Disclaimer: Todos los personajes de Supernatural pertenecen a Eric Kripke, por lo que esta historia no persigue fines de lucro.
Pairing: Este es un Dean/Claire!Castiel.
Spoilers: Toma como base el 4x20 y de ahí se sitúa en la sexta temporada.
Soundtrack: Capítulo cortesía de Eagles y su Hotel California.
Advertencia: PWP. Es necesario relajarse alguna vez, ¿no?
Reverie.
Capítulo 21.
Apenas había anochecido, en el horizonte pequeñas y brillantes estrellas fueron apareciendo en el cielo violeta y anaranjado.
Castiel se había acomodado en la butaca que estaba al lado de Bobby en busca de un poco de silencio, puesto que casi toda la tarde la había pasado entre quejidos de dolor y cosas rompiéndose gracias a que los Winchester habían decidido liberar tensión a base de riñas y bromas pesadas. Al principio había tratado de detener el caos pero Bobby le calmó diciendo que esa era la forma en que esos idiotas se demostraban afecto. Cas quiso interrogarle otro poco, no veía como rodar por el suelo mientras tu hermano te piñizca era un actuar cariñoso, pero recordó que había juzgado con rapidez las nalgadas aunque luego que Dean le dio algunas le halló el gustito. Calló y ojeó la pila de libros empolvados en el escritorio de Bobby. El cazador le vio de reojo ante el gesto dubitativo y con una amable sonrisa le dijo que podía tomar el libro que quisiera.
Estaba terminando de leer lo que parecía ser un tratado de angelología (algo bastante inexacto para su gusto) cuando Dean bajó las escaleras a todo galope, un bolso colgaba de su brazo.
Bobby levantó la cabeza y le arqueó las cejas.
— ¿Tú y tu hermanito terminaron de jugar? —Preguntó malhumorado—. Ten en cuenta que no pienso limpiar el desastre, ni que fuera vuestra jodida niñera.
—Tranquilo, Bobby. Sam tendrá mucho tiempo libre a partir de ahora y él se encargará —dijo apresuradamente mientras se acercaba a Cas. De un jaloncito en su antebrazo la levantó de la butaca—. Nos vamos.
— ¿Adónde? —Preguntó ella dejando el libro en la mesa.
—Deja las preguntas para después, debemos huir ahora —remarcó en un susurro pero pese a todo el otro cazador le escuchó.
—Oh, genial. Ahora tendré que consolar a Gigantón o ahogarme en su mar de lágrimas en el intento —masculló por lo bajo. Dean le ignoró y le tomó la mano a Cas para arrastrarla hasta la puerta.
—Te veo luego Bobby —gritó cuando ya estaban afuera. Echó a correr hacia el Impala con el ángel pisándole los talones.
—Dean, ¿qué pasa? —le miró con genuina preocupación.
—Te lo contaré en el camino —le soltó para subirse en coche; no le pareció extraño encontrarse a Cas ya acomodada a su lado. El motor rugió y Dean lo condujo a toda potencia, pero un grito estrepitoso rompió la calma de la noche cuando bordearon el arco de entrada del Singer Salvage Yard. Fue como el rugido del monstruo del lago Nes diciendo "¡Dean!"
Dean se carcajeó cuando tomó la carretera para dirigirse al pueblo. Volteó a ver ángel y recordó que todavía no le explicaba nada de nada.
—Bien, Cas. Me he dado cuenta que no hemos hecho muchas cosas de humanos —comenzó con tono ameno—. No con Sam y tus hermanos aguándonos la fiesta.
— ¿Dormir juntos no cuenta? —Inquirió Castiel con cejas contraídas.
—Eh…Me refería a intentar cosas nuevas —señaló pasando saliva con algo dificultad. Ella y su bendito don de dejarle sin habla—. El punto es que ahora que le he dado su merecido a Sam, he decido que es tiempo de tener una noche libre.
— ¿Por eso el bolso?
—Exacto —sonrió travieso—. Échale un vistazo, si quieres —ofreció—. No me extrañaría que ahora Sammy esté lloriqueando en un rincón —añadió para sí.
Cas abrió el bolso sin reparar en la referencia que hizo Dean. Adentro estaba la computadora de Sam, su iPod, el GPS y unos cuantos cuentos infantiles. Sí, Dean le había dado en lo que más le dolía. Siguió intruseando y con sorpresa encontró unos CDs de música tántrica y country y en el fondo de todo estaba su femenino iPod. Ahora que recapitulaba no había ocasión de usarlo, se dijo sacándolo para contemplarlo.
—Tuve tiempo de ponerle música antes de robarle la laptop a Nessie —comentó con una sonrisa. Cas le observó por breves instantes insegura de qué hacer—. ¿No sabes cómo usarlo?
—Creo recordar como encenderlo —respondió manipulándolo. El mensaje de saludo apareció en la pantalla. Dean aparcó en un costado y encendió las luces de emergencia.
—Déjame ver —dijo pidiéndole el reproductor de música. Fue tocando la pantalla mientras le iba explicando las funciones básicas. Cuando quedó todo claro, rebuscó en el saco los auriculares y una vez dio con ellos los conectó y se los ofreció al ángel—. Póntelos.
Cas se los acomodó en las orejas como Dean le ilustró y el cazador le dio play. Cas sonrió al instante.
— ¿La reconoces?—Cuestionó él expectante.
—Sí —le miró a los ojos, la alegría fue visible en esas irises azules —. Es All Of My Love de Zeppelin.
—Dijiste que era tu favorita… —habló en susurros mientras se enfocaba en la carretera, sus manos descansando en el volante.
—Gracias —suspiró Cas abocando su atención al iPod.
—De nada —exhaló. Se volteó a verla y le desordenó los cabellos en un gesto afectuoso, ella cerró los ojos como si fuese un gatito ante la caricia—. Ok, andando —dijo llevando al Impala de regreso al camino.
Dean descubrió que había pasado mucho tiempo desde la última vez que puso un pie en un bar. Un mes más o menos, se corrigió mirando de soslayo a Cas. Y es que desde que ella había vuelto pues, no había tenido la ocasión. Se preguntó si había sido buena idea cuando notó a algunos tíos que estaban sentados a la entrada del bar, todos mirando a Cas como si fuera carne fresca. Malditos carroñeros, maldijo para sus adentros poniéndole una mano a la cintura al ángel, entérense, está ocupada transmitió con los ojos y los sujetos arrugaron los labios con expresión decepcionada. No podía culparlos, el atuendo que traía Cas era a prueba de ciegos: Una chaqueta de cuero color blanco, un top azul con tirantes que hacía que su piel luciera más cremosa de lo normal y esos jeans que se le ajustaban a las caderas que le producían hipo a Dean.
— ¿Dean? —bisbisó cuando advirtió que miraba hacia la entrada con algo similar a la cólera. Fijó la vista al mismo sitio y sólo vio humanos, nada aparentemente peligroso.
—Dime —respondió observándole.
— ¿Por qué te miran así? —señaló al grupito. Dean sonrió con arrogancia.
—No me miran a mi—explicó apegándola más a su cuerpo sin dejar de caminar—. Miran a quien viene conmigo —susurró en tono misterioso—. Pero que se jodan, no me gusta compartir.
Cas parpadeó sopesando sus palabras pero en cuanto entraron a al bar, olvidó la interrogante que había surgido con sus palabras. De repente el juego de luces amarillentas y rojizas y la música lánguida y suave captó de lleno su interés.
Dean la condujo a la barra con algo de dificultad, atravesando el mar de gente que usaba cualquier espacio como pista de baile. Con suerte, dos asientos se desocuparon de pronto y tanto Cas como Dean se fueron raudos a por ellos.
— ¿Qué les sirvo? —se hizo oír el barman entre el barullo. Dean se inclinó un poco, no tenía ánimo de gritar, no después de haberlo hecho toda la tarde, e hizo el pedido. Cas le miró curiosa y él se acercó lo suficiente para hablarle al oído y explicarle todo. El cantinero fue expedito en su labor y más pronto de lo esperado colocó un vaso de whisky frente a Dean y un trago entre rosa y naranja frente a Cas. El cazador le pasó unos cuantos billetes a cambio.
—Dean —dijo Castiel en su oído—. ¿Qué es eso?
—Es un trago dulce —indicó—. Se llama Primavera —le acercó el vaso—. Pruébalo, no sabe mal.
El ángel lo estudió por unos cuantos segundos, pero en vista que habían venido para intentar cosas nuevas… Se llevó la pajita a los labios y dio un sorbito. Un sabor dulce y fresco inundó sus papilas gustativas y cuando la dulzura se desvaneció sintió un leve ardor, de seguro ese era el alcohol.
— ¿Qué tal? —Inquirió Dean antes de darle otro sorbo a su vaso—. A que no sabe nada mal.
—Me gusta —aceptó ella con labios curvados—. Sabe bien —Luego paseó la mirada por el lugar, fijándose en las parejas, en cómo se movían de modo extraño y a veces embarazoso y sin ritmo. Se dirigió a Dean otra vez — ¿Qué hacen? —Cuestionó apuntándoles—. ¿Por qué se mueven de esa forma, están enfermos? —Dean rió dejando el vaso vacío en la barra.
—No Cas, no están enfermos. Están bailando —contestó aproximándose un poco más que las otras veces, un aroma suave y dulce ingresó a sus fosas nasales. ¿Cas estaba usando perfume? No, se dijo, huele como siempre, solo que ahora lo siento con más fuerza porque estoy casi encima de ella.
— ¿Bailando? —dándole el último trago a la Primavera. Después de todo, a ella no le afectaba el alcohol, a menos que se bebiese todo la barra… Recordó la vez que se bebió toda la licorería. El dolor de cabeza había sido terrible.
—Sí. ¿Quieres intentarlo? —le animó sintiendo una vez más las miradas de tanto tíos como tías clavadas en ellos. ¿Es que no se daban cuenta de que estaban juntos?
— ¿Vamos a vernos como ellos? —apuntó a una pareja descoordinada que parecía bailar su propia canción.
—No —rió mirándola a los ojos, casi nulos milímetros les separaban, su mano izquierda le acomodó el cabello tras la oreja—. Para nada, no soy tan malo. Confía en mí.
—Lo hago, Dean —Musitó sobre su boca—. Siempre —Dean sonrió satisfecho por la respuesta y se puso de pie, ofreciéndole su mano. Avanzaron con cuidado hasta dar con un espacio lo suficientemente grato para no chocar con nadie.
—Ok, aquí vamos —suspiró él poniendo las manos de Cas tras su cuello y las suyas envolviendo su cintura. En ese momento las luces bajaron y una nueva canción empezó a sonar por todo el lugar. Dean la reconoció de inmediato, era Hotel California de los Eagles—. Qué suerte —comentó ante el ininterrumpido escrutinio de Cas—. Esta me gusta —y comenzó a moverse con el ángel en un definido y gentil balanceo. De pronto todo el gentío se volvió una unica voz que coreó el estribillo.
Welcome to the Hotel California
Such a lovely place (Such a lovely place)
Such a lovely face
Plenty of room at the Hotel California
Any time of year (Any time of year)
You can find it here
Cas cerró los ojos de un momento a otro, apretándose contra Dean, descansando su mejilla en la barbilla de él. Pero el Winchester parecía ansioso por algo más. Y cuando la música pareció anunciar su mediato clímax, Cas no se sorprendió de que aquella cálida prisión de brazos se afianzara mientras las paredes y los demás humanos comenzaban a desaparecer para ella.
You can check-out any time you like,
But you can never leave!'
Cas se vio sacudida por esas palabras, pero no pudo preocuparse menos por ese súbito pánico que la envolvió, no cuando que la boca de Dean recorrió su rostro con breves besos en busca de sus labios.
Entonces el gemido que dio la canción en forma de un solo de guitarra, tan lleno de nostalgia y anhelo tocó hasta el más ínfimo vello de ese cuerpo femenino, y el ángel lo sintió hasta su esencia más básica y pura, tan latente y agónico. Cas atrajo a Dean de la nuca y sus labios se tocaron apenas antes de volver a encontrarse, abriéndose para danzar con tranquilidad y sin prisas, los sabores mezclándose para dar uno original e indescriptible pero tan delicioso…
Me siento como un mar embravecido, fue la comparación más acorde que ella pudo hallar, porque no podía explicarse como de un momento a otro la sangre comenzó a hervirle en las venas y ese calmado beso le pareció poco, de pronto demasiado hambrienta por más de el cazador.
La canción terminó y la iluminación cambió, un suave tono celeste redefinió a todos los presentes, algunas parejas retirándose a coger un poco de aire o en busca de un refresco mas ellos se quedaron ahí, detenidos, enfrascados en ese beso de múltiples matices.
—Humph —bufó Cas cuando algo en el bolsillo de Dean vibró y pese a que él se apartó un poco para alcanzar el celular, Cas se le pegó sin dejarle alternativa. Optó por cortar el beso, pero en cuanto echaba hacia atrás la cabeza, Cas se ponía de puntillas para seguirle. Al final, Dean tuvo que cogerle de las mejillas para apartarse y recuperar el aliento; los labios hinchados y el brillo en ellos debido sus besos le hicieron tragar duro.
—Cas… —le llamo con tono agitado—. Por poco y me matas —bromeó.
—Lo siento —se disculpó soltándole—. Pero me gusto el sabor del whisky en tu boca, Dean.
El hombre sintió un escalofrío bajarle desaforado por la espalda y descubrió que estaba sudando y que un cosquilleo se le instalaba en el bajo vientre. Oh joder…
Iba a besarle de nuevo, se estaba acercando a ella haciendo vista gorda a los muchos espectadores que de pronto les rodearon, pero el celular volvió a replicar en el bolsillo de sus vaqueros. En cuanto vio quien le llamaba con tanta insistencia, simplemente no se pudo negar y contestó la llamada.
— ¡Dean! ¿Dónde mierda has dejado mi laptop? —el nombrado alejó el móvil de su oído cerrando un ojo.
—Sí, hola Sam, también me da gusto escucharte —le picó guiñándole un ojo a Cas mientras le tomaba la mano y regresaban a la barra.
—Muy gracioso Dean. ¡Te has pasado tres pueblos con esto! Ni siquiera me dejaste mis cuentos infantiles, ¿cómo carajo voy a quedarme dormido hoy?
—No sé, tal vez con uno de esos trucos hippies tuyos —ironizó—. No me jodas, Sam. Tú llevas meses reventándome los huevos, era hora que te la cobrara.
— ¿Qué es ese ruido? —Cambió de tema atento al bullicio del bar—. ¿Estás de juerga con Cas?
—No te incumbe —gruñó. Pie Grande soltó una risita burlesca.
—Eres adorable, sales con tu prometida. Si no me hubieses quitado la computadora estaría allá dándote de ostias por gilipollas.
—Fue precisamente por eso que te la quité. Y el GPS. Y los CDs de música country —le atajó.
— ¡¿Qué? —Se escuchó por el fono un ruido estrepitoso, como si estuviese hurgando—. ¡Ahora sí que si! ¡Esto es la guerra, Dean!
—Oh, vamos Sammy —canturreó mientras acariciaba a Cas en la cabeza—. Sabes que las tienes de perder, si intentas cualquier cosa tu laptop la pagará.
— ¡Dean! —Rugió Nessie.
—Nos vemos más tarde —cortó Dean con una sonrisa de oreja a oreja.
—Tal vez… —vaciló Cas—. Deberías devolverle sus cosas.
—No —frunció el ceño—. Al menos no por ahora —relajó su rostro—. ¿Qué quieres hacer ahora? ¿Te apetece otra Primavera?
—No —bisbisó—. Quiero besarte.
— ¿Qué te lo impide? —susurró inclinando su cara hacia ella.
—La forma en que nos miran —señaló incomoda. Dean se giró con disimulo y se topó con al menos cinco alcornoques mirando sin pudor lo que hacían. Puede que haya dejado fuera de combate a Gigantón, pero los voyeristas, al parecer, les iban a perseguir a todos lados.
—Joder —masculló por lo bajo repartiendo miradas fulminante a los buitres.
En ese momento Cas le tocó el brazo y de un segundo a otro estaban junto al Impala.
—Buena jugada —elogió Dean al darse cuenta de donde estaban.
—Sentí tu rabia —explicó el ángel—. No me gusta verte con esto —dijo acariciándole el ceño fruncido con movimientos circulares. La sensación se le hizo conocida al Winchester aunque no pudo recordar en qué momento le hubiesen tocado allí—. ¿Dean?
— ¿Uhmm? —volcó su atención a Castiel, quien posó sus manos en su pecho, estrujando la tela de su chaqueta, y le besó. Sonrió contra los labios que le acariciaban con ternura y se apartó—. Vamos a casa antes de que Sam se transforme en Carrie y nos convierta en cenizas —bromeó besándole en la frente antes de subirse a su nena.
OoO
Cuando volvieron, Sam les estaba esperando en el aparcadero. Tenía una mirada desquiciada digna de Jack Nicholson en The Shining y se abalanzó sobre Dean gritando ¡Devuélveme mi computadora! Pero Cas fue más rápida y le detuvo a medio camino con sólo una mano en ese pecho enorme. Los hermanos quedaron a cuadros.
—Tranquilízate, Sam —Cas habló con voz grave, ceñuda—. Dejé tus cosas en la sala de estar —ante esa información Dean miró de soslayo el asiento trasero del Impala. Alzó las cejas al comprobar que no estaban. ¿En qué momento…?
Sam, todavía anonadado por la actitud del ángel, no se lo pensó dos veces y se devolvió a la casa dando zancadas.
—Eh… ¿Gracias? —Balbuceó Dean inseguro. Hacía tiempo que no veía a Cas en plan de 'soy un ángel del Señor y no me hinches las bolas o te pulverizo' porque generalmente se mostraba apacible y dócil, pero con esto estaba seguro que no se le iba a volver a olvidar. Entonces Cas le miró con el rostro ladeado como si nada hubiese pasado, sus ojos encendidos con un misterioso y juguetón brillo en tanto caminaba hacia él y Dean olvidó todo.
—De nada —murmuró hundiendo el rostro en su pecho, rodeándole cintura con sus brazos. Al cabo de unos minutos soltó una risita—. Estaba bromeando, Dean. Pero la cara que puso Sam fue muy chistosa.
Oh, he creado a un monstruo alado, pensó Dean relajándose en el abrazo. Sonrió y la apretó a gusto mientras reía al evocar el rostro de borrego decapitado de su hermanito.
A la mañana siguiente, Sam se sentó a una distancia prudente de Cas y no hizo ningún comentario sobre la salida de la parejita. No quería volver a tener pesadillas con Castiel quemando sus cuentos infantiles.
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