Mi compromiso con ir actualizando de poco en poco ha caído en saco roto

Mi compromiso con ir actualizando de poco en poco ha caído en saco roto. Mis más sinceras disculpas, pero… ¡tengo excusa! Problemas familiares, problemas universitarios… Pero eso ya se acabó, sí señor, ya tengo tiempo libre… Ya puedo continuar con la historia.

Pues nada, mis agradecimientos a esa persona que me recordó que ya iba siendo hora de actualizar.

¡Besos!

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El día amaneció inusualemente iluminado. La luz estaba especialmente brillante, y se colaba entre las nubes tupidas gris perla que cubrian el cielo. Las hojas, la hierba y los árboles despertaron cubiertos por una fina capa de agua.

Había llovido por la noche, refrescando el ambiente, y dejándolo frío y limpio.

Una bandada de lechuzas se dirigió hacia el castillo. Muchas de ellas traían paquetes para sus dueños. Y todas ellas, pasaron primero por las manos de los agentes de la Orden del Fénix.

Después de confiscar lo que parecía un paquete completo de surtidos saltaclases, las lechuzas reemprendieron su vuelo y entraron por las ventanas sin cristal que había en las proximidades del techo.

Planearon hacia cada una de las cuatro mesas, buscando sus respectivos destinatarios, y una lechuza parda común, sobrevoló por encima de de la cabeza de unos alumnos de Gryffindor.

Todos ellos tenían libros en sus manos, así que, posiblemente, fueran los de cuarto, que aquella mañana, tenían control de clase de Pociones. Posiblemente, solo aprobara el chico de pelo rojizo y baja estatura que, con el entrecejo fruncido, susurraba las instrucciones de cada poción antes de leerlas.

Pero la lechuza no se detuvo en ninguno de ellos, y siguió su camino, hasta que se detuvo frente a un dúo de chicos que hacía una semana escasa, habían reanudado su amistad.

El pelirrojo, enarcó una ceja mientras engullía sus gachas, y observaba a la joven que estaba a su lado desatar el períodico que sujetaba, y darle cinco monedas de bronce.

- ¿Pone algo interesante?

Ella suspiró cansinamente.

- Aún no he tenido tiempo de…- pero se detuvo al ver el rostro del tercer amigo que se aproximaba desde el otro lado de la mesa.

Ron, se giró para observar lo que había interrumpido a Hermione, cuando descubrió a un Harry muy abatido.

- Eh, tío, ¿estás bien?

- Es evidente que no- le susurró Hermione, rápidamente. Le cedió el asiento de su izquierda, que el recién llegado no rechazó, y se dejó caer como un peso muerto sobre el mueble de madera.

Ron observó la mesa de profesores de un vistazo.

- Hoy no ha venido Tonks- comentó, aún con la vista fija en Dumbledore, que parecía bastante cansado.- Es una pena- comentó.- La tía es simpatiquísima.

- Sí, es cierto- coincidió Hermione.- Pero no es tía, es profesora, y por lo tanto…

- Ya, ya…- Ron cogió el periódico que Hermione no había tan siquiera abierto y lo abrió en una página al azar.

Hermione miró a Harry, que en esos momentos tenía los ojos lloros y abrió la boca asombrada.

- Harry… quieres… ¿quieres hablar?- inquirió.

Él se encogió de hombros.

- No sé…

- Ah, las chicas, son un misterio- se escuchó la voz del pelirrojo, tras los papeles reciclados impresos de noticias.

- Lo son para ti, que tienes la colección de…

- Sentimientos de una cucharilla de té. Sí, lo sé, me lo has dicho muchas veces.

Hermione chascó la lengua, cosa que a Harry le provocó que se le escapara una pequeña sonrisa.

- Oye, Harry… si quieres podemos hablar con Tonks- susurró.- Supongo que ella…

- Ella es con la última persona con la que quiero hablar- declaró, cortante.

Incluso la respiración de Ron se detuvo en esos momentos.

Hermione tiró, involuntariamente el zumo de naranja que se extendió por el mantel blanco dibujando algo que luego él mismo borraba.

- ¿Aún estás enfadado porque fuiste el único al que castigó el otro día?- preguntó Ron, apareciendo tras las hojas grises del diario.

Harry levantó su vista, sin rastro de alguna emoción o sentimiento, su mirada indiferente se posó en los ojos del pecoso, que simplemente enarcó una ceja, dobló el periódico y se levantó con un escueto "debo ir al baño".

Pero aunque con aquella mirada se hubiera librado de Ron, sabía que Hermione era muchísimo más perspicaz.

Un as en los asuntos del corazón, y por eso, sentía su mirada en la sien, y podía adivinar fácilmente que estaba boquiabierta.

- Oh, Harry- susurró.- Es…

- Por favor- dijó él, mirándola directamente a los ojos.- Ya es difícil sin que digas que es incorrecto o inmoral.

- Yo…- declaró ella por lo bajo. Pero ya era demasiado tarde. Harry había abandonado la mesa, sin apenas haber desayunado nada y desaparecía tras la doble puerta del Gran Comedor.- Yo… yo…

Observó con detenimiento el periódico que yacía en la mesa, doblado de cualquier forma salpicado parcialmente de jugo naranja, y fijó la vista en una fotografía de archivo de un altivo Lucius Malfoy.

Agarró el diario y lo sacudió ligeramente para leer la portada.

Lucius Malfoy ingresa en prisión tras escándalo.

El conocido aristócrata ingresará en la prisión de Azkaban, fuertemente vigilada por aurores, después de que en el Ministerio iniciaran una investigación tras un chivatazo anónimo y dejara al descubierto agujeros importantes en la economía de los Malfoy y varios sobornos a funcionarios del Ministerio.

Su propia esposa, Narcissa Black Malfoy, ha reconocido la mala inversión de los ahorros familiares y ha declarado que desde hace años le preocupaba. "Mi hijo Draco y yo nos sentimos bastante humillados después de esto, y nos alegramos que por fin haya terminado esta pesadilla y no pueda intervenir en futures planes prometedores".

Como es bien sabido, el joven Malfoy contraerá matrimonino en los próximos meses con otro miembro de la aristrocacia perteneciente a la familia Parkinson que ya se ha pronunciado sobre el tema:

"Mi esposa y yo estaremos encantados de alojar a la madre del prometido de nuestra hija. Ya es de la familia, y tenemos total confianza. Ayudaremos en lo que podamos al Ministerio en este asunto turbio" declaró esta misma mañana el patriarca Parkinson.

Fuentes cercanas a El Profeta han podido saber que descubrir la verdadera personalidad de Lucius Malfoy ha sido un duro golpe para ambas familias, en especial, para su propio hijo, Draco Malfoy.

Hermione levantó la vista del periódico justo cuando Draco Malfoy se hacía notar soltando una gran carcajada. A su lado, Blaise Zabini se reía junto a Theodore Nott, que con Idisi, cerraban el círculo de escandalosos.

Justo a su lado, tanto Serena, como Pansy como otras chicas de Slytherin, les dirigían a sus acompañantes reprobadoras y frías miradas.

- Sí, profundamente afectado.

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Pero por mucho que no lo creyera Hermione, Draco Malfoy estaba bastante cabreado, solo que en el momento en el que la Gryffindor dirigió su mirada hacia la mesa verde y plateada, Nott había hecho una broma bastante grosera.

- No sé cuando madurarán- se quejó Micellent. Cogió sus libros y se puso a leer, mientras que caminaban por el corredor.

Serena se apartó el pelo de su rostro, mientras intentaba encontrar en su bolso de charol su pintalabios. A pesar de seguir yendo con el mismo grupo, todos sabían que estaba enfadada y humillada.

Draco la había despechado y con la vuelta de Pansy al colegio, la humillación crecía.

- Son idiotas, no tienen cerebro- replicó.

Pansy no dijo nada, continuó con el papel que siempre había llevado encima. La princesa que era superior a todas esas cosas. Pero cuando se reunieron un grupo más amplio de chicas, todas se pusieron a cotillear.

Antes de entrar en el aula de Transormaciones, dos alumnos se quedaron afuera.

- La verdad, Pansy, si yo fuera tú, me mosquearía mucho que Draco se pasara casi todo el tiempo con Blaise- declaró una Slytherin completamente rubia.

Pansy le sonrió, tranquila.

- Bueno, Theresa, a un hombre hay que dejarle su espacio… sino creerá que tiene todo el derecho a coger el tuyo.

Todas se rieron, pero afuera, otra conversación se estaba llevando a cabo.

- Draco, tu madre en casa de los Parkinson ¿te das cuenta de lo que va a pasar?

El chico lo fulminó con la mirada.

- ¡Claro que lo sé! Nunca llegué a imaginar que esa zorra delatara a mi padre…

Blaise puso los ojos en blanco.

- ¿Vas a hacer algo?

Draco arrugó el entrecejo.

- Sí, voy a hacer algo…- declaró.- Tengo que acelerar la boda aún más… eso crearía la excusa perfecta para irnos por nuestra cuenta.

- Ya… ¿y cómo lo vas a hacer?- siguió insistiendo el moreno.

Podría ser realmente molesto, con algunas cuestiones, pero gracias a su perseverancia, Blaise siempre elaborada planes de acción casi perfectos, que se ejecutaban con la misma belleza que un gran director de orquesta llevaba una grandiosa sinfonía, y a su publico a un apoteósico estado de emoción.

- Pensaré en algo… -masculló entre dientes.

La profesora McGonagall se acercó a ellos y le dijo, muy seria a su almuno slytheriano.

- Señor Malfoy, siento mucho lo que ha ocurrido en su familia- declaró.

Draco ejecutó a la perfección su farsa.

- Muchas gracias, profesora.- Miró dentro del aula, y observó a Pansy que se reía con fingida indiferencia rodeada de sus compañeras.- Ahora solo pienso ser feliz.

Entro en la clase, sin dirigirle ninguna mirada y se sentó al lado de su prometida. Mientras Blaise sonrió de forma extraña a la profesora, que ella, a cambio, le otorgó una mirada de advertencia.

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Parecía que el castillo se iba a volver loco.

Con la llegada de las fiestas de Carnaval, todos los alumnos habían enloquecido.

De nuevo, el castillo parecía llenarse, y era evidente que los gemelos Weasley estaban haciendo su agosto por esas fechas.

Filch estaba que echaba chispas, pues tanto los gamberros como Peeves campaban a sus anchas, y el ya muy enfermo Dumbledore, parecía no querer ponerle fin a aquellos "ataques injustificados de maldad y travesura".

- Ya no hay otra ocasión para reír- susurró, justificándolo.

Algunos profesores como la Profesora McGonagall veían con mal ojo aquello. Severus Snape, extrañamente, estuvo de acuerdo con ella, pero otros como Tonks, jugaban con sus alumnos.

A la clase de séptimo curso, les sorprendió yendo transformada de una niña pequeña. Al principio les desconcertó e incluso Pansy y Hermione se acercaron a ella para preguntarle qué hacía ahí, cuando, Harry, borbotó desde su asiento.

- ¿Tonks?

La niña asintió, sonrió y volvió a transformarse en la mujer que era, después de lucir una expresión de concentración profunda.

- Muy bien…- observó a Hermione y a Pansy y las regañó suavemente.- ¿No os sorprendió?

Ambas asintieron.

- ¿Y entonces, porqué no pensasteis inmediatamente en que había algo raro y hay que estar alerta?- preguntó ella.- Acercarse a mí podría haber sido lo último que habrías hecho si hubiese sído un mortífago.

La joven parpadeó y Ron, jocoso, se inclinó ligeramente hacia Harry y le susurró.

- Oh, no, la paranoia de Ojoloco se le ha pegado.

Tonks escuchó el comentario y le dirigió una mirada de advertencia. Hermione, también hizo lo suyo, pues los tres ya sabían a través de la Orden del Fénix que Tonks siempre había sido la favorita del conocido y desfigurado auror. La profesora, ignorándoles, continuó una clase intensiva sobre disfrazes y ocultamiento.

Mientras hablaba y tomaban apuntes, Harry le pasó una pequeña nota a Hermione, mientas la pluma autoescribible, seguía copiando lo que la profesora decía.

Oye, Hermione… ¿podemos ya hacer la reunión del ED?

La joven hechó un breve vistazo, en el cual, el rasgar de su pluma se detuvo. Después de volver a gargarla de tinta, continuó escribiendo, y asintió ligeramente con la cabeza.

Uno de los motivos por lo que aún no habían concertado otra reunión, era en parte porque Harry quería descubrir algún elegido. Dumbledore le había revelado que cada uno pertenecería a una casa de Hogwarts, y con un objeto mágico, lo ayudarían a destruír el Reenger.

Él, el elegido, se encargaría de duelarse contra Voldemort, mientras que los otros cuatro, contendrían las fuerzas del Reenger. Se había pasado seis duras semanas buscando información y preparandose con la profesora McGonagall, siguiendo las instrucciones de Dumbledore.

Hermione, por su parte, estaba demasiado excitada como para decir cómo iba progresando. Solo decía que ya sabía quién era un elegido y que estaba recopilando más información.

A Harry le extrañó ¿quién podría ser?

Había pensado muchas veces en Luna, pues conocía la existencia del Reenger y de los Horrocruxes. De hecho, un día, semanas atrás, lo había asaltado a mitad del pasillo. Iba sola, despeinada como siempre, con sus ojos desmesuradamente abiertos.

Se dirigió a él, con el porte orgulloso.

- Hola, Harry- saludó.

- Hola, Luna- le contestó él. Esperó a que la joven le saltara con alguna verdad como una casa o con alguna de sus divertidas chifladuras. Pero en vez de eso, dijo algo bastante serio, algo, que todo el mundo deseaba que simplemente, fuera una loca ocurriencia de la Ravenclaw.

- Mira, Harry, he estado investigando la biografía personal de Rowena Ravenclaw y me he vuelvo a leer Historia de Hogwarts- declaró, informando, que aparte de la castaña, ella también había sido capaz de leer un libro demasiado aburrido.

- ¿Y has descubierto algo interesante?

- Sé que Rowena Ravenclaw no utilizaba la varita- declaró ella, orgullosísima.- Tenía un nivel demasiado elevado y dominaba a la perfección los conjuros no-verbales y mentales. Así, parecía que controlaba a los elementos- añadió, abriendo desmesuradamente los ojos.

Después, fijó la vista en un jarrón de porcelana que había detrás de Harry y lo fulminó con la mirada. El jarrón comenzó a temblar cuando estalló en pedazos.

Lentamente, muy lentamente, Harry regresó su vista hacia la rubia, que lucía una expresión de enfado.

- ¡Guau!- exclamó, finalmente, él, pálido por la impresión.

- ¿Qué? Eso está fatal- declaró ella.- ¡Era el hechizo de Wingardium leviosa! no debía de haber estallado ¡debería haber levitado!

- Pues… a mi me ha parecido… yo no creo… no, de verdad, no podría haber hecho eso.

Luna se cruzó de brazos, irritada porque Harry no comprendía que aquel no había sido su objetivo, y por tanto que lo había hecho erróneamente.

- Pues cuando el profesor Snape entró en clase de Defensa para las Artes Oscuras para hablar con la profesora Tonks, me dijo que era el peor hechizo mental jamás realizado- espetó.

- Espera… ¿el profesor de Pociones fue a ver…?

- Sí, Harry, a Tonks… y hablaron de no sé qué poción…- bufó.- Pero el caso es que…

Pero Harry ya no tenía pensamientos para otra cosa. Sabía por una conversación entre McGonagall y Hooch que Tonks no quería hablar con nadie.

- ¿Y ella…? ¿Ella le contestó?

- Bueno, dijo que era ella quien tenía que juzgar lo que ocurría en su clase y no él… luego le hecho, casi a patadas de clase- agregó Luna, fijando su vista en un cuadro de la pared que escuchaba atentamente la conversación.

- Ya…- declaró él, sin prestarle mucha atención. Cogió se dio media vuelta y fue a buscarla… sin éxito. Nuevamente.

Entonces, desconcertado por lo que Luna había dicho de Snape y Tonks, no se había fijado en el potencial de la Ravenclaw para esa clase de hechizos. Desde luego, era significativo que la fundadora de esa casa no utilizase la varita, y que una alumna, mil años después, tuviese ese talento.

Se preguntó si sería extraño esa capacidad en el mundo mágico, y cuando fue a preguntarle a Ron, se encontró con que sus dos amigos, permanecían junto a él, de pie, esperando a que se moviera.

Mientras pensaba en Luna y su extraña habilidad, la clase había finalizado, y se encontraban tanto Ron como Hermione esperando que el joven reaccionaba. Él, sin embargo, salió de su mundo para sumergiste en la visión de Tonks, que sentada en su mesa, corregía unos trabajos para otro curso.

- ¿Queréis dejarnos a solas?- preguntó la voz femenina de la profesora. Ron fue a protestar, cuando Hermione lo cogió del brazo y se lo llevó casi a rastras.

Finalmente, quedaron los dos, el uno y la otra enfrentados. Y como en el despacho de Tonks, el espacio pareció reducirse a su mínima expresión.

- Creo que debemos hablar, ya, definitivamente- acordó ella.

Él asintió y se apoyó en su pupitre.

- Bueno, aparte de que este mes y medio hemos estado bastante…

- Dispersados- completó él.

Se sonrieron, solo con la sonrisa. Sus ojos, seguían luciendo una expresión triste.

- Exacto…- coincidió ella.- Además de que haces trampa en clase, Harry, cosa que me parece muy mal- comentó, mientras seguía sonriendo.- Me siento bastante…

Él se acercó a ella, obedeciendo a un impulso y la abrazó.

- Como si estuvieses haciendo lo correcto a la vez que cometer el mayor error de tu vida.

Se separaron ligeramente mientras bebían de los ojos del otro.

- Es…

- Te quiero- susurró él, repentinamente.

- Yo también- confesó ella, mientras sus mejillas se teñían de un color rojo.

Se besaron apasionadamente ignorando por completo que la puerta estaba abierta y cualquiera podría verles. Harry llevaba demasiado tiempo ansiando saborear esos labios con los que soñaba día sí y día no.

Finalmente, tuvieron que separarse, pues cada uno tenía que ocuparse de sus propias obligaciones. Pero no había sido un beso de despedida, había sido una promesa para volverse a ver.

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Qué bonito, me encanta esa pareja n.n

Bueno, ya sabéis, reviews y me haréis muy feliz… ¡Besos!