Disclaimer: La historia es original, pero los personajes que aquí se muestran son propiedad de Michael Dante DiMartino, Bryan Konietzko.
La semana que viene crearé un blog donde empezaré a hablar del proyecto de autopublicar un puente hacia ti y comenzaré a colgar capítulos de otra novela original. Espero que cuando esto se dé me apoyen. En reflexiones puedes leer más.
Este capítulo esta dedicado a Mariana, porque sin sus conocimientos médicos simplemente quedaría como el típico escritorzuelo que intenta morder un taco muy grande. Mariana, gracis y quiero mi lazito.
Gracias a todos los que dan Follow y Favorites, pero en especial a los que se han molestado en dejar unareview o postear un MP:
LadyKorrasami (Te extraño. Vuelve pronto)
Zaruko Hatsune (Cuanta intensidad. Creo que provoque algun infarto) , Obini (Me alegro de que te haya gustado tanto, ojala el reccneucntro te guste tanto), Annimo (Desenaod que disfrutes de tu viaje y que vuelvas sana y salva) Rarie-Roo (10 capítulos ha esperado mi pony por un momento así y ya lo tiene). Montielowski (Te lo dedico) Tazura Tsurugi (¿Te has atragantado? Espero que con este no te mueras. ¡Aguanta!) cosasmias96 (ya llegará korrasami) Murasakii-11 (Me encanta que sepas lo que es la intensidad del momento) (espero que vuelvas a escibir o al menos sepamos de ti. Por cierto, precioso tu trioplushie) (Estes una chica de palabra pero me emocione a grititos cuando supe que te habías registrado) DeathInnocent (¡Fresón al rescate!) Lay05 (De verdad me ha alegrado saber de ti. ¿todo bien?) Love is a wild animal Danirock (hubiera pagado por verte estupefacta dando saltitos) Jiore (aunque ya se sabía que se iba a dar, sorprendió a gente. Tu eres como sherlock holmes) Taiga Sou (Espero que tu kokorito resista un poco más) Roselangley02 (pronto, muy pronto) Blache Vest (Adoro tus reviews tan largas. Demuestras que enfatizar y empatizas mucho con la obra) Niofuyuyima32 (espero que te guste este capítulo lleno de encuentros) Paolcelestial (no me denuncies por maltrato. Hazlo por la estupenda charla sobre el final de Korra) Hikari1701 (Un nuevo lector, ¡Hola!)(El destino a veces es juguetón y cruel) Alexandraarcher (adoré leer por las barbas de merlín xD. Me has arrancado una sonrisa) Maraya Greyjoy (Esta vez publico de noche para que no te saquen del aula) zebra (Ansiabas lo que acaba de llegar. Felicidades) Korrasami Love (me alegro de que te gustase. Gracias por la publicidad) Kurosaki (Pues lo siento, no podías esperar pero han pasado cinco días y medio. Espero que la espera valga la pena ) , Mistigwen (No confundamos cariño y alcohol con amor que la culpa es de los fresones, que están muy ricos, aun así necesitaba que ambas se acercasen más ) giginee (Me alegro de que hayas podido leerlo y de que este solucionado), soulwolf dark (Los lobos tenemos instintos, y tu tienes el alma de uno) , Annimo (Gracias por tu review. A ver si para ti arden o no . Jeje.), BeetleCCM25(A ver si ahora no se hace tan evidente los gritos y tus padres no asustan de tus reacciones) Rea-07 (Con tu grito de emoción pensé: *Susurro le acerca una bolsa para que respire en ella*. Me alegra que te gustase), jaydisita8709 (aquí viene el 21, espero que tengas ganas), LupitaAzucena(Ya llegó la hora marcada y por favor, no mueras por mi fic. Me encantó ese final en tu review)
Capitulo 21
La noche yacía en el cielo como un manto estrellado apenas imperceptible por culpa de las luciérnagas metálicas que semejaban todas las farolas de la calle. Ella se había apartado un momento del interior de aquel edificio blanco y beis que portaba una gran cruz en su letrero. El Hospital Yangchen era un edificación sigilosa, hueca, sin apenas ruido tras las puertas acristaladas; avanzar hacia la estructura de noche era como avanzar paso a paso hacia el río Estigia a la espra de darle las dos monedas de oro al barquero.
Aquella era una edificación cercana a los barrios adinerados de la ciudad; una construcción elaborada para calmar y relajar los corazones de quienes tenían que padecer allí altas horas de espera por sus familiares. Rodeada de cuidados jardines con senderos donde caminar y fuentes circulares que buscaban sanar el desanimo y la impaciencia en los visitantes o en los pacientes de larga estadía. Sus tres alas diferenciadas en tres edificios unidos en el centro, mostraban a los visitantes la increíble inmensidad e importancia del gigante de cemento y metal. Alzado en su día por la facultad de medicina en honor a la doctora Yangchen, el hospital que llevaba el nombre de tal ilustre cirujana ahora albergaba diferentes especialidades: desde una nueva ala de pediatría recién renovada, hasta una amplia zona de urgencias en la zona trasera de la fachada principal; pasando por algunos de los quirófanos más modernos que un hospital no privatizado podía poseer. Tal plan de ayuda medica era financiado por el gobierno de la ciudad, los acuerdos universitarios y las donaciones altruistas de asistentes a diversas galas benéficas. En definitiva, el Yangchen era un buen hospital donde podrían atender un paciente muy grave de la mejor forma posible; aunque eso nunca calmaba a los que esperaban por noticias.
Fuera de la edificación, delante de la fachada principal, vigiladas por un miembro de seguridad, se encontraban Katara y Mai, sentadas en las escaleras y observando el gris empedrado del suelo. La cantante del grupo había ido a apoyar a Morticia después de que esta observase el estado de la bajista. Korra había sido llevada directamente a dicho hospital y todo el grupo había ido hasta allí para saber de ella. La guitarrista no estaba preparada para tal shock y al observar como la joven que siempre la animaba yacía golpeada y ensangrentada ante ella, su rostro se contrajo hasta crear una mueca de auténtico pavor. Como pudo, la joven de vestimentas oscuras logró mantener la verticalidad y la serenidad en sus acciones pero pasadas tres horas, necesitaba salir de allí.
No le importaba que sus padres la hubiesen llamado preguntando a que hora iba a volver, ella necesitaba respirar hondo y calmar su atribulada mente, sentir como se relajaban sus músculos que permanecían contraídos por la tensión y simplemente robar un pedazo de tranquilidad al sigilo de la noche y del jardín ante ella.
A su lado, Katara, quien había ido a apoyarla por miedo a que el desanimo la hiciese flaquear. Era normal que se preocupase de sus amigas, casi podría decirse que estaba en sus genes el hacer de buena samaritana. Además, se sentía en cierto modo, responsable del hecho de que su compañera de conservatorio tuviese que pasar por un hecho tan traúmante como este. En aquel momento, justo antes de sentarse en la fría escalinata de cemento pulido, pensó que la pianista reconvertida en guitarrista no hubiera sufrido tanto y no hubiera tenido problemas con sus padres de no estar allí, a esas horas, en el exterior de un hospital, en una cálida noche, rezando porque su bajista no muriese.
-Hola – la voz calmada de la joven de ojos como zafiros rompió el silencio de la noche
-Hola, Katara – por otra parte, Morticia sonaba cansada con una voz ronca y mortecina, fruto del cansancio de ese día
-¿Cómo te encuentras?
-Bien – respondió sin mucha certeza de que fuera así, al tiempo que observaba su celular – Salvo que no me siento a gusto con la idea de irme y no me atrevo a contarle a mis padres lo que sucede
-Bueno – Azul sabía que la situación padres-hija era bastante nefasta, no les agradaba la forma de vestir que hacia feliz a su hija y era algo que le recordaban a cada rato – Puedes decir que te quedar en mi casa
-¿En serio? – Morticia sonaba sorprendida ante la idea de que una persona le dijera algo así
-Claro – confirmó con una leve sonrisa dibujada tímidamente en su piel morena – Podremos estar aquí hasta saber algo, luego podemos ir a dormir a mi casa. Tranquila a mi madre no le importará, de hecho, Soka ha ido a contarle lo sucedido para que no se asuste
-¿Sabes? – una ilusión infantil brotó de su ser pero no conseguía apaciguar su preocupación, solamente la hacia sonreír con cierto esfuerzo – Nunca me invitaron a dormir en casa de nadie. Era la genio odiada y ostraciada de los grupos sociales
-Siempre hay una primera vez – y como si su misión en la vida fuera cuidar los corazones heridos de los niños, Azul pasó su brazo por el cuerpo de Mai, haciendo que esta apoyase la cabeza en su hombro – Al despertarnos prepararé panqueques
La gótica o mostraba el rostro a su amigo, pero se escucho una respiración leve, un soplido, aquel inocente comentario la había hecho sonreír. Pero era una sonrisa y una alegría temporal, casi fingida, porque semejaba que resultaba imposible sentir felicidad ese día. En aquel momento, casi mascullando la palabra, sorbiendo el agua que salía de su nariz, intentando no romperse en aquel momento.
-No quiero que muera – cada silaba se dejaba morir en la punta de su lengua, suicidándose contra sus labios – No quiero que muera
Con un resoplido tranquilo, tomando aire y dejando escapar el aliento lentamente por su boca, contando mentalmente hasta diez para calmarse y calmar a quien estaba abrazando, Azul habló.
-Yo tampoco quiero que le pase nada – enunciaba Katara intentando mostrar calma y sosiego – Pero hay que ser positivo, ¿vale?
-Sí – asintió con la cabeza al tiempo que se zafaba del abrazo e intentaba recomponerse
-Pues entremos – arengó Katara, levantándose y ofreciendo su mano a su compañera – Sabes que ahora todo depende de ella. Tendremos que estar allí cuando despierte
Ambas jóvenes entraron en la recepción, al tiempo que el guardia, muy amablemente, le sostenía la pesada puerta de acero y cristal. A unos pocos metros, rodeadas de paredes beis, en la recepción se podía observan a dos mujeres charlando, al tiempo que una tímida radio entonaba una serenata de trompeta. Ambas chicas distinguieron la melodía de "La vie en rose", la canción cónica de Piaf que adoraba una de las profesoras del conservatorio, una clásica copla parisina que hablaba de un hombre que tiene enamorada a una joven y de las sensaciones que le produce cuando abraza a su amor, o cuando le susurra palabras cariñosas y de cómo todo ello hace que sus penas se vayan. Era una hermosa balada, adecuada para el momento porque todo el mundo en aquel lugar quería que su pesar y su aflicción desapareciesen.
Las artistas de Kiyoshi tomaron el ascensor, un enorme elevador donde fácilmente cabrían una veintena de personas o tres camillas. Estaba hecho de metal, de frío aluminio pulido, con un enorme espejo recibiendo a los ocupantes, el suelo de goma para evitar que cualquier perdida de sangre o derrame se adhiriese demasiado y en el techo una veintena de luces halógenas. Ese lugar era funcional, sin decoraciones ni nada que se le asemeje a algo que fuera más allá de mirarse en el espejo o ver el brillo parpadeante de los botones iluminados.
Ninguna de las dos dijo nada, no es que no quisieran hablar sino que al acercarse a la cuarta planta las dos comenzaban a sentir la presión en el pecho que les producía pensar en su amiga postrada en la cama. Por fortuna, no estaban solas, Suki se había quedado esperando. Sokka se había ido a hablar con su madre, la cual al enterarse del incidente de había alterado visiblemente. Ambos hermanos de piel morena y ojos azules vivían en un barrio tranquilo pero su madre había sufrido un ataque de pavor ante la noticia de la agresión de Korra, algo acentuado debido a que su padre no estaba en casa. Fue la propia Suki, erigiéndose como perfecta nuera que le aconsejó a su chico ir a hablar con su madre, de paso que iba a tomar la medicación para la lesión de su mano, porque lo ultimo que deseaba la joven castaña era volver al hospital porque su novio volvía a estar ingresado.
Por otra parte,Azula y Zuko habían sido llevados a comisaria para tomar declaración y relatar los hechos sucedidos en aquel callejón; el hermano fue en calidad de acompañante y la hermana como testigo y posible causante de lesiones graves. Ni que decir tenía que el problema de Azula eran sus antecedentes penales, los que sin duda harían que se fijasen más en ella e incluso que se tramitase alguna posible denuncia de agresión, pero sabían que la joven había actuado en una labor de auxilio. De poco importaba que era más que evidente lo sucedido, debían prestar declaración sobre los hechos acaecidos en aquel callejón.
La oriunda de la isla Kiyoshi tenía los ojos cerrados, escuchando música con un solo auricular, dejando su otro oído libre de tempos rítmicos y atento a cualquier ruido. La joven de ojos avellana era multitarea y había decidido escuchar algo de música para que la soledad del momento no la hiciese sucumbir al agotamiento. Al escuchar unos pasos acercándose abrió los ojos rápidamente, topándose a sus dos compañeras que la saludaban mientras se acercaban.
-¡Hey! – respondía la joven guitarrista que aun conservaba restos de pintura facial en los parpados – No ha pasado nada, ha vuelto la doctora para observarla. Dice que la anestesia desaparecerá en unos minutos pero que no entremos todos en la habitación, hay que dejarla respirar y debe estar calmada
-Entiendo – los ojos de Morticia aun mostraban signos de un leve enrojecimiento
-Mai, ¿estas bien? - preguntaba inocentemente Suki, aunque ya viese el surco de las lágrimas en su rostro
-Flaqueza, Suki, flaqueza – el tono era apagado
-Tranquila Morti, quien te ha dado el apodo de Morticia saldrá de esta – todas habían llorado en algún momento por Korra pero en aquel momento, sin el positivismo contagioso de Toph, su compañera de apartamento tenía que fungir como faro en las tinieblas
-Oye, Kabuki, ¿quieres que llame a mi hermano?
-Ya me ha llamado – siempre se había llevado bien con Azul y cuando comenzó a salir con su hermano se convirtieron en el clásico ejemplo de familia política encantadoramente amistosa – Me ha dicho que te diga que tu madre esta mejor, que vuestro padre ha vuelto ya a casa y que viene para aquí
-Que alegría – le hubiera gustado que su propio hermano le enviase algún mensaje para informar de como estaba su familia pero era el novio de su amiga y si estaban las dos juntas siempre la llamaba a ella. No podía molestarse, ella hacía lo mismo con Zuko y Azula
La joven de cabello avellana portaba un sobre en su chaqueta, cerrada con cremallera aunque había algo de calor para ser de noche pero la intranquilidad de llevar una gran suma de dinero era motivo más que suficiente como para asegurarse que no se caería ese sobre. Había sido Suki la que había tomado la iniciativa de ir hasta el hotel pestilente donde Korra estaba viviendo desde hacia casi un mes y debía decir que ahora entendía porque las habitaciones eran tan baratas. El lugar era un ejemplo de deterioro y abandono hasta tal punto que nadie le pregunto ni quien era ella. En el fondo, la guitarrista oriunda de la isla Kiyoshi sabía que allí se traficaba con droga, así que simplemente entró en la habitación de Korra, rebuscó en sus viejas zapatillas, encontró el dinero que le había comentado a Azula y se marchó de allí tan rápido como pudo.
-Sigues a tiendas con el dinero – replicaba Katara como una madre – Calmate, nadie lo va a robar
-Mira – bufó la joven de ojos almendrados – No quiero perder el dinero. Dejame en paz
-No os enfadéis – intentaba mediar Mai – Por favor
Durante unos segundos hubo un incomodo silencio hasta que Suki lo rompió con un resoplido propio de un caballo relinchando.
-Lo siento – se disculpó – Es por la situación, sino jamás te diría algo así y lo sabes
-Tranquila – alegó la joven de ojos azules y cabello decorado – Todas estamos con los nervios a flor de piel
De nuevo el ascensor sonó y con el clásico ruido de campanilla que indicaba que se detenía en dicha planta, el trío de jóvenes pudieron ver como los dos hermanos y Sokka llegaban a la par. Suki apuró el paso para abrazara su chico y enterrar su cabeza en su hombro, todo el mundo sabía que estaba muy dolida y que su carga de energía positiva comenzaba a agotarse, no era tan estúpidamente decidida como Toph que no hizo más que decirle a todas que no importaba lo que pasase, Korra saldría adelante.
-Hola cariño – las palabras de Sokka se notaban débiles, preocupadas por la noticia y por el aire a pesar que se respiraba en el ambiente – Katara, ¿Cómo estas?
-Bien, no te preocupes, estoy bien – mentía
Ambos hermanos sabían que la joven de ojos como zafiros jamás aceptaría que estaba desgastada, agotada y visiblemente alicaída. Azul se había dedicado a calmar a todos; a ser el hombro donde todos habían llorado en esa noche; a ser quien incitó a Azula a llamar al misterioso número telefónico de la tarjeta, recordando a cada digitación que la persona al otro lado del celular no era culpable de nada; a ser quien acompañaba a Toph a ver a su madre en busca de ayuda, solamente para volver después y consolar a Suki; a ser quien recibe todos los partes médicos con respecto a Korra, la cual yacía aun sedada en la habitación contigua. Era cierto, la mayor de los hermanos era una persona con gran fuerza internar, pero ser el timón de este barco la estaba agotando.
-Hola Mai, Katara, Suki – saludó Zuko, quien abrazaba a su chica con el fin de reconfortarla y recordarle que no estaba sola. Ella estuvo a su lado cuando el accidente, en las largas noches en el hospital y seguía a su lado pese a las horribles cicatrices de su rostro; así que pasase lo que pasase, él no iba a abandonarla jamás. Ella no dijo nada, solo lo abrazó y escuchó el latido de su corazón.
-Hola – respondió Mai quien obtuvo una sonrisa sincera y amigable del joven de la cicatriz.
Quien no habló, quien no dijo nada, quien se movía como si de un animal salvaje se tratase, era Azula. La joven había tenido que cambiarse, su camisa estaba empapada en sangre, pero pese una camiseta blanca que le cedieron en la comisaria de policía, sus pantalones aun mostraban signos de la sangre de su amiga. A Chispas no le gustaban las comisarias, había cometido demasiados errores como para saber de sobra el procedimiento a seguir en una detención, aunque ahora iba de testigo. Le habían preguntado por lo sucedido, que diese su versión de los hechos, que con lujo de detalles hablase de lo que vio antes de golpearlos, que narrase su actuación y que explicase porqué un hombre a varios metros de distancia tenía una rodilla destrozada. Un detective entrado en carnes y con calvicie galopante le había tomado declaración, semejaba más interesado en saber como una delincuente, conocida por su historial de peleas y violencia, había terminado haciendo de buena samaritana. No parecía importarle que ya fueran amigas de antes, ese chupatintas parecía estar más interesado en endosarle el cargo de asalto con agravantes a ella que de buscar que esos bastardos obtuviesen su merecido. Era normal, no importaba quienes fuesen esos malditos malnacidos, pasase lo que pasase ya estaban entre rejas y nadie les iba a librar de un cargo de violación que se preveía seguro.
"Lo siento señorita, pensamos que su amiga pudo incitarles", pensó para sus adentros, imaginando a algún policía idiota creyendo que solo por estar cerca de ella, todos eran basura. No, Korra no era basura, era un puto diamante en bruto en una tierra llena de ciegos que no podía apreciarla; eso era lo que ella era.
-¿Cómo esta? – aquella había sido la primera frase que la joven decía en voz alta desde que había llegado
-La operación ha ido bien – respondió Mai, dislumbrando como los hombros de Azula se relajaban
-Ahora todo depende de ella – añadió Katara – Debemos ser fuertes pero no podemos agobiarla. Nos han dicho que entremos de uno en uno
-Vale – dijo, al tiempo que giraba sobre sus talones y emprendía rumbo al ascensor
-¿A donde vas? – preguntaba Sokka extrañado
-A tomar el aire – su voz, seca cual desierto, sonó más intimidante que de costumbre
Nadie dijo nada, simplemente dejaron que se montase en el elevador y las puertas se cerrasen tras de sí.
-Deberíamos ir a hablar con ella – conjeturó Suki
-Es mi hermana y ahora necesita estar sola – aclaró Zuko, deseando darle un momento de paz a su hermana – Ella es fuerte pero esto le ha superado. Siempre se ha metido en problemas pero nada como esto
-Por eso debemos ir – inquirió la castaña
-Necesita tiempo – sostuvo el joven de ojos similares al crepitar del fuego – Debe aclarar sus ideas y sabéis que no aceptará llorar ante vosotras
-¿Por orgullo? – preguntó tímidamente Mai
-Por cree que es la más fuerte de vosotras y que debe protegeros – se notaba el orgullo de un hermano – Y si llora no podrá ver las amenazas
La escolta aun no creía que su jefa le había indicado ir al Hospital Yangchen, alegando que allí estaba la yonki recién apuñalada. Después de aquel extraño beso, después de haber dejado a los Beifong abandonados en la fiesta, allí estaba la escolta conduciendo rumbo al centro médico. Ella sabía que aquel beso había sido inadecuado pero es que el momento casi ameritaba hacerlo, como si el único momento de flaqueza que había tenido con la joven heredera se juntase con un destello de alcoholismo y debilidad de esta ultima. Por fortuna, Kuvira sabía cuando debía separar ambas partes de su vida y parecía que se había alzado una gigantesca bandera roja en estos momentos, encarnada como unos dulces labios que había catado hacía varios minutos. Sin embargo, observando la presura de su jefa, lo mejor era no discutir su decisión, ahora no eran dos amigas o conocidas, ahora Asami Sato no permitiría que nadie la contradijese.
-Dígame – se aventuró a hablar la guardaespaldas intentando desgarrar el silencio que había cubierto el interior de su auto – ¿Esta preocupada por ella?
-Bueno – semejaba incomoda con la pregunta – Si le pasa algo después de que se acordase de mi, nunca me perdonaré el no haber ido
-Entiendo
-Estas incomoda – un leve sonrojo invadió sus blanquecinas mejillas – ¿Es por lo de antes?
-Es más bien porque esa mujer la abandonó y eso aun me molesta – replica – No me hubiera perdonado de pasarle algo
-Gracias por la preocupación pero estoy bien – sonrió, a Kuvira no le hacia falta verla a través del espejo retrovisor para saber que estaba sonriendo, mostrando sus perlados dientes – Y siento lo de antes
-No se preocupe – disculpó a su jefa – Ha sido mutuo, no me hubiera besado sino hubiese querido
-Oh – un tono de sorpresa se escapó de los labios de la heredera Sato – Bueno, es un buen punto. ¿Y los demás?
-Su coche nos sigue – respondió la joven de ojos afilados de color aceituna
Varrick, Zhu li y Ty lee decidieron acompañar a Asami hasta el hospital para darle cierto grado de apoyo moral. Varrick deseaba que no montase una escena en un centro médico; Zhu Li estaba preocupada por si su amiga se deprimía al ver así a la joven que tantos quebraderos de cabeza le dio, así que fue como ayuda moral y para darle valor; Ty Lee fue porque era Ty Lee y a la preocupación por tales novedades había que sumarle que se aburriría en la fiesta y no quería tener que obligar a Opal a hacerle compañía estando su hermano con ellas, así que decidió acercarse con su prima y su amiga.
Al doblar a la derecha la heredera de la Torre Future observó el hospital y sintió como su corazón se comprimía ante los nervios. El estomago se desplomaba en su cuerpo y sus pies sentían ese cosquilleo nervioso que solamente sienten los niños, allí dentro, la joven con la que se había acostado luchaba una batalla con la muerte.
No fue muy complicado topar aparcamiento, el parking para visitantes estaba prácticamente desierto a estas horas con la excepción de algunos automóviles; al salir del vehículo la heredera respiró aliviada, notando en cada poro el abrazo de la noche. Por otra parte, la escolta se sentía nerviosa, deseosa de poder controlar el derroche de odio que sentía en aquel momento por cierta morena de ojos azules. No obstante, ninguna estuvo a solas con sus pensamientos mucho rato porque el vehículo clásico de Varrick aparcaba a su lado, con su prometida y la prima de esta en él. Por sí fuera poco, el todoterreno donde iban los miembros de seguridad de la familia Wan aparcó en la lejanía del aparcamiento intentando disimular de manera muy poco evidente su presencia. Por fortuna, acostumbrados a su poco tacto, todos decidieron ignorarlos porque al estar Kuvira con ellos, sería esta quien se encargase de su seguridad en el interior del edificio.
-¿Cómo estas? – preguntó preocupada Zhu Li, ella ya sabía desde hacia tiempo que su mujer amiga se había sentido muy afectada por aquella situación
-Bien – respondió la heredera Sato – Solamente necesito saber como esta
-Tienes buen corazón – expresó Ty Lee con una sonrisa regalada de pura ternura – Sé que harás lo correcto
-Bueno, debemos ir al interior para saber lo que sucede – el oriundo del Sur expresó esa obligación, empujando a la amiga de su prometida al edificio para que su miedo no se manifestase
La única persona que no habló ni dijo en todo el rato fue Kuvira, quien prefería callarse a que su tono de voz denotase el disgusto por estar allí. Un beso la perturbó y ahora se encontraba a punto de preguntar por la salud de una joven como Korra. Sin duda, no le agradaba la idea de estar allí, pero no por odio sino por el hecho de que no deseaba que su jefa volviese a padecer penurias por ella.
A medida que se acercaba a la puerta, cruzando el camino baldosado, rodeados de tenues faroles; nadie enunció, habló o expresó idea alguna. Era como una marcha funebre, donde se mascaba la tensión y donde el muerto aun respiraba, aunque en vez de hombre era mujer y a cada paso que daba, con sus resonando contra el camino, sentía como su valor menguaba a cada rato.
Pasaron varios minutos hasta que comenzaron a ver la fachada del edificio con aquellas grandes puertas acristalas; justo en lo alto de los peldaños el grupo podía ver una figura femenina agachada, abrazando sus propias rodillas y con la cabeza enterrada en su interior. Paso a paso se fueron acercando y ascendiendo a cada escalón, evitando aquella persona que sin duda quería enterrar sus problemas en sí mismas y en la música que se escapaba de aquellos auriculares. Casi instintivamente Kuvira se interpuso entre el grupo y aquel bulto hecho ser humano pero aquella persona no hizo absolutamente gesto alguno, sin moverse ni un milímetro hasta que entraron en el interior del edificio.
-Es la cuarta planta – Asami ni se detuvo en la recepción, dirigiéndose a los ascensores – Ya me informaron de ello
-Es bueno saberlo – comentó Varrick con cierta obviedad molesta, demostrando que no sabía que decir o hacer.
Al entrar en el elevador, Asami notó como su amiga, Zhu Li, le apretaba la mano con insistencia para intentar transmitirle algo de fuerza y carácter, para demostrarle que no estaba sola. Una sonrisa cómplice surgió entre ambas, al tiempo que el prometido de la ingeniera Wan apoyaba una mano en el hombro de la empresaria para demostrarle afecto. No hubo más palabras, ni tampoco más gestos, Ty Lee notaba que su prima podía apoyar más a su amiga ante los males románticos y Kuvira sencillamente no alegó absolutamente nada desde que estacionó el automóvil.
La campanilla del elevador indicó y anunció en el pasillo que alguien había llegado en el ascensor. Respirando hondamente y soltando el aliento de sopetón, la heredera comenzó a caminar hacia el pasillo, en busca de su propia elección. No había preguntado el número de planta pero eso no fue necesario porque una voz que recordaba la llamó.
-Aquí, fresón – la llamó Suki, justo antes de darse cuenta de que llamó a una rica empresaria por un apodo tonto – Digo, Asami
-Buenas noches – saludó la joven heredera – No te preocupes, no me disgusta el apodo aunque no creía que iba a volver a escucharlo
-Me alegra saberlo – se relajó Kabuki y señaló al grupo de personas que estaban a su lado – Estos son: Katara, Sokka y Zuko
Ambos hombres se quedaron petrificados al observar a la joven heredera de su empresa ante ellos. Ambos sabían sobre el dinero, sobre que alguien le había prestado dinero a la joven bajista, jamás hubieran imaginado quien estaba ante ellos. Sería más lógico pensar en un prestamista o un ligue fácil, pero no ella. Ninguno de los chicos se había molestado en preguntar sobre el famoso número telefónico del que hablaban las chicas porque ambos hombre sabían que bajo ningún concepto debían inmiscuirse en los asuntos de las chicas cuando estas deseaban hablar entre ellas. No obstante, hubieran deseado que alguien les dijera que iba a personarse ante ellos su jefa.
-Hola – saludó Katara, observando el rostro petrificado de su hermano y su novio
-Hola, Katara – le devolvió una sonrisa al tiempo que se fijaba en el chico de ojos ambarinos y su amigo – Ya nos conocemos
-Buenas noches, señora – en ese momento Sokka percibió que la chica era demasiado joven para ser tratada así – Señorita, quería decir señorita
-¿Cómo esta tu mano? – aquella inocente pregunta hizo que el joven de coleta sintiese vuelco al observar que alguien como ella se preocupaba por su estado de salud
-Bien, gracias, mucho mejor
-Me alegro – sin perder la educada sonrisa que tenía, esa capaz de reconfortar hasta los corazones más cansados, fijó su mirada en el otro hombre – ¿Y tu madre?
-Bien, muchísimas gracias, seguro que mejorará pronto – justo en ese momento, su novia se percató que su novio y su hermano estaban tan nerviosos porque ella era la buena samaritana que les había auxiliado. Aquella noticia hizo que la chica de cabello decorado y trenzado se tentase como la cuerda de una guitarra y sonriese tontamente sin saber que decir.
-Esas son buenas noticias – y girando sobre sus talones presentó a sus acompañantes – Estos son: mi amiga Zhu Li, mi amigo Varrick, la adorable Ty Lee, y ya conocéis a Kuvira, mi ayudante
Después del riguroso y obligatorio intercambio de saludos entre ambos acompañantes, Asami observó como Suki le extendía un sobre marrón, arrugado y medio roto.
-Es el dinero que Pies Ligeros quería entregarte – lo acercaba más aun a la heredera – Aceptalo, por favor
Tomando ese sobre, destrozado y arrugado donde un montón de billetes arrugados sobresalían. Aquel gesto, el símbolo silencioso del esfuerzo de la joven morena que había compartido cama con Asami, provocó que su corazón se encogiese, menguase, y casi reduciendo su carácter al de un pequeño gatito llorando y asustado en un rincón. Su determinación desapareció al suponer la de esfuerzos que la joven tuvo que desempeñar para lograr ese dinero.
-Ella y yo hemos estado trabajando juntas – la joven morena, de ojos azules habló – Hacia horas extras para conseguir dinero y poder devolvértelo
Aquellas palabras fueron los últimos clavos en el ataúd de la antipatía que guardaba por ella. Incluso Kuvira, que se había mantenido alejada y taciturna, expuso una faz de sorpresa ante tal gesto de alguien tan cuestionable. Zhu Li y su prometido simplemente permanecían estáticos, no queriendo forzar o interrumpir la situación, aunque todo el dramatismo silencioso lo aportaba una Ty Lee que cubría sus mejillas con ambas manos para intentar no llorar ante tal acto.
-Es un gran gesto, pero no lo necesito – contestó en un tono muy diferente al que había tenido en aquella extraña llamada – Sin embargo es un gesto verdaderamente hermoso. Gracias
-Ella estará contenta
-¿Ha estado viviendo contigo y con... – no venía a su mente el nombre de la joven ciega – ...La chica invidente?
-Toph te daría con el bastón si te escuchase – la respuesta provocó una sonrisa entre los amigos de la bajista, sin duda su batería era temible – No, ha estado viviendo en un hotel de los barrios bajos, cerca de los accesos a la carretera industrial
-¿Fue allí? – aunque indecoroso, la curiosidad le hizo preguntar algo fuera de lugar
-No, aunque eso sorprende – respondió Kabuki – He ido y he pensado que iba a escuchar disparos en algún momento
-Fue después de un concierto – añadió Katara, en vista de que deseaba eliminar su sonrisa estridente y forzada – Tenemos un grupo con Korra y a veces tocamos en la sala Agni Kai. Unos tipos la asaltaron en un callejón
Se pudo escuchar el eco de sorpresa de la ingeniera Wan y de su prima, la cual se había abrazado a ella ante la suposición de lo peor. En cambio, Kuvira no dijo nada, simplemente apretaba la mandíbula y tragaba con fuerza; no apreciaba a la joven pero nadie se merecía algo así. Kuvira odiaba a los que se aprovechaban de las situaciones, eran abusones, cobardes y débiles individualmente.
-Por suerte, Azula, mi hermana la salvo – en el tono se podía escuchar un orgullo de hermano que desbordaba el pecho
-De no ser por ella igual ahora estaríamos en un tanatorio – Suki mostraba una mirada ensombrecida por el hecho de decir en voz alta lo que había estado temiendo toda la noche – No esta aquí, ha ido a tomar el aire y centrarse. Ella es así.
Justo cuando el eco de esa frase recorrió todo el pasillo, se escucharon unas pisadas rápidas y una joven con bata blanca acercándose al, ahora más numeroso, grupo. Su piel blanca y sus cabellos trigueños hacían destacar las ojeras que poseía casi tatuadas en el rostro, fiel símbolo del compromiso de un buen doctor.
-Buenas noches – la doctora observaba a los nuevos integrantes del grupo, extrañada por sus engalanados vestidos. Decidiendo presentarse de nuevo, habló – A los que no sepan quien soy, me volveré a presentar. Soy la doctora Umi San Montie y he tratado a la joven señorita Raava
-¿Ocurre algo? – preguntó Mai, quien ya había entablado conversaciones con la médico con anterioridad
-No, simplemente venía a dejar el parte de heridas y a comprobar si se había despertado – contestaba la doctora al tiempo que jugaba con un boligrafo en su boca – Ahora debe despertarse y dependerá de ella. Ha sido una intervención muy dura para un cuerpo tan herido
-¿Cómo esta? – interrumpió Kuvira, la cual pensaba que el carácter de las heridas no era tan grave. Ella pensaba en puntos o una operación de cirugía menor, no en algo así
-Por fortuna el cuello solo tenía una leve contusión y las lesiones cerebrales no presentan importancia, las pupilas dilatadas se debieron a alguna sustancia ingerida – expuso la doctora – El daño macular solo le hará perder un poco de visión en un ojo. Cosimos las laceraciones y las lesiones oseas, como en el brazo y en el tobillo, junto con el alto grado de contusiones, la harán tener poca movilidad durante un tiempo. Por otra parte, lo más importante y doloroso es la toracotomía postlateral que le hemos tenido que aplicar para extraer la hoja de la navaja y subsanar el pulmón. La intervención ha sido algo muy serio.
-¿Tora... qué? – preguntaba Sokka
-Al tener un filo en el costado y el pulmón herido hemos tenido que abrirle la caja torácica por un lateral, extraer el objeto filoso y operar – expuso la profesional médica – Aunque no es tan traumante como una toracotomia común es más dificultosa, algo que observando el resto de las heridas era preocupante. Es algo molesto, invasivo y le dolerá.
-Gracias, es usted muy amable – agradeció la joven heredera
-No hay de qué, es mi trabajo – contesta agradecida la doctora – Aunque es sorprendente, otros se habían rendido en la mesa de operaciones. Es una luchadora
-Así es – contestó con orgullo Suki al hablar de su amiga, casi notando como las lagrimas querían desprenderse de sus ojos
-Si me disculpan, debo de hacer mi ronda – se disculpó, al tiempo que comenzó a caminar, solamente para detenerse un momento y girar sobre sus talones – Por cierto, quiero que sepan que después de la operación realice el informe para la policía y su amiga no ha sido violada. Digan a su salvadora que es una heroína
-Se lo diremos – contestó Mai, aliviada por saber que la bajista no fue humillada hasta tal punto.
-Buenas noches – se despidió la profesional.
Al marcharse la doctora, con paso firme y profesional, de nuevo se hizo un incomodo silencio. Asami reflejaba en su rostro verdadera preocupación, Kuvira en verdad no sabía que la joven de cabello corto que conocía había recibido ta maltrato y ahora se sentía culpable por su desprecio inicial, Varrick y Zhu Li notaban que la situación de apoyo se había vuelto extraña. Ambos habían ido esperando evitar que su amiga alborotase el lugar pero ahora se topaban con un auténtico drama y verdadera preocupación. Por otra parte, Ty Lee comenzaba a caminar de espaldas, después de lo que había dicho la doctora, la bailarina necesitaba tomar el aire.
-Voy a respirar algo de aire fresco – se disculpó la joven de mirada infantil, al tiempo que se repetía: "no pienses en pechos abiertos o te vas a desmallar aquí mismo"
-Si me disculpáis – la voz de la joven Sato dejaba entrever un ruego educado y sincero – Desearía entrar, al menos quisiera entrar para que le dijerais que estuve al lado de su cama
-Claro, por supuesto – respondió con una sonrisa Suki
-Gracias – y lentamente abrió la puerta de la habitación donde descansaba la joven que una vez la había hecho llegar al orgasmo.
La habitación estaba tenuemente iluminada por la luz de una lampara de pared, dando a la estancia un aire melancólico que recordaba a los que entrasen la ominosa dedica realidad de quien se encontraba tumbada en la cama. En aquella cama se encontraba Korra, llena de vendas, conectada a un aparato que monitoreaba sus constantes vitales, con medio rostro cubierto por gasas, vendas y esparadrapo.
La joven heredera se acercó muy pausadamente, sabiendo que sus tacones castañeteaban contra el suelo y no queriendo perturbar nada de ese momento. Era como si su cuerpo fuera movido por el morbo de encontrarse de nuevo con esos ojos cerúleos, o como si necesitase saber como se encontraba la única persona que abiertamente rechazó su dinero, pero una mezcla de miedo, emoción, nerviosismo y preocupación, se daban cita en su interior. A cada paso que daba, la luz tenue y la perspectiva le daban una mejor visual del estado de la joven rebelde. Tenía un ojo hinchado, medio rostro lleno de curas y vendajes, un armazón a base de vendas y gasas esterilizadas rodeaban su cuerpo, el cual estaba lleno de moratones. Solamente podía observar parte del cuello, el escote y los brazos de la joven de tez morena, y pese a su tono de piel las marcas de golpes eran más que evidentes. Aquella visión de una joven tan fuerte y vivaz derrotada y malherida hizo que la empresaria comenzase a notar humedad en sus ojos pero se obligó a contenerse.
No había nada que decir, deseaba expresar algo en voz alta, sabiendo que así se sentiría mejor, pero no pudo ser; el movimiento leve de la cabeza de Korra la dejó sin habla. Paulatinamente, la joven rebelde comenzaba a mover sus músculos hasta que se escuchó un gruñido seco y débil saliendo de su boca, justo para abrir sus ojos un segundo después. Abría y cerraba los ojos, pestañeaba, visiblemente desconcertada ante la situación; al tiempo que la joven de ojos esmeralda se encontraba petrificada ante la convaleciente.
"De todas las personas que hay afuera, tienes que despertar cuando estoy yo en el cuarto", pensó la joven Sato, "no me lo creo". Pese a todo, cuando esos ojos azules como el cielo se posaron en ella, intentó regalarle una sonrisa y contener su pavor.
-¿Eres un ángel? – preguntaba, visiblemente afectada por la anestesia – ¿Eres real?
-No soy un ángel y soy real – respondió sin dar crédito a lo que estaba sucediendo
-Eres muy bonita – intentó regalarle una sonrisa boba aunque el dolor la contuvo solo en un intento
-Gracias – Asami estaba visiblemente sonrojada
-Tus labios – señaló con su brazo escayolado el rostro de piel nívea y labios rojizos de la empresaria -Me recuerdan a fresas
-Me llamabas fresón – inquirió
-Tiene razón, te queda bien el apodo – masculló antes de repetirlo – Fresón
-Así es
-Conocí a un fresón – su voz era algo más leve, apagada pero era debido a la congoja de un recuerdo desagradable – Le hice daño
-Soy yo – respondió, no quería mentirle por lo que pudiese suceder
Durante veinte segundos o más nadie dijo nada más, la tensión podía ser cortada con un cuchillo y la empresaria empezaba a sentir la tensión en cada fibra de su ser. Justo antes de que la heredera Sato sintiese ahogo por la situación, la voz triste y dubitativa de Korra apareció en la escena.
-¿Bastaría si digo que lo siento? – preguntaba inocentemente – ¿Por qué créeme que lo siento?
-Te creo – contestó con una mezcla de alegría sosiego, intentando no alterar a la convaleciente – Y claro que basta. Sé que no hiciste mal, yo fui un poco tonta
-Pero lo siento de verdad
-Disculpas aceptadas – solventó a decir
-Y – intentaba sacar fuerzas para preguntar, algo sorprendente después de tanto sufrimiento – ¿Ahora qué?
Asami no dijo nada, mascullaba las ideas en su cabeza y las palabras entre sus dientes, intentando pensar que sucedería después pero deseando simplemente dejarse llevar.
-Ahora te cuidaré
Continuara...
Reflexiones
-Mi facebook es : Lobo Susurro Nocturno . Podéis agregarme si queréis
-Si alguien pregunta, ya respondo que Kuvira no podía distinguir a Azula estando esta como una bola en los escalones y de noche. Azula llevaba auriculares.
-Lo que le sucede a Korra es el fruto de despertar y vuelva a la conciencia de la anestesia general.
-Toda la información médica vino ayudada por Montielowski
IMPORTANTE – ruego vuestra opinión
Como mucho de vosotros yo trabajo pero en un empleo donde me pagan bastante mal, aunque lamentablemente y debido a la crisis no puedo arriesgarme a perderlo, así que siempre ando algo ajustado de dinero.
En los próximos meses una serie de grandes cambios llegarán a mi vida y parece que deseen derribar mi decisión de autopublicar una versión literaria de "Un puente hacia ti" y mi otra novela original. Además de eso, cada vez necesito más ingresos pero eso me restaría tiempo para escribir y escribir es mi verdadero amor.
Debido a que deseo autopublicar, algo caro y poco rentable, me he propuesto activar una web en las próximas semanas donde informaré de la novelización del fic, haré encuestas sobre nombres o rediseños, postearé versiones extendidas de capítulos, hablaré de futuros proyectos, y algún momento extendido.
Además, no os voy a mentir, en la web planeo colocar una sección de donativos//lo que sea... para que me ayude a conseguir un dinero para la autopublicación, además de mantener el hos interno de la web o darme alguna ayuda. También instauraré una sección de compra para el futuro digital de la novela digital y física.
Espero que la idea no os disguste pero yo quiero seguir escribiendo y si buco un trabajo secundario no tendré tiempo y en verdad publicar algo propio, darlo a conocer, y ganar algo de dinero para poder decir: lo hice. Me emociona todo esto y me gustaría saber opiniones y quiero que sepáis que intentaré ser lo más participativo posible. Los que me siguen en facebook saben que siempre hablo y me gustaría fomentar el feedback.
Muchos aquí me animan a seguir escribiendo pero sin tiempo dejaría de hacerlo. Yo ahora voy a vender todo lo que pueda para hacerlo y arriesgar todo en un sueño, porque al menos de fracasar no quiero que sea porque me asuste y no lo intenté, sino que sea por derretirse la cera que une mis alas, como Icaro logrando alcanzar el sol, porque si sucumbo, si fracaso, si muero, al menos habré intentado surcar el cielo.
Sed Felices.
