Capítulo 21: Una pequeña sorpresa.

Habían pasado dos meses desde la partida de Ginny. Por Molly sabía que ella era la estrella en el equipo de Quidditch, y que emocionalmente ella estaba de maravilla. Se preguntó si Molly sabía cómo él había tratado a su hija... Ginny jamás le comentaría la conducta tan "enfermiza" que él había tenido. A demás Molly se mostraba muy cariñosa con él. Harry había pasado 31 días sobrio y la otra mitad en un bar bebiendo enloquecido, la idea de haber roto él el compromiso más placentero de su vida, le hacía perder la razón. Él mismo día que ella se fue, recogió todas sus pertenencias del departamento y volvió al antiguo, donde vivía "Solo", no iba a ser capaz de vivir en un lugar donde había tantos recuerdos de Ginny, tanta intimidad, tantas risas, tanta felicidad, a pesar de haber estado ahí una noche, era la noche en que le había pedido matrimonio y ella aceptara.

Buscaba en otras mujeres algo mínimo de Ginny, y no encontraba la dulzura, ternura, simpleza, sensualidad, candidez, la frescura de sus labios... nada. Solo había dolor por esas horribles palabras que él aún no se perdonaba, pero cuánto quería que ella lo hiciera. Estaba con otra mujer, intentaba encontrar alguna señal que le indicara que en ella podía olvidar a Ginny y hasta ahora, sin éxito. La primera ves que ella se fue, había sufrido mucho... pero ahora era peor, porque el tiempo que había durado su amor era eterno para él, y por el camino había descubierto un maravilloso encuentro con ese cuerpo cargado de pasión que ningún otro le había proporcionado.

Cada noche recordaba su sonrisa, sus locuras, su mirada, sus besos, sus caricias... su cuerpo, sin importar que al lado del suyo descansara otro, después de haber tenido sexo. Cada noche la esperaba, pensando que ella lo perdonaba... ella lo estaba volviendo loco. Cada noche buscaba su mirada intentando olvidarla, pero él era el único culpable de su suerte y que su sufrimiento no la haría volver

- Amor, cuanto lo siento. – Suspiró profundamente. Debía resignarse al adiós de Ginny, pero no se lo permitía para no manchar su recuerdo. A pesar de haber besado otros labios después de ella, no lograba olvidar su dulce sabor, trataba de darse ánimos diciendo que iba a volver a besar esos labios, que iba a tocar ese cuerpo sabroso, aunque sabía que eso ya era imposible. ¿Estaría con otro tipo? La verdad es que no quería pensar en eso porque la sola idea lo asqueaba y lo enloquecía de celos.

- Necesito las planillas para saber a qué sector... ¿Harry?

- Ron, lo siento. – Estaba en el despacho, y estaba sumido en sus pensamientos que no escuchó entrar a Ron. - ¿Qué me decías?

- Necesito las planillas para saber el sector exacto de la construcción en Notthin Hill, Harry.

- Claro. – Él se levantó y buscó en el estante que estaba a sus espaldas una carpeta roja de allí sacó una especie de cartolas y sacó unas hojas amarillas, se las pasó a Ron. - ¿Eso es todo? – Preguntó distraído al tiempo en que se sentaba. Ron le miró los ojos.

- ¿Tienes problemas con Katty? –

- No, estamos bien.

- Creo que eso es lo que piensa ella, pero tú... si no te conociera te creería.

- Estoy bien. – Repitió, cansado. Hace ya un tiempo que repetía esa frase que cuando decía eso hasta él mismo se lo creía, pero su estado de ánimos estaba por el suelo.

- Vienen los proveedores del Mall de España, los mismos tipos que quedaron encantados con la construcción de Barcelona y ahora quieren otro en Madrid, solicitaron un par de reuniones para llegar a los últimos acuerdos.

- Genial, ¿Te puedes hacer cargo tú?

- De hecho quieren tratar los detalles contigo.

- Estupendo. – Dijo, con fingida alegría.

- Entonces, ¿Te harás cargo?

- Supongo.

- ¿Estás bien? – Ron estaba preocupado observando cómo su amigo jugaba sin ánimos con el lápiz en las manos.

- Claro.

- Fuiste a comer algo, ¿Verdad?

- No. Me olvidé de ir.

- Harry, debes comer algo...

- Sí, más tarde... – Ron sabía a qué se debía ese "Humor" Se exasperó.

- Has el favor de poner tu mente aquí y no en otros asuntos.

- Sí, claro, tienes razón. Hermione, ¿Está bien?

- Sí, y todos los días te envía saludos.

- ¿Rose?

- Perfecto, Harry ya no quiero que te apartes de mi familia por un fracaso de tu vida, supéralo. Hace un mes que no ves a Hermione y a tu ahijada, ¡A nadie! Salvo a mi madre y solo es para preguntarle por mi hermana.

- Ron...

- No, mírate, debes dar vuelta la hoja con respecto a mi hermana. Estás con otra mujer, respétala y no vivas con el recuerdo que te trae Ginny, no defraudes a las personas que te quieren de verdad. – Los ojos de Harry brillaron unas lágrimas. Miró a Ron con decisión.

- No lo haré, te prometo hermano, ya basta de Ginny. Ella no ha dejado rastro para seguirla y aunque la sigo amando no postergaré mi vida por ella, ya no preguntaré por ella... Sé que fui el culpable...

- ¡Así se dice! Es mi hermana, pero has sufrido bastante ¿no? Hace una semana casi te matan a golpes en un bar por ella, es decir que fuiste a un bar a olvidarte de ella ¿no? Incluso... – el teléfono móvil de Ron comenzó a sonar y él atendió. - ¿Bueno?

- ¿Ron? ¡Hola! – Preguntaban desde el otro lado del teléfono.

- ¿Ginny? – Preguntó Ron incrédulo. El corazón de Harry comenzó a latir violentamente y miró directamente el teléfono de Ron como si esperara ver la sonrisa de Ginny. Evidentemente Merlín no lo quería, acababa de decir en voz alta olvidar todo y ella aparece de la nada.

- Sí, hermano, ¿Cómo estás?

- Bien, pero con pocas noticias de mi jugadora favorita, salvo en las revistas de corazón de bruja donde eres el blanco de los reporteros. – Ginny reía.

- Fastidioso, ¿Cómo están los viejos?

- Perfectos. ¿Sigues con Phillipe?

- Estamos viviendo juntos.

- ¡Vaya! Un avance en la relación, envíales saludos.

- Vale, se los daré. ¿Estás en el despacho?

- Sí, ¿Por qué?

- No... Por nada. – Titubeó. - ¿Cómo está Harry?

- ¿Harry? – Preguntó. El aludido miró nervioso a Ron, haciendo señas negándose a hablar porque Ron le tendía el teléfono. – Ese idiota está bien, te envía saludos. – Harry le lanzó una mirada asesina.

- ¿Está contigo? – Preguntó ella nerviosa, adaptando casi la misma actitud de Harry. Ron blanqueó los ojos.

- No, pero imagino que te enviaría saludos. – Ginny rió.

- Seguro está con la de turno. – Ron también rió.

- ¿Celosa? – Al decir eso Ron Harry frunció el ceño.

- No, él es un asunto superado.

- Ya. – Ron no le creyó.

- Entonces, ¿Todo bien? – Preguntó, enfadada.

- Claro que sí hermana.

- Cuídate mucho y cuida de tus mujeres.

- Siempre lo hago, y tú también eres una de ellas, cuídate... nada que una buena poción anticonceptiva no cure. – Le advirtió.

- ¡Ron! – Podía imaginar el rostro rojo de su hermana. Harry estaba nervioso, casi se ahoga con su propia saliva cuando escucho aquel método de protección.

- Te quiero, hermanita. – Sonrió.

- Yo también.

- Te debo dejar, el trabajo apremia. – Ginny Rió.

- Claro, nos veremos pronto. Adiós.

- Así espero, Adiós. – Colgó y miró a su amigo.

- Está saliendo con otro tipo, ¿Verdad?

- Sí, están viviendo juntos. Es Phillipe. – Harry se dejó caer en la silla detrás del escritorio.

- ¡Cómo pretendes que la olvide cuando me pasas el bendito teléfono para hablar con ella! – Rugió.

- Debiste ver tu rostro cuando la nombré.

- ¿Por qué me dijiste que diera vuelta la hoja?

- Quería saber qué tan rápido decías olvidar a mi hermana. – Dijo Ron en un tono de decepción.

- No sabes cómo es convivir con el hecho de haberle dicho tantas estupideces a tu hermana, de hacerle un daño innecesario ¿Sabes cuál es la puta tortura?

- ¿Tortura?

- ¡Sí! Porque no se compara a un hechizo Cruciatus, es peor, es recordar cada día y noche el rostro de tu hermana llorando y preguntando: "¿Por qué me dices todo esto, Harry?" Mientras yo la trataba injustamente ¡Esa es la puta tortura! – Dijo al borde de la locura. Ron lo miraba con una mezcla de lástima y tristeza.

- Estás loco...

- Gracias por el apoyo moral, Ronald.

- Me refiero a que estás loco si piensas que no me doy cuenta que estás sufriendo y si te soy sincero es lo que te mereces por tratar a mi hermana así, pero siento tanta lástima por ti que aquí estoy, dándote ánimos para recuperar a esa pelirroja, creo que son los encantos Weasley. – Bromeó.

- ¿Cómo la voy a recuperar si está prácticamente casada con ese francés?

- Al menos la psicología inversa funcionó.

- ¿Psicología inversa?

- Harry Potter, te conozco. No puedes perder una batalla, no perdiste con Voldemort, no perdiste durante 6 años con Snape en Hogwarts ¡No te puede ganar esto!

- Preferiría a Voldemort. – Dijo sin ánimos, su alma había terminado de destrozarse al saber que ella vivía con otra persona, tenía un nudo horrible en la garganta... como extrañaba lo que tenía con esa pelirroja que le levantaba el alma.

- La perdiste dos veces, no la pierdas una tercera ves...

- Ron, está con otra persona... apostaría la vida que se escuchaba feliz. – Suspiró "Y te morirías, idiota" Pensó Ron.

- Llámala.

- Soy mago, de verdad, pero no conozco el hechizo para hacer aparecer su número... – Cayó en la cuenta, y por primera ves en mucho tiempo sonrió de corazón -

- ... Que por casualidad ella acaba de llamar y su número ha quedado registrado en mi móvil. – Finalizó Ron. Sacó su móvil y buscó el último número que lo había llamado. Anotó el número en una hoja y luego se la entregó a Harry y lo miró. – Llámala y reconquístala.

/

Después de escuchar la voz de su hermano, se sentó en la cama y lloró, se sentía estúpida al haber pensado que él por alguna razón le hablaría, era irónico pensar que él le enviaba saludos, como le había dicho Ron. Se secó las lágrimas y decidida llamó a Hermione.

- Hola. – Contestaba Hermione, algo distraída.

- Hermione hola.

- ¡Ginny! Querida ¿cómo estás?

- Bien, muy bien. – Fingió.

- Si tú estás bien, yo soy Madona.

- No por favor no lo estropees. – Ambas rieron. - ¿estás ocupada?

- No, acabo de llegar de San Mungo.

- Necesito que nos juntemos.

- ¿Ahora? – Preguntó perpleja.

- Sí, Ron está en el despacho, ¿Estás con Rose?

- Sí, acabo de recogerla. ¿Vienes para acá? – Aún estaba algo confundida por la urgente necesidad de Ginny en hablar con ella.

- Sí, pero nadie debe saber que me verás, Hermione.

- Tus padres estarían felices de verte...

- No estoy lista...

- Está bien, entiendo.

- Gracias, voy para allá. – Colgaron. Ginny tomó su bolso y en el metió un objeto Muggle que la sacaría de las dudas. Apareció en la casa de su cuñada y hermano.

- Ginny... – Su cuñada la miró detenidamente. Ginny vestía un traje verde opaco, unos pantalones formales que se le veían perfectos, una blusa blanca sencilla, y una chaquetilla tipo bléiser con aire inocente y sensual, con un discreto escote. Unos zapatos negros de tacón, el cabello atado a una coleta elegante. A pesar de verla hace dos meses, ella era otra mujer, era una mujer intimidante, parecía con ideas claras. Fuerte. – Estás hermosa, cariño. – Sonrió.

- Hermione, estoy destrozada. – Abrazó a su cuñada, y lloró desesperadamente. "Bien, las apariencias engañan" fue lo primero que pensó Hermione. – Eres la única a quien podía acudir.

- Tranquila, cielo, relájate. – Ginny la soltó, ambas se sentaron en un cómodo sofá. - ¿qué es lo que sucede que hizo que vinieras hasta acá?

- Hermione, tengo un grave problema.

- Soy todas oídos.

- Tengo un retraso de un mes. – Hermione se sorprendió. Eso quizás ya no fuese un retraso, sino un posible y completamente seguro embarazo, pensó Hermione.

- ¿Phillipe? – Ginny volvió al ataque con el llanto. – Tranquila, ¿Se separaron?... – Ella lloraba a mares. – Tu madre me dijo que viven juntos.

- Sí, vivimos juntos, pero Hermione, lo que me sucede no tiene ni una sola relación con Phillipe...

- ¿Harry? – Preguntó alarmada. Ginny asintió.

- Phillipe es gay.

- ¿Qué?

- Sí, olvídate de que pude tener sexo con él, ¡Es casi mi hermano! Phillipe es gay... con el único hombre que he estado es con ese idiota de tu "Hermano"... Al principio no me preocupé porque a veces suele sucederme, pero cuando comencé con mareos, desmayos y ¡Merlín tantos mareos! Supe que algo iba mal, y todo empeoraba que mi periodo no llegara... estoy aterrada.

- El mes pasado no llegó, ¿Ahora estás a cuentas?

- Hace 7 días debía ser normal ¡Pero mi periodo no llegó! – Hermione la miró nerviosa.

- ¿Qué harás si estás embarazada?

- Primero quiero saber si estoy embarazada.

- Está bien. – Ginny sacó de su bolso una prueba de embarazo Muggle.

- Aquí dice...

- ¡Merlín! Si no supieras que eres una estupenda bruja creería que eres una Muggle de las peores.

- Estaba bloqueada. – Se excusó, Hermione sonrió y la miró con ternura.

- Sé de un hechizo, el cual utilicé para saber si venía en camino Rose, por lo cual es muy confiable.

- Hermione si estoy embarazada...

- Ron y yo te apoyaremos en todo.

- Gracias. – Ambas se sonrieron.

- Bien, debes pararte, el hechizo hará que de mi varita salga un humo blanco, si este humo blanco resplandece, eso, Ginny, quiere decir que estás embarazada.

- Bien. – Asintió nerviosa. Se levantó y miró a Hermione que también se levantaba y tomaba su varita, Miró a Ginny y ésta asintió decidida.

- ¡Nacerem Instantum! - Exclamó. Un humo blanco adoptando la forma de un ula- ula rodeó a Ginny y dentro de unos segundos, resplandeció. Estaba embarazada. Ginny se cubrió el rostro con las manos y lloró desesperada. El humo como un imán al metal volvió a la varita. - ¡Nacerem Tempus! - Un dos plateado se dibujó en el aire, cerca del vientre de Ginny. Estaba embarazada de dos meses, era irónico pensar que su hijo fue concebido la noche que Harry le había pedido matrimonio. El número desapareció.

- ¿Qué voy a hacer? – Se preguntó más para sí misma que para Hermione.

- Ginny tener un hijo es una bendición...

- Cuando estás con la otra persona y confías en que estará contigo en todo momento, y no cuando estás aterrada con la perspectiva de ser madre y padre para tu hijo, Hermione.

- ¿Qué dices? Tu hijo fue concebido por amor, ¡Vendrá a recibir amor!

- ¡No cuando el padre de tu hijo te trató como una puta!

- Ginny, estoy segura que él está arrepentido...

- ¡No lo justifiques! – Ginny estaba fuera de sí, intentando que todo el mundo odiara a Harry, tal cual como ella intentaba hacerlo. – No quiero ver a ese hombre, no merece saber que será padre... seguro dudará que el hijo es de otro. – Añadió triste, desolada. No sabía que iba a hacer con un niño, si ella misma no sabía qué hacer con su vida.

- ¿No le dirás a Harry que será papá? – Preguntó incrédula Hermione.

- ¡No se lo merece!

- No puedes ser egoísta, él si merece saber que va a tener un hijo con la mujer que ama.

- ¡Merlín Hermione! – Rió sarcástica. – Ese hombre dejó de amarme en el preciso instante que me llamó puta...

- Pues te equivocas, te sigue amando como un maldito idiota.

- ¿Lo justificas? – Preguntó dolida.

- No, claro que no justifico el trato que te dio, pero él debe saber que tú estás embarazada, él tiene ese derecho, Ginny, ahora tendrás mucho tiempo para hablar con él...

- ¿De qué hablas? Yo vuelvo ahora a Holanda.

- No debes, estás de dos meses lo que conlleva aparecer o desaparecer le puede traer consecuencias al bebe, lo siento mucho. Si quieres volver será por vía Muggle. Lo que no te aconsejo, de una ves ponle cara a Harry, Ginny demuéstrale a todo el mundo que eres capaz de estar frente a él sin tener el más mínimo interés en él, procura ser la mujer que siempre has sido y hazle saber de lo que se pierde por estúpido, ya no te escondas más. Siempre estará tu familia y estaré yo. - Sonrió. Hermione estaba dolida con Harry, jamás imaginó que él fuese capaz de decir semejantes idioteces a la mujer que amaba. También era consiente que él estaba arrepentido, pero eso no era motivo de justificar tan deplorable actitud con Ginny. Hermione tenía razón, ya era hora de enfrentar a Harry, ella no tenía por qué seguir huyendo de sus sentimientos ni mucho menos del futuro padre de su hijo, le molestara a quien le molestara ella estaba decidida a instalarse nuevamente en Inglaterra.

- Tienes razón, Hermione. Él cometió el error yo no tengo motivos de ocultarle el rostro. Y ¡Me instalo aquí! – Dijo resuelta. Hermione sonrió y la abrazó

- Solamente debes hablar con Phillipe para que envíe tus pertenencias. Y que adiós Quidditch, en tu estado no es saludable.

- Está bien. – Aceptó a regañadientes. Lo último se le hacía cuesta arriba, no quería dejar lo que en ese momento era su mayor fuente de consuelo. – Hermione, no me pidas que diga aún que estoy embarazada.

- Puedes confiar que seré una tumba, pero debes decirlo. – Ginny asintió. – Me parece que él, debe enterarse luego.

- Él se enterará cuando yo esté lista para decírselo a mi familia.

- ¿Será el último en enterarse que será padre? – Ginny la miró dubitativa.

- Debería, pero creo que será el primero... segundo o tercero, contando con que a Phillipe debo explicarle porque me alejo del Quidditch – Ambas sonrieron. – Hablaré con Phillipe y le pediré que aparezca aquí con mis cosas, ¿Puede Hermione aparecer aquí?

- Claro que sí. Te dejo un momento, voy a ver a Rose. –

- Claro, si está despierta por favor tráela, quiero ver a mi sobrina. – Sonrieron, mientras Hermione iba a ver a Rose, Ginny telefoneó a Phillipe y él en dos horas estuvo con todas las pertenencias de Ginny en el salón de la casa de los Weasley. Incluso aquel Volvo rojo deslumbrante. Phillipe transformó en miniatura el auto para aparecer en la casa, fuera en el jardín murmuró "Engorgio" con el cuidado necesario para no ser vistos. Después de las insistencias de Hermione, todos subieron al auto y fueron rumbo a la madriguera, Phillipe le dirigía miradas de soslayo desde el asiento del copiloto. Hermione y Rose iban en los asientos traseros. ¿Cómo mierda le diría a Harry que serían padres? Si ella misma no asimilaba la noticia de ser mamá... sonrió. ¿A quién iba a engañar? La noticia le parecía aterradora, pero increíblemente estimulante era la idea de tener algo de Harry creciendo dentro de ella. Sin darse cuenta sacó una mano del volante y acarició su vientre plano aún. Sonrió emocionada. Esperaba que su hijo pudiera hacer borrar esas palabras que aún le partían el alma, esperaba que su hijo sanara esas palabras. Suspiró.

Su madre había mencionado que Harry visitaba la madriguera solo para saber de ella. Esperaba no verlo durante un tiempo más, no sabía si se lanzaría sobre él, si le pegase una tremenda cachetada o le mandaría un hechizo mocomurciélago, "bien merecido se lo tiene", pensó molesta. Pero estaba aterrada con la incertidumbre de volver a verlo. Se preguntó qué haría ahora, debía pensar en trabajar en algo, debía hacer algo para mantener a su hijo, porque de algo estaba completamente segura, no pediría la limosna de Harry para el cuidado de su hijo. Y aunque tenía una situación económica estupenda y todo era gracias al Quidditch... como extrañaría ese deporte, siempre conseguía levantarle el ánimo. Pero debía hacer algo y trabajar era la mejor solución para no tener tanto tiempo libre y dedicarlo a pensar en el idiota que sería el padre de su hijo... como amaba a ese idiota, como extrañaba sus labios, esa mirada que siempre le dedicaba a ella y esa sonrisa que era solo para ella, y ese bendito cuerpo que siempre lograba llevarla al cielo y volverla a la tierra con solo una caricia más. Como necesitaba oír de esos labios un "Te amo y estamos juntos en esto" suspiró profundamente.

- Llegamos. – Susurró nerviosa.

- Tranquila, solo son tus padres. – La calmó Phillipe, quién ya sabía la noticia del embarazo de su amiga.

- Estamos contigo, cielo. – Susurró Hermione y su sobrina emitió algunos sonidos. – Bien, Rose también te demuestra su apoyo. – Ginny y Hermione rieron y Phillipe miró a la niña sonriendo, mientras Rose hacía una parodia de aplausos. Bajaron del auto y se encaminaron hacia la casa, Ginny divisó a su padre, sonrió, y se acercó a él, que también se fijó en ella.

- ¡Hija! – Se acercó a ella y la abrazó fuertemente. Ginny recibió ese abrazo que tanto necesitaba. – Estás hermosa, estás convertida en una hermosa mujer, hija. –

- Te extrañé tanto, papá. – No pudo evitar derramar unas lágrimas. Arthur sonriendo le secó el rostro. Luego saludó a Hermione, le estrechó la mano a Phillipe, y cargó a Rose, feliz. Cuando entraban en la sala, Ginny se encontró con una vieja amiga y compañera en Holanda.

- ¿Katty?... ¡Hola! – Sonrió y abrazó a su amiga quien le sonreía abiertamente. Katty era más alta que Ginny, el cabello era negro y brillante y su piel era tan blanca como la leche. Sus ojos eran hermosos, eran azules y almendrados, su figura era la de una modelo. Era envidiablemente hermosa.

- ¡Ginny! Que gusto me da verte. ¡Estás preciosa! – Decía mientras deshacían el abrazo. Ginny pensó "¿Qué mierda hace Katty aquí?" – Tuve la oportunidad de ver el inicio de temporada, y déjame decir que es comprensible que tengas a toda la prensa de deporte mágico embobados. – Ambas rieron.

- ¿Qué sucedió con la tienda Ollivander? Creí que te quedarías a cargo de ella cuando me fui.

- Sí, pero yo no quedé a cargo, fue un muchacho. Y la verdad es que aquí me ha ido estupendo. – Sonrió con picardía.

- ¿A qué te dedicas ahora?

- Estoy trabajando en un catálogo Muggle, de moda. – Sonrió.

- ¡Vaya! no te puedes quejar...

- Por supuesto... ¿Sigues con ese francés de ensueño? Mira que no me pierdo de comprar corazón de bruja. - Ginny sonrió. Phillipe justo entraba en la sala escuchando el comentario y Katty se ruborizó, sonrió a modo de disculpa a la que Phillipe le correspondió amablemente. – Bien, tu sonrisa me lo dice todo, estoy con mi novio aquí, te lo presentaré sé que harán buenas migas de inmediato...

- ¿Estás de novia con uno de mis hermanos? – Sonrió divertida, ¿Acaso uno de sus hermanos había roto con su novia por su amiga Katty?

- Katty, Molly dice... – No pudo seguir hablando. Su corazón dejaba de latir, sus manos temblaron ligeramente, a pesar de que ella estaba de espaldas a él, reconoció a Ginny. Había dejado de respirar, ella lentamente se giró y lo miró a los ojos. Ahí estaba, condenadamente guapo, sus ojos seguían causando el mismo efecto de siempre en ella, la paralizaba, sentía que sus piernas no resistirían mucho más su peso. Ese traje negro camisa oscura y corbata gris hacía que se viera aún más irresistible, instintivamente se mordió el labio y él la odió por hacer ese gesto que lo trastornaba. Ginny se veía perfecta en ese traje verde opaco y ese escote... ¡Mierda! Era malditamente hermosa, para disgusto de él, le hacía el trabajo más difícil para olvidarla.

- ¡Amor! – Ginny giró hacia Katty, de seguro no le había dicho amor a "su" Harry. – Él es Harry Potter, mi novio, Ginny. – Sonrió. – Sé que se conocen mucho. – "Tanto que estoy embarazada de él" Pensó Ginny impactada por la noticia. Él la miró tratando de disculparse simplemente con la mirada y ella lo entendió pero no era capaz de aceptarlo.

- ¡Hija! – Gritaba Molly, feliz de ver a su hija, Ginny corrió a abrazar a su madre, mitad riendo mitad llorando. Sintió ese cálido abrazo como una gran carga para sus sentidos. – Mi niña, ¡Te hemos extrañado tanto! – Susurró Molly, estrechando a su hija entre sus brazos. Ginny miró a Harry por encima del hombro de su madre con sus ojos anegados en lágrimas, culpándolo de todo, Harry, entendiendo bajó su mirada incapaz de sostenerla. – Estás preciosa, hija. – Molly la miró de pies a cabeza. – Tienes un brillo especial. ¡Resplandeces mujer! - Sonrió.

- Ese es mérito de Phillipe, mamá. – Dijo Ginny, con voz melosa, secándose las lágrimas con el dorso de la mano. Todos rieron y ese argumento para Harry era remover aún más la daga en la herida.

- Resplandeces por ti misma, cariño. – Comentó Phillipe sonriendo.

- Hija, estoy tan feliz por tu visita y Phillipe me alegra mucho verte una ves más, muchas gracias por cuidarnos a la niña.

- Es un placer cuidar de una mujer tan perfecta, Molly. – Sonrió. Harry bufó por lo bajo, faltaba una frase cursi más para romperle la cara a punta de hechizos. Los padres de Ginny, Hermione y Katty sonrieron.

- Voy a preparar tu habitación, Phillipe.

- Oh, no hará falta Molly, no puedo quedarme, al menos no todas las noches. Debo volver a Holanda a jugar. Pero no dejaré de vigilar las hazañas de mi novia, al menor descuido y la hermosura de Ginevra es deslumbrante que no puedo darme el lujo de perderla como un idiota. – Claramente ese era una indirecta para Harry, y éste la entendió.

- Ginny jamás haría algo así, no pareces conocer a tu novia. – Le respondió fríamente Harry.

- No ella, pero el idiota no tardará en darse cuenta de lo que se pierde, y al parecer desde que la vio entendió que fue y será eclipsadamente un idiota. – Harry, Ginny y Hermione entendieron lo que quería decir Phillipe. Harry se dejó caer en un sillón, derrotado. Ginny le lanzó una mirada severa a Phillipe, y luego una nerviosa a Harry. Hermione intercambió una mirada alarmante con Ginny.

- Entonces, hija ¿tú también te irás? – Preguntó Molly, para apaciguar el ambiente que podía cortarse con cuchillo. Harry miró expectante a Ginny, esperando la respuesta.

- La verdad, es que necesito alojamiento y que mejor en la madriguera... ¿Me aceptan en su casa por un tiempo?

- ¡Claro! – Sonrió Arthur, feliz

- Gracias. – Sonrió Ginny.

- Hija, no mal interpretes mis palabras, pero... tienes una temporada maravillosa que te respalda, eres la estrella del equipo, no te enfades, Phillipe...

- Descuida Molly, es la princesa del equipo. – Sonrió.

- Digamos que... – Ginny miró a Hermione en busca de ayuda, pero fue Phillipe el que la sacó del apuro.

- Ginevra tiene una lesión en su brazo izquierdo que fue grave, porque ni con magia se solucionó por suerte la gravedad ya pasó y los sanadores recomiendan reposo...

- ¿Por qué no les dijiste nada de esto a los padres de Ginny? – Preguntó Harry, enfadado. Ginny lo miró con ternura unos segundos, sonrió.

- Phillipe, Harry tiene razón, no nos comentaste nada...

- Porque... – Phillipe iba a comenzar, Pero Ginny interpretando el papel de novia feliz junto a Phillipe y el de odio voraz a Harry lo interrumpió.

- Porque yo le dije ¡Merlín! No fue nada serio y la verdad no es asunto tuyo. – Le espetó, mirándolo directamente a los ojos. Harry sentía el odio de Ginny, si tenía que soportar el odio de ella, prefería morir.

- Entonces tomarás crecehuesos, Ginny...

- ¡No! – Exclamaron Ginny y Hermione, asustando a todos.

- ¿Qué sucede?

- No puedo beber nada, mamá

- Pero...

- La sanadora dijo que solo era reposo que no se le ocurriera beber pociones o medicamentos. – Aseguró Hermione. Molly frunció el ceño.

- ¿Cómo sabes eso, Hermione? – Hermione abrió los ojos, inventando cualquier excusa.

- Ginny me lo dijo cuándo veníamos para acá. – Miró a su cuñada y ésta asintió frenéticamente.

- Esta bien, si la sanadora lo dice... – Hermione y Ginny estuvieron a poco de ser sorprendidas, sonrieron.

- Mamá, prepara esa tarta de fresas que tan bien te queda, por favor. – Sonrió Ginny, como cada ves que quería conseguir algo, Molly asintió sonriendo. Ginny se acercó a su padre y comenzaron a hablar y a mimarse. Harry no le apartaba la mirada, temiendo que en un abrir y cerrar de ojos ella desapareciera. Con solo verla, iluminaba su vida. Aun así ya no quería seguir amándola, le dolía mucho, inevitablemente ella seguía transmitiéndole esa fuerza para seguir, sonrió. Adoraba cuando ella sonreía para conseguir algo. Aunque para él esa sonrisa no era necesaria, Ginny tan solo con pedirlo tendría la luna y las estrellas a sus pies. La constelación completa.

- ¿Vienes del despacho?

- ¿Hum?

- Harry, te estoy hablando. – Harry se giró y vio a Hermione sentada a su lado.

- Lo siento, ¿qué me decías?

- ¿Vienes del despacho?

- Sí – Se giró de nuevo para seguir mirando a Ginny.

- ¿Era necesario que trajeras a tu novia?

- No sabía que Ginny visitaría a sus padres.

- Nadie sabía, toda una sorpresa. ¿Sabes a qué hora llegará Ron?

- De un momento a otro. – De pronto Katty salía de un rebaño y entretenida hablaba con Ginny, mientras reían a carcajadas. Harry miraba la escena horrorizado. - ¿Sabías que se conocen?

- ¿Quiénes? Tu novia con tu ex novia, - ironizó, Harry le lanzó una mirada divertida. – No. No lo sabía. ¿Ella jamás mencionó a Ginny? ¿Nunca sacó conclusiones por el apellido de Ron? Debía saber que eran hermanos.

- No, No ha sacado conclusiones con Ron, él me lo hubiese dicho.

- ¿Cómo es que jamás le mencionó a Ron que conocía a su hermana? ¿Cómo es que jamás te mencionó que conocía a Ginny? ¿Sabe que ustedes dos fueron novios?

- No, no lo sabe. Katty llegó hace un mes y medio de Holanda. No creo que sepa que Ginny y yo... tuvimos algo. – Suspiró profundamente.

- Es extraño.

- No hemos tenido mucho tiempo de hablar, no nos conocemos bien y dudo que sepa que el apellido de Ron sea Weasley.

- Un mes y una semana hace que salen, sabe que Ron es parte de tú núcleo de amistad, y no es bruta para hacer las semejanzas, pelirrojos, pecosos, bien parecidos...

- Hermione, no seas empecinada. Básicamente nosotros hacemos...

- Otras cosas, claro. – Harry sonrió, sin dejar de mirar a Ginny.

- Ginny no es bien parecida... es hermosa, es un majar de mujer. – Suspiró, abatido. "Sí idiota, tu mujer y además la embarazas" Pensó Hermione. – Es hermosa, y sabe que lo es y saca provecho de eso para coquetearle al idiota ese...

- Si te refieres con eso del idiota a Phillipe, supongo que no tiene nada de malo que ella quiera coquetearle a su novio. – Replicó Hermione duramente. Harry la miró.

- ¿Estás de parte de ese idiota?

- Estoy del lado de la persona que haga feliz a mi amiga y tú desechaste la oportunidad desde el momento que la trataste horriblemente. – Susurró Hermione. Dolida. Harry la miró unos momentos y luego volvió en esa especie de tortura de mirar a Ginny.

- Tienes razón, ella ahora me odia y tiene todo el derecho de hacerlo... fui un maldito con ella, pero no puedo dejar de amarla, Hermione. Intenté olvidarla...

- Acostándote con mujeres no olvidarás a Ginny.

- Aunque ella está aquí o mil kilómetros sigue estando... clavada aquí. – Harry sin darse cuenta se llevó una mano al corazón, Hermione sonrió. El tipo idiota que tenía al lado suyo había sufrido mucho, y sabía que recientemente había aconsejado a su amiga, pero intentaría que él se acercara y él mismo enmendara su propio error, estaba segura que Ginny estaba completamente enamorada de Harry, pero no le haría las cosas fáciles si intentaba perdonarlo. Y en eso, ella estaba de acuerdo con Ginny, pero una ayuda no se le puede negar a un hermano. – Aunque me acueste con otras mujeres, ella es la única que he amado de verdad, es la única que me enseñó a amar.

- Harry, ¿Se saludaron?

- No.

- ¿Por qué no te acercas?

- Hermione, ella me odia, no tiene intención en cruzar media palabra conmigo.

- Claro que no... – Fingió, Harry la miró.

- Conozco a esa mujer. –"Y bien que la conocía", pensó Hermione. Si él se acercaba se armaba la tercera guerra mundial. Pero, aun así él debía luchar por ella, y aunque él no lo supiese, por su hijo. Aunque ella lo negara, se moría por hablar con él.

- Está bien, pero creí que Harry Potter no daba nada por perdido, menos cuando se trata de la mujer que él dice amar. – Dicho esto se levantó y se acercó a las chicas que hablaban animadamente. Harry quedó pensativo, miró a Ginny entrecerrando los ojos, dudando. "Es verdad, no puedo dar nada por perdido, menos cuando se trate de esa pelirroja" Pensó. "Mierda, estoy pensando en reconquistar a mí ex novia, estando mi novia presente... pero, volvió mi pelirroja" Suspiró. "Ginny es el amor de tu vida... y como trataste al amor de tu vida". Phillipe se acercó a Ginny y la abrazó por la espalda ella sonrió y le dio un beso en la mejilla. "Como sería feliz lanzándole un hechizo para cortarle las manos a ese idiota" Pensó Harry, frustrado. Luego se alejó y salió con Arthur, feliz. Poco después se escuchó el motor de un auto alejándose.

- Katty, te quiero enseñar el modelo de un vestido que me muero por comprar y pensé que tal ves tú podías darme una opinión al respecto.

- Claro. – Sonrió Katty.

- Pero está en la antigua habitación de Ron, ¿Me acompañas? – Preguntó Hermione, empleando un tono de voz alto, Ginny y Harry entendieron cuáles eran las intenciones de Hermione, sonrieron disimuladamente. Las dos chicas desaparecieron. Entonces, Ginny miró fijamente los ojos de Harry, esta ves él no apartó su mirada de aquellos castaños ojos que tanto amaba, para desesperación de Harry ella se acercó peligrosamente al sillón que estaba junto al que él ocupaba, sostuvo firmemente el vaso de cerveza de mantequilla.

- Hola Harry. – Saludó ella, con mucha ternura. Harry maldijo por lo bajo.

- Hola, ¿Cómo estás? – "Embarazada" Pensó Ginny

- Te refieres a mi lesión, ¿Verdad? – Preguntó. Gesticulando sensualmente las palabras que emitía su roja boca. Estaba trastornando a Harry, que estaba desesperado por besarla.

- Eh... si... – Esa mujer siempre lograba ponerlo nervioso.

- Cada ves mejor, estupendo. – Ginny se mojó los labios, Harry cerró los ojos para poder contenerse, ella sonrió. - ¿sigues trabajando en el despacho? – Él asintió, Ginny dejó su vaso sobre la mesa de centro que había allí, pero desgraciadamente para Harry, la mesa estaba casi a su lado, por lo que Ginny hizo que su cara pasara muy cerca de la de Harry, sus labios pasaron a unos 10 centímetros de distancia de los de él. Harry cerró los ojos y aspiró el perfume de Ginny, siempre lo idiotizaba, siempre lo dejaba fuera de juego. – Felicidades por tu noviazgo con Katty... – Decía mientras llegaba a su posición normal. - ... Es una buena chica, pero algo celo... – Harry jamás supo cuál era el contra de Katty, porque sus labios buscaron los de Ginny y por bienvenida le dieron un beso que jamás olvidaría, ella puso una mano en el rostro de Harry, permitiendo que sus lenguas se entrelazaran. Ese beso era para ambos lluvia en miles de años de sequía, después de separarse se miraron. Ginny tenía sus labios rojos e hinchados, y Harry estaba con la respiración alterada, a causa de aquel beso.

- Robas mi tranquilidad, mujer. – Dijo Harry en un susurro. Mirando los labios de Ginny.

- Qué lástima, porque pretendo robar cada segundo de paz que tenga tu miserable vida, cariño. – Susurró, le dio otro beso, más brusco que el anterior. Se levantó y se dirigió a la cocina. Dejándolo estupefacto. Se acomodó en el sillón y bebió cerveza de mantequilla. Volver a sentir esos labios era un bien natural y ella besando era una dulce mezcla de ángel y demonio. Sonrió, e intentó saborear en sus labios la dulzura que dejó Ginny en los suyos. Volver a estar con ella sería todo un reto, pero no sería Harry Potter si no afrontara ese reto, como a todos los de su vida...

Si bien había decidido afrontar el reto de estar con Ginny hace dos horas ya estaba arrepentido. Ginny no hacía más que torturarlo, en la comida ella jugaba con un tenedor rozando suavemente las puntas en su labio, con sensualidad, ella sabía que Harry la observaba. Y cuando decidió mirarlo para sorprenderlo se mojó los labios. Harry tragó en seco. Más tarde cuando llegara Ron, él, Arthur, Phillipe y Ron, sentados alrededor de la mesa hablaban animadamente de Quidditch, mientras Ginny les servía en un vaso Whisky de fuego. Cuando estuvo al lado de Harry, se inclinó más de lo debido para verter el alcohol, rozando con su nariz el oído de Harry, luego su lengua jugaba con el lóbulo... sabiendo que esa era una de las debilidades para él. Sabía que esa acción era prender el botón en la excitación del padre de su hijo, sonrió. El vaso resbaló de la mano de Harry, quien estaba bajo los efectos de las caricias de Ginny, causando un gran estrépito. Todos giraron su cabeza hacia ellos.

- ¡Vaya Harry! ¿Qué sucedió? – Preguntó ella inocentemente. Harry la miró con cara de circunstancias.

- Lo siento, pero no era necesario que te acercaras tanto, me he puesto bastante nervioso, bonita. – Bromeó, todos rieron. Pero Harry y Ginny advirtieron que él la llamó como antes. Harry sonrió triunfal y Ginny sonrió, nostálgica. Más tarde en la noche cuando todos se despedían, Harry llegó al lado de Ginny, ella le dio un beso cerca de las comisuras de la boca, deslizando sus manos por debajo del saco de Harry, apretándole el trasero, lo que provocó un leve salto en él, Ginny sonrió descaradamente a Katty. Harry estaba feliz de verla, de saber que se quedaba ahora cerca de él. El retorno de Ginny evidentemente causaba el quiebre en la relación que tenía con Katty, Ginny era la única mujer que lo complementaba. El solo recuerdo de ese beso le transmitía paz y de la misma forma se la arrebataba con el solo recuerdo de ese juego de seducción... Merlín, ¿Qué era lo siguiente?