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Como si no hubiera pasado

La sala se quedó en un frio silencio. Pansy apartó la mirada bruscamente justo cuando la castaña se disponía a decir algo, y no volvieron a coincidir sus miradas.

Hermione sabía que esa frialdad se lo merecía, o al menos un poco. Había tratado muy mal a la slytherin; la había ignorado durante días, dejando de darle clases cuando esta le había pedido ayuda y todo porqué... se habían besado.

Una sensación incomoda invadió su estomago. No podría hacer el examen si tenía a solo dos pasos a la pelinegra. Vamos, Hermione, relájate. No pienses en ella ahora, solo...haz la poción y podrás irte. Aunque se lo hubiera estado repitiendo durante un buen rato, sus ojos no paraban de despistarse para mirar a su izquierda. Las manos le estaban sudando de lo nerviosa que estaba, porqué eso es lo que le provocaba últimamente la presencia de Parkinson, nervios. No podía evitarlo. En cuanto sentía la voz aguda y fría de Pansy a pocos metros de ella o cuando pasaba junto a un grupo de Slytherin, donde Parkinson estuviera en el centro y a buena vista, pareciera que un montón de duendecillos de cornualles se le colaran en el estomago para saltar y jugar dentro.

Era una sensación bastante incomoda, a decir verdad.

Nunca había sentido tanta intranquilidad por estar cerca de una persona. Le parecía irracional y tonto. Pero era así.

¡PLASS!

El ruido la sobresaltó tanto que dejó escapar un gemido. Pansy giró el rostro hacia ella enseguida, y en cuanto vio lo que ocurría, alejó sus ojos de los de Hermione y volvió a su poción. En cuanto a la castaña, con los ojos buscó desesperada el origen de aquel ruido, fueron llevados hasta un pequeño accidente en el suelo. Mas calmada de saber que solo se trataba de eso, la castaña se agachó para recoger el desastre que se había formado del suelo. Por suerte, solo había sido un pequeño frasco, sin importancia, que había dispersado unas hojas de laurel en sus pies.

Con un toque de varita, Hermione solucionó el problema. El cristal esparcido volvió a unirse y a tomar la forma de una botellita de diez centímetros de largo con un montón de hojas secas dentro.

Colocó el objeto en la mesa y regresó a su tarea, no sin antes mirar a su izquierda una ultima vez y comprobar que Pansy Parkinson seguía con la mirada en frente.

Pansy sonrió de lado al ver como la castaña se agachaba a limpiar el desorden que había provocado. En realidad, no había sido Granger quien había tirado el frasco, sino ella. Con un movimiento de varita disimulado provocó el frasco se moviera cinco centímetros a su izquierda; el espacio exacto que había entre el frasco y el borde de la mesa.

Sabía que era algo infantil y tonto, pero le había echo mucha gracia.

Y la tonta de Granger ni cuenta se ha dado cuenta de ello.

Sus ojos se desviaron a propósito hacia la parte trasera de la falda de Hermione, en cuanto esta se puso a gachas para recoger una cosa del suelo. Y no duró mucho. En cuanto la gryffindor se dio cuenta de que tardaría mucho en recoger cada cristal del suelo, sacó su varita y lo recogió todo con un solo movimiento y una palabra.

Chica lista.

Pensó Pansy a sus adentros mientras apretaba los dientes.

Pero...¿que haría si su poción se viera accidentalmente derramada?

Pansy volvió a sonreír. No, eso sería poco cruel... mejor esperar a que tenga la poción terminada.

Y acordándose de su poción, volvió a su caldero. De momento el liquido que había dentro de la olla tenía un color purpura muy brilloso, según recordaba, eso indicaba que había cocido por fin los ojos de rana verde.

-Bien, ahora necesito... cola de salamandra.-Se dijo en voz baja la slytherin sin percatarse de que Hermione podía escucharla.-Y tiene que ser... pequeña.-Rápidamente agarró la bolsa con la pequeña salamandra y tal como le había indicado la castaña unos días atrás, le tapó el cuerpo entero (incluyendo la cabeza) con su mano enfundada en un guante de piel de dragón por si a esta se le ocurría lanzar fuego por la boca. Y, cuidadosamente, le cortó la cola con el cuchillo de un solo tirón. Volvió a meter la salamandra en la bolsa y empezó a trocear la cola recién cortada.

Hermione sonrió de lado al ver como lo hacía. La semana pasada le había enseñado esa parte. El libro ponía que debían trocear la cola cuando esta estuviera aun pegada a la salamandra, aunque Hermione le había indicado que lo hiciera del otro modo.

-¡Eso es una crueldad!-había dicho ella- Mejor le cortamos la cola entera para que no sufra tanto. Ya se que no eres muy aficionada a los animales, pero ellos también son seres vivos.

Pansy miró de reojo a Hermione. Se había dado cuenta de ese detalle. Ella también recordaba ese momento, la única razón por la que había hecho caso a la castaña aquel día era para que dejara de hablar tanto. Y ahora, no había podido evitar pensar el dolor que pasaría la salamandra si lo hacía como el libro indicaba.

-No mires tanto, Granger, que no te pienso ayudar con tu poción.-Pansy sonrió con maldad al ver como Hermione volvía su vista a sus ingredientes.

-N-no necesito tu ayuda para hacer mi poción.-dijo esta titubeando.-Y deja de hablarme, no quiero que me desconcentres.

Pansy apretó con fuerza la cuchara en su mano. ¡¿Le había ordenado que se callara?! ¡A ella! ¡¿A una Slytherin, una prefecta, un Parkinson!? Con mucha rabia por el humillo revolvió con fuerza la poción, y volvió a dirigir una mirada a la gryffindor que tenía la lado.

-Entonces un consejo, Granger: deja de comerme con los ojos, puede que eso te ayude a no desconcentrarte.

Hermione enrojeció de tal manera que no pudo ocultarlo.

-No te estaba mirando.-replicó la leona con un grito.

-No, solo me... observabas de reojo, como si llevaras tiempo sin estar con una mujer. O...pero no es así, ¿verdad?

Hermione se quedó muda en el momento, sus manos comenzaron a temblar sin control y un gran nudo se le formó en la garganta.

Pansy reprimió un poco su sonrisa, aunque no pude hacerlo durante mucho tiempo.

La castaña trató de volver a su examen. Y con la sangre herviendo siguió cortando los ingredientes y metiendo los dentro del caldero. Las manos no paraban de temblar le de rabia. Se sentía avergonzada y humillada, y al mismo tiempo sabia que se lo merecía.

Su poción se estaba tornando de un verde claro tal como debía, debía esperar a que hirviera a fuego lento durante cinco minutos. Miró el reloj y fue preparando los siguientes ingredientes y despejando un poco la mesa de las cosas que ya no necesitaba.

La slytherin, mas adelantada, revolvía con rapidez el liquido. Necesitaba que se volviera espeso cuanto antes, ese era uno de los pasos finales para acabarla.

Hermione prestó atención un segundo al caldero de Parkinson, y pudo comprobar con satisfacción que se había olvidado de meter serrín de fresno, algo esencial si querías que tu poción no tuviera el sabor de mil rayos. Seguro que el profesor le baja algunas décimas por eso. Fue entonces, cuando la castaña se dio cuenta de algo mas. No solo había olvidado el serrín de fresno, sino también el pelo de unicornio. ¿Como se le había podido olvidar de ese ingrediente, con lo importante que era?

Puede que no se lo haya mencionado... pensó Hermione mordiéndose el labio inferior. Ahora lo recordaba, era algo que pensaba decirle en la siguiente sesión, antes de...de...

Dos remolinos de sangre inundaron sus mejillas. Las cosas que habían pasado entre Pansy y ella le volvieron a la mente de una manera que no le gustó nada. De repente, Pansy, sin ser consciente de lo que hacía se desajustó la corbata con una lentitud bastante extraña. Hermione volvió los ojos un segundo hacia su compañera, y comprobó que esta tenía calor. De repente, todo parecía que fuera mas y mas lento en cada movimiento de la serpiente.

Pansy se llevó las manos a la camisa y comenzó a desabrocharla. Los finos dedos de la pelinegra recorrían el camino con tanta elegancia y sensualidad, que hizo que Hermione ahogara un gemido en cuanto vio los primeros trozos de piel de la chica. Paró en el cuarto botón y pasando las manos por el cuello de la camisa se abrió mas la prenda. Deslizó la túnica negra por sus largos brazos hasta dejarla en el suelo, como si no le importara donde cayera, solo quería deshacerse de ella. Exclamó un sonoro suspiro cuando paso con fuerza su mano justo detrás del cuello, con una expresión de placer en el rostro. Estaba algo tensa. Y Hermione, en cambio, no se podía sentirse mas relajada. Sus ojos iban y venían por cada movimiento de la pelinegra, hipnotizados por tanta belleza. Una sensación peligrosa le invadió el estomago y las piernas. ¿Que le ocurría? Una calor incomoda se apoderaba de ella cada minuto que pasaba. El vapor de los calderos comenzaban a producir su esperado efecto de temperatura en el ambiente.

Las dos chicas podían sentirlo en el aire. Y justo cuando Pansy se disponía a remangarse las mangas de la camisa para no mancharse de la poción, sus ojos divagaron un momento hacía su derecha, y vio una imagen que había estado esperando mucho tiempo.

Hermione dejó caer la cuchara al suelo y sobresaltada volvió la vista al frente. Sentía que le ardía los lados de la cara con fuerza. Incluso le dolían. Los dedos le temblaban de manera incontrolada, tanto, que no pudo disimularlo por muy rápido que moviera las manos.

-¿Te ocurre algo, Granger?

-Nada.-respondió enseguida, se agachó con tanta rapidez que casi pierde el equilibrio al tocar el suelo. Y sin esperarse lo, una mano la obligó a retenerla allí un momento. Pansy estaba a menos de un metro de ella, y podía ver parte de su pecho.

-¿Estas segura, Granger? Te noto un poco...nerviosa.-la mano de Pansy acarició levemente la muñeca de la castaña, lo cual le produjo unas sensaciones bastantes extrañas en su cuerpo.

Hermione miró atentamente como los dedos finos de la pelinegra subían ligeramente por su antebrazo, volvió un segundo la mirada a Pansy, y se encontró dos ojos oscuros, llenos de maldad, y al mismo tiempo, brillosos. Parecían conectar de alguna forma con la castaña, ya que se había quedado prendada ante su mirada. Los labios de Pansy se hincharon, hicieron una mueca rara y acabaron transformándose en una sonrisa. La lengua de la castaña pasó inconscientemente sobre los suyos. Estaba tan absorta mirando su boca, observando cada movimiento que hacía la slytherin con ella, que no se dio cuenta de la cercanía que cada vez iba aumentando entre ellas. Una mano rozó la piel de Hermione, justo sobre una rodilla y entonces, vio lo que estaba pasando. Una oleada de sentimientos golpeó fuertemente el pecho de la castaña, un montón de pensamientos pasaron por su cabeza y al final, sus piernas acabaron diciendo lo que estaba pasando. Estaba excitada. Enormemente excitada, loca, seducida y con mucha hambre, hambre de aquellos roces que sintió la ultima vez que estuvo con Pansy Parkinson. De la ultima vez que supo besar a alguien de verdad, de lo ultimo que fue capaz de expresar sin tener que escuchar la voz de su conciencia en su cabeza. Quería tener mas cerca a esa pelinegra, tanto, que sentía el cuerpo arder en cada zona que existiera un receptor.

Eso la hizo reaccionar, casi al instante, se dio cuenta de que estaba deseando a Pansy, y supo que debía hacer algo para impedirlo. Apartó la mano bruscamente de ella, recogió el cucharón del suelo y en cuanto se puso en pie, lo metió dentro del caldero donde comenzó a revolver su poción.

Pansy, absorta por lo que acababa de ocurrir, repitió los mismos movimientos y como si no hubiera pasado nada, siguió con lo suyo. Y, aunque muchas personas en su lugar se hubieran puesto furiosa, hubiesen chillado, insultado o incluso atacado a Hermione Granger por su rechazo, Pansy no lo hizo. Simplemente siguió revolviendo su poción, como si fuera una mas, y sin que nadie pudiera percatarse de ello, sonrió de lado, como una autentica serpiente.