Los personajes de Hotel Transylvania no me pertenecen, sólo mis ocs
Agradecimientos:
Byakko Yugure: gracias por tu review. Con tu resumen de los prefacios, subes el hype, lo que se viene es algo muy bum,de eso no hay duda xD Jajajajaja, no se deben consumir porque liberan una Luna... bam tum tiss (? Claro que no puede salir mal, es Dennis, ¿crees que los mandaria a morir? Hum... no respondas, ambos sabemos que si xD En cuanto a tu teoria sobre el parrafo... acertaste un 70%, no dire mas :v Con lo respecto a Dennis... pues no sabr{ia decirte, a mi Dennis me parece esos personajes que buscan hacer lo justo, lo que esta bien, pero... sin que sea ese tipico personaje asi. O sea, hacer lo necesario para que todo salga bien, mas o menos. Ni yo me entiendo xD Y la respuesta... el paso mas importante que puede dar alguien es... . Gracias por leer.
The Damned Nameless: gracias por tu rw. Te sientes confundido respecto a Luna, bien entonces (? Cuando usa la hemoinvestidura, roba uno de los poderes para poder controlarlos tipo zombies debe colocar otra estaca, y... ¿que poder permite a unos muertos andar como si estuvieran vivos que no sean los vampiricos? Hum... ;) Entendi esa referencia :v. Gracias por leer.
XVI
Hija de una luna sangrante
Los vínculos deben ser en monstruos y humanos dispuestos a darlo todo por un motivo. Amor, protección, odio; una emoción fuerte.
Irónicamente, las Palabras sólo permitían que las Artes de las Madres se usaran para proteger luego de vincularse a un monstruo. Artes mortíferas usadas para proteger.
Sin embargo, una duda se aloja en mi mente: si un poder destructor puede usarse para proteger bajo la influencia de las Palabras que atan a las Madres, ¿existirá alguna forma de usar los poderes destructores para proteger... para destruir lo protegido? En caso de ser así, temo que llegue el día en que una de las Madres se alce como la más fuerte de todas, como la que fue capaz de torcer las Palabras.
Después de todo, si el mundo se basa en opuestos, acciones y reacciones, no puede existir un solo flanco. No puede haber Orden sin Caos.
Canto a las Madres, escritor desconocido.
Luego de una hora ojeando el libro, Dennis lo cerró, asombrado. Las páginas relataban la historia de lo que se creía eran los entes creadores de la humanidad y las clases de monstruos, la forma en que las Madres aparecieron como el opuesto de Humanidad, que Luna, Noche y Walpurgis descubrieron parte del poder de Humanidad, naciendo los Tres Aspectos de la existencia monstruosa. También ponía sobre que Madre Humanidad las ató, aprisionándolas, con las Palabras, junto con las Artes que habían desarrollado. Por último estaban las condiciones a cumplirse para usar los poderes de las Madres, fueran los que fuesen, junto a las dudas del autor. En la última página, escrito con sangre y con letra cursiva y estilizada, ponía la Primera Convicción, las Palabras para poder crear un vínculo: «Vida antes que muerte, fuerza antes que debilidad, viaje antes que destino».
Aquello le dejó clara algunas cosas, como que los monstruos venían originalmente de los humanos, y que su desprecio por ellos, en la gran parte de los casos, era ridículo. No podía incluir a todos los monstruos ya que en el hotel los trataban bien. Y que ahora encontraba el sentido a los extraños impulsos de fuerza al pronunciar la Segunda Convicción, lo que lo llevaba a preguntarse si abarcaría el poder de la Conexión si pronunciaba la Tercera, fuera la que fuese.
Winnie se había dormido afincada contra él en el pequeño sillón de madera ni bien diez minutos de haber empezado a leerle el libro. Dennis no la molestó ni intentó despertarla; el libro, Canto a las Madres, era impresionante.
El lobo no se había aparecido luego de haber atravesado al pasillo con la cortina de piel que lo dividía de la especie de estudio de piedra donde estaban. Ladeó un poco la cabeza y la reposó sobre la de Winnie, Dennis dejó el libro en sus piernas y le tomó una pata con cuidado de no despertarla; su pelaje era como una seda, una suave y de color chocolate.
—¿Por qué la está buscando Luna, Madre Noche? —susurró quedito, tan suave que apenas lograba escucharse él mismo.
No puedo decírtelo, Dennis-hijo-hijo-mestizo, respondió la voz de Madre Noche, suave y firme.
—Porque es el futuro, ¿cierto?
Sí. Y tú bien sabes que hablar sobre el futuro lo altera. Supongamos que yo te dijera que tu destino es morir para salvarla, ¿no intentarías cambiarlo para que ninguno de los dos sufriera daños?
—Sí, pero aceptaría mi muerte con gusto. —Dennis inspiró—. Todo por ella.
Bueno, tú eres una excepción. Su voz sonaba curiosa y, sorprendentemente, divertida. ¿Puedo preguntarte algo, Dennis-hi...?
—Dime Dennis, por favor —pidió—, no comprendo los apelativos. Y sí.
Son por tu madre, pero ya que eres mestizo, un simple apelativo después del nombre es erróneo, puesto que vienes de dos Madres; Mavis, mi hija, lo que te hace mi hijo, pero también tienes parte de Humanidad. De ahí el «hijo-hijo-mestizo». De la misma forma que tu licántropa es Winnie-hija-Wanda, le explicó Madre Noche. ¿Cómo pudiste hacer Zing con ella, con una hija de Luna? Pese a que su tono era curioso, Dennis pudo detectar un atisbo de repulsión.
—No lo sé, ¿importa?
Mucho, pero nuevamente no te puedo explicar por qué, dijo Madre Noche.
—Entonces —dijo Dennis— no podré ser de mucha ayuda, Madre Noche. No tengo idea de si conoces la mecánica del Zing, pero uno no lo elige, sólo pasa. Un día miré a Winnie e hicimos Zing.
No, no me estoy dando a entender, Dennis, terció Madre Noche. Comprendería que fuera entre algún tipo de monstruo y otro, pero no de un hijo mío y uno de Luna. Nosotras nos odiamos desde que fuimos formadas: yo represento la Conservación, ella representa el Cambio.
—¿Cómo puedes ser la Conservación si eres el opuesto de Humanidad, quien es la creadora de los humanos?
Mira, en el libro están las respuestas. Ahí dice que el universo, la existencia se basa en polos, bueno y malo, orden y caos, ¿comprendes? Humanidad era la fuerza creadora, nosotras fuimos la destructora. Madre Noche parecía cansada de explicar eso, aunque era la primera vez que Dennis la oía. Por eso los monstruos son humanoides, porque introdujimos parte de nuestra esencia en humanos. Sin embargo, asimismo como nosotros éramos una destructora, debíamos tener un opuesto entre los opuestos. Puedes debatir eso con cualquier filósofo. Lo que quiero decir es que cada una representamos un aspecto de Humanidad.
Dennis alzó las cejas, sorprendido.
—¿Me estás queriendo decir que como Humanidad es una Fuerza poderosa, se dividió en unas que son ustedes, que a su vez ustedes poseen pequeñas acotaciones?
¡Sí!, exclamó Madre Noche. ¡Exacto! Es un concepto que yo misma no logro entender, pero así funciona el universo, hijo. En fin, como te dije, cada una de nosotros representa un aspecto de Humanidad: Walpurgis es la Espiritualidad, No-Vida es la Fragmentación, Transparencia es el Vacío, Luna es el Cambio, yo soy la Conservación. Y como nuestras representaciones dentro de lo opuesto a Humanidad chocan, nuestros hijos se odian.
—Oh...
Sí: oh... La cosa es que Luna explotó ese odio natural para iniciar lo que ustedes llaman la Multiguerra, encontrando la manera de usar su Arte para destruir la sección de nuestra prisión que la sometía. Madre Noche bufó. En fin, me fui por las ramas, el punto es que nuestros hijos no confraternizan bien; sí, debe de existir la excepción a la regla, pero de que se traten bien a que se amen como tú amas a esa loba, Winnie, hay un mundo de diferencia. Entonces, ¿cómo pasó?
Dennis asintió, sintiendo la cabeza partírsele al medio por el golpe de información.
—Bueno, supongo que se debe a que desde que nací ella ha estado conmigo. —Le apretó un poco la pata; el pelaje de ella le cosquilleaba el cuello—. No hay momento de mi infancia y mi adolescencia que no estuviera cerca de mí. Gracias a ella desperté mis poderes de vampiro. Los mejores momentos de mi vida han sido con Winnie a mi lado. Es difícil de explicar, Madre Noche, pero... —Dennis suspiró, sonriendo—. Si he de decir cómo nació el amor que tengo por ella, debería decir que Winnie, por más mala que sea la situación, siempre tendrá una sonrisa para animarme, se preocupará hasta por el más mínimo problema que tenga y, para protegerme, hará lo imposible, incluso si nos lastima. Si ese no es un motivo para amarla, no sé qué sea.
Protectora hasta la muerte...
Dennis recordó que en un pasaje del diario de Fidencio, había una mención a eso: los licántropos son protectores hasta la muerte con sus Zing, y los vampiros infinitamente leales. Empezaba a creer que podía leer el libro de Fidencio por haber pronunciado la Primera Convicción mientras volvía a su tiempo.
—No sé por qué nosotros nos terminamos amando, Madre Noche —susurró, llevando la pata de Winnie a sus labios y dándole un suave beso en los nudillos—, pero no lo cambiaría por nada. Preferiría morir a no amarla. No quererla como lo hago me mataría.
Madre Noche no respondió, aunque su presencia se conservaba al fondo de su mente, como un observador en un teatro, esperando algo que llamase su atención. Dennis tampoco dijo nada, sólo se quedó en silencio, acariciando la pata de Winnie con delicadeza y captando el aroma de su cabello, que inundaba el aire a su alrededor; lavanda y bosque.
Al cabo de varios minutos, la presencia de Madre Noche se intensificó.
Dennis, dijo Madre Noche, no comprendo muy bien lo que tratas de explicar, pero quiero Conservarlo. Aún no logro comprender cómo ustedes están juntos, lo que quiere decir que ustedes representan un cambio único, un paso adelante. Ahora comprendo por qué ella pudo vincularse con Humanidad, algo que se supone era imposible.
—¿Por qué? —preguntó Dennis, susurrado—. Yo te vinculé a ti.
Porque sólo el monstruo de la Madre es quien puede vincular, es decir, sólo un vampiro puede vincularme, sólo un licántropo puede vincular a Luna, sólo un brujo a Walpurgis y así... pero si ella puede vincular a la esquirla de Humanidad, tal vez otras razas puedan vincular a otras Madres. Ustedes representan algo distinto, algo que no sé qué es.
Una palabra llegó a la mente de Dennis.
—Mestizaje.
Puede ser. Madre Noche no parecía convencida, por su tono Dennis supo que ella sabía a qué se refería, mas no lo decía porque de seguro era algo del futuro. Es algo más importante.
—Madre Noche —quiso saber Dennis—, ¿si pronuncio tu Tercera Convicción podré usar tus habilidades, algo que tiene que ver con la Conexión?
Sí y no, respondió. No todos mis poderes, pero sí la duplaconexión, que es mi Arte. Quisiera decirte más, lástima que las Palabras me lo impiden.
—¿Tan fuerte son tus ataduras, tu prisión?
Madre Noche suspiró. No me ata, me une.
—Madre Noche, ¿podrías decirme para qué busca Luna a Winnie?
Para hacer un cambio, hijo. Luna es el Cambio.
Wendy no sabía qué pensar del hotel donde fue a terminar. La mujer lobo que los salvó junto con el vampiro los apremió en cruzar el portal y encontrar al vampiro jefe del hotel o a un hombre lobo cuyo nombre era Wayne, sin embargo, el hotel no era como lo había imaginado.
En las horas que llevaba en el castillo se dio cuenta de que aquel lugar, pese a ser un hotel, transmitía una sensación de hogar y protección que sólo una familia emitía, algo extraño, porque no parecía haber una sola familia, sino muchas disgregadas. El salón donde se encontraban todos los hombres lobos, jóvenes y adultos, era espacioso, con el suelo alfombrado y las paredes con cálidas antorchas cuya luz los calentaba y su crepitar le daba la sensación a Wendy de estar en casa, cerca de la chimenea, esperando que Wuly llegara a casa.
Pensar en Wuly fue como recibir un puñetazo, la imagen de uno de los lobos muertos con las estacas clavándole dos de estas en los ojos era abrumadora. Dolorosa. Había visto morir al único familiar que le quedaba. Estaba sola. Sacudió la cabeza para apartar las lágrimas y se levantó, fue hasta la gran puerta de madera y salió.
El noventa por ciento de los licántropos salvados se mostraban recientes con el dueño del hotel, los cachorros y jóvenes salvados, en cambio, eran más solícitos a las preguntas del vampiro y el hombre lobo mayor, de ojos amarillos y ropa humana, que lo acompañaba. Wendy se había dado cuenta de que ambos, vampiro y lobo, tenían una expresión preocupada y nerviosa, y ella había captado atisbos de nombres. Winnie. Dennis. ¿Serían quienes los salvaron en la ciudadela?
Ya que no podía hacer mucho, Wendy empezó a recorrer el hotel. Era enorme. Y hermoso. Casi cada uno de los salones estaba alfombrado con tapices rojo sangre, zombies hacían de mayordomos, brujas de servicio y armaduras encantadas como guías. Casi parecía un paraíso. El problema eran los humanos. Wendy había viajado de improvisto algunas veces con Wuly a pueblos y los humanos siempre las atacaban, aunque claro, si les robaban la comida y el dinero no iban a darles besos.
Habían varios humanos lanzando varias miradas al pasar por el gran vestíbulo hacia el salón lateral donde estaban quedándose los sobrevivientes, pero dos de ellos, dos adultos de unos treinta años y treinta y ocho, respectivamente, guiaban a los monstruos y les pedían disculpas por la situación en la que estaban. Arriba, en unas escaleras que ascendían, una máquina humanesca o un humano maquinizado observaba y asentía. El humano tenía un pelo rojizo y rizado, vestía con camiseta verde y bermudas marrones, como el vampiro que la salvó, y tenía una expresión de joven: tonta pero seria. La mujer llevaba un traje blanco, como una navegante, el cabello corto hasta el cuello y blanco, ¿no que los humanos con cabello blanco eran ancianos?, aquella humana no lo parecía.
Wendy los rodeó evitando que la vieran y se encaminó por un pasillo al azar; al cabo de cinco minutos acabó en un cementerio abandonado. Árboles secos y esqueléticos se alzaban cerca de las tumbas aquí y allí, dando una escasa sombra al sol de la media tarde. Wendy hizo visera, qué raro era salir cuando aún estaba el sol.
Decidió tumbarse en una sepultura, apoyando la espalda en la lápida, la soledad le haría bien, la ayudaría a centrar sus pensamientos.
—Oye —dijo una voz, sobresaltándola—, deberías respetar a los muertos.
Wendy se levantó casi de un salto y miró a los lados: una chica lobo de unos doce o trece años, de ojos verde agua y cabello corto hasta la clavícula, pero recogido en una coleta que acababa con una pajarita roja, estaba sentada sobre una de las lápidas con las piernas desparramadas. Miraba a Wendy con una sonrisa.
—Lo decía en broma, chica —dijo, riendo y negando con la cabeza.
Wendy frunció el ceño.
—Te digo lo mismo. —Cruzó los brazos sobre el pecho—. ¿Quién eres?
La loba bajó de la lápida y caminó los pasos que las separaban. Era apenas unos centímetros más alta que Wendy y caminaba con un aire tranquilo y alerta, como un zorro o un lobo antes de saltar a la yugular. Wendy se sintió pequeña ante ella, tenían la misma edad, pero se sintió menos; ella se veía fuerte y ruda en el simple atuendo de jeans cortos, casi como bermudas y una camiseta rosa oscuro, en cambio Wendy llevaba una camisa verde y leggins rasgados por el caos de la ciudadela.
La loba le tendió una pata.
—Chuchi Werewolf —dijo—. Un placer. —Wendy se la tomó—. ¿Qué haces en mi cementerio?
—¿Chuchi? —Wendy arqueó una ceja—. Vaya nombrecito.
Chuchi se encogió de hombros.
—Es un apodo. Mi nombre es Sunny, pero nunca me llaman así, siempre es Chuchi.
—Ya.
—Repito: ¿qué haces en mi cementerio?
—Este no es tu cementerio —replicó Wendy, frunciendo el ceño. ¿Por qué ella tenía los ojos verde agua?, lo normal es tenerlos amarillos oro.
—Tengo la costumbre de venir aquí todos los días para librarme de mis hermanos —repuso, encogiéndose de hombros—. Oye, colega, ya puedes soltarme la pata.
Wendy bajó la mirada, aún le sostenía la pata a Chuchi; se la apartó, ruborizándose un poco.
—Lo siento —carraspeó—. ¿Así que huyes de tus hermanos?
Chuchi se encogió de hombros y saltó equilibrándose con una pierna en la lápida en la que Wendy estaba recostada.
—Hasta tú lo harías si tuvieras más de trescientos hermanos.
—Vaya —dijo Wendy, abriendo los ojos por la sorpresa—, no lo imagino.
—Tengo padres emocionales. Muy emocionales. —Chuchi se agachó y se sentó en el borde de la lápida—. ¿Qué hay de ti, superviviente, cómo te llamas?
—Wendy Moonwalk.
—Y bien... —Chuchi alzó las cejas—, ¿qué ocurrió? Papá y mamá están vueltos un enredo, tía Erika y tío Drac no dicen nada y tía Mavis y tío Jonathan andan igual. Nadie dice nada y yo quiero saber qué pasó.
Esa declaración la dejó trastocada.
—¿Tíos? —exclamó—. Pero son vampiros, humanos...
—Son familia. Punto. —La firmeza en la voz de ella hizo que Wendy no replicara más—. ¿Y bien? —añadió con voz tranquila.
—Prefiero no hablar de eso —finiquitó Wendy, la mirada al frente.
Chuchi bajó de la lápida y rodeó a la chica, agachando la cabeza para verla a los ojos, sus ojos brillando con curiosidad aunque con el ceño fruncido de alguien que teme haber dicho algo incorrecto. Wendy se exasperó, ¿acaso todos en ese hotel eran tan insistentes?
—¿Fue tan grave el ataque a la ciudadela? —quiso saber. Wendy asintió, Chuchi frunció los labios, los ojos verde agua se apagaron—. Supongo que hubo muchos muertos. ¿Sólo sobrevivieron los que están aquí? Lástima, tenía amigos allí.
—Creo.
—Mierda.
—¿No sientes dolor? —se interesó, había dicho que amigos de ella pudieron morir y ni se inmutaba—. Eso es cruel.
—No es eso —dijo Chuchi, negando con la cabeza— es control. —Respiró profundo—. Siento dolor, sólo que no dejo salir ese dolor ahora. Controlo mis emociones, como haces tú.
Wendy parpadeó. «¿Cómo lo supo?»
—Las emociones de alguien son lo que la definen —dijo Chuchi, seria—, y el control de las emociones es la verdadera fuerza. Carecer de sentimiento es estar muerto, pero actuar al dictado de las emociones es ser un niño.
—Eso es... muy profundo —reconoció Wendy.
Durante largo rato ninguna de las dos dijo nada, Wendy se sentó en el suelo y Chuchi, al cabo de unos minutos, se sentó al frente de ella, las piernas cruzadas como un chico. «La influencia de haber crecido entre hermanos», pensó. El aire sopló, refrescándolas, un fuerte olor a flores y vida las abrazó en aquel cementerio del bosque que a varias zancadas a lo lejos se extendía. Le sacudió el cabello a Wendy y por una vez quiso tenerlo tan corto como Chuchi y no hasta la espalda como lo tenía; a la loba, en cambio, apenas le afectó el viento.
—Mi hermana murió —susurró Wendy, sin mirar los ojos de la otra, viendo en cambio sus pies; eran como los de ella, pero Chuchi se pintaba las garras de morado. Rara—. Intenté salvarla como aquel vampiro y esa loba lo hicieron, pero no pude pronunciar lo que él.
—¿Las Palabras? —murmuró Chuchi, interesada.
—¿Qué? —La vio a los ojos.
Chuchi carraspeó.
—Vida antes que muerte, fuerza antes que debilidad, viaje antes que destino. Esas palabras. —Wendy notó que al hacerlo, los ojos de Chuchi brillaron de colores, uno a la vez. Amarillo, verde, azul, blanco, dorado, morado, rojo. Rosa. Asintió—. Yo las he dicho también, las historias infantiles dicen son divinas, siempre creí que era mentira, pero hace semana y algo nos atacaron en el hotel, estuve a punto de morir y de repente las dije, fue instintivo, y me dio energía para luchar. Supongo que las leyendas nacen de algo cierto.
—Yo me quedé petrificada —gruñó Wendy—. Sentí la energía, pero no la usé. Dejé morir a mi hermana, fui débil.
Chuchi le dio un golpe en la pierna, fuerte.
—¡Oye!
—No digas eso —la regañó—. Las Palabras las dicen los que son dignos de ellas. Eres fuerte. Sólo que no lo sabes. —Relajó la mirada—. Ahora el pago por usar mi cementerio: cuéntame qué pasó.
—Hagamos un trato —terció Wendy, dándole un toquecito en una garra del pie morada—, yo te cuento sobre lo que pasó en la ciudadela y tú me contarás lo que pasó en el hotel, ¿vale?
—Trato hecho —asintió Chuchi, sonriendo. Su sonrisa era extraña. Wendy había visto a muchos licántropos sonreír en la ciudadela, sin embargo, Chuchi lo hacía de una forma peligrosa, de aquellos que confían en todos. Por alguna razón, envidió esa sonrisa; la quería para ella, quería sonreír así—. Ahora, desembucha.
Wendy sonrió, tan sólo un tirón de la comisura de sus labios. Había algo extraño en estar bajo la luz del sol, siempre lo sintió antinatural, en cambio, ahora no se sentía así. Por una vez no se sentía incomoda bajo el sol.
Tal vez se debiera al extraño carisma de Chuchi, la forma en que tiraba de sus emociones para hacer que tuviera una catarsis.
Entendió entonces por qué a Sunny le decían Chuchi.
Winnie despertó cuando Dennis le dio unas suaves palmaditas en las mejillas, aunque parecían más caricias que palmadas. Al abrir los ojos encontró a su novio frente a ella, los rizos cayéndole por el rostro, y al lobo de pelaje negro con la estaca en el ojo sentado en una especie de banco de piedra junto a una mesa de piedra. Winnie se levantó y desperezó antes de volver a sentarse, Dennis se sentó a su lado, haciendo que el sillón de madera crujiera de dolor.
El lobo de pelaje negro los miraba entre curioso y fastidiado, rodando el ojo, como si le irritaran las demostraciones de afecto, o tal vez fuera que detestara la presencia de Dennis. Muchos licántropos se comportaban así frente a un vampiro.
—¿Y bien —dijo Winnie—, nos vas a explicar por qué nos trajiste aquí?
—Cierto —secundo Dennis, asintiendo—. No sabemos nada de ti, ni por qué nos trajiste aquí.
El lobo bufó y se frotó el entrecejo. Dicha acción común se veía extraña en él con aquella estaca clavada en la cuenca del ojo izquierdo.
—Como les dije —respondió el lobo—, intento matar a Luna, la causante de todo lo que está pasando. Y tú, loba, eres su objetivo por alguna razón. —Frunció el ceño—. Y me llamo Will.
—Él es Dennis —presentó Winnie, señalándolo con un gesto de la cabeza— y yo soy Winnie. Ahora, Will, si tu objetivo es matar a Luna, ¿por qué demonios no la atacaste allí?
Nadie puede matar a Luna, acotó la esquirla de Humanidad en su interior. No se puede matar a una Fuerza, así como no se puede destruir la energía.
—Ya te lo dije, Winnie —repitió Will—, para evitar que Luna se hiciera contigo. No sé por qué le interesas tanto, pero lo percibo. Te necesita por alguna razón.
Winnie arqueó una ceja, cruzándose de brazos.
—¿Y tú cómo sabes eso?
Su Arte, susurró la voz de la esquirla de Humanidad.
Will se tocó la estaca del ojo con la garra, dándose pequeños golpecitos; sonaba como… como una garra golpeando metal. Con una de sus patas Will tocó los pergaminos y pieles curtidas que había sobre la mesa, y el resplandor naranja de la pequeña antorcha en la pared le daba a su pelaje negro un aspecto de humo. Parecía un espectro, con aquel ojo amarillo, tal cual los humanos de antaño imaginaban a los hombres lobos, cuando les temían.
—Por esto —dijo, se señaló también las estacas horizontales que tenía en las pantorrillas y la estaca en el pectoral derecho—. El Arte de Madre Luna se llama hemoinvestidura, y como su nombre lo indica, tiene que ver con la sangre y la investidura. ¿Si conocen los Tres Aspectos de la existencia monstruosa, no? —Ambos asintieron—. Bueno, pues la hemoinvestidura roba la investidura de los monstruos al éstos ser atravesados en el corazón por una estaca metálica, sin embargo, se debe elegir un componente de dicha investidura para absorber cuando la estaca se clave. —Se señaló las piernas, donde en cada una, en la pantorrilla, tenía una estaca—. Estas las hice a partir de licántropos moribundos, la de la derecha es para fuerza y la de la izquierda para velocidad; dichas habilidades se agregan a mi propia investidura, alterándome. En cierta forma, la hemoinvestidura desgarra la investidura propia con severos daños colaterales.
—¿Los cuáles son? —inquirió Winnie.
—Mientras más estacas se tenga, más fácil es caer bajo el control de Luna. Por suerte, encontré un agujero en el Arte. —Sonrió, señalándose la estaca del ojo—. Para obtener el poder máximo de la hemoinvestidura y tocar la fuerza de Luna, hay que tener dos estacas, una por ojo, en la cabeza; con una sola, sin embargo, puedo rozar la consciencia de Luna y saber qué busca, pero no le doy la fuerza para controlarme. Además —añadió Will, arqueando la ceja hacia ambos—, puedo ver… cosas que los ojos no.
—Como los vínculos —razono Winnie, recordando que Will los llamó vinculados apenas los vio en la ciudadela.
—Sí. —Asintió.
—Ya que puedes saber qué busca Luna —dijo Dennis, con interés—. ¿No podrías saber hacia dónde se dirige o qué planea hacer?
—A tu hotel —repuso Will, encogiéndose de hombros—, naturalmente.
Con aquella respuesta, Dennis se levantó como impulsado por una descarga eléctrica, alerta y con los ojos abiertos por la sorpresa. Winnie, en cambio, se sorprendió, ¿cómo podía Will hablar tan tranquilamente sobre eso, es que no se daba cuenta de que en el hotel había monstruos y humanos que nada tenían que ver con lo que pasaba?
Winnie apretó los puños hasta que por debajo del pelaje los nudillos se le pusieron blancos; Luna estaba haciendo aquello porque, tal vez, sabía que Winnie no dejaría que masacraran el hotel. Pero Luna no la conocía, no sabía quién era o dónde estaba, ¿por qué tenía que atacar el hotel entonces? ¿Sería para no dejar supervivientes de la ciudadela? Si ese fuera el caso, hasta para ella era algo excesivo y cruel.
Will cruzó las piernas con parsimonia.
—Mientras ustedes dormían toda la tarde —les comunicó—, yo estuve «observando» lo que Madre Luna hacía. —Cuando dijo «observando», dibujó unas comillas en el aire—. Después de limpiar la ciudadela y reclutar algunos cuerpos muertos con estacas, y crear lobos hemoinvestidos completos, se dirigió hacia la Sede de los Vampiros e hizo una masacre similar. Unos escaparon, lógico, pero la población vampírica ya de por sí baja se redujo hasta casi la extinción. O al menos es un aproximado que ella pensó y por tanto yo detecté.
»Como ya no tiene alguna otra cosa que capture su atención, se enfocará en el hotel. Por alguna razón siente una aversión peculiar hacia ese lugar y parece estar buscando un artefacto. Algo que me parece estúpido, hoteles hay en todos los lugares.
Winnie sintió como si tuviera en el estómago un trozo de vidrio que le subiera por la garganta y le cortara todo el interior, un miedo abrumador de ver a sus seres queridos muertos como los lobos de la ciudadela la embargaba. No podría sobrevivir a eso. La marcaría de por vida. Tenía que hacer algo.
Se puso de pie afincándose en el tosco reposabrazos del sillón y miró a Will al ojo.
—Nos vas a llevar al hotel —le ordenó, con voz calmada.
—Yo no obedezco órdenes, muchacha —replicó Will, poniéndose de pie; la estaca del pecho latió y sus garras brillaron de blanco. «Una estaca con magia de bruja, tal vez?»—. Pero tienes suerte de que yo voy a donde vaya Madre Luna, tengo que matarla. Aún no olvido cómo mató a mi manada. Por eso decidí dejar mi vida normal y volverme... esto. Es la única forma de matarla.
Comprendiendo que tal vez él fuera miembro de la manada cuya masacre alertó al Sínodo y por consiguiente a su padre y tío Drac, Winnie le tomó la mano a Dennis buscando una fuente de apoyo, lo necesitaba. Dennis le apretó la pata y le sonrió con cariño, al mismo tiempo en que Will alzaba las patas, las garras brillando de blanco, y tronaba los dedos.
Debajo de ellos, un portal con destino al Hotel Transylvania se abrió y los tres cayeron al vacío.
Maiser había llegado al Hotel Transylvania, siguiendo la guía de Madre Walpurgis, en la tarde. Ahora, cuando la noche ya se alzaba apoderándose del cielo estrellado, Maiser sentía una extraña perturbación en el ambiente. El hotel era acogedor a grandes rasgos, lo sabía porque hacía años se quedó allí varias veces, Drácula era un gran vampiro para poder mantener semejante hotel, con el variopinto grupo de humanos y monstruos, en buen estado.
Estaba afuera, sintiendo el frío aire de la noche acariciarle su piel azulada, observando el satélite en el cielo. No quería estar dentro cuando llegara Luna, la luna perforada de su visión, porque tenía que ser ella, ya que dedujo que el castillo era el lugar donde algo le causaba gran dolor. Luna tenía que ser aquella luna perforada de su sueño, sin embargo, ¿quiénes eran la luna y la figura negra y dorada que se oponían a Luna?
Ya viene, susurró la voz de Walpurgis en su mente.
Maiser se tensó, apretando las manos y acumulando toda la magia que podía.
Al fondo, a lo lejos, gracias al poder de Walpurgis que fluía en su interior por haber pronunciado las Convicciones hacía tanto tiempo, vio que del bosque pequeños puntos marrones aparecían uno a uno, hasta que compusieron un pequeño ejército de reanimados.
La voz de Walpurgis siseó en su interior.
Usar la vida de zombies para reanimar cuerpos, eso es prohibido. Ese poder es de No-Vida.
Del hotel, tras Maiser, salieron Drácula y un grupo compuesto por una pareja de hombres lobos, una por monstruos del doctor Frankenstein, una pareja de momias, una de seres invisibles, Mavis y un humano y otra humana más, que le tomaba el brazo a Drácula de forma protectora. ¿Una pareja, tal vez?
Una mirada rápida sirvió como saludo entre Vlad, quien caminaba por la pared exterior del hotel para evitar la congregación, Drácula y Maiser. Uno de los dos hombres lobos, la hembra, entró al hotel y poco después empezaron a aparecer grupos y grupos de licántropos.
Será una resistencia débil, dijo Walpurgis, con un tono delicado y susurrado, como siempre, aunque Maiser detectó lástima.
Sin embargo, muchos monstruos salieron siendo movidos por la morbosa curiosidad.
Al tocar suelo, Dennis fue embestido por una gran cantidad de detonadores sensoriales. Olió el aroma putrefacto traído por el viento del pequeño ejército de lobos a los lejos, y usando su visión de vampiro logró contar más de una centena, unos con una sola estaca, otros con dos y unos pocos con dos en la cabeza y más de tres en el cuerpo. Escuchó una cacofonía de gritos de monstruos que expresaban su temor, las imperantes órdenes de Mavis y Jonathan, Erika y Wanda y algunos monstruos más para que los indefensos entraran. Vio el terror en los ojos de sus conocidos y la decisión en su familia a no dejar que atacaran el hotel.
Por primera vez, Dennis observó esa cohesión entre todos, como si fueran una sola mente, que protegía el hotel y los que se hospedaban. Ni siquiera cuando el kraken los atacó en La Atlántida se comportaron así.
—¡Todos adentro! —gritaban Erika y Jonathan a voz conjunta.
Dennis buscó a Winnie con la mirada y la encontró a su lado, un poco mareada por el viaje a través del portal. Le tomó la pata y corrió con ella hacia su familia. Drácula, Vlad, Mavis, Wanda y Wayne, vieron que iban hacia ellos y sus expresiones cambiaron de la seriedad absoluta a una sorpresa enorme, junto con alegría.
Como cabía esperar, apenas pudieron tocarlos, les dieron la regañina de sus vidas por haber hecho lo que hicieron. Winnie los paró en seco al contarles lo que estaba pasando, y Dennis alzó el Canto a las Madres para corroborarlo. Les dijo sobre los Vínculos y las Palabras, la masacre de la ciudadela del Sínodo y la de la Sede de los Vampiros y que por alguna razón Luna le tenía un odio al hotel y los suyos. No se le pasó desapercibido al chico que Winnie no dijo nada sobre que Luna la buscaba a ella por alguna razón.
—Debemos detenerla —gritó Winnie, señalando hacia el bosque—. ¡No permitiré que una diosa de quinta destruya el hotel!
Todos asintieron y sus hermanos gritaron enojados, sin embargo, Dennis sintió la tenaza de alguien alrededor de su brazo y se volvió a observar a su madre, quien lo veía con preocupación.
—Dennis, hijo —dijo Mavis—, esto no es un juego, debes tener cuidado.
—Lo sé, mamá. —Dennis le entregó el libro—. No me cabe la menor duda y… si te soy sincero, no sé por qué nos ataca una deidad, pero si tenemos que pelear para defendernos, lo haremos.
—¿Cómo planean detenerla? —le preguntó Jonathan. Su padre, pese a rondar los cuarenta y tantos, aún conservaba un aspecto de alguien que apenas va a llegar a los treinta. Se debía a que beber una gota de sangre vampírica al mes, permitía a un humano ralentizar su proceso de envejecimiento. Drácula le contó que habían durado humanos hasta dos siglos de ese modo—. ¡Es una diosa, hijo!
Dennis negó con la cabeza.
—Una diosa no lo creo; los dioses son inmortales. Ella no lo es. Indestructible sí, no inmortal.
—Creo que no entiendes, Dennis.
—No, papá —insistió—. Ella, Luna, necesita… algo —dijo, para no decir «a Winnie»—, por alguna razón. Algo que está aquí y debemos impedir que lo obtenga. Sea lo que sea. —Bufó—. Sobre cómo vamos a detenerla… bueno, ¿no somos nosotros de improvisar sobre la marcha?
—No puedo discutir eso —reconoció Jonathan, Mavis negó con la cabeza, sonriendo.
—Cuídense.
—Ustedes también, mamá.
Y dicho esto, Dennis y Winnie corrieron hacia el ejército de lobos reanimados que se encaminaban hacia el hotel.
Un segundo después, el griterío de monstruos envalentonados y aterrorizados por los eventos, los secundó.
Will corría como si no hubiera un mañana hacia el ejército de lobos muertos. Gruñó, demasiado lento. Decantó magia de la estaca en su pecho, la que hizo al haber matado a Gremel para robarle su magia, cuyo latido se alineaba al de su propio corazón, y la sintió fluir por su cuerpo. Su figura entera se tornó negra por un instante, fluyó como el agua y al segundo siguiente ya no era un licántropo, sino un lobo animal en pleno derecho. Sus huesos se adaptaron, quebraron y se reconstruyeron en su nueva forma lupina.
Corrió todo lo que pudo, con más velocidad ahora. Pasó del empedrado del puente a la tierra suelta del bosque muerto que precedía al verdadero bosque detrás y saltó sobre un lobo que se acercaba. Cerró sus fauces en torno al cuello putrefacto del reanimado y mordió, rasgando la carne al mover la cabeza de un lado al otro. El lobo intentó desembarazarse de él y Will relajó su peso, sin soltarle el cuello; el lobo lo tomó por el estómago y lo lanzó lejos, sin embargo, al hacerlo, Will apretó la mandíbula y decapitó al reanimado, cuyo cuerpo cayó inerte al suelo.
Veloz como una sombra, Will volvió a decantar magia de su estaca para tomar forma antropomórfica y con un gesto de las patas, concentrando magia en sus garras brillando de blanco, hizo un gesto de corte, como desechando algo, y las estacas de los dos lobos que iban hacia él salieron de sus cuerpos como si las hubieran sacado con las manos.
Cayeron inertes.
A su lado, Dennis y Winnie pasaron corriendo como dos volutas de humo, directo hacia Luna; la loba con un brillo dorado y el vampiro con uno verde negruzco, por sus vínculos.
Will gruñó, volvió a decantar magia de la estaca y los siguió al trote.
Un zarpazo profundo le lanzó lejos, con la fuerza de dos camiones de carga y lo estrelló contra una roca. Decantó vida de la estaca en sus ojos y el dolor remitió, acelerada la curación por sus poderes licántropos.
Alzó la mirada y un lobo de no más de veinte años, con casi seis estacas en el cuerpo y dos en los ojos, le devolvió la «mirada».
El caos era total cuando Maiser intentaba resguardar la entrada del hotel. Usaba sus poderes para reescribir la roca y en lugar de ser una simple baranda de puente, la misma se volviera una pared de roca fortificada, y transformaba los reanimados con sólo tocarlos en humo, vidrio, fuego, etcétera. No obstante, eran demasiados.
Demasiados.
Un grupo de hombres lobos adultos que Maiser reconoció como los supervivientes, con sus ropas desgarradas, gritaron furiosos y cargaron contra los lobos. Maiser usó su magia y les transmitió mentalmente que debían sacarles las estacas a los reanimados, sugerencia de Walpurgis.
Los lobos amigos se disgregaron en grupitos protectores, donde se cuidaban mutuamente a (de) los ataques de los reanimados. Los gritos de dolor comenzaron instantes después. Docenas de hombres lobos saltaron el muro lateral que hacía de barrera o se escabullían de los grupos de lobos combatientes, hacia Maiser.
Seis lo atacaron al mismo tiempo, unos con velocidad amplificada, otros con fuerza mayor; los demás pasaron de largo hacia la pequeña plaza-recibidor que precedía a la puerta principal, lugar donde estaba el otro grupo que iba a resistir.
Maiser se agachó y esquivó un zarpazo a una velocidad casi antinatural, pero quedó expuesto para sendas patadas que dos lobos le propinaron por la espalda. La fuerza del golpe lo mandó hacia adelante, donde un cuarto lobo le enterró la pata en el hombro, sacándole un grito de dolor. Su piel comenzó a sanar de forma automática por su maldición, aunque el dolor era atroz.
«Dolor», pensó, volviendo la mirada hacia el castillo.
Tres lobos imitaron a su compañero y le enterraron las zarpas en el estómago, corazón y espalda, sin conseguir matarlo. Maiser gritó adolorido, comprendiendo.
Oh, pobre Drácula, su nieto iba a morir por manos de su Zing.
Nadie se resiste a una Madre, Maiser-hijo-Gly, dijo la voz de Walpurgis en su mente. Lo siento, hijo mío.
«No, yo lo siento por el chico.»
Dennis corría a la par de Winnie, ignorando el camino, sólo andando, pero su temor más grande se cumplió.
Lo separaron de ella.
Una loba con diez estacas en el cuerpo y dos en los ojos lo embistió con fuerza y velocidad, arrojándolo a cinco metros de Winnie. Ella no lo notó, sino que siguió corriendo. Cuando Dennis quiso gritar para llamarla, la voz de Madre Noche lo alertó justo a tiempo para que reparara en la loba con estacas por ojos antes de que ésta le enterrara la pata en el hombro, asemejando sus garras como al punta de una lanza.
Se salvó de no haber sido en el corazón gracias a la Madre Noche.
Olvida a tu Zing, Dennis, urgió Madre Noche, ocúpate de este hemoinvestido. Te matará si te descuidas.
Como si la loba quisiera demostrar que Madre Noche tenía razón, sacó la pata y lo tomó por el hombro para luego arrojarlo hacia el hotel. La fuerza del lanzamiento hizo que el viento tras Dennis hiciera de barrera y le impidiera recuperar la postura. Se estrelló contra la pared lateral del hotel y cayó al suelo, gritando por el dolor.
Se puso de pie a duras penas y acumuló su magia, su cuerpo brilló de un verde oscuro por su neblina, fortaleciéndolo, pero la herida de su hombro sangraba profusamente. Maldijo, al ser una herida hecha por un licántropo, su sanación acelerada no surtía efecto. Se cuadró para pelear contra la loba, gimiendo por el dolor; sin embargo, ella pasó de él, corriendo derecho hacia el hotel.
—¡Maldita sea! —gritó, usando su velocidad de vampiro para tratar de igualar a la loba. No quería alejarse de Winnie porque dejarla sola en terreno enemigo era condenarla, además de que Luna la estaba buscando.
Si la encontraba…
Wendy trataba de resistir en una de las albercas del hotel; de alguna forma, los lobos arrojados al lago de abajo escalaron y llegaron a las albercas, donde estaban los pocos refugiados que quedaban que no fueron a luchar, los monstruos protegidos que eran huéspedes y los humanos. Varios monstruos luchaban en un círculo protector para con los más asustados, y aquello le trajo recuerdos a la loba sobre que ella junto a su hermana defendiendo a los cachorros en la ciudadela.
Aquí en el hotel, sin embargo, estaban en desventaja, había diez reanimados con más de dos estacas contra ella, Chuchi y dos hermanos de Chuchi, unos tales Wabuldy y Wryan.
Un lobo se aisló a pelear con uno de los hermanos y otro con el segundo, dejando a Wendy y Chuchi contra cuatro. Pelea básica: separa a los que pueden darte problemas y lo demás será sencillo. No sabía si esos reanimados pensaban por sí mismos ya que estaban muertos, sin embargo, lógica sí tenían. Wendy tenía varios cortes que se estaban cerrando en sus brazos y piernas, le dolía la pata izquierda y las piernas las sentía de goma.
Pánico.
Recordó las palabras de Chuchi y se envaró; no iba a dejarse llevar por las emociones, se controlaría.
Chuchi se movía como si estuviera bañada en aceite, esquivando zarpazos de lobos, deslizándose entre las piernas de unos y golpeándole las pantorrillas con patadas para desequilibrarlos y luego con una patada doble los tiraba al suelo. Wendy estaba contra uno que tenía dos estacas, tratando de mantenerlo a raya y de proteger al mismo tiempo a los más débiles, como Chuchi y sus hermanos.
Vida antes que muerte.
Lanzó un puñetazo con la derecha que conectó en el abdomen del lobo, éste ni se inmutó por el dolor, respondiendo con un revés de la pata. Wendy se agachó para evitar el bofetón que a todas luces la hubiera dejado inconsciente, pero no previó la patada lateral que el lobo le dio en las costillas. Gimió, rodando por el suelo, con un dolor espantoso en el costado.
Fuerza antes que debilidad.
Escuchó a Chuchi gritar su nombre y al alzar la mirada, Wendy la vio ser estampada contra la pared a su lado; la loba se resbaló hasta el suelo y la miró con aquellos ojos verde agua. Wendy gruñó. «¡Se valiente por una vez en tu vida, maldición!»
Se puso de pie a duras penas, Chuchi la imitó.
Viaje antes que destino.
Le dolía el cuerpo como el demonio, pero no se rendiría, no iba a dejar que esos lobos tocaran a quienes intentaba proteger. Chuchi dio unos pasos a su lado y la imitó, firmes y con la mirada dura contra los lobos.
—La tenemos mal —dijo Chuchi, como si no fuera la gran cosa; el cabello estaba suelto y tenía un corte en la mejilla que iba de arriba debajo de su cabeza que no se cerraba.
—Lo sé —repuso Wendy—. Vamos a morir.
Las palabras, susurró una voz en su mente.
Wendy estaba tan atontada por el dolor que no escuchó bien aquello.
Las palabras, susurró de nuevo.
Inspiró con fuerza, aquella voz era la que le había dicho que no estaba lista.
Se volvió a ver a Chuchi y la vio sonriendo de oreja a oreja, a Wendy se le olvidó pensar por un instante. ¡Chuchi brillaba de un color azul leve, tan suave que se confundía con la iluminación normal de la luna!
Se veía como una diosa de la guerra, poderosa e imbatible.
—Yo conservaré las almas de los perdidos —murmuró.
La Segunda Convicción de Madre Walpurgis.
Ella brilló con fuerza, moviéndose como una centella hacia dos de los lobos, sacando las estacas de éstos y haciéndolos caer inertes al suelo. Saltó sobre el que estaba sobre su hermano y lo salvó de un tajo que iba directo a la garganta.
Los monstruos que estaban protegiendo susurraron asombrados.
Wendy rió, rió como una chiquilla al darse cuenta de que Chuchi pronunció unas Palabras, pero las sentía extrañas en sus oídos, como si no concordaran con ella.
Se cuadró contra el lobo que estaba frente a ella, quien iba a por los protegidos. No dejaría que pasaran, no se daría el lujo de permitir más muertes. Respiró con suavidad, ignorando el dolor en su cuerpo y dijo las Palabras que había oído del vampiro:
—Yo protegeré a quienes no puedan protegerse.
Dennis embistió a la loba con las dos estacas por ojos y logró derribarla apenas ella cruzó el arco de piedra que hacía de entrada a la pequeña fuente que precedía la entrada del hotel. El lugar era un caos, aquí y allá había grupos de monstruos que se defendían contra los lobos reanimados. Drácula volaba como una sombra petrificando a varios y Vlad les sacaba las estacas al acercarse. Mavis, por otra parte, repartía puñetazos y patadas a diestra y siniestra.
La loba se revolvió debajo de Dennis y con una patada se desembarazó, yendo hacia los lobos que protegían y atacaban, con unos movimientos tan rápidos que se hicieron sólo un borrón, cuatro licántropos cayeron muertos con los cuellos rotos, los otros del grupo chillaron asustados y corrieron hacia el hotel, reuniéndose en el grupo de monstruos y humanos que defendían la puerta giratoria. Mavis usaba su magia y alzaba los reanimados para que Jonathan les diera un escopetazo con un arma de plata que Dennis reconoció del estudio de su abuelo.
Sintió un zarpazo que le escoció la espalda y al volverse le dio un puñetazo a un reanimado simple, estiró el brazo y le sacó la estaca del pecho. Se agachó esquivando un segundo ataque y le sacó la estaca al atacante. Dos menos, faltaban decenas más. Con su magia redujo a cinco lobos y los arrojó por encima de los muros hacia el fondo del lago.
Escuchó los gritos de unos lobos a su derecha, pero éstos lo miraron mal cuando intentó ayudarlos, dándole el tiempo a los reanimados que atacaban para acabar con dos, atravesándoles el pecho.
Dennis quedó aturdido en el lugar, ¿por qué seguían odiándolo si trataba de ayudarlos?
¿Por qué?
Cuando Winnie llegó con Madre Luna, ni siquiera tuvo tiempo de reaccionar; ésta tronó los dedos y Winnie quedó congelada en el acto, como cuando la controlaba un vampiro. Sin embargo, no era como tal, sino que su cuerpo se resistía en luchar en contra de Madre Luna.
Luna caminó hasta ella con una sonrisa maternal. Su cuerpo era un amasijo de curvas y estacas, tenía unas veinte en todo el cuerpo, sus ojos eran de un blanco perlado, pero la intensidad que emanaban era poder puro.
—Te estuve esperando, Winnie —dijo, con suavidad.
Winnie gruñó.
—¿Por qué?
—Winnie, eso ya no tiene importancia —dijo Luna, tocándole el hombro—. Ahora tú serás quien cumplirá mis deseos. Serás mi Heraldo. Destruirás lo que yo quiera y a quién quiera.
—Jamás.
Luna sonrió, con un parecido tan real a su madre que le dio miedo. Dentro de ella, muy profundo, la voz de la esquirla de Humanidad le instaba a seguir, pero se oía débil, casi sollozante.
—No digas eso, querida, porque tomarás el lugar para lo que naciste. —Luna le posó dos dedos en la frente y Winnie gritó—. Naciste para esto, para obedecerme. Para traer el cambio.
Dentro de su mente el odio que Winnie sentía por la mayoría de los vampiros, por los miembros de la ciudadela y el Sínodo que los odiaban, por los monstruos que los segregaban por amar a Dennis y sobre todo los gritos de dolores de los que murieron en la ciudadela por no haberse quedado, explotaron.
Observó a Dennis venir por ella y ella matándolo, atravesándole el pecho con una pata y arrojando su cuerpo al suelo. Se observó destruyendo el hotel, matando a sus amigos y familiares, todo porque Luna lo quería. Porque Luna odiaba el hotel y si Luna odiaba el hotel, ella como su Heraldo tenía que odiarlo también. Se vio con las patas manchadas de sangre.
Se vio sola, realizando cambios, mientras a su alrededor, el poder de Luna se alzaba como una tormenta de arena.
—Sólo tienes que hacer una cosa, Winnie —arrulló Luna—. Dame tu dolor. No tienes que cargar con ese peso, hija mía. Yo he influido en ti desde niña y en tu destino, dame tu carga y deja que el dolor se vaya.
Winnie cayó de rodillas, llorando y adolorida, rodeada de una tormenta de poder.
Maiser podía sentir en su cabeza el poder de Luna, fuerte y arrebatador. Él solo había acabado con más de treinta lobos, convirtiéndolos en elementos y humo. Tocó el suelo, el mismo puente onduló como si fuera de agua y una pared entera se alzó desde el centro del puente, frenando por completo el avance de los reanimados.
Maiser saltó y aterrizó en el borde del muro, esperando que dentro de poco le llegara la muerte. Lo había visto en su sueño, subía a un punto alto y entonces… moría.
Nada pasó.
Alzó las manos y con un grito concentró gran parte de su magia y (a) la mitad de todos los reanimados de la parte externa a ese muro cayeron inertes cuando la magia de Maiser y parte de la de Walpurgis les extrajeron las estacas. El brujo de piel azul hincó una rodilla en el borde de la pared y se agarró el pecho, jadeando adolorido.
—¿Por qué? —se preguntó.
¿Por qué, qué, Maiser?, dijo Walpurgis.
—No he muerto —dijo—. Mis sueños me decían que moriría en un lugar alto y tú me dijiste que encontraría la respuesta a mi pregunta. A lo que nos mantiene en nuestra maldición de inmortalidad. ¿Cuál es el paso más importante, Madre?
Ya deberías saberlo, ¿no?
Maiser jadeó cuando sintió un tirón en el pecho, uno que estuvo a punto de hacerlo caer abajo por el dolor que le causó. Fue como si le sacasen el corazón. Parpadeó, dándose cuenta de que se sentía más liviano, como si hubiera dejado atrás un gran peso.
Observó hacia donde el poder de Luna se congregaba. La loba estaba de rodillas ante la Madre Luna y lloraba, pero Maiser sentía algo emanar de aquella chica, una fiereza animal, una ira protectora tan grande que resultaba aturdidora. Parpadeando sorprendido, él comprendió que si su visión se equivocaba con su muerte, lo que veía podía no ocurrir.
—Tú puedes —susurró, alentando a la loba—. Solo continúa adelante.
Porque esa era la respuesta.
El paso más importante que puede dar alguien no es el primero…
Es el próximo.
Siempre el próximo paso.
La tormenta de energía blanca a su alrededor parecía un huracán creciente, poco a poco subiendo y rugiendo, aumentando. Las lágrimas eran calientes a su tacto, el pelaje le ardía y la piel la sentía como si la estuvieran marcando con plata. Dolor puro.
Sólo fue el inicio.
La energía blanca formó los contornos de todos los licántropos que murieron en la ciudadela. La miraban con ojos huecos y la señalaban, acusándola por dejarlos morir. La exiliaban por haberlos traicionado al enamorarse de un vampiro, de sus antiguos enemigos. Las escenas de sus muertes se repetían aquí y allí, una y otra vez, y el dolor que sintieron reverberaba en el cuerpo de Winnie, haciéndola gritar, sangrar y llorar.
Quería que aquello se detuviera.
—Detén esto, por favor —susurró Winnie.
—Lo revivirás una y otra vez —dijo Luna, calmada— hasta que te liberes. No puedes llevar esa carga, Winnie. Por favor entrégamela. Yo fui quien te obligó a hacer eso. No es tu culpa.
En el fondo de su mente, la esquirla de Humanidad lloraba. Luna la apartó con un gesto de la mano. Eso dejó a Winnie sola.
—Tan sola…
—No estás sola, Winnie —susurró Luna—. Yo estoy aquí. Siempre he estado aquí.
Winnie apretó las patas en el suelo, quebrándose algunas garras, arañando la tierra. Cuánto dolía. Les había fallado. A Wayne, a Wanda, a sus hermanos, a Chuchi, a tío Drac, tía Mavis, tío Jonathan, a tía Erika. A Dennis. No podía hacerle frente a Luna. Les había fallado. No podía vivir con eso.
¡No podía vivir en un mundo donde ella destruía a Dennis!
—Libérate. —Luna hincó una rodilla y la apretó por el hombro, con la fuerza de quien vela por su seguridad—. Winnie, por favor, no tienes que sufrir por ello. Dame esa carga a mí.
Dennis gritó de dolor cuando algo en su pecho se quebró, fue como si le perforaran el corazón y le introdujeran agua bendita hirviendo en la herida para verlo derretirse de dentro hacia afuera. Gruesas lágrimas mitad agua mitad sangre le cayeron por las mejillas por el dolor.
«Winnie.»
Los sonidos de la lucha a su alrededor eran apagados, como si tuviera la cabeza bajo el agua. Cayó de rodillas, jadeando, llorando. Ninguno de los licántropos lo ayudó.
«Winnie.»
Las Palabras, Dennis, ¡di las Palabras! La voz de Madre Noche era compasiva, alentadora. Pero el dolor que sentía en el pecho, resonando en su cuerpo, era horroroso. Empezó a temblar de forma incontrolable. ¿Por qué sentía ese dolor? ¿Acaso Winnie estaba pasando por algo así?
«Winnie, por favor.»
¡Las Palabras, Dennis! ¡Tú puedes!
Dentro del hotel, Jonathan y Erika corrían por los pasillos, gritando a los monstruos y humanos que no salieran de las habitaciones, y a los que estaban fuera de ellas los alentaban a que se refugiaran en los salones multiusos. Debían salvarlos.
Jadeaba, cansado, escopeta de plata en mano. Movió la corredera, un cartucho vacío salió cuando recargó. Los lobos reanimados que había visto que Mavis lanzaba al agua, entraban por los ventanales laterales del hotel, o bien los veía corriendo, con las estacas y los ojos blancos desprovistos de vida, hacia el vestíbulo a través de los pasillos que daban a la piscina.
Apuntó al lobo y disparó. La detonación le hizo pitar los oídos, pero fue efectiva ya que el lobo cayó al suelo entre un siseo. Podría estar muerto, sin embargo, seguían siendo hombres lobos, y por ende, débiles ante la plata. Erika se acercó y le extrajo la estaca; el lobo dejó de moverse.
Como si eso fuera una señal, cinco reanimados aparecieron por el pasillo hacia ellos. Jonathan recargó lo más rápido que pudo la escopeta y disparó, parte de la metralla le dio a un lobo, la otra sólo rozó a su compañero. Erika se movió con velocidad y le dio unos golpes y patadas a otro lobo. Se pusieron espalda contra espalda, Jonathan recargando la escopeta.
A lo lejos, un humano, un chiquillo de no más de ocho años, asomó al cabeza por el umbral de su habitación.
—¡Quédate dentro! —gritó. El niño abrió los ojos con miedo y cerró con un portazo.
Tras de sí, Jonathan escuchó a Erika murmurar.
—Vida... antes que muerte...
Ella se alejó y atacó a los hombres lobos.
—Fuerza... antes que debilidad...
Los pelos de la nuca de Jonathan se erizaron. Erika comenzó a emitir un leve brillo dorado, muy tenue.
De una patada, envió a un lobo al suelo; Jonathan disparó y derribó a otro. Cuatro reanimados más aparecieron por un pasillo lateral.
—Viaje antes que...
Detrás de Erika se destacó una figura, una mujer lobo con diez estacas en el cuerpo y dos en la cabeza, sobre los ojos. En un instante, su pata se movió como una centella y le atravesó el vientre a Erika, quien gritó. Los ojos se le abrieron por la sorpresa al ver la pata, roja y con el pelaje apelmazado, saliendo de su estómago. Jonathan gritó y disparó una tanda, pero la loba con estacas por ojos sacó la pata y se volvió a verlo con sus ojos ciegos.
Jonathan cuadró la mandíbula. Se le habían acabado las balas.
Las Palabras se atoraron en la garganta de Dennis.
«Debo salvarla… Debo salvar a Winnie.»
—No puedo —jadeó, llorando; la sola idea de que Winnie sufriera como estaba sufriendo él era dolorosa.
Quería salvarla, pero no podía. Maldita sea, no podía. ¿Por qué tenía que ser tan débil? ¿Por qué tenía que ser siempre el que se enteraba de último y el que confiaba más en los demás? ¿Por qué era el que tenía que ser protegido, el que no sacrificaba nada por alguien? Winnie lo protegió muchas veces a su manera, tenía que responderle de la misma forma. ¡Tenía que salvarla!
Odiaba ser débil.
Sí puedes, Dennis.
Un latido, muy lejano, como un corazón agonizante, llamó su atención.
Sunny estaba exultante de energía... y cansada. Muy cansada. Giró en un pasillo para llegar al vestíbulo y salir al recibidor del hotel, pero se frenó de golpe. En el suelo del mismo, tía Erika tenía una cara de sorpresa, tendida en el suelo, con un agujero en el vientre en un charco de su propia sangre, que se hacía cada vez más grande.
Agonizaba.
Tío Jonathan luchaba como podía, usando una escopeta de plata a modo de porra, probablemente sin balas, contra unos lobos, entre ellos, una loba con diez estacas en el cuerpo y dos en la cabeza.
No sirvió de mucho, en un parpadeo, la reanimada tomó la escopeta con una pata, la carne siseando quemándose, y clavó su pata libre en el pecho de tío Jonathan.
Sunny gritó, adolorida por ver la cara de sorpresa y dolor de tío Jonathan, sin embargo, el susurro asustado y sorprendido de Wendy a su espalda capturó su atención al instante.
—Wuly...
Ese nombre, recordó Sunny, era el de la hermana de Wendy.
Dennis alzó la mirada, hacia el sonido. Venía de la misma luna. Era suave y rítmico, aunque con una cadencia rara, no uniforme, sino intercalada. ¡Pom-pom, pom-pom-pom, pom-pom-pom-pom, pom-pom! ¿Por qué se oía un latido de la luna?
—¿Qué es eso? —murmuró, ignorando olímpicamente las peleas a su alrededor, los muertos, la sangre en el aire.
Así que ya puedes oírla, hijo mío, murmuró Madre Noche, con delicadeza.
—¿Qué es?
Mi prisión. La prisión de todas las Madres. ¿Una prisión? ¡¿La luna era la prisión donde ellas estaban?! La Perpendicularidad de Humanidad. Un pozo de poder que perfora los tres reinos.
El aire se volvió más fino, el mundo pareció detenerse un instante y todos se quedaron estáticos. La luz misma remitió, quedando en una penumbra con una suave iluminación, la de la luna. Frente a él, de humo negro tan vaporoso que tuvo que entrecerrar los ojos para verla, se formó una figura. Una mujer de negros cabellos como obsidiana se materializó, intangible. Sus ojos, pozos de oscuridad infinita, lo vieron con estimación y cariño.
Mi hogar, dijo Madre Noche.
Debía sentirse impactado por estar viendo a Madre Noche, sin embargo, estaba más impresionado por la revelación de que la luna era la prisión de todas ellas. De hecho, tenía sentido. La luna se usaba antes como una medida de tiempo, ya que con ella cronometraban las doce horas de un día. Tiempo. Y si el método para crear una Lágrima de Luna era en luna llena, esa podía ser la razón por la que las mismas pudieran fluctuar en el tiempo. Sin embargo, si se usaba la luna como una especie de potenciador o catalizador para un tipo de magia, extrayendo algo de ella, por lógica, ésta se degradaría a nivel mágico. Tal vez la luna no se cayera a pedazos, pero si esa era la prisión, el desgaste mágico por el uso de las Lágrimas crearía la abertura por la que Luna escapó.
—¿Puedes verlo, Dennis? —dijo Madre Noche, señalando con un amplio gesto a los demás monstruos—. ¿Puedes sentir las Palabras?
Los licántropos que lo odiaban estaban estáticos, luchando contra algo que no podían derrotar. Y aún así, luchaban. Peleaban con todas sus fuerzas, quemando su vida. ¿Cómo era capaz Dennis de no ayudar, de no ser esa persona que los salvaría? Sí, era difícil, pero no imposible.
Pero... ¿y si no podía salvarlos?
—Tengo miedo, Madre Noche, ¿y si no soy de ayuda, y si no detengo a Madre Luna?
Madre Noche sonrió tan maternal como Mavis y se disolvió en humo antes de que el tiempo y todo volviera a la normalidad. Los gritos y la pelea regresaron.
Serás de ayuda para detenerla, Dennis, dijo Madre Noche. Eso te lo aseguro. Y en cuanto a tu miedo... no serías un ser vivo si no lo tuvieras. Sin embargo, justo a eso se refieren las Palabras. Puedes protegerlos, hijo.
—Debo protegerlos —convino Dennis, sintiendo una gran calma.
¿Por qué?
Recordó lo que le había dicho a Winnie antes de partir del hotel hacia la ciudadela.
—Porque es lo justo. Porque si yo protejo sólo a los que me gustan y me caen bien, entonces significa que no me importa hacer lo correcto. Si hago eso, sólo me preocuparía lo que fuera conveniente para mí mismo. Eso no es proteger. Eso es egoísmo.
Dennis se relamió los labios, con una sonrisa.
—Protegeré incluso a quienes odie, siempre que sea lo justo.
La Tercera Convicción de Madre Noche.
Esas Palabras son aceptadas.
Dennis explotó en luz cuando una gran fuente de energía lo inundó, abrazándolo como si estuviera esperando a que pronunciara las Palabras para unirse a él. Con un gesto de la mano, gritando, envuelto en niebla verde oscuro, Dennis hizo que las estacas de todos los lobos dentro de la fuente que precedía la entrada del hotel salieran de sus cuerpos y cayeran inertes al suelo, seguido de los reanimados.
Comprendió entonces lo que Madre Noche le quiso decir sobre las Artes, ya que Su Arte, la duplaconexión, era algo sumamente increíble y poderoso. Con ese poder salvaría a Winnie, sin duda, pero antes…
Corrió usando su velocidad de vampiro a todo lo que podía, rumbo al estudio privado de su abuelo, en busca de un artefacto muy especial.
«Sola.» Winnie apretó el puño contra su pecho. «Tan sola.»
Dolía pensar. Dolía respirar. Sin embargo, las palabras de Dennis aparecieron en su mente…
«…alguien tiene que empezar. Alguien tiene que dar un paso al frente y hacer lo que es justo, porque es justo. Si nadie empieza, los demás no pueden seguirlo…»
Temblando, sangrando por los oídos, nariz y boca, agónica, Winnie obligó al aire a entrar en sus pulmones y dijo una sola y rasposa frase:
—No puedes tener mi dolor.
