Disclaimer: Todos los personajes le pertenecen a JK Rowling, la trama a la genia de Bex-Chan.
Este capítulo fue revisado por Nanaa04(Nat)
HUNTED
Capítulo XXI:
Pelirrojo
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El domingo por la mañana, Hermione tenía la cabeza apoyada sobre la rodilla levantada de su amante mientras él se apoyaba sobre sus codos. Después de dos sesiones de "sexo oral de disculpa" exitosos, ya que se seguía sintiendo un poco culpable por su pelea el viernes, estaba admirando la mirada distante en los ojos de él mientras su clímax disminuía.
Ambos estaban desnudos, y salpicados con pequeñas gotas de sudor. Su pecho estaba ligeramente agitado después de que la boca de ella lo había hecho venirse por segunda vez, y ella lo observaba con una extraña fascinación. Descansó su barbilla sobre la rodilla de él y le hizo cosquillas en el interior de su pierna, disfrutando el silencio post-coito. Después de algunos minutos, ella notó que las líneas relajadas de su rostro se convirtieron en líneas de concentración, casi de preocupación.
—¿Qué sucede? —cuestionó, su voz ronca por la mañana. —Oh, Merlín, no te raspé con los dientes ¿verdad?
Él se rio profundo en su garganta, y se inclinó hacia adelante para empujar el cabello empapado de sudor de su rostro. —No, Granger —murmuró. —Estuviste muy impresionante.
—Entonces, ¿qué sucede? —preguntó ella, mordiéndose el labio inferior.
—Fue algo que Pucey dijo.
—Qué encantador —ella le mostró una sonrisa burlona. —¿Estás pensando sobre Pucey justo después de que terminé de hacer eso?
—No me gusta esa insinuación —él advirtió —.Puedo asegurarte que mi mente estaba pensando apropiadamente cuando me estabas succionando la polla…
—Draco…
—Seh, Seh, lo sé —él frunció el ceño, volviéndose a apoyar sobre sus codos —.Él me dijo que no sería perseguido como Goyle y los demás. Dijo que mi posición en el Ministerio significaba que no era adecuado para ser reclutado, y por lo tanto el asesino no estaría interesado en mí.
—Esas son buenas noticias —dijo ella, su rostro confundido. —¿Pero no pareces muy feliz al respecto?
—No tengo idea de cómo se supone que uno tiene que tomar algo así, —él se encogió de hombros, tomando un momento para admirar la desnudez de ella. Merlín sabía cuando su deseo de modestia empezaría. —¿Cómo reaccionarías ante esas noticias?
—Creo que estaría contenta—ella le sonrió, sacando la cabeza de su pierna. —Y estoy francamente aliviada de que no seas un objetivo.
—Él también mencionó… —Draco comenzó vacilante, sus labios se contrajeron —…que esos grupos de Rebelión te ven como un gran premio.
—¿Y estás sorprendido por eso?
—No sorprendido —murmuró, observando cómo ella dejaba el espacio entre sus piernas y se arrastró a su lado, tirando de una de las sábanas para cubrirse. Maldita modestia. —Fue solo un poco…inquietante de escuchar.
—Pero tú monitoreaste a los ex Mortífagos —ella frunció el ceño. —Y sé que tuviste experiencia con algunos grupos de rebelión. De seguro que algunos de ellos mencionaron vengarse de Harry, Ron y de mi.
—No te estaba follando en ese momento —él remarcó, dándole una rápida sonrisa.
—Vamos —ella suspiró, mirándolo impaciente. —¿Te mataría decir "no estábamos en una relación en ese momento"?
—¿Te dolería si digo que sí? —él bromeó, mirando cómo sus rizos se balanceaban cuando ella meneaba la cabeza afirmativamente. —Me esforzaré más la próxima vez, Granger.
—Seguro que lo harás —rodó los ojos. —Deberíamos trabajar un poco.
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El domingo siguiente encontró a Hermione descansando en la cama de Draco otra vez, vestida y rodeada por un desierto de pergaminos y libros. Vestida con una camiseta suelta y unos vaqueros rotos, estaba analizando las cartas de nuevo, leyendo todos los libros que pudo conseguir con referencia a la Antigua Roma.
Tampoco estaba sola. No, estaba compartiendo la cama de Draco con cierto acompañante de color melado mientras ella intentaba mantener enfocado sus cincos sentidos. Le dio al pelirrojo una caricia cariñosa cuando su amante rubio apareció en la puerta.
—Saca a ese maldito gato de mi cama, Granger —él frunció el ceño, poniendo dos tazas de té sobre la mesita de luz. —Me niego a despertarme con jodidas picaduras de pulgas por todo mi cuerpo.
—Crookshanks no tiene pulgas —ella protestó, pero de todas maneras puso a su mascota en el suelo.
—¿Tuviste suerte? —preguntó, haciendo un gesto hacia las cartas.
—En este momento estoy leyendo un libro de Cícero de trescientas páginas —ella murmuró, mostrándole la tapa para dar énfasis. —¿Cómo crees que me está yendo?
—Yo tampoco tuve suerte —él comentó, sentándose a su lado sobre la cama. —En realidad no hay mucho en lo que se pueda trabajar.
—Hubieron demasiados grupos de rebelión—ella suspiró, frotándose los ojos cansados. —Es difícil mantener el hilo del papeleo. ¿Qué estás esperando encontrar?
—Algún tipo de pista sobre el nombre que está faltando.
—Tal vez deberías hacerle otra visita a Pucey.
—Él me dijo todo lo que pudo —Draco negó con la cabeza. —Otra visita no sería productiva. Me pregunto si Warrington habrá averiguado algo más. ¿Arreglaste los elementos para su prometida?
—Sí, ya están listos —ella asintió, y con un resoplido de frustración cerró el libro de golpe. —¡Nada de esto está funcionando! ¿Estás seguro que dijo Antigua Roma?
—Sí —él asintió. —Solo toma un descanso por unos minutos, Granger. No te vaya a salir una hernia.
—Bueno —dijo ella, tomando un sorbo de su té. —Supongo que no ayuda que esté nerviosa.
—¿De qué?
—¿Qué quieres decir con "de qué"? —le lanzó una mirada inquieta. —Ron regresa a Londres mañana. ¿Cómo pudiste olvidar eso?
—Si crees que me voy a preocupar por un Weasley —dijo con un tono arrogante, moviéndose para sentarse detrás de ella y encerrándola con sus piernas. —Entonces en verdad no me conoces tan bien, Granger.
—Buen punto —ella suspiró, apoyando la espalda contra su pecho. —Pero puedes al menos pretender apoyarme teniendo en cuenta que en verdad estoy nerviosa.
—No pretendo —él susurró contra su oreja, atrapando su lóbulo con la lengua. Sus manos se movieron bajo su camiseta y jugó con el borde de sus pantalones. —Y en cuanto a apoyarte, estoy dispuesto a ofrecerte una distracción…
—Seguro —ella se rió, deteniendo sus manos exploradoras. —Pero ahora no quiero distraerme. Quiero planear lo que voy a decir…
—Por supuesto que lo quieres hacer —él gruñó. —Continúa con tu diatriba entonces.
—Bueno, no tengo idea de lo que le voy a decir —dijo ella, pasando una mano por sus ondas castañas. —No sé por dónde comenzar a explicar esto a Ron…
—Creo que solo deberías escupirlo —dijo, exhalando sobre su cuello. —Dudo que haya alguna manera que pudieras suavizar el golpe.
—Quizás tengas razón —ella suspiró, ladeando la cabeza para darle más espacio. —Tal vez debería contar de buenas a primeras el hecho de que he estado follando a la persona que él odiaba más en Hogwarts.
—Pensé que no teníamos permitido llamarlo así —Draco le recordó con un ligero empujón. —Dejaste bastante claro que quería utilizar esa condenada palabra: "relación"…
—No estoy segura qué le molestará más —ella confesó, subiendo y bajando los dedos por sus piernas. —Si solo fuera sexo o una relación…
—Va a ser mejor que le digas que es una relación, Hermione —le dijo, y ella estuvo sorprendida por su comentario. —No quiero que crea que tiene alguna chance de trabajar su camino de regreso. Quiero que sepa eso…bueno…mierda, sabes a lo que me refiero.
—Eso creo —ella sonrió ante sus palabras, o las faltas de ellas. —De todas formas no le hubiera mentido.
—Ya pensarás en algo —le aseguró, empujando las manos por debajo del borde de sus vaqueros. —Ahora te voy a follar, Granger.
—Tengo que continuar con este trabajo —ella protestó, pero fue débil. Sus dedos ya habían encontrado su vulva y siempre se sentía demasiado delicioso para resistirse.
—Más tarde —él insistió, sabiendo que había ganado. Agitó su varita para cerrar la puerta mientras atacaba su cuello con los dientes. —Me niego a que tu maldito gato vuelva a interrumpir.
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Merlín sabría por qué él simplemente no le dijo que levitara su condenada tonelada de libros. No, en su lugar se encontró haciendo malabares con seis de los textos pesados mientras caminaban hacia su oficina. Eran momentos como esos en donde odiaba la caballerosidad.
—A la mierda con esto —murmuró, de alguna manera logrando mover su varita así los libros estaban flotando a su lado. Los cuatros libros que ella había estado llevando se unieron a la pequeña pila y ella frunció el ceño.
—Estamos solo a dos minutos de tu oficina.
—No me importa —él contestó. —Soy mago, por lo tanto debo utilizar magia.
Ella no dijo nada, solo le dio otra mirada desaprobatoria cuando entraron a la sala. Ambos se sumergieron al instante en su trabajo, hablando ocasionalmente de la relevancia de ciertos factores. Los escudos protectores de Goyle seguían preocupando a Hermione, y le pidió a Draco que intentara crear una lista de personas a quienes Goyle hubiera permitido entrar a su hogar. El heredero Malfoy no tenía idea.
Así que se quedó investigando sobre el Movimiento Vendetta, y ella siguió intentando descifrar las cartas, en ocasiones dirigiéndose para tomar otro libro. Después de hundirse en páginas de Seneca, Catullus, Virgilio y los cuentos de Numina, estaba comenzando a dolerle la cabeza. Levantó la mirada y encontró una de esas sonrisas engreídas bailando en los labios de Draco.
—¿Encontraste algo? —ella cuestionó, haciendo una pausa para mirarlo de manera escéptica.
—No —dijo sencillamente, escribiendo una rápida nota.
—Entonces ¿por qué la sonrisa?
—Estaba recordando algo —él explicó vagamente, mostrándole una mirada arrogante.
—Odio cuando haces eso —ella comentó, dejando de lado su trabajo por un momento. —¿Te importaría explayarte, por favor?
—Estamos trabajando —él señaló —Te lo diré después de…
—Dime ahora —le pidió ella casi en un tono de gemido. —Necesito un descanso de la maldita Roma antes de volverme loca.
—Está bien —su sonrisa se agrandó un poco, sus ojos cargados de diversión. —De hecho estaba pensando en ese pequeño truco que hiciste anoche. Estás llena de sorpresas, Granger.
—¿Qué truco? —ella preguntó, pero luego un recuerdo agradable retumbó en su cabeza y la hizo sonrojarse. —Oh, te refieres a…
—Sí —él confirmó, mirándola fijo. —Tu pequeño intento de acrobacia. — Su rostro se inquietó por un momento. —No me digas que Weasley te enseñó…
—¡Draco, no seas idiota! —ella lo regañó, sabiendo que sus mejillas estaban teñidas de un tono rosado. —Leí sobre eso en una revista hace algunos días. Se llama "El Arco".
—Parece apropiado —él asintió, regresando a su sonrisa. —Y todos fuimos engañados por la imagen de ratón de biblioteca en Hogwarts.
—Creo que todavía es evidente —ella sonrió, señalando a la pila de libros en el escritorio. —que soy firmemente un ratón de biblioteca.
—Aunque tuve razón sobre una cosa en Hogwarts, Granger —dijo arrastrando las palabras, mirándola con atención para darse cuenta que la puerta de la oficina se había abierto. —Siempre fuiste asquerosa.
—¿Cómo la acabas de llamar?
La risa de Hermione ante la ocurrencia de su amante le quedó atragantada.
Giró la cabeza de golpe para ver a su furioso ex novio, cuya mirada de enojo estaba fija en Draco. Una parte de ella estaba preparada para maldecir al destino por dejar que Ron entrara justo en ese momento, pero por otra parte, ella estaba aliviada de que él no había irrumpido antes. Merlín sabía cómo le explicaría su charla con Draco sobre sus posiciones de sexo preferidas.
—¡La acabas de llamar asquerosa! —Ron despotricó, adentrándose más a la oficina. —Sabía que era toda una mierda eso de que habías cambiado…
—Ron, —Hermione lo detuvo, levantándose de su silla y empujándolo del pecho. —Era solo una broma, cálmate…
—Haría lo que ella dice, Weasley —Draco habló, sonando al imbécil condescendiente que podía ser. —Odiaría tener que ponerte en tu lugar…
—Cállate, Malfoy —el pelirrojo espetó, enviándole al rubio miradas frías por sobre el hombro de ella. —O te juro que…
—Suficiente —exigió Hermione, dándole a su amigo una palmada de advertencia sobre su pecho. —Los dos dejen de ser tan jodidamente infantiles. ¿Qué estás haciendo aquí?
—¿Y por qué carajo no golpeaste la puerta…?
—Basta, Draco —lo regañó por sobre su hombro, sintiendo cómo su amigo empujaba contra su palma. —¿Qué quieres, Ron?
—Vine a buscarte para almorzar —le explicó como si fuera obvio. —¿Puedes?
—Em, sí —ella tartamudeó, empujando a Ron hacia la puerta. —¿Puedes esperar en las escaleras y salgo en un minuto, por favor? Tengo que ordenar mis expedientes.
—Está bien —él aceptó vacilante, lanzándole a Malfoy otra mirada oscura que le recordó a sus peleas en Hogwarts.
—Siempre es un placer, Weasley —dijo Draco, mostrándole una sonrisa satisfecha.
Hermione pudo ver el insulto burbujeando en la garganta de su amigo y lo empujó rápidamente fuera de la oficina antes de que lo dijera. Se volvió hacia su amante sonriente con una expresión de irritación, agitando la varita para organizar su lado del escritorio.
—Gran comienzo —ella comentó, su voz cargada de sarcasmo. —¿Tenías que provocarlo?
—Es instinto —él se encogió de hombros, dejando su asiento para acercarse a ella. —¿En verdad vas a ir almorzar con él? Estoy sorprendido que puedas comer con eso sentado delante de ti…
—Por favor, basta —ella susurró, y era solo por la desesperación en su tono que él lo hizo. —Estás haciendo esto más difícil para mí…
—Está bien, me detendré —él asintió, pasando el dedo por su labio inferior. —¿Necesitas que haga algo?
—No —ella murmuró, dándole un beso a su pulgar. —¿Puedes estar aquí cuando regrese, por favor? Es probable que necesite a alguien para desahogarme.
—Genial —él rodó los ojos. —Pero sí, estaré aquí.
—Gracias —ella forzó una sonrisa, inclinándose hacia adelante para un rápido beso.
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Ron dejó que ella eligiera dónde podían ir a comer algo, así que decidió por El Caldero Chorreante por dos motivos. Uno; disfrutaba recordar el tiempo que pasaba allí con Harry y Ron cuando eran más jóvenes. Y dos; estaba normalmente bastante ocupado en esa hora del día, y esperaba que la cantidad prometida de clientes aseguraría que Ron no causaría una escena. Esperanza, era la palabra clave.
Él agarró dos cervezas de mantequillas del bar y ordenó un poco de comida mientras ella buscaba un espacio entre los clientes alborotados. Se acomodaron en una de las mesas con más incomodidad que Hermione alguna vez había pensado que fuera posible que existiera entre ellos. Sabía que era su culpa ya que su mente estaba distraída con la tarea en cuestión, pero de todas maneras él parecía no darse cuenta.
Una rápida mirada alrededor del bar le hizo saber que en verdad estaba bastante lleno, y notó algunos rostros conocidos. Su mirada problemática se posó en dos periodistas de El Profeta, antes de moverse a algunos compañeros del Ministerio sin nombres. Incluso Padma Patil estaba presente, comiendo con algunos de sus colegas periodistas de Corazón de Bruja.
«Entonces, la mitad de los chismosos de Londres está aquí. Estupendo.»
—Luces bien —él le dijo, sus ojos inocentes y ajenos a sus pensamientos. —De hecho, realmente bien. Hace mucho que no te veo.
—Casi cuatro meses —ella suspiró, sumando rápidamente las semanas en su cabeza.
—Se siente más tiempo —él dijo pensativo, haciendo un rápido gesto para saludar a Padma. —¿Cómo has estado?
—Bien —ella respondió siendo sincera. El sexo constante tiene el habito de mantenerte animado. —¿Y tú?
—Brillante —él sonrió, y ella odiaba el hecho de que iba hacer pedazos esa sonrisa en cuestión de minutos. —¡Trabajar con Charlie y los Dragones es jodidamente emocionante! Aunque sí extraño Londres. He estado hablando con George sobre regresar y trabajar en la tienda por un tiempo.
—Eso sería genial —ella sonrió, y lo dijo en serio. —Harry y yo te extrañamos. Y a penas he visto a Harry estos últimos meses.
—Ginny mencionó que ha estado lejos intentando rastrear a tu sospechoso —comentó mientras llegaba la comida. —Por cierto ¿cómo va eso? ¿Te estás acercando?
—El progreso es lento —ella frunció el ceño, jugando con las verduras en su plato. Su apetito huía junto con su valor. «Escúpelo.» —Ron, tengo que…
—Estoy seguro que pronto encontrarás algo —le aseguró, no dándose cuenta del cambio en el tono de su voz. —Si alguien lo puede averiguar, eres tú. La bruja más brillante de nuestra era y todo eso.
—Seguro —ella se encogió de hombros, humedeciéndose los labios. «Hazlo» —Mira, Ron…
—Date un poco de crédito, Mione —dijo él con cariño. —Sabes lo inteligente que eres. ¿Has estado haciendo algo más?
«A Draco Malfoy…»
—No, en verdad —ella murmuró, empujando su plato casi lleno a un lado. —El caso nos ha mantenido bastante ocupados. Pero tengo que…
—No estoy seguro por qué Malfoy fue elegido para ayudarte —remarcó el pelirrojo, su expresión tornándose agria. —Me cuesta creer que él pueda ser útil para algo…
—De hecho, él es muy bueno —ella defendió su secreto, esperando no sonar demasiado enérgica. —Es extremadamente inteligente. De todas maneras, Ron…
—Bueno, yo no podría trabajar con él —murmuró con la boca llena de puré de papas. —¿Su actitud no te pone nerviosa…?
—Ron…
—Y en verdad no me creo toda esa basura de que haya cambiado —despotricó, como siempre lo hacía cuando Draco era el tema. —De seguro metió la pata y te ha dicho algo…
—No, —ella frunció el ceño, masajeándose la frente. Esto era el infierno.—Ni siquiera una vez. Pero…
—Apuesto a que discuten mucho —reflexionó, sonando preocupado. —¿Estás segura de que todo está bien con él? Tú me dirías…
—Por supuesto que te lo diría —se quejó. «Solo acaba de una vez.»
—Bien —dijo él, poniendo más verduras en su boca. —Porque sabes que Harry lo puede arreglar con solo una palabra y lo despiden…
—Ron —ella exhaló, notando que su tono era alto con desesperación. —Por favor…
—Y estoy seguro que puedes trabajar con alguien más de su departamento —él continuó, sin notar cómo ella arrugaba el rostro. —Alguien que no sea un imbécil egoísta…
—Ron, Draco y yo somos pareja.
Lo dijo tan rápido que había sonado como una canción sórdida.
No lo pudo mirar. No se atrevía a mirarlo. Escuchó cómo su tenedor hizo un ruido sobre su plato y una rápida aspiración, pero solo siguió el silencio. La ruidosa multitud alrededor de ellos parecía nublarse y Hermione se concentró en captar sus palabras compartidas, pero fue inútil. Estaba esperando por su reacción, y hasta que llegara, su cerebro había absorbido todos los sonidos irrelevantes.
—Estás bromeando —él murmuró, su voz confundida y agrietada. —Tienes que estarlo…
—Estoy hablando totalmente en serio —le dijo ella, viendo cómo sus ojos se agrandaban. Estuvo tentada de apartar la mirada, pero no. Tenía que hacerle saber que estaba siendo honesta.
—¿Qué? —su tono sonó casi a asustado. —Mione, esto no es gracioso. No hay forma de que…
—Draco Malfoy y yo estamos en una relación —dijo sin alterar la voz. —Estamos…
Ron vio rojo.
—¡NO! —él gritó, rasgos de enojo robaban su rostro. Ella había estado equivocada; claramente su amigo no tenía problemas en causar una escena. —No. De ninguna manera…
—No te estaba pidiendo permiso —ella suspiró, mirando alrededor para ver si alguien estaba escuchando. No, no había intrusos. Todavía no. —Vas a tener que asumir mi decisión…
—Al diablo con eso —él espetó, y el odio en su mirada la lastimó. —¿Estás completamente loca, Hermione? ¿Has olvidado lo que te hizo en Hogwarts…?
—No me olvidé —ella confesó. —Pero perdoné…
—¿Qué? —él espetó, su voz alta —¿Cómo es posible que te guste? ¿Cómo si quiera puedes soportar a ese bastardo…
—Bueno, lo hago —interrumpió, intentando con dificultad mantenerse calmada —.Sé que esto puede ser un golpe bastante duro y sabía que estarías enojado…
—Es repugnante —él siseó —¿Cómo pudiste hacerlo?
—¿Cómo pude hacerlo? —Hermione respondió sorprendida. —Esto no tiene nada que ver contigo, Ron. Esto no es un complot para ofenderte. Él me gusta…
—¿Lo amas? —dijo las palabras con una mueca intensa.
—No seas ridículo…
—¿Entonces por qué estás dispuesta a arriesgar nuestra amistad por esto? —preguntó, su voz cada vez más alta. —Si esto no es serio cómo pudiste si quiera…
—¡No dije que no fuera serio! —ella le discutió, sintiendo cómo su propio temperamento se iba elevando. —No puedes esperar que yo…
—¿HACE CUÁNTO? —él casi gritó, golpeando impacientemente la mesa como un niño malcriado.
—¿Qué? —ella suspiró, frotándose el rostro. Ahora definitivamente habría personas mirando, y podía escuchar el estruendo de murmullos confundidos a su alrededor.
—¿Hace cuánto que está sucediendo? —él gruñó, y ella se encogió ante la crudeza del sonido. En verdad no le sentaba bien. Hizo rápidamente los cálculos en su cabeza, decidiendo que algo había sucedido desde su beso en la Mansión Malfoy.
«Bien. El cumpleaños de Narcissa fue a principios de octubre así que…»
—¡Contesta la pregunta!
—Un mes —ella murmuro rápidamente, pero luego lo pensó mejor. —No, hace más de un mes…
—¿Cuánto tiempo más? —él siseó, y ella sintió cómo un pequeño escupitajo salpicaba su rostro. Él estaba inclinado tan cerca de ella, sus ojos salvajes y turbulentos como los de un toro ante una capa roja.
—Casi seis semanas —murmuró, y pudo sentir cómo él vibraba prácticamente de la ira. —Pero…
—Termínalo —Ron le exigió firmemente, y ella jadeó sorprendida. —Termínalo ahora…
—¡NO! —ella gritó, golpeando las palmas de la mano sobre su mesa. —¡¿Cómo te atreves?! No tienes derecho a decirme lo que tengo que hacer…
—¡Lo que estás haciendo está mal! —la regañó —Y tú también lo sabes, o no lo hubieras mantenido en secreto por tanto tiempo…
—Lo mantuve en secreto porque quería contarte primero ante que alguien más lo haga —ella explicó, atreviéndose a un rápido vistazo a Padma y a los otros periodistas. Casi podía escuchar sus plumas escribiendo informes exagerados de esto y ella los despreciaba. —Y has estado afuera del país…
—¿Harry lo sabe?
—No —ella negó con la cabeza, sus voces a un volumen normal por el momento. —Iba a ver si podía verlo este fin de semana para explicarle…
—No te molestes, —dijo él, su voz tan fría que la desconcertó. —Le voy a enviar una lechuza más tarde…
—Preferiría decirle yo misma…
—No —frunció el ceño, sus palabras saliendo entre sus dientes cerrados. —Ya no tienes que mantener este secreto enfermizo. ¿Alguien lo sabe?
—Solo la mamá de Draco —admitió, encogiéndose ante su mirada de indignación. —Pero ella…
—Esto es ridículo —le frunció el ceño, levantándose de su silla para inclinarse sobre ella. —Termínalo ahora, Mione…
—Se supones que eres mi amigo —ella susurró, sintiendo el calor de las lágrimas de enojo picándole los ojos. —Deberías confiar en mi juicio…
—¡No te atrevas a intentar hacerme quedar como el mal amigo! —él gruñó, acercando su rostro al de ella. —¿Qué demonios estabas pensando?
Ahora todo el mundo estaba escuchando, se pudo dar cuenta que el entorno estaba en silencio, y ella estaba mortificada. Solo pudo imaginar lo que esto parecía. Dos famosos, que fueron pareja peleándose en un espacio público, él inclinándose sobre ella con fuertes insultos. Solo estaba agradecida que Ron todavía no había gritado el nombre de Draco, ya que estaba bastante segura que la pequeña colectividad de periodistas tendrían un orgasmo combinado si dejaba escapar esa pequeña joya. Sí, El Caldero Chorreante, definitivamente había sido una mala elección.
—Había pensado… —Hermione comenzó cuidadosamente, manteniendo su voz lo más calmada posible —…que había pasado casi cinco años desde la guerra, y que a estas alturas tal vez tú habías superado tus disputas infantiles…
—Tú lo odiabas tanto como el resto de nosotros —le recordó. —¿Qué ha cambiado?
—Crecí —declaró ella, enderezando la espalda. —Es un buen hombre…
—¡Es el jodido Draco Malfoy!
El jadeo de sorpresa que se hizo eco en el bar estropeado por el tiempo, hizo que Hermione cerrara los ojos, y una de esas lágrimas que contenía se desparramó por sus pestañas. Eso era todo. Ahí estaba su secreto, exclamado crudamente a los extraños y a los parásitos de la prensa. ¿Por qué demonios no había lanzado un encantamiento silencioso antes de contarle? ¿En verdad había sido lo suficientemente ilusa de pensar que él no le habría gritado? Sí, ella había pensado que la multitud sería un elemento disuasivo, y había estado equivocada.
—Ron, por favor —ella respiró, consciente de que toda su conversación podría muy bien estar en El Profeta mañana. —Cálmate…
—¡No! —él la detuvo, volviendo a golpear la mesa con el puño. —¿Cómo pudiste ser tan jodidamente estúpida?
Eso captó su atención. Le habían llamado de muchas maneras en su vida; testaruda, insufrible, nerd, Sangre sucia, pero nadie le había dicho estúpida. Cuestionar su inteligencia era insultar su propia existencia. Y aquí estaba su mejor amigo, atreviéndose a llamarla estúpida, y la enfureció. Se levantó de su asiento, igualando su postura intimidante lo mejor que pudo.
—¡No te atrevas a llamarme estúpida! —vociferó, ya sin importarle las personas que los rodeaban. —No me avergüenzo de mi decisión. A diferencia de ti, estoy dispuesta a seguir adelante…
—Apuesto que la fortuna de Malfoy ayuda…
—Vete a la mierda —dijo ella lentamente, satisfecha con la expresión de asombro que robó su rostro. —¡No me tengo que defender ante ti, Ron! Estamos en una relación. Fin de la historia. ¡Lidia con eso!
A la mierda, ella estaba malditamente enfurecida.
—¡No entiendo! —le dijo, pasándose los dedos temblorosos por su pelo rojizo. —¿Qué pudiste verle?
—¿Qué es lo que quieres? —dijo con desprecio, una cara de desprecio que enorgullecería a cualquier Slytherin. —¿Una lista de sus mejores puntos?
—¡Déjame adivinar!—él gritó, y ella casi se estremeció ante su volumen. —¡Ex Mortífago, matón racista, tiene familiares que te torturaron! ¿Me falta algo?
—Bueno, el sexo es jodidamente bueno, ¿qué tal eso por positivo? —se burló, cruzándose de brazos y luciendo una expresión altiva. No le importó cuando otro grito de sorpresa retumbó en las paredes del Caldero Chorreante. Ron lucía a un suspiro de estar estrangulándola o bien tener una embolia.
—Estás enferma —le dijo, juntando sus pertenencias, y alejándose de la mesa. —Perdiste completamente el hilo...
—¿Qué demonios estás haciendo? —ella cuestionó, su mirada furiosa siguiendo sus movimientos. —¡No te atrevas a irte, Ronald! ¡No hemos terminado…
—Ahora no te puedo mirar —le dijo, su voz áspera y siniestra.
Su boca se movió con palabras silenciosas cuando él desapareció por la puerta, dos de los periodistas lo siguieron. En un segundo, Padma estaba a su lado, junto con el resto de los periodistas que había visto más temprano. Ella se quedó inmóvil por unos segundos, como una hermosa estatua pero aun así trágica, pero sus insistentes preguntas presionaron sus oídos y la trajo a la realidad del bar solitario. Tenía que ir se. Empujó a un lado a Padma, negándose a mencionar palabra mientras ellos continuaban acosándola con preguntas.
—¿… Hace cuanto qué están saliendo?
—¿…Van a lanzar un comunicado oficial?
—¿…Su relación con el Sr. Malfoy ha afectado su trabajo en el caso?
Ella se abrió camino empujando a los ruidosos obstáculos, aliviada cuando el tabernero intentó ayudarla, guiándola hacia una de las habitaciones privadas. Cerrando la puerta tras él, simplemente apuntó a la chimenea, murmurando algunos encantamientos de bloqueo y manteniendo su varita apuntando a la puerta. Ella casi besó al hombre por su noble acción, pero decidió que un "gracias" sincero era más apropiado, y recordó mandarle una lechuza con una buena propina.
Tropezando afuera de la Chimenea del Ministerio, se apresuró a la oficina de Draco, ignorando las miradas extrañas que estaba recibiendo de las brujas y los magos a su alrededor. Los periodistas estarían pronto en el Ministerio y ella tenía que llegar a algún lugar seguro. Ni siquiera le prestó atención a la sonrisa cálida de Tilly, empujó la puerta con el hombro y se inclinó sobre la misma, cruzando la mirada con Draco.
—¿Supongo que te fue bien? —dijo él, su voz dulce con alegría. Observando su ropa desarreglada y su cabello despeinado con una pizca de diversión, sin ser capaz de detener una sonrisa inoportuna.
—No estoy de humor para tu sarcasmo, Draco —le advirtió, manteniéndose firme en no llorar delante de él. Caminó lentamente hacia su silla, mordiéndose el labio. —Todos saben.
—¿Quiénes son todos? —preguntó él, levantándose de su asiento para acercarse a ella.
—La prensa —ella suspiró, su respiración vacilando ligeramente. —Pensé que si le decía Ron en algún lugar lleno de personas él no me gritaría, pero estaba equivocada. Había periodistas allí…
—¿Y estás preocupada por esto? —él preguntó, sentándose en el escritorio delante de ella.
—Por supuesto que sí…
—Bueno, no lo estés —le dijo, estirando la mano para mover a un lado algunos de sus rizos rebeldes. —La prensa lo hubiera averiguado eventualmente. Solo piensa en esa frase Muggle que siempre dices. Matar dos pájaros de un ladrillo o ¿algo así?
—De un tiro —ella corrigió, agarrándole la mano y pasando el pulgar sobre sus nudillos. —He subestimado la reacción de Ron. Fue horrible…
—Él se calmará —Draco se encogió de hombros, mirando mientras los dedos de ella jugaban con los pliegues de su palma. —Lo peor ha pasado, Granger.
Era difícil no estar calmado por su lógica y actitud distante. Ella forzó en una pequeña sonrisa en sus labios y se inclinó hacia adelante para darle un pequeño beso, dando un pequeño jadeo cuando él la levantó e inició un intercambio más apasionado. Ella permitió que la absorbiera, robando todas sus preocupaciones e inseguridades por un breve momento.
—¿Estás bien? —le preguntó cuándo se aparto. —¿O quieres que le haga una pequeña visita a Weasley?
—No es gracioso —ella murmuró, acariciando su pecho. —Pero gracias. me siento un poco mejor. Solo estoy preocupada por lo que van a poner en los periódicos.
—¿Qué es exactamente lo que escucharon? —pregunto él, acariciando distraído sus brazos.
—No estoy segura —suspiró. —Ahora es todo un poco nubloso. Supongo que veremos mañana.
—Está bien —él asintió, moviéndola a un lado y poniendo una mirada estricta. —Mientras tanto, tenemos cosas más importantes sobre las que preocuparnos que unos tristes periodistas. Tienes que trabajar en las cartas.
—Sí —estuvo de acuerdo, y él sonrió cuando sus rasgos se endurecieron con determinación. —Tienes razón. Dije que no deberíamos dejar que nada afecte nuestro trabajo…
—Especialmente no un Weasley.
Tuvieron que esperar hasta las ocho en punto para dejar el Ministerio y evitar con éxito a la prensa. Draco había logrado convencer a Tilly que le diga a cualquiera que preguntara que ellos no estaban en la oficina, pero los periodistas seguían allí esperando. Él había cerrado de inmediato su Red Flu pero envió una lechuza a su madre para explicarle todo y pedirle a Skeeter por un poco de control de daños.
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A la siete en punto de la mañana de un martes, Hermione estaba inquietamente nerviosa entre las sábanas y edredones de Draco. Acababan de escuchar el golpeteo habitual sobre la ventana del piso de la planta baja; indicando la llegada de una lechuza de El Profeta, y Draco había bajado para retirar el periódico. Ella pudo escuchar los movimientos en la planta baja y quería que se diera prisa, respirando hondo para calmar los golpes frenéticos de su pecho. Finalmente, escuchó sus pasos subiendo por las escaleras y el ligero movimiento de papel.
—¿Y bien? —ella preguntó cuando su silueta se apareció en la puerta.
—Salimos en la primera página —él le sonrió, decidiendo ignorar su mirada agitada. —Y luego tenemos un encantador despliegue de la página cuatro a la siete…
—No es divertido, Draco —ella lo regañó. —¿Qué dice?
—Divagan un poco sobre nuestras vidas en Hogwarts —explicó, ojeando algunos párrafos con una expresión divertida. —Cómo nos odiábamos y todo eso. Luego hay un poco sobre la guerra, ah, aquí está, tu pelea con Weasley.
—¿Qué dice? —ella repitió, frunciendo el ceño cuando el alzó una de sus cejas y levantó la vista con una mirada escéptica. —¿Qué?
—Granger —él comenzó lentamente, sus ojos grises bailando con una alegría reprimida. —¿Le dijiste a Weasley que era bueno en la cama?
Sus ojos se agrandaron y se quedó boquiabierta.
—Es posible —ella murmuró una vez que la sorpresa inicial había pasado.
—Excelente —se rió, acomodándose en la cama así ella podía leerlo por sí misma. —Hubiera pagado un buen dinero por ver el rostro de Weasley cuando le dijiste eso…
—Oh, Dios —ella exhaló, viéndolo horrorizada. —¿Tú madre leerá esto?
—Todos van a leer esto —él rodó los ojos, poniendo el brazo alrededor de su cintura. —Deja de preocuparte tanto…
—¿Puedes dejar de encontrar esto tan divertido? —ella frunció el ceño, mirando a las imágenes mágicas de Ron y ella discutiendo. —¿Te das cuenta lo horrible que va ser hoy el trabajo? Todos van a estar allí, y van a querer respuestas…
—Y lo manejaremos de manera apropiada —le aseguró a la bruja, dándole un beso a su espalda. —Mientras, solo concéntrate en descifrar las cartas. Ha pasado un tiempo desde el asesinato de Flint y tengo un presentimiento que algo pronto va a suceder.
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NdT: Hola mis queridas lectoras y lectores, un nuevo capítulo y más que suculento ¿no?
¿Cuándo aprenderá nuestra querida Hermione que no se puede tener control de todo? Hasta ella misma perdió el control con tremenda declaración delante de todos jaja…Y no se la agarren con Ron, este no va a ser un fic donde Ron es el super malvado, sólo está enojado y reaccionó como solo él lo puede hacer ante tal noticia…así que paciencia con él ;-) Por lo pronto, la verdad ya está ahí afuera vamos a ver como va a ser la reacción del resto de sus amigos.
Gracias por todo, por sus cálidas palabras en cuanto a la salud de mi mamá…ahí vamos, como se puede, y bueno muuuy contenta que el fic llego a 300 follows… muchas gracias por darle una oportunidad a mi traducción. Que de paso les cuento está nominada a "LOS AMORTENTIA AWARDS" por mejor traducción y mejor portada, así que feliz por eso y gracias por el apoyo… están más que invitadas a votar en la página de los premios en facebook.
Eso es todo por ahora y bueno nos estamos viendo prontito. Un besote y un gran abrazo.
