Hola! Ha pasado un poco desde que no subo, pero estos capítulos me han llevado un poco más de tiempo. Las rachas sin inspiración son malas, lo siento. Como siempre, este primero es de Kenzi. Disfrutad.


Kenzi:

No puedo evitar comprobar que Tamsin sigue junto a mí al despertar. Estar está, pero no me lo esperaba y me sorprendo. ¿Cómo he llegado hasta aquí? Quiero decir… Tamsin me gusta, pero me acabo de acostar con ella…con una tía…por segunda vez. Si Hale se enterase… A ver, Kenzi, relájate e intenta pensar con claridad. Me gusta Tamsin, pero ¿tanto como para seguir con ella? El sexo es solo eso, pero…

—Buenos días —me sorprende la rubia—. Te dije que no me iba a ir.

—Es que es tu casa —respondo.

—Ya, pero podía haberme ido a trabajar.

—Quizás no tienes ganas de ir, como la gente normal.

—No, porque voy a ir después.

—¿Ves? No te has ido antes porque no has querido.

Tamsin me mira frunciendo el ceño. Lo sé, sé lo que estoy haciendo. Busco alguna excusa para no justificar que la Valquiria se está portando bien, discutir con ella y marcharme. No estoy segura de poder mantener lo que se dice una relación con ella, se me va a hacer raro estar con una mujer como ella, y prefiero estar de pelea con ella. Supongo que ha sido para acabar con la tensión que se acumulaba con cada pelea, pero me parece que solo ha sido sexo. No estoy muy segura de lo que siento por Tamsin y será mejor que me aleje antes de que ella sienta algo. No quiero hacerle daño.

—¿En qué piensas, rarita? —me pregunta la rubia—. Estás muy seria.

—Debería irme, Bo estará preocupada —me levanto de la cama.

—¿Por qué no te quedas a desayunar? No pasa nada por que te busque un ratito más.

—Mejor no.

—¿Por qué?

—Quiero irme, Tamsin.

—Ah, bueno…

La Valquiria se pone triste, pero tenía que hacerlo. Si soy una borde con ella, quizás se desengañe y pase de mí como antes. Me visto lo más rápido que puedo, pues el silencio incomodo que se crea me aterroriza. Así que acabo yéndome sin decir nada más. Supongo que si Tamsin se cabrea conmigo, no me sentiré tan mal, pero ahora solo recuerdo su cara de pena cuando le dije que quería irme. Me arrepiento, sí. Lo volvería a hacer, sí.

—¿Dónde estabas? —me pregunta Bo—. Tenemos trabajo. Dyson ha reconocido un olor en el complejo de la Morrigan o algo así.

—¿Qué? —intento no entrar en pánico.

—Fae. Cerca de una vitrina o no sé qué. Tenemos que irnos.

—Pues sí que le ha costado al perrito.

—Supongo que se le mezclarían las esencias de todos los presentes.

—¿Y qué Fae es?

—No sé, me ha dicho que vayamos a la comisaría y nos cuenta.

No podía decírselo por teléfono ¿no? Pues no, nos tenía que hacer ir hasta la comisaría donde trabaja con Tamsin. Es para patearle su culo peludo con unas botas de tacón de aguja. Cálmate, Kenzi, no pasa nada. Nada más que Bo mirándome como si estuviese loca por mi repentina cara de odio. Le sonrío para que no me pregunte qué me pasa. Ya mataré al Lobo en otra ocasión. Idiota…

Nada más llegar, nos cruzamos con Tamsin y, puesto que Bo va delante, la rubia me agarra del brazo sin que la morena se dé cuenta. Sin embargo, tras mirarme un segundo, me suelta sin decir nada y sigue su camino. Me quedo mirando cómo se aleja hasta que Bo me llama. Gracias a ese choque, ahora me siento incluso peor. Pensaba que la rubia estaría enfadad y me miraría mal, pero solo he notado tristeza. No debería haberme ido de esa forma, lo sé.

—¿Qué te pasa? —me pregunta la Súcubo.

—Nada, no me gustan mucho las comisarías —respondo con un suspiro—. Bueno, perrito, ¿qué tienes?

—Primero, no me llames perro, humana —Dyson me mira cabreado—. Y segundo… ¡Os dije que era un hombre! El ladrón es un hombre.

—¿Cómo lo sabes? —duda Bo.

—Porque percibí una esencia de Incubo. He estado revisando a todos los que pudieron pasar por el lugar y no he encontrado a nadie más. Por eso he tardado tanto, la Morrigan tiene mucha gente moviéndose por allí.

—Un Íncubo… —la Súcubo se queda pensativa.

Todo esto tiene una explicación y no, no soy Íncubo, ni un hombre, ni me han quitado el puesto como ladrona. No me gusta dar explicaciones, pero todo tiene que ver con un druida y unas esencias de Faes escondidas en mi armario. Lo malo es que no tengo ni idea de lo que es cada una y acabo de hacer que un Íncubo sea el culpable. A lo mejor, la próxima vez es un duendecillo, quién sabe…

—Lo que aún no tengo claro es cómo pudo cometer el asesinato —Dyson se atusa la barba—. Lauren me dijo que tenía los tímpanos reventados. ¿Cómo pudo hacer eso un Íncubo?

—A lo mejor el ladrón y el asesino no son la misma persona —comenta Bo.

"¡No! ¡No lo son!", quiero gritar, pero me contengo. No sé quiñen será el asesino o la asesina y me dan ganas de ir dejando claro que no soy yo, que solo robo a la Morrigan por zorra. En realidad, no es por eso. Es para demostrarle que los humanos no somos inferiores y que los Faes, policías y guardias en este caso, no son tan perfectos. Ya, sé que no se está enterando de eso, pero todos los planes tienen pequeñas fugas.

—Kenzi, ¿nos dejas un momento? —me pide Dyson.

—Sí, claro.

Me voy a darme un vuelta y me quedo mirando un tablón con gente desaparecida o buscada por algún delito. Me llama la atención un cartel arrugado de The Shadow. Seguro que Tamsin se cabreó y lo tiró. Tiene pinta de haber sido ella. Si supiera quién es… Aunque supongo que lo del Íncubo los habrá despistado. Por si acaso, voy a curiosear la conversación de dos policías uniformados que están hablando del tema. Están confusos por los métodos de Dyson para conseguir información y no me interesa, así que me escabullo hacia una mesa con unos archivos confidenciales encima. Abro la carpeta y comienzo a leer algunas cosas muy interesantes. En el apartado de sospechosos aparece mi nombre y, al pasar la página, encuentro una foto en la que salgo en el Dal.

—Es de mala educación meterse en los asuntos de los demás —una mano cubre la imagen justo antes de cerrar la carpeta—. Además, esto es confidencial.

—Lo siento, estaba abierta y…

—Sé que la dejé cerrada —me interrumpe Tamsin y se sienta en su silla—. ¿No deberías estar con la Súcubo?

—Dyson me ha echado —me encojo de hombros—. ¿Crees que soy sospechosa?

—¿No te has enterado? El ladrón es un Íncubo. Un hombre y, que yo sepa, tú no lo eres. Lo he comprobado.

—No te he preguntado eso.

—Sí, te consideraba sospechosa, pero haces cosas raras y me confundes. Parece que la Valquiria seas tú.

—No hago cosas raras.

—¿Ah, no? Pues explícame por qué por la noche estabas tan bien y esta mañana querías largarte así. No lo entiendo.

—No tengo que darte ninguna explicación —me pongo borde—. Si no te gusta, te aguantas.

—Kenzi, estoy intentando comprenderte y estar…bien contigo.

—Y yo estoy intentando que me odies. Ódiame.


Kenzi se nos pone borde con la rubita... Veremos qué pasa en el capítulo de nuestra pobrecita Tamsin. Hasta dentro de un ratito.