Creo que me quieren matar, así que en mi defensa sólo tengo que decir que este es el peor semestre de mi carrera y estoy estudiando de dia, de noche y de madrugada. Hoy finalmente me decidí a terminar de una vez este capítulo, porque no es justo que me esperen más de un mes. Aquí les traigo una nueva entrega que finaliza todo el meollo del olor y les deja abierta una nueva aventura XD

Trataré de actualizar lo más pronto que pueda. Se los juro. Pero un mes será el tiempo promedio, al menos hasta mayo que descanso de todo esto. Espero que les guste y que no olviden su review T_T de verdad que me lo merezco.

Ah! se me olvidaba, este capítulo va dedicado a Karix y a las chicas de la Pijamada Virtual: Niñas sus amenazas de muerte fueron una gran motivacion para terminar el capítulo ^^

Ah! se me olvidaba tambien, HP, todos sus personajes, hechizo, lugares y etc...Son propiedad de nuestra querida J.K Rowling...Y de Warner Bros, para la desgracia de los fans.


21

FELIZ CUMPLEAÑOS

Todo había vuelto a la normalidad. O eso era lo que parecía…

-Estuve hablando con Luna…-comenzó Theodore. Al ver la cara de desconcierto y con un tanto de burla que se dibujó en el rostro de Draco mientras terminaba su jugo de calabaza, se permitió sonreír irónico y proseguir-Sí, Luna Lovegood. Pero esto te interesa, a menos, claro, que no quieras mi ayuda.

Draco se tomó aquello como una ofensa personal y siseó amenazador llamando la atención de Pansy a su lado:

-Creo que el compartir tanto tiempo con la Lunática está comenzando a afectarte el cerebro, porque de otra forma no entiendo cómo puedes creer que estoy interesado en regalarle algo a esa sangresucia…

Pansy sonrió al escuchar sus palabras: ese era el Draco que ella conocía, el que por ningún motivo ni razón diferente a estar bajo un Imperius podría querer tener alguna clase de relación con una impura que, además, era Granger. Satisfecha tomó un pedazo pequeño de tarta de melaza y se distrajo hablando con Daphne de la última colección de túnicas de gala.

-Deja esas estupideces para Pansy…-susurró Theo sonriendo malvadamente-Te encanta Granger, se te nota a leguas, lo que pasa es que el promedio del coeficiente intelectual de esta escuela ha disminuido significativamente durante los últimos años…

Draco no tenía nada que replicar a eso pues era la completa verdad. Cualquier persona medianamente inteligente u observadora podría haberse dado cuenta que más de una vez llevó sus ojos hasta la mesa de Gryffindor sólo para verla a ella, que había masacrado la carne con el cuchillo y el tenedor pensando que era el cuello de Weasley, que en ese mismo momento la miraba sonreír al estúpido de Longbottom.

-Si ese fuese el caso…-murmuró aun concentrado en la figura de Hermione que ni siquiera le echaba un vistazo. Apartó su plato vacío de enfrente y apoyó su cabeza con aburrimiento sobre la palma de su mano-¿Cuál crees que sería una buena idea para su regalo?

Theo sonrió con malicia mientras limpiaba las comisuras de su boca con una servilleta.

-Bueno, Luna me dio unas cuantas ideas…

Hermione sonreía al escuchar la historia de Neville acerca de cómo casi fue asfixiado por un Lazo del Diablo que intentaba trasplantar con la profesora Sprout. Había sido lo único capaz de hacerla reír un poco, había estado muy ocupada pensando en si debía pedirle disculpas a Harry o no…y en la tonta de Parkinson saltando al cuello de Malfoy.

Ella miró a su pelinegro amigo con cierta aprehensión mientras él tomaba un poco de tarta de melaza y escuchaba, casi sin prestar atención, a Dean que le contaba como las Holyhead Harpies habían machacado en el último partido a los Chudley Cannons. Bostezó aburrido y fue en ese momento que notó la mirada persistente de su amiga sobre él, se vio algo sorprendido pero casi al instante desvió sus ojos verdes hacia Dean y comenzó a participar activamente en lo que antes era un monólogo.

Hermione suspiró cansinamente y se giró para encontrarse con la cara algo acongojada de Ron. Para su gran sorpresa el colocó su mano sobre el hombro de ella y trató de darle una sonrisa de aliento, ella observó asombrada su mano y, él al darse cuenta de lo que había hecho, trató de quitarla al instante; pero antes de que él siquiera lograra moverla, ella colocó la suya encima y le sonrió de vuelta.

-Muchas gracias, Ron.-el muchacho comenzó a sonrojarse por las palabras dichas por su amiga, aunque también tenía algo que ver el cálido contacto de su mano sobre la suya. Se desesperó casi por un instante, pero antes de dejar que sus orejas se pusieran tan rojas como su cabello, tomó con ambas manos la de Hermione y le susurró olvidando por un instante que había estado comiendo:

-Tranquila, se le pasará pronto la estupidez…-Hermione sonrió tristemente por respuesta mientras Ron le soltaba las manos y tomaba nuevamente su tenedor-O en su defecto, pronto se dará cuenta que necesita ayuda para terminar su redacción de Transformaciones.

Ambos soltaron una suave carcajada y Hermione, más animada, tomó unos cuantos caramelos mientras comenzaba a reñirle a Ron por no haber terminado (de hecho, comenzado) su tarea para McGonagall aun.

Ni un detalle.

Lavender Brown y Draco Malfoy no perdieron ni un detalle de lo que acababa de acontecer. Ambos apretaban lo más próximo a sus manos, ambos se consumían de los celos, ambos querían ponerse de pie y matar a el/la maldito/a suertudo/a; porque no había que ser un genio para darse cuenta de que ahí sucedía algo extraño.

Lavender sabía que de alguna forma Ronald Weasley le pertenecía, de la forma más básica para ser claros, empezando por el hecho de que habían tenido sexo la noche anterior, pero sin lugar a dudas eso era algo. Sabía que ella le gustaba y que ocupaba una parte importante en su mente; sin embargo cometió el error de no exigirle nada a cambio y ahora, al parecer, iba a pagar el precio de su descuido. Sólo sobre su cadáver Ron llegaría a tener algo con Hermione, no le importaba si era su mejor amiga, o si eran almas gemelas, o si alguna de las dos llegaba a morir en el intento. Ella sería la novia de Ron Weasley por encima de quien fuera. Se oyó el rasgar del papel entre sus manos, bajó sus ojos azules hasta lo que era, hasta hace un momento, la última edición de Corazón de Bruja. Murmuró una maldición por lo bajo ante la mirada preocupada de Parvati que sospechaba seriamente el porqué de la reacción de su amiga. Sin embargo, Lavender sonrió antes de ponerse de pie para irse a dormir, sabía que lo suyo con Ron podía ser mucho más carnal que lo que tenía él con Hermione pero aun así era más íntimo. La prefecta Granger no era muy popular, buena en Quidditch o especialmente bonita; y aunque su cabello había pasado de ser un desastre total a ser una melena medianamente manejable, sus dentadura era ahora perfecta y su inteligencia superara la de todo el colegio; Lavender Brown poseía altos niveles de autoconfianza y autoestima, ella era mucho más bonita y si no era tan inteligente, no importaba porque Ron se contentaba con un beso más que con una charla. Salió del comedor con su sonrisa ensanchada y con la mirada de muchos chicos siguiendo su recorrido. Hermione Granger no era rival para ella.

Draco estaba seguro que, de cualquier forma en que se mirara la situación, Hermione Granger le pertenecía. Era suya en todo el sentido de la palabra y ese maldito de Weasley estaba buscando una muerte segura, lenta y dolorosa si osaba a tocarla otra vez. Sabía que había sido el primero en tocarla, en tenerla, en hacerla casi morir de placer; y la sabelotodo estaba muy equivocada si pensaba que ahora podía irse a coquetear con el pobretón. El pequeño detalle que implicaba que no estuviesen unidos por un hechizo no quería decir que ahora ella podía hacer lo que se le diera la gana: ella estaba obligada a pensar en él, a desearlo a él, a soñar con él y, ¿Por qué no?, a quererlo sólo, única y exclusivamente a él. Él era Draco Malfoy, el más sexy, guapo, inteligente, rico y perfecto chico en Hogwarts, por lo que la comadreja de Weasley no tenía siquiera punto de comparación con él. Era pobre, tonto, poco agraciado, pésimo jugador de Quidditch y no poseía ningún talento especial; además de hosco, maleducado y ordinario. En conclusión, todo lo contrario él. Se escuchó el crujir de algo en su mano, era la pluma que le había prestado Theodore quien le miraba entre burlón y preocupado. Tomó con furia el pergamino donde su amigo le había escrito su idea y donde él planeaba responder. Sin previo aviso, se levantó de la mesa con una mueca parecida a una sonrisa en la boca: la comadreja podía estar con ella todo lo que quisiera pero nunca lograría estar tan cerca de ella como lo había estado él, ni mucho menos disfrutaría de su cuerpo como lo había hecho él, primero se dejaba de llamar Draco Malfoy. Mientras avanzó por el comedor para irse bajo la mirada atenta de el público femenino llegó a la conclusión de que todo se resumía en una frase: Hermione Granger era suya y el pobretón Weasley no representaba la más pequeña amenaza para él.

En tanto, al otro lado del Gran Salón, Ginny se había sentado junto a Hermione que le prometía contarle todo lo que había pasado en otra ocasión pues ahora habían muchos oídos indiscretos. La pelirroja aceptó algo renuente y comenzó a hablar sobre tontas trivialidades como por ejemplo, lo difícil que había sido quitarse el puré de papas del cabello. Hermione estaba bastante distraída riendo con la conversación pues no notó como Harry se ponía de pie y se iba del comedor.

Sin embargo, Ginny había desarrollado cierta clase de sensor en lo que a Harry se refería, por lo que tan pronto sus alarmas detectaron movimiento comenzó a zarandearla por los hombros y a decirle en voz ahogada:

-¡Harry se va! ¡Harry se va!-Hermione rodó los ojos ante la infantil actitud de su amiga y se alzó de hombros restándole importancia:

-Sí, Harry se va del Gran Salón… ¿Y qué se supone que quieres que haga?-ahora fue el turno de Ron y Ginny de poner los ojos en blanco antes de contestar la pregunta:

-¡Pues ve tras él!-exclamó Ron-Y luego yo soy el tonto.

-¡Ron tiene razón!-dijo Ginny halándola para que se pusiera de pie-Habla con él a solas y seguro que hacen las paces.-Hermione cedió a los empujones del par de hermanos Weasley y se puso de pie para salir tras su amigo-Aprovecha que Ron no estará por ahí…No hay forma que lo eche a perder.

-¡Ey!

Hermione salió dando grandes zancadas del comedor, divisó a Harry tratando de comenzar a subir las escaleras y le alcanzó llegando casi sin aliento:

-Harry…-él se volteó y la examinó con sus ojos verdes desde detrás de sus gafas, miró a su alrededor como buscando algo pero antes que pudiese decir cualquier cosa ella le interrumpió-No estoy con Malfoy si es lo que crees.

Con la sola mención del nombre, el hasta hacía un momento sereno rostro de su amigo, se ensombreció como por arte de magia y frunció el ceño a la vez que cruzaba los brazos.

-¿Qué quieres?-Hermione abrió la boca para responder pero le había tomado por sorpresa la seca contesta de Harry. Unió sus labios inmediatamente y no dijo nada-¿Y bien?

-No tienes por qué ser tan grosero.-dijo ella cruzándose de brazos también-Sólo quería hablar contigo.

-Eso es lo que estamos haciendo.

Hermione dejó caer los brazos a los largo de su cuerpo y tuvo que contenerse para no lanzarle un puñetazo al Niño-Que-Vivió. Se estaba comportando como un auténtico cabezota y se merecía un buen regaño o tal vez un golpe. Bufó desesperada antes de mirar a otro lado: había tomado la iniciativa, le había llamado y él sólo la rechazaba de forma cruel. Le dedicó un gélido vistazo y le dijo con rabia:

-Sólo te buscaba para darte una oportunidad para que te disculparas.-él la miró como si viniera de otro planeta y mirándola ofendido escupió con desprecio:

-No tengo que pedir disculpas, la que metió a Malfoy a nuestra sala común fuiste tú.

-¡Sólo lo hice porque no podía separarme de él!

-¡No vuelvas a repetir esa frase jamás!

-¡Tú fuiste el que se encargó de que todo el castillo la repitiera!

-¡No fue sólo mi culpa! ¡Ron también abrió la boca!

-¡¿Ahora metes a Ron en todo esto?!

-¡Nunca ha estado fuera de esto! ¡Pero sólo estás enojada conmigo!

-¡Por lo menos Ron no se está comportando como un idiota!

-¡Por lo menos Ron no se está acostando con Malfoy…!

Lo único que se escuchó en el Vestíbulo, además del suave murmullo que llegaba desde el comedor, fue el sonoro golpe en seco de una cachetada impactando en la mejilla de Harry, cuyo rostro quedó ladeado mientras sus gafas caían al suelo. Se giró a verla anonadado y la visión que tuvo hizo que se le encogiera el corazón: Hermione estaba frente a él con su mano aun extendida y con los ojos llenos de gruesas lágrimas que se resbalaban sin ninguna consideración por su rostro, su mejor amiga sollozaba en silencio mientras retrocedía un paso como si no reconociera al pelinegro que tenía en frente. Quiso decirle algo, quiso con todo su corazón pedirle disculpas, pero como si le estuviese leyendo el pensamiento, la chica destrozada comenzó a negar con la cabeza antes de gritar desconsolada y con la voz entrecortada por el llanto, mientras salía corriendo en dirección a su torre:

-¡Te odio Harry Potter! ¡No vuelvas a hablarme jamás!

Él se quedó mudo y mientras acariciaba suavemente su mejilla adolorida se arrepintió de haber abierto la boca. Se agachó para recoger su gafas, y tras colocárselas con cuidado salió del lugar siguiendo los pasos de la que ahora era su ex amiga, sintiendo una extraña opresión cerca de la boca de estómago y una profunda tristeza que embargaba cada recodo de su cuerpo.

-Vaya…Potter sí que es un imbécil.-comentó Draco que había observado la escena en silencio y que ahora tomaba la dirección hacia las mazmorras.

-Ni que lo digas.-contestó Theodore siguiéndole de cerca.

(…)

Hermione no recordaba haber llorado tanto una víspera de su cumpleaños, se sentía triste, insignificante y sola. Cuando Lavender y Parvati regresaron, ella ya estaba dentro de su cama con las cortinas corridas y acallando lo más posible su llanto con una almohada en su cara, pensando que si tenía suficiente suerte podría morir ahogada. No comprendía cómo Harry había sido capaz de decirle tal cosa, no entendía cómo es que había llegado hasta tales conclusiones y no sabía si lo que más le dolía era el odio en sus palabras o la verdad tras ellas. Era una traidora que no sólo se había mezclado con Draco Malfoy sino que comenzaba a sentir cosas por él.

El silencio reinaba en la habitación y sus dos compañeras dormían profundamente, pero la fuente de sus lágrimas no se había secado aun, y seguía llorando como desde el primer momento. Le dolía el mentirle a sus amigos y aun peor el no arrepentirse de lo que había hecho.

Mientras su mente aun divagaba entre tristes pensamientos, se quedó dormida sin saber cuándo. Sin esperanza, entristecida, acongojada y convencida de que el siguiente día sería el peor cumpleaños de su vida.

(…)

Los rayos de sol no alcanzaban a llegar hasta su cara, oculta tras la pesada y húmeda almohada. Dormía profundamente recuperando el sueño perdido cuando alguien corrió las cortinas y exclamó alegremente:

-¡Feliz cumpleaños, Hermione!

Lo que sintió luego fue que un bulto pesado le cayó encima y le sacó todo el aire de sus pulmones, entonces sintió otro peso y luego otro más.

-¡Aggghhh! ¡Ya apártense!-les gritó a Lavender, Parvati y Ginny que estaban encima de ella coreando alguna canción de cumpleaños.

-¡Feliz cumpleaños!

-¡Sí! ¡Feliz cumpleaños!

-¡Súper! ¡Ya tienes diecisiete! ¡Feliz cumpleaños! ¡Besa, besa y enamórate!

Todas rieron ante el extraño consejo de Parvati y se apartaron de Hermione que ya no podía respirar. Ella las miró agradecida y recibió el paquete que le tendían:

-Esto es de parte de las tres.-comenzó Lavender tomando la vocería-Te preguntarás porque de la tres, pues pasa que Ginny nos comentó que te quería comprar algo de cumpleaños y nosotras quisimos participar. Aquí está.

Hermione pudo adivinar al instante de qué se trataba, era un libro. No comprendía la razón, pero la gente insistía en regalarle libros. Abrió el paquete y se encontró con un ejemplar de un tono rosa chillón con letras moradas que brillaban en la portada. Sonrió a las tres chicas más por cortesía que por otra cosa, pero no pudo dejar de soltar un grito espantada cuando leyó con atención el título.

"101 formas para volverlo loco de placer"

En ese momento una flash inundó la habitación y sonoras carcajadas llenaron todo el espacio. Lavender acababa de tomarle una foto, inmortalizando su rostro escandalizado ante semejante regalo. Hermione estaba colorada y aun no se creía semejante cosa, cuando Ginny aun entre risas le dijo que lo abriera.

Ella lo hizo un poco dudosa y agradeció a Merlín que en vez de páginas llenas de "consejos" hubiese una cavidad donde descansaba una pequeña bolsita de terciopelo. La tomó con cuidado y descubrió una pequeña coleta dorada para el cabello.

-Gracias por…

-Hermione, mi pequeña Hermione…-comenzó Lavender sonriendo maliciosa-Antes de que digas nada, esa no es una coleta común.

-Para nada común.-añadió Parvati con misterio-La encargamos en pedido directo a "Corazón de Bruja, compra fácil".

Hermione acababa de enterarse en ese instante que esa tonta revista también vendía productos a las tontas chicas que la leían. Las tres la miraban con suspicacia y eso la asustaba.

-Funciona fácil.-terminó Ginny mirándola cómplice-Si la llevas puesta mientras deseas algo con todas tus fuerzas y estás cerca de él, tú sabes, cualquier chico especial; comenzará a brillar y depende de qué sea lo que desees y qué tanto lo hagas se volverá realidad.

-Oh, chicas. Eso es ridículo…

-No, no lo es.-dijo Lavender que no quería comenzar a discutir-Además…-las otras soltaron risitas nerviosas-El catálogo dice que dependiendo de la persona y el entorno mágico puede haber algunos…efectos secundarios.-Hermione chilló horrorizada ante la sola mención de ese par de palabras mientras las otras no alcanzaban a comprender la magnitud de su reacción-Dice que lo más probable es que todo termine con un…caluroso encuentro.

Hermione no quería siquiera pensar en esa posibilidad con esa persona. Pero luego de mucho insistirle lograron que se pusiera la dichosa coleta. Hermione esperaba con todo su corazón que todo fuera un gran fraude, porque definitivamente lo último que quería (por raro que sonora) era cumplir los deseos que le provocaban cuando estaba cerca del hurón botador.

En la sala común Ron la felicitó por su cumpleaños y le entregó su regalo: una pluma nueva y elegante, que ella sabía le había significado un gran ahorro, así que le saltó al cuello agradeciéndole mientras Lavender tras ellos fruncía el ceño ligeramente.

En ese momento, Harry bajaba de la habitación de los chicos. Un silencio tenso se formó entre los alumnos de sexto que rodeaban a Hermione y el recién llegado que, tal y como esperaba ella, ni siquiera se acercó. Ron quiso decirle algo fuerte a Harry por hacerse el idiota, pero se abstuvo al ver la cara de profunda tristeza del mismo. Sin decir ni una palabra se fue a desayunar y Ron, renegando por lo bajo y preguntándose desde cuando Harry se había vuelto tan tonto e inmaduro, se disculpó con todos y salió tras él.

Durante el desayuno, a Hermione le llegaron los regalos de Luna (Un amuleto contra nargles), de sus padres (Un delicado reloj mágico de oro que habían comprado con la ayuda de un mago cuyo nombre no mencionaron en la carta) y de Viktor (Un delicioso perfume extraído de polvo de hadas y cabellos de Veela originarias de Bulgaria).

Para su gran sorpresa no recibió ni un libro ese año.

La única clase que tenían esa mañana era Herbología. Pero trabajar fue muy incómodo, especialmente para Ron, dado que sus dos amigos no se hablaban. Por más que bufó, maldijo y renegó, hizo papel de lechuza durante toda la clase.

Hasta ese momento, todo parecía bien. De hecho, para lo mal que esperaba pasarla, Hermione podía decir que había sido un buen día. Pero es que no había llegado aun la hora del almuerzo.

Porque todo pasó a la hora del almuerzo, cuando completaba veinticuatro horas separada del egocéntrico y rubio Slytherin.

La comida había transcurrido casi en total normalidad, los elfos le habían preparado a Hermione una torta de cumpleaños y ella acababa de compartirla con todos sus amigos, excepto con Ya-Se-Sabe-Quién, que insistía en permanecer alejado, cosa que había provocado múltiples conversaciones en las otras casas donde no se conocían los pormenores de lo ocurrido entre Harry y su ex mejor amiga.

Hermione hablaba distraídamente con una de las compañeras de habitación de Ginny cuando por un extraño impulso, sus ojos insistieron en fijarse en la mesa de Slytherin hasta el otro extremo del salón. Para su sorpresa, descubrió a Malfoy poniéndose de pie tras haber terminado su almuerzo y encaminándose a la salida del lugar.

No era que lo esperase, ni mucho menos.

Pero la verdad, había llegado a pensar que, si bien Malfoy no le regalaría algo, al menos le diría cualquier cosa por su cumpleaños. Hizo un puchero casi inconscientemente, sea lo que fuese lo que ellos tenían, y por muy insignificante que fuera, era lo mínimo que se esperaba.

Se puso de pie antes de proponérselo y disculpándose diciendo que tenía que ir a la biblioteca para sacar un libro que necesitaba para la clase de Aritmancia que seguía después del almuerzo, salió del lugar. Fue cuando se encontró de pie en el Vestíbulo cuando notó que estaba haciendo una reverenda estupidez ¿Qué demonios pensaba cuando decidió salir a buscar a Malfoy?

-Un beso, un par de caricias, un buen revolcón tal vez…-Una escalofriantemente sexy voz le respondió desde dentro de su cabeza. Abrió los ojos como platos al reconocer a su alter ego malvado hablarle y completamente espantada se preguntó si los efectos secundarios dejarían secuelas de por vida.

No tuvo mucho tiempo para concentrarse en esa preocupante situación pues al girarse hasta las escaleras encontró una figura masculina cruzada de brazos y apoyada en la pared, un par de mechones platinos caían descuidada pero perfectamente sobre su frente mientras sus ojos tenían un brillo peligroso que hizo que Hermione apretara inconscientemente la correa de su mochila en su hombro.

No sabía si acercarse o alejarse, su corazón comenzó a acelerarse antes de siquiera proponérselo y bastó un rápido vistazo a sus ojos grises y tan fríos como el hielo para sentirse completamente perdida. Odiaba los efectos que Draco Malfoy tenía en ella, odiaba que sonriera como lo hacían en ese instante, odiaba que se acercara con esos movimientos felinos y delicados que la hacían sentirse como una presa sin escapatoria.

Hermione quiso decirle algo, pero la conexión cerebro-boca al parecer acababa de averiarse. Su presencia cada vez más cercana, su aroma varonil llenándole por completo, su mirada gris fija en ella, hacían que se sintiera pequeña y débil ante él, pero lo increíble era que no se sentía mal respecto a ello. No, a ella le gustaba esa sensación, le gustaba sentirse así, con ese anhelo cubriendo sus labios, esas ansias recorriendo su cuerpo, ese deseo instalándose en ella…

Cerró los ojos al tenerlo frente a ella mientras sus labios clamaban desesperados por un delicado roce que pasaría a convertirse en un apasionado beso, pero ese momento nunca llegó. Por alguna extraña y desconocida razón, Malfoy caminó junto a ella sólo tropezándola por su hombro fuertemente. Completamente extrañada se giró hacia él y lo encontró de espaldas a ella, erguido y elegante como siempre.

-¿Qué…?-alcanzó a decir Hermione antes de que Draco comenzara a hablar arrastrando las palabras e impregnándolas del más profundo desprecio:

-Sería bastante grato para mí si dejaras de atravesarte en mi camino, Granger…-ella se quedó momentáneamente paralizada tratando de asimilar la pésima broma que le estaba jugando ese tonto Slytherin, avanzó un par de pasos hacia él que se giró: tenía una mueca de asco dibujada en la boca y sus ojos grises estaban llenos de la más clara repulsión-No sé si además de tonta eres sorda, sabelotodo, pero creo que acabo de decirte que no te acerques.

Ella no se movió, quedando quieta en el lugar en el que se encontraba. Su corazón empezó a latir más lento cada vez, sentía que no llegaba suficiente sangre a su cerebro y que el aire que tomaba con sus pulmones no era suficiente para sobrevivir. Comenzó a marearse, todo le empezó a dar vueltas, se sintió de pronto hondamente estúpida y con la furia haciendo hervir su sangre en las venas abrió la boca para decirle un par de verdades al hurón botador que ese día había decidido sacar a pasear toda su estupidez.

-No sé qué demonios está pasando en este momento por tu cerebro subdesarrollado, pero te informo que puedes llegar a ser realmente patético cuando asumes que desperdicio mi valioso tiempo buscándote, Malfoy.-se cruzó de brazos y lo miró con superioridad-Deberías bajar de vez en cuando de tu mundo de fantasía y darte una pasadita por la realidad ¡No me muero por ti, Huroncito pedante!

Tal vez todo lo que había dicho no era muy cierto, pero le había inyectado tanta seguridad e ira a cada una de sus palabras que había logrado sonar casi, pero sólo casi, convencida. Lo observó con aires de triunfo pero su alegría duró muy poco, porque sabía que Malfoy no se iba a contentar con eso y ya estaba preparando su contraataque. De alguna forma el malnacido parecía que le leía los pensamientos y esa no era la excepción, bastó ver como retrocedía sin dejar de arrugar la nariz mientras alzaba una ceja con destreza:

-Lamento hacerte estrellar en contra de tu triste realidad.-comenzó él con voz suave que sonaba dulcemente amenazadora-Pero no vivo en ningún mundo de fantasías, es más, soy más consciente de la situación de lo que tú puedes llegar a estar en cualquier momento de tu miserable existencia.-Hermione abrió la boca para contestar fuertemente a eso, pero él la detuvo con brusquedad-Ni siquiera te atrevas a interrumpirme, no te tomes esas libertades que no te quedan bien. Te recuerdo que no eres más que un engendro mágico inferior.

Hermione luchaba entre sus ganas de estamparle un puñetazo y echarse a llorar, pero estaba decidida a no darle el gusto, por lo que apretó los puños hasta hacerse daño con sus uñas y comenzó a respirar agitadamente como tratando de encontrar el aire suficiente para soltar la sarta de insultos que se le estaban pasando por la mente para el hurón desabrido al que, al parecer, le había picado uno de esos extraños bichos de Luna.

-¡Eres un maldito desgraciado, Malfoy! ¡No...!

-Bájate de esa hermosa nube de colores, Granger.-la interrumpió esbozando una sonrisa malvada-No sé qué cosas te has estado imaginando pero…-se acercó a ella haciendo que se enfureciera más si es que acaso era posible y añadió arrastrando las palabras con mayor malicia que nunca-Después de haber utilizado tu cuerpo a mi antojo, creo que no puedo sacar ningún otro provecho de ti ¿O me equivoco?

-¡¿De qué rayos estás hablando, estúpido?!-gritó ella a punto de tomar su varita y lanzarle un Cruciatus hasta verlo y escucharlo pedir clemencia.

-Estoy hablando de…-su aliento rozó los labios de Hermione que se tensó y se decidió por fin a tomar la varita-Acostarme con una sangresucia como tú era lo único que faltaba para completar mi lista de proezas.-se permitió soltar una suave carcajada y apartándose un poco, dio dos pasos hacia atrás y continuó-Debes estar contenta, te he considerado por un par de días como algo parecido a una…mujer.

Desmaius!-exclamó pero su hechizo fue desviado por la varita de Draco que la observaba burlón, se estaba divirtiendo más de lo que había planeado. Aprovechó el momento de distracción de la enfurecida, dolida y llorosa chica para hacer que su varita saliera volando por los aires y entonces susurró:

-No te preocupes, todos los rastros de esta traumática experiencia están siendo borrados en parte gracias a mi siempre colaboradora amiga Pansy, me dijo que con su ayuda todo sería más…fácil de asimilar.

Fue entonces cuando Hermione no lo soportó más y un grito desgarrador llenó el pasillo, alcanzando los oídos de quienes estaban dentro del Gran Salón.

-¡¡¡TE ODIO MALFOY!!! ¡¡¡OJALÁ MUERAS Y NO VUELVAS A APARECER FRENTE A MÍ JAMÁS!!!

Bastaron esas pocas palabras para que el lugar se llenara de curiosos que observaban a Hermione llorando de furia e impotencia ante Draco que sólo esbozaba una pequeña mueca de algo que podía considerarse satisfacción.

-Eres patética.-siseó Draco alejándose de ella-Y al parecer Potter te ha contagiado de ese deseo de ser el centro de atención. Pero claro… ¿Dónde está Potter? Por supuesto, demasiado ocupado haciéndose la victima para venirte a ayudar.-arrugó la nariz con asco y siguió-Realmente patética ¿Crees que eres más inteligente que los demás sólo porque contestas todas las preguntas que hacen los profesores?-ironizó lanzándole una mirada de burla que escalofrió a los presentes que cada vez crecían más en número-Cualquiera que pase con las narices metidas tras un libro mohoso podría hacerlo…Pero no todos lo hacen porque hay algunas personas en este castillo que tenemos vida social. Tranquila, al menos tu título de ratón de biblioteca no es disputado por más nadie…

-¡Cállate, Malfoy!-se oyó la voz de Ron que se abría paso en la multitud y que Hermione nunca estuvo más agradecida de escuchar-¡Ya verás…!

Draco hizo una mueca de fastidio, ya se veía venir eso, pero todo estaba fríamente calculado.

-Cállate, Weasley…-bastaron ese par de palabras para que el aludido cayera petrificado cerca de los pies de Hermione que lo observó anonadada ¡¿Qué rayos estaba haciendo Malfoy?! Ginny que acababa de llegar trató de correr hasta su hermano y Hermione, cuando sintió que un par de brazos fuertes le rodearon por la cintura y alguien le habló al oído:

-Si no quieres terminar como tu hermanito, será mejor que no te muevas…

-Maldito Zabini…-murmuró ella forcejeando para tratar de soltarse.

Draco observaba a su alrededor, todo había quedado mejor de lo que había pensado. Ahora sólo faltaba…

-Granger, deja de llorar que me estás dando nauseas. Nadie tiene la culpa de tu triste condición, déjame ver…Tonta, fea, patética, ratón de biblioteca, mandona, sabelotodo insufrible…Creo que eso es todo.-pero entonces sus ojos brillaron de malicia y terminó- ¡Pero si olvidaba lo más importante! No eres más que una sangresucia inmunda…

Una exclamación ahogada llenó la boca de todos los presentes que no podían creer lo que veían y oían, estaba de infarto. La prefecta Granger no se podía ni mover y al parecer Malfoy se iba a retirar victorioso cuando una voz se escuchó sobre todas las demás:

-¡Discúlpate ahora mismo, Malfoy! ¡O de lo contrario serás hombre muerto antes de que alcances a decir "Serpiente rastrera"!

Potter.

Había sido Harry Potter quien había hablado.

Estaba defendiendo a su amiga, tal cual debía ser. Muchos soltaron chillidos de sorpresa y Hermione sólo pudo ver la figura borrosa de Harry tras las gruesas lágrimas que llenaban sus ojos, jamás había estado tan agradecida. Quería que su amigo hiciera papilla a ese pedante y estúpido Slytherin que había jugado de esa manera con ella.

Pero lo que pasó a continuación dejó sin aliento a toda la escuela y más de uno podía haber muerto solamente de la impresión.

Draco Malfoy esbozó algo así como una sonrisa irónica, alzó una ceja y se alzó de hombros restándole importancia al asunto:

-¿Quieres que me disculpe a cambio de seguir con vida?-siseó burlón-Te informo, que al contrario de lo crees, sí aprecio mucho mi vida y al parecer posees una ventaja sobre mí, la cual se me antoja bastante…vergonzosa. No sueñes, cara-rajada, que te voy a permitir rasguñarme, así que…-se giró hasta donde estaba Hermione y soltó en tono despectivo sin borrar esa mueca de asco de su cara que tanto la hería-Lo siento mucho, sangresucia…-la multitud no pudo ahogar un colectivo grito de sorpresa-Siento que estés condenada a una existencia inferior, patética y triste.

El muchacho se giró y se abrió paso entre la multitud que se apartaba al verlo acercarse con una sonrisa de burla y triunfo mal disimulada en la boca. Harry intentó hechizarlo al darse cuenta de lo que el muy malnacido acababa de decir, pero se detuvo al sentir una mano cálida y pequeña sobre su brazo.

-Déjalo así, Harry.-él se giró a ver a su amiga destrozada y casi se le salen las lágrimas. La abrazó frente a todos los espectadores del improvisado incidente y le dijo mientras Hermione sollozaba con fuerza en su hombro:

-Perdóname, Hermione…He sido un verdadero imbécil.

-…No…No importa…Harry…-dijo tratando de ahogar el llanto sin mucho éxito-Gracias…

(…)

Aunque en cualquier otra circunstancia, Hermione habría querido asistir a su clase favorita (Aritmancia), decidió quedarse en la sala común con sus dos amigos. Le había costado bastante dejar de llorar y ahora que lo había conseguido, no quería moverse del cómodo sillón en el que se encontraba sentada frente a la cálida y acogedora chimenea.

Ron se encontraba de muy mal humor, se había sentido como un completo tonto al haberse dejado petrificar de Zabini por estar descuidado. Lo único que pudo lograr que se sintiera un poco mejor, era ver que sus dos mejores amigos habían hecho las paces y todo volvía lentamente a la normalidad.

-Hermione…-comenzó Harry mirándola fijamente-Sé que no tengo excusa por portarme como un tonto, pero no creas que olvidé tu cumpleaños.

-Harry, no importa.-dijo ella poniendo los ojos en blanco. Estaba cansada de repetirle a su amigo que el día de su cumpleaños aun no había acabado y que sus felicitaciones valían igual.

-De todas formas..-continuó él, testarudo, alcanzando su mochila y buscando algo dentro-Toma. Feliz cumpleaños.

Hermione tomó el paquete que su amigo le tendía, sabía que no se equivocaba nunca y había sido demasiado extraño que en esa fecha nadie le hubiese dado un libro, porque eso fue exactamente lo que Harry le tendió: Un libro. Ella le sonrió mostrándole que era lo que ella siempre esperaba y él se alzó de hombros resignado.

Rasgó el papel con cuidado y le faltó poco para saltar al cuello de Harry y estrangularlo de la emoción: Con encuadernado de lujo, pergamino a prueba del paso del tiempo y el escudo brillando en la portada, Hermione era la nueva dueña de uno de los cincuenta ejemplares de colección limitada de aniversario de "Hogwarts: A History. Edición de lujo"

La emoción no le daba para hablar, sólo observaba atónita su nueva adquisición tratando de encontrar palabras para agradecerle a Harry su maravilloso regalo. Cuando ya sus dos amigos comenzaban a preocuparse acerca de su estado mental, ella comenzó a saltar alrededor de la sala común abrazando su libro nuevo a la vez que exclamaba:

-¡¡Soy la única persona en el mundo mágico que tiene la primera y última edición de "Hogwarts: A History"!! ¡Soy la chica más afortunada de este mundo! –con un tonito parecido a "Yo-o tengo tal cosa-a y tú no-o" que sorprendió bastante a sus amigos y a todos los que estaban en el lugar.

Podría parecer mentira, pero por su mente ya no quedaba ni siquiera el más leve rastro de su encuentro accidentado con Malfoy.

Mientras ella seguía brincando en medio de la sala común, Ron se disculpó tontamente después de echar un vistazo hacia el agujero del retrato, una chica rubia acababa de hacerle señas y él, antes de sonrojarse frente a sus amigos, decidió irse tras Lavender. Hermione decidió ignorar el hecho de que su pelirrojo amigo demostraba una evidente debilidad ante ella, así que sonrió a Harry y se sentó junto a él.

Sabía que a pesar de lo que había pasado entre ellos, Harry seguía sospechando que entre ella y Malfoy había sucedido algo (Cosa que era cierta pero primero muerta que reconociéndolo), por lo que decidió despejarle un poco sus dudas contándole sólo la punta del inmenso iceberg que era todo lo que había sucedido. Suspiró sonoramente abrazando su nuevo libro (porque aunque a todo el mundo le pareciera incomprensible, ella tenía tres ejemplares de "Hogwarts: A History" y eso la emocionaba a niveles insospechados) y se decidió a contarle a su amigo "La Verdad", o al menos algo similar.

-Harry…-el muchacho la miró interesado y esperó que siguiera-Yo…Yo tengo algo que decirte.-él sonrió por respuesta-Es respecto a…a Malfoy.

La cara de Harry se descompuso con sólo escuchar el nombre, si sus sospechas era ciertas y Hermione tenía algo con él, estaba seguro que iba a su habitación y se lanzaba de la ventana. A pesar de todo, le parecía imposible que su amiga hubiese podido tener algo que ver con el hurón: después de semejante humillación en el Vestíbulo, consideraba inexistente cualquier relación entre ellos diferente al odio, pero…

-No quiero saber nada de él.-dijo decidido, aunque sí quería saberlo. Parkinson había lograrlo intrigarlo demasiado respecto a eso. Oh, sí…Parkinson.

-No me importa que no quieras.-dijo ella regañándolo como a un niño pequeño, que la miró con sorpresa tras los cristales de sus gafas-Debo hacerlo, en honor a nuestra amistad…Y sé que puede que tú seas más compresivo que Ron.-Ahora Harry sí que se asustó ¿Qué se suponía que era lo que el comprendería más que Ron? ¿Un romance entre su mejor amiga y su peor enemigo? ¿Un noviazgo? ¿Un eventual matrimonio? Sacudió su cabeza espantado y la miró como si no la conociera-Debo decirte lo que pasó esa mañana del domingo…con Malfoy.

-Hermione, no creo que sea una buena idea…

-Cállate, Harry.-dijo ella bufando desesperada-Ahora escúchame bien.-tomó todo el aire que sus pulmones le permitieron y comenzó a recitar lo que "pasó"-Esa mañana, muy temprano fui a darme un baño en el quinto piso…-Nada nuevo, pensaba Harry para sus adentros rogando a Merlín que la historia no terminara como Pansy le insinuó que terminaba. Genial. Ahora la llamaba Pansy en sus pensamientos-Pasa que yo esperaba que…que…Ron apareciera por ahí.-se sonrojó por la declaración que acababa de dar pero no más que Harry al que le parecía en extremo incómodo cualquier cosa que tuvieran sus dos mejores amigos, por lo que ella se apresuró a rectificarse enseguida- ¡Hablar! ¡Íbamos a hablar! Pero Ron nunca llegó, se quedó dormido en la sala común.-suspiró y apretó fuertemente el libro contra su pecho: Ahora venían las mentiras-Decidí tomar mi baño y olvidarme de…bueno, de todo lo demás. Fue entonces cuando alguien entró, tomándome por sorpresa.-Harry tragó espeso y cerró los ojos tratando de no imaginar lo evidente: su amiga, desnuda y tomando un baño, siendo seducida por Malfoy. Eso era más de lo que su joven y ya bastante atribulada mente podía resistir (¡¿Es que acaso no era suficiente con tener el destino del mundo mágico en sus hombros como para ahora también escuchar como el engreído y bueno para nada de Malfoy había enredado a su mejor amiga?!)

-¿Malfoy…?-preguntó el chico conociendo de antemano que la respuesta sería afirmativa. Hermione asintió quedamente. Harry decidió que había sido suficiente por lo que se apresuró a decirle-¿Sabes? Creo que ya me has dicho más de lo necesario, no creo que debas…

-Me besó…

El feliz (o tan feliz como pudiera desear) mundo de Harry quedó a blanco y negro, se fosilizó y se desmoronó tras una débil ráfaga de viento. Parpadeaba una y otra vez tratando de reconocer a una chica castaña que estaba sentada frente a él y que al parecer era su amiga. Tragó saliva sin saber exactamente qué decir, pues él sólo estaba seguro de una cosa: no podía estallar furioso debido a la traición que le acababa de ser confesada por Hermione porque así lo único que lograría sería que ella no le volviera a hablar el resto de su vida.

Abrió la boca para hablar, para decir cualquier cosa, para decir lo soleado que estaban los últimos días del verano, o lo bien que olía el perfume que le había regalado Krum, o lo opinaba acerca del resultado del último partido de Quidditch de las Holyhead Harpies o ¡Para gritarle en qué demonios había estado pensando cuando decidió besuquearse con su peor enemigo!

Pero supo que lo más adecuado era cerrar la boca y apretar los puños mientras lo evidente de su enojo comenzaba a acumularse en su cara. Hermione le miró con preocupación esperando que él le dijera cualquier cosa, así que para no defraudarla soltó con la mayor calma que pudo:

-Así que te besó…-había sonado más como un gruñido de un animal hambriento que como las palabras de un humano, pero para Hermione fue suficiente:

-Sí…eso activó un hechizo del profesor Dumbledore y por eso olimos así todo este tiempo. Harry siento mucho haberles mentido, pero yo…

-¿Y cómo fue que Malfoy te…te…besó?-dijo él con los ojos cerrados y apretando aun más los puños-¿Te hechizó? ¿Se disfrazó? ¿Tomó poción Multijugos? ¿Te saltó encima?-su tono le gustaba cada vez menos a Hermione que comenzó a alzar levemente una ceja por las tontas sugerencias, pero es que a Harry le era muy difícil esconder sus emociones-Dime que sucedió, Hermione, porque la verdad no entiendo cómo fue que accediste a…a…a hacer lo que hiciste con él.-Aunque no estaba gritando ni dando alaridos como aquella vez que discutieron, Harry estaba al borde de una explosión. Si Hermione no le respondía no sería responsable de una nueva pelea con ella, se sentía defraudado una vez más y con dolor reconoció que Parkinson tenía razón. Fue entonces cuando lo recordó-¿Cómo pudiste besarlo? ¡Es Malfoy, por Merlín!-Hermione frunció el entrecejo y eso enfureció a Harry aun más-¿Cómo pudieron encontrarse si no estaban solos? ¡¿Qué le hicieron a Parkinson?! ¡Ella estaba ahí!

Hermione abrió la boca sorprendida, si bien se esperaba los reclamos de Harry que giraban en torno al mismo punto, la tomó por sorpresa el escuchar que sabía que la Slytherin estaba ahí con ellos…O más bien, que llegó a interrumpir su furtivo encuentro. Lo miró sospechando y sacando conclusiones apresuradas, cruzó los brazos y le preguntó duramente:

-¿Cómo es que sabes que Parkinson estaba ahí?-observó con cuidado las reacciones de Harry: su amigo bajó la guardia, dudó un momento y también se cruzó de brazos.

-Pues acabas de reconocerlo, así que no importa como yo me enteré.-Hermione alzó una ceja incrédula al escuchar esa respuesta-Tú fuiste quien besó a Malfoy, quien fraternizó con el enemigo…-ella rodó los ojos, esa frase era de autoría de un pelirrojo ausente-Y yo lo estoy pasando por alto.- Harry la miró fijamente y al ver su boca abierta añadió suspirando-Sí, no me importa lo que hayas hecho…supongo que fue un error y todos cometemos errores. No te creo capaz de tener algo con Malfoy…Es antinatural.-terminó como si hubiese dicho la cosa más obvia del mundo. Hermione lo miró entre asombrada y agradecida, jamás pensó que Harry pudiese pasar las cosas por alto de esa manera. Por lo que antes de que él se lo esperaba le saltó al cuello y le abrazó. Lo que Hermione no sabía era que Harry sólo lo había hecho para que le dijera lo que le habían hecho a Parkinson y así cumplir su parte del trato, no era que no le molestara lo que tan abiertamente Hermione le acababa de confesar. Lo que Harry no sabía era que Hermione no sólo era capaz de tener algo con Malfoy, sino que también era capaz de ocultarlo muy bien.

-¡Pensé que no serías tan comprensivo!-exclamó Hermione volviendo a su asiento y apresurándose a mentir en voz baja-Por supuesto que fue un gran malentendido…Jamás, ni en el más loco de mis sueños volvería a enredarme con Malfoy.-entonces recordó tristemente lo hecho por él en el Vestíbulo y añadió aun más quedamente-Jamás, jamás, jamás…es un maldito bastardo.

-Vale, vale…ya entendí.-dijo Harry mirándola comprensivamente-Y entonces ¿Qué fue lo que le hicieron a Parkinson? Pues estaba ahí…

-¡Ah! Pues a la bocona de Parkinson le…-dijo Hermione más relajada cuando una voz le interrumpió de pronto para gran disgusto de Harry.

-Prefecta Granger.-una pequeña niña de segundo los miró con algo de temor tendiéndole una nota a Hermione-De la Premio Anual Sanders.

Hermione observó con curiosidad el pergamino y después de leerlo no pudo hacer otra cosa que bufar desesperada. Harry se quitó los lentes y los limpió con su suéter tratando de parecer casual y preguntó:

-¿Y bien?-refiriéndose, por supuesto, a la historia del Baño de los Prefectos.

-Cambiaron la asignación de las rondas nocturnas por lo que pasó hace dos noches con ustedes. Me toca esta noche. Voy a mi cuarto a terminar unas cuantas cosas de Transformaciones. Luego seguimos hablando, Harry.

Se fue prontamente dejando a su amigo pelinegro con los bazos cruzados, menos información de la deseada, un ligero sabor amargo en la boca y la imagen de un beso entre ella y cierto Slytherin despreciable, cuyos detalles no hubiese querido conocer.

(…)

Hermione caminaba por los pasillos desiertos con la varita en alto y un Lumos conjurado. Estaba cansada y le había parecido el colmo que aunque Lucy Sanders sabía que era su cumpleaños, le hubiese asignado ronda ese mismo día. Por lo menos ya habían pasado las doce y pronto se podría ir a descansar. Pero lo que Hermione no tomó en cuenta es que las cosas raras veces salen como se les planea.

Dobló una esquina mientras distraídamente observaba los ventanales que mostraban el oscuro paisaje nocturno. No escuchó suaves pasos que le seguían desde una distancia bastante prudencial, el silencio era lo único llenaba sus oídos…y también la lección de Transformaciones del día siguiente que recitaba en voz baja.

Sucedió en un instante. En menos de lo que se tarda un parpadeo.

De repente se vio acorralada por alguien que con una mano le agarraba por las muñecas haciéndole soltar su varita y con la otra le cubrió la boca para evitar que gritara.

-Buenas noches, Granger.

Impotencia, rabia, dolor y, para que negarlo, un pequeño grado de excitación la llenaban en ese momento. No lograba entenderlo ¡¿Cómo es que Draco Malfoy tenía las agallas para aparecerse frente a ella después de lo que le había hecho esa tarde?! ¡¿Por qué simplemente no desaparecía de su vida?! Intentó gritar pero sus palabras la detuvieron.

-No creo que quieras que te lance un Silencio, creo que recuerdas cómo terminaron las cosas aquella vez…-esbozó media sonrisa. Disfrutaba de sobremanera teniendo el control, y esa no era la excepción. La dejó libre de su agarre y ella, mirándolo con tanto odio como podía, escupió:

-Piérdete, Malfoy. No sé si tu inteligencia subnormal no te permite procesar las siguientes palabras pero: ¡NO-TE-QUIERO-CERCA-DE-MI!-Hermione recogió su varita y arrancó en la dirección contraria a donde él se encontraba, fue entonces cuando sus sibilantes palabras llegaron hasta sus oídos haciéndola detener de repente:

-Dime, Granger: ¿Cómo te fue con Potter?-ella se giró y le dedicó una mirada de basilisco, el se alzó de hombros y comenzó a avanzar hacia ella. Lentamente, con cautela, como un predador que va tras su presa. Ella le señaló con su dedo índice y se mofó en su cara.

-Eso es algo que no te importa, Malfoy. Los seres "superiores" como tú deben ocuparse de sus propios asuntos…como arreglar su mezcla genética de tal forma que cuando se casen con sus primas no nazcan monstruos de esa unión.-se giró nuevamente dispuesta a ignorarlo cuando sintió su aliento rozar su oreja derecha. No supo en qué momento la había alcanzado y se había acercado tanto:

-Suelen elogiar tu inteligencia…-sus palabras la dejaron fuera de base por lo que se giró a verlo, cosa que el aprovechó para arrinconarla en la pared sujetando sus brazos con los suyos-Pero al parecer la estupidez de Weasley y Potter es contagiosa.

-¡Suéltame, Malfoy!-exclamó desesperada-¡Todo es tu maldita culpa! ¡Por tu culpa me castigaron! ¡Por tu culpa soy el epicentro de todos los chisme de la escuela! ¡Por tu culpa Harry se enojó conmigo!

-Vas por buen camino…-murmuró él sin soltarla y poniendo los ojos en blanco-Por mi culpa pasaste noches inolvidables, por mi culpa te tocó mentir ayer a los profesores. Adelante, puedes seguir…

Hermione apretó los dientes con furia, mortificada al extremo por el cinismo de Malfoy. Odio su mirada desdeñosa y su sonrisa irónica, lo mataría tan pronto le diera la oportunidad.

-¡Por tu culpa y estúpida arrogancia tuvimos que limpiar el comedor! ¡Por tu culpa Harry se enojó conmigo!

-No.-chasqueó la lengua-Eso ya lo habías dicho.

-¡Malfoy! ¡Si no me hubieses ignorado en mi cumpleaños…!-exclamó mientras sus ojos comenzaban a llenarse de lágrimas antes de que se lo propusiera

-Ajá…

-¡Si no me hubieses insultado de esa forma…! ¡¿Es que acaso eres un maldito bipolar?!

-Ajá…

-¡Si no me hubieses tratado peor que un trapo sucio tal vez no pensara en este momento que eres una rata asquerosa que jugó conmigo y que no merece nada además de una muerte lenta y dolorosa!

-Ajá…

-¡¿Y por qué no dices nada más?! ¡¿Qué rayos quieres?! ¡Por Merlín! ¡¿Qué pretendes manteniéndome en este pasillo?!

-Eres una tonta, Granger…-susurró él moviendo la cabeza decepcionado-Quiero que me digas que pasó después que te insulté. Pensé que lo descubrirías sola pero veo que fue imposible.

-Suéltame…-sollozó Hermione abatida.

-Quiero que me digas que pasó después que discutimos en el Vestíbulo.-eso fue una orden, una orden que nadie osaría a desobedecer. Hermione miró a sus ojos grises y fríos y exclamó presa de la furia:

-¡Si no hubiese sido por Harry, me habría deshidratando llorando en ese maldito lugar!

-Ajá…-acercó su rostro más a ella que trató inútilmente de apartarse. Él resopló desesperado y le dijo mientras sus bocas estaban separadas por una distancia bastante imprudente-Creo que tendré que explicártelo a lo muggle: Aparentemente el Dragón se quería comer a la Princesa, pero a falta de otra persona, el Príncipe, que ya no quería a la Princesa, llegó a rescatarla con su brillante armadura…-hizo una mueca de asco y observó como los ojos de Hermione dejaban de derramar lágrimas para comenzar a abrirse, por lo que se permitió esbozar media sonrisa-Después de rescatarla, se quisieron otra vez, hicieron las paces y vivieron felices para siempre…-Hermione acababa de entenderlo todo, y, por Merlín, que nunca se esperó algo así, trató de hablar pero le fue imposible. Lo había hecho por ella. Malfoy lo había hecho todo por ella-Lo que no sabía el Príncipe, era que el Dragón hacia mucho que se había comido a esa Princesa…

Esbozó una de sus clásicas sonrisas Malfoy. Y aun que en otras circunstancias, Hermione lo habría golpeado por semejante comentario ahora no podía sino tratar de respirar mientras se le pasaba la impresión.

-Tú…tú…-comenzó sin poder terminar la frase.

-Feliz cumpleaños, Granger.-eso fue lo último que dijo antes de comenzar a besarla como si no necesitara nada más para vivir. Fue un beso fuerte, apasionado y arriesgado como todo lo de ellos; Hermione no había terminado de entreabrir sus labios cuando él ya exploraba con su lengua esa boca que era única y exclusivamente de su propiedad.

Hermione no tenía absolutamente nada que decir, o siquiera que pensar. Era el mejor regalo de cumpleaños que le habían dado en su vida: Draco Malfoy le había regalado la amistad de Harry Potter y eso era algo que ni en sus sueños más raros pudo haber imaginado.

Sin embargo, ahora sólo podía sentir. Sentir como acariciaba su boca y mordía su labio inferior suavemente, sentir como sus manos comenzaban a deslizarse hasta su cuerpo y comenzaban a recorrerlo, sentir como sus cuerpo se unían mas y mas queriendo fusionarse con el muro de piedra fría.

Sólo podía sentir.

No recordaba sus palabras de la tarde, o más bien, ya les hallaba una justificación y no le molestaban tanto. No le importaba rendirse ante el placer que le provocaba sentir sus manos quemándole bajo su blusa, ni tampoco el estar en medio de un pasillo cualquiera desabrochándole el pantalón mientras sus corazones comenzaban a latir a millón.

Nada de eso era importante.

Para Draco, mientras tanto, sabía que con suerte las cosas terminarían como lo estaban haciendo, sabía que no habría mejor cosa que darle a Hermione lo que más quería en ese momento; y ahora disfrutaba su buena elección.

Quería tenerla para él, única y exclusivamente para él. Marcaría cada pedazo de su cuerpo con sus besos, lo recorrería completo con sus caricias y si era necesario tatuaría el nombre Draco Malfoy en cada rincón de su anatomía para que nunca olvidara que era suya, y que lo seguiría siendo mientras él así lo quisiese.

Y por lo que estuvo pensando mientras la seguía en silencio, faltaba mucho para que siquiera contemplara cambiar de opinión.

Hermione dejó salir un gemido ahogado cuando sintió sus manos bajo su falda. Por Merlín y Morgana…No quería por nada del mundo que se detuviese. Se dejó llevar al sentir sus labios recorriendo su cuello y el suave camino que su lengua trazó por su clavícula, mientras sus manos después de desabrochar su falda se dirigieron hasta su pecho por debajo de su blusa.

No podía aguantarlo. Todo era maravilloso. Él era maravilloso. Suspiró una vez más de placer. Deseaba con todo su corazón que no acabara nunca, deseaba poder compartir mucho, mucho tiempo con Malfoy. Sin darse cuenta, la coleta dorada que llevaba en el cabello comenzó a brillar misteriosamente…

Pero Hermione olvidaba que nada puede ser maravilloso. Muchísimo menos en Hogwarts.

Escucharon un leve murmullo y luego una maldición a viva voz. No podía ser.

Hermione y Draco se giraron espantados a quienes les acababan de descubrir y antes de que sus cerebros pudiesen idear algo vieron un par de figuras perplejas.

Sí.

Ese par de figuras perplejas.

Harry Potter y Ron Weasley observaban petrificados a su amiga enrollada en los brazos del Hurón Botador Malfoy. De la mano de Ron se sostenía una capa de invisibilidad y de la de Harry un pergamino viejo que era mucho más valioso de lo que parecía a simple vista: El Mapa del Merodeador.

-Chicos…-Hermione trató de acercarse pero ellos retrocedieron mirándola como si no la reconocieran. Se habían preocupado porque pasaba la medianoche y no llegaba, decidieron tomar el Mapa y se espantaron al ver que Malfoy se acercaba, corrieron para salvarla de su peligrosa cercanía y faltó poco para que murieran al ver lo que vieron.

Se dieron media vuelta y se fueron rápidamente sin mencionar palabra. No podían hacerlo, porque aunque Ron estuvo a punto de gritar e intentar acercarse a Malfoy para despedazarlo, Harry le tomó por el brazo y le impidió hacer cualquier cosa.

Hermione tenía las palabras atoradas en la garganta y las lágrimas en los ojos. Intentó seguirlos pero el agarre de la mano de Malfoy la detuvo. Ella lo miró a punto de descargar toda su furia con él, hubiese preferido de mil amores que sus amigos hubiesen armado un escándalo a que se fueran en medio de tanta paz y silencio.

-¡Todo es tu maldita culpa! ¡Ya lo había dicho!-exclamó con rabia. Él la miró alzando una ceja listo a responder cuando escucharon una voz rasposa:

-¿Los hueles, señora Norris?-se quedaron mudos de repente-Hay estudiantes fuera de la cama…Vamos a encontrarlos.

Sin recordar en ese momento que eran prefectos y que no tenían porque esconderse (Salvo por sus obvias y vergonzosas fachas). Corrieron hasta un armario lleno de escobas y traperos y prácticamente abrazados escucharon como Filch se alejaba hacia el otro lado.

-Esta es tu oportunidad para retractarte, Granger.-susurró Malfoy arrastrando las palabras.

-No lo voy a hacer.-dijo ella decidida y tratando de salir del estrecho lugar. Draco la tomó fuertemente por la muñeca e hizo que se girara hacia él.

-Dilo, Granger.-sentenció amenazante, no estaba dispuesto a que ella lo culpara de todo. La miró fríamente y observó cómo Hermione apretó la mandíbula antes de zafarse de su agarre y salir del lugar abriendo la puerta de un golpe.

-¿Sabes?-exclamó a punto de estallar-¡No me voy a retractar! ¡Tú tienes la culpa de todo!-ante la rabia creciente en la cara de Draco gritó a todo lo que dieron sus pulmones-¡Desearía que nada de esto hubiese pasado jamás!

Esas fueron las palabras mágicas.

Porque antes de siquiera saber que pasó, Hermione y Draco sintieron que los halaron fuertemente por lo pies, estirándolos hasta dejarlos como espagueti mientras un brillo dorado que a Draco le pareció que venía de la cabeza de Hermione, los encandilaba con una luz fuerte y dorada.

Cayeron sentados con un duro golpe en seco, sobre la misma piedra fría del pasillo donde se encontraban hasta hacía un momento.

Confusión.

Y un sol brillante que los descrestó por completo.

-¿Dónde mierda estamos?-fue todo lo que pudo decir Draco mientras se ponía de pie.

Hermione miró a su alrededor tratando de ubicarse mientras se arreglaba un poco el uniforme y Draco la imitaba. Estaban en el colegio, o al menos eso parecía. Escuchó el rumor de voces que se acercaban por lo que empujó a su compañero de aventura (aunque en ese momento no lo sabía) hasta detrás de un tapiz y escuchó lo que decían algunas chicas:

-Mañana es la selección de los nuevos jugadores para el equipo de Hufflepuff.

-¡No podemos perdernos eso!

-¡Ah! ¡Los chicos más lindos de esa casa estarán ahí!

-¡Sí! ¡Pero también los capitanes de las otras casas!

-¡Potter!

-¡Malfoy!

-¡Aghh! ¡Y Chang!-las risas estruendosas de las chicas se alejaron por el pasillo, mientras frente a frente Hermione y Draco se observaban con los ojos desorbitados y sin entender nada.

¿No se suponía acaso que las pruebas de Hufflepuff habían sido el sábado pasado?

¿Por qué esas chicas hablaban de eso?

¿Por qué tenían la ligera sospecha que estaban en el lugar equivocado? Y aun peor: ¿En el momento equivocado?

Salieron lentamente de detrás del tapiz sin decirse una palabra, pero si sus sospechas eran ciertas sabían el lugar al que debían dirigirse: El Gran Salón.


Estoy cansada, es casi la 1 a.m. y tengo sueño. Espero que les haya gustado y que quieran conocer que fue lo que hizo la coleta barata que le regalaron a Hermione (nada bueno se puede esperar de Corazón de Bruja)

Les mando un beso gigante y el adelanto que esta "Saga de la coleta", que viene despues de la "Saga del Olor" XD es batante corta, dos o tres capítulos...o eso espero.

Chao a todas

Londony

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