21- Dar una vuelta en una atracción

El faisán hace gestos a Fox, quien está tomando en un vaso con tapa un sorbete por el calor que hace. Es un día perezoso de verano, domingo, en el que todo está cerrado menos la feria anual más grande de Zoness, que con sus aguas recién limpias comienza a retomar el aire turístico y paradisíaco del que gozaba antaño.

-¡Venga, Fox! ¡Que como sigas a este paso no nos montamos en la parte de delante de la montaña rusa ni a patadas!

-Sí, sí, ya acabo...

Fox toma el último sorbo y suspira. Tira a una papelera de reciclaje de cartón el vaso, la pajita y la tapa al plástico, y es inmediatamente arrastrado del brazo por un apurado Falco que hoy se comporta como cualquier niño cuando quiere montar en las atracciones.

-¡Venga, venga, venga! ¡Vamos ya!

-Sí, sí...

A pesar de que llevan toda la mañana montándose en las atracciones el pájaro todavía tiene energía para seguir, en cambio Fox está agotado aunque ya hayan parado a comer hace escasos minutos. La larga cola avanza con rapidez con cada tanda de gente que va a la montaña rusa. Dicen que es la más rápida de toda la galaxia en estos momentos además de una de las más altas.

-¡Había una igual cuando vivía aquí y se veían las islas gemelas! Me encantan esas islas, tenían fruta buenísima. Si te la llevabas a casa y la licuabas con leche y la metías al congelador en una bolsa y luego le dabas con un mazo te hacías unos granizados de muerte!

-¿Como el que me acabo de tomar?

-¡Qué va! ¡Eso no es nada comparado con los granizados que nos currábamos! Los que hacen aquí son todos agua.

Fox agita su cabeza y mira al cielo azulado donde no hay ni una sola nube. Es increíble que a pesar de estar en noviembre en Corneria aquí estén en verano todavía. ¿A cuántos grados están? ¿Treinta? Él mira al suelo hasta que algo le de sombra. Es el faisán que hoy a decidido vestir una camiseta sin mangas y por tanto sus enormes alas están completamente abiertas. Él le sonríe y el zorro le devuelve la sonrisa.

-¿Mejor?

-Sí, gracias. Mucho mejor.

Falco lo besa, y Fox se extraña de que no haya comentarios de nadie al respecto. Supone que es el ambiente de Zoness. Sí, eso tiene que ser.

Su turno llega y nadie va a la parte de delante excepto los dos pilotos acostumbrados a la emocionante sensación de la velocidad y el vértigo.

-¿Listo?

-¡Listo!

-...¡Informad de vuestro estado! -Le dice Falco.

-¡Ajustad vuestro difusor de antigravitación-G!

-¡Mi difusor no funciona correctamente!

El resto de la gente ríe con ellos al reconocerlos y más de uno se siente halagado de que estén allí. El maquinista da la señal cuando están listos y les desea un buen viaje.

La máquina se pone en marcha y Falco mira al frente, donde les espera la primera subida.

-¡Espero que le den caña a esto!

-¡Y que sea rápido!

-¡Sí!

-¡Qué calor!

-Solo a ti se te ocurre venir hoy con botas y manga larga! ¡Y eso que te avisé!

-Ya, pero como estamos en noviembre no te creí. ¡Pensé que estarías hablando en broma!

-¡Esto es Zoness! Tenemos clima tropical absolutamente todos los días del año. Mejor para mi, la verdad. Prefiero una y mil veces el calor al frío.

La atracción llega al punto de inflexión de la primera montaña y la velocidad aumenta al bajar.

-¡Vamos!

Oye al fondo unos gritos y Fox se tiene que agarrar bien a la barra porque se va hacia delante en el asiento. Al frenar resbala más y parpadea de la impresión.

Es entonces cuando empieza otra subida mucho más alta que la anterior y su espalda se pega casi en el respaldo.

-Mierda...

-¿Tienes miedo o qué?

-¡No! No me acordaba de cómo era la gravedad en tierra... Además estoy tan delgado que me escurro por debajo de esto.

Él hace un sonido y coge su mano algo temblona por la velocidad antes de subir a la cumbre.

-¡Mira allá ahora!

-¿Esas son las islas que dices? Uao... ¡Uah!

El ave se ríe cuando Fox se escurre en el asiento hacia abajo sujeto por las medidas de seguridad.

-¡Demonios!

-¿Te echo una mano, enano?

-¡Graciosillo! ¡Oh, no, otra subida no!

-Pues espera a que venga el rizo.

-¡No, no, no! ¡Sácame de aquí! ¡Mátame!

-¿Para qué? ¡Es más divertido así!

Falco tira de él bajo ambos brazos para sentarlo y él se abraza al faisán, el cual le sorprende.

-¡No me sueltes!

-¡Menuda porra de piloto estás hecho!

-¡Lo que quieras pero no me sueltes!

Fox se agarra con más fuerza a Falco en cada una de las bajadas. Hay dos rizos y el primero es mareante para Fox, aunque en el segundo, cuando los dejan en la parte de arriba, el zorro teme realmente por su vida y se esconde en Falco por el resto del viaje hasta que la atracción se para en el mismo lugar en el que subieron. Todo termina, amén de que cada músculo de su cuerpo está temblando. Falco mueve un poco al zorro escondido entre su cuello y su hombro y le susurra al oído.

-Eh, Fox, ya está. Ya acabó.

-¿De verdad?

-Ahá.

-¿Me lo dices en serio?

-En serio.

-¿No me mientes?

-¡Qué no, no!

-Pensé que me moría...

El cánido se quita el cinturón y la barra de seguridad y tropieza al salir, casi cayéndose al suelo. Falco agita la cabeza, después pone una mano en su hombro y lo atrae hacia él.

-¿Estás bien?

-Sí. Pero creo que no vuelvo. Al menos no con estos pantalones. Pensé que me estampaba. ¿No se supone que se llaman medidas de seguridad?

Él se ríe y pone la cabeza sobre la suya. En realidad, Fox estaba todavía bien sentado en el asiento, pero el simple hecho de no tener el control sobre aquel aparato lo pone nervioso a más no poder.

-¡Dos granizados de frutas grandes, por favor! Aunque a lo mejor te apetece una tila...

-Oh, cielos, Falco, calla... Eres de lo que no hay.