Y al final he vuelto. Lo prometido es deuda, así que les traigo el último capítulo. Me quedó bastante extenso, demasiado diría yo. Tenía tres alternativas.

1. Cortarlo por la mitad... resultado quedaría raro.

2. Sacar algunas partes, reeditarlo.... Mmm me pareció que tampoco era muy buena idea.

3. Y por último... lo que ven, un completo capítulo de muchas paginas.

Para evitar problemas a la vista, leen con pausas, remojen sus ojos en agua y duerman un siesta. Luego pueden continuar leyendo.

Dichas las advertencias, ahora pueden comenzar con la lectura.


20. ALMAS GEMELAS

Las aguas turbulentas succionaron a la pareja con la ferocidad de un escalofriante tornado. Ryoma se aferró a Sakuno con la fuerza que se requería para salvar su propia vida, en este caso por ambos. Verse en una situación tan problemática era algo que desearía nunca haber tenido que vivir. Comportarse como un héroe sacado de película romántica que lucha contra el mundo por su amada, no es precisamente el papel que hubiese querido interpretar si su sueño hubiese sido ser actor.

Podría haber continuado pensado en lo desagradable del asunto, pero la presión del agua estaba socavando con los últimos grados de energía. Solo por una fracción de segundo pensó que morir no sería un hecho tan desagradable, sino fuera por la presencia de Sakuno que atravesaba cada partícula de su cuerpo, quizás hubiese cedido a la tentación.

Fuerzas de flaqueza… así era como había escuchado decir a unas cuantas personas cuando los problemas superaban sus fuerzas. Nunca pensó que tendría que hacer uso de ellas.

Ryoma hizo un esfuerzo monumental de abrir sus párpados en busca de una salida. El agua era suficientemente cristalina como para permitirle ver con claridad. Giro la cabeza todo lo que pudo de un lado a otro y nada de lo que conseguía distinguir le ayudaba en algo. Hasta que a unos metros de su lado derecho notó como se esbozaba una sombra más intensa que las profundas aguas.

La turbulencia pareció calmarse un poco, lo justo para permitirle tomar el control de sus miembros. Ryoma se centró en la sombra que tomaba la figura de una mujer, al menos eso le pareció, ésta permanecía quieta y solo lo observaba. En esos momentos Ryoma se percató que podía respirar y al focalizar a esa presencia, ésta le hizo señas que lo siguiera.

Su habitual escepticismo le hizo dudar unos minutos, pero la presión succionadora del agua lo volvieron a la realidad, no era momento de cuestionarse las opciones.

La sombra de aspecto femenino le indicó un punto tras ella. Ryoma consiguió nadar hacia esa señal que a cada pataleo se formaba un orificio de luz… Esperanza… una palabra que creyó no era necesaria conservar.

"Nunca la sueltes" – la misma voz que al principio retumbó en su cabeza – "Jamás te apartes de ella"

La luz se expandió de golpe y cegó los ojos de Ryoma. De súbito la claridad apareció ante ellos y las aguas dejaron de agitarse. Con el último gramo de energía consiguieron salir a la superficie. Pasaron varios minutos antes que Ryoma pudiera recuperar la conciencia, solo permanecían abrazados casi inertes sobre un arenoso suelo.

La calma era tan palpable que Ryoma se vio obligado a reaccionar. Estaban en otro de esos parajes de fantasía. Arenas tan blanca como la nieve invernal, pero suaves como un manto de seda. Las aguas eran turquesas y apacibles al igual que un pequeño estanque. Un penetrante cielo azul cubría sus cabezas y limpio aire alimentaba sus pulmones. La pureza del paisaje no era contaminada por ningún tipo de vegetación, era todo casi blanco y azul.

Tal vez, aquel paisaje esplendoroso no era más que la entrada al codiciado paraíso. De ser así, ambos habían muerto bajo las turbulentas aguas negras. Se enderezó sin apartar a Sakuno de sus brazos. Al sentarse con las piernas cruzadas, posó a Sakuno entre sus piernas acunando su cuerpo todavía inconsciente.

Sus ojos ámbar escrutaron la escena en busca de respuestas. Frente a sus pies la arena tomó un color más oscuro, de un tono cobrizo, para formar un camino estrecho hacia la infinidad de las arenas blanquecinas. Justo frente a ellos, unos cuantos metros más allá, apareció una especie de umbral.

Tenía la figura de un gran arco de piedra pulida, del tamaño justo para que atravesara una persona de pie. Entre sus columnas se enrollaba una enredadera verdosa con flores rojas, otorgándole el mismo aspecto que tendría una puerta en un castillo embrujado. Algo tétrico si se consideraba la serenidad de las blancas arenas.

Sakuno se removió entre sus piernas volviendo a capturar toda su atención. Sin poder explicarse muy bien la razón, Ryoma sintió que los nervios recorrían sus venas y hasta tragó un tanto por las dudas… ¿Qué rayos le pasaba?... percibía como los músculos se le tensaba a la espera de que ella lo mirara… y si… no lo recordaba.

Un suave suspiro salió de Sakuno, para luego con gradual movimiento fue abriendo sus delicados párpados. Se removió inquieta por un momento y Ryoma contuvo la respiración. Un segundo más tarde, ella permitió a Ryoma perderse en su mirada de rojo carmesí, arrebatándole la capacidad del habla y el aire de sus pulmones.

Un eterno momento transcurrió cuando sus miradas quedaron conectadas en lo profundo de sus almas. Ryoma logró ver que la oscuridad ya no parecía formar parte de ella, eso le permitió respirar un tanto. Hasta que súbitamente ella sonrió radiante y le atravesó el corazón como si fuera un puñal.

-R-ryoma-kun – expandió aun más la sonrisa y sus orbes de rubíes brillaron con intensidad – viniste por mí.

Él solo consiguió asentir con bastante dificultad. Sakuno lo observó curiosa, ladeo un tanto su cabeza y Ryoma se preguntó si no estaba provocándolo al exponer su cuello de manera tan tentadora. Sus únicos pensamientos en ese instante eran devorar esa nívea piel de porcelana… Respira, se dijo un par de veces al notarse retener el aire.

El ataque a sus sentidos prosiguió con sutileza. Aquellas manos que le causaban escalofríos se alzaron para acariciar sus mejillas, su pulso comenzó a palpitar expectante y su corazón pareció prepararse para un gran salto. Ella rozó sus finos dedos en los labios masculinos y el golpe de deseo que lo atravesó como un relámpago casi lo hizo jadear. En aquel lugar sus sentidos estaban en extremo sensibilizados.

Necesitaba calmarse o… terminaría comportándose como un animal salvaje que engulle a su presa sin consideración. Pero Sakuno no le facilitó el camino, con suave desplante se enderezó hasta quedar con sus rostros enfrentados. Sonrió algo avergonzada y luego se mordió el labio inquieta. Antes que Ryoma lograra recuperar el aliento, ella acercó los labios de Merlot a su boca sedienta.

Ser atravesado por una corriente de mil voltios no era ni cerca lo que había sentido ante ese inocente contacto. Ryoma la apresó entre sus brazos con fuerza y la devoró con la necesidad de un desamparado. Saqueó la boca de Sakuno con sensualidad, hambre y destreza. Se embriagó con esos deliciosos labios y olvidó sus temores de perderla.

Toda su concentración estaba en adentrarse en el paraíso que Sakuno le ofrecía. Amarla hasta que la sensatez fuera un mero recuerdo. Por largos minutos solo la besó, succionando sus labios, lamiendo toda la esencia de su boca y arrancando suspiros cada vez más eróticos que encendían su sangre y despertaban sus instintos más oscuros.

La tendió en aquella cálida arena con suavidad, la miró a los ojos esperando el rechazo. Sakuno, con sus mejillas arreboladas por la pasión, lo atrajo hacia su cuerpo ansioso de tenerlo. Ryoma saboreando esos labios henchidos, inició su recorrido por las acaloradas mejillas hasta la curvatura del cuello. Una de sus manos se deslizaba silenciosa por el costado derecho de Sakuno, palpó ligeramente la curva de su seno que se erizó rápidamente.

Una fuerte ventolera enfrió el aire que los rodeaba. Ambos se enderezaron y notaron como una sombra caminaba por el sendero de arena cobriza. Ryoma reconoció aquella esencia que lo había guiado hacia la luz.

-Tenemos que irnos – anunció con la voz enronquecida. Aunque hubiese deseado continuar con esas enloquecedoras caricias, su instinto le alertó que la hora en el paraíso había terminado.

-¿Ya? – una queja que hizo reír a Ryoma.

Se pusieron en pie y tomados de la mano emprendieron el viaje. Solo que Sakuno no alcanzó a caminar más de un par de metros cuando la fatiga arremetió contra ella.

-E-estoy… cansada – logró emitir antes de perder la conciencia.

Ryoma la tomó entre sus brazos. Era normal que estuviera exhausta después de todo lo que había ocurrido. Él mismo se sentía como si hubiese estado corriendo una maratón por días. Pensar que Sakuno llevaba días perdida en la oscuridad, era comprensible que el cansancio fuera aún mayor que el suyo.

El único problema de este inconveniente, era que hubiese querido consumar su relación en este lugar tan idílico y con las sensaciones multiplicadas por mil. Pero siendo sincero consigo mismo quizás no habría logrado llegar al final, si apenas y conseguía no quedarse dormido del cansancio.

La salida se presentaba dispuesta unos metros hacia el frente. Con Sakuno, firmemente sujetada en sus brazos, se encaminó por el sendero de arena cobriza para alcanzar el umbral de piedra. La brisa seguía siendo refrescante y la esperanza bailoteaba entre ellos. A pocos pasos de llegar el aire se torno algo denso, preocupante y frío.

-¿A dónde vas? – un tono carrasposo surgió tras las columnas del umbral.

Se detuvieron en seco y Ryoma agudizó sus sentidos. Una presencia espectral se dejó asomar tras las piedras, tenía un largo velo traslucido que cubría toda su persona desde la cabeza hasta los pies, parecía flotar en el aire y no podía definir qué o quién era. Una luz fulgente la atravesaba desde sus espaldas generando una extensa sombra ante ellos, un aspecto etéreo que afirmaba su esencia espiritual.

-¿A dónde vas? – volvió a repetir la figura.

-Cruzaremos aquella entrada – Ryoma se tragó la ironía suponiendo que eso podría ser un inconveniente.

-Puedes – la figura espiritual se apartó del camino y le hizo señas para que avanzara.

Cauteloso, avanzó aferrando con firmeza a Sakuno. Aunque no sentía ninguna especie de aura maligna de esa esencia, no se atrevía a bajar la guardia. Caminó solo unos pasos hasta quedar casi en frente de la puerta, cuando la voz carrasposa lo interrumpió.

-Sólo una única alma puede atravesar este portal – le advirtió con tono neutral.

-Vamos juntos – señaló a Sakuno que permanecía ausente de todo.

-Sólo uno puede pasar – rectificó sin cambiar el tono sereno – si dos pasan, una se pierde en la oscuridad.

Otra complicación más para añadir a la lista de desdichas. Ryoma se quedó de pie observando el portal, luego a Sakuno y por último a la esencia espectral.

-¿Dónde hay otra entrada? – hizo un esfuerzo para que su voz pareciera lo más humilde que pudiera sonar viniendo de él, lo único que tenía claro no debía hacer era molestar a la única ayuda disponible.

-Solo un alma puede cruzar el portal. La otra deberá volver a las aguas.

Ryoma se tragó una blasfemia al comprender esas palabras y notar como las aguas tras él se volvieron grises. En palabras sencillas, él o Sakuno se perderían en la oscuridad, pero no había opción para estar juntos…. Por supuesto que el paraíso no podía durar para siempre.

-¿Quién pasará?

Sakuno se removió inquieta en sus brazos. La observó por lo que fue solo un eterno suspiro. Luego alzó sus ojos para enfrentar a la esencia espectral y caminó hacia el umbral con paso decidido. Aquella etérea figura se puso frente a él y extendió sus brazos para recibir al alma que cruzaría la puerta.

-Has decidido que ella pasará – comentó esperando tomar a Sakuno en sus brazos.

La duda cruzó sus ojos y volvió a enfocarse en Sakuno, esto de seguro era una despedida. Tenía que dejarla ir, después de todo no había recorrido todo este camino para terminar con las manos vacías. Besó la frente de Sakuno, luego sus labios todavía henchidos por sus besos, susurró un par de palabras en su oreja para dejar ir lo más amaba en el mundo.

-Ya es tiempo – lo apremió la esencia.

En el instante de aflojar un poco sus brazos para soltar a Sakuno algo lo detuvo. Parpadeó, tuvo un leve temblor que recorrió todo su cuerpo. La sombra que antes lo había guiado se vislumbró cerca de ellos y con rapidez increíble las palabras oídas volvieron a su memoria.

"Nunca la sueltes"…. "Jamás nuca la sueltes"

Aquella frase retumbó como un eco dentro de una cueva, golpeó sus sentidos igual que lo haría una lluvia de dagas ardientes. Las ideas confluyeron cual remolino de agua hacia las profundidades de su memoria.

"Ella es tuya, así como tú eres de ella"…

"Tú me perteneces, así como yo te pertenezco"…

"Te reconozco… tú eres mía"

Ryoma volvió a tomar a Sakuno con firmeza. Todas esas frases se habían transformado en parte de su vida y a estas alturas ya era imposible negarlas, ni siquiera podía engañarse a sí mismo. Respiró con profundidad para enfatizar.

-Ambos cruzamos – su tono era irrefutablemente decidido y sus ojos mostraban que no aceptarían una negativa.

-Solo un alma puede cruzar – el mismo tono monocorde de siempre.

Luego de comprender que su existencia estaba ligada por completo a ella, dejarla partir era un acto francamente irrealizable. Sabía cómo se sentiría Sakuno una vez que despertara y supiera que él se había sacrificado por ella. Jamás se perdonaría que él se hubiese introducido en los confines de la oscuridad solo para que ella viviera en la luz.

¿Cómo se sentiría él mismo si dejara a Sakuno aquí?

Aunque a él poco le importaba su alma, no podía decir lo mismo con respecto a ella. Asimismo, no era verdad que ella había caído en el infierno porque ya no estaban juntos. Si lo que decía era cierto, sus almas se habían reconocido y por lo mismo Sakuno consiguió ver la luz.

Era inevitable, su vida dejó de pertenecerle el mismo día en que sus vidas se encontraron, solo que él había sido demasiado arrogante como para aceptar el simple hecho de que cuando la vio el mundo pareció girar al revés.

Quiso ignorar todos los llamados de su alma.

Quiso imaginar que alucinaba con cosas fantásticas.

Quiso hacer lo posible por no caer en las redes sentimentales de una relación.

La vida se rió de él con jocosa diversión.

Pero no había estado preparado para eso, en realidad, pensó que nunca estaría capacitado para ese tipo de asuntos. Y si lo analizaba en ese mismo instante, no se sentía apto para nada. Seguro que si su padre estuviera presente le diría que abandonara todo intento, él jamás sería el hombre adecuado para una mujer tan dócil y sincera como Sakuno.

Si aquello era una verdad, las advertencias habían llegado demasiado tarde. Porque desde ese momento hasta la eternidad no permitiría que nada ni nadie le arrebatara su mayor tesoro. Así como la luna necesita del sol para proyectar su reflejo, Ryoma necesita a Sakuno para no convertirse en una luna sin vida.

Entonces accedió a decir lo que nunca creyó posible.

-Nosotros somos uno… almas gemelas – afirmó tajante, sorprendido que realmente lo creyera así.

Esperaba que la esencia se conformara con eso, porque decir algo más específico era pedir demasiado. Y por mucho que amara a Sakuno, existían palabras que simplemente no podía decir en voz alta.

-Puedes afirmar aquello – preguntó la esencia. Él solo asintió.

Otros minutos más soportando el escrutinio de la esencia espectral. Era difícil estar de pie mientras lo miraba como intentando descifrar sus pensamientos.

-Pasa – dijo la figura – si crees que son una sola alma, podrás cruzar. Como te dije, solo un alma puede atravesar aquel portal. Si ustedes son almas gemelas el portal se abrirá y podrán ingresar juntos. Solo lo sabrás cuando despiertes, buena suerte.

La esencia desapareció. Ryoma sin dilatar más el asunto atravesó aquel portal de piedra. Una fuerza magnética los tragó con voracidad y cualquier cosa que hubiese ocurrido dentro dejó de ser primordial. Sin ningún control sobre lo que sucedía ni sobre sí mismo, la oscuridad se los devoró implacablemente.

Una dócil brisa salada bañaba su cuerpo. El sonido de las olas llegaba hasta sus oídos, era un tenue murmullo que tranquilizaba sus sentidos. El sol con calidez acariciaba su persona. A lo lejos el característico cantar de una bandada de aves marinas irrumpía su descansar. Sakuno sabía que debía abrir sus ojos, pero estar tan serena y cómoda sobre lo que percibió como suave arena, le parecía una desdicha.

Notó que el agua salpicaba sus pies y jugueteaba con sus dedos. Se vio obligada a despertar de la calidez del sueño. Sakuno una vez sentada, estiró los brazos sobre su cabeza para quitarse la somnolencia, bostezó sonoramente y abrió sus ojos a un mundo nuevo.

-¿Dónde estoy? – dijo pasmada.

Todo lo que había percibido antes no había sido un sueño ni nada parecido. Estaba sentada sobre arena blanca, frente a un mar azul turquesa y –miró a cada lado– absolutamente sola.

-Ryoma – su voz sonaba asustada y confusa.

Intentó hacer que sus pensamientos fluyeran en una sola corriente. Tenía que recordar que había pasado y cómo había llegado hasta ese lugar. Un solo hecho era lo que preocupaba a Sakuno. Si lo que había vivido con Ryoma había sido real o también un cruel sueño. Su corazón palpitó al pensar en él… ¿Una señal?... Suspiró y se dijo a sí misma que Ryoma había estado con ella, lo sentía en lo más profundo de su alma.

-Sakuno – el sonido de aquella voz la hizo temblar.

¡No puede ser!... todo su cuerpo se paralizó cuando las imágenes calzaban con esa voz. Era imposible, seguro se estaba volviendo demente.

-Sakuno, date vuelta – exigió otra vez.

La aludida negó con vehemencia, no tenía el valor para voltear y confirmar sus sospechas. Y si solo era una ilusión para atormentar su mente.

-Sakuno, no tengas miedo – una mano se posó sobre su hombro y no tuvo de otra que voltear ante la delicada presión.

Sus ojos empañados en lágrimas no le permitían ver con claridad lo que su corazón ya le había confirmado. Temblaba.

-¿No abrazas a tu abuela? – dijo la anciana con ternura.

Sakuno se lanzó contra la figura de su abuela y se aferró a ella con fuerza. El llanto se desparramó sobre sus níveas mejillas y toda la angustia salió a flote. Largos minutos pasaron antes que lograra calmar su alegría.

-Abuela, abuela – decía entre lloriqueos – me hacías tanta falta… no sabía qué hacer… quería que me aconsejaras… estaba tan sola… abuela…. Abuela.

-Calma, pequeña – le acarició los cabellos sueltos de caoba – ya estoy aquí.

-Ahora estaremos siempre juntas – emitió con alegría y se aferró a su abuela – tengo tantas cosas que decirte.

-Pequeña, no tenemos mucho tiempo – le alzó el rostro para que la viera a los ojos – Solo he venido un momento para poder despedirme.

-¿P-por qué? Si solo… – Sumire le tapó los labios para callarla.

-Pequeña, yo solo soy el alma de tu abuela. El cuerpo de ella hace mucho que ya no está en el mundo que tú conoces.

Era un hecho que Sakuno ya imaginaba. Pero al verla frente a ella, la esperanza de seguir a su lado se había avivado. Las lágrimas remitieron nuevamente.

-Basta ya de tanto llanto – la reprendió con dulzura – No pensarás malgastar el poco tiempo conmigo en llorar.

-L-lo siento – respondió avergonzada.

Charlaron un rato de cosas triviales. Sakuno emocionada trató de contarle como había llegado a Tokio del siglo XXI y todas las cosas nuevas que había conocido y aprendido. Hacia lo posible porque el tiempo se extendiera al máximo, pensaba que si continuaba con el parloteo incesante su abuela permanecería con ella siempre.

-Mi niña – la interrumpió su abuela - ¿Has encontrado lo que buscabas?

En respuesta Sakuno se ruborizó a más no poder. Dentro de todo lo hablado el nombre de Ryoma a penas fue dicho, no quería ser tan obvia con sus emociones y todavía era un hecho que la avergonzaba sobremanera.

-Ya veo que sí – sonrío alegre al ver a su nieta tan apenada – Imagino que debe ser un joven de lo más amable y divertido. Seguro es todo un caballero, atento y cariñoso contigo. Te mereces a un buen hombre, confío que él sea lo que siempre soñaste encontrar.

Sakuno meditó sobre las palabras de su abuela un momento. Sumire enumeraba cualidades perfectas para un hombre, pero ella no reconocía a Ryoma en ninguna de ellas. Por unos instantes dudó de su elección. Cuando recordaba sus sueños infantiles sobre el hombre perfecto… definitivamente Ryoma no encaja ni siquiera con sus sueños… ¿Importaba?

-Abuela – dijo en tono decidido – R-ryoma… no es nada de eso.

-¿No? – Sumire enarcó una ceja – Y qué características tiene. Espero que te trate con respeto y te ame como mereces.

-Ryoma es… - vaciló, era difícil expresar las cualidades de Ryoma sin mostrarlo como un completo desagradable – siempre se porta con arrogancia, parece que nunca se equivoca en nada, actúa con indiferencia hacia todo el mundo.

-Eso no parece bueno, Sakuno – la aludida siguió hablando como si no hubiese escuchado el comentario y como si ya no pudiera retener lo que creía.

-Es casi imposible sacarle más de una palabra en respuesta. Nunca sé lo que piensa y si le pregunto me ignora. A veces me gustaría golpearlo y gritarle para que me tome atención.

-Sakuno, segura que eso es lo que quieres.

-Pero… cada vez que estoy en problemas me ayuda. Cuando estoy triste cuida de mí. Me abraza como si fuera lo más importante del mundo y a veces me susurra palabras que no parecen ser de él. Me va a buscar al trabajo y me lleva a lugares que piensa me encantaran.

Los reclamos que había hecho al principio contrastaban con las palabras que Sakuno expresaba en esos instantes, sentimientos cargados de amor que sentía por ese hombre. Sus ojos brillaban con indudable emoción. Sumire comprendió que su nieta ya era toda una mujer. Había escogido sabiendo lo que tenía en frente. Aquel chico no era un desecho de virtudes, pero Sakuno lo sabía y lo aceptaba como tal.

-Me puedo ir tranquila – suspiró con pesar – ya veo que has encontrado a tu compañero y que lo amas mucho.

-Ya te vas – Sakuno se aferró a su abuela – no quiero que te vayas.

-Ya no estás solas. Tienes que dejarme ir y volver a donde perteneces.

-Pero… si necesito algo… si quiero un consejo.

-Lo has hecho perfectamente bien sin mi ayuda. Ya eres una mujer, puedes hacerlo tú sola. Además, me dijiste que tenías buenos amigos.

-No quiero que te vayas – lloriqueo sobre el pecho de su abuela.

-¿Te quedarás conmigo y abandonarás a ese chico?

Bruscamente, Sakuno se apartó de su abuela como si esta la hubiese golpeado con un mazo. Acababa de darse cuenta de la realidad. Por mucho que extrañara a su abuela y que deseara tenerla a su lado, era imposible que pudiera olvidarse de Ryoma y renunciar a él era como pedirle que dejara de respirar. Podía hacer cualquier cosa, pero no estar con el hombre que amaba más allá de su entendimiento, era una locura.

-Ya me imaginaba tu respuesta – Sumire acarició los cabellos de su nieta con ternura y quiso darle un consuelo – sé feliz… es lo único que quiero para ti.

-Lo soy, abuela.

-Un último consejo de tu abuela para ti – el tono se volvió serio – Nunca des las cosas por obvias. Ustedes se han encontrado porque estaban destinados a estar juntos, pero eso no significa que los problemas dejarán de existir. Ama a ese hombre cada día y oblígalo a que él te ame igual, hallaras la forma de que su amor siempre sea un dulce de azúcar. Aunque pases por momentos amargos y tristes, no olvides que las respuestas están dentro de ustedes mismos. Sus almas siempre estarán conectadas.

Sakuno intentó decir algo, quiso alargar ese momento que reconoció a despedida. Sus labios no se movieron y sus parpados se tornaron pesados. Las lágrimas resurgieron en un torrente de añoranza, se aferró a su abuela que le sonrió y acarició sus cabellos. Las últimas palabras de su abuela fueron "Sé feliz, mi querida nieta"

-Abue…. Abuel…. Abuela… no te…

-Sakuno, Sakuno, despierta.

-Abuela – dijo entre sollozos, mientras sentía que alguien la mecía con fuerza.

-¡Despierta!

-Ann…

-Al fin despiertas – abrió sus ojos para enfocarlos en su querida amiga – tenías una pesadilla.

-Mmmm – se removió un tanto confusa, miró a su alrededor - ¿Dónde estoy?

-Has vuelto – dijo con una sonrisa al sentir como su amiga ya no caminaba por los caminos de la oscuridad.

-Esto… este departamento – rodeada por un lujo que no le agradaba – es de Atobe-san.

-Sí.

-Entonces… - de repente le dieron escalofríos al recordar qué hacía allí y hace solo unos momentos Atobe la besaba – él… yo… dónde…

-Calma. Atobe hace mucho que se fue a Hong Kong y, no ha vuelto desde el viernes – le acercó un vaso de agua – dijo que podías quedarte en este departamento cuanto quisieres… sin ningún compromiso. Y si en algún momento quisieras algo que hablaras con su asistente.

-¿Viernes? – espetó sorprendida - ¿Q-qué día… es hoy?

-Martes – afirmó Ann – Has estado durmiendo desde ese día.

Sakuno no supo si sentir alivio o miedo. Recordaba vagamente la última semana, los acercamientos de Atobe y sus claras intenciones de conquistarla. Era difícil aceptar que ella no había hecho nada por impedirlo, se asombró al darse cuenta que quizás solo lo habría aceptado.

De súbito un pensamiento la colmó de terror. El viernes en la noche Atobe había venido a cenar, se acordaba de sus sutiles palabras de cariño, sus caricias insinuantes y… ¡Santo cielos! Él la había besado como si fueran amantes…

-Atobe se dio cuenta que nunca podrás ser la mujer que él necesita. Dijo que un hombre sabe cuando retirarse – Ann comentó aquello sin saber que Sakuno necesitaba con urgencia esa respuesta.

Con un inmenso alivio, se recostó sobre las mullidas almohadas blancas. No le gustaba ese lugar, todo era blanco y negro, tan frío que nunca le hicieron sentirse a gusto. A pesar que Atobe le había dicho que podía efectuar cualquier cambio que deseara, nada en ella despertaba un interés por la decoración. Tenía la sensación de que solo tenía que sobrevivir, así que bastaba con respirar, alimentarse y dormir.

Era eso lo que había estado haciendo los últimos días… sobreviviendo… a la espera que su cuerpo terminara el ciclo en este mundo y luego su alma siguiera vagando por alguna parte.

-No me gusta este lugar – anunció cuando comprendió que su vida ya no pertenecía allí.

-Bien. Tomoka aún arrienda su departamento.

Es verdad, se supone que ese era el lugar que debió escoger para vivir. Todavía tenía las ideas confusas y lo que había sucedido en ese tiempo estaba cubierto por una densa niebla. Miró hacia la ventana, la oscuridad asomaba firme sobre la ciudad. La ausencia de luz le causó un estremecimiento y barrió con su mente, solo un nombre quedó grabado a fuego.

-¡Ryoma! – gritó de súbito y se puso en pie - tengo que hablar con él.

-¡Ah! ¿Ahora? – Ann se había puesto en pie y seguía con la mirada a Sakuno que estaba vistiéndose con lo que halló sobre una silla.

-Sí. Tengo que hablar con él – estaba convencida que ir a su lado le daría las respuestas que martillaban su cabeza.

-Bien. Pero será mejor que vayas mañana. ¿Has visto la hora? Son las dos de la mañana.

Sakuno confirmó la hora en un distinguido reloj de cubierta negra que marcaba exactamente las dos con cuatro minutos. Luego continuó poniéndose sus botas negras ignorando por entero aquella advertencia. Qué podía importarle a ella la hora, quería ver a Ryoma… ahora. Era una urgencia más allá de lo comprensible y racional. Sentía que tenía que conectarse con él ¡YA! Algo así como sellar un acuerdo diplomático entre dos países en conflicto con el único propósito de impedir la inminente guerra.

-Lo veré ahora. No te preocupes, estaré bien.

-No lo creo – dijo al imaginar a Sakuno caminando por las desoladas calles de Tokio en plena madrugada – Deberías esperar un poco, al menos hasta que salga el sol.

-Nos vemos más tarde – se colocó el abrigo sin tomar en cuenta los reclamos de Ann.

Ann emitió un bufido de cansancio. Aunque en el fondo podía entender el acuciante deseo de Sakuno por encontrarse con Ryoma. Sus almas debían haber entrado en contacto a un nivel espiritual, pero mientras sus cuerpos siguieran ignorantes a ese momento crucial un vacío urgente por llenar existiría dentro de ellos, solo que inconscientemente.

-¡Espera! – la llamó justo cuando Sakuno se colocaba un grueso abrigo marrón – Llamaré a Momo para que nos recoja.

-No es necesario, conozco el camino – Ann ni siquiera intentó discutir aquello, Sakuno solo tenía un objetivo en mente y nada la detendría para conseguirlo.

-Ya viene. Estará aquí en cinco minutos – realmente esperaba que Momo no tardará más de eso, porque detener a Sakuno ahora era equivalente a querer parar una demoledora con una mano.

-Está bien. Cinco minutos – y se sentó a esperar sin apartar la vista del reloj que colgaba en la pared.

No era la primera vez que un dolor de cabeza fastidiaba su dormir. Pero en esta ocasión el martirio se estaba haciendo insoportable. Sentir que tu cerebro se expande e intenta abrirse paso a través de tu cráneo, no era precisamente una sensación delicada. Y por si fuera poco, el mero hecho de querer abrir los ojos lo estaba matando.

¡Demonios! Ni siquiera recordaba haberse ido de fiesta como para estar en ese estado. Aun así maldijo a Momoshiro por su desgracia, si él amanecía en estado deplorable siempre era culpa de Momoshiro.

El maullido de un felino fue una punzada aguda al centro de su sistema nervioso. Consiguió que sus ojos focalizaran al Karupin que con dos bolitas negras brillantes lo observaba en la oscuridad.

-Miauuuu…. Miauuu…

¡Calla! Quiso gritar, pero se retuvo al considerar el daño a sus sentidos por ese sonido. Se sentó, algo confuso y fatigado. Su cuarto igual que siempre. La noche todavía seguía reinando en la ciudad, miró la hora… ¡Perfecto! Faltaban al menos cinco horas para levantarse…. Un pálpito extraño retumbó en su pecho.

"Sakuno" – sus ideas comenzaron a hilvanarse en una misma tela.

Se paró de un salto y buscó en todo el cuarto. El lugar seguía exactamente igual de cuando Sakuno se hubo marchado.

Un azote de información cayó sobre sus erráticos pensamientos. La realidad comenzó a cobrar vida a medida que las imágenes pasaban por su cabeza como en cámara rápida. Oscuridad. Soledad. Portal. Collar. Búsqueda. Lucha. Sakuno.

Encendió una luz para hallar su ropa, era urgente encontrarse con Sakuno en ese momento. Tenía que verla y asegurarse que todo marchaba correcto. En veloces movimientos se encajó unos jeans grises y una camiseta de la compañía. Mientras se ajustaba los zapatos deportivos, la puerta del cuarto se abrió.

-Así que has despertado – Fuji con una sonrisa satisfecha se adentró en su cuarto.

-Mmm – sin siquiera preguntarse qué hacía ese sujeto por ahí, a veces era mejor no preguntar nada.

-¿A dónde vas? – decía al tiempo que le jalaba las orejas a Karupin.

Ryoma se paró, se colocó la chaqueta negra y se apresuró a irse. Fuji divertido fue tras él, sabía que su presencia incomodaba a Ryoma y eso continuaba siendo entretenido.

-Es tarde – apuntó al reloj que venía adosado al microondas.

Alzó los hombros en señal de "y mi qué me importa". Y siendo realista era la pura y santa verdad. A Ryoma poco le podía afectar si eran la dos de la tarde o de la mañana, él quería encontrarse con Sakuno y eso era precisamente lo que haría. Si afuera el mundo se molestaba por eso… pues bueno, que se fueran al infierno todos juntos si con eso se sentían a gusto.

-Echizen, no sería mejor esperar un par de horas – Fuji solo lo decía para fastidiarlo, porque comprendía a la perfección aquel sentimiento insatisfecho. Para Ryoma existía una necesidad más allá de lo racional que lo impulsaba a unirse con Sakuno.

-¿Por qué sigues acá? – haciendo clara referencia a su departamento.

-Un gracias vendría bien – se burló Fuji.

Estuvo a punto de lanzar una palabrota cuando la puerta se abrió.

Cuando el hecho más trascendental de su vida se cruzó fugazmente ante tus ojos, la única reacción factible fue quedarse embelesado con ella.

Ryoma observó a Sakuno entrar con nerviosismo, aún con su rostro inclinado por la vergüenza o tal vez el miedo de enfrentarlo. Todas sus emociones subieron a la cúspide de un gran acantilado y luego se alistaron para lanzarse al vacío.

-Ryoma – primer estruendo dentro de su pecho, sus emociones cayeron en picada hacia el paraíso que había en ella.

-Sakuno – el brilló se intensificó en las mejillas níveas de ella, dejando asomar una radiante sonrisa de primavera.

Ambos se conectaron en lo que fue una eternidad. El trato había sido pactado y ahora estaba irremediablemente sellado. Sus almas se reflejaron por completo en los ojos del otro y quedaron grabadas a perpetuidad en sus corazones. El mundo podría caerse a su alrededor, las oscuras almas podrían querer separarlos, pero nada ni nadie podría llegar a destruir lo indestructible.

Los demás espectadores asumieron que el show había concluido, que los actores principales comenzarían su propia obra en privado y que todo lo demás carecía de importancia.

Una vez la puerta fue cerrada el aire adquirió una electrizante sensación. Ninguno dio un paso adelante, ambos solo se miraran hipnotizados por lo que veían. Sus almas danzaban un ritual antiguo de unión imperecedera entre dos esencia que se complementaban a la perfección.

Ryoma percibió que su sangre comenzaba a bullir peligrosamente a temperaturas inmanejables, que su cuerpo adquiría la dureza de la piedra fosilizada y sus sentidos estaban al máximo de su control. Caminó seguro hacia su mujer, sus ojos no se apartaron de ella en ningún instante. Necesitaba calmarse un poco o se lanzaría sobre ella como animal salvaje. No quería asustarla, pero estaba al borde de olvidar sus reticencias.

Cuando deslizó una de sus manos en esas rojizas mejillas, supo que contenerse sería una tarea más que imposible. Y el suspiro deseoso de Sakuno solo sirvió para confirmar sus dudas. Ryoma ardió en el acto, este sería un encuentro que de inocente y dulce tendría poco o más bien nada… calma, respira… se repitió antes de engullir a su presa.

Sakuno emitió un ronco gemido al sentir los labios de Ryoma sobre su frente. Su cuerpo estaba altamente sensibilizado y cada aproximación la hacía temblar. Al observar esos ojos ámbar, que ardían ferozmente, no pudo evitar sentir como sus piernas perdían consistencia. Los brazos de Ryoma la sostuvieron con posesión y con la urgencia de un sediento capturó sus labios en un apremiante beso.

Los labios de Merlot fueron degustados con la pericia de un enólogo profesional. El néctar de su boca fue absorbido con exquisita destreza. Sakuno gimió ansiosa por ser devorada por esos labios que arremetieron, invadieron y saquearon su boca hasta dejarla lánguida entre sus brazos. Su cuerpo deliciosamente débil se aferró a Ryoma como tenazas que se arraigan al hierro incandescente.

Sakuno sintió como su cuerpo se desprendía del suelo con violencia y raudamente colocada sobre el mesón divisor de la cocina. La fría cubierta la hizo darse cuenta de la elevada temperatura de su cuerpo. La excitación estaba en el aire, denso, candente y sofocante por la pasión. Ryoma abandonó sus labios –sin despegarse de su cuerpo- para marcar un camino húmedo de besos desde el lóbulo de su oreja izquierda, hasta ir descendiendo por la largura de su cuello y terminar justo en el naciente de sus pechos.

Al notarla arquearse para ofrecer esas cumbres de placer, él retrocedió para iniciar el ascenso hacia sus labios. Sakuno sabía que solo quería enloquecerla… es que acaso no se daba cuenta que ya había perdido la cordura… sus labios adormecidos por los ataques solo dejaban salir gemidos eróticos que gritaban por la liberación. Percibía que la sangre burbujeaba entre sus piernas, la humedad bañaba la puerta en donde se desencadenaría la explosión de sus placeres más íntimos.

Ryoma la agarró de las caderas y entreabrió sus piernas para encajarse en ella. La súbita corriente de calor que recibió al notar su masculinidad palpitante rozando su femineidad, la sacudió con violencia. Ambos dejaron escapar el aire con dificultad y se apegaron más a sus cuerpos, traspasando el calor que ardía en ellos y permitiendo a sus corazones retomar el ritmo.

-T-te… necesito – apenas un murmullo entre dientes que salieron de ella – a-ahora.

Sakuno que estaba enfebrecida con las caricias de Ryoma, que parecían tentáculos que estimulaban cada parte de su cuerpo, se atrevió a deslizar sus manos bajo la camiseta de Ryoma. Él sonrió excitado ante esa mínima osadía y ante la urgencia se desligó del estorbo, a cambio de liberar a Sakuno de lo que impedía saboreas sus pechos. El leve frío le rozó sus cumbres enhiestas y deseosas de ser invadidas.

Una fracción de tiempo pasó para que los orbes ámbares brillaran ardientes ante ese delicioso manjar. La boca se le secó y un ronco gemido reclamó por la lenta espera. Sakuno tembló a sentir los labios hambrientos de Ryoma beber de sus pechos, dándose el tiempo de masajear uno mientras tomaba del otro. Su mente hizo "clic" dejando de funcionar y solo entregándose a las miles de sensaciones que Ryoma provocaba en ella.

-A-ahora – expulsó ansiosa al percibir que su centro latía con ferocidad y más enloquecido al saber que solo unas capas de tela la separaban de él.

Ryoma continuaba invadiendo su cuerpo, pero sin acercarse a dónde ella más anhelaba. Enceguecida por la pasión, olvidó su vergüenza y timidez, deslizó sus manos para liberar lo que tanto rugía por salir. Ni siquiera su torpeza impidió que la completa masculinidad de Ryoma saltara a sus manos… calor ardiente recorrió sus venas… hurgó por la largura y dureza de hierro que temblaba en entre sus dedos.

Sakuno sonrió al recibir un sofocado gemido de Ryoma tras su oreja. Siguió manoseando con compases lentos, en un vaivén que ascendía y descendía al ritmo de los jadeos masculinos. Tener el control era en extremo excitante y rogaba que su ofensiva obligara a Ryoma a invadirla a ella.

-Tramposa – un ronquido que vibró por todo su cuerpo.

Y de un rápido movimiento sus piernas fueron abiertas, su falda subida hasta lo máximo y sus bragas esfumadas en un gemido… una pausa… Ryoma la observó con maliciosa sonrisa y en sus ojos brillaba el deseo de un macho a punto de reclamar a su hembra. Sakuno se estremeció violentamente a solo un paso de perder la cordura.

Una sola estocada para olvidarse hasta de su nombre. Solo el nombre "Ryoma" giraba en su cabeza. El encuentro tuvo el efecto de un relámpago que arrasó con ellos… respirar… un poco más de aire… la danza de sus cuerpos comenzaron un ritmo único entre dos. Primero, suave; segundo, fiero; tercero, hipnótico; cuarto, salvaje… miles de emociones bulleron mientras seguían fusionados hasta conseguir la saciedad completa.

La culminación estaba a un jadeo más…. Las placas tectónicas necesitan acomodarse para lograr la perfección…. Embestir y retroceder para lograr la liberación…. Una pequeña isla se remece ante estos movimientos naturales…. Aferrarse a su cuerpo es lo que necesita para gritar su nombre…. El humo del volcán en actividad comienza a fundir las rocas.... Más rápido y más duro, más hacia mí y más hacia ti….

-R-ryoma – gemía con delicioso erotismo.

Un remezón que sacude la isla desata el desastre…. Sus cuerpos urgen por ser llevados a la cima, un poco más adentro…. El volcán se estremece con violencia lanzando una primera lluvia de fuego y azufre…. El ritmo candente llega a su máximo esplendor. Sakuno grita el nombre de Ryoma en un grave gemido…. Una segunda explosión hace correr el magma por la ladera de la montaña…. Ryoma arremete contra el cuerpo tembloroso de Sakuno y se sacude con pasión.

La erupción ya no puede ser contenida, la lava ardiente se desplaza por todo las venas se sus cuerpos. Suspiros ahogados. El palpitar de sus pulsos aminora poco a poco. Sus mentes nubladas se despejan con una ligera brisa. La languidez de sus cuerpos aflora rápidamente.

-T-te… amo… R-ryo – susurra Sakuno apoyada en su pecho.

Ryoma le levanta la barbilla, la observa inundado de ternura y amor por ella, entonces la besa con cariño. Lo que no puede decir con palabras, lo hace con acciones que graba a fuego en el cuerpo de Sakuno. Ella lo sabe, él… la ama tan intensamente como ella a él. Sonríe cuando vuelve a mirarlo, en sus ojos se leen las palabras "Sé que me amas"… él esboza una mueca arrogante, asiente y en sus ámbares se traduce "Te amo". Casi como agradecimiento por comprender su naturaleza.

La carga entre sus brazos. La habitación que nunca había querido compartir con nadie más que consigo mismo, ahora anhela desesperadamente que Sakuno invada cada rincón. Que inunde con su esencia el espacio vacío, que su perfume se impregne en cada partícula de él y su amor por él sea eterno.

La dejaría descansar, se veía exhausta y no quería forzarla, aunque tenerla cerca parecía encender en él un deseo perenne. Sus cabellos rozando su pecho, su cuerpo cálido acariciándolo… todo en ella despertaba en él una necesidad más allá de lo meramente sexual… deseaba tomarla, pero también se conformaba con tenerla a su lado. La recostó y besó su frente con dulzura… la dejaré dormir.

Esas palabras solo se transformaron en buenas intenciones. Sakuno no tenía el menor interés de cerrar sus ojos. Le sonrió coquetamente y acercó sus labios henchidos hacia Ryoma… "Bésame, tómame"… una súplica en esa deliciosa boca y en esos ojos de rubíes que le fue imposible resistir. La noche todavía era una fiel compañera y él no tenía ningún reparo en pasarla envuelto entre los brazos y muslos de Sakuno.

Ryoma la amó de mil formas distintas. Durante horas le enseñó más de lo que pudiera recordar. La dicha fluía por sus venas, todo el mal sabor de la oscuridad se había evaporado de su mente. Como le había dicho a su abuela, allí en ese lugar había encontrado la felicidad… sí, podía decir que era feliz…

Entonces… porqué parecía que algo faltaba. Era como ver un libro terminado, listo para ser vendido, pero de repente se dan cuenta que faltaba algo… puede ser vendido si el título todavía no es escrito…. Absurdo, nadie en su sano juicio haría algo como eso.

La felicidad la bañaba, pero había algo que seguía a la deriva en sus pensamientos. Sabía que no debería importarle mucho, después de todo no era algo grave… solo un punto final para iniciar otro capítulo… suspiró mas audible de lo que deseaba, sentía a Ryoma dormir a su lado y un fuerte brazo reposando en su cintura.

Olvidaría sus inquietudes, era lo mejor…. Si tan solo fuera así de fácil. Había muchas cosas que había cambiado al llegar a este nuevo Tokio. Tuvo que aprender un montón de cosas para adaptarse a esa sociedad moderna. Y lo había hecho de manera perfecta… si solo el "pero" no se reflejara en esas palabras.

-¿Qué pasa? – porqué tenía que despertar justo ahora.

-N-nada – inútil. Ryoma jamás se tragaría eso, si ella no era capaz de mentir sin tartamudear.

-Mmmm – rezongó. Sakuno logró leer el matiz de disgusto en ese murmullo.

-T-tengo… voy al baño – se zafó del agarre y casi corrió al cuarto de baño.

Cuando cerró la puerta se dejó caer sobre sus piernas y se acurrucó contra ellas. Ojalá su abuela estuviera allí para ayudarla. Por mucho que se sintiera inmensamente feliz, existía ese algo que no la dejaba tranquila. Sabía que la única respuesta estaba en él… Ryoma era la solución a su incertidumbre.

Era una verdadera lástima que nunca tuviera el valor para preguntarle. Antes se ahogaría en sus miedos que decir algo vergonzoso. Lo peor era recibir la respuesta. Si resultaba opuesto a sus deseos…. ¡No puedo hacerlo! Se gritó mentalmente… Cualquier cosa que pudiera romper lo que tenían estaba vedado.

Luego de una larga estadía en el cuarto de baño, decidió salir. Ya que el tiempo de permanencia era suficiente para darse un baño de tina y masajes de relajación, más otras variadas cosas que se podrían hacer en ese lugar (aunque no hizo nada más que estar sentada en el suelo). Sakuno supuso que sería bastante para que Ryoma ya se hubiera dormido.

El aludido no solo no estaba dormido, sino que parecía de lo más despierto semi-sentado sobre cojines blancos y cubierto hasta la cintura con el cobertor azul petróleo, de lo más cómodo, al tiempo que cambiaba indiferente los canales de la T.V.

Habría gritado de la impotencia si con eso las cosas hubiesen cambiado a su favor. No se atrevió a dar un paso, su cobardía incluso la incitó a mirar la puerta de salida.

-Habla – dijo Ryoma cuando apagó el televisor. Y se adelantó a su huida.

-¿D-de… qué? – acaso no podía ser más obvia que ocultaba algo.

Ryoma entrecerró sus ojos como si quisiera leer sus pensamientos. Descorrió el cobertor y le indicó que se metiera en la cama. Era más que claro que no aceptaría una negativa. Cautelosamente se acercó y se metió con rapidez entre las sábanas, pero se negó a mirar a Ryoma.

Permanecieron un largo rato en silencio y Sakuno rogó que Ryoma se hubiese aburrido de esperar respuesta, era muy temprano así que era seguro que el sueño lo venciera.

-¿Por qué no me hablas de ti? – Sakuno apretó sus manos con nerviosismo.

-¿D-de… mí? – consiguió decir cuando logró respirar.

Una vez que asintió. Sakuno comenzó a relatarle la historia que había planeado con Ann, a medio camino la mano de Ryoma la interrumpió.

-La real – su tono era serio.

Ella tartamudeó unos segundos, pero cuando vio la decisión en los ojos de Ryoma se calmó. Quizás ahora que sus almas estaban en completo contacto y considerando todo lo que había pasado, él creyera sus palabras. Desde lo más hondo de su corazón, anhelaba que Ryoma conociera cada parte de su vida.

Se dio valor para relatar lo que sería una historia increíble. Durante largo rato, Sakuno hizo un resumen de su vida en el antiguo Tokio, dichas y desdichas, que sin darse cuenta Ryoma sufría o sonreía por igual. Ryoma no pudo evitar odiar al padre de Sakuno por la infelicidad que le había dado, pero al mismo tiempo le estaba agradecido por haberla guardado hasta que él la encontrara.

Cuando terminó de contar su vida, justo hasta que ella había llegado a su cama, Sakuno sintió que el alivio la bañaba entera. Ahora no tenía nada que ocultarle… bueno, solo un punto faltaba en la oración, pero eso no era necesario.

-Ahora me dirás que te pasa – no era una pregunta, sino una exigencia.

-¡Eh! No sé… que más – la confusión atravesó por sus ojos y quiso huir.

Se desligó de las sábanas para salir en busca de… cualquier excusa era válida.

-¿Tienes hambres? Preparé el desayuno – no alcanzó a poner más que un pie fuera cuando su muñeca fue alcanzada y jalada con fuerza.

-Dime – fue un suave tono, pero el agarre era firme.

Sakuno no tenía valor para mirar a Ryoma a la cara. Sentía que hacerlo sería una traición, porque no era capaz de decirle lo que en realidad quería y cualquier otra cosa que saliera de sus labios sería mentira. Percibía esos ojos indagadores sobre ella. Suspiró cansinamente. Ser una cobarde no le ayudaría en nada y no deseaba que Ryoma pensara de manera errónea sobre su silencio.

Alzó sus ojos dispuesta a enfrentarlo. Él solo la miraba impasible ante su conducta. Sería más sencillo comprender esos lejanos pensamientos.

-¿Qué quieres, Sakuno? – ella se sobresaltó al notar el cariño en esas palabras, como si le estuviese entregando carta blanca a todas sus peticiones.

Ryoma esbozó una leve sonrisa. Le soltó la muñeca y le acarició esos largos dedos casi de manera inconsciente. No tenía la menor idea de lo que pasaba por la cabeza de Sakuno, podía especular sobre mil temas diversos e incluso así creía estar a leguas de distancia de la verdad… Confía en mí – pensó para sí.

-Yo… quiero algo – no era muy explicito, pero al menos ya había dicho una frase.

Él siguió esperando por mayor información. No otorgó señales claras de si comprendía lo que ella decía. Permanecía con la vista fija en ella, lo cual ocasionaba que las emociones de Sakuno se estrujaran de nervios. No sabía si sería más fácil que Ryoma hablara o solo se quedara mirándola.

-Q-quiero… yo q-quiero… - qué tan difícil podría ser enunciar toda una frase – R-ryoma… yo…

Sentía que sus manos temblaban, que su pulso latía a niveles exorbitantes y que sus ideas se tambaleaban en su cabeza… Ryoma, yo quiero…. Ryoma, yo quiero… se repitió mentalmente una y otra vez. Mientras intentaba respirar con calma.

-Y… – la interrumpió cuando la notó vagar lejos. ¿Qué quieres decirme? – pensó Ryoma.

Sakuno enderezó la espalda como si le hubiesen puesto una tabla, respiró profundamente y se convenció a sí misma que debía expulsar de un golpe todas sus dudas.

-Quieroquetecasesconmigo - ¿alguien podía entender semejante maraña de palabras?

Cuando miró a Ryoma a la cara comprendió que no había alcanzado a seguir ni el significado ni la rapidez de las palabras.

-¿T-te… casarías… c-conmigo? – un tartamudeo que se fue enterrando cada vez más entre las manos de Sakuno, que infructuosamente deseaba tapar el rojo carmín de sus mejillas.

Un silencio perturbador se dejó sentir entre ellos. Sakuno no se atrevía a mirar a los ojos de Ryoma que sabía mostraban su negativa. Ann ya le había advertido de estos asuntos. En la sociedad actual casarse no era una prioridad, mucho menos lo era cuando apenas se conocen. Muy por el contrario a lo que ella está acostumbrada. Pero qué podía hacer al respecto.

Toda su vida fue criada para alguna vez casarse con un hombre escogido por su padre. Siempre supo que el elegido podía ser alguien por completo extraño, pero ella aprendió a ver eso como normal y lo era, a menos, es esa época. Y desde que había llegado a esta nueva sociedad, le había tocado realizar muchos cambios para adaptarse, pero existen asuntos que son llanamente imposibles de ignorar.

Uno de esos hechos era la libertad en las relaciones. Incluso si llegara a perpetrar un esfuerzo y fingir que ella podía comportarse como cualquier chica del siglo XXI, en el fondo reconocía esa rebeldía que le impediría simular que todo marcha bien. Yacer con Ryoma cada día era la delicia más exquisita que hubiera vivido jamás, pero no dejaba de pensar que no era lo más adecuado. Ella quería más.

"¿Te…

Casarías…

Conmigo?"…

Esa frase tuvo el efecto de un repentino tsunami. Fue tal el impacto que en breves segundos se había generado un cortocircuito -en su cerebro- que provocó un error grave en el sistema y tuvo que ser reiniciado. Le costó un par de minutos encajar las ideas en su lugar y otro minuto más en recobrar la capacidad de pensar racionalmente.

Cuando su cerebro retomó el funcionamiento normal, solo entonces consiguió asimilar la mega propuesta de Sakuno. Se sorprendió que el pánico y las ganas de correr por su vida no se hubiesen manifestado en ningún momento. No sabía si alegrarse o preocuparse porque su sentido de supervivencia pudiera estar fallando. Hasta ese minuto siempre había rehusado cualquier comentario con respecto al matrimonio, sobre todo si lo incluían a él.

Fijó su vista en Sakuno, la mujer que había reorganizado su mundo con la sutileza de un huracán. Ella se había volteado para no mirarlo a la cara, comprensible, el silencio no siempre era un buen augurio. Al analizar todo lo que Sakuno había vivido y como al final ahora estaba a su lado, además de haberse atrevido lo que nunca nadie se atrevió a decirle, sintió un tremendo orgullo por ella.

Ryoma sabía que ella se consideraba una cobarde sin valía. Pero acababa de demostrar que cuando sus anhelos por adquirir algo eran más fuertes y sinceros, ella era capaz de cruzar montañas sin siquiera sudar. Fue entonces cuando supo la respuesta a esa pregunta. Amaba a esa mujer más allá de cualquier cuestionamiento y, aunque él no necesitaba ningún papel para comprobarlo, casarse con ella sería el mayor de sus retos.

"Tú –siempre- me pertenecerás"

Sakuno ya no podía aguantar esa incertidumbre, necesitaba salir de allí para lograr retener los pedazos de su corazón, antes que estos se desparramaran frente a Ryoma. No quería obligarlo ni hacerlo sentir culpable por no cumplir sus deseos. Se paró lo más rápido que puedo y…

-A dónde crees que vas – Ryoma la había jalado de la cintura y la hizo caer en sus brazos.

-V-voy… - no sabía que decir, las lágrimas se aglutinaban en sus ojos y no quería llorar frente él.

-Sakuno – la volteó, obligándola a mirar su cara.

Unas finas lágrimas se deslizaron por sus pálidas mejillas, quiso retenerla, pero le fue imposible. Quiso huir de esos fuertes brazos y también fue infructuoso. Forcejeó un resto para lograr liberarse, no quería que la viera llorar ni sufrir por su negativa.

-Te amo – le dijo cuando su cuerpo apresaba al suyo.

Sakuno no reaccionó. Siguió batallando por quitárselo de encima, aunque Ryoma le había sujetado las manos y con su peso le aprisionaba todo el cuerpo.

-Te amo – volvió a repetir rozando sus labios.

Un leve respingó pareció evidenciar una reacción. Ryoma capturó su boca con ternura, al tiempo que susurraba esas palabras entre sus labios. Era una manera de hacerla entender que estaba hablando en serio, que realmente sentía cada palabra que decía. Cuando ella se calmó y suspiró aturdida por las caricias, Ryoma se apartó un poco.

-Pregúntame – la miró fieramente, ella solo logró derretirse cual mantequilla en el sartén.

Dudó solo un instante…

-T-te… casarías… conmigo – esta vez sus ojos no se apartaron de Ryoma, sus palabras fueron más seguras y su corazón retumbaba con fuerza dentro de ella.

Ryoma dejó que la arrogancia de su persona se dibujara en una malévola sonrisa. Todo su cuerpo había despertado en aquel forcejeo. Asintió en el mismo instante que acopló su cadera entre las delicias de Sakuno. Un jadeo femenino salió de sorpresa. Luego un hambriento besó cerró el contrato de los amantes y Sakuno solo pudo disfrutar con este nuevo triunfo.

Se amararon una… dos… tres veces más antes de terminar embriagados de sus esencias. Las palabras se olvidaron en el rincón de la soledad, mientras sus cuerpos trasmitieron cada uno de los sentimientos que existían dentro de sus almas. La comunión fue perfecta e irrompible. Todo lo que vendrá después… Acaso importa cuando uno está junto a la persona amada.

El universo se ilumina cuando dos almas se unen.

Ryoma y Sakuno han sellado su amor a un nivel más allá de lo humano.

Permitieron a sus almas reconocerse y aceptarse como una.

Se pertenecen y nada ni nadie podrá quebrar el sello que los une como almas gemelas.

-Fin-


Quiero agradecer el apoyo que siempre me han dado, no solo ahora, sino por las historias anteriores. Muchas gracia por sus palabras de ánimo y consejos.

Quizás quedaron algunas cosas sin decir, pero creo que la historia principal ya fue escrita. Si se preguntan si tendrá epílogo, no lo sé realmente. Por el instante no lo he pensado, pero si se me viene a la cabeza alguna idea, no duden que tendrán un capítulo.

Me despido... un gusto de compartir esta historia con ustedes. Bye bye!