Madge se despertó justo donde se había quedado inconsciente el día anterior. Se quedó momentáneamente deslumbrada, confusa para variar. Recobró la memoria al mismo tiempo que Andrew la saludaba, alegre.

—¡Buenos días, dormilona!

—Hola, eh… ¿cuánto he dormido…? ¡Andrew! ¡Estás bien!

Andrew evaluó su sonrisa escéptico, más tarde triste. Madge era la única que se podía alegrar de su bienestar en esos instantes. Tuvo que admitir que era, si más no, reconfortante. Pero no quería que se hiciera ilusiones… estaba más que claro que su cura era temporal. Le costaba aún hacerse a la idea.

—¿Se te ha cerrado del todo?

—No, pero me encuentro mejor…

Ella se levantó perezosamente para revisar su temperatura y heridas varias. Todo estaba más o menos correcto. La herida parecía sanar, no parecía haber gangrena ni infección. Había valido la pena.

—¿Madge? Tu nariz…

—Oh, fue un puñetazo, nada de lo qué preocuparse.

—Déjame ver. La tienes muy torcida.

Acercó los dedos a la nariz de Madge, mientras ella se resignaba. Sabía que tenían que hacer algo, pero le daba miedo el dolor. Se maldijo por pensar así, por ser tan infantil pero… no podía evitarlo. No quería más dolor que el estrictamente necesario.

—Creo… creo que podría colocártela. Pero te va a doler. –Murmuró Andrew.

Madge suspiró.

—Hazlo, pero no pueden descubrirnos… no quiero gritar, espera un momento.

Se quitó la chaqueta y se la enrolló en el brazo. Andrew la miró divertido, y eso la cabreó un poco ¿Tenía algún problema con su tolerancia al dolor? Se acercó la chaqueta a los labios y esperó.

—¿Lista?

—Sí.

Gale contempló con verdadera angustia como mordía su propio brazo desesperadamente y lloraba para no gritar. Hazelle le acercó una mano como apoyo, pero él solo señaló a una horrorizada Posy que se tapaba los ojos con sus pequeñas manitas.

Gale no podía ocultar el nerviosismo. Estaba tan cerca de ganar que casi la podía imaginar volviendo a casa. Su cabeza le prohibía hacerse ilusiones, pero su corazón ya se las había hecho mucho tiempo atrás. Se la imaginaba saliendo del tren que se la había llevado. Poder oírla, hablarle, tocarla de nuevo –como lo tendría que haber hecho antes, maldita sea– y bueno, aclarar las cosas.

Esa supuesta y poco clarificada declaración les había ido estupenda para cuadrar su mentira ¿Pero era verdad? Quizás Haymitch le había dicho que tenía que hacerlo. Sería lo más normal, ¿por qué a qué venía que estuviera enamorado de él? Apenas se conocían. Eso era aplicable a él pero… todavía se negaba a pensar que le gustara de verdad. Era más como… como un pequeño –pequeñísimo– enamoramiento. Alimentado por el borracho conspirador de Haymitch y las locas de su madre y Katniss.

Evidentemente no tenía que ver con sus pequeños problemas de confianza. No, ese no era el caso. Ni por asomo. Sus murallas, completamente sanas, estaban en su sitio.

Madge se secó la sangre de la nariz con su maltrecha chaqueta. Andrew murmuraba disculpas y examinaba su trabajo.

—Creo que te la he dejado bien…

—¡No me digas! Creo que me la has torcido hacia el otro lado… -dijo ella, cabreada.

Los ojos le lloraban por el mal trago. Le temblaban las manos por el recuerdo. Intentó consolarse pensando en que el veneno de las rastrevíspulas había sido peor pero… no estaba acostumbrada a sufrir.

Escuchó reír a Andrew amargamente. A ella también le vinieron ganas, por alguna extraña razón. Se secó las lágrimas y se puso en pie, aunque sintió que las piernas no le querían responder.

—¿Qué quieres hacer?

—Ir a buscar agua y hiervas. No tardaré, ¿vale?

—Puedo ir contigo…

—No. Harías demasiado ruido. No te preocupes…

Andrew la miró reprobatoriamente pero la decisión estaba tomada.

—…Si muero lanzaré un cañonazo –añadió, en un intento de ser cómica.

Katniss aprovechó ese pequeño instante en el que no los enfocaban y salió disparada a la panadería. Las calles estaban desiertas, casi nadie se atrevía a despegarse del televisor. Había algunos masoquistas que les gustaba mirarlo en la gran pantalla. Sin embargo ella tenía que ir a trabajar de todas formas.

Cuando entró, sin picar, se encontró con el padre de Peeta y el propio Peeta en el mostrador, ensimismados con los juegos. El señor Mellark levantó la vista, pero su hijo no lo hizo. A Katniss se le revolvió el estómago, encontrándose en un callejón casi sin salida.

—¿Desea algo, señorita Everdeen?

El corazón de Peeta hizo una voltereta invertida. Mierda. Mierda. Mierda. Mierda. ¿Y ahora qué? Una conversa muy incómoda se avecinaba.

—Mph… Papá…

El señor Mellark escuchó atentamente como, a grandes rasgos, su hijo definía su pequeño trato con Katniss Everdeen. Ella parecía asustada, agarrando el pomo de la puerta como si fuera un salvavidas. Maldecía mentalmente a Peeta por haber aceptado el trato, siendo este casi tan ilegal como cazar. Si su padre la denunciaba…

Cuando Peeta terminó su catastrófica y accidentada explicación, su padre se dirigió a Katniss evaluándola con la mirada. En realidad andaba buscando algo. Cualquier similitud que le recordara a ella. A la –Ahora– Señora Everdeen. Pero Katniss era igual que su padre. No había ni un solo rasgo que le recordara a su madre. Los mismos ojos grises y observadores, las mismas mejillas hundidas por el hambre, el mismo cabello oscuro y piel olivácea. Decidió que no le haría daño mirarla todas las mañanas.

—No tengo problema en que trabaje aquí, señorita Everdeen. Podría haberme avisado.

Se obligó a sonreír, y en realidad no le costó tanto. No dolía ya. La herida estaba sanada… en lo que se refería a ella y su padre.

—Muchas… muchas gracias. –Respondió Katniss, un poco avergonzada.

Peeta soltó un gran suspiro de alivio y se concentró en la pantalla de nuevo. Katniss se odió por analizar el rostro del muchacho una vez más. No había cambiado demasiado en… ¿las nueve horas que hacía que no lo veía, quizás? Se estaba obsesionando. Se odió también por ello. Entonces sintió un olor característico. Un olor que casi le provocó una úlcera.

—…Aquí… ¿aquí no huele a carbón quemado?

Madge volvió a la cueva con más comida y agua en su maltrecha botella. No estaba depurada, de hecho tenía un color marrón poco saludable, peor mejor eso que nada. No hacían dos comidas al día desde que empezaron los juegos. Del hambre. Como la que sentía. Precioso nombre.

Entró sin preguntar, puesto que no quería hacer ruido hasta asegurarse que estaban seguros allí.

No lo estaban.

Lo último que vio antes de dispararle un dardo a Cato fue sangre. Mucha sangre.

Procedente de la garganta de Andrew.

N/A

¡Hola a todos! *Ganas homicidas aumentando* Siento dejaros así, prometo que no tardaré en actualizar. ¿Qué creéis que pasará? ¿Qué QUEREIS que pase? Podéis comentármelo, adoro saber que pensáis.

Cambiando de tema espero que os guste la portada, no se aprecia muy bien pero son Madge y Andrew. También tengo un par de bocetos de Katniss, Gale y Peeta. Supongo que los colgaré pronto a Devianart. Me encantaría que también opinarais sobre eso, a ser posible.

Muchas gracias por las reviews y el apoyo, nos vemos en el próximo capítulo: Final Parte I