Sé que desde abril no he actualizado este fic, ni este no el otro, pero ahora estoy aquí con un nuevo capitulo, el numero 21 ya. Quiero disculparme por la tardanza no sabía como continuar, en un primer momento tenía pensado que aquel gritó lo diese Maléfica como posible tía de Emma, pero después cambié de opinión completamente, espero haber echo bien. No sé si aparecerá Maléfica así que no creías que es su tía.
Si estáis dispuestos a leerme de nuevo os lo agradezco (debo confesar que yo misma he tenido que leerme de nuevo todo mi fic para no equivocarme en algo, y la verdad espero no haber metido la pata en algún detalle). ¿Me dais una segunda oportunidad? Por favor… Ahora sé como seguir, habrá más capítulos, de verdad.
Gracias y PERDONADME por la tardanza… ¡Ah! ¡Y feliz año 2016!
CAPITULO 21
- ¡Emma! - gritó alguien.
Sus dedos se clavaron en las muñecas de Regina, aquel grito le había helado el cuerpo. Temerosa de lo que iba a encontrarse giro la cabeza hacía la puerta, aunque la verdad no le hacía falta, conocía muy bien aquella voz.
- Henry… - susurró.
Su hermano sujetaba un par de cajas, sin duda algún recado de mamá.
- ¿Que era eso? – en su voz se notaba el asco.
Regina movió sus muñecas buscando zafarse del agarre de la rubia, empezaba a hacerle daño.
- ¿Quién es ella? – volvió a preguntar, Emma no había dicho nada más.
Emma flojo su agarré pero seguía sujeta a la piel de la morena, le daba seguridad.
- Tenemos que irnos – susurró la rubia a Regina. Ella la miró arqueando una ceja, ¿iba a huir? -. Vamos – suplicó Emma.
Regina cogió su chaqueta y la de Emma y siguió a la rubia. Henry les cerró el paso.
- Emma te he hecho una pregunta, contesta – ordenó.
Ella lo ignoro poniendo su mano sobre el pomo.
- ¡Ay! – se quejó Emma cuando su hermano tiró de su brazo -. Me haces daño, suelta.
- No, hasta que contestes – le apretó más el brazo, de pequeños se lo solía hacer para que le devolviese su pelota de fútbol.
- Henry suéltame – pidió la rubia.
- Respóndeme.
- Ha dicho que la sueltes – fue Regina la que separó la mano de Henry del brazo de su rubia -. Vámonos Emma – agarró la solapa de la camisa de la rubia y la sacó al pasillo.
Henry cerró de un portazo mientras ellas bajaban por las escaleras, no querían quedarse a esperar el ascensor al lado de la puerta del piso de la rubia.
"Esta llorando, Emma esta llorando". Zelena seguía espiando a la rubia. "¿Qué le has hecho EvilQuen? ¿La has hecho llorar tu? ¿Sí? Lo pagaras caro, te lo prometo". Frunció el ceño y le procuró una mirada cargada de odio a su profesora, sintió que se ponía verde de envidia cuando vio como la morena le acariciaba la cara secándole las lagrimas y Emma se dejaba hacer. "Ojala supiese hacer magia… convertiría a esta roba novias en algo repugnante para que Emma ni la mirase…".
- ¿Quieres que demos un paseo? – le preguntó Regina apartándole un pelo de la cara.
Emma encogió los hombros, no le apetecía hablar. ¿Cómo se habían torcido tanto las cosas? La tarde no había sido ni de lejos como ella se la había imaginado, primero la pelea con Regina y después aquello. ¿Sería acaso una señal del destino? ¿No debían de estar juntas? Sacudió la cabeza alejando aquellos pensamientos, ¡al cuerno el destino!, no iba a ser él quien las separase.
Regina la observaba mientras daban aquel paseo cerca de dónde Emma vivía, parecía que estaba sumisa en sus propios pensamientos, no le dijo nada, no quería molestarla. No iba a ser ella la que liase más las cosas, no después de llegar tarde.
"¿A dónde irán?". Zelena las seguía de cerca. "Emma ya no llora pero parece triste, desdichada… ¡JA! Seguro que ya se ha dado cuenta, seguro que se ha dado cuenta de que esta bajo un efecto hipnótico y que la EvilQueen la ha estado utilizando para vete tú a saber qué". Zelena sonrió, estaba feliz, pero de pronto se le congeló la sonrisa. "Oh no.. ¿y si la ha violado? ¿y si ha abusado de mi pobre Emma? EvilQueen y pederasta, si es que lo tiene todo…".
- Emma… ¿quieres hablar? – se atrevió a preguntar Regina, llevaban sentadas en aquel banco quince minutos y todavía no había abierto la boca.
Emma negó.
- ¿Quieres estar sola? – preguntó -. Puedo irme si quieres…
Emma levantó la vista del suelo y negó de nuevo. Se agarró al brazo izquierdo de Regina y se apretó contra ella, como si temiese que la dejara en aquel lugar sola.
- Puedes apretar todo lo que quieras, pero tranquila, no me voy a ir – Regina le sonrió y apoyó su cabeza sobre la de Emma.
- ¡PUTA! – ambas volvieron sus cabezas al oír aquel grito pero no había nadie. Aún así a ambas le había sonado aquella voz.
"Mierda Zelena casi te pillan" se reprendió mentalmente la pelirroja detrás de uno de los setos del parque.
Era de noche cuando Emma se preguntó que iba a hacer ahora, toda su familia estaba en casa, ya podrían haberse ido como muchas otras veces pero no, ahora tenían que estar en casa. No iba a pedirle a Regina que le ofreciera su casa, vale, sí, ella lo había hecho pero no estaba segura si la profesora iba a querer… tal vez Ruby…
- Voy a llamar a Ruby – dijo de pronto Emma, era lo primero que decía en muchas horas.
Regina la miró confundida y después miró su reloj de muñeca, era tarde.
- Estará dormida – dijo la morena -, ¿no? ¿O es que los adolescentes no dormís nunca?
Emma le sacó la lengua y marcó el numero, esperó pero nadie lo cogía.
- No lo coge… que raro… ella siempre va con el móvil en mano...
- Como todos los adolescentes – sentenció Regina la anti tecnología.
Emma se quedó pensando de nuevo, ¿qué iba a hacer ahora? No quería enfrentarse a su familia, no estaba lo suficiente preparada para salir del armario delante de ellos, aún no, quería hacerlo sí, pero no podía, tenía miedo porque ya sabía que iba a pasar. Se lo diría, ellos se enfadarían, ella se enfadaría, discutirían, gritarían, y seguramente la echarían de casa o no… a saber… prefería no saberlo todavía.
- Regina… - a Emma no le quedaba otra.
- ¿Mmm?
- Puedo…, quiero decir… tú… yo… eeeeh… - ¿cómo podía ser tan cortada para algunas cosas?
- ¿Te quedas a dormir en mi casa? – no era muy difícil ver dónde quería llegar aquella rubia.
Emma suspiró aliviada, ya se veía durmiendo en un banco, o en el portal de su casa. Se cogió del brazo de Regina y comenzó a hablar como si nada hubiese ocurrido, ahora ya estaba tranquila, ya era la Emma de siempre.
Emma se había negado a que Regina cocinara, aunque ya había probado la comida de esta y estaba algo más que deliciosa hoy le apetecía pizza.
- Va… que estoy triste… - suplicó Emma con voz infantil y poniendo ojos de cachorrillo abandonado.
Regina se cruzó de brazos, en el fondo sabía que acabarían cenando aquella pizza pero por probar no se perdía nada.
- ¿Te da miedo a que si como pizza se pierda este cuerpo serrano verdad, es eso no? – dijo Emma pasando sus manos por el cuerpo mientras se movía sugerentemente.
Regina, aun con los brazos sobre su pecho, no pudo evitar reír, ¿cómo podía ser tan tonta?
- Esta bien, pide esa pizza – una sonrisa iluminó la cara de la rubia -. Pero que sea de verduras.
"Ni de coña va a ser de verduras" pensó Emma agarrando el teléfono.
- ¿Con quien? – chilló Mary Margaret.
- No sé quien era mamá, tan solo sé que era una mujer – repitió Henry -. Y mucho más mayor que Emma.
- ¿Estas seguro hijo? – preguntó David.
- Al cien por cien papá. Se estaban besando. Después huyeron juntas, sin dar ni una explicación – miró a los cuatro miembros que habían en el sofá, Grace también estaba allí.
- ¿Dónde ves tu las verduras? – Regina se había inclinado sobre la pizza.
- Aquí – Emma señalo toda la pizza -, el tomate es una verdura. Y lo demás es imprescindible en una pizza.
- Querrás decir imprescindible para morir de colesterol – se quejó la morena, adoraba la comida sana.
- Tranquila que después lo quemamos – Emma le guiñó un ojo.
La pizza hacía rato que se había acabado pero allí seguían postradas en el sofá acumulando calorías, Emma se había empeñado en abrir el gran pote de helado que Regina tenía en el frigorífico, mientras que Jim Carrey seguía haciéndoles reír.
- ¿No lo coges? – preguntó Regina viendo como Emma volvía a colgarle a alguien que hacía rato que la llamaba.
Emma sin apartar los ojos de la pantalla negó con la cabeza. Era la sexta vez que aquel "mamá" aparecía en la pantalla del teléfono.
¡Espero que os haya gustado!
