Capítulo XXI
Lo prometido es deuda, le recordó cuatrocientas mil veces Albus a la mañana siguiente. Era sábado, el día soleado, y la imaginación de su amigo corría libremente. Tanto ellos dos como Scorpius se habían levantado tarde y cuando llegaron al Gran Comedor se encontraron con que estaba casi vacío.
-Vamos, habla con ella. -Albus no dejaba de mirar a la mesa de Gryffindor, donde Candence desayunaba sola.
-Tío, relájate. Ahora vamos -Jake se sirvió una ración enorme de huevos revueltos y más bacon del que nadie en su sano juicio podría engullir. Scorpius le juzgaba con la mirada. -Qué, joder, tengo hambre. -Comenzó a comerse el bacon.
-Vamos, que se va a ir -insistía Albus impidiéndole que diese otro bocado más. Candence, en efecto, se había levantado, pero no se dirigió a la salida sino precisamente hacia ellos. Sus uñas, de color morado.
-Mirad -les dijo volviendo a enseñarles un ejemplar de El Profeta -han vuelto a colarse en el Ministerio. -Scorpius cogió el periódico y empezó a leer para sus adentros. Jake aprovechó para comer un trozo más de bacon.
-Otra vez en el Departamento de Misterios. -comentó Scorpius tras haberlo leído -Seguramente no encontraron lo que buscaban. -les pasó el periódico al resto para que lo leyesen también.
-Esto me resulta familiar -comentó Albus, y se dirigió a Candence un tanto nervioso -el otro día revolvieron todas nuestras cosas, pero aparentemente no se llevaron nada.
-¿No se llevaron nada? -ponía esa expresión cuando su cerebro iba a cien por hora -¿Sois conscientes de que no tiene ningún sentido? Algo debieron de llevarse.
-Nada que nosotros recordemos…- dijo Scorpius con una expresión similar -A todo esto, Candence. ¿Es cierto que ayer viste al profesor Hamsley después de la cena?
-Nos cruzamos con él, sí -dijo ella sin darle importancia. Seguramente seguía pensando en lo del ataque al Ministerio o el suceso en la habitación de Jake.
-Albus y Scorpius dicen que es imposible, porque estuvo con ellos en la cena de Slughorn. -Candence atendió de repente y comenzó a pensar.
-Hombre, imposible imposible no es… es decir, estamos en un colegio de magia. Yo no he crecido con magos, pero entiendo que seguramente haya alguna forma.
-¿Alguna forma de desdoblarse? -dijo Scorpius -eso es totalmente imposible. -Candence le miró algo molesta.
-Alguna forma hay, Scorpius. Evidentemente. Porque ayer tú y yo le vimos en sitios distintos a la misma hora. Así que posible es, otra cosa es que te cueste imaginártelo. -Se puso roja de repente y cuando hubo terminado de regañarle, apartó su mirada de la de él.
Scorpius no supo cómo responder a eso así que decidió quedarse callado. Albus seguía leyendo el periódico porque lo había abierto por las páginas donde se desarrollaba la noticia más a fondo.
-Está claro que buscan algo en especial y que no lo encuentran. Entrarán una y otra vez hasta que lo hayan encontrado…-Y por fin Jake cayó en la cuenta.
-¡Pues claro! -gritó consiguiendo que medio comedor se sobresaltara, incluido por cierto el profesor Hamsley, que desayunaba en la mesa de profesores con cara de resaca. -Ya sé qué se llevaron -dijo en voz mucho más baja. Sus tres amigos le miraban interrogantes.
-Nos lo vas a decir o…-dijo Albus sin entender nada.
-Necesito comprobarlo -respondió Jake nervioso. Se puso de pie y haciendo un esfuerzo enorme por dejar toda esa comida en el plato comenzó a correr hacia las Mazmorras. Albus, Scorpius y Candence no se lo pensaron dos veces y corrieron tras él.
Cuando entraron en la Sala Común de Slytherin se dieron cuenta de que Candence era de Gryffindor y que no debería estar allí, y ni mucho menos en las habitaciones de los chicos, pero ella les indicó con la mirada que no pensaba quedarse atrás. Cuando hubieron subido a la habitación se encontraron con Ewan haciendo el vago en la cama.
-Fuera de aquí, vago de mierda -le gruñó Jake con un tono que no admitía discusión. Comenzó a rebuscar entre sus cosas. Luego se dio cuenta de que Ewan miraba a Scorpius en vez de hacerle caso.
-Qué hace una Gryffin…-empezó a decir sorprendido al ver a Candence.
-Ewan -le cortó Scorpius - ¿podrías salir un momento por favor? -Ewan no parecía tener ningunas ganas.
-¿Por qué? -preguntó mirando todavía a Candence.
-Porque lo digo yo. Vamos, sal. -Y finalmente Ewan decidió salir. Jake se tomó un momento para admirar lo bien que Scorpius mandaba sobre Ewan y continuó buscando.
-No está… -dijo al final. Se sentó en la cama, agotado.
-¿El qué? -insistió Candence. Sus tres amigos se morían de ganas de saber qué era lo que le habían robado.
-Una cajita que me dio la madre de Albus. Me dijo que no la abriese hasta haber llegado a Hogwarts. La guardé aquí -dijo señalando el bolsillo exterior de una maleta -Me había olvidado de que estaba y no la llegué a sacar.
-¿Qué había en la caja? -le preguntó Albus, interesado al oír el nombre de su madre. Jake no podía creerse que no lo supiera.
-Es que no la llegué a abrir. ¡Joder! Me había olvidado por completo…
…
-Entonces…a ver que me entere -recapitulaba Candence varias horas después en los jardines del Castillo. Albus había insistido en que hacía demasiado buen tiempo para quedarse dentro y todos habían estado de acuerdo. Pronto acabaría el buen tiempo y comenzaría a hacer un frío insoportable. Había que aprovechar. Jake, por su parte, estaba contento, porque era la primera vez que Scorpius y Albus pasaban un día entero juntos y todavía no habían intentado matarse. - ¿El día que estuvimos volando juntos, había un hombre que os estaba espiando? Y días después resulta que alguien entra en vuestra habitación, registra vuestras cosas y solo se lleva una cosa… Estaría bien saber qué es lo que se han llevado.
-Pues preguntémosle a la madre de Albus. -dijo Scorpius mientras se recostaba en el césped.
- ¡No quiero que sepa que lo he perdido! -comentó Jake. La familia Potter había hecho mucho por él y no quería que pensasen que iba por ahí perdiendo las cosas que le habían regalado.
-¡Pero podría ser algo importante! -Continuaba Candence. Se notaba que le encantaría poder resolver ese misterio.
-Buenos días Albus -dijo una voz por detrás. Los cuatro se giraron sobresaltados. Era Hagrid, quien cargaba con un montón de cubos vacíos y les sonreía a todos.
-¡Hagrid! -exclamó Albus contento de poder ver al guardabosques. - ¿Te acuerdas de Jake?
-Cómo olvidarme del chico que se tiró al lago para pelearse con un Collingwood…-soltó una risotada y le revolvió el pelo a Jake. Su mano habría podido abarcar dos cabezas más.
-Y estos son Candence y… Scorpius Malfoy -acabó con un tono bastante más serio.
-Así que tú eres el hijo de Draco Malfoy… -comentó Hagrid a disgusto -nunca pensé que viviría para ver a un Potter y a un Malfoy siendo amigos. Muy curioso.
-No somos amigos -exclamaron los dos al unísono. Hagrid se rio otra vez.
-Pues entonces me gustaría saber que hacéis pasando la tarde de un sábado juntos, la verdad. -Hagrid apoyó los cubos que llevaba en el suelo. Debían de ser más de diez, cada uno de distinto tamaño y color.
-¿Para qué son todos esos cubos? -Le preguntó Candence interesada. Todos miraron dentro de ellos, pero estaban completamente vacíos.
-Resultó ser que anoche empezó a haber goteras. ¡Goteras en Hogwarts! ¿Os lo podéis creer? -Los cuatro se miraron algo desencantados, pues esperaban una historia mejor -Cuando Dumbledore, que en paz descanse, me ofreció ser profesor, la verdad, pensé que dejaría de ocuparme de cosas tan mundanas como estas. En fin, chicos -dijo recogiendo otra vez los cubos y mirando con especial cariño a Albus -venid a verme un día, ¿vale? -hizo una pausa bastante y larga y añadió mirando a Scorpius -los cuatro estáis invitados, siempre que os apetezca. -y comenzó a caminar en dirección a su choza. Scorpius musitó un "gracias" que posiblemente no oyó.
- ¿Ese hombre es profesor? -preguntó Candence sorprendida.
-Pues sí, no sé de qué te sorprendes tanto -le recriminó Albus, aunque con evidente vergüenza. Candence suspiró y puso los ojos en blanco.
-Me sorprendo porque no se comporta como el típico profesor. Invitándonos a ir a su cabaña siempre que queramos, contándonos los trabajos que tiene que hacer como guardabosques y quejándose alegremente de ello. -Hizo una pausa esperando a que alguien respondiese -Oh por favor, ¡espabilad! Seguro que si le preguntamos algunas cosas nos responderá encantado. -Y acto seguido echó a correr detrás del guardabosques, cuya silueta todavía se veía alejándose hacia los confines del bosque.
-No sé qué os pasa hoy -dijo Albus cansado viendo como Jake y Scorpius se disponían a seguirla -pero tenéis que dejar de hacer eso.
La cabaña de Hagrid era especialmente pequeña para lo que cabría esperar de un hombre tan grande. El guardabosques se había sentido muy feliz de que quisiesen aprovechar la invitación tan pronto y había vaciado su cama de un montón de objetos extraños y cestas con patatas para que pudiesen sentarse todos. Scorpius se encontraba bastante intimidado, pero a esas alturas Jake ya no podía juzgarle. Entendía que necesariamente su padre habría sido alumno de Hagrid y que posiblemente las relaciones habrían sido tensas. Se sentó intentando tocar la menor parte de cama posible y Jake le empujó levemente para obligarle a apoyarse con una mano. Scorpius le fulminó con la mirada.
-Disculpad el desastre -dijo Hagrid dando vueltas por la cabaña ansiosamente -nunca tengo visita, la verdad. Dumbledore siempre venía… y tu padre, Albus. Pero ahora ya nunca viene nadie. -Comenzó a cambiar de sitio algunas cosas y luego se tropezó con los cubos que acababa de dejar en el suelo. Acabó por sentarse en un enorme sillón que había en el centro de la habitación.
-¿Vives aquí todo el año, Hagrid? -le preguntó Candence, quien no podía dejar de mirar la cantidad de objetos extraños que había por todas partes.
-Sí, todo el año. No sabría vivir en otro sitio, no señor. -A juzgar por la expresión que puso Scorpius al oír eso, estaba flipando en colores al descubrir que un hombre cinco veces más grande que él viviese en una habitación cinco veces más pequeña que su sala de juegos.
-Y supongo que lo sabrás todo sobre Hogwarts… -continuaba muy hábilmente Candence.
-No todo, no todo, nadie lo sabe todo. Un momento -dijo fijándose de repente en Candece- tú eres la chica voladora de la que todo el mundo habla tanto ¿verdad? -exclamó Hagrid de repente. Candence se puso algo roja.
-Solo gané las pruebas de Quidditch…-musitó.
-¡¿Solo?! -exclamó Albus, que cada vez se acostumbraba más a estar en presencia del amor de su vida - Candence, habrías sido lo mejor que le habría pasado al equipo de Gryffindor desde mis padres. -Ella sonrió y Scorpius hizo una mueca. Jake se alegró de haberse sentado entre los dos.
-Pero al menos lo sabrás todo acerca de los profesores -intentó continuar Candence, a la desesperada. Los miró a los tres intentando pedirles que la ayudaran.
-Depende de qué profesores, claro. -comentó Hagrid mientras se levantaba para sacar la tetera del fuego y comenzaba a servirles -Hay algunos con los que he compartido muchas batallas y otros a los que conozco menos. Por ejemplo a esa tal Gillmor no la conozco nada.
- Creo que es nueva -informó Albus.
-El año pasado también daba clases aquí, aunque la verdad, es una incompetente, hasta Minerva lo dice… no sé por qué sigue dándoos clase. -Terminó de servirle a Scorpius y se volvió a sentar en el sillón. Produjo tal escándalo que la mitad del té de la taza de Candence se derramó.
-¿Y Hamsley? -preguntó Candence apartándose de la mesa para no mojarse con el té derramado.
-Es el mejor profesor de Defensa contra las Artes Oscuras que podríais tener. Es una persona comprometida ante todo con el bien. -Tomó un sorbo de su té y todos aprovecharon para hacerlo. -Un momento, ¿a qué viene tanto interés por el profesor Hamsley? No estaréis tramando algo… -Todos se miraron agobiados.
-¡No! -respondió Albus -solo queríamos saber qué opinión tienen de los profesores, porque tu opinión nos importa Hagrid. ¿Qué me dices de… Slughorn?
Hagrid comenzó a responder que para su gusto es demasiado elitista pero que a veces es un buen amigo y comenzó a contar una historia sobre una araña gigante con nombre. Jake no pudo escuchar el resto de la historia porque Scorpius le dio un codazo y se tuvo que girar hacia él.
-Qué, joder. -le susurró comprobando que Hagrid básicamente se dirigía a Albus y que no se había percatado de que no le hacían caso.
-Había alguien allí afuera -dijo señalando por la ventana -estaba escuchándonos por esa ventana -insistió algo más nervioso -te lo juro. - Jake se fijó en la ventana, no veía a nadie.
-¿Estás seguro? -le entró miedo de repente, como el día en que descubrieron que alguien les espiaba en las mazmorras.
-Completamente.
-Jake, Scorp…-era la voz de Candence, y parecía que les había llamado más de una vez. Ambos se giraron sobresaltados - ¿Todo bien?
-Sí, todo bien. -aseguró Jake más alto de lo normal -Hagrid, nos tenemos que ir. Tenemos…deberes. Muchísimos deberes. En fin -se levantó intentando no tirar nada y Scorpius hizo lo mismo. Candence se acercó a ellos.
-Pero la historia de Aragog…-musitó.
-Tenemos deberes -sentenció Scorpius mirándola a los ojos muy seriamente.
-Ah, me olvidaba, tenemos deberes, Hagrid -dijo ella sonriendo.
-Pues claro que sí, ¡sois gentecilla muy ocupada! -Dijo sin darle importancia al asunto -Venid la semana que viene, si os apetece. Venid.
Los cuatro salieron de la cabaña una vez le hubieron prometido a Hagrid que volverían sin falta el sábado siguiente pero cuando Candence y Albus se dirigieron hacia el castillo Scorpius les paró a los dos.
-Había alguien allí -dijo señalando la frontera con el bosque prohibido.
-Será algún alumno haciendo el idiota -le dijo Albus sin mirarle a los ojos.
-No, era alguien que nos estaba espiando, lo prometo -Jake le creía.
-Malfoy, como si alguien tuviese interés en espiarte a ti -le espetó Albus algo enfadado y con evidentes ganas de volver al castillo.
-Oh disculpa -respondió Scorpius en tono irónico- olvidaba que no soy el hijo del grandioso Harry Potter. Qué tristeza más grande. Creo que me voy a suicidar.
-Pues yo lo haría si mis abuelos y mi padre hubiesen sido unos asquerosos mortífagos. -le gritó Albus acercándose a él peligrosamente.
-No te atrevas a referirte a mi familia… -La voz de Scorpius era un silbido inaudible y por primera vez en su vida Jake temió que no pudiese controlarse.
-¿O qué? ¿Te tengo que recordar que mi padre es el jefe de aurores y que con una carta puedo conseguir que el tuyo vuelva a Azkaban? ¿Tengo que recordarte que…- pero no acabó su amenaza porque Scorpius se acababa de abalanzar sobre él y los dos cayeron al suelo rodando. Los dos tenían el rostro desfigurado por la rabia e intentaban pegar al otro descontroladamente. Albus se las apañaba mejor. Candence también se puso muy nerviosa e intentó sin éxito hacerles parar.
-¿Pero qué es lo que les pasa? -preguntó alterada y al borde de las lágrimas.
-Llevan generaciones odiándose -le respondió Jake sin más. Ella seguía intentando tirar de Albus para que dejase de pegar a Scorpius pero él consiguió desprenderse de ella y la empujó hacia el suelo de un codazo. Jake fue a ayudarla a levantarse y cuando lo hizo comprobó que el codazo le había dado en la cara y que le estaba sangrando el labio. Antes de que pusiese hacer nada por ella, Candence sacó la varita y dijo algo que entre todo el ruido que se estaba produciendo Jake no pudo oír.
Albus y Scorpius salieron disparados hacia lados opuestos y la pelea se acabó. Albus se levantó algo dolorido y a Scorpius tuvo que ayudarle Jake. Luego se giró para ver cómo se encontraba Candence pero ella ya no estaba allí.
Se alejaba caminando hacia el castillo y ninguno de los tres se atrevió a llamarla.
