Anatomía
Chokehold
Y las peleas de titanes
And these fingertips
Will never run through your skin
And Those bright blue eyes
Can only meet mine across the room
Filled with people that are less important than you
Existían muy pocos días como aquel. Muy pocas veces era consciente de la piel de sus brazos y de los dedos de su pie. Hoy podía verlos sin las capas de ropa que siempre yacían encima de ella como segunda piel. Hubiese destapado sus piernas también, pero el blanco níveo que ellas reflejaban le daba una vergüenza enorme.
Tomando un smothie de frambuesa entro al cajero automático. Hace dos días había vencido la cuenta de la luz y Charlie había llamado quejándose del corte en su casa. Bella tomo sus llaves, su tarjeta de débito y unos lentes negros hacia el banco más cercano para poder pagar la factura.
En el camino vio un nuevo puesto de smoothies y el calor provoco lo inevitable: Compro uno de su sabor favorito.
Entro a la cabina aislada con aire acondicionado y ronroneo de felicidad. Subía sus anteojos hacia la coronilla, creando una suerte de cintillo con sus lentes y busco su tarjeta poco usada en el bolsillo trasero de su pantalón. La encontró y la maquina trago el rectángulo negro con facilidad.
Tecleo su contraseña y el monto a sacar – lo suficiente para preparar una cena para Alice y su panza con vida propia y los demás comensales y para pagar la cuenta de Charlie – y los dólares se esparcieron por la boquilla inferior de la máquina sin problema.
Retiro el comprobante y la tarjeta, guardando todo en los bolsillos delanteros de sus jeans, no sin antes echar un vistazo al dinero de su cuenta bancaria.
Dejo de chupar por la bombilla acercando el papel a sus ojos.
- Santa mierda – Exclamo.
.
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Edward ya no podía estar en su pieza.
Sus medallas de atleta en sus años dorados, sus fotos con los recuerdos más importantes de su vida y los momentos vividos en esas cuatros paredes le carcomían el alma.
Esme se había ocupado de todo para la rehabilitación de su hijo. Agrandó la puerta de su antiguo cuarto para que cupiera la silla de ruedas, instalo un ascensor para que su hijo pudiese subir a su habitación sin problemas y equipó un cuarto especial para convertirlo en gimnasio con todas las máquinas de ejercicio que los terapeutas recomendaron a la madre.
Por eso, para Edward era muy difícil decirle a su madre que ya no podía vivir allí. Una noche más en aquellas paredes azulinas y moriría de nostalgia. Extrañaba su departamento, extrañaba su casa, y por más que peleara contra ella acerca de la inmobiliaria, Esme no iba a dar su brazo a torcer.
- No puedes vivir solo en ese piso – Le dijo Esme, perdiendo toda paciencia maternal – Ahora eres dependiente y lo tienes que aceptar.
En este punto la pelea siempre terminaba y Edward siempre dejaba el postre de la cena. Con modales glaciales se disculpaba y hacia uso del ascensor hasta llegar su martirio personal, su cuarto.
Sabía que si hacia todos los ejercicios con los terapeutas, su rehabilitación podría ser casi del cien por cierto. Al menos, eso le dijo el médico de turno al momento de darle el alta. Sus facultades físicas no se habían perdido del todo, y lo mental estaba intacto.
Pero lo emocional estaba en juego, y Edward a veces era un niño.
Y un día se le ocurrió una idea.
- ¿Si consigo a alguien para que viva conmigo? – Le preguntó, entonces, en una cena de un jueves cualquiera.
Esme levanto una ceja y se limpió sus carnosos labios con la servilleta tendida en sus muslos.
- ¿Contratar a alguien, dices tú?
- ¿Por qué no?, es una buena idea
- Tiene que ser una persona capacitada – Acoto Carlisle, de un extremo de la mesa – En lo posible, que sea una enfermera…
- ¿Una enfermera? – Gruño Edward - ¿para que quiero una enfermera? Jasper puede hacerme compañía…
- ¿Jasper, cariño? – Gruño Esme –Tu amigo está grabando un disco- Necesitas a alguien que este tiempo completo contigo. Deberá acompañarte a tus seciones, ir al gimnasio, cocinarte y hacer aseo en tu departamento – Rio con sorna – Creo que necesitar varias personas.
- Mis amigos me puedes ayudar…
- Tus amigos hacen bastante por ti – Reprocho Carlisle – Han tomado turnos para no dejarte solo ningún día…
- ¡Lo sé, lo sé! – Elevo su voz – Solo quiero reactivar mi vida, papá - Gruñó, dejando el tenedor encima de su plato – No creo que tengan la idea de que casi a mis treinta años siga viviendo con mis padres, ¿verdad?. ¡Tengo un departamento, por el amor de cristo!
Ambos padres callaron, mirando a su hijo, luego, intercambiando miradas. Totalmente conectados.
Esme tendió su mano para agarrar el puño de su hijo.
- Queremos lo mejor para ti – Suspiro – Si quieres volver a tu casa y recobrar tu independencia esta bien, pero debes tener a alguien que te ayude y sea tu compañero. Y es lo último que voy a decir, no hay discusión para esto, punto.
Edward pensó en haber una batalla.
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- ¡Oh Dios, Laurent! – Gritaba la castaña, moviéndose descontrolada por toda su sala de estar - ¿Estas completamente seguro?
Sintió la puerta abrirse y el cabello puntiagudo de Alice asomarse. Su abdomen estaba abultado, también. Ya no podía pasar desapercibido, aún con esas camisas holgadas hippie Chic que había comprado para ser una mamá top.
Alice la miro preocupada y Bella apunto el teléfono.
- por undécima vez, Bella, los datos están correctos – Suspiro con fastidio – Acordamos que ganarías el sesenta por ciento por cada libro vendido. La cifra que te arrojo el cajero está bien, los ceros a la derecha están bien, no le has robado nada a nadie y no hay ningún error en tu cuenta. Esta mañana Riley deposito la cantidad a tu cuenta y…
- ¿Cuántos libros se han vendido?
- Varias librerías han reservado ejemplares porque los de la primera cosecha se han acabado. Nuestras viejas impresoras están averiándose cada dos días porque nunca habíamos impreso tal cantidad de libros, Bella. Desde que saliste publicada en el New York Times Conspiración ha sido un fenómeno
Hubo un minuto de silencio, hasta que la castaña solo pudo respirar fuertemente.
- Oh por Dios – Dijo al fin.
- Te mantendré comunicada con lo que esté pasando con Conspiración, ahora mismo la editorial está ardiendo por culpa de tus palabras, literalmente – Se escuchó una carcajada – Por mientras, anda pensando en una segunda parte de la historia, chiquilla
- Laurent..
- Adiós hermosa.
Colgó la llamada.
- ¿Y tú, viste la virgen que estas tan pálida? – Pregunto Alice, sentándose al lado suyo con cuidado, su estómago de verdad le incomodaba.
- Algo así – Respondió ella, tendiéndole el comprobante del cajero – Mira
Alice tomo el papel en sus manos y no se percató de nada extraordinario hasta ver las cifra
- ¡Mil dólares! – Grito, pasmada, mirando a Bella - ¡Con esto te compras seis faldas de Gucci de la última colección y te sobra dinero!¿De dónde diablos lo sacaste?
- Los libros – Murmuro, sin poder creérselo – Llame a Laurent y me dijo que…
- ¡Eres reconocida! – La abrazo Alice, teniendo cuidado con su estómago - ¡Eres una autora reconocida por fin!
Después de dar vueltas alrededor del living, prendieron la radio para saltar como dos adolescentes festejando con la última canción pop de moda que había sacado Maddona. En medio de saltos y gritos, Alice abrió los ojos de golpe y corrió hacia el teléfono inalámbrico, tendiéndoselo a Bella.
- ¡Llama a todos, hay que festejar!
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Jasper, Alice, Emmett, Ro, Angela y la inesperada llegada de Jacob a su muy pequeño living room hicieron de una velada prometedora pasara a ser (muy) aterradora.
Edward estaba por llegar y se estaba mordiendo excesivamente el labio inferior, llegando a masticar la carne de él. Jacob, por otro lado, mantenía una conversación demasiado fluida con Angela en un rincón de la sala, compartiendo sonrisas y un par de anécdotas de cada uno. Ambos llevaban un par de cervezas en el cuerpo, así que también las desinhibiciones podrían ser producto del alcohol.
Tocaron la puerta y el labio de Bella no podía estar más rojo. Con sus manos sudadas, camino entre medio del bullicio donde todos habían hechos sordos frente al timbre de la puerta, nadie lo escucho excepto ella. Respiro fuertemente y puso su mano en la manilla de la puerta, temblorosa, e intento poner su mejor sonrisa antes de abrir la puerta.
- ¡Hola! – Saludo, mientras abría la puerta - ¡Edward! – Se mostró emocionada.
Tuvo que mirar hacia arriba, esta vez. Edward estaba con un par de muletas frente a ella, al parecer ya podía caminar más normalmente y no necesitaba de la silla de ruedas. Se alegró de verdad.
- Hola Bella – Saludo este, impregnándose de la felicidad de su amiga. Levanto un brazo donde tenía una bolsa de plástico, donde se podía entrever un par de botellas de vino - ¿Me ayudas, por favor?
La chica se acercó a su brazo y tomo las botellas. Se saludaron con un beso en la mejilla – que duro más de lo socialmente correcto - y lo invitó a pasar.
Y se produjo el miedo que tanto tenía. Un silencio sepulcral se sintió en toda la habitación y el ladrido de Jacob fue fuerte y claro.
- ¿Que hace él aquí?
Un par de segundos de escaneo entre enemigos se presenció en las cuatro paredes. Jacob no recordaba un Edward tan huesudo y demacrado, estaba claro que esas muletas no era parte de su estética y esas bolsas purpuras bajo sus ojos solo comprobaban la teoría de que el viejo estaba enfermo.
En cambio el lucia unos bíceps dignos de una revista playgirl, con una tés tersa y tostada. Su cabello ya no lo llevaba largo como indio hippie, estaba cortado, a ras de la nuca, y resaltaba sus facciones varoniles y sus ojos llenos de vida, negros.
Ojos que miraban al pobre chico en muletas.
- Lo mismo puedo decir yo – Bramo Edward de vuelta.
Estaba claro que por muy muletas que tuviese, el hombre ladraba igual que si estuviera sano.
Jacob se acercó a su presa, pero la mano de su mejor amiga lo detuvo.
- Es mi invitado – Aclaro, en un leve susurro, solo para los tres oyentes – Es una celebración, Jacob. No lo arruines.
Las aletas de sus narinas se dilataron dos veces. A la tercera se dio media vuelta, no sin antes dar una advertencia con la mirada a Edward que el entendió a la perfección. Volvió donde su fiel compañía estaba en la esquina de la habitación, entregándole una Heineken a medio servir.
Los murmullos se sintieron de nuevo y todo volvió a la pseudo normalidad.
- Lo siento por eso – Murmuro Bella, acercándose a él – Jacob es muy sobreprotector.
- Creo que si yo fuese él, haría lo mismo – Contesto.
Ambos se sentaron. Alice se acercó con Jasper para saludarlos y llevarse las botellas de vino blanco y colocarlas en el refrigerador. Rosalie y Emmett saludaron efusivamente a Edward y Bella no pudo mantener una conversación idónea con su invitado hasta avanzada la noche, cuando Emmett quiso ir al baño y Alice se llevó a Rosalie para hablar un asunto de chicas.
- ¿Y cómo van los ejercicios, Doctor House? – Rio Bella, llevando una copa de vino a sus labios.
Edward gruño - ¿Todavía me llaman así?
Ella apunto las muletas a su costado – Tienes las mismas que él – Sonrió.
El hombre puso los ojos en blanco – El me copio a mí.
Ambos rieron.
- Parece que te están haciendo bien los ejercicios
- Son horribles, ahora por fin entiendo a mis pacientes cuando les daba cita con los traumatólogos y kinesiólogos – Rio con tristeza, dando un sorbo a su cerveza – Hago apenas la mitad de lo que realmente debería hacer, con el tiempo hare más…
- Claro – Asintió ella – Como doctor eres muy bueno pero como paciente dejas mucho que desear – Bromeo.
- Gracias – Elevo su cerveza – Salud por eso
Chocaron los cristales y rieron y conversaron un poco más. Alice se acercó para hablar con Edward y Bella aprovecho de conversar con sus demás amigos. De verdad quería estar toda la noche junto a él, el sentimiento era inevitable, muy bien lo sabía, pero se vería demasiado desesperado si estaba con él toda la noche y no se hacía cargo de sus invitados.
Su escusa era no ser mala anfitriona.
Pero el sentimiento era compartido. Él no pudo evitar seguirla con la mirada y analizar cada uno de sus gestos. Su ceño fruncido cuando Emmett la trataba de Ballena sucia, como se acomodaba ese mecho corto que se abalanzaba entre sus ojos y guardaba detrás de su oreja y el hermoso sonido de su risa. Lo hacía recordar momentos felices.
- Deja de mirar a tu presa, casanova – Comento Alice, tapando su boca con su vaso de agua.
Edward giro su cabeza. Jasper y Alice lo miraban divertido.
- ¿Qué? – Pregunto este.
- Tenemos un plan – Anuncio ella, con una sonrisa pintada en el rostro – Un plan para que te quedes con Bella
- Sabemos que los dos se gustan – Asintió Jasper – Y ya sabes lo que dicen, donde hubo incendio, queda la cagada.
Edward levanto una ceja - ¿No era donde hubo fuego cenizas quedan?
Alice y Jasper rieron. El acomodo su mano encima de la rodilla expuesta de ella y se miraron cariñosamente. Edward quería tener una relación así, fácil, como la de ellos.
- Si, el problema de ustedes, tortolos, es que tuvieron un incendio, no una llama de fuego – Explico él.
Edward negó con la cabeza, divertido.
- Les agradezco el gesto que tiene hacia mi… hacia nuestra inexistente relación, pero sus planes son demasiado utópicos para mi gusto y la respuesta es no.
- ¡Ni siquiera has escuchado nuestro plan! – Se quejó Alice.
- ¡Oh!, pues estoy seguro que necesita de rosas, alguna sortija y un grupo de mariachis… o algo por el estilo.
Alice y Jasper se miraron rápidamente.
- No habíamos pensado en el grupo de mariachi – Le dijo Alice a Jasper, quien asintió.
- Eddie tiene muy buenas ideas – Le respondió.
Alice dio un par de palmaditas a la rodilla de Edward – Deberías pensarlo, Edward, con nosotros vas a tener a Bella no como tu simple novia, si no como una madre y esposa en potencia – Le guiñó un ojo – Piénsalo, House.
Ambos se levantaron, hablando sandeces de mariachi. Bella se cruzó en su camino y levanto una ceja hacia Edward. El hiso círculos con su dedo índice alrededor de su oreja modulando están locos con los labios.
- ¿Mariachis? – Pregunto ella, desplomándose en el sillón. Hace dos horas que estaba parada conversando aquí y allá con sus invitados, y varios le pasaron cervezas y vasos con primavera - ¿Para que Alice quiere mariachis?
- Ya sabes, al parecer su hijo lo quieren bautizar en México y ponerle un nombre medio mexicano como… Cirilo, Federico o Guillermo
- ¿Cirilo, Federico o Guillermo?¿Cuantos hijos va a tener? – Rio ella, mientras Edward se unia a su risa.
- ¡Atención, todo el mundo!
Alice estaba martillando suavemente una copa de champaña con un cuchillo de su cocina. Todo el mundo dejo de conversar y empezó a ver a la pequeña mujer embarazada meter bulla. Cuando capto al atención de todos los invitados, dejo de meter ruido.
- Ahora que tengo su atención, quisiera proponer un brindis – Elevo su copa. Todos se unieron al propósito – Por nuestra gran amiga Bella quien por fin, después de mucho sacrifico, logro llegar a las ligas mayores del mundo literario – Elevo más su copa, mirando fijamente a la castaña sentada en el sofá – Siempre supe que llegarías lejos, Bella. Los que estamos en esta habitación sabemos como te quemaste las pestañas escribiendo asombrosas historia para que todo el mundo las disfrutara….
- No sabes lo orgullosa que nos sentimos por ti – Interrumpió Rosalie, tomando la palabra – Eres un ejemplo de mujer que muchas de nosotras desearíamos ser. Eres fuerte y muy inteligente y creo que hablo por todos cuando digo que cada día nos sorprender con tu humildad y tu como persona íntegra.
- Te mereces todo lo que te está pasando, mi pequeña ballenita dirty– Exclamo Emmett, enrollando su brazo en la espalda de Rosalie – Eres una muy buena persona y a pesar de todo lo malo que te ha pasado, tu constacia te ha llevado al lugar donde estas parada ahora.
Bella comenzó a derramar lágrimas justo antes que Alice dijiera la última palabra de su discurso.
- Te amamos – Comento Angela, con una sonrisa – Nuestras vidas están muy unidas gracias a ti.
- Gracias por pertenecer a nuestra vida, Bells – Animo Jasper – Nada sería igual entre nosotros si no te conociéramos
- Sabes que este es solo el comienzo, cosas más grandes vendrán por ti y tu ya estarás lista para enfrentarlas por que todos te estaremos apoyando siempre – Dijo Jacob – Nunca te dejare sola – Prometió.
Todos se dieron vuelta a mirar a Edward. Más este solo estaba concentrado en las lágrimas que bajaban tiernamente por sus mejillas sonrosadas de la emoción y el alcohol. Con ternura deshizo un par y ella rio por lo bajito como niña pequeña, se estremeció ante su toque.
- Nunca me voy arrepentir del día que te vi en la cafetería – Le dijo, limpiando aún sus lágrimas – Sabias que eras especial pero no sabía cuan especial llegarías a ser – Bella derramaba más y más lágrimas y Edward tuvo que tomar su rostro con sus dos manos. El ambiente se había tornado más íntimo – Espero que algún día puedas perdonarme por lo tonto que fui ese año y no sabes cómo me alegra poder tenerte de nuevo a mi lado aunque sea como amiga…
Iba a continuar, pero el gruñido de la sala expresado por Emmett y la cara de Alice para que dejara de decir esas palabras – porque o si no Bella iba a morir disecada – le dijeron que parase, y solo pudo subir su copa y proclamar salud.
Su débil cuerpo fue abrasado por la castaña que tiritaba de emoción en sus brazos. El correspondió, anhelando ese toque desde que la vio en la oficina de su universidad caducando su matrícula. Sintió los ojos de Jacob en su nuca pero no le importo, y siguió abrazando a la castaña, que de apoco, se iba calmando.
Sus lágrimas – y parte de su olor – quedo impregnado en la hombrera de su chaqueta. Pero no le importo. Cuando supo que dejo de llorar, se distancio solo un poco, si se acercaba un par de centímetros podría tocar la nariz de Edward con la suya, y se restregó los ojos limpiando lo que quedaba de lágrimas.
- Gracias – Dijo, con un sonrojo en sus mejillas – Es el… salud más bonito que alguien me ha dedicado – Sonrió.
Edward sonrió, complacido. Quizás, después de todo, todavía tendría una oportunidad.
- Te… quería pedir un favor – Murmuro muy rápido. Tan rápido que las palabras se escaparon de su boca.
Bella lo miro con la pregunta escrita en su cara. Cuando vio que el hombre no decía nada, se atrevió a preguntar.
- ¿Qué cosa?
- Nada, de verdad, es una tontería – Sonrió de lado, sin mostrarse contento – No te preocupes.
- Dímelo – Exigió ella, de pronto molesta.
Decir una verdad a medias no era tan malo, ¿verdad?
- Quiero… mudarme de nuevo a mi departamento… necesito que alguien me ayude – Comenzó, jugando incómodamente con el botellín de cerveza en sus manos – Le pediría ayuda a Jasper y Emmett, pero están muy ocupados con el trabajo…
- Sabes que te puedo ayudar, ¿no?. Digo… no estoy haciendo mucho ahora, la gira promocional de mi libro ya paso y la editorial me dio un par de semanas libres antes del momento de comenzar de nuevo a escribir…
- ¿Entonces?
Bella suspiro, un poco nerviosa.
- Te echaré una mano, por supuesto – Asintió ella. Sintiendo un calor interior recorrerle el cuerpo desde la medula a la punta de sus dedos.
Hablaron un momento más a solas hasta que Rosalie, Angela y Jasper se sentaron al frente de ellos hablando de todo un poco. La conversación era bien escueta entre Angela y Edward, pero al menos no estaba reacia a participar con él en una conversación desinteresada.
Los ánimos fueron subiendo – a medida que el alcohol se alojaba en sus cuerpos, y el momento culmine de la noche fue cuando Emmett apareció con una alfombra de Twister que había dejado en el asiento trasero del auto.
- Le dije que no lo trajera – Gruño Rosalie, colocando los ojos al aire.
Más Emmett no hizo caso. Con ayuda de Jacob - a quien obligo prestar su ayuda – corrieron la mesa de centro de su pequeño living y estiraron la alfombre sobre el piso de cerámica. De repente Emmett, Angela y Alice estaban disputando la primera ronda de juego.
En medio del ajetreo de risas y gritos, Edward se levantó por un poco de agua a la pequeña cocina. Sentía la garganta demasiado seca, y sabía que no debería estar tomando alcohol por orden del doctor, pero necesitaba con urgencia un botellín de cerveza para calmar sus nervios.
Estaba buscando un vaso limpio cuando sintió la puerta cerrarse. En el umbral estaba Jacob, con una cara de pocos amigos. Nadie advirtió la disputa de miradas en la cocina, con la puerta cerrada se podía escuchar 'Nalga derecha azul' de Emmett, haciendo a todos reir.
- Tenemos que hablar – Dijo Jacob, con voz cargada.
Edward saco el vaso como si estuviera solo en la cocina.
- No creo que tenga que hablar nada contigo
Jacob dio dos pasos hacia adelante.
- No te eche a patadas a la calle por ella –Aclaro – Y sinceramente, no sé qué haces aquí, ni por qué te invito. Solo sus amigos más cercanos deberían celebrar su mérito.
- Tú no eres quien para decirle con quien juntarse y quien no – Hizo una pequeña pausa, llegando al lavabo – ella no es tuya.
- No, pero lo será – Afirmo, acercándose lo suficiente a él – Y un inválido como tú jamás podrá darle todo lo que yo puedo ofrecer – Rio con ganas – Ya perdiste tu oportunidad, y no lo repetiré otra vez. Para la próxima no seré tan condescendiente como esta vez, y no importa si ella ve como arranco cada uno de tus dientes, no dejare que te acerques a ella nunca más.
Edward lleno su vaso y con toda la tranquilidad del mundo – haciendo uso de todo su autocontrol emocional por el apelativo invalido – Se giró a él con el vaso vacío.
- Has lo que quieras. No me vas alejar de ella.
PELEA DE TITANES. RING RING RING.
Lamento al tardanza del día, pero la verdad es que… ayer estuvo de cumpleaños mi hermana… y después del trabajo me fui con ella a celebrar… llegue tarde y un poco pasada de copas y no alcance actualizar… ¡PERO HE AQUÍ EL CAPITULO!
Si seguimos así, creo que en unos tres capítulos más se acaba la historia. Tin ni ni. Lamento no responder sus rr hoy, creo que lo hare en el próximo capitulo, si esque tengo tiempo…. De verdad cansa trabajar cuando estas de vacaciones.
La canción es Love Love Love de Of Monsters And Men. Hermosa, me da pena y creo que la canción en si no tiene nada que ver con el capitulo excepto esa parte precisa que coloque al principio.
Gracias por sus rr, sus alertas, favoritos, followers y aaaaaaaaaaaaaay, que me hacen feliz. ¡Muy feliz!
Nos vemos el lunes! – Eso espero!
