El encapuchado miró con una sonrisa a la pelirroja extendiéndole la mano para ayudarla a salir.
—Por primera vez me alegro de verte Suigetsu.
—Que alivio que estés bien.
—Gracias a que me advertiste encontré…
—Con una madre como ella —se acercó a Itachi simulando preocupación—, pensé que podría sucederte algo.
El albino continuaba con su sentido del humor tan peculiar, como siempre, a la pelirroja no le causó gracia y lo atacó con una patada en el estómago.
—¡Sé cuidar bien de mi hijo! —exclamó en compañía del splash del impacto, dio media vuelta para caminar— Adiós.
Jamás se había molestado tanto con él, le fue doloroso el cuestionamiento del como cuidaba a su hijo que de no ser que lo tenía en los brazos, habría sido negra la suerte de Hozuki. Despidiéndose, se alejaba con un rápido andar.
Su cuerpo volvió a formarse visualizando frente a sí a Karin alejarse. Preocupad de que anduviera sola con el niño a esas horas, se apresuró a detenerla. Al principio fue ignorado, al segundo intento fue rechazada su compañía y el tercero… Muchos dicen que la tercera es la vencida pero en ese caso tuvo que seguirla medio kilómetro antes de que ella corriera a esconderse.
—¿Qué ocurre?
—¡Cállate!
Un par de kunoichis pelinegras pasaron no muy lejos de ellos, Suigetsu se había ocultado por prevención de la pelirroja, pero al ver que aquellas dos kunoichis eran de Konoha, quiso salir de su escondite... Karin no lo permitió dejando a Shizune y Anko alejarse.
—¿Qué te pasa? —la miró con incertidumbre y soltándose del agarre— ¿Qué sucede? ¿A caso los están buscando? ¡Maldito Sa…!
—¡Tú sabías de esto! ¡Tú sabías que Sasuke seguía involucrado con Akatsuki!
Sus fuertes reclamos despertaron a Itachi, tan rápido como pudo tranquilizó a su hijo temerosa que las mujeres que habían visto los oyeran.
—¿Akatsuki? ¿De qué hablas?
—No te hagas el idiota conmigo. Por eso me previniste, por que tu lo sabías.
—No sé de lo que me hablas. Yo sólo sé que Sasuke estuvo involucrado en un asesinato.
Ella sabía que él le decía la verdad pero aún estaba alterada, había estado conteniendo sus emociones hasta salir de la aldea pero ver a las kunoichis reventó su burbuja de paciencia.
—Akatsuki está en Konoha, me fui cuando los percibí fuera de la casa —sus palabras se relajaron, miraba a su hijo que ya no quería volver a dormir y tomaba una de sus manitas—, llegaron después de que la Hokage y otros ninjas fueron a investigar a Sasuke.
—¿Hacia dónde ibas?
—Fuera de Konoha.
—¿Qué? ¿Qué planeas hacer? Karin, no puedes andar sola por ahí…
—Sé cuidarme sola.
—¿Y Sasuke?
Después de su insistencia por estar a lado del azabache, era lógico que el albino fuera a mencionarlo. Ojalá nunca hubiera pronunciado el nombre del Uchiha… Ese nombre la hizo detenerse cuando ya avanzaba. Bajó la mirada y abrazó fuertemente a Itachi.
—Acepté estar a s lado aunque no me amara, estúpidamente no ha muerto en mí la esperanza de que él algún día me quiera —una lágrima se escapó de sus ojos seguida de otras más—; pero no puedo estar con él si pone en riesgo la vida de mi hijo… es lo más valioso que tengo.
Maadara se sacó la capa de nubes rojas arrojándola tan lejos como pudo, está ardió hasta calcinarse por completo pero el miembro de Akatsuki no perdió el tiempo observando como su prenda se reducía a cenizas; estaba libre de las llamas negras y se disponía a atacar al azabache, sin embargo, las arenas del recién llegado se interpusieron en forma de barrera. Se detuvo frente a la muralla un par de segundos, los suficientes para volver a su intangibilidad y atravesar el obstáculo… Sasuke ya no estaba.
Las arenas que formaron la barrera caían en forma de ola sobre el Akatsuki en intento de enterrarlo pero éste salió de ellas con intenciones de atacar al Kazekage. Antes de tocar al joven gobernante, un montón de senbons hechos de solamente chakra raiton atacaron al enmascarado. Un paso de agujas se incrustaron en el cuerpo yendo en dirección de Gaara, a él sólo le bastaron sus arenas para protegerse.
—Nos ahorrarías tiempo a los dos si regresas a tu primer objetivo —mencionó el encapuchado deshaciéndose de las agujas en su cuerpo—, incluso te ahorrarías la muerte de tu par de distracciones.
Sasuke quien se hallaba oculto con el sharingan ya desactivado tratando de recuperarse, oyó la voz de Maadara. Sin duda, la propuesta era tentadora, conocía las fuerzas del Akatsuki y Konoha, situación que había adquirido de la batalla meses antes y tras haber asesinado a los ancianos de la aldea, su prioridad era cuidar y proteger a… si, su familia.
Aprovechase de la distracción del enmascarado, Gaara realizó los sellos que dieron paso al fuuton kosoku katto: Los brazos y piernas del Kage fueron cargados del chakra con los que moviendo sus extremidades como si golpeara el aire, liberó una neblina con dirección a su enemigo, la cual, fundió todo a su paso a excepción de su objetivo. La potencia del jutsu, o bien, la no total recuperación de Maadara, traspasó suficientemente el jutsu de intangibilidad para deshacer el lado izquierdo superior de la máscara del Akatsuki.
—¡Mierda! —Cubrió el área desnuda de su cara— ¿Qué decides Sasuke?
El último clon de Yamato acababa de ser destruido por Zetsu. El jounin sería obligado a deshacer el sello con un solo ataque en el que necesitara de ambas manos para defenderse. El ataque del enemigo ya venía en camino y el castaño, en su afán de retenerlo, recibió el golpe de lleno además de una fuerte caída causada por el impacto.
Indefenso en el suelo, yacía su contrincante, aprovechando la dificultad que representa el levantarse sin la ayuda de las manos, el Akatsuki se aproximaba al shinobi con intenciones de patear las manos que le evitaban desplazarse por la tierra. Su pierna derecha ya iba impulsada al cuerpo que buscaba ponerse en pie y…
Un fuerte viento empujó al Akatsuki cuyo equilibrio no era el mismo sobre sólo un pie. Aquella que provocó la ventisca apareció desplegando un gran abanico llamando la atención del hombre con piel bicolor. Tras la joven rubia aparecieron cuatro shinobis cuyas características en ropas o fisiologías delataban su pertenencia a clanes reconocidos de Konoha.
Zetsu aún se hallaba cerca de Yamato y al verse en contra de un mayor número de ninjas, se lanzó contra el castaño para deshacer a toda costa la barrera que le impedía huir. Antes de poder tocar el jounin, un par de perforados lo golpearon alejándolo de su objetivo; logró esquivar un ataque de Baki para levantar el rostro notando que el par de taladros realmente eran una mujer del clan Inuzuka y su compañero canino.
—Mantén la barrera Yamato —habló Inoichi—, nosotros te cubrimos.
El apoyo a Guy había llegado hacía varios minutos pero él rechazó la ayuda, pues deseaba terminar con Kizame con sus propias manos. Neji, Tenten, Lee, Shizune, Anko, Iruka e Ibiki quedaron como simples espectadores.
Los presentes quedaron sorprendidos al atestiguar el suicidio de Kizame tras haber sido capturado con intensiones de interrogarlo. Ibiki ni siquiera tuvo tiempo de formular la primera pregunta cuando el Akatsuki ordenó a sus invocaciones que lo decapitaran.
—Ya no hay más que hacer —Shizune rompió el silencio aún cuando su impacto seguía siendo notorio—, me llevaré el cuerpo.
—Mientras tanto —habló Anko—, nosotros tenemos que apoyar al Kazekage.
—¿Saben dónde está?
Shizune se acercó a los restos del shinobi muerto para analizarlos antes de moverlos, mientras Mitarashi asentía a la pregunta de Iruka. La Kunoichi que mantenía su cabello negro en una coleta se encabezó al resto para guiarlos al lugar correspondiente a las instrucciones de Temari.
Sakura y Tsunade habían logrado encontrar al resto de los ninjas heridos para auxiliarlos, sin embargo, muy a su pesar, también hallaron a algunos fallecidos entre los cuales, se hallaba uno que afectó más la estabilidad emocional de Haruno.
—Me encaminé hasta donde se encuentra Maadara; no podemos confiarnos, necesito que hagas un llamado al resto de los ninjas de la aldea y des la alarma para que los civiles evacuen la aldea —indicó Senju a su alumna—, explica la situación a todos y por favor no le comentes nada a Shikamaru, lo necesitamos con la cabeza fría en combate.
Pensar que Sasuke volví a ser visto como enemigo, saber que Akatsuki volvía en ataque contra Konoha y ahora descubrir la muerte del padre de uno de sus amigos la tenían atónita, era verdad que en el reglamento shinobi decía que como ninja, debía ser ajena a las emociones y sentimientos, especialmente en batalla, pero ese nunca había sido su fuerte.
La pelirrosada asintió a las órdenes de la Kage y la vio marcharse. Una vez fuera de su vista fue en busca de sus compañeros; el camino le sirvió para apaciguar sus emociones y reflexionar mejor sobre la actual situación.
La alarma se había dado en la aldea y todos los genios estaban a cargo de llevar a los civiles al refugio, los chunin montaban guardia y los de mayor rango se precipitaban a la batalla.
Comparado a la primera invasión de Maadara había menos ninjas disponibles y todos aquellos vistos como de élite de Konoha habían sido llamados a los planes de interrogación de Tsunade hacia Sasuke.
Llevaba un rato caminando por el pasadizo sin señales de una trampa o de Karin e Itachi, se preguntaba si ese túnel tenía fin cuando topó con un callejón sin salida, sentía a su seguidor muy cerca y se cuestionaba que hacer.
Si Karin había usado ese pasadizo y no tenía salida ¿por qué no se topó con ella en el camino? ¿Sería que ella realmente escapó cuando todos fueron en su búsqueda? O tal vez… sintió una corriente de aire sobre su cabeza, con el puro tacto identificó una grieta en el techo que al palparla se alzaba dejando entrara varios rayos de luz.
Juugo abrió la compuerta saliendo del hoyo de un salto, miró los alrededores sin hallar a su objetivo. Notó a su espía observando desde el túnel y suponiendo las razones por las que estaba ahí, supo que no era buena idea salir corriendo.
—Sé que estás ahí. No sé cuales son tus órdenes pero si tus intenciones son sólo seguirme no me molestará que me acompañes —varias ardillas subieron a sus hombros—, a partir de ahora iré rápido, espero puedas llevarme el paso pues no puedo dejar que mi compañera siga sola.
—Vaya que eres perceptivo —Kankuro salió del hoyo presentándose frente al naranjizo y observando como éste se comunicaba con las ardillas—. No pienso dejarte que te escapes.
Juugo tomó referencia de las instrucciones de las ardillas para buscar a Karin, su seguidor logró seguirle el paso hasta que un kilómetro ya fuera de Konoha, lograron divisar un par de siluetas. Desconocían de quienes podrían tratarse y antes de distinguir alguna característica que diera pista de sus identidades, una de las siluetas salió corriendo; la segunda quedó inmóvil para finalmente seguir a la primera.
Cuando salieron de la aldea, Kankuro llegó a pensar que el naranjizo quería escapar pero al notar que el chico aumentó su velocidad al encontrar a aquellas personas, creyó el hecho de que buscaba a su compañera como había mencionada pero ¿quién era esa otra persona? ¿A caso ese equipo alguna vez conocido como Taka abandonaría a su líder? Si era así tenía la desventaja del tres contra uno pero tampoco podía permitirles la fuga.
Como en un segundo aliento aceleró su paso lo suficiente para rebasar a los que seguía, sin embargo, su empeño lo perturbó al punto de que el sello maldito se liberara y al quedar frente a Karin y Suigetsu, levantó su gran brazo gris en ataque de la pelirroja que iba por delante del albino.
Sabaku No vio alzarse una nube de tierra evitándole la vista del trío, apenas la cortina se desvaneció, él ya estaba a dos metros del Hozuki, quien en el último momento había logrado quitar a su compañera del ataque. Antes de poder aceptar lo que había visto, notó que aquel al que había estado siguiendo no parecía el mismo y se aproximaba a él de forma ofensiva.
—Corre, vete a esconder.
—Suigetsu, tu no puedes sólo contra Juugo en ese estado.
—No necesito vencerlo, sólo darte tiempo para que te pongas a salvo —se levantó blandiendo su nueva espada—, además que con esto tengo una mayor ventaja, vete de una vez.
Ella lo vio lanzarse en auxilio del shinobi de La arena que intentaba defenderse de Juugo. Sacada de sus pensamientos por el llanto de su hijo, tomó su oportunidad huyendo tan rápido como sus piernas se lo permitían pero una disminución alarmante en el chakra de Suigetsu la hicieron tomar refugio tras un árbol para volver la mirada a la batalla.
—¿Qué te pasa? ¿Estás bien?
—Creo que no debí confiarme —vio escapar a Samaheda de sus manos tomando una nueva forma. Juugo lanzó otro ataque pero el castaño lo quitó a tiempo—, creí que podría dominarla.
—¿Por qué los ataca? ¿No se supone que son compañeros?
Antes de que su cuestión fuera resuelta tuvo que esquivar varios ataques y hacer él otros tantos, la tarea o era nada fácil pues desde que el albino había intentado hacer uso de la gran espada, parecía haberse debilitado notoriamente. Hizo uso de Escorpión varias veces pero el portador del sello maldito lograba librarse con tal violencia que al final destrozó la marioneta.
Vio a Kankuro alejar a Juugo de él, apenas lograba moverse y si moría ahí, su única satisfacción sería que Karin ya no estaba ahí, sentía lástima por el castaño que ya se veía cansado y la única forma que conocía para detener a Juugo era con ayuda de Sasuke.
—¿Qué pasó? Casi no tienes chakra.
—¡Karin! ¿Qué haces aquí? ¡Deberías estar lejos! —vio a Samaheda acercarse y con un brazo intento alejar a la pelirroja del arma— No te acerques, esa espada come chakra.
La espada piel de tiburón se aproximó al albino de forma inofensiva. Cuando Hozuki intentó usarla, la espada sintió extrañas las manos que la tomaban y había robado su chakra para escapar. Samaheda había vuelto con el chico pues lo reconoció como familiar de Mangetsu, ahora estaba dispuesta a servirle.
—¿Esa espada robó tu chakra? Imbécil.
—A final de cuenta me aceptó. ¿Qué haces? —La vio entregarle su hijo y posteriormente desbotonar algunos botones de la blusa blanca— No tiene caso, yo no puedo detener a Juugo.
—¿Puedes usar esa espada? —El albino asentó— Úsala para debilitar a Juugo, así volverá a la normalidad.
Suigetsu acercó a sus labios al cuello de la pelirroja hasta que finalmente mordió su piel sintiendo como las fuerzas le regresaban. Inevitablemente el naranjizo condujo a Kankuro hasta ellos pero Hozuki alejó a Itachi y Karin del ataque.
—Aún no has recuperado todo su chakra.
—No voy a quitarte todas tus energías, tienes que cuidarlo —entregó el niño a su madre—. Además, cuando lo toque con Samaheda, recuperaré mi chakra.
Sasuke y Gaara mantenían una lucha contra Maadara, éste último no usaba todos sus poderes, ni siquiera contraatacaba esperando usar un último argumento para atraer nuevamente al azabache, necesitaba la ayuda de un segundo Sharingan y era fundamental convencerlo antes de extraer el último Kyuubi.
Gracias a todos los que han seguido el fic a pesar de que ya he tardado bastante. He estado algo ocupada pero no abandonaré el fic, garantizo que le daré final al igual que todos los que suba.
