Tomé la pequeña caja que estaba en el asiento trasero del auto de Emmett y dejé la más grande y pesada para él. Me encaminé de vuelta al ascensor, aún a pesar de no tener muchas cosas empacadas habíamos realizado al menos cuatro viajes hasta el auto. Yo me dedicaba a acarrear las más ligeras y le dejaba a Emmett el trabajo mas pesado, si bueno él se había ofrecido a ayudar. Entró al ascensor justo antes de que se cerrara.

- Tengo el presentimiento de que estoy haciendo todo el trabajo – dijo en un tono de fingido reproche.

- Tú eres el de los músculos aquí, y si mal no recuerdo fuiste tú quien insistió en venir – si bien se suponía que debería estar actuando un poco más fría y distante con él, la euforia que sentía al haber encontrado un departamento tan pronto, nublaba todo lo que se suponía debía sentir. Podía quitarme mis máscaras sólo un poco: para celebrar.

- difícilmente hubieras logrado hacer todo esto si mí, chiquita – levantó un poco la caja que sostenía para dar énfasis a su oración.

- ¿No has pensado que quizá empaqué de más para hacerte sufrir? – me giré a mirarlo y le sonreí. Me sonrió en respuesta y fingí que mi corazón no se había acelerado.

Pronto llegamos a mi piso y una vez que entramos al departamento, Emmett puso la caja en el suelo y yo deje la mía sobre la mesa, habíamos estado amueblando desde la semana pasada, y puesto que no tenía muchas pertenencias – porque planeaba empezar de cero o casi – sólo tuvimos que meter las cajas en el auto de Emmett.

Emmett se dejó caer dramáticamente en el sofá y me hizo una seña para que me acercara, sólo me acerqué un poco.

- Deberían darme un premio – miró la estancia de un lado hacia el otro y luego hizo una mueca – deberíamos empezar a desempacar, incluso podría ayudarte a darte un baño, debes estar cansada con tanto ajetreo – elevó una ceja para intentar parecer sensual y no pude evitar reírme.

Estaba a punto de responderle cuando sorpresivamente un cachorro de labrador salió corriendo hasta Emmett, le movía la cola efusivamente, pero de una forma desafiante y es que el cachorro no perdía oportunidad para atacarlo. Emmett hizo un comentario sobre lo pequeño que era y que no le asustaba cuando el pequeñito atrapó su pantalón y empezó a retroceder intentando arrancárselo. Comencé a reír. Emmett parecía un poco molesto porque un perrito estaba ganándole una pelea. Tuve que sujetar mi estomago, a pesar de tener 28 años Emmett parecía un niño de 5.

Después de pensar por un instante, Emmett arrancó al pequeño cachorro de su pantalón y lo sostuvo en el aire.

- Ahora no eres tan valiente ¿verdad, bestia? – se dirigió al perro en tono burlón mientras el pequeño se negaba a rendirse.

Aún riéndome caminé hasta ellos y le quité a Emmett el cachorro, lo abracé y el cambió su actitud a una más cariñosa, lamió mi cara y puse un gesto de asco, pero después me reí de nuevo. No podía resistirme a este animalito.

- ¿Puedes recordarme por qué tenemos un cachorro en casa? – él volvió a sentarse en el sofá

- ¿Tenemos? – Lo cuestioné incrédula, me dirigí a la habitación para dejar al cachorro un instante, no necesitaba que estuviera atacando a Emmett, por el momento – Permíteme recordarte que está es mi casa.

- Es cierto – sonrió en mi dirección y cuando estuve lo suficientemente cerca de su alcance estiró una mano y me jaló de la muñeca para que me sentará junto a él, me senté cómodamente sólo para provocarlo, me pasó un brazo por los hombros y sonrió con suficiencia, a ese juego podían jugar dos, me recargué contra él y crucé mi pierna lo que provocó que mi vestido se levantara unos centímetros. Lo vi tragar en seco. Se alejó de mí rápidamente. Sonreí. Primera ronda y punto para mí.

Enarcó una ceja - ¿Qué?

- ¿Por qué esta ese perro aquí? – volvió a preguntar, ya que en realidad no había contestado su pregunta.

- No vas a cuestionar lo que hago o no hago – le respondí en un tono más serio. Él necesitaba entender que no era mi jefe y no podía custodiarme todo el tiempo. Era increíble lo rápido que podía cambiar de humor.

- Tanto cargar cajas me dio hambre ¿Vamos por algo de comer?

Me levanté y caminé hasta él como si fuera mi presa, cómo dije era increíble la facilidad con que cambiaba mi humor, me acerqué tanto que era capaz de sentir su respiración sobre mi rostro, ya que llevaba puestas mis botas con tacón, sólo tuve que levantarme ligeramente sobre mis puntas para quedar más cerca de su boca, pude sentir que su respiración se aceleró, sonreí con maldad, y justo cuando estábamos a milímetros de besarnos me alejé de él

- Tú pagas por supuesto

- No puedes dejarme así – lo sentí caminar detrás de mí, sin voltearme levanté una mano sobre mi cabeza para detenerlo

- Mi casa mis reglas – de pronto sentí un fuerte brazo rodear mi cintura, e increíblemente logré controlarme. Emmett llevaba la camisa arremangada lo que me dejaba ver parte de sus brazos desnudos, no era mucho pero era lo suficiente para hacerme desear más. Besó mi mejilla - Creí que tenías hambre – le dije en susurro

Sentí las vibraciones de su cuerpo contra el mío cuando comenzó a reír – claro que tengo nena, pero justo ahora es hambre de algo más – besó mi mejilla y antes de que pudiera continuar con mi cuello me aparté de él.

- Voy por mi bebé – fui a la habitación por el cachorro

- ¿Por qué tiene ese que venir con nosotros? – me giré y le dediqué una mirada asesina.

- No te metas con él – lo señalé con mi dedo, de forma amenazadora.

- Sólo dile que no se meta conmigo y todos seremos felices – su expresión pasó de molestia a una más sugestiva – o casi, todos. Tú si puedes meterte conmigo – comenzó a avanzar en mi dirección pero esta vez no lo deje acercarse, en vez de eso liberé al cachorro y tal como lo esperaba fue directo a morder el pantalón de Emmett.


Aún no sabía porque Rosalie había insistido en traer con nosotros al cachorro, ni siquiera era suyo. Ella caminaba un poco delante de mí, sólo a ella se le ocurría ponerse tal vestimenta para realizar una mudanza, llevaba un vestido ajustado unos centímetros más arriba de la rodilla, el escote era circular y las mangas de tres cuartos, era de franjas horizontales en tonos azules, y a pesar de que las mujeres se quejaban de que las rayas las hacían lucir gordas, el vestido de Rose sólo acentuaba más sus curvas y todo rematado por unas impresionantes botas negras con tacón de aguja. El cachorro caminaba animadamente jalando a Rose ligeramente hacia el frente ¿De dónde había sacado ella una correa? Continúe observándola desde atrás cuando repentinamente se detuvo, casi choco contra ella

- ¿Hacia donde estamos yendo? – su tono era firme, por lo que era difícil darse cuenta que estaba haciendo una pregunta, me encogí de hombros

- Bueno, nena, eso depende de lo que quieras comer – hizo una atractiva mueca, tenía ganas de besarla ¿sería una mala idea hacerlo? Ella parecía tan capaz de alterarse por algo como eso y llevaba con ella la pequeña bestia, podría usarla en mi contra.

- Deja de babear, Emmett – me riñó, le sonreí en respuesta – quiero una hamburguesa

Abrí los ojos como platos - ¿Una hamburguesa? ¿Tú? – solté una carcajada y sólo trate de contenerme cuando vi su mirada asesina, y para variar bestia peluda estaba alerta

- ¿Tienes algún problema con eso? ¿Acaso debería comer sólo lo que tú me permitas? ¿Vas a hacerme una lista o no sabes escribir? – ahora estaba enfadada, grandioso. Por la mirada que cruzó su hermoso rostro supe que estaba decidiendo si debería dejarme botado en la calle. Para no darle tiempo a decidir me acerqué a ella y entrelacé sus dedos con los míos, el fuego recorrió mi piel, tenía ganas de hacerla mío justo ahí. Aunque Rosalie no era de nadie.

Comenzamos a caminar – conozco un buen lugar, Rose – no dijo nada y continuamos caminando por las calles de Madrid, ella tenía algo en su caminar era hermosa por naturaleza Aún a pesar de tener sólo 18, Rose ya atraía la mirada de los hombres de cualquier edad, la belleza hecha mujer, Tenía 18 y yo diez años más, esto estaba mal en algunos sentidos, sacudí la cabeza esos pensamientos eran los que me nos habían llevado a esta situación. Estaba ayudando a mi esposa a mudarse porque no quería vivir conmigo, pero eso era: mi esposa. Todos los hombres la miraban al pasar, ¿Acaso era yo invisible? Gruñí y la acerqué más hacia mí, márchense ineptos. Decidí que lo mejor era caminar detrás de ella abrazando su cintura. Una vez que estuve en posición lo único en lo que debía concentrarme era en no dar un show en público.

De un momento a otro Rosalie dejo de caminar, nos detuvimos. No entendía que pasaba

- No vas a llegar a segunda base – lo dijo como si se tratase del reporte del clima – así que aléjate de mí

Deje de abrazarla y me quedé solo con su mano – si quieres cambiar de base podemos ir hacia la tercera – le repliqué animadamente

- No creo que puedas llegar a ninguna porque estas en la banca.

Me reí, Rosalie era simplemente imposible.

Después de caminar un poco más llegamos a un establecimiento. Nos sentamos en las mesas que estaban al aire libre debido a nuestro peludo amigo. Fui a por nuestras órdenes, tres maxi hamburguesas con extra queso y champiñones, papas fritas, nuggets de pollo y dos refrescos grandes. Para volver a la mesa tuve que hacer malabares con todo lo que habíamos ordenado.

- ¿No trajiste algo para el bebé? – enarcó una perfecta ceja depilada.

- No creo que le importe, Rose – le extendí sus papas, nuggetts, refresco y hamburguesa y yo me quedé con dos.

Frunció los labios, estiró su mano para tomar una de mis hamburguesas, la miré extrañado ¿Quería otra? Debió decírmelo para que ordenara cuatro

- Tendrás que darle de tú comida – abrí la boca para protestar y me dio una mirada que supe iba destinada a mantenerme callado, el bebé, disfruto de mi hamburguesa, maldito bastardo.

Era increíble lo mucho que Rosalie comía, amaba de ella que no le importara lo que se llevaba a la boca, no estaba obsesionada con su peso.

- Quiero helado – dijo muy segura de sí misma, me levanté y fui por su helado. Se lo fue comiendo de regreso a su casa, yo llevaba el perro. Justo cuando estábamos a punto de cruzar una calle el lado derecho de su boca quedó manchado de helado, se lo limpió con la lengua. No estaba seguro si lo hizo para provocarme. Se percató de mi mirada

- No vayas por eso camino. McCarthy, no te llevará a… - no la deje terminar y fui directo a su boca, con la mano con la sostenía la correa del perro la tomé por la cintura y la acerqué a mí, había calor por todas partes, con la otra mano le sujete la cabeza, lo más increíble fue que me devolvió el beso, y de una forma muy apasionada. Rosalie besaba como los dioses, se mantenía pegada a mi cuerpo y hacia maravillas con su lengua, si no hubiéramos estado en un lugar público…

- Ya podemos cruzar – se alejó de mi y cruzó la calle.

Cuando llegamos a su casa, le quitó la correa al cachorro y milagrosamente no fue directo a morder mi pantalón, pero yo ya estaba muy alterado Rosalie se la había pasado provocándome todo el día y bueno…. Era hombre y tenía un límite.

Se sirvió un vaso de agua y me miró con una sonrisa provocativa, aún no había desempacado por lo que había cajas por todas partes, fingió que buscaba algo y se paseo de aquí para allá, contoneándose. Empecé a acecharla y acercarme a ella y…

- Deberíamos llamar a tus padres, ahora que estamos juntos.

- No entiendo por qué tenías que mudarte tan lejos de mí – dije más como un lamento dirigido a mí mismo.

- Márcales.

Saqué mi celular y arrastre a Rose conmigo hasta el sofá, decidí llamar a mamá.


Una vez que terminé de despedirme de mi madre le pase el teléfono a Rose para que se despidiera ella. Mientras hablaba la observé, el hipnótico movimiento de sus labios, el subir y bajar de su pecho cuando respiraba, sus piernas entaconadas, su clavícula, sus hermosos ojos azules. Sin ser consciente de ello me fui acercado cada vez más. Aún le quedaban algunos rasgos de la adolescencia, pero sin duda su cuerpo ya estaba más cerca del de una mujer. Cuando colgué, me acerqué a besarla y ella tomó el control, se sentó a horcajadas sobre mi y puso mis manos en su cintura: me hubiera gustado tocar sus piernas o quitarle el vestido pero ella no me dejó hacer nada más. Cuando ella tuvo suficiente se bajo de mí, no parecía alterada ni un poco y yo había quedado completamente loco.

- Mi turno – sonreí y fui directo a su cuello, cubriéndola con la mitad de mi cuerpo. No me importaba que no llegáramos más allá, aunque sólo nos besuqueáramos como dos adolescentes, no me importaba sólo quería de ella lo que estaba dispuesta a ofrecerme.

- No eres tú quien manda – me dijo, y me empujó lejos. Quise creer que había sido por el sonido del timbre.

Caminó hasta la puerta y se volteó a decirme – ahora es cuando deber irte

- ¿Y no quieres que bauticemos este precioso lugar? – me ignoró, de pronto bestia peluda se fue a los pies de Rose moviendo su cola efusivamente y no ladrando como haría un perro normal ¿Acaso ni siquiera cuidar bien de ella sabia?

Me levanté dispuesto a marcharme, era mejor no presionarla. Ella abrió la puerta y le dio la bienvenida a su visitante, fui hasta ella y deposité un tierno beso en su frente. Emmett McCarthy no era de dar besos en la frente o de ser tierno, pero lo haría: por ella.

Cuando estaba saliendo me di cuenta que su visitante era un hombre, los celos me quemaban por dentro ¿para qué estaba ella esperándolo? Lo peor era que estaba sonriéndole como si nada.

- He… voy a quedarme aquí hoy, no tengo que… - comencé, iba a defender a mi mujer

- Tienes que trabajar y ya te ibas – me dijo a mí – pasa y espérame adentro – le dijo al sujeto

- Rosalie… - comencé

- Adiós Emmett – me guiñó un ojo y me regaló un beso soplado para después cerrarme la puerta en la cara, la oí poner el seguro

¿Qué debería hacer? ¿Quedarme afuera? ¿Esperar al sujeto?

Camine unos minutos nerviosamente por el pasillo y después decidí llamar a Garret

- ¿ahora que? Estoy apunto de conseguirme un buen polvo así que espero que sea importante

- Rosalie acaba de correrme de su departamento

- ¿Y? ¿Acaso esperabas otra cosa?

- esta ahí dentro con un hombre y…

- ¿Cuántos años tienes Emmett? Déjala en paz, si hiciste bien la tarea no tienes nada de que preocuparte

- Bien

Colgué y me subí al ascensor para salir del edificio, me esperaban tres horas y media hasta mi propia casa, pero no quería irme. Rosalie estaba en este edificio y yo no podía soportarlo, decidí meterme en mi auto y esperar a que el sujeto saliera


Jacob estaba sentado en el piso, desempacando lo de la caja que tenía la etiqueta de adornos, y el cachorro estaba echado junto a él

- ¿Ya sabes como vas a llamarlo? – le pregunté

- Aún no – siguió mirando dentro de la caja – aunque… si te portas bien te dejaré elegir su nombre, Barbie.

- Es tuyo, no mío. Así que debes ser tú quien elija el nombre – me senté en el sofá y lo miré desde allí

- ¿Cómo es que puedes usar ese vestido? ¿Acaso no tenías moretones? – se levantó del suelo y trajo al cachorro consigo, se sentó conmigo y puso al cachorro entre nosotros, mientras lo acariciaba. Supuse que no quería mirarme a la cara.

- Existe algo llamado maquillaje

Estiró su mano hasta mi pierna, la colocó un poco hacia arriba y me dio un ligero apretón en la cara interior del muslo, me sobresalté. Auch. Ahí tenía un moretón

- Aún te duelen – se lamentó aun sin mirarme – no tienes por qué sufrir por esto.

- en realidad no me duelen tanto, ya ha pasado tiempo desde que me salieron y están desapareciendo

- ¿Ese es el por qué de que te cubras los brazos?

Lo miré un poco molesta – deja ya de interrogarme, ya han pasado dos semanas y creí que estabas de acuerdo

Se rió de una forma irónica, incluso el cachorro se volteó a mirarlo.

- ¿Estar de acuerdo con qué utilices tu cuerpo de esa manera? – me dio una mirada intensa y severa

Debí molestarme, pedirle que se fuera. Sin embargo lo único que pude hacer fue bajar mi mirada, había algo en Jacob que me instaba a ser buena, pero… necesitaba eso, tenía que hacerlo

- Jacob – traté de sonar razonable.

Se levantó y fui hacia la salida.

- Creí que me ayudarías a desempacar ya que hoy es mí único día libre

- Emily puede darte otro día libre si se lo pides, o puedes renunciar – lo miré a los ojos – acepto tu decisión Rose, pero será mejor que me vaya ahora.

Tomó al perro en brazos y abrió la puerta, me levanté corriendo hasta llegar a él y me interpuse entre la salida y él – no puedes dejarme – le dije con voz intensa.

- Puedo dejarte al cachorro – se lo quité de las manos y luego lo baje para que volviera al departamento, fue directo al sofá y se echó ahí, ahora había decido dormir.

Me puso mala cara pero por su expresión supe que se quedaría – Se supone que ibas a apoyarme y cuidar de mí.

- ¿Qué quieres que haga?

- Nunca en toda mi vida he dormido sola en una casa y no quiero empezar ahora.

Miró el sofá y se rascó la cabeza – ese sofá no parece muy cómodo, y no parece que él – dijo señalando al cachorro – quiera compartirlo.

Le sonreí – no es la primera vez que dormimos juntos

Me miró alarmado – pero resulta, Barbie, que en mi casa tengo dos habitaciones

- Yo también tengo dos – respondí burlándome un poco de él – solo que la mía aún no tiene muebles. Dormirás en mi cama – dije cada palabra lento, ya que el parecía no estar comprendiendo – conmigo. Sólo dormir – me encaminé de vuelta a la estancia para seguir desempacando

- ¿Qué pensara tu marido de todo esto? Creo que casi le da un ataque cuando me vio llegar, no digo que me importe – fue a la cocina a servirse un vaso de agua – así que ¿No le importará?, deberíamos tomar algo más interesante que agua.

- Hay vino por allá – le señalé la dirección y fue sonriente hasta allá – y si lo que Emmett piense te preocupa, no me importa. Prometo no aprovecharme de tu inocencia.

Le dediqué una sonrisa felina y él me sonrió de vuelta, me extendió una copa de vino

- yo no te prometo nada


aqui esta el nuevo capitulo, :D es completamente para ustedes con mucho cariño jeje, gracias por dejar reviews y agregar a favoritos, de verdad que me hacen el día. Lamento no haber podido actualizar ants pero estoy en temporada de examenes :/ cuando trminen prometo concentrarme en la historia completamente y estara terminada antes de que mayo termine jeje, ahora no odien a Rose por las decisiones que esta tomando... todo pasará como tiene que pasar. esta tronando, parece que los Cullen tuvieron ganas de jugar besibol jaja.

Un abrazo.