Just On The Same Path
Notas de la Autora: Que sí! Que sigue estando activo! Lo prometoooo =3= (Venid con nosotros a Facebook, en Fans de Thyamant! y regañarme por tardar tanto! ò.o)
Rinoa Haatirii: Esta vez no cruces los dedos porque no se me vaya la inspiración... reza para que se vaya... que parece que funciona por psicología inversa! XD
I. ProOmise: Pues al final ya ves, parece que de cada vez tarde más en actualizar... Tan solo puedo pedir disculpas... Sorry! TT_TT
CAPÍTULO XXI: ¿SABES CUÁNTAS VIDAS SE HA COBRADO?
- ¿Es lo que parece que es? - preguntó Selphie extrañada.
Ante ellos, el puente que unía los dos continentes se cortaba, como todo el mundo sabía. Pero justo en frente del puente cortado, un montón de piedras se amontonaba, como si fuesen los restos y escombros de lo que antes unió ambas partes, y sobre aquel montón de piedra se veían a lo lejos pequeñas formas, como casas y chozas.
Era bien entrada la noche cuando llegaron allí, pero las nubes se habían ido despejando a lo largo del día y ahora mismo permitían que la luna llena iluminase las formas de aquella grotesca ciudad.
- Parece... como si hubiese surgido del mar... - dijo Irvine, observando las formas de las sombras.
Parecía que todo cuanto veían ante ellos hubiese sido construido sobre los restos del puente, y también con los mismos restos. Sin embargo la magnitud de aquella improvisada ciudad era mucho más grande de lo que podrían haber hecho con tan sólo escombros y pedazos de piedra y madera. Además, era evidente que no flotaba sobre la superficie del mar, si no que se apoyaba sobre el fondo, a cientos, tal vez miles de metros.
- ¿Aquí vive gente...? - preguntó Irvine rascándose la cabeza.
Había algunos destellos anaranjados, la tenue luz de velas y candiles que brillaban tras ventanas y sobre algunas puertas, aunque no se podía ver movimiento alguno en las estrechas callecillas que separaban unas chozas de otras.
- Echemos un vistazo – Sentenció Selphie, y se puso en pie, despertando al pequeño mumba que llevaba un buen rato dormido tras ella.
El suelo que tenían bajo sus pies tembló casi imperceptiblemente, y Selphie oyó como si algo arañase la madera que había justo en frente del carro. Irvine también se puso de pie, buscando la culata de su rifle con la mano derecha, y ambos aguantaron la respiración. Aquello había sonado como lo que el ratero había oído durante el camino, pero mucho más fuerte y cercano. Al cabo de un instante, algo apareció al borde del puente cortado, y Fluffy se puso en guardia de inmediato, erizando el pelo de su nuca y echando las orejas hacia atrás. Primero una inmensa garra, y después el resto de aquella bestia trepó por el borde, y resopló con furia ante ellos, haciendo que un par de columnas de humo surgiesen de su nariz.
- Santa madre de Xian... - murmuró Irvine, atónito.
- Xian no tenía madre... - lo corrigió Selphie, incapaz de pensar en nada coherente más allá de aquella observación.
La bestia se irguió sobre las dos patas traseras, y sacudió la cabeza, balanceando sus inmensos cuernos y haciendo que las argollas que había en sus orejas tintineasen y brillasen.
- ¿Qué demonios es eso...? - preguntó Irvine, agarrándose a un lateral del carro para intentar bajar de él. Por alguna extraña razón, el chocobo que tiraba del carro no parecía especialmente asustado.
- Ifrit... - susurró Selphie, saltando del carro y agarrando sus nunchakus, con el mumba justo detrás de ella, aunque parecía bastante asustado.
- No pretenderás enfrentarte a eso, ¿no? - Le preguntó el muchacho, como si hubiese perdido la cabeza.
Selphie miraba de un lado a otro, buscando a quien lo hubiese invocado, pero parecía que aquel ser estaba totalmente solo. Tal vez pudiese vencerlo y doblegarlo, igual que hizo años atrás con Rubí.
- Es un Guardián... No es la primera vez que me las veo con uno de estos – dijo ella confiada.
No le estaba mintiendo, pero tampoco le estaba siendo del todo sincera. El Guardián que ella se había encontrado en el pasado era un ser defensivo. No fue fácil derrotarlo, pero su poder ofensivo tampoco resultó ser algo de lo que debiese preocuparse. Ifrit era algo totalmente distinto.
Aquella inmensa bestia mágica dio un paso adelante, y Selphie se colocó a un lado, intentando alejarse del carro y del chocobo, acercándose a Irvine.
- Tú encárgate de curarme – le ordenó –, y yo me encargaré de él.
- ¡Primero tendríais que acabar conmigo! - dijo una voz. Y como haciéndose eco de ella, Ifrit dejó escapar un profundo rugido.
- ¿¡Habla!? - preguntó Irvine, incapaz de creerlo.
Hablaban, por supuesto. Pero Selphie sabía que aquella voz era demasiado humana para pertenecer a Ifrit. Un hombrecillo trepó sobre la espalda del Guardián, y se apoyó sobre uno de sus hombros.
- Así que sí tiene dueño... - dijo Selphie.
- Xian, Selphie... no es un perrito... - dijo Irvine señalando hacia él.
Al parecer, el mercader que habían encontrado al principio del puente había vuelto para recuperar su carro.
- Intenté evitarlo, muchachos – les dijo, mientras bajaba del hombro de Ifrit, agarrándose a uno de sus cuernos y aprovechando que la bestia había bajado la cabeza para apoyar una de sus andrajosas sandalias de cuerda sobre la rodilla del mismo.
Selphie se relajó un tanto, si aquel Guardián obedecía las órdenes de una persona tal vez podrían evitar aquel enfrentamiento. Aunque a decir verdad, se sentía algo defraudada, una adquisición como aquella habría sido una ayuda genial para continuar con su misión.
- Intentaremos negociar... - murmuró en voz baja, procurando que tan sólo Irvine la oyese, lo cual no era muy difícil, ya que el chico había ido acercándose a ella como si intentase ocultarse tras su espalda.
- Le hemos robado el carro y ha aparecido bien armado... - observó él – ¿Para qué va a negociar cuando puede darnos una patada en el culo y recuperarlo sin más?
- Confía en mí – le pidió, y dio un paso al frente.
Estaba cansado y tenía sueño, pero los ruidos que provenían del piso de abajo no lo dejaban dormir.
Squall se removió bajo las mantas y se dio la vuelta, dándole la espalda a la pared. Fruncía el ceño y apretaba las mandíbulas sin darse cuenta, y estuvo tentado un par de veces de bajar para mandarlos a la cama de una santa vez. Debían llevar más de una hora hablando a gritos, y se preguntó si aquello era algo común en aquella casa.
Si a Zone le daba por buscar a Rinoa...
En el momento en que pasaron del tercer vaso de licor ambos jóvenes parecían haber olvidado por completo a sus invitados, pero tampoco podía estar seguro de que aquel campesino pasara la noche sin volver a acordarse de ella. Estaba más que claro que había llevado los pasteles y el licor con la intención de compartirlos con ella, y estaba más claro aún que la princesa le interesaba. Un chico interesado en una chica, y alcohol de por medio... no había que ser muy listo para saber que el resultado podía ser como mínimo embarazoso. Como máximo... prefería no imaginarlo.
Se había asegurado de que la chica se iba a dormir antes que ellos, totalmente sobria, pero aún así no se sentía seguro sabiendo que no había más que un puñado de escalones y una puerta que se abriría con tan sólo empujar entre Zone y la princesa.
Se volvió a mover bajo la manta, el suelo de aquella alcoba le parecía aquella noche más incómodo que de costumbre. Finalmente optó por cruzarse de brazos y continuar estirado sobre el costado derecho, mirando hacia la chimenea que había al otro lado. Un ruido repentino y estridente se oyó en la cocina, como si algo se hubiese roto, y abrió los ojos para clavarlos en dirección a la puerta. Al cabo de unos segundos, oyó algo distinto, y esta vez sabía que estaba mucho más cerca que aquel par de borrachos. Un pie descalzo se apoyó sobre el último escalón y Rinoa apareció un instante después, caminando de puntillas. No había luz alguna, y Squall estaba dándole la espalda a los ventanales, así que lo único que podía ver Rinoa de él era la forma de un bulto envuelto en una manta, contra la pared. No sabía si estaba de espaldas, ni siquiera podía saber que la estaba observando, pero aún así se quedó un momento quieta, mirando en su dirección, intentando adivinar si dormía o no. El chico prefirió fingir que así era.
La joven bruja se acercó a las estanterías que habían en aquella esquina, y cogió una vela. La encendió rápidamente, y la dejó con cuidado en el suelo. Después se giró hacia Squall y volvió a mirarlo en silencio. Esta vez el chico había entrecerrado los ojos, de manera que parecía dormido, pero aún podía entrever la silueta de la muchacha, frente a él. Por fin se sentó, en el suelo, y abrió uno de los libros. Squall volvió a abrir los ojos y continuó observándola en silencio.
Solía pasear por la biblioteca de palacio, pero Squall siempre creyó que lo hacía por algún otro motivo distinto al interés en la lectura. Había aprendido con los años que los nobles encontraban fácilmente distracciones más emocionantes que la lectura, y aunque rondase entre estanterías no siempre llevaba un libro entre las manos. Aún así parecía que se había equivocado. Eso, o los libros que había en fortaleza de Deling no eran la mitad de interesantes para ella que los que había encontrado en aquella alcoba. Aún así, tampoco pensó nunca que aquella joven princesa, testaruda y casi infantil, pudiese tener potencial alguno como soldado, y parecía que también se había equivocado en eso.
Squall solía valorar así a la gente que conocía, no podía evitarlo. Había sido un soldado y llevaba años siendo el comandante de un ejército. Cada vez que conocía a alguien nuevo intentaba buscar en él sus posibles puntos fuertes como luchador. A aquella muchacha sin embargo nunca se paró a mirarla de aquella manera. Seguramente porque nunca hubiese imaginado que tendría que defenderse de nadie. No obstante, la capacidad que tenía para dominar la magia era algo que casi empezaba a asustarlo, y había demostrado aquella misma mañana que tenía un talento especial como tiradora. Aunque no le debería haber extrañado tanto.
Tenía unos brazos finos y ágiles, y buenos reflejos. Su visión también debía ser muy aguda, y su constitución física le daba varias ventajas en la lucha a rango. Era de tamaño más bien menudo, y de constitución delgada. Una forma estilizada y esbelta siempre sería un blanco más difícil de alcanzar a cierta distancia, así que para ella era más seguro luchar de aquella manera. El pelo negro también era un punto a favor, aunque no el más importante, pero el tono claro de su piel la hacía fácil de distinguir en la oscuridad. Tal vez si llevase una ropa diferente... que cubriese más su cuerpo... Aunque sería una pena...
El muchacho se quedó en blanco por un segundo, justo cuando ese pensamiento cruzó su mente, y sólo entonces se paró a pensar en como llevaba varios minutos observándola, recorriendo centímetro a centímetro su cuerpo. Se movió inquieto, sin ser del todo consciente, y Rinoa levantó los ojos hacia él. Se quedó quieto, con los ojos cerrados de nuevo, y ella esperó un par de segundos más antes de devolver su atención nuevamente a aquel libro.
Otro ruido abajo, esta vez más parecido a un golpe sobre la mesa, y después las carcajadas de Watts y las quejas de Zone. Cuando por fin dejaron de gritar, Squall entreabrió de nuevo los ojos. Rinoa continuaba leyendo, cada vez más recostada sobre las estanterías que tenía tras ella, pestañeando lenta y pesadamente. El muchacho sintió la tentación de moverse de nuevo, pero no quería hacer ruido. Continuó observándola en silencio, fijándose en pequeños detalles en los que nunca había reparado. Cuando no estaba molesta o enfadada, las cejas de la chica tenían una forma mucho más suave de lo que solía parecerle, y cuando se relajaba se podía oír un leve silbido corto y casi inaudible cada vez que dejaba escapar el aire por la nariz. La veía mover los hombros lentamente cada vez que cogía aire, y después oía aquel ruidillo lejano durante un segundo... Al cabo de un instante, volvía a mover los hombros, y después lo volvía a oír.
- En menos de un minuto ya estaréis dormida... - dijo Squall de repente, y Rinoa abrió los ojos justo un segundo después de haberlos cerrado del todo.
- Squall... - dijo sorprendida, mirando hacia él. En la penumbra podía ver un diminuto destello donde la llama de su vela se reflejaba en los ojos del comandante - ¿Te he despertado...?
- No del todo – contestó él sin más. No lo había despertado, pero desde luego había terminado por desvelarlo.
Rinoa bajó la vista de nuevo hacia el libro y después volvió a mirar hacia él.
- Decís que os cuesta conciliar el sueño por la noche y por eso venís a leer a esta alcoba... y en cuanto os sentáis en ese rincón os quedáis dormida...
Tal y como lo dijo a Rinoa le sonó a acusación, y volvió a mirar hacia su libro.
- Tal vez me haya acostumbrado a dormir contigo... - bromeó ella.
Squall ni siquiera se movió ni le contestó, y Rinoa esperó durante unos segundos sin saber qué hacer. Evidentemente, nunca habían dormido literalmente juntos, pero tenerlo cerca durante la noche le daba tranquilidad. Suponía que era por eso por lo que le costaba dormir en aquella otra habitación, y no por los ruidos que hacía su cama ni por el olor a polvo y humedad que había en el ambiente como le había dicho otras veces. Finalmente dejó escapar un silencioso suspiro y cerró el libro.
- Ya me voy, no te preocupes – le dijo, intentando que su tono denotase más inconformismo que decepción, pero antes de que pudiese ponerse en pie algo acolchado pero áspero se estrelló contra su cara.
- No, no lo harás... - lo oyó decir.
Rinoa apartó la manta que Squall acababa de lanzarle y lo miró fijamente, pero tan solo se encontró con la espalda del muchacho, que ya se había girado, envolviéndose solo con una vieja capa de viaje. En cierto modo aquella frase le había sonado como si le pidiese que se quedase, pero en el fondo sabía que no era así. El chico sabía que siempre terminaba haciendo lo que le venía en gana, así que debía haberse resignado a tenerla allí una noche más.
La manta estaba empapada con el calor del cuerpo del chico, y Rinoa se la echó sobre los hombros antes de acurrucarse junto a sus libros. No necesitaba manta alguna durante las noches, ambos lo sabían, pero también sabían que Squall no la dejaría dormir sin más sobre el suelo.
El siguiente golpe destrozó parte del puente, a los pies de Selphie, y ella volvió a escaparse por los pelos de aquel ataque. El viejo mercader volvió a proferir varias maldiciones y gritó que no debían romper el puente, nunca debían dañarlo, era demasiado valioso para el resto de pescadores y por eso no podían romperlo.
Irvine también maldijo en voz alta, y disparó dos veces hacia Ifrit, pero aquella bestia apenas parecía molestarse por ello, parecía que los proyectiles de sus armas apenas profundizaban en su piel.
- ¡Déjenos pasar! - volvió a pedirle Selphie – ¡No nos interesa su carro ni su mercancía! ¡Tan sólo queremos cruzar el puente hacia Esthar!
- ¿Esthar? - volvió a preguntar el comerciante, y frunció el ceño aún más, como si pensase profundamente en algo - ¿Por qué queréis volver? ¡El rey Martin os colgará por traidores!
Hizo un gesto, y de la boca del Guardián salió una bola de fuego que obligó a Selphie a retroceder aún más, quedando justo al lado de Irvine. El chocobo se movió molesto y comenzó a tirar del carro, a pocos pasos de los dos, girando y alejándose un poco de todo aquel barullo, y Fluffy por su parte, aprovechó aquella oportunidad para saltar dentro del carro y alejarse con él, asomado tras un par de sacos de grano. Había sido entrenado por su dueña para enfretarse a asaltantes y monstruos de menor tamaño, pero Ifrit era algo muy diferente.
- Este viejo debe tener polillas y pelusa en la sesera, ni siquiera sabe en qué época vivimos.
Llevaban bastante intentando dialogar con él, pidiéndole que les dejase pasar para continuar con su camino, pero aquel hombre no hacía más que contestarles sinsentidos, y no paraba de gritarles que no destrozasen el puente, como si no se diese cuenta de que era su bestia la que lo estaba haciendo pedazos con cada nueva orden que él le daba.
- Pero controla al Guardián totalmente... - dijo ella entre jadeos, impresionada.
Todo soldado instruido en la pseudomagia sabía que se necesitaba de la ayuda de aquellos poderosos seres mágicos para poder utilizar aquella fuerza totalmente extraña para los humanos, pero nunca había visto a un Guardián obedecer de aquella manera cada gesto de su invocador, como si la simple voluntad de aquel hombre lo moviese. Un humano podía controlar a un Guardián, pero no dominarlo totalmente.
La siguiente arremetida fue más rápida, y la cogió totalmente desprevenida, Ifrit la golpeó y rodó varios metros, y el joven ladrón no tuvo tiempo siquiera de reaccionar. Gritó, e intentó captar la atención de Ifrit, pero él continuó avanzando hacia Selphie, que parecía mareada.
- ¡Déjala en paz, maldito bicho! - le ordenó, y saltó sobre él, agarrándose a uno de sus inmensos cuernos.
- ¡Deja tú en paz a mi Guardián! - le gritó el mercader, y agarró un pequeño trozo de piedra para tirárselo.
El Guardián apenas se inmutó al sentir que trepaba por su espalda, y ni siquiera pareció molestarle que casi hincara el cañón de su escopeta tras una de sus orejas. Apretó el gatillo al mismo tiempo que los dientes, y el rugido de la bestia fue casi más ensordecedor que la explosión de la pólvora tras su cabeza. Por fin parecía que había conseguido algo, pero la recompensa de Irvine fue un fuerte zarpazo que casi lo dejó sin sentido antes de tocar el suelo, al borde del puente.
- ¡No! - Gritó Selphie, que había conseguido ponerse en pie.
La bestia giró un par de veces la cabeza, mirando de uno a otro, mientras la sangre comenzaba a resbalar por su cuello y formaba pequeñas gotitas humeantes frente a sus pies. Resoplaba sin parar, enfurecido, y podía verse brillar tras sus fauces el fuego que había en su interior, entre bocanadas de humo blanquecino.
- ¡Les dije que volverían y no me escucharon! - gritaba el mercader - ¡Pensaban que Martin y ese sádico comandante suyo se olvidaría de nosotros y yo sabía que volverían para matarnos!
Mientras hablaba, el Guardián parecía dudar, y a Selphie se le ocurrió algo. Cerró los ojos y se concentró. En cuestión de segundos tenía lo que necesitaba.
- ¡Silencio!
Irvine sonrió para sí, viendo la rapidez con que la muchacha había lanzado aquel hechizo sobre el viejo. Era lista. Si lo silenciaba no podría utilizar magia alguna, y aunque no sabía mucho sobre esos Guardianes, ella sí, así que estaba convencido de que haciendo eso aquel viejo loco no podría manejar a su bestia.
El destello azulado que emanaba del cuerpo de la chica desapareció, y al mismo tiempo cesaron los sinsentidos de aquel hombre. Enmudeció, y sólo pudo gesticular furioso, mientras el Guardián movía la mirada de uno a otro, como perdido.
- Listo... - murmuró Irvine, poniéndose en pie con dificultad, sujetando su costado con una mano y apuntando su arma hacia el comerciante. Como contestación, el viejo lo miró furioso y lo señaló, y con sólo aquello Ifrit se volvió hacia el muchacho y rugió, avanzando hacia él con paso decidido – Mierda...
- ¿Como es posible... ? - Selphie no perdió ni un segundo, continuó buscando entre el desorden de hechizos de que disponía, buscando algo que pudiese proteger a su compañero, mientras veía como aquella bestia mágica rugía en su dirección, dispuesto a terminar con él. Era imposible manejar a un Guardián estando silenciado, pero de nuevo aquel viejo parecía ser la excepción a todo lo que ella sabía. Irvine disparó contra el viejo, pero Ifrit movió rápidamente una de sus inmensas garras y paró el proyectil, protegiendo a su amo. El muchacho escupió un par de maldiciones más, y sacó dos armas diferentes de su gabardina, compactas y cortas, con un cañón el doble de ancho que el de su rifle. No le gustaba usarlas, porque eran imprecisas y demasiado ruidosas, pero al mismo tiempo tenían una potencia mucho mayor que la de sus otras chicas. Abrió fuego, y la bestia frenó un poco el paso, retrocediendo apenas un palmo con cada impacto que recibía. Esta vez se podían ver perfectamente los cientos de pequeños agujeros que se abrían sobre el estómago de la bestia, pero parecía imposible llegar hasta sus entrañas. Aquellas heridas se marcaban sobre el Guardián apenas levantándole la piel.
- ¡Si vas a hacer algo estaría bien que fuese ahora! - gritó Irvine, disparando todo lo rápido que podía, mientras Ifrit continuaba acercándose.
- ¡No me pongas más nerviosa, maldita sea! - gritó Selphie, viendo cómo sus hechizos comenzaban a parecerle una niebla confusa. Se sentía débil y mareada, y le costaba horrores concentrarse. Aún así, mientras más rápido buscaba, más claro podía sentir la fuerza de aquellos hechizos. Ifrit paró frente a Irvine, a menos de dos pasos de él, y rugió de nuevo, a todo pulmón. Los disparos del muchacho ni siquiera conseguían cortarle la respiración, resonaban una y otra vez, casi una docena desde que empezó aquel rugido ensordecedor hasta que terminó.
- ¡Selphie...! - Gritó nuevamente, viendo como aquella mole de pecho ensangrentado movía uno de sus brazos hacia atrás, preparándose para abalanzarse sobre él – ¿Por qué demonios te seguí, maldita sea?
Los disparos cesaron después de aquellas palabras, y el chico apretó las mandíbulas y los ojos. Lo que siguió fue un intenso destello amarillo, tan fuerte que pudo verlo a través de sus párpados, y el ruido de huesos rotos. Un nuevo rugido, aunque más agudo que el anterior, y unos segundos después Irvine abrió los ojos, incapaz de explicarse por qué continuaba respirando.
Frente a él solamente podía ver una inmensa pared de piedra, que en un instante se deshizo ante sus ojos, como desintegrándose en miles de fragmentos. Aún así, Ifrit permanecía con su puño a pocos centímetros de la cara del ratero, con los huesos destrozados. El chico retrocedió un paso, e Ifrit apartó el brazo, gruñendo, e intentó golpearlo de nuevo. El puño izquierdo se destrozó en el aire, igual que el derecho, como si aquel muro de piedra aún continuase en pie, y el Guardián retrocedió dos pasos, rugiendo al aire.
- ¿Qué puñetas...? - susurró, colocando la palma de su mano sobre aquel escudo invisible que lo protegía. Miró hacia Selphie, y ella parecía estar igual de sorprendida. Lo miraba con la boca abierta, y en sus ojos había un brillo diferente, como si el color verde de su iris se hubiese tornado por unos instantes mucho más claro, casi blanco.
Había ocurrido todo tan deprisa que no podía explicarse qué había pasado. No paraba de buscar entre sus hechizos como una loca, incapaz de distinguir con claridad ni lo que buscaba ni lo que tenía para escoger, y en un instante sintió la fuerza de aquella magia, empujando desde su interior, y la dejó salir sin más.
Ifrit se inclinó, y embistió contra su oponente. Y continuó arremetiendo con los cuernos y escupiendo fuego sin parar, intentando quebrar aquella pared invisible.
- ¡Ríndete, viejo! - le gritó Irvine al mercader, que tampoco parecía entender lo que estaba sucediendo - ¡Este Guardián tuyo no tiene poder contra nosotros!
Selphie volvió a la realidad al oírlo hablar, y cuando miró hacia su contrincante se dio cuenta de que aquella confusión podía jugar a su favor.
- ¡Le doy mi palabra! - le aseguró Selphie - ¡Ríndase y no le haremos daño! ¡Sólo queremos hablar!.
El hombre la miró, casi con miedo, y por primera vez parecía haber en su rostro algo de entendimiento. Abrió la boca, como si intentase hablar, pero continuaba silenciado. Volvió a mirar hacia Ifrit, que seguía obcecado en atravesar aquel inquebrantable muro, y de nuevo miró hacia Selphie con el ceño fruncido.
Rinoa despertó asustada, con la mano del comandante tapándole la boca. Buscó sus ojos con los suyos, y él le hizo un gesto, indicándole que guardase silencio.
- Zone y Watts no están abajo, y la puerta principal está abierta... - le advirtió - No te dejes ver, bajaré yo primero.
- Tal vez estén fuera... o en sus habitaciones... - dijo ella en voz baja, y él negó con la cabeza.
- No hay nadie en toda la casa, ya he mirado – le aseguró. Volvió a repetir el gesto con la mano, indicándole que no lo siguiera, y después bajó por las escaleras.
Oyó sus pasos por el piso de abajo, y después se distanció. Rinoa se acercó un poco a los ventanales, desobedeciéndolo, pero manteniéndose pegada a la pared y lo menos visible que pudo. Al cabo de unos minutos vio a Squall salir por la puerta trasera y acercarse a un lateral de la mansión, sable en mano, pegándose a la pared. Desapareció de su rango de visión, y volvió a aparecer un buen rato después por el otro lado, como si le hubiese dado la vuelta a la casa. Dio un par de vueltas, mirando a su alrededor, y después se acercó al granero. Al cabo de unos segundos salió de él, bastante menos tenso, y miró hacia el segundo piso, donde pudo verla asomada a una esquina de la ventana más alejada. Le hizo un gesto con la mano, indicándole que bajase, y ella obedeció.
Cuando se acercó a él, le hizo un gesto hacia el interior del granero.
- Falsa alarma... - murmuró malhumorado.
Rinoa entró, y vio a los dos chicos totalmente dormidos en un montón de paja, en frente de los dos chocobos que él les había llevado el día anterior. Zone estaba bocabajo, con los brazos y las piernas estirados de manera desordenada alrededor de su cuerpo, y Watts estaba acurrucado a su lado, agarrado a su antebrazo izquierdo como si de una muñeca de trapo se tratase.
- Qué tiernos... - murmuró Rinoa sonriendo, arrodillándose junto a ellos.
A Squall sin embargo no le debieron parecer tan adorables, porque prefirió despertarlos de un puntapié.
- ¡Mi chocobo! - gritó de repente Watts, incorporándose de un salto, y Zone murmuró algo parecido a "melocotón" mientras fruncía el ceño, como si abrir los ojos le hubiese supuesto algún tipo de daño físico – Princesa... - fue lo siguiente que dijo Zone después de frotarse los ojos y mirarlos a ambos.
- Os habéis dejado todas las puertas de la casa abiertas... - dijo Squall frunciendo el ceño. Por un momento había estado convencido de que aquellos dos campesinos los habían dejado allí para venderlos al primer guardia que encontrasen de camino a la ciudad.
- Ziempre hacez lo mizmo... - gruñó Watts mientras se frotaba la cara con ambas manos – Cuando te emborrachaz te da por abrir puertaz y te me pegaz como una lapa.
Zone se limitó a golpearlo tras la cabeza como toda contestación, y se giró hacia Rinoa intentando que no se notase demasiado lo mareado que se encontraba todavía.
- Queríamos vigilar a los chocobos, por si se ponían muy nerviosos aquí dentro... solos... - sonaba a excusa, pero lo cierto es que ambos chicos habían decidido dormir allí para hacer compañía a sus nuevos compañeros de granja.
- Salid de aquí, tengo que hacer cosas... - dijo el comandante, y se marchó con el ceño fruncido y a paso ligero. Rinoa lo observó mientras salía del granero, y después echó un último vistazo a los dueños de aquellas tierras. Finalmente salió corriendo tras Squall, mientras Zone y Watts continuaban discutiendo.
- Hay algo en ellos... - comentó en cuanto se puso a su lado. Hizo una pausa, aunque sabía que Squall no era el tipo de hombre que le preguntaría a qué se estaba refiriendo, así que continuó hablando - ¿Qué crees que son?
Squall la miró de reojo, incapaz de entender aquella pregunta. Eran granjeros, hombres, humanos... ¿Qué clase de duda era aquella?
- ¿Crees que serán familia... amigos... o tal vez...? - caminaba mientras miraba hacia el granero, con las manos agarradas tras su espalda, y Squall dejó escapar una risa incrédula cuando por fin entendió a qué se estaba refiriendo – Bueno, viven juntos y ninguno de los dos parecer tener esposa o prometida o nada parecido... hasta duermen en la misma habitación y... bueno, ya los has visto hace un rato...
- O son familia, o amigos... - contestó él por fin, pensando que su convicción sería suficiente para zanjar aquella conversación. Sin embargo Rinoa lo miró frunciendo el ceño y se negó a que así fuera.
- Bueno, no sería tan raro... - dijo, molesta, pensando en Quistis y en su más que conocido secreto. Cuando llegaron a la fortaleza de Deling muchos ya habían oído rumores sobre lo estrecha que era su relación con la guardia imperial de su hermano, Shu. Y Rinoa tardó muy poco en darse cuenta de que esos rumores eran ciertos. Que Squall se hubiese reído de su suposición sólo porque estuvieran hablando de dos hombres le parecía casi una ofensa a su inteligencia – El amor a veces es así de caprichoso... no entiende de género, edad, rango...
- El amor está sobrevalorado... - contestó él sin más, y Rinoa paró en seco y lo miró aún más enfadada.
- ¿Cómo dices eso? - le increpó, volviendo a trotar para alcanzarlo justo cuando llegaba a un pozo que había al otro lado del exterior de aquella gran casona – El amor es lo que hace que este mundo siga vivo. Si nadie amase a nada ni a nadie, todo serían guerras, hambre y enfermedad.
- Os recuerdo que estamos en guerra, y la gente muere de hambre y enfermedad en muchas partes – dijo él, sacando un cubo de agua, como si lo que acababa de decir no le importase demasiado.
Rinoa abrió la boca para contestarle, pero había perdido el hilo de lo que estaba diciendo.
- Ya sé que estamos en guerra y que... - Squall la miró después de dejar el cubo de agua en el borde del pozo y levantó ambas cejas, por una vez parecía que la había dejado sin argumentos - ¡Pero no es así siempre! Y tampoco es así en todas partes... La gente tiene fe y... sueños... Se enamoran y se esfuerzan por hacer de este mundo un lugar mejor...
Squall suspiró, y cogió algo de agua con las dos manos, se remojó la cara y el cuello, y permitió que Rinoa divagara un poco más sobre aquellas niñerías que parecían llenar su cabeza. Cuando terminó de lavarse, decidió que ya había hablado suficiente.
- Esa estúpida fuerza que dices que lo mueve todo – dijo de repente, haciendo que la chica se quedase con la palabra en la boca -, ese amor que hace que el mundo siga en marcha, ¿sabes cuántas vidas se ha cobrado? ¿Cuántas personas han muerto por amor? - por como hablaba casi parecía resentido, pero sin embargo no le hablaba con ira, lo que se leía en su voz era más parecido al dolor - El amor no da vida a nada, sólo la quita.
Dejó el cubo al lado del pozo, en el suelo, y comenzó a llenar otro que había vacío.
- El amor no quita vidas, Squall. El amor las crea y hay gente que muere intentando protegerlo – no sabía si lo que sentía era molestia por aquella manera de pensar tan pesimista, o pena por que él pudiese pensar de una manera tan amarga - Si alguien decide morir por amor, deberías darle algo de valor a esa palabra ¿no crees?
- Nadie muere por gusto, nadie muere deseándolo sin más – le aseguró él - Nadie puede dejar este mundo de esa manera... sin desear que su vida siga. Ni el amor ni nada merece tu propia muerte.
Cogió ambos cubos de agua, los desató y Rinoa no pudo hacer más que observarlo en silencio. Finalmente los levantó y comenzó a caminar hacia el granero.
- Tú parecías dispuesto a morir en mi lugar el día que mi padre y su consejo te estaban juzgando.
Se paró en seco, y miró hacia las nubes que se movían perezosas sobre ambos, blancas y esponjosas. Los dos sabían que no podría contestar nada contra aquella acusación, porque era tan cierta como que el sol saldría a la mañana siguiente por el este, y porque en aquel momento el comandante hizo todo lo contrario a lo que estaba predicando en ese mismo instante. Él mismo no se explicaba aún qué le había pasado por la cabeza en aquel entonces, y por eso mismo había decidido que no conseguiría nada dándole vueltas. Actuó en contra a todo cuanto creía, y se había convencido a sí mismo de que hizo lo correcto como siervo y protector de la familia real, a la que Rinoa pertenecía, por muy bruja que fuese.
Apretó los puños alrededor de las asas de los cubos, y continuó caminando. Si pensar sobre aquello no le llevaría a ninguna respuesta, discutirlo con Rinoa tampoco lo haría.
