Nota del Autor: La vida pide mucho, mucho más tiempo del que quisiera para poder escribir en paz. Llevo pensando en esto bastante tiempo, y aún así sé que voy a improvisar muchas partes... Pero ya que estamos, ¡veamos a donde nos lleva esto! Han pasado algunas semanas desde el anterior capítulo, y ya hay muchas novedades!

Capital de Demacia

La luz del sol se reflejaba y bañaba las amplias calles de Demacia, mientras el suave viento del este, cargado con la brisa marina, hacía mecer las hojas de los numerosos árboles, así como de los grandes estandartes de la Capital. Poderosos soldados marchaban por las avenidas, mientras los comerciantes realizaban sus negocios y los viandantes se maravillaban de la paz y del orgullo demaciano que imperaba, siempre rodeados de luz y gloria. En alguna que otra plaza había pequeñas aglomeraciones de observadores, siempre atentos a las novedades que emitían las Esferas de Visión. No había grandes ostentaciones tecmatúrgicas en Demacia, pero negarse a sí mismos los ojos que veían toda Runaterra hubiera sido necio.

Y sin embargo, no todos los edificios refulgían de igual forma. Algunos, como la noble Casa Crownguard, parecían disponer de una luz propia, aunque en este caso particular, la broma estaba más que servida, debido a los dones de la Dama de la Luminosidad. No era raro, de hecho, que en las ocasiones en las que Luxanna Crownguard volvía a la residencia familiar, docenas de luces mágicas de toda clase dieran un espectáculo sin parangón en la capital. Sin embargo, otras Casas estaban envueltas en el manto de la decadencia. Algunas, como la Casa Laurent, quedaban manchadas por la traición y el engaño, a pesar de que su actual Señora estuviera completamente orientada a purgar todo mal de su estirpe. Pero otras estaban cubiertas de un tipo distinto de oscuridad. Un recuerdo de que ni siquiera ellos estaban libres de todo mal. Las ventanas siempre ocultas, la fachada envuelta en polvo y suciedad. Solamente la entrada, desgastada por el uso, estaba impoluta, junto a las cinco letras que brillaban encima de la puerta. Vayne.

La tragedia de los Vayne había golpeado duramente a más los demacianos, no solamente por la muerte de altos nobles en plena Capital, sino por el hecho de que Demacia hubiera sido tan fácilmente burlada. Y la criminal, libre. Era, por tanto, fácil comprender que la Corona permitiera a Shauna Vayne actuar como lo hacía. Libre de las leyes demacianas, la Cazadora daba rienda suelta a sus letales armas en el instante en el que fuera necesario. Y, por suerte, cada vez era menos y menos necesario ver un dantesco espectáculo en cualquier callejón de la Capital.

Sin embargo, también era cierto que era extraño ver a la bella demaciana a la luz del día, por lo que cuando aquel adormilado mercader escuchó un ligero carraspeo delante suya, sus ojos no podían creer que estuvieran observando aquellas más que reconocibles gafas rojizas, mirándolo fijamente. Con un golpe seco, Vayne puso encima del mostrador una bolsa llena hasta arriba de diversos productos.

Rara vez las manos de aquel mercader habían sido más rápidas atendiendo a sus clientes.

Casa Vayne

Aún con los ojos cerrados, sabía que algo había salido horriblemente mal. Distinguía unas ataduras cuando las sentía lacerando su piel, y sus armas no estaban cerca de su cuerpo. Definitivamente, era mejor volver a dormir. Y sin embargo... No. Faltaba algo. ¿Qué era la horrible sensación que le impedía arrojarse a la dulce inconsciencia? Abrió los ojos, pero sintió un millón de virotes impactar en sus globos oculares, forzándole a cerrarlos al instante. Se hubiera tapado el rostro con las manos, pero seguía bien atado.

¿Así pagas los esfuerzos que me ha costado sacarte de aquel tugurio en la costa, Lucian? –dijo una voz femenina y glacial que resonó en toda la estancia y provocó un gruñido de dolor en el Campeón de piel de ébano, que volvió a intentar usar sus manos, sin éxito.

― ... –la Cazadora Noctífaga recibió solo silencio como respuesta. Chasqueando la lengua, se incorporó y se acercó bruscamente hacia Lucian, cortando las ataduras que forzaban el cuello del Campeón, para luego obligarle a mirarlo a pesar del dolor que esto provocaba al resacoso tirador.

Existen pocos humanos en los que tenga la más mínima esperanza, Purificador. Tú eras uno de ellos, hasta que te encontré, herido y rodeado de tantos odres de alcohol que parecías un mero despojo. ¿Qué ha podido romper tu voluntad?

― ... –una vez más, Lucian pareció ser incapaz de hablar. Sin embargo, Vayne pudo ver algo en aquellos ojos, algo turbio. Ni siquiera él lo tenía demasiado claro. Con un bufido, Shauna cortó el resto de ataduras, pero intencionadamente rajó más de la cuenta las cuerdas sobre su estómago, partiendo en dos la larga toga de Lucian y revelando su torso marcado por una enorme mano, con la piel destrozada y quemada. Con aquella visión quedó ella en silencio, analizando rápidamente y descartando una enorme cantidad de seres oscuros que conocía que pudieran haber dejado una marca como aquella. Hasta que, finalmente... – ¿Mordekaiser? ¿Cómo es posible?

― Descartado... –balbuceó Lucian con dificultad. –Tirado al mar, arrastrado por las olas y alzado por una bruma más negra que la noche.

La Bruma Negra. Ningún humano podría usarla... –la mente de Vayne hizo un leve clic, mirando fijamente entonces al Purificador. – ¿Te han echado ellos de su Isla? ¿Vivo?

― Así nadie tendría que ir a buscarme. Vencido... Aún podría aceptar eso. ¿Pero ser perdonado? ¿Por ellos?

Una hora más tarde, un mejorado Lucian entró de nuevo al salón principal de la casa, donde solamente el fuego que crepitaba en la hoguera tenía rastro alguno de vida. Los cuadros estaban vueltos del revés, muchos muebles se encontraban destrozados y rajados, gruesas cortinas ocultaban la luz del sol... De alguna forma, incluso hacía frío a pesar de no haber siquiera comenzado a caer la tarde. La figura de Vayne, tumbada en el sillón frente al fuego, no ofrecía apoyo alguno, mucho menos la presencia de su imponente ballesta, apoyado en este.

Con esfuerzo, el Purificador tomó otro sillón, cubierto completamente en polvo, y lo alzó, poniéndolo a un lado del que ocupaba la Cazadora Noctífaga. Una vez estuvieron al mismo nivel, Vayne alzó una mano, parando al Campeón que acababa de abrir la boca.

- No hay que decir más que lo necesario, Purificador. Inicialmente pensé que habías perdido la cabeza. Pero si tus palabras son ciertas, y lo son, es necesario hacer algo.

- ¿Algo como qué, Vayne? –dijo Lucian, llevando una mano al costado, sintiendo el reconfortante peso de sus armas en este. Ayudaban a sobrellevar la marca brutal que el Maestro del Metal había dejado en su cuerpo.

- Asaltar las Islas de la Sombra –murmuró la fría mujer, mirando hacia las llamas fijamente. –Lo he estado meditando algún tiempo. No es la raíz de toda la oscuridad, pero sin ellas, todo será más simple.

- ... –Lucian miró a la Campeona durante unos segundos, meditando sus palabras. No tomaba a Shauna Vayne como una necia ni una inconsciente, por lo que preguntarle si tenía un plan sería estúpido de su parte. Como respuesta, asintió levemente, mientras tomaba del interior de su ajada toga unas hierbas secas que comenzó a masticar, sintiendo cómo el narcótico empezaba a activar de nuevo sus entumecidas articulaciones.

- El primer paso es obtener más elementos. Los enemigos son muchos y diestros en numerosas artes. Pienso en cinco armas, apuntadas al mismo objetivo; el corazón de las Islas de la Sombra. Tú y yo somos dos... Y tengo a dos más preparados.

- ¿Quiénes son, Shauna? En la Liga de Leyendas no hay más Cazadores como nosotros... –ante la pregunta, Vayne simplemente dejó entrever una sonrisa, que en su rostro era más amenazadora que cualquier gesto colérico.

- No... Pero me deben un gran favor.

Exteriores de Demacia. Propiedad de Graves

- ¡Entra a razones, maldito chiflado! –rugió la voz de Fate, esquivando un nuevo proyectil que había vomitado la colosal arma de Graves, quien en esos momentos disparaba a todo lo que se moviera en el salón de su casa, forzando a los otros tres Campeones a emplearse al máximo para evitar sufrir la archiconocida furia del Forajido.

- Me debes un favor, Malcolm Graves. No me hagas arrancártelo de tus manos frías –dijo Vayne, sin haber perdido el temple. Entraba dentro de sus previsiones que Twisted Fate se quejara, pero aceptara... Y que Graves tratara de asesinarla.

- ¡NO! ¡No he escapado de tantas sogas para echarme yo una al cuello! ¡ID AL INFIERNO! –gruñó Graves, disparando a discreción, provocando un verdadero pandemónium en la sala. Lucian frunció el ceño; tenía menos paciencia que Vayne y mucho menos considerando la calaña de quien en estos momentos trataba de coserlo a tiros... Por lo que simplemente arrojó una piedra blanquecina de entre sus dedos, justo a la altura de la cara del fumador, quien parpadeó una vez, confundido, antes de que un brutal resplandor le arrancara un grito de dolor.

- ¡Whoa! –exclamó Fate, utilizando su sombrero para protegerse del destello místico, para luego aprovechar ese breve instante de tiempo para arrojar una carta dorada justo hacia Graves, tumbándolo contra el suelo. –Olvidaba que Lucian guardaba la mayoría de sus técnicas...

- Hmpf. Estáis avisados, Twisted Fate. Saldremos en una hora. Recuerda al terco de tu compañero que podréis quedaros todas las fortunas que encontremos en las Islas, y estas son Legión. Todo lo que no esté corrupto o maldito podréis derrocharlo cuanto gustéis –dijo Vayne, mirando por última vez al inconsciente Campeón antes de hacer un gesto a Lucian, dirigiéndose hacia la antesala de la casa, y dejando a un confuso Fate junto a Graves.

- ¿Son de fiar? –preguntó Lucian, ladeando la vista. –Son ladrones y prófugos. Sus artes no les protegerán en absoluto contra la oscuridad y los engaños. Además...

- Son supervivientes, Lucian, como nosotros. Serán de utilidad, y su fidelidad se pagará con oro. Malcolm Graves tiene una resistencia superior a lo común y pocas cosas pueden detenerle, y el don mágico de Twisted Fate nos dará una ventaja que nuestros enemigos no tendrán –Lucian asintió levemente a sus palabras, meditando mientras tanteaba con una de sus manos las esferas místicas, hermanas de la que había usado para aturdir a Graves. De haber sido un ser de oscuridad, la luz purificada lo hubiera hecho cenizas.

- ¿Has pensado adecuadamente en tu quinta arma, Vayne? Sin Kayle y sin Kassadin, el Xeniam posee un poder purificador que podría hacer tornar la balanza... –la fémina negó, mientras esbozaba una de sus raras sonrisas y extraía un pergamino enrollado de su bolsa.

- Me temo que está fuera de nuestro alcance. Esto es de hace una semana –dijo, tendiéndoselo al Purificador, quien rompió el broche y comenzó a leer, reconociendo el pergamino como un periódico noxiano.

- Pero esto... ¿Es en serio?

Costa de Noxus. Una semana antes.

Los pescadores descargaban costosamente la pesca del día, apelotonándose en el puerto como un enjambre de abejas. No había demasiados muelles para tantos, por lo que solo los más eficientes lograrían llevarse un beneficio, siguiendo firmemente la doctrina noxiana. Solo los fuertes debían prosperar, por lo que no era extraño ver cómo de vez en cuando alguna nasa aparecía rajada completamente, o una embarcación no volvía.

Dedicados a lo suyo, los pescadores no se percataron del alboroto que se había montado en la aldea. No era habitual ver a dos docenas de guardas patrullando y registrando cada casa y almacén como si hubieran perdido la razón. Mucho menos razonable era el hecho de que eso estaba sucediendo en todas las aldeas cercanas.

- ¿¡Pero qué demonios estáis haciendo!? ¡Largaos de mi propiedad! –rugió un furioso posadero, hachuela en mano, mientras los soldados prácticamente destrozaban la planta baja del humilde establecimiento.

- ¡Órdenes del Alto General! ¿Crees que va a importarle tu opinión? ¡Dejad de parlotear y buscad vosotros también! –dijo, también alzando la voz, el capitán de los guardias, aunque no era furia lo que escondía en su interior, sino un miedo aterrador. Y con muy buen motivo.

El Xeniam había abandonado el Instituto de la Guerra. Tenía una deuda con muchas Ciudades-Estado y debía pagarlas. Para acceder a Aguas Estancadas había optado por hacer el viaje a pie y por mar, sorprendiendo a muchos. El que no usara las Esferas del Instituto de la Guerra era confuso. De cualquier modo, Swain estaba muy interesado en aquel viaje, concretamente en el punto donde se cortaría abruptamente al llegar a Noxus... Solo que ese parón jamás llegó.

Los guardias estaban sobre alerta, toda la ciudad estaba en constante tensión. Los callejones estaban iluminados por potentes antorchas, no había oscuridad en la que no hubiera un par de ojos posados, y en los Dominios de Swain, el Alto General esperaba recibir a su prisionero.

Y sin embargo, cuando finalmente encontraron rastro del Segador, este ya había cruzado toda la ciudad y se marchaba por el camino principal, dirigiéndose hacia los puertos... Y lo peor, es que le habían visto cargando lo que parecían sacos de provisiones comprados en Noxus, lo que aumentó la furia del Alto General. Swain sabía perfectamente que debía llevar más oro, suficiente como para comprar pasaje en cualquier embarcación y que los marinos se arriesgaran a ganarse el odio noxiano. De otro modo, jamás podría zarpar... Los mares de Runaterra eran peligrosos y sobrenaturales, no era tarea fácil llegar a Aguas Estancadas de una sola pieza. Sin embargo, no tenía intención alguna de permitir que el Xeniam llegara a comprobarlo. De ahí que una gran soldadesca noxiana rastreara de cabo a rabo toda la costa. Y no solo soldados al uso... Al fin y al cabo, Swain disponía de un gran número de herramientas especializadas.

Frunciendo el ceño por el profundo olor a pescado, Talon caminó sobre los maderos del muelle, observando alternativamente la locura en la que se había convertido aquella aldea, y el continuo trabajo de los pescadores. Dado que aquello era su única forma de vida, entendía cómo tenían el temple de no preocuparles nada de lo que sucediera a su alrededor. Podría haber venido el mismísimo Alto General, bastón en mano, y aquellos marinos seguirían trabajando. Irónicamente, eso provocaría aquella espantosa sonrisa de satisfacción en la boca del General, pensó Talon.

En un instante, el asesino noxiano abrió su capa, mostrando una docena de cuchillas que arrojó contra un montón de pescado recién puesto en la lonja, provocando un sinnúmero de abucheos por parte de los pescadores. Los gritos fueron en aumento cuando la figura encapuchada que se había ocultado bajo aquellas endebles mesas surgió en un estallido de madera y acero, corriendo a través del muelle mientras se llevaba una mano al hombro, donde una daga había logrado impactar.

- ¡Detenedlo! –gritó Talon a los guardias que acababan de llegar al centro del muelle, rápidamente haciendo caso a la orden de uno de los asesinos personales de Swain, y arrojándose contra la alta figura encapuchada que portaba la enorme espada negra. Aún herido, los dos primeros soldados cayeron en el primer choque, empalados por la potencia de la hoja del Segador, antes de que el resto de soldados retrocediera y sacara las ballestas de mano. Mientras tanto, Talon corría hacia él, cuchillas en mano, pero mirando a su alrededor; aquello había sido demasiado fácil... ¡Allá!

- ¡Es una trampa! ¡Al otro lado del muelle, el barco que zarpa! ¡Destruidlo! –rugió el asesino, viendo cómo una pequeña embarcación pesquera se alejaba del puerto, aunque el viento del sur no era favorable para adentrarse en el mar. La alta figura del Xeniam hizo un gesto y las velas se hincharon, arreciando la velocidad del pequeño barco.

Sin embargo, Swain había previsto algo así, lo que se notaba por el hecho de que el capitán de los soldados extrajo de sus bolsillos una especie de catalejo, cuya lente parecía estar formada por un rubí tan rojo como la sangre. Sin detenerse un instante, el hombre observó las velas del Xeniam... Y al instante, un rayo flamígero cruzó limpiamente la distancia que separaba la tela del muelle e hizo estallar en llamas la vela mayor, rápidamente saltando el fuego al resto de la embarcación. Aquellas llamas parecían devorar la madera como si esta estuviera cubierta en aceite, detalle que pudieron ver los confusos pescadores. No era un fuego corriente; en apenas unos segundos el barco comenzaba a hundirse, destrozado.

- Demonios... ¡Swain lo quería vivo! –murmuró Talon, corriendo hacia el fin del muelle y saltando hacia el agua, descartando su larga capa, demasiado cargada y pesada para permitirle nadar. Con fuertes y precisas brazadas, llegó al barco del que restaban unos maderos humeantes... Pero no había rastro alguno del Xeniam. Un presentimiento invadió al asesino noxiano, y ladeó la vista al centro del puerto, donde se había quedado la copia falsa del Xeniam, que ahora estaba montada en lo que parecía poco más que una mísera chalupa, sin siquiera disponer de velamen, pero sin embargo en aquellos momentos se deslizaba a toda velocidad sobre la superficie del mar, demasiado rápido como para que el capitán noxiano pudiera apuntarlo con el extraño artefacto... Y Talon no disponía de arma arrojadiza alguna, acto que lamentó aún más cuando el Xeniam pasó apenas a unos escasos metros de él, y le hizo un leve gesto de despedida con la mano, antes de aumentar aún más su velocidad y desaparecer de la costa.

- ¡Maldición! –Talon gruñó, aun dando brazadas en el mar. Definitivamente, Swain no estaría contento.

Capital de Noxus.

Los Dominios de Swain nunca eran un lugar en el que alguien deseara estar voluntariamente, pero era mucho más tolerable ser una sombra silenciosa, un testigo mudo, que permanecer frente al Alto General para ofrecer un informe lamentable horas después de una actuación como aquella. Apelando a su propia calma interior, Talon permaneció impasible en tanto Swain terminaba su espantosa comida. Aparentemente, no era casualidad que decidiera "invitar" a alguien a sus aposentos personales en la hora en la que el Alto General tomaba su almuerzo vivo. Ayudaba notablemente a sentir cómo las garras del cuervo se atenazaban en torno a uno mismo...

- Talon, Talon... Los soldados a tu cargo rodean al objetivo, herido por tu propia daga, la cual ya sabes lo que posee... Y lo ignoras para perseguir un barco y revelar a la población nuestros progresos con el Proyecto Beta. ¿Crees que estoy contento? –la mirada férrea de Swain se ladeó un momento, mirando a las otras sombras presentes; Darius y su hermano, las hermanas Du Couteau, y LeBlanc. Un selecto grupo al que se habían unido además el siempre espantoso Urgot, y al lado de este, también otro engendro mecánico, pero muchísimo más refinado. Viktor, Heraldo de las Máquinas, hablaba en silencio con el Verdugo.

- ... Pididly podría ser mucho más efectivo si pensara más en el progreso y no en su propia persona. El Proyecto Beta puede ampliar tus funciones y suprimir los espantosos conectores bio-tecmatúrgicos que...

- ... ¿Talon? –la voz de Swain tomó un tono mucho más profundo y amenazante mientras el asesino volvía a prestar atención al Alto General.

- Las noticias solo dicen que ese ser robó un barco pesquero, lo destruyó, mató a todos los pescadores del muelle y a varios guardas, y se lanzó al mar en un miserable bote, solo –dijo rápidamente la Sombra de la Hoja, mientras Darius gruñía, mirando de soslayo a Katarina. El Talon que el General había conocido en sus inicios carecía de la dialéctica suficiente como para soportar hablar con Swain sin trastabillarse con cada palabra. Aparentemente, en la casa Du Couteau hacían algo más que afilar sus cuchillas...

- Y sin embargo, no es eso lo que decían los informes... –dijo el Alto General, entrecerrando los ojos. Talon permaneció impasible, soportando la mirada.

- La seguridad del Proyecto Beta así lo requería, como ya habéis dejado claro en otras reuniones –tras unos segundos, Swain sonrió de forma cruel, haciendo un aspaviento a Darius, quien casi a regañadientes aplastó la runa que tenía en sus manos, provocando que las ataduras que habían inmovilizado totalmente a Talon desaparecieran y este cayera al suelo, arrodillado ante su superior. Cassiopeia no pudo evitar un leve silbido de desaprobación, mientras el gesto de su hermana era completamente el opuesto. La Casa Du Couteau había sufrido demasiadas pérdidas como para que la segunda mejor cuchilla también cayera entre las sombras...

- Se ha ido; volverá y será aplastado. Como has indicado, otros asuntos requieren más atención que esa nimiedad. Puedes retirarte, Talon. Ahora... ¿Urgot, Viktor? –preguntó Swain, haciendo un ademán a los dos seres robóticos del grupo. –Me ha parecido escuchar que habéis encontrado avances en el Proyecto Beta...

Proyecto Beta. El término se le pasó a Talon por la cabeza, y un gruñido de disgusto trató de escapar por sus labios antes de que lo ahogara. Un ejemplo más de cómo su vida de ladrón y asesino era más simple y decente que los actuales planes del Alto General. Noxus siempre había buscado el poder y la dominación... Pero con Swain, lo estaban logrando de verdad.

El Proyecto Beta había nacido del hecho fortuito de que cuando Istvaan, el Traidor de la Liga, liberó a todos los monstruos del Intituto, Brand apareció cerca de las planicies de Noxus... Y rápidamente fue enjaulado por Swain, quien encontró interesante disponer de un poder destructivo tan masivo. Cómo disponía de prisiones rúnicas tan poderosas, era algo que se le escaba a Talon, pero siendo el Alto General, había pocas cosas que este no lograra si se lo proponía. Cuando fue nombrado, Swain había afirmado a Noxus que esta sería imparable... Y Talon sabía que no había sido una propuesta vacía. El hecho de que Viktor se encontrara allí era una prueba.

- Las Lágrimas de Fuego que habéis repartido entre vuestros soldados deberían perder su poder dentro de unas pocas horas, pero es solo una prueba de las aplicaciones que pueden realizarse utilizando a Brand como una fuente de energía. Los planos para hacer armas de asedio ya están completados y en marcha. Pero sobre todo, hay aplicaciones para el Proyecto Al–un golpe seco del bastón hizo que la voz distorsionada de Viktor se cortara de repente.

- Hablaremos en privado de las repercusiones que este Proyecto tenga con otros que no deben salir de esta sala, Heraldo. Ahora bien, para eso... –con un gesto sorprendentemente rápido, Swain apuntó a la pared a su izquierda, donde una colosal garra de cuervo apareció de la nada y pareció agarrar algo, antes de que surgiera un chisporroteo de luz y las garras solo cortaran el aire. Swain masculló una leve maldición, dirigiendo su mirada entonces hacia LeBlanc, quien también tenía un rictus de molestia en su rostro.

- Al parecer nuestra invitada disponía de más reflejos de lo esperado... –murmuró la Embaucadora, en tanto el resto de Campeones se miraba confundidos entre sí. Swain hizo un gesto con la mano, descartando aquel asunto mientras miraba la marca de la pared, donde se revelaba el gesto de una figura femenina...

Capital de Demacia. Actualidad.

Las cuatro figuras caminaban por una de las calles principales de la Capital, captando la atención de prácticamente todos los que llegaban a posar sus ojos en alguno de los cuatro Campeones. Cada uno de ellos era una visión digna de ver, pero verlos juntos causaba mucha más curiosidad por parte de los demacianos, dado que no eran Campeones que se hubieran relacionado previamente de ninguna forma...

- Están mirando demasiado. No me gusta que me miren tanto tiempo con esas caras de... –comenzó Graves, gruñendo por enésima vez mientras aplastaba con sus dientes el puro que acababa de encender.

- Calma, Malcolm. Estamos aquí en son de paz, ¿recuerdas? Tienes que limpiar tu nombre –repuso Fate, ladeando la vista para mirar a su compañero. El Purificador lideraba la marcha, en silencio y a paso vivo, y la Cazadora se aseguraba que ninguno de los dos estafadores se perdía por alguna calle. Ni siquiera Fate se planteaba la opción de desaparecerse; esos dos locos de la pureza y la luz no se caracterizaban por ser compasivos con sus enemigos...

- ¿Mi nombre? Maldito gitano, ¡tú has hecho el doble de atrocidades que yo! –ladró el malhumorado Forajido, caminando de todas formas. Sentía la penetrante mirada detrás de él, lo que le recordaba perfectamente que en aquella ciudad, Shauna Vayne podía disparar a quien quisiera, y la brutal ballesta de la Cazadora era algo que no podría esquivar a esa distancia. De todas formas, aunque la esquivara a ella, estaba el otro, el Purificador... Definitivamente, Vayne se estaba cobrando aquel favor... ¡Mil veces maldito fuera Istvaan!

El destino de los cuatro Campeones era la Casa Vayne. Sorprendentemente, se veían algunos destellos de luz bajo las pesadas cortinas, aunque ello no pareció perturbar a la Cazadora en absoluto, quien se limitó a abrir la puerta, y con un gesto de cabeza instar a los otros tres hombres que avanzaran al interior, donde les esperaban un par de figuras sentadas en el ahora restaurado salón. Shauna bufó levemente al ver aquel exceso de luz, pero no había más remedio; al fin y al cabo, Luxanna Crownguard no se hubiera quedado en las apacibles sombras, no eran su elemento. La Dama de la Luz estaba acompañada por el Senescal, Xin Zhao, quien observaba alternativamente a Fate y a Graves con una mezcla de incredulidad y rechazo.

- ¿Estas son tus otras armas, Vayne? Nuestro Rey esperaba algo más fiable –expuso el Senescal, hablando directamente a la fría Campeona, quien no se inmutó un instante. Graves fue a ladrar algo una vez más pero Lucian apoyó una de sus manos en el pecho del hombre, deteniéndolo, mientras Fate optó por guardar un prudencial silencio. Fueran partidas de cartas o reuniones diplomáticas, las palabras merecían ser escuchadas con atención para obtener una mano ganadora.

- Jarvan III solo debería esperar fiabilidad de un grupo organizado por mí, Xin Zhao. Tendrán las manos manchadas en sangre o trampas, pero ninguno de nosotros puede decir que esté completamente libre de la oscuridad... ¿Me equivoco, Víscero? –dijo Vayne, mirando fijamente al Senescal, quien frunció el ceño pero asintió en silencio.

- Sigo sin entender por qué estoy aquí, Cazadora. ¿Qué oscuridad voy a tener yo? –dijo la joven fémina aún sentada, antes de que varias esferas de luz nacieran de sus dedos y comenzaran a dar vueltas sobre todo el salón, arrojando ocasionales haces de luz sobre los rostros de los Campeones presentes. Los trucos y bromas de Lux, pensó Fate para sí, eran conocidos a lo largo y ancho de Valoran.

- Fue una agradable sorpresa saber que estabais de vuelta en la capital, Luxanna. ¿Una interesante estadía en Noxus? –preguntó Vayne.

Con un chasquido de luz, Lux ya no estaba sentada en el sillón, donde solo quedaban unas leves volutas de energía, sino al otro extremo de la casa, y al mismo tiempo un haz de luz atrapó a la Cazadora. Los ojos de la mujer que sostenían el hechizo no tenían nada que ver con la risueña Campeona conocida por todos. Eran, sorprendentemente, los que uno esperaría en la propia Vayne. Aquella mirada perturbó incluso a Lucian, quien seguía deteniendo al Forajido, que no se había inmutado en lo más mínimo.

- Todos tenemos nuestra oscuridad, Luxanna. Incluso tú, por mucha luz que utilices.

- ... ¿Desde cuándo? –dijo la demaciana de cabellos dorados.

- Desde que Swain entró al poder, y te descubrió. Ha estado jugando contigo desde entonces, dejándote ver solo lo que a él le interesaba.

- Shauna Vayne. ¿Por qué has ocultado esa información? –preguntó Xin Zhao, mientras unas volutas de luz se dispersaban a su alrededor, revelando que la estoica figura del Senescal estaba tan recta solo porque había estado enarbolando su lanza todo el tiempo. La estancia en la que se encontraban y la legendaria habilidad y velocidad del guerrero se unían en un mismo hecho; ninguno de los cuatro tiradores podría hacer algo contra Xin Zhao antes de que su lanza los hiciera trizos. Las esferas luminosas solo otorgaban un efecto más pronunciado al bañar ocasionalmente la punta metálica con su luz

- Seguíais necesitando la información, y si hubierais sabido la verdad, Jericho Swain hubiera asesinado a vuestra espía sin perder un instante. Ese cuervo tiene muy buenos ojos –expuso Vayne, caminando mientras miraba alternativamente al Senescal y a Lux, quien tardó unos segundos en percatarse de que su enemiga estaba libre. Un instante después caía al suelo aturdida, mientras una carta dorada se deshacía en su pecho.

- ¿Cómo habéis...? –preguntó Xin Zhao, sin aparentemente ánimo de represalias.

- El movimiento de las esferas de Lux sigue un patrón... Solo había que esperar a la señal y a que las luces os distrajeran un instante –indicó Twisted Fate, haciendo una ligera inclinación con su sombrero.

- ¿Podemos dejar las estupideces y hacer algo de una vez? –dijo de pronto Graves, frunciendo el ceño. – ¡Si vamos a hacer esto no quiero perder tiempo de más! Tengo una maldita propiedad que reparar.

Minutos más tarde, los seis Campeones estaban dispuestos en asientos en torno al fuego de la vivienda, que había vuelto a enfriarse en el momento en el que los hechizos de Lux decayeron. Aparentemente, la demaciana había optado por ocultar la herrumbre y los restos, por lo que la decadencia volvió a inundar el salón principal mientras el Senescal revisaba el estado de la joven antes de centrar su atención en la Señora de la Casa.

- ¿Por qué ahora, y por qué necesitas a Lux, Shauna? –preguntó el antiguo gladiador, directo una vez más. Ante la pregunta, Vayne hizo un gesto a Lucian, quien a regañadientes abrió parte de sus ropajes, revelando la marca de Mordekaiser en su torso. Fate dejó escapar un silbido de sus labios mientras Graves bufaba, dando una calada a su puro.

- Eso tiene peor pinta que los tatuajes que hacen en Aguas Estancadas a los que no pagan... –comentó el Maestro de las Cartas.

- Las Islas de las Sombras han perdido el favor con el Instituto de la Guerra. Favor que, para empezar, no tengo demasiado claro cómo obtuvieron... De cualquier forma, planean algo. Los grandes se han reunido allí a la espera de la Niebla Negra; es el momento perfecto para aplastarlos.

- Kalista, Evelynn, Mordekaiser... Posiblemente Hecarim también haya llegado. Suele liderar la Niebla, y fue con ella con la que me echaron hacia Demacia –dijo Lucian, volviéndose a atar la toga y apoyando una de sus armas directamente en la marca. Al mero contacto, el arma santificada empezó a brillar, y el tirador ahogó un gruñido de dolor... Pero la marca seguía sin desaparecer. El Purificador chasqueó la lengua, volviendo a guardar el artefacto.

- Hablaste de oro, mujer –dijo Graves, cortando al Senescal que iba a volver a hablar. –Suficiente como para reparar los desperfectos de mí casa.

- ¿Oro? –preguntó Xin Zhao, mirando a la Cazadora. – ¿Vais a robar a los muertos?

- Os dije que conseguiría armas, Senescal. El cómo obtengan su justo pago depende de mí. De cualquier forma, somos cuatro, y necesitamos a Luxanna. Su magia es un enemigo natural de las Sombras, y sus otras habilidades solo la hacen más apta –Xin Zhao frunció levemente el ceño, meditando sobre cuánto bien había resultado para Demacia abrir tanto la mano a Shauna Vayne. Sabía cosas que debían ser secretos de Estado.

- Luxanna Crownguard no es un juguete que el Rey pueda ceder a quien lo pida, Vayne, y lo sabes. Lo que propones es poco más que una misión suicida.

- ¿Enviar repetidamente a un espía a las salas privadas de Jericho Swain no lo es, acaso? Xin Zhao, somos un grupo de supervivientes. Y Luxanna Crownguard entra perfectamente en mi definición.

- Deja de... Llamarme así. No me gusta Luxanna –murmuró la voz de la joven demaciana, aún con los ojos cerrados. –Está bien, Xin, iré. No puedo seguir yendo a Noxus y lo sabes, pero tampoco voy a quedarme en casa. No me alisté para eso.

- Tiene principios... –murmuró Graves, echando una buena cantidad de humo por la boca, antes de mirar fijamente a la demaciana. –Ahora creo que durará menos. No se pueden tener principios con bestias asesinas.

- Hmpf. He matado a más monstruos que tú, Forajido –El interpelado abrió la boca para replicarle, pero en ese momento Lux abrió sus ojos... Y no había rastro alguno de la inocencia habitual de la joven, sino la fría mirada de quien había visto el horror suficientes veces como para sobrevivirlo. Malcolm bufó, echándose de nuevo en su sillón.

- Ella puede daros su aprobación, pero debe de ser Jarvan III quien conceda. Y solo se me ocurre una forma en la que podáis aseguraros su favor... Bueno, dos –empezó Xin Zhao. –La primera, es que necesitáis llegar hasta las Islas, y con la Niebla Negra en ciernes, ningún barco corriente os llevará. Con el beneplácito de los Crownguard, podríais fletar un barco demaciano que os lleve directamente.

- No debería ser complicado –apuntó Vayne. –Continúa. Eso solo nos abre el camino, pero no aporta el favor del Rey.

- Efectivamente... Para esto último vais a necesitar probar vuestra valía con un ejemplo...

Lejos de allí, en los aposentos privados del Ejemplo de Demacia, Jarvan IV observaba pacientemente una pequeña Esfera de Visión, localizada dentro del porta-armaduras real, lanzando ocasionales miradas hacia la puerta, donde podía contemplar la sombra de las Alas de Demacia... Pero había cosas que incluso su fiel Quinn no podía ver.

- Has tardado mucho en realizar el contacto... –dijo la voz femenina tras la esfera, opaca y rajada. Solo las voces podían fluir en aquella magia gastada.

- El tiempo preciso en el momento preciso, ese fue el acuerdo –murmuró la voz profunda de Jarvan, mientras sus ojos observaban por enésima vez cada sombra de su habitación. –¿Novedades?

- Luxanna no volverá a Noxus... Por lo que solo quedas tú en el plan. Y pensar que ella no sabe nada de nada... –el tono jocoso de la mujer se cortó tan abruptamente como había empezado. –Sabes lo que arriesgamos con esto...

- Lo sé, LeBlanc. Pero ya es demasiado tarde, no puedo irme como entré. Será necesario seguir hasta las últimas consecuencias... Así que háblame de los proyectos Alfa y Beta.

Aldea costera demaciana.

El viento había muerto, provocando que las rachas de aire que mecían los restos destrozados se detuvieran, poco a poco enmudeciendo el lugar, excepto por las llamas que crepitaban aquí y allá, consumiendo casas y cuerpos. Un ligero sollozo era lo único que mostraba que quedara alguien vivo en aquel pueblo, que había estado entero hacía unos escasos minutos. Los sollozos aumentaron, y pronto, otros se unieron a él, y al par se unió un tercero, mientras los pasos se acercaban.

Los dos niños se habían escondido en lo más profundo del mostrador de su padre, desde donde podían ver claramente los cuerpos caídos en el suelo. Por algún milagro, ellos no habían sido vistos como el resto de objetivos, es decir, todo el maldito pueblo. Incapaces de asimilar en sus tiernas mentes aquella destrucción, se habían rendido al miedo, demasiado jóvenes como para haber sido instruidos en el Código de Demacia. Ese era el mismo pensamiento que había condenado a todos sus amigos y conocidos... Pues cuando aquella pequeña y gimoteante sombra apareció en la entrada del pueblo, muchos lo confundieron por un niño perdido.

Y así era, pero hacía muchos siglos que Amumu no era un niño. Y mucho más tiempo, desde que había podido hablar con alguien sin que la maldición que hacía inmortal su cuerpo y su mente devorase las vidas de todos los que se encontraban cerca. Apenas bastó que un soldado acercara una mano a la pequeña capita que la Momia Triste había podido obtener de la anterior aldea para que metros y metros de vendas surgieran de su cuerpo, y la oscuridad que llenaba al maldito lo poseyera una vez más. Con ojos rojos y lágrimas, deshizo a todo y a todos en apenas un instante, casas destruidas y vidas asesinadas.

- Yo solo quiero un amigo... –se escuchó la suave voz de la momia, mientras caminaba hacia los dos niños, aun sollozando. Estos, petrificados, solo pudieron ver cómo la figura del no-muerto se acercaba a ellos, hasta que sus grandes ojos blancos eran lo único que podían ver.

- Solo quiero un amigo... –repitió. –¿Por qué todos se van? ¿Por qué siempre me dejan solo? ¡YO QUIERO UN AMIGO!

Un instante después, los ojos rojos se desvanecieron, dejándole ver las vendas, aún envolviendo a los dos niños asfixiados, mientras se soltaban y volvían a envolver su cuerpo.

- No mereces amigos... Nos tienes a nosotros... ¡Juega con nosotros! –chillaron las voces en su cabeza, y Amumu rompió a llorar amargamente una vez más, mientras toda la aldea era arrasada hasta los cimientos de nuevo...