Hola guapísimas! Aquí os dejo el siguiente capitulo.
Sakura despertó cuando la habitación se llenó de luz, debía de ser medio día, y para variar se sentía bastante bien. Le dolía un poco el hombro, pero la pesadez interna había desaparecido. Estiró los pies bostezando y abrió los ojos.
Se quedó muy quieta ante la visión. Neji yacía rodeándola con los brazos, con los ojos cerrados, al parecer seguía durmiendo. Se le veían tan tranquilo que solo pudo observar como le caía el cabello brillante sobre la frente. Se dio cuenta de que tenía un brazo vendado, aunque la noche anterior no había hecho señal de ello. Se sintió totalmente dichosa y feliz de estar ahí acostada a su lado.
Decidió que sería buena idea hacer el desayuno, trató de levantarse con sigilo, pero en cuanto se movió el Hyuuga abrió los ojos como un cazador.
-¿Qué pasa?
-Nada, iba a preparar el desayuno.
Antes de levantarse besó fugazmente a la muchacha en la frente y se vistió.
Sakura pensó que podría esmerarse en hacer algo un poco complicado para desayunar así que lleno toda la cocina de harina, leche y huevos.
Al final después de hacer un estropicio consiguió hacer unas bonitas y sabrosas tortitas que disfrutaron con mermelada y miel.
Tomaron café y charlaron un poco. Fregaban los platos como antaño cuando llamaron a la puerta.
La muchacha abrió echándose un chal de lana por encima. Un ninja se presentó ante ella.
-Haruno Sakura –indicó leyendo un pergamino- le traigo esta carta como última voluntad de Tsunade-sama. En el hospital ya están informados.
-Pero… ¿Qué?
-Solo léala.
La muchacha agarró el pergamino justo cuando el ninja iba a desaparecer y entró de nuevo a casa.
La curiosidad pudo con ella y se sentó corriendo en el sofá, abrió el sello y comenzó a leer. Sus ojos se abrieron mucho de la sorpresa.
-¿Qué ocurre? –preguntó el muchacho preocupado. Se sentó a su lado y empezó a leer.
-Vaya… es una gran oportunidad.
-Si pero…no tengo tanta experiencia.
-Oye, si Tsunade piensa que eres la adecuada para el puesto. Ella no solía equivocarse…
Sakura le dio varias vueltas al papel resoplando hasta que Neji se lo quitó de las manos.
-Mira, mañana háblalo con los sabios, pero si te han elegido a ti es porque vales.
Ella asintió.
-Tienes razón, no es muy diferente de lo que e echo antes.
Por la tarde el chico se marchó, tenía muchos asuntos que atender y ella no soportó la idea de encerrarse de nuevo sola en casa. Ando por la calle hasta que supo a donde dirigirse.
Llamó al timbre de la puerta esperando que se encontrara en casa. Un hombre vestido con una camiseta vieja y unos pantalones de deporte abrió la puerta, estaba despeinado y cansado.
-Perdona que te moleste Kakashi-sensei, pasaba a ver como estabas.
La dejó entrar después de avisarle que su casa era un desastre. Sonrió al encontrarla tan vacía como esperaba.
-¿Vienes a pedirme consejo para tu nuevo cargo? –preguntó sacando una vieja tetera de un armario lleno de polvo.
-No, creo que ya lo e decidido, y tampoco hace falta que hagas té, me conformo con un refresco.
Kakashi sacó dos latas del frigorífico y le entregó una sentándose a su lado.
-Bien entonces ¿Cuál es el motivo de tu visita?
-Quería decirte que lo siento. Siento mucho lo de Gai-sensei –siguió hablando antes de que el pudiera decir nada- últimamente solo e estado centrada en mi misma. Olvidando los sentimientos de los demás y lo lamento.
Dio un pequeño sorbo a la bebida y sonrió al notarla amarga, probablemente estuviera caducada. La dejo sobre la mesa.
-Has madurado aún más –rió su maestro- ¿Cuándo dejarás de sorprenderme? ¿Es mucha indiscreción preguntar por lo tuyo con el Hyuuga?
-¿Es mucha indiscreción preguntar cuando narices piensas echarte novia? –replicó ella riendo.
-Touché.
Sakura se levantó con pesadez, aún tenía algo que hacer. Se despidió de el como quien se despide de un hermano o de un padre, prometió volver algún otro día.
Fue hacia la tienda de flores Yamanaka para encontrarla allí.
-¡Me alegro de ver esa gigantesca frente! –chilló al verla.
-Vengo a comprarte varios ramos de flores, cerda –respondió sonriendo- pequeños, de flores blancas, algo como el galán de noche.
-Me alegro de verte moverte –dijo ella- pero sabes que no se suelen hacer ramos con el galán de noche Sakura.
La muchacha frunció los labios.
-Pues los hacemos. Déjame que te ayude.
Ambas se pusieron manos a la obra, como en su infancia. Al final quedaron tres ramos pequeños, de tallos verdes nada apetecibles.
-Son feísimos –se carcajeó Ino.
-Si si, tu ríete, ya verás lo bien que huelen.
Pagó a su amiga y metió las flores en una bolsa antes de irse.
-¿De cuanto estas, cerda?
-No chilles, mis padres aún no lo saben, pero estoy casi de tres meses.
-Pues felicidades.
Ambas sabían porque lo decía. Se despidieron y la muchacha ando mientras se ponía el sol hacia la explanada donde reposaban los cadáveres de los caídos.
Se arrodilló con reverencial respeto ante la tumba de sus padres y les dejó el ramo.
-Hola papa, mamá. Supongo que sabréis lo que me pasa, pero aun así voy a molestaros un poco. Me han ofrecido un puesto de trabajo, es mucho más de lo que yo habría soñado. Y desearía que estuvierais aquí para ayudarme a decidir.
Se levantó y siguió andando hacia la siguiente tumba donde dejó otro ramo.
-Tú también me ayudabas a decidir. A tu manera –sonrió tristemente ante el símbolo Uchiha grabado en la lápida- creo que Naruto y yo fuimos los únicos que creyeron en ti sin reservas, fuiste un capullo.
Sakura soltó una risita y se llevó la mano a la boca tiernamente
-Solo espero que consiguieras lo que estabas buscando y que ahora tengas paz.
Siguió andando hasta la tumba más grande de todas, dejó el último ramo.
-Y tu, anda que te habrás quedado a gusto encasquetándome a mi esa responsabilidad –dijo fingiendo enfado- tenías que enseñarme muchísimas cosas antes de darme este cargo. Aunque supongo que no te a dado tiempo. Siento los quebraderos de cabeza Tsunade-sama.
-Veo que no soy la única que viene a reprocharles cosas –dijo una voz tras ella.
Al girarse asustada descubrió un cabello negro alborotado y unos relucientes ojos rojos.
-Ah, Kurenai-san… yo no venía a…
-Yo le reprocho cada día el haber muerto –dijo mirando una lápida lejana. Sakura recordó que le habían contado la muerte de Asuma.
-Lo siento –respondió observando el vientre abultado de la mujer- ¿para cuando lo espera?
-Quedan dos meses para que este monstruo deje de darme patadas.
Ambas se sonrieron cómplices.
-Bueno, voy a volver a casa, si necesitas algo… puede contar conmigo.
-Gracias.
La muchacha ando lentamente de vuelta a casa junto a Kurenai, al pasar por la tumba de sus padres olieron el penetrante aroma del galán de noche, que había abierto sus flores ante la llegada de la oscuridad.
Mmm –olió la mujer- tienes buen gusto para los presentes.
Se despidieron en la calle y cada una siguió su camino. La Haruno pensó que debía ser muy difícil criar a un niño sola, sabiendo que su padre había muerto.
Al día siguiente y sin haber dormido bien se presentó en el gran Hospital de Konoha, se detuvo en recepción, donde una bonita enfermera le dijo que debía ir al despacho del director.
Llamó a la puerta nerviosa.
-¡Adelante! –se oyó una voz medio a grito.
Al pasar descubrió uno de los médicos más ancianos con los que había trabajado, organizaba papeles, miraba notas y radiografías sin dejar de moverse, la oficina parecía un almacén y en pobre hombre estaba de los nervios.
-Ah, menos mal que has venido chiquilla, tienes que organizar todo esto, yo tengo una operación dentro de media hora, pensaba que no me daría tiempo –no dejaba de resollar moviendo cosas de un lado a otro- menos mal que vamos a organizarnos un poco contigo aquí.
-Pero yo aun no se…
-Los documentos del traspaso están encima de esa mesa, solo tienes que firmarlos y entregárselos a la enfermera de recepción.
Salió de la estancia cargado de documentos sin darle oportunidad de decir nada. La muchacha miró a su alrededor, la gran habitación donde había aprendido y practicado sus técnicas de curación , ahora lucía oscura y triste.
No tardó en ponerse manos a la obra, firmó rápidamente los documentos que le otorgaban potestad sobre la dirección del hospital y comenzó a limpiar, ordenar, revisar…
Pasó una semana organizando aquel lugar. A los siete días el despacho estaba como lo recordaba, salvo unos toques propios. Había pintado las paredes de verde clarito y había colgado varios carteles con ilustraciones de técnicas de sanación.
-Vaya, así que esta es la oficina de la directora general del hospital de Konoha- dijo una vocecilla que venía de una cabeza rubia que asomaba por la puerta.
-Ino… -dijo Sakura mientras revisaba unos papeles- ¿Qué haces aquí?
-Vengo a una revisión doctora –contestó entrando a la habitación- por lo visto ya se me nota el embarazo.
Hizo que se sentara, menos mal que había estudiado por su cuenta la maternidad cuando empezó con Tsunade.
-Choji y yo se lo dijimos ayer a nuestros padres –comenzó levantándose un poco la camiseta.
Sakura alzó las cejas sorprendida y divertida a la vez mientras sacaba un pergamino con la técnica necesaria.
-Como podrás imaginar el padre de Choji estaba encantado, decía que ya se nos notaba cuando formamos grupo con doce años.
La Haruno soltó una risita poniéndole una mano en el pequeño vientre.
-Pero mi padre… -continuó triste- ¡vaya enfado! Empezó a chillar cosas sin sentido, se puso muy rojo. Al final mi tía mi explicó que pensaba que lo habíamos hecho mal. Que debíamos habernos casado primero. Pero ¿Qué más da quedarse embarazada cuando lo haces con la persona que quieres de verdad?
Sakura sonrió terminando de hacer aquello, quitó el papel y lo guardó. Cogió un papel de su mesa y comenzó a escribir.
-¿Quieres saber el sexo del bebe? –preguntó sonriendo.
Ino se quedó con la boca abierta un segundo.
-Yo si, pero seguro que Choji lo quiere en secreto.
Su amiga escribió algo en una tarjeta y la metió en un sobrecito. Se la dio.
-Háblalo con el, si queréis saberlo miradla, sino rompedla.
-Bueno pues entonces supongo que nos veremos en mi siguiente revisión señora doctora –dijo sonriendo antes de marcharse.
Sakura siguió trabajando sin descanso un día y otro día, hasta que tuvo todos sus documentos al día, donde habían pasado varias semanas. Estaba exhausta y echaba mucho de menos a Neji, supuso que ya se habría casado.
Aquella noche compró varios botes de helado dispuesta a comérselos ahogando sus penas en ellos, cuando por la calle una figura bajita y silenciosa la saludó.
-Iba a buscarte –Hinata la miraba preocupada- sé que quizás no quieras hacerlo, pero te lo ruego. La madre de Neji esta muy enferma, esperábamos que el médico familiar la ayudara, pero no mejora.
-Tranquila, iré a verla –respondió de inmediato, recordaba a esa amable señora guapísima enfundada en un precioso kimono dándoles dulces cuando era pequeña- pero ¿Por qué habéis esperado tanto para avisarme?
-Neji no quería hacerte sufrir viniendo a la casa. Ayame se esta encargando de ella porque sabe un poco de medicina ninja y no quería que tu… bueno…
-Lo entiendo –contestó mientras llegaban a la casa. La noche cubría de oscuridad todo el recinto y deseó no haberse quitado la bata verde del hospital.
Entraron en la casa sigilosamente y anduvieron por oscuros pasillos sin fin hasta llegar a una habitación que daba al patio interior. Al abrir la puerta corredera descubrió a Neji sentado junto a su madre y a la pequeña muchacha en una esquina observándolo. Se le revolvió el corazón.
-¿Por qué la has traído Hinata? –preguntó el muchacho enfadado al verla.
-No la tomes con ella –defendió Sakura poniendo los brazos en jarras-¿o acaso quieres poner en peligro la vida de tu madre?
Se miraron con el cejo fruncido en silencio, al fin Neji sin mediar palabra se levantó, y se marchó.
-Siento su mal genio Sakura-san, gracias por venir –dijo amablemente Ayame, se la veía cansada y con ojeras. Realmente la doctora se sintió mal por ella y por todo el mal trago que debía pasar con la mala leche de su prometido.
Ella solo asintió, dejó sus compras a un lado y se colocó al lado de la enferma que respiraba levemente. Observó que no tenía ningún problema para respirar ni tenía obstruida ninguna vía de su cuerpo. Desconcertaba estuvo dándole vueltas un rato hasta que se fijó en una de sus uñas.
-Dejadme un rato con ella –dijo Sakura con voz autoritaria- Ayame-san deberías descansar, debes estar agotada y Hinata ve con tu primo, te necesita más que yo.
Ambas obedecieron sin rechistar, pero la Hyuuga la observó con un interrogante en la mirada antes de cerrar la puerta.
Esperó prudentemente a que los que hubieran cerca se marcharan y no pudieran oírla.
-Señora Hyuuga… ¿Me escucha? –preguntó tomándola de la mano con gentileza. La mujer abrió pesadamente los ojos, tardó en enfocarlos, pero cuando la vio sonrió.
-Señora Hyuuga, ¿sabe quien soy? –preguntó la muchacha comprobando que no hubiera trastorno mental.
-Haruno Sakura –respondió débilmente.
-Exacto. Me gustaría preguntarle si no es mucha indiscreción. ¿Por qué quiere morir?
Ante aquella pegunta la mujer levantó las cejas con asombro.
-Puede que haya engañado a ese doctor tan mayor que tienen por aquí, pero no a mi. Menos mal que Hinata decidió llamarme.
Ayudó a que la mujer se incorporara para poder hablar, la apoyó en unos cojines. Tardó unos segundos en organizar sus pensamientos.
-Me casé con Hizashi sabiendo que nuestra vida estaría llena de protocolo y dificultades al haber sido el hermano menor. Pero no me importó. Cuando Neji nació pesé que éramos los más afortunados. Habíamos tenido un precioso niño, que demostraba unas aptitudes excepcionales casi desde haber nacido. Pensé que aunque algún día lo sellaran ería feliz. Pensé que encontraría una buena mujer que lo quisiera y que olvidaría cualquier tipo de rencor hacia su tío y hacia la familia.
Bebió un poco de agua para ayudarse a recuperar el aliento. Sakura no se atrevió a pronunciar palabras, aquella imponente mujer la tenía absorta, a pesar de estar moribunda conservaba una belleza de algo que había sido observado con lupa, como una antigüedad muy valiosa.
-Cuando de niños os conocisteis pensé que acordar vuestro matrimonio era lo lógico. Os queríais muchísimo. Pero de nuevo parece que me equivoqué. Y su furia aumentó tantísimo que llegó a darme miedo. Hasta el momento en las pruebas chuunin donde casi mata a su prima. Aquel suceso me destrozó el alma.
La muchacha lo recordaba con claridad, recordaba la voz de Naruto chillando como un poseso, animando a la tímida chica que luchaba por su atención y recordaba el silencio que había llenado la sala cuando se la habían llevado en camilla.
-Después de que se enfrentara al portador del Kyubi cambió. Dejó de ser el Neji cerrado y hosco con el que solo se podía hablar de entrenamientos. Volvió a hablar conmigo y empezó a proteger a su prima con mucho ahínco. Como si lamentara lo que le había hecho.
Hubo un día en el que lo vi en el patio, observando muy atentamente un pequeño ramillete de flores blancas ya mustias y sentí que se había convertido en el hombre con el que yo soñaba.
Pero con el temor de la guerra Tsunade-sama necesitaba garantizar una ayuda de las demás aldeas y concertó su matrimonio con Ayame-san.
-¿No le gusta la idea de que su hijo se case con una muchacha de otra aldea?
-El problema no es su procedencia, Ayame-san es una princesa, recta en toda clase de modales, sonriente y complaciente, sumisa aunque bonita. Conozco lo bastante a Neji como para saber que no desea a una mujer así, no le presentará ningún desafío, además yo sé que antes de que llegara ella él ya había escogido.
Sakura hizo una mueca mirando a la mujer directamente a sus ojos, apartó la mirada dolida.
-Una no es tonta, niña. Ahora es cuando responderé a tu pregunta. Quiero morir porque todo lo que e soñado para mi hijo se a malogrado. No será feliz jamás con esta mujer, así que prefiero la muerte a seguir viéndolo hacer algo que detesta.
La muchacha suspiró con tristeza, tenía que animar a esa mujer, aunque fuera mintiéndole, necesitaba hacer que se recobrara.
-Mire, vamos a hacer una cosa. Convenceré a Neji de que aplace la boda hasta que recupere su salud. Usted va a volver a comer, con calma, sin forzarse. Y ese es el tiempo de ventaja que me dará a mí para tratar de convencer a Neji.
Durante un segundo se le iluminaron los ojos y junto al cabello negro le dio un aspecto joven, aquella mujer debía de haber sido guapísima a la par de inteligente.
-No aceptaré un "no" por respuesta así que voy a llamar a sus criados para que le traigan un caldo y zumo. Les mandaré que esté una semana con líquidos, otra con semi –liquidos y otra con solidos.
-¿Por qué te importa tanto mi salud?
-Porque sé perfectamente lo que es perder a tus padres, y con uno ya es difícil, así que imagínese lo furioso que se podría de nuevo. Vendré a verla una vez a la semana para comprobar que vuelve a comer y que tiene más energía.
-De acuerdo –contestó la mujer sin mucho ánimo. La muchacha se levantó sonriente y le dio las buenas noches. Salió de la habitación y cerró la puerta corredera tras de sí con cuidado.
Descubrió a Neji apoyado en una columna justo en frente de la puerta.
-Acompáñame a la puerta- le ordenó con autoridad- esta muy mal que espíes las conversaciones ajenas.
Anduvieron por varios pasillos en silencio, sin mirarse siquiera. Aquella casa le ponía los pelos de punta, era demasiado silenciosa, demasiado oscura y grande.
Al llegar a la puerta de la entrada la chica se calzó y lo encaró con fiereza. No tenía ni idea del tesoro que albergaba en su madre.
-Ordénales a los criados que le preparen durante esta semana caldos, sopas y que beba mucho líquido. Si vomita o tiene algún desorden avísame de inmediato.
-No vas a conseguir que la boda no se celebre, Sakura –levantó la vista por primera vez con los ojos brillantes.
-Lo sé –respondió ella- pero tu madre se estaba matando a si misma de preocupación por ti. Así que solo le di un poco de esperanza para que se recobrara. Eres un egoísta Hyuuga Neji. No tienes idea de a las personas que vas a herir por esta decisión.
-Yo no tuve voto –exclamó dolido.
-Te equivocas, tu has elegido esto.
Dicho aquello volvió a casa, dejándolo pasmado ante su puerta, metió los botes de helado en el congelador, porque ya se habían derretido. Se dio una ducha y exhausta se acostó a dormir.
Pasado otro mes ayudó a dar a luz a Kurenai, el parto no tuvo mucha dificultad, fueron varias horas de frenesí y después berreando nació un pesado niño. La felicitó y ando a casa de los Hyuuga. La mujer estaba teniendo una recuperación lenta, pero cuando llegó estaba sentada en el jardín.
-Buenas tardes señora Hyuuga.
-Ah Sakura-san, buenas tardes, hoy hace un día esplendido con este sol.
-Si, pero debe tener cuidado, aún vienen ráfagas de aire frío que la pueden resfriar.
Revisó sus constantes vitales y la encontró muy calmada.
-¿Ocurre algo? –preguntó la muchacha sentándose a su lado.
-Lo inevitable –respondió con una sonrisa- Hinata-sama se a marchado de la casa.
Sakura abrió mucho los ojos asustada.
-¿Cuándo? ¿Por qué?
-Hace un rato, se marchó sin girar la vista atrás, temblando pero con la cabeza alta. Toda una proeza. Y por qué supongo que te lo imaginarás. Su padre consentía su relación con el muchacho porque había ganado cierta fama por salvar la aldea, pero no quiere que se case con el. Se han gritado y la presión a la que estaba sometida a explotado.
La mujer parecía realmente divertida ante aquel suceso.
-Pues entonces hoy me marcharé un poco antes, quiero ir a verla.
-Estupendo querida.
Se despidieron con una sonrisa. La chica echó a correr en cuando salió de la casa y no dejó de hacerlo hasta que se encontró llamando a una puerta en concreto con demasiada insistencia.
Le abrió un Naruto totalmente sonrojado, la dejó pasar si decir nada. Vio a una pequeña Hinata, llorando sin parar, pero sonriendo. Abrazó corriendo a su amiga en cuanto la vio.
-Perdóname, son demasiadas cosas a la vez.
-Oye, sinceramente me alegro de que hayas salido de allí, esa casa da asco –dijo sonriendo- ¿Te mudarás aquí con Naruto?
-Realmente pensaba… pedírtelo a ti.
-Ya le he dicho que no quiero que se vaya a ninguna parte, compraré una cama más grande o otra cama si quiere- interrumpió el rubio con efusividad.
-Creo que es mejor que se instale conmigo –dijo su compañera de equipo- no te equivoques, estoy totalmente a favor de lo vuestro, pero creo que lo mejor es que no os precipitéis y lo hagáis bien.
-¿Cómo que hacerlo bien? –preguntó el confundido.
-A ver, idiota –exclamó Sakura perdiendo la paciencia- ¿Tu la quieres de verdad?
-…claro… -dijo el con la boca muy pequeña por la vergüenza.
-Pues es muy simple, cásate con ella. No permitas que se te escape o que alguien os separe. Esa es la mejor forma de hacerlo.
Dejaron al pobre muchacho pensando y se marcharon las dos a casa.
-Gracias por apoyarme –dijo Hinata mientras acomodaban el sofá para que durmiera.
-Tu también me apoyas –respondió su amiga- mañana ve y cómprate la cama que más te guste, tengo mi dinero tras ese bote de ahí, en una cajita, para lo que necesites.
-Muchas gracias Sakura-san…
-Yo creo que a estas alturas el –san puedes ahorrártelo- dijo riendo.
Voy a tratar de terminar la historia este mes. No por nada si no porque me voy a trabajar a Alemania, y dudo mucho poder seguir escribiendo. Me da mucha pena, pero como ya tengo pensado como terminará escribiré mucho estas semanas para que lo tengáis terminado cuando me vaya. ^^
Como siempre muchísimas gracias a todas por escribirme y hacerme saber lo que os gusta mi historia, realmente ayuda.
Claudiskin: como siempre gracias por estar ahí!
Jessica: Eres un encanto, gracias.
Vanessa: Muchas gracia por seguirme fielmente!
Keliastar: gracias a ti por leerme!
Nos vemos en el próximo capitulo!
