Héroe
Cuando su hijo comenzó a comprender la clase de trabajo que realizaba, empezó a compararle con los personajes de los cómics que con tanto cariño hojeaba. Esos personajes que llevaban mallas imposibles, el rostro cubierto en ocasiones y capas de diferentes colores. Todos tenían una doble identidad: la que su familia conocía, y la que el mundo entero necesitaba.
Decía que aunque no tuviera la fuerza de Superman o los cientos de artilugios de Batman, él era uno de los buenos. Era como esos superhéroes pero sin súper poderes. Era un hombre, pero era su héroe, y era cuanto contaba.
Pero de eso había pasado mucho tiempo. Las cosas habían cambiado, el mundo había cambiado. Él lo había hecho.
Sintiendo la calidez de la sangre recorriendo su mentón y su cuello inundando con su sabor metálico su boca… Viendo cómo los ojos de aquel hombre se abrían de forma desmesurada con incredulidad ante lo que había hecho, escapándosele la vida entre los dedos sin poder evitarlo… Cuando le clavó aquel cuchillo a su compañero en su vientre y rasgó tela, piel, carne y músculo sin dudarlo ni un instante, pensó que todo héroe siempre estaba a un simple escalón de convertirse en villano.
