¡Lo siento muchísimo! ¡Siento haber tardado tanto! Eso de "ahora tengo vacaciones y tengo la firme intención de actualizar más seguido" creo que se quedó en eso: en una intención. Y ahora, paso a explicar el porqué de mi tardanza.

Al principio, fue porque creía que tendría un montón de tiempo libre durante el mes de julio para terminar este cap, así que estuve unos días ocupada con otro fic que estoy haciendo (uno que ya les había nombrado antes que tengo intención de publicar cuando finalice este fic). Pero me equivoqué. Resulta que éste es el capítulo más largo y difícil que he escrito nunca. Jue… me ha parecido interminable. Nunca estaba conforme con lo que escribía y lo estaba cambiando todo el tiempo.

Además, todo el mes de agosto estuve en Inglaterra (¡¡Sí!), y, como comprenderán, no hice nada de nada (Bueno, sí, aprender inglés y pasármelo en grande, pero el fic ni lo toqué)

También, antes de irme de viaje pensé en publicar la primera mitad de este capi para que así no estuvieran tanto tiempo sin leer. Pero yo creo que habría sido muy cruel dejarles este capi a la mitad. Entonces sí que habrían tenido ganas de matarme, así que decidí terminarlo.

De todas formas, ya que éste capítulo me ha costado tanto y, además, es el más largo hasta ahora de todo el fic, a lo mejor las espera les compensa (eso espero)

ADVERTENCIAS: Violación (o, mejor dicho, casi violación) Lenguaje muy fuerte. Violencia. Angustia. Es decir: este va a ser un capítulo muy duro.

Cap 20. Terror.

Todo lo bueno se acaba.

Ésta es una lección que tuvieron que aprender nuestros dos protagonistas en cuanto finalizaron las maravillosas vacaciones de navidad.

Ya no podían permanecer durante tanto tiempo juntos, entre deberes, clases y entrenamientos de quidditch. Además, ahora los pasillos siempre estaban abarrotados de alumnos y profesores, por tanto, les era más difícil permanecer en algún sitio a solas. Y, tal vez lo peor de todo, tenían que fingir que se odiaban durante mucho más tiempo al día para que nadie descubriera su relación clandestina.

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Draco acababa de terminar la última clase del viernes e iba caminando por uno de los pasillos de Hogwarts, ajeno a todo, cuando alguien lo cogió por la cintura bruscamente y lo metió rápidamente en un aula vacía. Esa misma persona comenzó a besar la boca del Slytherin furiosamente, mientras sus manos desesperadas recorrían el cuerpo del rubio a través de las ropas.

.- Te he… echado… de menos… - dijo Harry entre beso y beso.

.- Yo también – contestó el rubio, justo antes de lamer el labio inferior del Gryffindor.

El moreno comenzó a besar y lamer el cuello blanco. Draco gimió. Entonces el rubio escuchó el ruido de la cremallera de su propio pantalón donde el moreno metió su mano y agarró el miembro del Slytherin para comenzar a acariciarlo. Un segundo después, Harry estaba de rodillas en el suelo, lamiendo y chupando lo que, para él, era el dulce más rico del mundo.

.- Joder… sigue Potter… - gemía Draco con los ojos cerrados de placer.

No duró demasiado. Draco se vino con un grito de satisfacción poco después, empujando la cabeza de Harry contra su virilidad, mientras el moreno seguía chupando.

Sin haber recobrado el aliento, el rubio cogió a su novio por las axilas y lo levantó para ponerlo contra la pared. Entonces, hizo algo que Harry había estado deseando durante mucho tiempo. El rubio, al igual que había hecho su novio momentos antes, se arrodilló, desabrochó el cinturón, el botón y bajó la cremallera del pantalón del moreno. A partir de ahí, todo pensamiento coherente desapareció de la mente de Harry.

Con la ayuda de sus manos y su boca, Draco estaba haciendo experimentar a Harry la mejor mamada que jamás le habían hecho en su vida (claro que, en gran medida, influía el hecho de que estaba completamente enamorado de la persona que se la estaba haciendo).

.- ¡Merlín!... me corrooooooh – Harry alcanzó el clímax en muy poco tiempo, cayendo de rodillas al suelo hasta tener la boca del rubio a la altura de la suya propia. Entonces, acercó sus labios a los del rubio y, con un húmedo beso hambriento, se dijeron lo mucho que habían disfrutado de aquella sesión de sexo.

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Draco y Harry habían quedado para dormir juntos esa misma noche en la sala de Menestres. Era la primera vez desde que habían terminado las vacaciones de navidad (hacía una semana) en la que podían pasar juntos una noche entera. Ambos ya echaban de menos despertarse en la misma cama.

Draco salió de la sala común de Slytherin unos minutos antes de que comenzara el toque de queda para que así le diera tiempo a llegar al lugar de la cita sin que lo castigaran por caminar por los pasillos a deshora. Pensó que ningún Slytherin se había percatado de su salida.

Se había equivocado.

Dos pares de ojos lo habían visto salir. Los respectivos dueños de esos ojos acordaron mutuamente que aquella era la ocasión perfecta para llevar a cabo lo que su señor les había encomendado. Así que caminaron tras el rubio, sin que éste se diera cuenta, y salieron hacia las mazmorras. Luego, continuaron el camino hasta que llegaron a los pasillos de Hogwarts.

Draco miró el reloj que llevaba en su muñeca. Tendría que darse prisa si no quería que lo castigaran. Fue entonces cuando, de pronto, escuchó el ruido de unos pasos tras él. Se paró en seco, con el corazón golpeándole dolorosamente en el pecho. Ya está. Lo habían pillado y, ahora, seguramente, le impondrían un castigo y, lo peor de todo, no podría ver a Harry esa noche.

Se volteó lentamente, esperando encontrarse con Filch, el conserje, o con cualquier profesor del colegio. Pero qué sorpresa (y qué alivio) se llevó al terminar de voltearse y comprobar que las personas que se encontraban frente a él eran dos compañeros de su propia casa. Warrintong, de séptimo año, y Nott, de su mismo curso.

.- ¿Qué hacen ustedes aquí? – preguntó el rubio, extrañado.

Primero, los dos muchachos se miraron de manera cómplice y, de pronto, comenzaron a reírse maniáticamente. Sus carcajadas produjeron escalofríos en la columna vertebral de Draco. El rubio tuvo la sensación de que aquellos dos se estaban burlando de él, y eso, lo asustó.

.- Estás perdido… - dijo Nott con una siniestra sonrisa, al mismo tiempo que sus ojos brillaban malvadamente. Acto seguido, Warrintong sacó su varita y apuntó directamente a Draco.

.- ¡Desmaius! – vociferó.

El terror inundó el corazón de Draco un segundo antes de caer en la inconsciencia.

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.- Los veo mañana… buenas noches – se despidió Harry de sus amigos.

.- Buenas noches – contestaron Hermione y Ron, éste último, con el ceño fruncido, debido a que unos segundos antes, él y Harry, habían estado discutiendo la razón por la que el moreno no quería revelar el nombre de la persona de la que Harry parecía estar enamorado.

"Es un auténtico cabezotas" – pensó el pelirrojo viendo a Harry salir a través del retrato de la Dama Gorda.

El moreno caminó rápidamente, decidido a no llegar tarde. Varios minutos después, Harry había llegado a la sala de Menestres.

.- Qué extraño… – se dijo a sí mismo cuando vio que Draco no se encontraba en el lugar. Normalmente, el rubio llegaba con unos cuantos minutos de adelanto a todas las citas y, en ese momento, ya eran las nueve en punto, justo la hora a la que habían quedado – Bueno… estará al llegar – se dijo Harry, un segundo antes de echarse en el sofá que había aparecido en la habitación para esperar a su ángel rubio.

No se le ocurrió mirar el mapa del Merodeador.

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Draco abrió los ojos y los volvió a cerrar a toda velocidad. Gimió. Le dolía la cabeza. Obligó a su mente a comenzar a funcionar como es debido y a intentar hacer memoria de lo que había ocurrido en los últimos momentos.

Había quedado con Harry en la Sala de Menestres, se había duchado, vestido, y luego, había salido de la sala común de Slytherin. Había caminado por los pasillos de Hogwarts y, entonces, había escuchado el ruido de unos pasos…

Mierda.

Nott y Warrington.

Desmaius!" Había gritado el mayor. Éste había sido el último recuerdo de Draco.

Abrió los ojos de golpe, olvidando completamente su dolor de cabeza, más preocupado por lo que había ocurrido, por la razón de que lo hubieran desmayado, que por una simple jaqueca, producto, probablemente, del golpe de su cabeza contra el suelo, una vez que lo habían maldecido con el desmaius.

.- Hola… - Saludó Warrington al rubio con una malvada sonrisa - ¿Cómo está nuestro bello durmiente? – preguntó sarcásticamente, para después comenzar a reír junto con su compinche, Nott.

.- ¿Q – qué pasa? ¿Dónde estoy? – preguntó dificultosamente el rubio, con un poco de miedo.

.- Estás en Hogwarts… en una habitación cualquiera. La primera que hemos encontrado, en realidad – contestó Nott simplemente, agachándose y alargando su mano derecha para rozar la mejilla izquierda del rubio, cosa que hizo que éste se apartara de golpe.

.- ¿Por qué? – preguntó de nuevo Draco.

.- ¿Por qué? – repitió Warrington, abriendo los ojos con fingida sorpresa – porque has sido un chico malo, Dragón. Te has negado a unirte a las filas del Señor Tenebroso, y, por supuesto, es nuestra misión hacértelo pagar como es debido. ¿Y qué mejor lugar que una habitación vacía para castigar a un sucio traidor como tú? – Acto seguido, ambos secuestradores comenzaron a reír de esa manera que hacía que Draco temblase de miedo.

El rubio, que se hallaba echado en el suelo, sobre una moqueta, se incorporó e intentó levantarse. Pero, antes de que lo consiguiera, la mano de Warrington lo empujó de nuevo sobre el piso. Acto seguido, se agachó y situó sus piernas a cada lado de las caderas del rubio. Entonces, las manos de Warrington inmovilizaron las de Draco, dejándolas sobre la cabeza del rubio.

.- Nos lo vamos a pasar en grande contigo – Seguidamente, acercó sus labios a los del rubio y lo besó duramente.

Nott se había quedado de pie, observando la escena que tenía en frente con excitación. Sonrió. Tenían a Draco Malfoy justo como lo querían.

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Joder. Pues sí que está tardando el niño ¿Qué estará haciendo? – pensó Harry extrañado y, por qué no decirlo, frustrado sexualmente, necesitado de una buena mamada en ese preciso instante.

Miró el reloj colgado en la pared que había aparecido en la Sala de Menestres. Eran las nueve y diez. Al darse cuenta de que habían pasado diez minutos de la hora a la que habían quedado, empezó a preocuparse de verdad.

.- No le habrá pasado nada ¿Verdad?... – se dijo - ¡Ay! – de repente, sintió que algo le quemaba en el cuello. Era el collar que había comprado para el día de Navidad y del que Draco tenía uno muy parecido. Harry supo en seguida que la razón por la que el collar le había quemado era porque las manecillas habían cambiado de lugar y en ese momento no estarían señalando "En Hogwarts" que era lo que siempre habían señalado hasta el momento.

Se quitó el collar rápidamente y lo abrió con la desesperación reflejada en sus verdes irises. Y, cuando horrorizado vio que las manecillas marcaban ahora "en peligro de muerte", sintió que su corazón dejaba de latir.

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.- ¡Suéltame! ¡Cabrón! – gritó asustado Draco.

.- ¡Nott! ¡Agárrale las muñecas como lo estoy haciendo yo! – El más joven, obedeciendo la orden, se agachó y apresó las manos del rubio sobre su cabeza – eso es, nene… cabréate, insúltame y, sobre todo, sigue resistiéndote… Así conseguirás que me ponga aún más cachondo – susurró Warrington contra los labios que recientemente había mordido hasta lograr que de ellos emanara un hilillo de sangre.

Terror. Eso era lo que sentía. Estaba absolutamente aterrorizado. Al oír aquellas palabras Draco supo exactamente qué era lo que tenían pensado hacer con él y eso era tan horrible que no lo podía creer. No podía asimilar que realmente estuviera ocurriendo eso. No era justo ¿A caso iba a perder su virginidad en una violación? En ese momento, la imagen de Harry apareció en su mente clara y nítida.

"Ayúdame, por favor" – pensó desesperadamente, aunque sabía que el moreno no podría oír su súplica. Adoraba a Harry por encima de todo y lo que más le dolía de aquello era que sentía que lo estaba traicionando, aunque no pudiera hacer nada para detener a aquellos dos. Aunque supiera que realmente no era su culpa.

Debería haber estado más atento, debería haberles lanzado una maldición en cuanto los vio tras él, debería… ¡No! lo que debería haber hecho era haberse asegurado mejor de que nadie lo seguía cuando salió de la sala común de Slytherin ¿Por qué se había confiado tanto?

Él sabía perfectamente que había hijos de mortífagos entre sus compañeros de casa y que, después de haber rechazado formar parte de las filas de el-que-no-debe-ser-nombrado, era natural que éste último no estuviera muy contento con él y que decidiera castigarlo. Claro que el rubio nunca se había parado a pensar en la posibilidad de recibir un castigo a manos de ninguno de sus compañeros de Slytherin.

Se había equivocado… otra vez.

Bueno, ahora ya nada de eso importaba. Lo que en ese momento debía hacer era seguir resistiéndose con todas sus fuerzas. No se lo iba a poner nada fácil a aquellos dos. Si habían decidido castigar a Draco Malfoy tenían que asumir todas las consecuencias que ello conllevaba.

Forcejeando salvajemente, el rubio consiguió liberar una de sus manos de las de Nott y propinar a Warrington un golpe en la cara, menos potente de lo que habría deseado, ya que dada su posición, echado boca arriba en el suelo y con el resto de sus miembros inmovilizados, no había tenido mucho espacio ni suficiente coordinación para realizar el movimiento.

En cuanto Nott apresó de nuevo los dos brazos de rubio, Warrintong, sin pensárselo dos veces, abofeteó a su víctima, provocando un gemido de dolor por parte de ésta, como castigo a su atrevimiento anterior. Y, entonces, prácticamente arrancó la túnica de Draco, dejándolo tan solo con una camisilla blanca y unos pantalones vaqueros muy apretados que, a decir verdad, eran infinitamente sexys. Pero no duraron mucho porque, en menos de un segundo, los pantalones habían sido sacados del cuerpo del rubio también, dejándolo con unos bóxers negros que hicieron babear a Warrintong, literalmente.

Joder. Era absolutamente perfecto. Un muñeco de porcelana. Un ángel hermoso que estaba ahí, echado sobre el suelo, para hacer realidad las más salvajes fantasías de Warrintong. Éste se alegraba infinitamente de que su señor le hubiera encomendado esa misión. Él, como tantas otras personas, incluido Nott, se había sentido terriblemente atraído por ese endemoniado rubio desde que lo había visto por primera vez (No por nada era uno de los chicos más atractivos de todo Hogwarts) y, ahora, tenía la oportunidad de follárselo sin piedad, sin remordimientos. Podía hacer lo que deseara con él. Sólo la idea provocaba que su miembro se endureciera.

Quiero que se lo follen hasta que no pueda ni moverse. Me da igual si lo hacen sus propias pollas o utilizan objetos para ello. Lo que yo quiero es que lo dañen y lo humillen. Háganselo pasar como si estuviera en el mismísimo infierno. Recuerden que esa escoria nos ha traicionado a todos y ningún castigo es suficiente para hacérselo pagar, pero podemos acercarnos bastante ¿Verdad?

Cuando lo tengan en el suelo herido, llorando y suplicando, quiero que le maldigan con tantos cruciatus que no lo pueda resistir y termine volviéndose loco. Y, finalmente, cuando sea poco más que una masa sangrienta e incoherente, exijo que le lancen el Avada Kedavra ¿Entendido? Y sepan que utilizaré Legilimencia para comprobar si han hecho su trabajo correctamente.

Y si cuando me introduzca en sus pensamientos y recuerdos, después de haber matado al traidor, no quedo satisfecho con el castigo que le hayan infligido, les juro que les haré exactamente lo mismo que hubiera deseado que le hicieran a Draco Malfoy ¡Y no estoy bromeando! Pero, si por el contrario, hacen exactamente lo que les estoy pidiendo, tengan por seguro que serán recompensados como es debido.

.- ¡Ay! – Warrington se había distraído demasiados segundos contemplando el cuerpo casi desnudo de su víctima y recordando las palabras exactas con las que su Señor les había amenazado cuando les había encomendado la misión de matar al rubio. Así que Draco no desaprovechó la oportunidad. Logró mover su pierna hasta clavar su rodilla en los atributos del Slytherin - ¡Hijo de Puta! – gritó Warrington hecho una furia, agarrándose sus partes con una mano y propinándole al rubio un fuerte puñetazo en la nariz con la otra. En el instante en el que el puño hizo contacto con su nariz, un estruendoso grito de dolor fue lo que se oyó en la habitación, y Draco supo que se la había roto.

Haciendo caso omiso de la sangre que bajaba por la barbilla y empezaba su camino por el pálido cuello del más joven de los Malfoy, Warrington desapareció, con la ayuda de Nott, la camisilla blanca que hasta el momento apenas cubría el blanco y bien formado torso. Fue entonces, cuando comenzó a morder, chupar y pellizcar los pezones de Draco dolorosamente.

Mientras tanto, éste cada vez se angustiaba más y más. Sentía que ya no había salida para todo aquello. Que estaba perdido. No podía evitar gritar de dolor cada vez que la bestia de Warrintong mordía sus delicados pezones, los cuales, por cierto, hasta ese día, sólo Harry había probado, claro que, con infinitamente más delicadeza.

.- ¡Joder! ¡Warrington! ¡Quítale de una jodida vez los putos bóxers y fóllatelo! ¡O si lo prefieres lo hago yo primero! ¡Pero date prisa! ¡Estoy demasiado caliente! – vociferó Nott ansiosamente.

Ésas palabras hicieron que la piel de Draco se pusiera de gallina. No sería capaz de soportarlo. No podría. Si le hacían eso, seguro que terminaría loco. Creyó que moriría de dolor, o de humillación, o de lo que fuera. Además, la nariz le daba dolorosos latidos ¡Por Merlín! ¡Eran demasiados horrores juntos! Ningún ser humano normal y corriente podría soportarlo.

.- De acuerdo, de acuerdo, tranquilo… - contestó Warrington. Entonces, miró a Draco a los ojos – ahora comenzará lo bueno de verdad – y añadió con una sonrisa que al rubio le resultó absolutamente repulsiva - ¿Gritarás para mí? ¿Zorra? – acto seguido, la última prenda que cubría el maltratado cuerpo del rubio, fue arracada sin piedad.

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Sin perder ni un segundo cogió el mapa del Merodeador, lo abrió y pronunció el acostumbrado "juro solemnemente que mis intenciones no son buenas". Luego, sus ojos frenéticos buscaron la motita con el cartelito que ponía "Draco Malfoy", en algún lugar cerca de la Sala de Menestres.

Sabía que si perdía a Draco, él nunca se recuperaría. Realmente lo amaba con todo su corazón y daría su vida sin pensárselo dos veces si con ello salvaba la de su ángel rubio. Jamás había estado enamorado de ninguna otra persona, sólo Draco y si él moría, Harry le seguiría de cerca. Bueno, primero mataría a quien fuera que hubiera matado a su amor pero luego no creía que lograra sobrevivir a la pérdida de la persona que más le importaba en el mundo.

Harry sentía que estaba perdiendo unos preciosos segundos en la búsqueda del rubio por el mapa del Merodeador, pero sin saber dónde se encontraba el Slytherin, no podría ayudarlo en lo que fuera que le estuviera sucediendo. No creía haberse angustiado tanto nunca en su vida.

Entonces lo vio.

El cartelito en el que ponía "Draco Malfoy" no estaba solo. Muy pegados a él había dos cartelitos más, los cuales, Harry reconoció porque sabía que aquellas dos personas eran integrantes del equipo de quidditch de Slytherin. Nott y Warrington.

Así que eran ellos dos los que estaban haciendo daño a su ángel rubio ¿Eh?

Lo pagarían.

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.- ¡No! ¡Suéltenme! ¡Por favor! – Draco, al saberse completamente expuesto, dejó que la histeria lo invadiese y llegase al punto de suplicar. Su hermosos ojos grises, increíblemente brillantes desde que había comenzado a salir con Harry, ahora estaban aguados, fruto de la angustia tan terrible que lo invadía por completo. Ni siquiera recordaba el dolor de su sangrante nariz rota. Lo único en lo que podía pensar era en que lo iban a violar y ni siquiera había tenido nunca relaciones sexuales plenas. Vaya forma de perder la virginidad.

Antes de nada, Warrintong se tomó otro momento para contemplar nuevamente el cuerpo totalmente desnudo de Draco, justo antes de follárselo.

Había un camino de sangre desde la nariz del rubio hasta su pecho. Esto, curiosamente, excitó aún más, si cabe, a Warrintong, al saberse responsable de la nariz rota. También su víctima tenía numerosos arañazos y hematomas en diversas partes de su cuerpo, debido al salvaje forcejeo. Además, la mejilla izquierda del rubio estaba roja y ligeramente hinchada debido al bofetón que Warrintong le había propinado.

Todo este conjunto, al contrario de lo que se hubiera podido esperar, ni a Warrintong ni a Nott les desagradaba en absoluto. Es más, sabían que había sido por su causa que Draco estuviera en esas condiciones, por tanto, a ellos aquello les satisfacía muchísimo. Para nada habían descendido las ganas de tirarse al rubio hasta que no pudiera ni moverse. Al contrario. El deseo se había intensificado. Aunque era una auténtica pena que, luego de torturarlo, tuvieran que matarlo. Ambos habrían preferido lanzarle un ovibliate y tenerlo como juguetito sexual durante algún tiempo.

.- Nott, vamos a voltearlo, así me será mas fácil agarrar sus piernas - dijo Warrintong.

.- ¡No! ¡Déjenme en paz! – gritaba inútilmente Draco.

.- Joder, rubito, qué bueno que estás – dijo Nott, una vez que lo habían volteado, mirando hambrientamente las perfectas nalgas del rubio.

.- ¡No! ¡Merlín! ¡Que alguien me ayude! – chillaba Draco desesperado. La voz se le había quebrado y dos lágrimas traviesas decidieron en ese momento descender a través de su rostro.

.- Oh… no te esfuerces… hemos puesto un hechizo silenciador a la habitación. Nadie podrá oírte. Ahora, eres nuestro, y vamos a hacer lo que nos dé la puta gana contigo – dijo Warrintong mientras desabrochaba el botón de su pantalón y bajaba la cremallera. Entonces, agarró con las manos las piernas del rubio, que hasta ese momento las había tenido atrapadas entre sus propias piernas, y elevó las redondeadas nalgas.

Draco soltaba una retahíla de gritos, tanto de súplica, como para pedir ayuda, aunque supiera nadie podría escucharlo. Seguía forcejeando duramente con los dos secuestradores pero, a esas alturas, gran parte de sus fuerzas lo habían abandonado, sin contar con que lo empezaba a dar todo por perdido y sintió que hiciera lo que hiciera, aquellos dos conseguirían su objetivo. Un nuevo grito, acompañado de un respingo, fueron las reacciones que Draco tuvo al notar el miembro de aquel horrible troll rozando su entrada. Cerró los ojos, resignado.

Ya no había nada que hacer.

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FIN DEL CAPÍTULO

Y, ahora, más que nunca, les pido que DEJEN REVIEWS, porque les juro que este capi me costó tanto que si no me dejan reviews, no estaré lo suficientemente animada como para escribir el siguiente capi. Que conste que no es una amenaza. Es, simplemente, la verdad. Éste último capítulo me lo tienen que reconocer un poquito, por favor.

Un besote manolote

OlgaxTomFelton1

Miembro de la Orden Slythiriana.