Capítulo 20.
Continuar.
Las luces estaban apagadas cuando se despertó. Serían las seis de la mañana. Un discreto destello de luz se colaba entre las cortinas de la ventana en la habitación, la fragancia a colonia que conocía muy bien flotaba en el aire. Cuando finalmente salió del letargo, miró al otro lado de la cama y no había nadie. Estiró un poco su mano y aún estaba tibio. En la mesa de noche vio sus lentes. Estiro sus brazos hacía el techo y dejó escapar un bostezo al mismo tiempo que su espalda y trasero crujían. Su cuerpo se encontraba desnudo cuando se levantó al baño, no logro evitar quejarse ante la molestia muscular, el instinto lo llevo a buscar sus prendas de vestir y vio por primera vez después de meses, dos juegos de pijamas arrojadas sobre la silla.
Al salir del baño, aun secando sus cabellos, se sirvió un poco de café negro que estaba recién preparado. Bebió el contenido despacio y se sentó en la cama, suspirando cada cierto tiempo. Al final de un largo suspiro recordó las últimas palabras que había escuchado la noche anterior antes de dormir:
Te amo. Gracias, muchas gracias. Senpai.
Se recargo en el respaldo de la cama, y con nítidas imágenes revivía la hermosa escena nocturna:
Llegaron de cenar y durante la velada solo bebieron dos copas de vino. Mientras recorrían el trayecto de regreso a su departamento conversaban amenamente y después de llegar, entrar y escuchar un comentario absurdo por parte de Souichi, Morinaga estallo en carcajadas, por lo que recibió un suave golpe, Morinaga pretendió abrazarlo, él rubio trato de detenerlo, pero el más alto lo persiguió hasta llegar a la habitación. Cuando lo alcanza lo agarro con firmeza. El menor le mordió en el hombro y Souichi dio un paso atrás. Tetsuhiro lo empujo y salto sobre él. Ambos ahora se encontraban sobre la cama.
Apareció un momento de espera en el que solo se escuchaban sus respiraciones aceleradas; muy aceleradas. No preguntaron nada, no tenían nada qué preguntar. Lejos de las palabras, de sus miradas, de los constantes suspiros, más allá de todo se comprendían, a esas alturas de su vida, estaban demasiado compenetrados. Morinaga lo entendía de una forma que no puede describirse, como se entiende un bello amanecer, como se entiende la mirada clavada en la luna de una noche llena de estrellas. No era un rechazo lo que veía en ese atractivo rostro, mucho menos se trataba de miedo, era un gesto perfecto, el más hermoso que podían ver sus ojos, un desarrollo y el cambio necesario en esta quietud y armonía para empezar algo nuevo.
Ambos se levantaron y se pusieron en movimiento al mismo tiempo. Morinaga impaciente se sacó la gabardina y desbrochando solo dos botones, jalo su camisa por encima de la cabeza. Souichi a duras penas logro quitarse la camisa, siempre mucho más torpe en esas situaciones y como siempre; avergonzado. El menor se hinco ante él, le ayudo a bajar el pantalón y volvió a levantarse acechando al rubio, quien lo tomo del cabello y lo beso con una fuerza que tiraba en lo agresivo.
El más alto lo levanto en vilo, tomándolo con ambas manos de sus nalgas desnudas. Souichi frunció el entrecejo, listo para protestar, pero Morinaga le mordisqueo en el cuello, rápidamente también sus rosados pezones, lo que provoco que se erizara en la piel y lanzara un quejido, no se esperaba semejante y rápida acción. Tetsuhiro contemplaba sonriendo y maravillado frente a él ese bello cuerpo aferrado al suyo por temor de caer, le parecía blanco como el nácar, pensó que se trataba de un sueño, un maravilloso sueño. Despacio lo tiro a la cama, continuo besando cada parte de su piel, rostro, labios, cuello. Con apenas los ojos entre abiertos ante su propia excitación, disfrutaba las exquisitas contorsiones del rubio, sus oídos se deleitaban ante aquellos incontenibles gemidos que tanto extrañaba.
Velozmente introdujo sus dedos con maestría y completamente preparado, le dio la vuelta y separo sus piernas. Algo que sorprendió al rubio ¿desde cuándo todo eso resultaba tan natural? Morinaga ahogo un gemido cuando entro en él y comenzó su faena de mover con fuerza y alevosía. Souichi ante la firme estocada apretó con fuerzas las sabanas y enterró su rostro en la almohada para acallar su agonía, que en cuestión de segundos se transformaba en deleite. El rose ante su punto de placer, le provocaba casi correrse, sin duda esta posición era su máxima tortura, debía contenerse demasiado para no terminar tan rápido. Además de lo anhelante que su cuerpo estaba.
Morinaga salió de Souichi y en otro hábil movimiento, poderoso, con mayor fuerza y corpulencia, se acercó al filo de la cama y se sentó, acomodándolo sobre él, para seguir moviéndose con una cadencia cada vez más fuerte. El rubio se sentía como tonto ante su ingenuidad ¿olvidaba que su amante se transformaba cuando se trataba de sexo?
Morinaga con la mano derecha tomo su hermoso y rubio cabello mientras con la izquierda bajo por su pecho, por su vientre, para encontrar su sexo, para acelerar su placer y llevarlo al espacio. Sus sexos bailaban ardiendo en una melodía inaudible para los demás, la noche les fue invisible, la moral inservible, esa noche se colmó a sí misma de placer, entre besos, caricias y mucha pasión. Souichi grito ¡Aaahhh! Y Tetsuhiro exclamo a viva voz:
"Eso fue tan deliciosamente increíble"
Escuchar esas palabras le hizo preguntarse cosas que jamás había pensado. Se enteró de labios del propio Morinaga, decirle que en su juventud vivió una vida desenfrenada sexualmente hablando, sin embargo en ese tiempo Souichi no le dio la debida importancia. ¿Porque ahora deseaba saber? ¿Cuántos cuerpos habrán pasado por su cuerpo antes de conocerlo? ¿Cuántos cuerpos han pasado por el de él? ¿Cuántos más faltan por pasar?
Estas preguntas empezaban a multiplicarse como una plaga en la mente de Souichi, mientras ascendía a la cima de su segundo orgasmo. No lo hacía para distraerse o lastimarse; sino que permitía que Morinaga invadiera cada vez más su cabeza. El deseo crecía en su cuerpo por su causa. Tetsuhiro sabía seducir a un amante, besaba con la maestría de la amplia experiencia. Le hacía el amor de manera majestuosa, le desordenaba la mente por completo.
Ambos llegaron hasta la cima del placer. Morinaga podía verlo, su amor tenía los ojos cerrados, estaba recostado sobre su hombro, mientras su brazo izquierdo lo abrazaba. No deseaba soltarlo jamás.
Souichi ahora comprendía mejor que, nombrar es crear la realidad. Se pierden sin saberlo tantas realidades. Duró tan poco esa noche gloriosa, corta como una canción. Reflexionaba que no se cansaría de repetirla, permanecer en esa habitación, agotar todas las caricias aunque pronto llego la mañana.
Amaba aquel ser imperfecto, tembloroso y en ocasiones impulsivo, lo amaba hasta esas veces en que su alma odiaba la suya. Ahora se deleitaba al escuchar esas frases que suelen decirse bajo el raro efecto del amor, cuando en silencio sus manos reclamaban su cuerpo, cuando en sufrimiento le decía que le angustiaba solo pensar en perderlo.
.
Se apresuró para prepararse y dirigirse a la Universidad, Morinaga había salido una hora antes, su recorrido diario hasta Hamamatsu le tomaban poco más de dos horas en Shinkansen, solo esperaba una oportunidad de permuta para solicitar su cambio a Nagoya y no tener que salir a las cinco de la mañana de su hogar. El hogar que ambos habitaban y que después de seis largos meses, volvía a ser un remanso de paz. Fue difícil traspasar varias barreras.
.
Souichi aún continuaba como el principal responsable del laboratorio en la universidad de Nagoya. No se presentó ningún problema en mantener su puesto, ya que Miyoshi sensei nunca tuvo el tiempo de notificar a Fukushima sensei sus intenciones de contratarlo como encargado en la Universidad de Tsukuba. Tadokoro y Mika aun cumplían asistiéndolo y lo harían por lo menos otro año, antes de graduarse.
Soujin san, Tomoe, Kanako y la tía Matsuda, continuamente llamaban a ambos jóvenes. Deseaban saber lo posible acerca de sus progresos y si alguna secuela continuaba afligiendo a Souichi. Hasta Isogai llamo un par de veces y como en la mayoría de veces, se animaba a aconsejarlo. El patriarca de los Tatsumi, les comunico a todos que ya era hora de reunirse nuevamente toda la familia y que lo harían en un mes. Y como en otras ocasiones, le recordó a su hijo mayor que extendiera la invitación a Morinaga.
.
Universidad de Nagoya.
Al mediodía cuando fue al comedor a almorzar, se sorprendió de una llamada a su celular por parte de Morinaga. Le avisaba que ese día regresaría temprano y que deseaba pasar por él a la Universidad, aprovechando de ser posible en saludar a algunos conocidos. Souichi por su parte, estuvo de acuerdo, llevaban mucho tiempo sin caminar juntos de camino a su departamento. Y no pudo evitar sentir cierta añoranza y nostalgia, recordar cuando aún eran senpai y kouhai.
.
Treinta minutos antes de las ocho de la noche, su hora de salida. Souichi instruía a sus asistentes a limpiar todos los utensilios y las mesas del laboratorio. Mika y Tadokoro se apresuraron y justo cuando se dirigían a la puerta para retirarse, tocaron a esta y se podían escuchar risas y charla a voz elevada. Kimura Etsu fue quien entro al lugar y como ya se conocían por su trabajo con él en la Universidad de Tsukuba, conversaban con cierta confianza. Cuando finalmente preguntaron el motivo de su visita, el recién llegado les pidió razón de su senpai y menciono que deseaba hablar con él.
No fue necesario que llamaran a Souichi, pues recién salía del cuarto de lockers con su mochila, listo para irse. Los asistentes entendieron que era momento de retirarse, pues con quien deseaba hablar Kimura Etsu, era con su senpai.
- Tatsumi san, si tardo un poco más en llegar, ya no te alcanzo -
- Si, ya voy de salida. Pero dígame ¿En qué puedo ayudarlo? Y ¿cuando llego a Nagoya? -
- Solo pase a despedirme, como te había comentado, acepte un buen trabajo fuera del país y además deseaba saber cómo has estado antes de irme -
Souichi le acerco un banco alto a Etsu y también trajo uno para él, se sentaron ya que le pareció que sería una grosería atenderlo rápidamente, sin siquiera ofrecerle asiento y es que el visitante venía desde Tsukuba. Se detuvo dudoso unos minutos antes de hablar, se acomodó un par de veces sus gafas, recordó que el joven frente a él, había resultado herido ante los sucesos pasados. Pensó que por lo menos debía responder a su interés, siendo honesto.
- Estos días han pasado muy rápidamente, pasando entre la agonía y la alegría. Intento vivir, intento seguir muchos consejos, tomarme el mundo con un poco de goce y calma. No siempre funciona, hoy mismo me he levantado alegre, con muchos ánimos, tal vez por muchas causas, pero al salir en la mañana y caminar me he comenzado a sentir intranquilo, fumarme un cigarro no ha bastado, mi inquietud no era por falta de nicotina, ni siquiera sé..., tal vez temor. No lo sé -
- ¡No es para menos! Extraño seria que no te sintieras así, yo mismo vivo con cierto recelo, por eso me he remitido en mi desasosiego, no sé cómo expresar la incertidumbre que tuve, incertidumbre de que podría haber muerto sentí una especie de paranoia. Luego, mi inquietud se cambió en terror, pero en el fondo de mí sentí que algo me motivaba a seguir y ahora decido tomar el reto -
Souichi suavizo su rostro, veía los gestos de Etsu, gestos que reflejaban que el también había vivido una experiencia traumática. Que se había encarado muy de cerca a la muerte. No lo miraba con lastima, no, más bien lo entendía. Ambos sufrieron en carne propia las acciones de una mente trastornada.
- Lamento que usted también resultara afectado -
- No, no te disculpes. Me advertiste muchas veces que no me entrometiera, de hecho soy yo quien debe disculparse..., parece que al final complique más las cosas -
Llevaba diez minutos desde que había llegado a la Universidad, acordaron encontrarse en la entrada principal. Mika y Tadokoro lo entretuvieron esos minutos, pero inquieto miraba hacia las escaleras que conducían al laboratorio, un poco ansioso esperaba que apareciera la silueta de Souichi. Finalmente la chica al verlo distraído cuando le hablaban, le comento que su sempai estaba aún adentro hablando con Kimura Etsu. Esto desconcertó a Morinaga, quien agitando su cabello nervioso se apresuró a despedirse de ellos. De hecho tomo carrera y con sus largas piernas, subía los escalones de dos en dos, para llegar más rápido.
Aun no había logrado conocer a esa persona, y su intuición le hacía sentir que ese hombre, debía sentir algo por Souichi. Etsu en realidad le provocaba una sensación parecida a lo que Isogai en el pasado. No le inspiraba confianza alguna. Agitado llego hasta la puerta del laboratorio que estaba abierta y alcanzaba a escuchar el eco de lo que conversaban. No entro de inmediato, trato de calmar su respiración y limpiaba con un pañuelo desechable el sudor de su rostro. Mientras escuchaba parte de la plática.
- Pero aun no me has dicho ¿Que sucedió con tu pareja? ¿Comprendió al final tu enorme sacrificio? Porque si no mal recuerdo a esa persona era a quien amenazaba dañar Miyoshi sensei ¿No? Además la última vez que hablamos, mencionaste que saldrías adelante por ti y por esa persona -
Morinaga, se sentía molesto ¿Quién se creía ese sujeto, como para preguntar con tanta confianza? Ni siquiera el mismo se atrevía a cuestionar a Souichi, aunque durante todos aquellos meses siguió el consejo de un psicólogo, de que en los momentos que le parecieran adecuados hablaran de lo que sucedió y mencionara el nombre de Miyoshi sensei tanto como fuese posible, debía hacerlo con tacto. Pues de ese modo cada vez le resultaría menos doloroso o mortificante a la víctima y llegaría un momento en que hablaría del tema sin sentir sufrimiento. Algo que parecía ya estaba sucediendo, pues escucho responder aun algo reacio al rubio, pero tranquilo:
- Si, ciertamente, yo no deseaba que alguien resultara lastimado. Ni esa persona, ni mi familia. Y podría decir que todos estamos mejor -
Le pareció que Souichi estaría en un apuro si ese sujeto continuaba preguntando, por lo que decidió hacer un poco de ruido detrás de la puerta antes de entrar. Tanto Etsu, como su ex senpai, voltearon encontrándose con la presencia de Morinaga. Quien después de saludar, pregunto quién era el visitante:
- Él es un colega que trabajo conmigo en la Universidad de Tsukuba -
Morinaga escucho que Etsu san solo había pasado a despedirse de Souichi, por lo que, más tranquilo espero que terminaran de hablar. Antes de irse, el visitante entrego su nueva tarjeta de presentación, con todos los datos del nuevo laboratorio donde trabajaría en Francia. Le repitió al rubio, que si algún día deseaba dejar la investigación en la Universidad de Nagoya, él gustoso le apoyaría para obtener una plaza en su misma especialidad. Se dirigieron los tres hombres juntos hasta la salida del lugar, para finalmente separarse e ir a sus respectivos destinos.
A paso lento, caminaron de regreso a su departamento. Morinaga no pudo evitar preguntar ¿porque Etsu san se había implicado tanto en los pasados sucesos? Souichi vio de reojo ese gesto muy característico de su ex kouhai, cuando algo le dolía y trataba de enmascararlo con una falsa sonrisa. Le explico que como investigadores, ambos habían llegado a amistar por causa del trabajo y que aquel chico era demasiado sociable; por supuesto que estaba omitiendo la parte que ya adivinaba en el rostro de su acompañante había sacado sus propias conclusiones.
Vio que la respuesta no le resulto del todo convincente a Morinaga. Y una profunda tristeza se instaló de repente en su pecho. Como siempre, cuando la preocupación se albergaba en su cabeza. Agito su cabello como si la respuesta a sus interrogantes estuviera enredada en alguna parte de su coleta, como si en su larga cabellera estuviera oculta la causa de aquella tristeza.
Lo entendió por completo, se dio cuenta; le dolía demasiado verlo sufrir ¿pero cómo? ¿En qué momento aquel personaje se convirtió en alguien tan importante para él? Justo allí su corazón resonó. No quería aceptarlo, quererlo más, no podía permitir que robara su corazón. Volteo recibiendo una mirada que lo hizo sonrojar ¿Por él estuvo dispuesto a todo lo que vivió?
Dentro del departamento Souichi continuaba atorado con su soliloquio interno. Se sobresaltó cuando Morinaga le hablo desde atrás:
- Senpai, lo de anoche..., ya no tuvimos oportunidad de hablar. Lamento si no te pregunte si me dejarías tener sexo y...
- Eso..., yo antes ya te había dicho que si no deseaba hacerlo te lo diría, también si algo de lo que hicieras no me gustaba, te golpearía -
- Si eso me lo aclaraste hace más de ocho meses, pero yo quería respetar tus deseos a raíz de lo que sucedió -
- Morinaga, ya antes te conté que ni siquiera recuerdo claramente lo sucedido con ese sujeto. Y todo este tiempo sin que tú hicieras nada, lo único que me hacía pensar era que solo querías que mantuviéramos nuestra amistad. En todo este tiempo pensé que en realidad, eras tú el que me estabas evitando -
- ¿Eh? ¡Imposible! Yo me moría por besarte y abrazarte, pero pensé que necesitabas tiempo. Sin embargo, anoche al verte tan cerca simplemente ya no pude aguantar más. Lo siento -
- ¡Deja de pedir disculpas! Quiero que escuches de mí, no lo que digo, sino lo que quisiera decir. ¡Maldición! Ni tú ni yo entendemos un carajo. Yo quisiera conocer tus malentendidos; quisiera mostrarte mi incomprensión, pero las palabras me traicionan y no es eso lo que quiero decirte -
Morinaga deseaba entender lo que escuchaba, pero sabía que no existe forma de manifestarle a alguien cómo es un sentimiento que le embarga. Que siempre se Intenta definir esas sensaciones y emociones, que a la mayoría se le dan nombres. En el amor por ejemplo, nadie siente lo mismo, porque nadie tiene las palabras y las palabras no son suficientes. Estas no pueden representar algo que sucede en diferentes escalas de sensaciones. Él lo había experimentado en muchas ocasiones ¿cómo poder expresar lo que sientes? ¿Cómo medir las escalas en los sentimientos?
Decidido se acercó a su eterno amor, tomándolo de los hombro e insistiendo en que lo mirara de frente y a los ojos. Sentía que debía confirmarle todo lo que lo amaba, lo repitió varias veces "Te amo senpai" y a pesar de haberle prometido en el pasado no presionarlo en expresar lo mismo. Nuevamente lo hizo:
- Senpai ¿Qué es lo que sientes por mí? Porque ya antes te lo he repetido, yo quiero estar contigo por siempre -
Raramente Souichi no sintió molestia ante esa pregunta, ni tampoco reacciono deseando escapar como en ocasiones pasadas, además que era muy notorio que ya se pensaba tiempo suficiente antes de dar una respuesta apresurada y peor aún, que esta pudiera lastimar a Morinaga. Por lo anterior contesto calmadamente:
- Mis palabras siempre son insuficientes, siempre son inútiles, no sé cómo expresar lo que en verdad siento, pero lo que se, es que te necesito junto a mí. No me pidas decirte cosas como las que tú dices tan fácilmente. Sería demasiado complicado para mí -
- Eso es más que suficiente para mi senpai. Antes no podías siquiera decirme algo como esto y ahora estoy más seguro que nunca que; algún día podrás decirme más -
Después de ese dialogo, aunque breve, logro ser más profundo que otras ocasiones y Souichi Se sentía muy feliz, también estaba seguro que Morinaga lo era. Nunca antes se había sentido así. En el trabajo le iba bien, las ideas llegaban sin buscarlas; sus compañeros y familia le agradecían a Morinaga el haberlo hecho tratable y librado de su mal carácter extremo. Todos aquellos comentarios, sin ninguna malicia de por medio. Más bien que esa estrecha amistad influenciaba para bien al Tatsumi gruñón.
Por su parte Morinaga no lo decía, pero sabía que se entendían muy bien y se amaban. Con el tiempo vio que Souichi se desinhibía mas en su trato diario y en sus relaciones íntimas, sus caricias lo hacían perder la cordura, eso lo sabía. Hacer el amor con él era excitante en demasía. Sabía llegar muy fácil al éxtasis. Le encantaban sus preámbulos, sus juegos, sus roles. Podía ser un total desconocido, un hombre seductor y el menor siempre estaba dispuesto a seguirlo, siempre dispuesto a todo.
En otras ocasiones era Souichi quién tomaba la iniciativa, lo seducía y esto lo obligaba a dejar lo que estuviera haciendo, lo excitaba y poco a poco Morinaga lo desnudaba hasta tumbarlo en la cama y hacer con él lo que se le antojara. Era espectacular. Hacer el amor con su ex senpai era hacer un viaje exquisito y podían pasarse todo el día en ese viaje. Todo un día alimentándose de caricias, besos, mordiscos, susurros, gemidos y orgasmos.
Pero no todo era caricias, besos y demás. El amor también tiene sus pequeños inconvenientes. Después de un tiempo de convivencia, muchas veces tuvieron que resolver algunos problemas y malentendidos. Pero una vez aclarados estos, les resultaba más natural mirarse a los ojos y decirse que ya no podían ocultar el amor que cada día crecía en sus corazones, que cada vez que se miraban sentían que sus ojos profundos los atrapaban, que sus sonrisas iluminaban cada uno de sus días.
No era necesario insinuarse nada, porque sentían que se conocían de toda la vida, en ocasiones Souichi veía aproximarse a Morinaga que se acurrucaba a su lado, y el rubio fingía una indiferencia forzada pero terminaba aceptando sus caricias y suspirado al infinito con ojos pensantes.
Aun a Souichi le gustaba pensar que eran buenos amigos, disfrutando de las pequeñas cosas, como la magia de sus caricias recibidas o como el poder de su carácter firme y sin embargo, su ex kouhai nunca detuvo su mano cuando le dirigía un golpe. En otras ocasiones pensaba que deseaba estar con él hasta sus últimos momentos no pensando apartarse de su lado. Pero ante acontecimientos futuros se detenía ipso facto razonando malgastar sus instantes en una pena adelantada, todavía estaban juntos como había sido desde los pasados seis años y como esperaba continuara siendo.
Quien sabe que encuentros, que desencuentros les tejería aun el destino, si es que el destino existe y si es que se dedica a hilar cosas y no a guiarlos a dar tumbos sin sentido.
.
.
.
.
.
