Personajes son de Meyer :D La historia es mía

Maldita consecuencia

Entrenamiento.

¿Que si estaba agotada? Vaya que sí, no sentía ni las piernas. Emily me acarreó por todas las tiendas existentes en Port Ángeles, buscando prendas y cosas necesarias para los bebés, porque la fecha de parto se acercaba y según ella y mamá, debía prepararme correctamente para recibirlos.

Sentada en la cama con un paquete de galletas de chocolate, aprecié la catástrofe color pastel repartida por toda mi habitación. Mini versiones de todo tipo de ropas en rosa, amarillo, celeste y blanco eran lo mas abundante. Le seguían unos minúsculos zapatos dignos de ser usados por muñequitos, unos veinte paquetes de pañales, biberones, chupones, un cochecito doble y muchas otras cosas más. Para costear todo esto tuve que usar mis ahorros, dinero prestado de mamá y Emily —El cual recibí a regañadientes— y hasta los mínimos ahorros de Jacob. No había tomado conciencia de lo costoso que era criar niños hasta el minuto en que comencé a ver los precios en las tiendas.

Bufé levantando un par de mechones grasosos que dificultaban mi vista, arremangué el abrigador suéter negro que llevaba puesto y me puse manos a la obra. Pero un sonido peculiar interrumpió mis acciones justo en el momento en que iba a iniciar la tarea de ordenar esta catástrofe.

Tras la puerta se escuchaba una voz cálida, no la reconocía muy bien, mas una sensación de júbilo se apoderó de mí. Curiosa, salí a paso cauteloso y me asomé por el pasillo. Mis ojos se encontraron con el ser desagradecido que no se había aparecido en un mes mas o menos abrazando afectuosamente a mamá.

—¡Leah! —Exclamó Seth liberándose del agarre de mamá y se acercó entusiasmadamente para abrazarme.

Le permití estrujarme —Sin ser lo suficientemente fuerte para orinarme en los pantalones— y luego lo alejé para atinarle un buen golpe en la cabeza.

—¿Y eso por qué? —Preguntó berreando como un bebé y restregandose repetidas veces el lugar lastimado.

—Por que eres un ingrato mal educado —Respondí con ambas manos en la cintura— Si vuelves a irte por un mes sin pasarnos a ver por lo menos un miserable día, te va a ir muy mal —Le sermoneé molesta.

—No soy un niño, y tú no eres mi mamá —Replicó en tono de "Yo ser adolescente independiente".

—Primero, eres la viva imagen de un niño —Cambié de opinión apenas solté el comentario. Lucía más adulto de lo que se supone debería ser— Bueno, solo en tu actitud. Y dos, soy tu hermana mayor, lo que es parecido a una mamá.

—Solo porque estas hormonal te permito ese tipo de comentarios —Me aclaró mostrando su sonrisa de burla.

—Mejor desaparece de mi vista antes de que patee tu trasero de "no-niño".

—Vale, me iré a la cocina por un rato —Dijo marchándose a la cocina con la palabra chiste esparcida en toda su cara.

Extrañaba nuestras peleas sin sentido. El hecho de que mis hormonas estaban alteradas a más no poder no excusaba el gran sentimiento de cariño que le tenía al pequeño monstruo. A fin de cuentas, era mi hermano, muchas veces mi pilar de apoyo, y aunque ya no necesitaba tanto de él en ese sentido, lo seguía necesitando como hermano.

Después de que desapareció de mi vista tal como le había recomendado, recordé una pregunta muy importante que quería hacerle. La razón de su regreso.

Me fui arrastrando los pies hasta la cocina, con ganas de obtener todas las respuestas posibles a mis dudas. Apoyada en la puerta, observé por un corto período de tiempo como Seth buscaba metódicamente un alimento en la variada selección dispuesta en el refrigerador —Todo gracias a mi apetito infinito—. Respiré profunda y pausadamente para luego soltar las magnificas palabras que tenía fríamente calculadas. O tal vez no tan fríamente.

—Seth, dime algo.

—Dime —Farfulló con la boca llena de comida y sin quitar la cabeza del interior del refrigerador.

—¿Bella ya tuvo a ese engendro que podríamos llamar bebé? —Solté la pregunta con rapidez, e instantáneamente se me vino un nombre a la cabeza: Jacob.

Seth volteó desatendiendo un pedazo de pastel que sostenía en las manos y asintió con la mirada un tanto entristecida. Dubitativa incliné el rostro unos grados hacia el lado y entrecerré los ojos.

—Lo tuvo ayer. Es lo único que sé. Y puede que haya fallecido, no estoy muy seguro de lo que ocurrió durante el parto. Jake debe saber con mas detalle lo sucedido, estuvo presente. Si quieres saber más, preguntale a él.

Un segundo, ¿Que dijo? ¿Jacob estuvo presente en el parto de Bella?

Una rabia inexplicable tomó posesión de mí, pero la controlé apretando los puños lo mas posible. Quería golpear al primero que se me cruzara por delante, lanzar los muebles por la ventana y arrancarme los cabellos de un jalón. Me mordí la lengua para no arrojar una tanda de groserías al aire y deformando un poco el rostro le pregunté a Seth.

—¿Donde se metió Jacob?

—¿Te... te ocurre algo malo? —Consultó temeroso. Transformé mi expresión de odio para dirigirle una ácida mirada— Me estás asustando...

—¡Solo dime donde se metió ese idiota! —Grité a punto de entrar en un arranque de ira psicótica.

—Mencionó algo sobre su casa...

—Perfecto —Tomé el manojo de llaves que yacía sobre el mueble de la vajilla. Me despedí de Seth haciendo un gesto seco y directo con la mano y me largué dispuesta a encarar a ese desgraciado.

—¿No crees que exageras? Su ayuda era precisa para... —Vociferó desde la cocina cuando estaba a punto de salir hacia el exterior.

—¡Cállate! —Interrumpí su sabía frase y cerré la puerta tras de mí.

Dominada bajo la furia, me subí a duras penas al auto y encendí el motor con tal fuerza que casi parto la llave por la mitad. Mientras conducía el corto trecho desde mi casa a la suya, medité con mas claridad. Poco a poco me calmé, estaba actuando sin pensar, no tenía porque enfadarme. Después de estos largos ocho meses, ¿Por qué actuar de tal manera? Jacob dejó bastante esclarecido que me amaba. Bella era solo su buena amiga, aquella que jugó con él por un tiempo. Solo eso.

Ya estando frente a su humilde casita, no me sentía furiosa, para nada. Sin embargo, no desperdiciaría el viaje y el gasto de gasolina, así que bajé —Nuevamente a duras penas— del auto y golpeé su puerta esperando encontrarlo ahí.

Para mi grata sorpresa, él abrió la puerta. Mentiría como una rata si decía que se veía feliz. O neutral. Al contrario, se veía desgraciado, infeliz. Era la imagen de un hombre que había recibido la peor noticia de su vida.

Jacob no vaciló ni un segundo y me envolvió en un abrazo el doble de ahogante que el de Seth. Inmóvil y sin saber que hacer realmente, correspondí su abrazo lentamente. Me pregunté cuan fuerte había sido la situación para que actuara de ese modo.

"Quizás después se pondrá a llorar" pensé irónicamente. Sabía que el no lloraría, era demasiado "fuerte" para ello. Sin embargo las sorpresas no acabaron. Tal como supuse, Jacob comenzó a llorar. ¡Llorar! Y no era una ilusión, sentía como pequeñas gotitas humedecían mi suéter. Me quedé estática. ¿Que se hace cuando un hombre está sollozando como un niño en tu hombro? Joder, no estaba preparada para esto.

En un acto de desesperación, le alejé un par de centímetros y vacilé un poco evitando su mirada húmeda e inyectada en sangre.

—¿Podemos entrar? Aquí hay demasiada humedad y podría afectar mi salud o la de los bebés.

Restregandose el rostro, asintió y me dio el paso para entrar. Un poco atolondrada por mi corazón, que latía mas veloz que el de un colibrí, avancé a paso indeciso. Jake cerró la puerta y me invitó hacía el sofá. Tomé asiento junto a él, y volvió a desmoronarse. Cubrió su rostro con ambas manos y apoyó los codos en sus rodillas.

Aún sin estar segura de como actuar, permanecí en total silencio y a una pequeña distancia de su cuerpo. Con mis mejores intenciones, pasé mi brazo por sus hombros y le permití apoyarse en el mío y empaparlo con lágrimas. Después de todo, el amor incluye todo este tipo de cosas un tanto desagradables e incómodas, ¿no?

Luego de un largo rato sin mencionar palabra, Jake secó sus lágrimas y se levantó dejando atrás el hecho de que su reputación estaba tan perdida como la mía.

—¿Como has estado? —Inquirió con la voz rota y desilucionada.

—Muy bien —Corroboré mecánicamente para pasar a un asunto de más importancia— Jacob, ¿Qué sucedió? —Aludí con tacto.

—Para resumir, Bella dio a luz un pequeño engendro al que tenia planeado llamar E.J., y es muy probable que haya muerto. Me marché antes de que Edward hiciera lo suyo con los colmillos, así que no estoy seguro de lo que ocurrió después.

Comprendí inmediatamente su dolor. Una perdida, no importa la magnitud de esta, causa un suplicio interminable. Te sientes en un eterno martirio que golpea tu maldita conciencia cada día, todo te recuerda los buenos momentos vividos con aquella persona e instantáneamente dejas de respirar. Es insoportable.

—Sé como te sientes. Pero ahora me tienes a mí —Le aseguré con sinceridad.

—Lo sé —Respondió sonriendo con un poco más de ánimo.

—Me alegra —Correspondí su sonrisa con otra más grande.

Jacob tomó de mi rostro con gentileza para rozar sus labios con los míos, pero el maldito y chillón teléfono interrumpió el momento. Decepcionado, estiró el brazo hacia la mesita de centro y levantó el auricular.

—Diga —Dijo arreglando su voz de lamento— Si, está aquí. Okay.

Jacob extendió el auricular en dirección hacia mi y susurró algo que no entendí del todo bien. Supuse que había dicho "Es Emily", así que recibí el auricular y lo dirigí hacia mi oreja.

—¿Se te ofrece algo? —Consulté también arreglando un poco mi voz distorsionada por la conmoción.

—Mira, si no estás ocupada, ¿Podrías encargarte de Leah por un par de horas? Tengo que comprar un par de cosas, y Sam no está en casa —Suplicó con suavidad.

—No lo sé... —Farfullé dudosa. ¿Emily quería arriesgar a su bebé? Honestamente, tenía cero experiencias cuidando bebés. Maldita sea, pobres de mis hijos.

—Consideralo un entrenamiento. Después te explicaré que es lo que tienes que saber —Negoció de manera no-convincente.

—¿Por qué no se lo pides a alguien con mas experiencia como por ejemplo, mi mamá? —Objeté intentando persuadir su tonta decisión.

—Tenía una cita con Charlie. —Mierda— Vamos Leah, serán solo dos horas —Fui capaz de imaginar el puchero y la expresión de cachorrito inocente rogando por piedad.

Con exasperación emití un bufido y sabiendo que me arrepentiría mas tarde, le contesté:

—Lo haré con una condición —Hice una pausa para continuar con la explicación— Traela a casa de Jacob porque no tengo ganas de conducir hasta la mía.

Pude sentir la mirada de Jacob posarse sobre mí diciendo: ¿Que rayos...? Esto me causo gracia. Ya quería vernos intentando cuidar a la hija de Emily. Alguno de los tres terminaría con una especie de trauma, estaba muy segura.

—Esta bien. Nos vemos, adiós —Se despidió contenta y cortó el teléfono.

Nada satisfecha por mi acción anterior, le devolví el auricular a Jake. Calculé mentalmente cuanto tardaría Emily en llegar. Tenía unos quince o veinte minutos para idear una forma de cuidar a la bebé sin que saliera herida.

—¿Y? —Jacob me sacudió levemente sacándome de mi letargo.

—Emily nos traerá a Leah para ser sus niñeros —Le indiqué con naturalidad.

—Gracias por informarmelo —Señaló con los pulgares en alto. Imbécil sarcástico— Por cierto, tengo algo que te pertenece —Exclamó de pronto. Se puso de pie entusiasmado y corrió a su habitación, quién sabe porque. Espere con temple por él, escuchando sonidos bulliciosos y estrepitosos, me pregunté si estaba matando un gato o buscando un ratón.

Al rato después volvió, me sorprendió verlo en una pieza. Sostenía algo en su mano derecha con aires de misterio y emoción. Volvió a mi lado y extendió su mano enseñandome un dije que me era muy familiar. Claro, segundos después recordé que este era el dije que Jacob me había obsequiado. Mi cabeza evocó unos pequeños flashbacks de porqué lo tenía él, no duraron mucho ya que los hice esfumarse rápidamente. Eran esas memorias que prefería reprimir y jamás sacar a la luz.

—¿Lo quieres de vuelta?

Siendo realmente honesta, lo quería de vuelta. No porque fuera una pieza de "joyería" artesanal hermosa, si no porque significaba algo importante para mí. Lo tomé y me entretuve con el dije por un rato bajo la mirada confusa-sonriente de Jake.

—Esta bien, ponmelo —Lo dejé entre sus manos, le di la espalda y despejé mi cuello tomando mi salvaje melena, que había crecido un poco más estos últimos meses.

Sus gruesas manos envolvieron mi cuello con el hilo del cual el dije colgaba, y lo ataron delicadamente.

¿Esto era cursi? Si lo era. Sin embargo, sentir las emociones que me hacía experimentar era un precioso tesoro. Un pequeño recuerdo parecido a este momento me entristeció por unos minutos. Hace unos años, Sam y yo estabamos sonrientes sentados en un tronquito humilde en la mitad del bosque. Aquel día me prometió cielo, tierra y mar. Y me obsequió una cadena con un pequeño corazón hecho con alguna joya que aún desconozco. Lo conservo, pero oculto y descuidado. Maldita sea, creí que Sam estaba cien por ciento superado y olvidado.

—¿Te ocurre algo? —Consultó Jacob cruzandose frente a mi mirada que seguramente estaba perdida en el espacio exterior— No están por nacer, ¿Verdad?

Su pregunta un poco paranoica me hizo reír. Me pregunto si estará así hasta el parto

—No seas idiota —Solté junto con una carcajada.

—Está en mi naturaleza serlo —Se encogió de hombros con resignación— Así como en la tuya está el mal genio —Le asesiné con una rápida mirada entrecerrada.

—Si, y también los pensamientos homicidas dirigidos a idiotas por naturaleza —Desde el exterior seguramente luciamos como un par de hermanos discutiendo sin sentido. Una clase de hermanos bastante bizarra— ¿Sabes? Aún no comprendo como demonios ocurrió esto —Señalé con las manos sobre mi vientre.

—Vale, si tus padres no te dieron "la charla" no es culpa mía. Yo no soy quién para explicarte... —Su rostro era una combinación entre risas y shock.

—Eso no, ridículo. Me refiero a un tema muy diferente —No quise dirigirme al punto tan directamente. Hablar de la falta de menstruación en mí quizas no fuese algo que él quisiera discutir— Mira, no sé si hablar sobre mis "asuntos femeninos" sea cómodo para ti, ¿O no?

Su expresión de disgusto fue la respuesta a mi interrogante. Para no hacerlo sufrir demasiado —Solo porque ya había sufrido suficiente durante el día y mi sensibilidad gestacional hacia los demás me obligaba— resumí todo en un par de palabras cruciales y comprensibles.

—Supuestamente, era estéril.

—¿Estéril?

—Cuando la mujer es incapaz...

—Vale, ya entendí—Me interrumpió sacudiendo la cabeza demostrando asco. Emití una carcajada. Hombres.

—Bueno, siempre tuve la teoría de que mi menopausia a los veinte era debido a mi licantropía.. Pero creo que me equivoqué —Jacob fingía prestar atención, pero sabía que en el interior quería finalizar la conversación. Su pie en un constante movimiento de inquietud me lo confirmó— Tal vez tú eres una especie extraña de extraterrestre. y eso influyó considerablemente.

—Es lo más probable, ahora no hablemos mas del tema. Jamás —Finalizó la conversación desesperado por sacar mi falta de menstruación de su cabeza. Por dentro no hacía más que reir, Jacob podría ser un hombre lobo, un ser mítico, un imprimado, pero seguía siendo ese chico que solo quiere ver televisión y toda esa clase de cosas estúpidas y sin sentido alguno. Tal vez el asunto de Bella le hizo madurar, pero no lo suficiente.

—Como quieras, cobarde. ¿Acaso eres tan machista que no puedes oír la palabra "menopausia" o "menstruación" sin sentir asco o repugnancia? —Le señalé con crueldad.

—Por favor, cállate.

—Obligame—Le miré desafiante. Pude percibir sus oscuras pero dulces intenciones, así que antes de permitirle realizar movimiento alguno, le dí una seria advertencia— Si intentas besarme, no me callaré jamás, y mis puños se mancharán con tu sangre. Ya sabes a lo que me refiero.

—Por favor... —Torneó los ojos altanero. Maldito engreído. Luego su expresión se transformó repentinamente en indignación— Espera, ¿tienes algún problema con mis besos?

Sonreí irónica, observando su enfado ante mi respuesta con deleite. Herir el ego que infla su enorme cabezota fue, es y será un placer delicioso. Más que otras cosas que hay que dejar aparte.

El timbre sonó quitándome la ingeniosa respuesta que tenía formulada en la mente de la boca. Hice un pequeño esfuerzo para levantarme, sin embargo Jake me empujó levemente devolviendome a mi cómodo asiento, y corrió hacia la puerta. ¿Desde cuando era tan malditamente caballeroso y encantador?

Jacob abrió la puerta y una enorme brisa de frío invadió el lugar, junto con el conocido perfume de Emily, quién estaba de pie, sonriente, con la mini-Leah en sus brazos envuelta en cientos de mantas rosadas, y con dos bolsos colgando de cada uno de sus brazos. Era el principio del desastre.

Emily entró apresurada, saludando apenas a Jake. Lucía desesperada por salir pronto. La conozco perfectamente, no querría desaserce de su bebé de aquella manera. Así que la verdadera razón de su inquietud no podía deducirla. Enserio, ¿Quién en su sano juicio enloquece por ir a comprar "un par de cosas"?

—Hola Leah —Un leve gesto con la mano fue mi saludo en respuesta— Tenla, yo debo irme enseguida. Tengo otros asuntos más que atender —Por un segundo pensé que esa persona frente a mí no era la Emily que conocía de toda la vida, que pronto comenzaría el apocalipsis, y todo ese tipo de cosas que suelo pensar cuando algo me parece irreverente o ilógico. Pero luego, contempló a la pequeña como si fuese un verdadero tesoro, le sonrió con dulzura, y se quedó así un corto lapso de tiempo. Beso su frente, volvió a apreciarla y la dejó delicadamente en mis brazos. Mi cara, sinceramente, era el retrato del enternecimiento. Mi coraza de amargada ya no me servía para nada.

—¿Algún consejo? —Pregunté un tanto atemorizada.

—Se delicada, ten paciencia y... el resto te lo anoté en un papel —Apenas comprendí sus palabras que se atropellaron unas contra otras. Me di la pesada tarea de analizarlas, lo que me tomó un rato, y cuando dejé de pensar, Emily continuaba apreciando a su bebé.

—Ya vete —Escupí con acidez.

—Esta bien —Suspiró con fuerza, dejó los bolsos a un lado del sofá y corrió hacia la puerta. Antes de salir, miró a Jake con una leve sonrisa y apoyo la mano en su hombro— Suerte.

Jacob no podía lucir más gracioso. Levantó sus cejas con recelo, seguramente preguntandose cuan difícil era cuidar de un bebé. Mientras, yo sostenía a una inquieta Leah, que me miraba curiosa con sus grandes y oscuros ojos. La pequeña y preciosa cosita de casi un mes se revolvía entre las mantitas emitiendo ligeros gemidos, lo que me llevó a pensar que necesitaba algo o que estaba intranquila. Sin saber que hacer, comencé a mecerla suavemente, rogando con todas mis fuerzas para que se durmiera en lugar de hacer un llanterío. Sin embargo, como la vida me detesta, Leah inició un llanterío irritante e interminable. Maldita sea.

—Oye tú —Saqué a Jacob de su letargo. Desde que Emily dejó a la bebé en mis brazos, se quedó parado con expresión de baboso— ¿Quieres finalizar ese enorme río de baba que estás creando y venir a ayudarme?

Jacob asintió y caminó vacilante hacia mí. Le hice tomar asiento y dejé a Leah reposando entre sus brazos. Confiado, Jake la aferró hacia su cuerpo y se hipnotizó con ella, al mismo tiempo en que yo me hipnoticé con aquella imagen. Luego sacudí mi cabeza repitiendome "rídiculo" en la cabeza y me concentré en urgar los bolsos de Emily buscando el dichoso papel con instrucciones. Debo admitir que darle la bebé a Jacob fue una excelente ocurrencia, porque minutos después su llanto se calmó.

En fin, busqué desesperadamente, un biberon, varios chupetes, mantas, pañales, talco, colonias de bebé, peluches, juguetes, de todo me encontré excepto el papel. Me rendí, tendría que cuidar a Leah con mis propios instintos.

—Leah, ¿Sabes cambiar pañales? —Abrí mis ojos como un par de platos. Joder, madre, ¿Por qué no me enseñaste a cambiar pañales? Cinco años era una edad perfecta para absorber conocimientos de este tipo.

—No, ¿Ella...?

—Si —Comunicó disgustado. Dicho esto, la bebé comenzó a llorar nuevamente. Podía escuchar claramente como decía "cambiame". Para empeorar todo, mis bebés se inquietaron y comenzaron a moverse y a patear. ¿Cuanto tiempo fue?, ¿cinco minutos de calma?

—Bien, llevala a tu cuarto y esperame. Buscaré los pañales y esas cosas.

—Vale, pero yo no voy a cambiarla —Se escabulló rápidamente al cuarto para no escuchar mis regaños.

"Inmaduro" susurré mientras vaciaba los bolsos buscando lo necesario. Pañales, toallitas húmedas y perfumadas, talco. Mi instinto de madre me dijo que esto era todo lo que necesitaba para cambiarla. Me las arreglé para tomarlo todo y partí al cuarto de Jacob. Apenas cabía, ya que era tan minúsculo como una casita de muñecas. Jake estaba sentado en su cama frente a Leah, quien gemía y pataleaba recostada entre sábanas un poco desordenadas.

—Ahora hay que desvestirla, ¿No? —Preguntó mientras intentaba calmar su llanto incesante.

—¿Tú que crees? —A veces tenía la capacidad de sacarme de casillas con sus preguntas obvias. Comprendo, somos padres primerizos, pero hasta un niño de seis sabría que hay que quitarle la ropa a un bebé para cambiarle los pañales— Yo lo haré, tu eres demasiado inútil. Muevete.—Le planté una cruel mirada para que se moviera. Tornó los ojos y bufó enfadado, se paró y dejó el espacio libre para que tomara asiento.

"Tú puedes Leah, no es gran cosa" me animé. ¿Asqueroso? Por supuesto, sin embargo tendría que hacerlo tarde o temprano. Desabotoné su traje lila, despacio y con cuidado. Me sentía un tanto nerviosa, temía ser demasiado brusca y lastimarla. No comprendía por que demonios Emily me había confiado a su hija, siendo que no tengo experiencia con los bebés. Seguramente estaba muy loca.

—¿Necesitas ayuda? —De brazos cruzados me miraba impaciente apoyado en el marco de la puerta.

—Cállate, estoy bien.

Su frase innecesaria me distrajo. Intenté volver a concetrarme, y le quité el traje, los calcetines y unos dulces mitones que llevaba puestos. La pobrecita lloraba y lloraba, no sé si del frío o la molestia. Así que me apresuré lo más posible. Abrí el pañal conteniendo la respiración, entretanto oía las risas de Jacob. Las ignoré completamente y finalmente aprecié el gran desastre sin temor.

—Dame las toallitas húmedas —Le pedí estirando la mano que me quedaba desocupada. Recibí el paquete instantes después, abiertos y con dos pedacitos asomandose para ser sacadas en el momento— Ahora trae una bolsa, ¡Corre!

La presencia de Jake se esfumó velozmente. Dejé el paquete a un lado cercano a mi mano, y saqué una toallita. Pensé que no sería capaz de acercarme a aquel siniestro lugar, mas me armé de valor y lo hice. Levanté con delicadeza sus tobillos, y limpié todo lo posible. Continué así un rato, tirando las toallas sucias al suelo. De todos modos, no era mi habitación. Me aseguré de dejarla lo más aseada posible, sin rastros de suciedad alguna.

—¡Apresurate Jacob! ¡No es el piso de mi habitación el que quedará sucio! —Le grité para que volviera pronto con la supuesta bolsa.

—¡Ya voy!

Segundos mas tarde apareció con una bolsa negra en sus manos. Me miró incredulo, creyendo que yo recogería la basura. Sin embargo, le sonreí irónicamente indicandole que debía hacerlo él.

—Maldición —Se quejó— Lo haré más tarde.

Me masajeé las sienes, este hombre era un idiota. Dejando atrás el asunto de la basura, se sentó un poco más atrás de mí y asomó la cabeza por encima de mi hombro. Con descaro colocó sigilosamente una de sus manos sobre mi vientre, haciendome estremecer y olvidar en donde rayos estaba. Momentáneamente, alguien pateó. Siempre lo complacían, ¿Sería también así cuando nacieran? Espero que no.

Suspiré con esos malditos suspiros de enamorada, y volví al hecho de que tenía una bebé desnuda y gimiendo por la baja temperatura ambiente frente a mí, esperando impaciente. Tomé el talco para bebés con total despiste, y en lugar de apuntar hacia la dirección correcta al momento de batir, señalé directo en nuestras caras.

—¿Nos viste cara de trasero? —Tosió quejumbroso, mientras yo tosía el doble. El talco para bebés, no sabe muy delicioso que digamos. Reí como una idiota al escuchar su pregunta, tanto que cualquiera pensaría que estoy demente. Hasta le contagié la risa histérica a Jake.

Aún con risas, vestí nuevamente a Leah porque estaba verdaderamente molesta. Orgullosa de mi esfuerzo, la cargué con dulzura, satisfecha de haber cambiado de pañal por primera vez con éxito.

No sé si era por la razón de que era una futura madre, o por que Leah era realmente preciosa, pero algo tenía que me era imposible dejar de mirarla. Estaba acurrucada en mis brazos, un poco adormilada debido a el ajetreado cambio de pañal. Y por arte de magia, yo también sentí sueño, esa clase de sueño en la que te sientes agotado de golpe y apenas puedes mantener los ojos abiertos. Dí un bostezo de tamaño monumental, y me refregué los ojos con la mano que me quedaba semi libre.

—¿Tienes sueño? —Asentí bostezando nuevamente— Si quieres puedes acurrucarte en mi cama y descansar un rato.

La idea se escuchaba bastante tentadora. No importaba el tamaño de la cama, era bastante confortable y suave. Recorrí su textura con los dedos con lentitud, deseando probarla por segunda vez... Claro, de manera diferente. Dejé en segundo plano mi cara cubierta de talco, me puse de pie al mismo tiempo que Jake, dejé a la bebé asegurada entre sus brazos, y me recosté. Bastó con que rozara la almohada para que cayera en un profundo sueño. Sin embargo, este se sintió como un parpadeo veloz transformado en un par de horas. Cuando abrí los ojos, estaba cubierta por unas mantas, y rodeada por unos brazos conocidos, que me estaban sofocando. La luz del día ya se estaba practicamente extinguiendo, ¿Cuanto tiempo había estado dormida?

—Jake —Mi voz era un murmullo sin fuerza. La respuesta a este murmullo fue un ronquido profundo y escandaloso— ¡Jacob! —Mi supuesto grito perdió su encanto por mi voz ronca y adormilada.

—¿Que es lo que quieres? —Durante cinco segundos creí que el ser articulando palabras era un perezoso. La frase fue hilada con tanta lentitud y pereza que no era posible haber salido de un ser humano.

—¿Donde está Leah? ¿No la has matado cierto? —Proferí un bostezo enorme, estirando mis brazos y espalda.

—Gracias por confiar en mí. Emily se la llevó hace una hora, creo —Mantuve mis párpados cerrados, planeando volver a dormirme. No comprendía muy bien el porqué de mi cansancio, sin embargo quería dormir hasta que el mundo acabara. O quizás más tiempo. Me apoderé de una de sus manos y la abrazé como si fuera un osito de felpa. Al principio pensé "Leah Clearwater, ¿seguirás con la cursilería?". Detuve la frase de inmediato. ¡Era feliz! ¿Por qué lo seguía repitiendo mentalmente como si fuese algo vergonzoso? Debía tener muchas fallas dentro de mi cabeza

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Aquí vengo yo! Otra vez siento la tardanza, pero prometo que el sgte capitulo lo subiré en un lapso mas corto de tiempo, ya que tengo muuuuucho del cap escrito. AVISO: Es dramatico, pero nadie muere ni nada por estilo, asi que no se asusten xd Chicas! Miro la cantidad de reviews y favoritos, y les juro que alucino. Creí que sería un fracaso, pero ustedes me demuestran que no! Si pudiera, les daría un abrazo de osito a cada una :B Resultado de la encuesta: Ethan y Emma!
Otra cosita. Se que fue cursi. Un poco tanto bastante mucho. Pero ojo, les aviso que la secuela se viene un poco... oscura y dramática. Por eso aprovecho de darles toda la dulzura que puedo. Por último, Chan! Se dieron cuenta? No hay renesmee! Joo las tenia tan nerviosas, y ven? No hay Nessie para arruinar el cuento. ¿Reviews? Bye! ~Liz