Lo sé. No tengo perdon de Dios ni de ustedes... pero igual no es porque no he querido, sino que no he tenido la inspiracion para sentarme a escribir hasta ahorita. Asi que para compensar, es un capitulo relativamente largo, tiene de todo un poco xD! Asi que lo bueno sigue en el proximo capitulo. Gente, les reitero... aunque pase rato de que no publique nuevo capitulo, SIEMPRE seguire con el fic. NO lo dejare botado, JAMAS.

MUCHISIMASSSS GRACIAS por sus reviews. No se imaginan que sus palabras siempre me alientan a seguir. Los quiero a todos los que leen mi humilde historia. Gracias Totales! Espero sus comentarios para este chap! Espero de corazon, verlos pronto.
Un beso!


Capitulo 21

El dulce sabor de esos labios. Ese sabor que no probaba hace años, esa experiencia tortuosa se saborear los labios de la persona que amaba con tanta pasión. Había llegado a un momento crucial, mi boca estaba poseída mientras que mi cuerpo estaba inerte y sin vida.

Mi mente comenzó a funcionar nuevamente, mis ojos se abrieron para encontrarse con Inuyasha aun apretando fuertemente mis labios. Trataba de soltarme, pero cada vez que trataba de zafarme, Inuyasha apretaba más mis muñecas. Solté sus labios para respirar, sentía las lágrimas en mis ojos a punto de salir. Era un beso de desprecio, no de amor, y con solo sentir sus labios sobre los míos pude descifrarlo.

— Inuyasha. Por favor, suéltame. — dije, mientras evadía verlo de frente.

— ¿Por qué no me puedes ver a los ojos, Kikyo?

Sentí la primera lagrima rodar por mi mejilla. El elevador seguí bajando, faltaban alrededor de veinte pisos más para tocar el primero piso. No podría aguantar otros veinte pisos en esas condiciones.

— Por favor… — dije entre respiraciones— Suéltame.

Sus manos soltaron mis muñecas para estrellarse en la pared a ambos lados de mi cuello. Su respiración estaba agitada.

— ¿Por qué? ¿Por qué; maldita sea? ¡¿Porqué mierda estas comprometida a mi hermano?! — exclamó, volviendo a golpear la pared del elevador con sus puños cerrados.

— Inuyasha, no hagas que esto empeore.

— ¡Respóndeme, por un demonio!

Sus palabras calaron mi cuerpo. Por alguna razón sentía un miedo a responderle. Que podría decirle. Aunque quisiera escupir todo no podría, Sesshoumaru ya había cumplido con casi todo el contrato que habíamos firmado y yo debía de mantener la boca cerrada.

Volví a sentir otra lagrima escurrir por mi mejilla. Sentía el pecho acongojado, y mi respiración se estaba haciendo pesada.

— ¿Por qué me besas? Lo nuestro quedo en el pasado Inuyasha.

— No me cambies el tema. Te besé por el único hecho que quería que sintieras la rabia que llevo por dentro. Ya no soy el mismo que era cuatro años atrás.

En efecto. Ese sentimiento se había transmitido hacia mi interior. No podía sentir amor, lo único que mi cuerpo sentía era pena, tristeza y enojo.

— ¿Qué cambiaria? No cambiaría nada si te respondo o no, Inuyasha.

— Me lo merezco, merezco una respuesta. ¡Habla!

Su grito volvió a golpear mis oídos. Estaba enojado, paranoico.

— Tu mismo te has dado la respuesta Inuyasha, lo de nosotros, es parte del pasado.

Volvió a estrellar sus puños a centímetros de mi cabeza. Y sus labios se volvieron a estrellar sobre mis labios. Esta vez pude sentir como mis lágrimas bajaban desordenadas sobre mis mejillas.

El elevador se había detenido bruscamente. Me revolví para quitarme a Inuyasha de encima, y recuperar un poco de mi dignidad magullada. Observe el gran numero encima de la puerta, marcaba un gran veinte. Las puertas se abrieron, mostrando a Sesshoumaru parado en la entrada, con una mirada aterradora.

— Sesshoumaru. — susurre.

Entró hecho un trombo y tomo a Inuyasha por el cuello de su saco para aventarlo al otro lado del elevador, liberándome de los brazos de su hermano.

— Kikyo, sal del elevador.

Mi mirada estaba petrificada. Mis piernas no respondían.

— ¡No! Kikyo, quédate, aun no termino de hablar contigo. — exclamo Inuyasha, mientras arreglaba su saco.

Observé a ambos, mientras las puertas del elevador se mantenían abiertas y una Rin temerosa semi escondida.

— Sal, ahora. — repitió Sesshoumaru.

Asentí con la cabeza. Algo en mi quiso obedecer a Sesshoumaru. Camine tambaleante hacia la puerta, mientras Sesshoumaru evitaba que Inuyasha se acercara nuevamente hacia mí.

Rin sostuvo mis manos, mientras observaba por última vez el escenario dentro del elevador. Inuyasha estaba detrás de Sesshoumaru exasperado, mientras que mi prometido, apretaba el botón para cerrar las puertas del elevador, se acomodaba el saco y me guiñaba el ojo.

Las puertas se cerraron, dejando un tremendo silencio en el ambiente, donde estábamos Rin y yo.

...

Sesshoumaru apretó el botón de emergencia dentro del elevador.

— Señor Sesshoumaru. — una voz masculina respondió por el altavoz.

— Pausa el maldito elevador, apaga las cámaras y espera mi orden para volverlo a poner en marcha… ¿entendiste? — replico, mientras dejaba de apretar nuevamente el botón.

— Si Señor. Apagando cámaras, deteniendo el elevador… esperaremos su orden. — respondió el altavoz, mientras volvía a quedar en silencio el elevador.

Sesshoumaru estaba enojado, pero no lo mostraba. Había aprendido que contener la ira para no entrar en un argumento físico era la mejor manera de solventar un problema. Pero después de eso, se encontraba su hermano, el estúpido que siempre hacia que perdiera todo hilo de cordura y se comportara como una bestia.

— En realidad nunca supe que ibas a ser lo suficientemente estúpido, como para meterte con lo que me pertenece.

— ¿Kikyo te pertenece?

— ¿No le has visto el hermoso anillo que lleva en su dedo?

— Maldito. Bien sabias cual era la situación que tenía con Kikyo. — Inuyasha respondió, mientras se acercaba desesperado hasta donde su hermano estaba parado.

— Me importa una mierda lo que pasó contigo y mi futura esposa.

Esa fue la gota que había derramado el vaso, Inuyasha jaloneó a Sesshoumaru del hombro, pero este ya esperaba ese movimiento. Tomó su brazo, obligando a Inuyasha a retorcerse del dolor. Lo estrelló en contra de la pared del elevador, mientras apretaba su brazo sobre su espalda para impedir que se moviera.

— ¡Suéltame maldito! — grito Inuyasha, mientras trataba de zafarse.

— Me tienes harto imbécil. Siempre metiendo las narices donde no te llaman. Esta es la última vez que te voy a pedir con una persona civilizada que te alejes de Kikyo. Métete en esa puta cabeza que lo sucedido con ella fué en el pasado, estamos en el presente… y en este presente, yo soy el hombre que está con ella. — apretó con fuerza el brazo de Inuyasha, mientras se acercaba a su oído. — Te guste o no. — añadió, volviendo a embestir a Inuyasha contra el elevador antes de soltarlo.

Inuyasha hizo una mueca, el golpe le había dolido, probablemente iba a andar todo magullado mañana. Aunque su ego y su cuerpo estaban golpeados, no iba a demostrarle a su hermano que estaba perdiendo la batalla.

Sesshoumaru se preparaba para apretar nuevamente el botón del elevador para ordenar que volvieran a encenderlo, pero su hermano se lo impidió.

— Quítate Inuyasha, no me obligues a golpearte. — susurro con enojo en su tono.

— ¿Por qué Kikyo? Habiendo tantas mujeres, porqué ella. — preguntó, mientras desviaba su vista hacia el suelo.

— ¿Quieres la verdad? — preguntó Sesshoumaru.

Inuyasha asintió, inhalando y exhalando con fuerza.

— Desde que estaba contigo, siempre la quise para mí. Me gusta y siempre me ha gustado.

Sesshoumaru estaba siendo parcialmente honesto. Es la verdad, siempre había sentido una atracción por Kikyo. Ese carácter áspero era perfecto para encajar con su personalidad fría y despiadada. Ese tiempo que había estado con ella, confirmaba la teoría que había propuesto hace mucho tiempo atrás. Solo que antes, su hermano estaba en el camino, y ahora, ella… era cien por ciento de él.

— Mientes. Hay algo más… ella llegó a mi casa, a pedir que la perdonara. ¿Cómo demonios llego a ti y la enamoraste solo en semanas? ¿¡Eh!?

— Yo si la escuché Inuyasha… tú te limitaste a culparla. Tuvo sus problemas, tuvo sus razones para escapar sin decirle nada a nadie, pero tú ni siquiera te tomaste el costo de escucharla, de entenderla. Así que, yo si le entregué ese hombro para que llorase.

Hubo un largo silencio dentro del elevador. Sesshoumaru se acerco más a Inuyasha, para moverlo de su camino y apretar el botón de emergencia. Una pequeña alarma sonó antes de que una voz respondiera el llamado por el altavoz.

— ¿Si Señor?

— Enciende nuevamente el elevador. Llévanos al piso veinte.

— Entendido Señor Sesshoumaru.

El elevador volvió a encenderse, subiendo los pisos, ya que se encontraban entre el quinto y cuarto. Inuyasha estaba inerte, viendo fijamente el suelo, mientras que Sesshoumaru se había acercado a la puerta para salir de primero cuando se detuviera.

El elevador se detuvo, y sus puertas comenzaron a abrirse.

— Inuyasha, si vuelves a acercarte a Kikyo, te juro que te dejaré quebrado de pies a cabeza. — replicó Sesshoumaru, caminando tranquilamente hacia afuera del elevador, donde una Rin y una Kikyo nerviosas lo esperaban.

Las puertas volvieron a cerrarse, con Inuyasha dentro de él. Apretó el botón de Lobby, quería salir corriendo de ahí, golpear y quebrar todo lo que se encontrara en su camino. Odiaba cuando su mal temperamento lo cegaba y cometía errores titánicos. Y sin desearlo, alejar a Kikyo de esa manera, había sido el peor de todos.

...

Oh Dios mío. Nunca pensé que Sesshoumaru iba a aparecer frente a las puertas del elevador. Estuve perpleja, mientras observaba como se cerraban las puertas, y detrás de él se encontraba Inuyasha exasperado.

— Rin, ¿Qué demonios? ¡Llamaste a Sesshoumaru! — exclamé mientras trataba de mantener la cordura.

— Señorita Kikyo. El Señor Sesshoumaru siempre tiene vigilados nuestros pasos, el equipo de seguridad lo llamo notificándole lo sucedido, así que llego a este piso casi en un instante y comando que abrieran las puertas del elevador. — respondió nerviosa.

Sesshoumaru, siempre extremadamente protector. Pero por primera vez, agradecía que lo fuera.

Esperamos frente a las puertas del elevador por casi media hora, ninguna de las dos mascullaba palabra, solo esperaba. Hasta que escuchamos el timbre anunciando que abriría las puertas en ese piso.

Observé a Sesshoumaru lleno de tranquilidad salir del elevador, mientras que Inuyasha se mantenía dentro con su mirada pegada al piso.

— Sesshoumaru. — pude mascullar.

— Ven conmigo Kikyo. Rin, quédate y anuncia que no regresaré al trabajo hasta mañana. Pasa todas mis citas para mañana por la tarde y las de Kikyo también.

— Si Señor. — respondió Rin, mientras tomaba nuevamente el elevador hacia las oficinas principales unos veinte pisos más arriba.

Sesshoumaru tomo mi mano y abordamos un elevador diferente, entramos y apretó el botón del sótano, donde se encontraba su carro.

— ¿Qué pasó? — logré preguntar, deseando que el silencio se rompiera.

Sentí un jalón fuerte de mi mano, Sesshoumaru me llevó hacia la pared del fondo del elevador para pegarse hacia mi cuerpo. Sentí su respiración acelerada, mientras me besaba con furia. Sus labios estaban calientes, llenos de rabia y pasión mezclados.

Acepté sin queja sus besos. Esta era la forma de sacar su ira interna, la convertía en pasión y morbo. Su mano manoseó mis glúteos mientras que las mías estaban entrelazadas en su cabello. La campanita del elevador nos regresó a la realidad, ya habíamos llegado al sótano.

— Vámonos. Quiero cogerte, ahora. — replicó, mientras me llevaba aun de la mano.

Sacó las llaves del automóvil y lo abrió. Era raro observar a Sesshoumaru manejar su propio auto, siempre estaba con chofer, pero esta vez, solo éramos él y yo. En todo el camino, el silencio estaba en el aire, deseaba preguntarle por lo que había pasado, pero al mismo tiempo tenía miedo que me dijera todo lo que Inuyasha pudo haber dicho.

Llegamos al hotel, y caminamos a paso calmado hasta mi habitación. Lo observaba. Su rostro inerte, sin emociones. Algo había pasado y sabía que no me lo iba a compartir.

Abrí la puerta de la habitación, buscaba el botón para encender la luz cuando sentí su mano obstruir la mía.

— No enciendas las luces. — susurró, mientras besaba la palma de mi mano izquierda. Sentí como sus dedos jugueteaban con mi anillo.

Jaloneó levemente mi brazo para acercarme a él. Volvió a chocar sus labios jugosos en contra de los míos. Su mano desocupada había buscado mis senos para acariciarlos. En la oscuridad, llegamos hacia la cama. Me recostó con paciencia, con suavidad. Sus manos entrelazaron las mías arriba de mi cabeza. Su boca no dejaba de tocar la mía, hasta que los soltó para poder tomar aire.

— Estos labios, me pertenecen. ¿Entendido? — preguntó con un hilo de voz.

— Entendido. — respondí, aceptando otro beso más intenso que el anterior.

Soltó una de mis manos para desabotonar mi pantalón y bajar de un solo tirón mi blúmer. Escuche su cinturón soltarse y su zipper bajarse para dejar salir su hombría erecta.

Estaba excitada, mojada, acalorada. Lo deseaba, necesitaba sentirlo dentro de mí. Y mi deseo no tardo mucho en hacerse realidad. Sentí como su pene entraba lentamente dentro de mí, un pequeño gemido se escapó de mi boca. Sus estrujadas eran suaves, entraba con fuerza hasta el fondo y lo sacaba con paciencia, mis gemidos comenzaron a hacerse más altos.

— ¿Quieres más? — Sesshoumaru preguntó, entre respiros.

— Si. — gemí. Si quería cogerme, que lo hiciera con más fuerza.

Soltó mis manos, las puso sobre mis caderas para voltearme y quedar boca abajo viendo la cama. Estaba agitada y lo que más deseaba era que volviera a meter su pene dentro de mí y hacerme acabar un par de veces.

Sentí como sus dedos acariciaban mi clítoris hinchado. Metía un par de dedos dentro de mí para luego sacarlos y relamerlos. Su cara era de pura adicción, le encantaba saborearme. Sentí nuevamente su pene embestirme con furia. Deje salir un grito ahogado, mientras sentía cada estrellada dentro de mí. Todos los nervios de mi entrepierna estaban gritando, salía y entraba descaradamente, mientras sus manos estaban ancladas en mis nalgas.

— ¡Ah! ¡Sesshoumaru! ¡Sí! — gritaba desinhibida, sin pena. Quería llegar al orgasmo, y ese hombre tenía todo lo necesario para hacerme llegar ahí.

— ¿Te gusta así? ¡Ah! ¿Quieres más? — preguntó jadeante.

— ¡Sí! ¡Por todos los cielos, cógeme así! — grite. Mientras presentía todos los nervios contraerse, estaba cerca del orgasmo.

Sus manos apretaron con más fuerza mis nalgas. Las embestidas iban más rápidas, hasta que exploté internamente. Dejé salir un gemido largo y apagado. Sesshoumaru siguió entrando y saliendo de mí un par de veces más hasta que sentí como su semen salía disparado dentro de mí, era tan candente saber que había acabado dentro.

Salió casi al instante, para acostarse a mi lado sobre la cama. Yo me mantuve boca abajo, observaba a Sesshoumaru más tranquilo, menos estresado ni enojado. Definitivamente Inuyasha era un tema que ninguno de los dos podía soportar, era un tema extremadamente delicado.

— ¿Mejor? — pregunté.

Asintió con la cabeza y me vio de reojo. Sonreí. Eran raros los momentos que eran tan íntimos para nosotros, ese momento donde nuestro pasado no estaba molestando y lo único que queríamos era coger por placer.

— No arruines el momento preguntando estupideces, ¿de acuerdo?

— Yo tampoco quiero hablar. — respondí, sentándome en la cama para quitarme la camisa y el brasier. Quedando completamente desnuda en la cama.

Mi amante fijó sus ojos en mí, mientras me quitaba la ropa. El aun se mantenía con su ropa puesta, y su hombría por fuera de sus pantalones abiertos.

— Esto no acaba aquí, lo sabes Kikyo. — replicó, mientras desabotonaba su camisa.

— Lo sé. Pero quiero probar algo nuevo.

— ¿Nuevo? — preguntó intrigado.

Me acerqué a él, besándolo suavemente. Mi mano buscó su pene, para acariciarlo. Deseaba manosearlo con mis manos y tal vez probarlo. Su mirada se clavó en mi mano sosteniendo su hombría, y una sonrisa maléfica se dibujó en su rostro.

Continuará...