-Padre, ¿Por qué ese hombre sabía mi nombre? ¿Y por qué me llamó "hijo"? soy tu hijo, ¿Cierto? – preguntó el jovencito.
-Dix, no es momento para eso, luego veremos por qué ese tipo dijo eso, pero por ahora hay que salir.-dijo Dax.
-¿Soy tu hijo, verdad? Soy un mutante, como tú, ¿No? – dijo el niño algo nervioso.
-Vamos, Dix, camina.- ordenó Dax.
-Eres un mutante raro, pareces humano – dijo Violeta viendo a Dix.
-¿A ti quien te preguntó? – le dijo el chico molesto y le gruñó, la niña salió corriendo con Splinter.
-¡Señor papá de Leo, señor papá de Leo! – dijo la niña aferrándose a la mano de Splinter. El roedor lo vio un segundo, estaba confundido, pero Dax se interpuso.
-Dix, maldita sea, compórtate – dijo algo alterado, pero al ver la cara de Splinter, supo que no tardaría en hacer preguntas, y Dix también quería hacerlas, no podía con los dos.- gracias por todo, pero será mejor que nosotros vayamos por aquí –
-¿Está seguro? Este lugar es grande y puede ser peligroso – dijo Splinter.
-Estaremos bien, puedo usar mi olfato para encontrar la salida. Gracias por todo, hermano mutante – y sin decir más, se fueron.
Dix lanzó una última mirada a Splinter y siguió a su padre.
-Señor papá de Leo, ¿ese chico es un mutante o un humano? – preguntó la niña.
-No lo sé, pequeña. Pero debemos seguir, debemos buscar a Leonardo y sus hermanos para salir de aquí.-
-Si, señor papá de Leo – dijo la niña.
-Oye, ¿Por qué en vez de "Papá de Leo" no me llamas solo "Splinter"? – sugirió el roedor.
-Porque me gusta decirte "Papá de Leo" – dijo la niña con tono casual. Splinter rio.
-Está bien, dime como quieras, pero yo pensé que sería más fácil y más corto para ti –
-Pero no me canso en decirte "Papá de Leo", además me gusta, porque me acuerdo de Leo.- dijo la niña.
-Bueno, si, pero, además es raro, porque Leonardo tiene más hermanos.- dijo Splinter.
-Si, pero a los otros no los conozco, y el gruñón se enoja mucho – dijo Violeta.
-Si, el gruñón suele ser así. – dijo Splinter, -Pero… estoy segura que cuando los conozcas bien a todos, te vas a llevar bien con ellos, sobre todo con… Miguel Ángel.-
Splinter sintió una punzada de dolor al recordar al más pequeño de sus hijos. El niño estaba enfermo. Sabía que había sobrevivido al incendio, pero seguía enfermo, y con esta cacería de mutantes, se preguntó como estaría su pequeño travieso y bromista.
Los chicos llegaron a una base militar, parecida a los laboratorios de Lars. Ahí los bajaron de los camiones, aún con los collares en sus cuellos y siendo arrastrados. Había un cerco grande, custodiado por hombres armados. Había muchas personas con carteles afuera, algunos decían:
"MATEN A LOS MUTANTES" o
"ELLOS SON ABERRACIONES, NO MERECEN VIVIR EN EL MISMO SITIO QUE NOSOTROS"
O cosas por el estilo. Había otras personas que tenían otros carteles de apoyo:
"LOS MUTANTES MERECEN RESPETO"
"MI HIJO NO MERECIA MORIR, ÉL NO PIDIÓ SER MUTANTE"
"TODOS SOMOS MUTANTES" "LOS HUMANOS MUTAMOS DE LOS SIMIOS"
Parecían debatirse entre ellos y los soldados y policías trataban de resguardar el orden. Los chicos fueron bajados como animales, y vieron otro camión de donde estaban bajando otros mutantes, al parecer rebeldes, algunos daban más problemas que otros. Los muchachos caminaban confundidos y nerviosos. Demasiadas emociones en tan poco tiempo. Del otro camión bajaron a Miguel Ángel, un hombre con traje especial caminaba a su lado cargando un frasco con solución intravenosa. El niño miró a sus hermanos con la esperanza de que lo reunieran con ellos, pero…-
-A ese llévenlo a la sala b-15, a los otros al pabellón f-43 – ordenó un militar y Mikey vio como iba en lado opuesto a sus hermanos, asustado, intentó reunirse con ellos, pero lo jalaban del artefacto en su cuello, como si fuera una bestia salvaje.
-NO… no quiero… quiero ir con mis hermanos.- dijo el niño intentando escapar, pero fue jalado por los hombres, que además de que eran más grandes y más fuertes, no estaban medicados, al parecer al niño le habían puesto algo en el suero.- Leo… ¡LEO! ¡RAPH! ¡DONNIE! No me dejen solo, por favor – lloró el niño.
-Mikey – lloró con impotencia Leonardo tratando de liberarse, pero le era imposible.
-No se lleven a mi hermano- gritó también Donatello, pero igual que Leonardo fue detenido por el dispositivo en su cuello.
-Mikey, no tengas miedo, hermanito – lloró Raphael, - te prometo que estaremos juntos de nuevo muy pronto, ¡resiste, resiste! –
Los cuatro hermanos fueron separados pese a sus protestas, de otra camioneta bajaron a Elisa, Abril y Mindy. Ninguna de ellas estaba esposada; Abril vio que se llevaban a Mikey lejos de sus hermanos, y alcanzó a correr para abrazarlo, pero un soldado la hizo soltarlo.
-Por favor, ¿A dónde se lo llevan? No lo lastimen, Mikey, ¡Mikey! – gritó la chica.
Miguel Ángel ya no dijo nada, sentía que se lo llevaban sin que pudieran hacer nada, no sabía si lo iban a matar o que le iban a hacer. Caminó por otro corredor, hasta llegar a un edificio blanco con una cruz roja en él y una M debajo. Un cartél más pequeño decía: sala B-15, ahí es a donde dijeron que lo llevarían. El niño cerró los ojos y se dejó guiar, hasta entrar en un lugar grande, con jaulas y rejas. Pero con camillas adentro, y correas. El niño fue conducido hasta un apartado muy limpio. A su alrededor había muchos compartimientos vacíos y otros que tenían ocupantes. Todos parecían muy jóvenes, niños. No había mutantes adultos. Miguel Ángel fue llevado adentro de ese cubículo y le indicaron que se acostara en la camilla, una vez ahí el hombre a su lado colocó la solución intravenosa en un soporte, mientras otro le colocaba unas correas en las piernas y brazos.
-Quédate aquí, muchacho, la enfermera vendrá en un momento, no intentes moverte – dijo el hombre y salió.
Miguel Ángel no sabía que pensar, eran amables y rudos a la vez. Su corazón latía acelerado, sentía que iba a vomitar en cualquier momento cuando un par de mujeres jóvenes entraron. Igual vestían los trajes especiales y vieron al niño. Una de ellas empezó a tomar notas y la otra se acercó revisando al chico.
-Oye, mutante, ¿Puedes entender lo que digo? – preguntó la mujer, el niño asintió.
-¿Tienes instrucción? – preguntó la otra enfermera, - no te ves como que hayas crecido en la calle. ¿Cuánto es dos mas dos? –
Miguel Ángel dudó en contestar, pero decidió hacerlo.
-Cua… cuatro – dijo el niño.
-¿Y cuatro por veinte? – preguntó la mujer de nuevo. El niño lo pensó un poco. Además de que no era muy bueno para las matemáticas, estaba nervioso, y se sentía mal, aún así contestó.
-¿o… ochenta? – fue la respuesta. La mujer sonrió.
-¿Tienes nombre? – preguntó la mujer.
-Mi… Miguel Ángel – respondió el chico.
-Es bonito, me gusta – dijo una de las chicas sonriendo.- Yo soy Katherine Olsen, puedes llamarme Kathy, si gustas, ella es mi compañera Molly Lawson, estaremos a cargo de ti, sabemos que te has sentido enfermo, ¿puedes decirme que tienes?-
Miguel Ángel empezó a sentirse con más confianza, pero aún había algo que le preocupaba, no quería sentirse a gusto sin saber de sus hermanos, y comenzó a llorar.
-yo… señora, yo quiero… ver a mis hermanos – dijo el niño ahogándose con su llanto.
-¿Tus hermanos? ¿Cuántos son ustedes? – preguntó la doctora.
-cua… cuatro- dijo el niño.
-¿Dónde han vivido? ¿Desde cuando son mutantes, puedes decirnos?-
-Desde… desde que me acuerdo, éramos bebés, mi… mi padre nos recogió –dijo el niño con un nudo en la garganta.
-¿Dónde está tu padre? ¿Es una tortuga mutante también? – preguntó Katherine.
-No… él… él era un humano, se transformó en mutante y nos recogió, pero… pero está muerto – al llegar a este punto el niño no pudo evitarlo más y comenzó a llorar con fuerza. Al parecer Katherine y Molly se compadecieron.
-Lo siento, hijo, ¿Cuándo murió? – preguntó la chica con algo de temor.
-Hace unos dias... miis… mis hermanos… - decía sollozando Mikey- ellos dicen que los hombres… de Lars lo mataron –
-Otro más – dijo Molly, que no había dicho nada hasta ese momento.
-Tranquilo, todo va a estar bien, veré si puedo hacer que tus hermanos vengan a verte aunque sea un ratito, pero deben prometerme que harán lo que se les diga, por su bien.- cuando el niño asintió, Katherine continuó con sus preguntas.- ahora, cuéntame todo lo que puedas respecto a ti y tus hermanitos.-
-O podemos hacer una cosa, y luego nos cuentas, ¿si? para que estés más tranquilo – dijo Molly sacándo un teléfono celular.
Otro grupo de hombres llevó a Leonardo y sus hermanos a otro edificio. Entraron y había muchas puertas cerradas, para entrar a cada una sonaba un dispositivo, luego se abria y seguían caminando hasta llegar a otra puerta ,donde ocurría el mismo proceso.
Hasta que llegaron a una sala grande, donde un grupo de personas vestidas de blanco tomaron unas carpetas y empezaron a verlos.-
-¿Serán las tortugas de las que hablan? – preguntó una mujer.
-Hasta ahora son las únicas tortugas mutantes que hemos visto – dijo uno de los hombres.
-Al cuarto 507, está disponible para cuatro habitantes – dijo la mujer. Los hombres los llevaron a una habitación grande. Había puertas transparentes donde podían ver a varias habitaciones con mutantes dentro, otras más vacías. A ellos los llevaron a una zona con cuatro camas, dos abajo y dos encima de las primeras como literas.
Los chicos se sentaron algo nerviosos, y los hombres cerraron la puerta.
Al cabo de un rato, llegaron algunas personas, los chicos estaban nerviosos y miraron a los hombres con recelo.
Una de las chicas se acercó, había un compartimiento en la puerta por donde probablemente se les daba comida o algo, lo abrió e introdujo por ahí un teléfono celular.
-Sé que están asustados y lo entiendo, pero… alguien quiere hablarles – puso el teléfono y con algo de recelo, Leonardo lo tomó: en la pantalla de identificación de contacto decía: Molly, y había una fotografía de una chica afroamericana sonriendo.
-¿Para qué quiero yo hablar con esa tal Molly? – preguntó Leonardo, pero se puso el teléfono en el oído.
-¿Leo? ¿De verdad eres tu? – se escuchó la voz del otro lado y cómo la persona que había dicho eso empezaba a llorar.- ¿Es… están bien? ¿Donnie y Rapha están contigo? ¿Leo? –
Raphael y Donatello solo vieron a su hermano llorar y respirar agitado, sintieron que sus corazones dieron un vuelco cuando Leonardo dijo: -Es… Es Mikey –
Continuará….
Aquí lo dejo por el momento. parece que las cosas empiezan a mejorar apara los chicos. Espero subir el próximo capítulo pronto.
Saludis,
Iukarey!*
