Disclaimer: nada de esto me pertenece, los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer y la historia a Magnolia822, yo solo la traduzco.
AN ACQUIRED TASTE
Capitulo veintiuno – La importancia de ser serio
Viernes.
Sábado.
Domingo.
Lunes.
Martes.
Miércoles.
Jueves.
Una semana. Me había permitido a mí misma lloriquear y deprimirme en el apartamento de Rose durante una semana, cuando no tenía que trabajar, por supuesto. A PV no le gustó particularmente la mudanza, y maulló su disgusto, mirando todo con ojo crítico mientras se movía por su nuevo territorio.
― Es solo temporal, ― le dije. Ella no pareció convencida y fue a lamentarse a la habitación. Yo seguí mirando por la ventana, con los brazos rodeando mis rodillas mientras me balanceaba lentamente como un paciente catatónico en un hospital mental. Rose soportó ese comportamiento unos cinco minutos antes de lanzarme a la ducha, alimentarme y arrastrarme a Bloomingdales.
― Las rupturas dan asco, ― dijo. ― Pero si te quedas parada como Robert De Niro en Despertares, entonces él gana. Tú no quieres que él gane, ¿verdad, Bella?
Sacudí la cabeza. No, ciertamente no lo quería.
― Bueno, entonces vamos a ponerte guapa. La venganza es un plato que se sirve mejor con Manolo Blahniks y un top que resalte tus tetas.
Además de Emmett, Rose y mis padres (a los que no les gustó nada leer sobre la mujer de los lemures de Edward; apenas pude contener a mi padre para que no llamara a uno de sus amigos del ejército y le pidiera un favor), decidí mantener en secreto la noticia de la ruptura. Mientras que mis empleados habían probado ser de fiar durante las pasadas semanas, no quería que se pusieran a cotillear a mis espaldas. El trabajo siempre había sido el único lugar en el que podía perderme; el estar ocupada y la energía frenética siempre me habían ayudado a centrarme. Pero ahora cada acción parecía extrañamente vacía. Cierto, todavía amaba cocinar y mi negocio, pero ese algo que nunca antes me había faltado de repente ya no estaba.
Cuando Jake y Emmett vinieron a cenar a la casa de Rose, esa falta se hizo incluso más pronunciada. No fue mucho, solo una mirada. Rose nos había estado contando una historia sobre su viaje a Dallas y dijo algo sobre salsa picante, y los dos se miraron, Jake sonrojándose y Emmett sonriendo satisfecho. Ninguno de ellos sabía que me había dado cuenta, y lo más probable era que tampoco les importara. Era un secreto. Extrañaba eso.
Así que trabajé, aunque no me quedaba en La Vie más tiempo del necesario para reducir las oportunidades de encontrarme con Edward. Por el momento no había ido, lo que atribuí más a su cobardía que a cualquier deseo de mantener a mis empleados fuera de mi vida personal. Decía las cosas que una chica se dice a sí misma cuando intenta mantenerse en sus trece.
Pero cada día mi resolución se tambaleaba.
Mensajes al teléfono: 48. Borrados.
Emails recibidos: 17. Sin leer, borrados.
Paquetes enviados a La Vie: 9. Probablemente sin precio.
Los devolví sin abrir, ya que no podía soportar la idea de tirarlos. Conociendo a Edward, lo que fuera que estuviera dentro prometía ser extraño o delicioso. Si yo no estaba comiéndomelo o mirándolo escépticamente, alguien debería estar haciéndolo.
Me mataba borrar sus mensajes y devolver sus regalos. Imaginé la mirada de su cara cuando las cajas volvían. ¿Estaría enfadado? ¿Molesto? Edward tenía un puchero muy mono y sabía cómo usarlo. E incluso cuando lo usaba conmigo amaba su cara de irritación, con el ceño y los labios fruncidos.
Pero cada vez que me encontraba tentada a escuchar o leer, recordaba la horrible forma en que me había tratado durante nuestra conversación telefónica. ¿No sabía por qué me molestaría? ¡Ha! Tal vez mi compulsión para cortar con él completamente era inmadura, pero parte de mí quería devolvérsela por su desaparición ese verano hacía tanto tiempo. Dejarle sentir la frustración de no ser capaz de contactar con alguien, el dolor de saber que no eres querido. Al menos, yo no había desconectado mi teléfono. Simplemente elegí no responderlo.
Una semana después de la ruptura, Irina me arrinconó en la cocina. Los chicos estaban en el callejón trasero tomándose un descanso y, obviamente, ella lo había visto como su gran momento.
― ¿Qué pasa con todos los paquetes? ― preguntó.
― ¿Hmm? ― Tal vez hacerme la tonta funcionara.
― Ha llegado otro esta mañana y Emmett lo ha enviado de vuelta. ¿Qué esta pasando contigo y tu chico?
Tal vez no. ― Nos, uh, hemos peleado.
― Hmm. ― Entrecerró los ojos y cruzó los brazos, de forma que se pareció sospechosamente a Rose. ― He visto la revista, ¿sabes?
― Oh, ¿de verdad? ― Mi tono casual camuflaba mi irritación. Todos en América habían visto ya la maldita cosa.
― Sí. Si yo fuera tú, le enviaría algo que realmente le hiciera sufrir. ― Se frotó las manos con expresión malévola. ― ¿Hongos venenosos?
― No quiero matarle, ― dije, rodando los ojos. Aparentemente el gato proverbial estaba fuera de la bolsa. Pensar en gatos me hizo acordarme de PV, lo que me hizo pensar en su pobre estado de orfandad paterna. Fruncí el ceño.
― Bueno... siento que no funcionara. Parecías gustarle de verdad. Pero no te culpo por estar molesta. Quiero decir, ¡ella tiene un pelo tan rojo! ¿Puedes imaginar a sus hij...
― Irina, realmente no... ― Por muy furiosa que estaba con él, la idea de Edward teniendo a sus hijos pelirrojos con otra que no fuera yo era repelente.
― Así que, ― siguió ella, cortándome a pesar de mi obvia incomodidad. ― ¿Quién crees que ganará?
La semana anterior América había votado por la mujer de los lemures o por tetas grandes McGee. No había visto el programa y me había negado a mirar cualquier revista, así que no sabía qué había sucedido. Los resultados finales se revelarían en dos días y Edward planeaba desvelar también su nuevo restaurante en el mismo programa. Él había estado entusiasmado por ello, a pesar de todo lo demás. Se me secó la boca, recordando cómo él había venido a mi casa tras un largo día terminando los toques finales y literalmente me levantó del suelo por su entusiasmo. Yo había estado haciendo un puchero, su comida favorita.
― ¡Está hecho! ― exclamó antes de inclinarse para besarme.
― ¿Puedo verlo? ― Me había estado muriendo por ver el lugar, pero Edward no me dejaba acercarme.
― Nop. ― Se inclinó y rozó sus labios contra los míos de nuevo. ― Quiero sorprenderte.
Se lo había hecho pasar mal después de eso. ― No puedo creer que me hagas esperar con el resto de América. Es muy injusto.
Sonrió una amplia sonrisa estúpida. ― Vivo para torturarte.
Eso había sido hacía solo dos semanas. Todavía podía sentir su barba contra mi barbilla.
Me pasé la mano por la cara y posé mi mirada en la encimera.
― ¿Bella? ― La voz de Irina dejó mostrar su preocupación. Cierto. Me había hecho una pregunta. El resto del equipo empezó a volver a entrar; la puerta dio un golpe después de que Seth pasara.
― Yo... yo realmente no sé quien ganará. ― Cualquiera de las dos opciones me daba asco.
Me dejó tranquila después de eso y yo volví a rellenar ramequines, pensando en el programa del sábado. Todo terminaría en un par de días. No tenía ni idea de si los productores harían una segunda temporada pero, con el subidón de audiencia por el estúpido romance falso, podía imaginarlo. El resto de la vida de Edward estaría llena de fiestas, dinero y gente que solo le quería por su fama. Ellos nunca verían la vulnerabilidad que yo había visto, o el talento real. Ellos solo verían lo que quisieran ver y él sería quien ellos quisieran que fuera. ¿Realmente le parecía bien eso?
No importaba cómo se había comportado la pasada semana, todas las cosas que me había dicho no podían ser mentira. ¿Podían? Él no era tan buen actor. Él no quería terminar siendo como su padre, con toda la superficialidad del éxito sin una felicidad real. Y mis tripas se apretaron cuando recordé algo que me había dicho solo unos días antes de que todo se fuera a la mierda.
A veces siento que tú eres la única que entiende. Eres la única en quien puedo confiar.
En ese momento, las palabras me habían deleitado y molestado simultáneamente; las había tomado como una señal de que nuestra relación se estaba haciendo fuerte, pero odiaba que se sintiera tan solo. Y ahora realmente lo estaba. Tal vez había permitido que Jane le convenciera de que no había otra forma... tal vez estaba obligado contractualmente a permitirlo y se sentía demasiado avergonzado como para decírmelo. Tal vez debería darle una oportunidad de explicarse.
Entonces sus otras palabras devastadoras volvieron a mí rápidamente. Tal vez no tenemos lo que yo creí que teníamos. Él había roto mi confianza, me recordé a mí misma, no al revés. Yo no tenía razón para sentirme culpable por mi comportamiento; él se lo merecía.
Joder. Tanto pensar hacía que me doliera la cabeza y amenazaba con derrumbar mi firme resolución. Joder. Necesitaba esa resolución. Sin ella, era completamente vulnerable.
El viernes por la mañana, Rose y yo nos habíamos enzarzado en una pequeña pelea mientras corríamos preparándonos para ir a trabajar, y decidí que probablemente había sobrepasado mi bienvenida. Prometí volver después para recoger a PV y llevarla de vuelta a nuestro apartamento para que todos pudiéramos seguir con nuestras vidas. Era el momento.
― ¿Estás segura? ― preguntó Rose, aunque por la mirada en su cara supe que estaba deseando tener su espacio de vuelta.
Asentí. ― Aprecio todo lo que has hecho por mí. Eres la mejor jodida amiga del mundo.
Ella rio y me abrazó. ― Hey, creo recordar a cierta amiga comprándome mi parte del negocio y dejándome coger el trabajo de mis sueños y, encima de eso, siendo feliz por mí cuando podría haberme tenido resentimiento de forma igualmente sencilla. Eso si que es una buena jodida amiga. Dejar que alguien se quede en mi apartamento una semana palidece en comparación.
― Cállate. ― Aceptar cumplidos nunca había sido uno de mis puntos fuertes. ― No tenías porqué dejar que me quedara aquí. Sé que soy una invitada molesta.
― Solo cuando te terminas el café y dejas la máquina encendida.
Mi boca se retorció; Edward siempre se quejaba de lo mismo. Rose me dio una palmadita en el brazo.
― Estarás bien, B. Y, cuando necesites hablar, Em y yo estamos aquí para ti.
― Lo sé.
El día de trabajo se hizo larguísimo. No podía dejar de pensar en estar de vuelta en mi apartamento vacío; en realidad no estaba para nada vacío. Edward había dejado varias cosas durante el pasado par de meses, incluyendo un cepillo de dientes, y mi primer plan de ataque tendría que ser recogerlo todo y devolvérselo. Ugh, odiaba esa parte. Qué rápido un objeto adorado – adorado porque pertenecía a un sujeto determinado – podía volverse insoportable.
Bueno, tenía que ser hecho. Tenía que ponerme mis bragas de chica grande y hacerlo en lugar de llorar como un bebé. Había empezado a irritarme incluso a mí misma.
Así que más tarde esa tarde, volví al apartamento de Rose con una renovada determinación. PV se movió entre mis tobillos cuando entré por la puerta, mirándome expectante.
― Sip, nos vamos a casa.
Su cola se movió expresando su aprobación.
― Sólo déjame ir a recoger nuestras cosas.
― ¿Bella? ― Una voz sonó desde la otra habitación y Rose apareció un segundo más tarde.
― Hey, no sabía que estabas en casa.
Ella sonrió satisfecha. ― Estabas hablando con el gato, ¿verdad?
― Puede.
PV maulló. No apreciaba que hablaran de ella como si no estuviera en la habitación.
― Así que, ¿te vas?
― Sí. ― Asentí, mirando a mi alrededor en la habitación. Me di cuenta de que en realidad tenía ganas de volver a mi propio espacio.
― ¿Puedo hablar un segundo contigo antes de que te vayas? ― La postura de Rose había cambiado; me miraba con cautela, una mirada que se había hecho familiar en el curso de la pasada semana. No estaba segura de que me gustara el tono de la pregunta.
― Claro. Um, ¿qué pasa?
Rose se movió hacia el sofá y yo la seguí, tomando asiento. Ella estiró el brazo y cogió un sobre de la mesita. ― Esto ha llegado hoy para ti. Entrega en mano.
Lo miré cautelosa.
― Es de Edward, ― dijo, declarando lo obvio.
― ¿Cómo me ha encontrado? ― Incluso mientras protestaba, mi corazón empezó a golpear contra mi pecho. Ese estúpido traidor.
¡Edward ha estado aquí, yay! Gritó la voz de mi madre. No se está rindiendo. ¡Lee la carta, lee la carta, lee la carta!
La voz de papá era menos entusiasta. ¿Dónde está el spray de pimienta?
― Dijo que ha conseguido mi dirección en Bon Appetit. Admitió que fue un poco turbio y un abuso de su estatus de celebridad. ― Rose sonaba sospechosamente compasiva. Fruncí el ceño mientras la miraba.
― ¿Él dijo? Espera, ¿hablaste con él?
Ella asintió. ― En realidad no pude evitarlo. Estaba esperando fuera cuando llegué a casa, pero le dije que no estabas aquí y que no querías verle. Él me dio esta carta y me hizo prometer que te la daría a ti.
― ¿Y lo hiciste? ¿Por qué no le dijiste que se la comiera?
Rose suspiró y me extendió la carta. ― No se le veía bien.
― ¿A qué te refieres? ― La tomé; mis manos temblaban ligeramente.
― Quiero decir que estaba hecho una mierda... bueno, tan mal como puede verse a un hombre con su apariencia. Se le veía cansado, como si no hubiera estado durmiendo. Se le veía... bastante jodidamente miserable en general. Un poco como tú.
― Jesús, gracias, ― murmuré, todavía atrapada en su descripción de Edward. Sorprendentemente, saber que él estaba sufriendo no me hizo sentir nada mejor. De hecho, tuvo el efecto opuesto.
― Escucha, ¿puedo decir algo sin que te enfades conmigo?
― Vale...
― No creo que sea bueno para ti seguir evitando esto. Obviamente, hay algo que él necesita decirte, y creo que tú necesitas oírlo. Te he visto superar rupturas antes, cariño, pero nunca has estado así.
― ¿A qué te refieres? Creí que lo estaba haciendo bien, considerando todo...
― Lo estás en el exterior, pero te conozco y solo estás haciendo los movimientos. Y esto de escapar, de esconderte de él. ¿De qué tienes miedo? Ya has roto con él. ¿No quieres saber porqué lo hizo?
Tragué con dificultad. Sí, en algunos sentidos, lo hacía. Ciertamente, nuestra conversación no me había dado sensación de conclusión. Pero mi vulnerable vientre todavía estaba dolorido. Me preocupaba enterarme de que toda nuestra relación había sido una broma, un montaje para devolvérmela por el numerito del papi-gato. Al menos ahora podía vivir con la ilusión de que él había sentido algo por mí. Incluso si no había sido amor.
Luego estaba esa emoción incluso más devastadora: la esperanza. La esperanza nunca me había llevado a ninguna parte antes. Siempre me había dejado marcas de decepción.
Miré la carta que tenía en las manos.
¿Merecía Edward el riesgo?
Rose me dio una palmadita en la rodilla y se levantó, desapareciendo en la cocina. Ella tenía razón, aunque yo odiaba admitirlo. No era muy propio de mí esconderme de un hombre... y necesitaba saber la verdad, incluso aunque doliera. Porque esa era la única forma en que podría seguir adelante.
Abrí el sobre y desdoblé el papel que había dentro.
Querida Bella,
Por favor, lee esto. No respondes mis llamadas y he estado en tu apartamento docenas de veces, solo buscando una oportunidad de explicarme. (Casi fui agredido por el pitbull de tu vecino en el proceso. Que mal bicho. Pero eso está fuera del tema). No puedo concentrarme en nada, hacer nada; están listos para despedirme y, maldición, no me importa. Te hecho tanto de menos que apenas puedo soportarlo. Ten lástima de mí.
Sospecho que no has leído ninguno de mis emails o escuchado alguno de mis mensajes porque, si lo hubieras hecho, no tendría que recurrir a sobornar a recursos humanos para conseguir la dirección de Rose. (Solo necesito que la prensa se entere de eso y estaré jodido otra vez. Confío en tu discreción, incluso si no crees que la merezca).
A este punto de la carta, debo reconocer que hay una oportunidad de que hayas leído mis emails y escuchado mis mensajes, y que aun así insistas en no volver a verme. Si ese es el caso, por mucho que me duela, aceptaré tu decisión.
¿A quién quiero engañar? No soy un caballero y no aceptaré cualquier decisión que incluya las palabras "tú", "yo", "nunca" y "jamás". Debo reconocer que tengo preferencia por mi primera suposición y concluyo que has borrado cada mensaje que he enviado. Chica terca. Esta suposición está reafirmada por los nueve paquetes sin abrir que tengo en mi piso – creo que te sorprenderían los contenidos. Ninguno de ellos es ilegal esta vez, te lo aseguro.
Bella... bromeo porque no sé qué más hacer. Te extraño. Cada momento.
Pensaste lo peor de mí y eso duele. Pero puedo ver porqué lo hiciste y esa es la razón por la que te pido, te suplico, que me dejes explicarte. Ha pasado mucho y no puedo decírtelo todo en una carta, así que tengo una petición
El último programa será mañana por la noche en directo. Por favor, míralo. Eso es todo lo que te pido, hermosa y exasperante mujer.
Por favor.
Todavía tuyo,
Edward.
Debí de quedarme leyendo y re-leyendo la cosa durante veinte minutos, hasta que Rose finalmente volvió de la cocina y se puso delante de mí, con las manos en las caderas.
― ¿Y? ― preguntó.
Le pasé la carta.
― ¿Habré cometido un error? ― le pregunté. Sentía electricidad por todo mi cuerpo, vivo con las posibilidades.
Ella terminó de leer y sonrió. ― Solo hay una forma de saberlo.
Hola!
¿Qué tendrá planeado Edward?
Me ha encantado leer vuestros reviews, la mayoría os habéis lanzado al cuello de Edward con las dos manos. Sin embargo, también hay quien ha predecido con exactitud qué está pasando aquí.
De todas formas, lo sabremos muy pronto. La parte mala es que el próximo capitulo es el último y después ya solo nos queda un epílogo.
La fecha de actualización está en mi perfil.
Muchas gracias por leer, comentar y añadir la historia a alertas y favoritos.
-Bells :)
