Hola!

kufufufu~~ siento que el capítulo quedó algo confuso, pero explica muchas dudas (que contradictorio sonó eso). Bieeen, si alguien no entiende algo, puede contactarme


—Vístete—ordenó Hibari haciéndose a un lado.

Haru sabía que acababa de herir su vanidad masculina al rechazarlo, pero al menos ahora estaba libre.

Sí. Tal vez no parecía la gran cosas: chica rechaza a chico. Esa era una noticia bastante vieja, un hecho cliché que se ha repetido un centenar de veces en la historia, un acto que miles de jóvenes han enfrentado. Pero bueno, existían dos grandes motivos por los cuales esto era extraño, partiendo por que él era Hibari Kyoya y esto a él nunca le había pasado, y no digamos que él es una persona que se la pasa flirteando. Y, además, el segundo argumento era tan simple como que a Haru le gustaba Hibari, incluso se le había declarado en San Valentín, manteniendo la esperanza de recibir un sí el próximo día de blanco, negándose rotundamente a recibir una respuesta que no fuera afirmativa.

Sin embargo, ahora ella es quien le negaba su amor, por más cursi que suene.

El himno de Namimori avisó a Hibari que tenía una llamada. Le echó un último vistazo a Haru antes de contestar.

—Ciaossu~

—Bebé—reconoció el particular saludo desde la otra línea.

—Hibari, ¿cómo está Haru?—preguntó. El joven azabache miró nuevamente el sitio donde hace un rato estaba la castaña. Ella acababa de irse a su cuarto.

—Está conmigo, asique está bien—respondió de mal humor.

—Necesitamos que la traigas a casa de Tsuna para que pida un deseo.

Hibari no se tomó la molestia de despedirse, simplemente cortó la comunicación y se dirigió al cuarto de Haru.

Hibari odiaba tener que involucrarse con esa tropa de herbívoros, pero no le quedaba otra opción. Realmente de un modo u otro siempre acaba metido en los asuntos de la mafia.

Miró al culpable de ese mal, el anillo Vongola de la nube, que por algún motivo había conservado.

Cuando llegó al cuarto de Haru, ella ya no estaba ahí.

Sus ojos grises miraron inexpresivos la escena, a pesar de que sus manos acababan de convertirse en puños.

Lo haría pagar. Haría pagar a la persona que se atrevió a quitarle a Haru. Lo mordería hasta la muerte y luego molería a golpes el cadáver, hasta que el cuerpo inerte quedara totalmente irreconocible. Y disfrutaría con cada golpe.

Salió de su casa hecho una fiera, con suerte lograría caminar directo a casa de Sawada Tsunayoshi sin necesitar golpear a alguien en el camino para descargar su ira.

En casa de los Sawada, un pequeño Bovino lloraba por su madre desaparecida.

—¿Dónde está mamá?—preguntaba, colgandose de la pierna de Tsuna.

—No lo sé, Lambo—respondía Tsuna, con evidente tristeza.

Se supone que salió a hacer las compras temprano ese día, pero ya había anochecido y ella aún no daba señales de vida.

Los guardianes de tormenta y lluvia llegaron al mismo tiempo, seguidos por el sol, la niebla llegó un poco después, pero el último en llegar fue la nube.

El arcobaleno del sol miró al equipo con el que contaba, entre todos necesitaban encontrar lo más pronto posible a Nana o a Haru, aunque lo más probable es que ambas estuvieran juntas en ese momento.

En ese mismo instante, en otra parte de la ciudad, una joven castaña regresaba a su casa con lágrimas en los ojos. La puerta de la enorme mansión se abrió para dejarla entrar y ella caminó temerosa por el jardín hasta entrar en su nuevo hogar.

—Haru-chan, ya estaba preocupandome—dijo un alegre joven en el recibidor—. ¿Pasa algo? ¿Por qué lloras Haru-chan?

—Byakuran-sama—habló una voz quebradiza—. Haru lo siente, Haru lo siente mucho.

Haru corrió hasta donde se encontraba el albino y sin pensarlo mucho, rodeo el pálido cuerpo, escondiendo su rostro en su camisa blanca. Byakuran correspondió a ese fraternal acto.

—Haru-chan, me estas preocupando, ¿por qué no me dices qué pasó?—inquirió.

El de blancos cabellos empujó a la joven castaña hasta un suave sillón aterciopelado, donde continuó consolandola.

—H-ibari-san y Haru—dijo, sonrojandose ante la mención del primer nombre, y poniéndose aún más roja con solo pensar en lo que casi ocurrió—. Hibari-san y Haru casi... casi tienen...

—Ya, ya. No necesitas continuar—comprendió—. Lo importante es que te diste cuenta de que lo que ibas a hacer está mal y te detuviste.

—Haru ama a Byakuran-san ~desu—confesó ella.

El aludido sonrió con satisfacción.

Cuando se enteró que una indefensa niña tenía el poder de crear y alterar dimensiones supo inmediatamente que debía tenerla bajo su poder, pero en su primer encuentro se dio cuenta que su alma era increíblemente poderosa y no pudo dominarla.

Aunque le alegró saber que esa niña no era tan fácil de manejar o el juego resultaría demasiado fácil.

Por eso decidió probar con otra parte más vulnerable. Su corazón. Ese débil corazón que intentó escapar de la soledad de una dimensión, y que ingenuamente se lastimó a sí mismo por ocupar tanta energía vital en la creación de un mundo paralelo regido por normas que ella misma plasmó en él.

El corazón triste por los constantes rechazos y la inevitable distancia que se había formado entre el ser amado y ella, se había trasformado en el punto débil de la muchacha.

Lo único que tuvo que hacer fue cambiar el flujo de sus sentimientos, engañar a su ingenua mente y alterar la imagen del ser amado, creandole la falsa sensación de estar locamente enamorada. Ahora, solo faltaba que ese corazón recuperara parte de la energía usada para crear esta nueva dimensión. Una vez que eso se completara, ella estaría lista para otorgarle todo su poder a él.

Hasta entonces, debía soportarla y esperar a que la falsa sensación de estar locamente enamorada acelerara el proceso de sanación, al sentir que el ser amado correspondía a sus sentimientos.

En serio, tenía que agradecerle a Hibari Kyoya por dejarla tan vulnerable. Gracias a él, ella ahora estaba a su completa merced, solo por eso le permitió ir a visitarlo por última vez, llevando el pastel de despedida.

—¿Por qué no le pedimos a Nana-chan que nos prepare algo para comer? Personalmente, tengo muchas ganas de compartir una torta de chocolate junto a Haru-chan. Que envidia me da Hibari-kun—confesó Byakuran.

Haru se levantó, con los ojos aún llorosos, pero aún así logró obsequiarle una sonrisa al albino.

—Haru ama a Byakuran-sama, no tiene por qué sentir celos ~desu—dijo ella—. Ahora mismo Haru irá a buscar a la madre de Tsuna-san.

Cuando todo comenzó él no contempló en sus planes a la madre de Sawada Tsunayoshi, sin embargo Nana era la mujer indicada para ayudarlo a reparar el corazón de Haru, esa dulce niña que se vio privada del amor de su madre. Cuando se dio cuenta de lo importante que era esa humana carencia mezclaba con un insaciable capricho infantil por tener ese cariño perdido supo que acababa de adquirir otra importante carta a su favor.

Haru, sin embargo se sentía confundida. Ella estaba absolutamente segura de su amor hacia Byakuran, y sabía que estaba siendo correspondida. El joven albino se preocupaba, le proporcionaba un techo y cuidaba de ella, porque él también la amaba.

Debía sentirse feliz de que sus sentimientos fueran correspondidos, pero algo la inquietaba, aunque no podía explicar con exactitud qué era exactamente.

—¿Mamá?—llamó al entrar a la cocina.

La mujer de hebras castañas se volteó a ver a Haru. Gracias al control mental de Byakuran, Nana permanecía en la mansión cuidando de su hija y su supuesto novio.

Amablemente le entregó un plato lleno de mashmallows para que los dos enamorados compartieran.