Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Stephanie Meyer y a la Saga Crepúsculo.

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¡Hooola de nuevo!

Ya estamos de vuelta para ver cómo reacciona Bella a las provocaciones de Irina.

Antes de nada, como siempre, agradeceros los comentarios que me dejáis. Alucino siempre porque parece que conocéis a los personajes tanto como yo y es realmente difícil sorprenderos con algo. Agradezco muchísimo todo el cariño que me trasmitís. ¡SOIS LO MEJOR!

Ahora sí, os dejo con Edward… A ver qué se encuentra este hombre.

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TE PREFIERO A TI.

EPOV

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Estaba nervioso. Bella llevaba demasiado tiempo en el lavabo y eso, en ella, nunca era bueno. Era ilógico pensar así, pero la última vez la tuve que sacar en brazos de un aseo completamente fuera de sí y eso solo hacía que ponerme más inquieto cuando ella se alejaba de mí.

Mi teléfono sonó y me sorprendió ver que era Richard.

-Dime – le contesté aun buscando por toda la sala por si veía aparecer a Bella.

-La señorita Swan me ha dicho que me espera en la puerta para llevarla a casa… He pensado que…bueno… que quizás querría saberlo… no sé… - balbuceó tenso mi chófer. Seguramente, sospechaba que yo no sabía nada y quería advertirme.

-No digas más… y dame diez minutos. – corté la llamada para dirigirme corriendo a la puerta.

¡¿Por qué demonios se iba sin decirme nada?!

Estaba comenzando a odiar los lavabos, especialmente cuando Bella entraba en la ecuación. La próxima vez pensaba escoltarla hasta dentro si era necesario.

En cuanto llegué a la entrada la vi esperando en la puerta a que llegara Richard.

-¿Te ibas a ir sin despedirte? – le dije cuando estuve justo detrás de ella.

Noté como cogía aire antes de girarse.

Tenía la cara descompuesta. La tristeza y la ira se mezclaban a partes iguales haciendo de ella una bomba a punto de explotar y algo me decía que me iba a explosionar justo en mi cara.

-Estoy cansada… Se me ha olvidado avisarte, perdona. – se disculpó sin mucho ánimo y sin mirarme a los ojos.

Esperé a ver si continuaba con su explicación… ¿Eso era lo único que pensaba decirme?

-Espérame. Recojo mi abrigo y nos vamos juntos. – le contesté intentando poner la mano en su hombros, pero se retiró sutilmente.

Me comencé a poner nervioso… ¿Qué narices había pasado en ese lavabo para que me apartara de esa manera?

-¡No hace falta! Tienes compromisos que hacer ahí dentro…De verdad Edward no…- me interrumpió nerviosa.

-No voy a discutir contigo. – la corte girándome hasta el guardarropa.

¿Qué demonios había pasado ahí dentro? Había entrado una Bella resplandeciente y había salido la misma Bella cohibida y recelosa de la primera semana en Chicago.

Cogí mi abrigo y volví a salir con ella. Me puse a su lado, pero esta vez no la toqué, le daría su espacio. Esperaba que así recuperara su humor.

Cuando Richard llegó, me adelanté para abrirle la puerta y entré al coche después de que ella lo hiciera. Lo mismo que había hecho hace unas horas en su casa, pero parecíamos dos personas completamente diferentes.

Íbamos casi por medio camino y aún no había dicho ni una palabra. No había habido tanta tensión entre nosotros desde su primer día de trabajo, cada vez estaba seguro que en cuanto volviera a abrir su boca lo primero que saldría de ella sería un frío señor Cullen.

-Te estoy intentando dejar espacio, tiempo, pero de verdad que me estoy volviendo loco… ¿Qué te ha pasado en ese baño para que no me hables? – le dije sin poder soportar más esta situación. Consentir su silencio solo haría que todo se enquistara y Bella era una experta levantando muros, no pensaba darle margen a que lo hiciera de nuevo.

-Estoy cansada, ha sido un día de mucho trabajo… y la cena… y mañana, otra vez, volver a comenzar… me ha venido de golpe… Mañana se me habrá pasado. – me dijo mirándome de reojo.

-Mírame a la cara y dime que no hay nada de lo que me tenga que preocupar. Que nadie te ha dicho o hecho algo para que estés así. – la encaré una vez más en busca de respuestas, pero volvía a ser la Bella hermética.

Al fin levantó su bello rostro y me miró agotada.

-Edward… ahora no. – me dijo dudando – Solo quiero ir a casa, descansar y mañana será otro día… - acabó con el tono igual que su mirada.

Parecía que algo le había arrancado toda su energía y su aura.

No pude aguantarme más y llevé mis manos a los dos lados de su cara acercando nuestras frentes.

-Edward… Richard – me susurró.

-Me da igual Richard y el mundo entero. Solo quiero saber qué te ha pasado porque no me creo ni por un instante que estés bien. No me insultes mintiéndome Bella, creo que me he ganado un voto de confianza de tu parte – le dije muy serio.

-Edward no es tu culpa… De verdad que no… Déjame que lo repose esta noche y mañana hablamos. Te lo prometo. – me intentó tranquilizar forzando una sonrisa.

Acaricié sus labios con mis dedos para acercarme a besarlos. La necesitaba. No me lo devolvió apasionadamente, pero tampoco me rehuyó, algo que no se acercaba ni un poco a tranquilizarme. Mi mente estaba creando hipótesis, cada vez más dolorosas.

Richard aparcó delante de la puerta de Bella. Me bajé con ella hasta la entrada de su bloque de apartamentos.

-Fuiste tú quién cambiaste la puerta ¿Verdad? – me dijo algo más animada, aunque seguía sonando agotada.

-Solo llamé al cerrajero… él hizo el resto. – le confesé haciéndola reír sin ganas.

Sin soltar mis manos se puso de puntillas y esta vez fue ella la que me besó.

-Mañana. No me voy a ningún sitio. Solo unas horas más, te lo prometo. – me garantizó un poco más enérgica mientras jugaba con el pelo de mi nuca. Había notado que le encantaba hacerlo.

-Estaré contando los minutos, pequeña – le contesté devolviéndole el beso.

Me quedé en la puerta hasta que la vi desaparecer en el ascensor.

No había nadie en la oficina y pasaría un buen rato hasta que cualquier trabajador apareciera por aquí. Yo, en cambio, llevaba más de una hora metido en mi despacho. Siempre me había gustado entrar pronto a trabajar y salir el último, la paz que se respiraba me ayudaba a concentrarme y hacer más trabajo productivo que casi durante toda mi jornada laboral.

¿Hoy?

Llevaba todas estas horas mirando por los ventanales de mi oficina, repitiendo en mi cabeza la noche anterior, igual que lo que había estado haciendo durante toda la noche. Intentar encontrar algún tipo de explicación al comportamiento de Bella.

Había sido tan repentino como desconcertante.

Que James e Irina estuvieran rondando por ahí no me aportaba ninguna tranquilidad.

Tuvo que pasar una hora más hasta que comencé a escuchar pasos de gente… Ninguno de ellos era Bella, por el momento.

A las ocho en punto escuché a ruidos en su mesa. Me levanté de mi silla sin pensarlo dos veces y al abrir la puerta la encontré sacándose su abrigo.

Me quedé congelado viéndola.

Tenía miedo a su reacción. Tenía miedo a que la tristeza y el rechazo que vi ayer en sus ojos ganaran a todo lo que habíamos vivido estos meses, los últimos días. Que se rindiera ante, lo que fuera, que ayer la perturbó.

-Hola – me dijo nerviosa.

-Has venido. – le contesté tenso.

-Te dije que lo haría – me volvió a decir con inquieta - ¿Puedo pasar? – me preguntó, señalándome la puerta de mi despacho que yo estaba bloqueando con mi cuerpo.

Me aparté, dejándola entrar, sin poder decir una palabra. No tenía el control de mí mismo y prefería no decir nada a hacerlo y que ella se alejara más de mí.

Cerré la puerta con pestillo. Nadie iba a interrumpirnos.

Cuando me giré para encarar a Bella, ella estaba muy cerca de mí y, para mi sorpresa, se lanzó buscando mi boca. Devorándome en un beso que tenía pasión, amor, desesperación, y por la fuerza con la que se aferraba a mis brazos, diría que estaba enfadada, también.

Por mucho que quisiera pararla y hablar como personas civilizadas y adultas ella era demasiado tentadora para mí, y después del rechazo de ayer que continuara buscándome de esta manera era un regalo.

Antes de lo que me gustaría se separó lentamente, poniéndome sus pequeñas manos en el pecho para pararme.

-Ayer…Lo siento… No he podido dormir de solo pensar en lo mal que me porté contigo… Yo… - me dijo nerviosa.

Llevé mis manos a su cara y la acaricié.

-Estás cosas me pasan… Yo me bloqueo y necesito mi tiempo y no quiero hacerte sufrir, pero es que necesito aislarme y pensar y después… a veces… reacciono… Lo siento – balbuceo intentándose explicar.

-Bella… Shhhhh – la intenté calmar poniéndole un dedo sobre sus labios. Ella levantó su mirada un poco temerosa – Te entiendo, ahora entiende tú esto. Te prefiero a ti en tus días malos que al resto del mundo en sus buenos (NA**) – le confesé haciendo que sonriera por primera vez desde que había entrado por la puerta.

Nos quedamos en silencio mirándonos y en ese momento me di cuenta que estaba perdidamente enamorado de ella. No era atracción. No era un capricho momentáneo. Era ella. Era una sensación rara de describir, solo lo sabía… Como siempre explicaba mi abuelo que había sentido con mi abuela… La miraba y sabía que quería estar con ella siempre, que quería formar una familia con ella…

Unos ruidos nos despertaron de la ensoñación.

-¡Edward sé que estás ahí ábreme es urgente! – escuché la voz de Emmet a través de los golpes de la puerta.

-Corta rollos – escuché a Bella gruñir haciéndome reír. – ¡Por dios Edward abre la puerta o es capaz de tirártela abajo! – me dijo rodando los ojos.

Con pocas ganas me dirigí a abrir la puerta.

-Nos tenemos que poner ya con… - entró Emmet como una bala parándose en seco al ver a Bella - ¿Qué haces tú aquí y con la puerta cerrada? – preguntó muy serio mirando a su hermana.

Iba a intervenir, pero como siempre Bella se adelantó.

-Trabajar – dijo poniéndose recta dejando muy claro que no le importaba que estuviera de mal humor – O lo intentaba antes que te poseyera un espíritu maligno y quisieras tirar la puerta abajo. – le mintió como si nada. Pequeña bruja.

Emmet la continuaba mirando como sopesando el empezar una guerra con su hermana o dejarlo pasar… Conocía demasiado bien a mi amigo para saber que estaba sopesando si creerla o no, así que cogí aire y decidí hacerme notar.

-Emmet – lo llamé haciendo que se girara. Me miró como si hubiese olvidado que estaba presente.

-Te espero en mi despacho. Jenks me ha llamado cuando venía, tenemos que actuar ya. – sentenció saliendo de mi despacho.

Miré a Bella que estaba preocupada. Habíamos hablado de no decirle nada a Emmet hasta que no supiéramos que estábamos haciendo exactamente y, aunque, mi reciente revelación me daba fuerzas para ir a hablar con Emmet, sabía que Bella necesitaba tiempo para hacerse a la idea y más después de lo que fuera que le pasara ayer.

Ante mi silencio, ella sonrió tranquilizándome.

-Ves y no te preocupes podemos esperar un rato más. – me animó.

-Está bien… Pero lo quiero saber todo- le contesté acercándome a ella y abrazándola – Además, esta noche he reservado en un bonito restaurante para cenar con una hermosa chica a la que le debo una velada romántica – le expliqué mientras ella ampliaba su sonrisa cada vez más… Mucho mejor así que como había llegado.

-Ohhh prometo no huir esta vez – dijo la muy descarada riéndose de mí y saliendo corriendo del despacho.

No tardé mucho en dirigirme al despacho de Emmet. Si Jenks había llamado tan temprano y él estaba tan ansioso debía ser algo importante, sin duda.

Cuando pasé por delante del escritorio de Bella, ya estaba concentrada en su trabajo, pero levantó la mirada en cuanto me paré delante de ella.

-A las nueve en tu casa. – le dije guiñándole un ojo, pasando de largo sin escuchar su respuesta.

Entré directo al despacho de Emmet pidiéndole a su secretaria, de cuyo nombre soy incapaz de acordarme, que no nos molestara nadie.

Emmet estaba lleno de papeles y con toda la maquinaria lista. Estaba muy concentrado.

-¿Todo bien? – pregunté tanteando el terreno.

En mi despacho me había dejado un poco nervioso. No era tonto y me conocía a mi muy bien, además, tenía un don especial para saber cuándo a Bella le pasaba algo por mucho que ella tardase después meses en explicarle las cosas. Estábamos pisando terreno pantanoso ocultándole la verdad.

-Jenks me ha llamado las acciones han comenzado a caer ¡Al fin! Es el momento de hacer el movimiento… - me dijo con esa mirada depredadora que se le ponía cuando hablaba de algo que le apasionaba.

Y este plan, realmente, le apasionaba.

Habíamos decidido que si James Witherdale estaba tan interesado en hundirlos, nosotros también podíamos hacer algo al respecto. Emmet se había negado a quedarse de brazos cruzados cuando se había enterado que había querido usar a Bella como arma arrojadiza y yo estaba más que dispuesto a hacer lo que su mente estuviera pensando.

Nos dimos cuenta que las acciones de la empresa estaban comenzado a caer. La economía es miedosa y la incertidumbre y mala fama de un equipo directivo puede hacer mucho daño a los inversores. Con un poco de paciencia y una gran ayuda de Jenks, finalmente, habíamos conseguido llegar al punto en que esas acciones eran suficientemente provechosas para comprarlas.

Emmet y yo habíamos constituido una pequeña sociedad, que no llegó a mucho, en la universidad, nos ayudaba a divertirnos, jugar, aplicar todo lo que leíamos en los libros o aprendíamos en clase. Poca gente era conocedora de su nombre, y mucho menos James Witherdale, así que ahora nos sería especialmente útil para comprar esas acciones y que nadie supiera que nos estábamos haciendo poco a poco con la competencia.

-Llama a Robert que suba inmediatamente. Yo le diré a tu hermana que me despeje el resto del día. – le dije emocionado. Al fin íbamos a poder mover ficha.

Cogí mi teléfono personal para llamar a Bella, no quería perder ni un segundo y me tenía que poner al día aun con varios datos que tenía Emmet aquí.

-Despacho del Señor Cullen – contestó Bella profesionalmente.

-Soy yo. – dije sorprendiéndola, como siempre nunca miraba la pantalla para comprobar los números indentificatorios – Despéjame la agenda para hoy, tengo algo urgente que hacer con Emmet. Estaré en su despacho para cualquier cosa.

-Muy bien – me contestó - ¿Todo bien con él? – me preguntó impaciente, seguramente ella también se había dado cuenta de la seriedad de su hermano hace un rato.

Ahora que sabía lo que le preocupaba cuando había irrumpido en mi despacho, juraba que ver a Bella ahí le había removido más de un sentimiento de rabia hacía el imbécil de James que sospechas ante nosotros.

-Todo perfecto – le dije sinceramente intentándola tranquilizar – Por cierto, me podrías traer la carpeta con los informes de Jenks sobre Witherdale. Están en el segundo cajón de mi mesa. – le pedí, confiando solo en ella para traer ese tipo de documento.

-Te los llevo ahora mismo – me contestó dulcemente.

Colgué mientras veía a la secretaria de Emmet entrar con tres cafés, supongo que Robert ya estaba de camino. Poco después de que llegara nuestro director Legal a esta particular reunión la secretaria de Emmet volvió a entrar con un sobre grande en la mano.

-Bella… la señorita Swan- se corrigió- Ha dejado esto para usted – me dijo entregándome el sobre.

Lo abrí y eran los informes de Jenks. ¿Se puede saber por qué no había entrado a dármelos ella en persona? Supongo que aún no se fiaba de la reacción de Emmet…

Todo el proceso nos costó bastante, pero con nuestros conocimientos y el consejo de Robert, habíamos hecho un gran movimiento. Habíamos comenzado poco a poco, pero estábamos muy cerca de controlar buena parte de la empresa antes que James, desesperado por la caída, se diera cuenta que nos habíamos metido dentro. Es lo malo de llevar las situaciones al límite, acabas perdiendo el control. Un control que había llegado a nuestras manos. Exactamente, un 45% de su empresa. Solo nos quedaba dejar a Jenks acabar de hacer su magia para convencer a varios socios y James Witherdale se arrepentirá de haber puesto sus ojos en Bella y mi familia alguna vez.

Estaba cansado, pero por suerte hoy era viernes y gracias a la jornada intensiva acabábamos antes y, además, la velada de esta noche con Bella recargaba mi energía.

Al llegar a mi despacho la encontré tal y cómo la había dejado, trabajando. Aunque seria. Muy, muy seria.

¿Y ahora qué le había pasado?

-Ya estoy de vuelta – me anuncié haciendo que, finalmente, levantara su cabeza que seguía fija en unos documentos. Bella siempre sabía cuándo estaba presente y nunca me ignoraba.

-Lo veo – me contestó muy seria, confirmando mis sospechas de que algo le había pasado en estas horas - ¿Podemos hablar? – me preguntó levantándose y entrando a mi despacho sin esperar ninguna confirmación de mi parte.

Algo me decía que esto no iba a acabar bien.

-Te he dejado algo encima de la mesa que me gustaría que le echarás un ojo – me dijo manteniendo el mismo tono frío sentándose en la que ya era su silla habitual delante de mi escritorio.

Rodeé mi mesa, intentando cavilar que era lo que le podía haber pasado. No estaba tan seria cuando me había ido.

Me senté y cogí una carpeta… De Jenks.

¡Santa Mierda!

No me hizo falta abrirla para saber qué era. Su informe.

Lo había pedido hace tanto tiempo y todo había cambiado tantísimo desde esos días que mi mente ni lo recordaba.

-Lo has encontrado buscando el otro informe – le dije intentando mantener la calma. Alguno de los dos lo tendría que hacer porque Bella seguro que estaba cabreada conmigo.

Ella asintió en silencio.

-Lo encargué al volver de Seattle. Después de tu reacción en el coche me supuse que algo te había pasado para que defendieras tan fervientemente tus derechos. Si lo has leído sabrás que no sirvió de absolutamente nada. – le expliqué sincerándome con ella.

-Y no se te ocurrió…. No sé… ¿Preguntarme? – me preguntó enfadada.

-Sabes perfectamente que nuestra relación en esos momentos no era tan cercana como lo fue después. Nunca me hubieras respondido – le respondí.

-¡Por supuesto que no! – afirmó alterada – ¿Y sabes por qué? – me preguntó irónicamente – ¡Porque es mi vida! Y yo decido lo qué hacer con ella y ni tú ni nadie, por mucho dinero que tengan, tenéis derecho a meter vuestras narices en ella – acabó realmente irritada - ¿Tenías curiosidad? ¡Pues te hubieses aguantado hasta que yo hubiese decidido contarlo! – acabó apoyándose en mi mesa con su manos dejando muy claro su punto.

-Bella tranquilízate – le dije viendo que esto nos iba a desbordar en cualquier momento.

Ella tenía razón, yo en su lugar estaría igual de enfadado, pero debía de entenderlo. Necesitaba que lo entendiera. No habíamos arreglado un maldito problema, del que aún no sabía nada, y ya estábamos con los pies en el fango con otro.

-¿Eso es lo único que me tienes que decir? ¡Que me tranquilice! ¡No me da la gana! – me contestó airada– Como estarías tú si descubrieras que después de no confiar en la gente durante mucho tiempo a la primera persona que dejas que entre en tu vida te manda a investigar. Yo esto ya lo he vivido – acabó molesta.

En ese momento consiguió enfadarme a mí también.

-No te permito que me compares con el malnacido de Ulley. – Le contesté, también, muy crispado por su acusación. Ahora sí, esto era, oficialmente, una discusión. – ¿Te mande a investigar? Sí. ¿He usado eso en tu contra alguna vez? Nunca. Estás enfadada, lo entiendo, pero no voy a dejar que seas injusta con tus juicios sobre mí. – sentencié volviendo a mi sillón.

Me llevé os dedos al puente de mi nariz, normalmente me daba paz. Era un gesto un poco raro, pero lo tenía desde pequeño. Hoy no me estaba acabando de funcionar.

No me respondía, seguramente ella estaba luchando con sus propios miedos e intentaba relajarse también.

Me levanté hasta estar a su lado y posando un dedo en su barbilla le levanté suavemente la cara.

-Mírame, pequeña – le dije manteniendo la calma, y a pesar del disgusto que le había dado me hizo caso – Vamos a cenar y lo aclaramos todo… Todo lo que te ha puesto mal estas horas. No quiero que pienses que te guardo algún secreto porque no es así. – intenté convencerla.

-Estoy muy enfadada, Edward. – dijo mientras negaba con su cabeza.

-Bella, por favor – le supliqué.

Ya la había dejado ayer irse corriendo sin arreglar lo que la había puesto triste una vez como para añadir algo más. No iba a parar hasta conseguir que me diera una oportunidad para acabar con todo esto que nos había puesto del revés.

-No quiero volver a ser la Bella que desconfiaba de todo el mundo y que miraba siempre atrás por si alguien la seguía… No quiero volver a sentirme débil y así me he sentido cuando he visto eso – me confesó con su voz entrecortada.

Tiré de ella para que descansara en mis brazos, dónde nunca le pasaría nada. Como siempre que estaba apoyada en mi pecho la noté respirar profundamente y poco a poco se fue relajando.

Estaba dejando suaves besos en su cabeza.

-Dame una oportunidad para que me explique. – le pedí nuevamente – Perdóname por hacerte sentir así, pero yo quiero una Bella fuerte a mi lado, nunca te voy a hacer daño mi amor. – acabé.

Sus ojos pasaron de la pena a la sorpresa al escuchar ese apelativo cariñoso. Yo mismo me sorprendí al sentirlo salir de mi boca…

Después de un silencio que me estaba volviendo un poco loco habló.

-Va… vale… A las nueve – me dijo un poco nerviosa y aun con la voz afectada por todas las emociones.

Como ya me había puesto bastante en evidencia decidí besar esos labios que tanto necesitaba y dejar de meter la pata.

Volvía a estar nervioso. Lo admitía.

Era la primera vez en mucho tiempo que quería tener una relación, que quería luchar por alguien y sin darme cuenta, antes de que comenzara ya estaba en riesgo. Sabía por propia experiencia que Bella era testaruda, que cuando algo se le metía en la cabeza era complicado hacerla recular, pero estaba dispuesto a que me dejara explicarme. Si hacía falta la ataría a la mesa hasta que me dejara aclarar todo este desatino.

Aparqué delante de su puerta y bajé sin mucho preámbulo. Mejor no pensar mucho y actuar.

Toqué al timbre de la puerta de la calle que, y esto sí que era una novedad para mí, estaba cerrada. Sin lugar a dudas, el mejor dinero que haya gastado nunca. Escuché la dulce voz de Bella contestar a mi llamada abriéndome la puerta.

Subí y cuando llegué a su apartamento me la encontré la puerta abierta. Me dieron ganas de rodar los ojos y hasta de explicarle cuatro cosas a Bella sobre la seguridad, pero no añadiría más leña al fuego por el momento.

-¿Hola? – entré anunciándome al ver que no había nadie en la sala.

-Estoy acabando, ya salgo. ¡Estás en tu casa! – escuché que Bella chillaba desde su habitación.

Me di una vuelta por la sala y me sorprendió ver en la nevera varias fotos del día de acción de gracias. Alice se había llevado una polaroid y nos había estado molestando para que posáramos. Bella tenía varias enganchadas con un imán. Cogí una en la que salíamos los dos con Ted y volví a sentir lo mismo que esta mañana en la oficina.

Anhelo.

Lo quería todo con ella.

Una niña de pelo moreno y sonrisa perfecta.

-¡Aquí estás! – me dijo sacándome de mi ensoñación.

Estaba preciosa. Llevaba el pelo suelo y un vestido muy sencillo azul que se le ajustaba perfectamente a su cuerpo.

-Estás deslumbrante – le dije devolviendo la foto a su sitio y acercándome a ella para darle un suave beso.

No quería tentar mucho a la suerte. Si seguía enfadada podría sentarle mal.

-Gracias – me contestó con una sonrisa.

-Te he traído una cosa… Antes de que te comiences a quejar déjame decirte que es una especie de regalo de cumpleaños atrasado – había venido con la excusa preparada de casa, haciéndola reír, aunque por su emoción algo me decía que le encantaban los regalos – Espero que te guste.

Le mostré la pequeña y alargada caja de la joyería.

-Edward… no tenías que… - intentó protestar, pero le puse mi dedo en sus labios para callarla. –

-Si pudiera te regalaría el mundo, así que no te quejes de esto y ábrelo ya – la animé.

Finalmente abrió la cajita y sus ojos se iluminaron acompañados de una sonrisa prácticamente perfecta al ver un finísimo collar de oro blanco con un la silueta de un pez, dentro del cual habían tres pequeñas esmeraldas.

-Es precioso, pero…- intentó volver a quejarse.

-He dicho que nada de protestas. Lo vi el otro día yendo para casa y no pude evitar pensar en ti y lo bien que quedaría en tu delicado cuello. Llévalo para mí – le dije acercándome a ella para besarla. Me daba igual que antes hubiese querido darle su espacio, solo quería estrecharla en mis brazos.

El otro día volviendo a casa lo vi en el escaparate de una joyería. Impulsivamente entré a comprarlo recordando como habíamos bromeado en la piscina sobre que en otra vida debería ser pez. Cuando lo tuve en mis manos no supe qué hacer con él, o cuándo encontraría la excusa perfecta para dárselo, pero sí sabía que quedaría perfecto en su cuello.

-Es maravilloso…Me encanta. Creo que nunca he tenido algo así… Es… Gracias – dijo abrazándome mientras dejaba pequeños besos en mis labios haciéndonos reír.

La giré suavemente poniendo mis manos en sus caderas, le aparté el pelo con cuidado y con delicadeza le puse el colgante dejando un beso en su nuca. Volví a ver como la piel que su vestido dejaba libre se erizaba por mi toque.

Al menos no todo estaba perdido.

-¿Nos vamos pequeña? – le dije mientras ella se giraba mordiéndose los labios. – No hagas eso o me importará muy poco tener una reserva en el mejor restaurante de la ciudad.

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NA:

Como siempre que pongo algo en el fic que no es mío, lo primero son las autorías:

La frase "Te prefiero a ti en tus días malos que al resto del mundo en sus buenos" NO ES MÍA se la vi en el Instagram de un autor que se llama DEFREDS que hace ese tipo de poesía, microfrases, relatos etc. Yo lo sigo por INSTAGRAM y supongo que tendrá otras RRSS por si os interesa echarle un ojo.

¿OS ha gustado? Muchas me decíais que odiabais a Irina… ya el sentimiento es mutuo jajaja Pero un poco de salsa para estos dos tampoco va mal de vez en cuando. Además, ya veis que Bella de momento, aunque sí que huye al principio, después siempre vuelve. Veremos qué tal va la cena…

Sobre la PRÓXIMA ACTUALIZACIÓN: Yo creo que la podré subir el VIERNES, pero por cuestiones familiares tengo esta semana un poco liada. En cualquier caso si durante el viernes no puedo subirla, el SÁBADO la tendréis seguro.