Sasuke
Sasuke vio todo rojo cuando miró el arma en la cabeza de Sakura. Kiba se quedó al lado de ella, temblando tan fuerte que pensó que él apretaría el gatillo. El hombre obviamente estaba drogado con algo, probablemente metanfetamina. Muy malas noticias, incluso podría estar alucinando. Tomó todo el control que tenía no lanzarse sobre Kiba y matarlo con sus propias manos, tenía que ser inteligente.
—Oye —dijo Max, sonando un poco informal. Sasuke lo miró y entendió lo que decía—. Estamos aquí para asegurarnos de que Sakura está bien. Teníamos miedo de que los Jacks la atraparan. Sabemos que la amas y nunca le haríamos daño así que vamos a hablar de esto para tener un ganar-ganar, ¿verdad?
Kiba se rió, el sonido era agudo y sonaba un poco loco.
—Le mostré las pruebas —dijo—. Ella sabe todo acerca de lo que hicieron en Afganistán a esos niños. Y ahora te vas a morir por lo que le hiciste a ella.
Sasuke ignoró sus palabras, se centró en interpretar su tono de voz y lenguaje corporal. No muy claro, obviamente. ¿Cómo pudo llegar hasta ella? Había estado en situaciones más fuertes, pero nunca con tanto en juego.
—Voy a bajar mi arma —dijo poniendo la pistola muy despacio y con cuidado en el suelo. Luego levantó las manos, mostrándole a Kiba que estaban vacías—. Max va a hacer lo mismo y tú puedes quitar el arma a su cabeza. No quiero ningún accidente, vamos a dejar que te vayas en su coche y te marches, ¿suena bien?
Kibase rió de nuevo, algo nuevo y feo atravesó en su cara... regocijo, con un toque de regodeo.
—Quiero que te acerques —dijo—. Sin engaños.
Sasuke dio un paso adelante, con las manos arriba. El arma temblaba en la mano de Kibamientras empujaba a Sakura hacia atrás, más adentro del granero ¡Joder!
—Allí está bien —dijo Kiba—. Tu turno —agregó, mirando a Max ahora.
Sasuke escuchó a Max detrás de él y entonces los ojos de Sakura se abrieron. Ella abrió la boca y gritó mientras una bala lo atravesó por la espalda, el dolor explotó mientras su visión comenzó a oscurecerse.
Cayó al suelo, viendo la sangre fluyendo en el suelo junto a él. No podía moverse, pero podía sentir el dolor más allá de lo que podía haber imaginado. Así es como Suigetsu se sintió, se dio cuenta. Sólo en un charco de sangre, sabiendo que le falló su mujer. Entonces, dejó de pensar y todo se detuvo.
-Sakura-
Sasuke cayó al suelo y mi mundo se acabó. Creo que una parte de mí dudaba que nuestro amor fuera real. Apenas noté que Kiba me dejó ir, salí corriendo hacia Sasuke y busqué el pulso en su cuello. Tenía pulso, y la sangre debajo de él no salía en chorros.
Aún tenía una oportunidad.
Vi a a Max y Kiba felicitándose, con las pistolas abajo. Santa mierda.
—Esta fue una trampa —le dije, Kiba me miró.
—Max es mi fuente de información. Él sabía que estaría aquí esta noche y planeaba entregarte, pero hizo las cosas mucho más fácil cuando llevaste a Karin a su casa.
—Demasiada plática —dijo Max, entrecerrando los ojos a Kiba—. No podemos confiar en ella.
Kiba asintió, con cara de tristeza.
—Sí, tienes razón —dijo—. Sakura, sé que esto es difícil para ti, pero lo superarás. Lo conociste sólo unos meses y todo era falso de todos modos. Ya lo verás.
—¿Todo listo? —preguntó Max. Kiba asintió.
—Todo armado —dijo—. No he sacado el dinero de las cuentas, sin embargo, no quería hacer eso y darles la información hasta que la hubiéramos sacado. Sakura, coge su bolso, tenemos que irnos.
Lo agarró y lo lanzó hacia mí, luego jaló a Max lejos, hablando con él en voz baja. Los dos hombres parecían muy entusiasmados y agitados, estudiando minuciosamente los documentos de uno de los bancos. No me importaba cómo, tenía que encontrar algo para detener el sangrado. Vi un montón de trapos que parecían bastante sucios, pero pensé que nos preocuparíamos de la infección si sobrevivía. No importaría si la herida estaba limpia si se desangraba.
Una vez que puse los trapos sobre él y comencé a aplicar presión, traté de pensar en el siguiente paso. Definitivamente no iba a ninguna parte con Max y Kiba.
Por fin había comprendido la realidad, había perdido a Kiba. Había algo muy, muy retorcido con él y que nunca sería capaz de arreglarlo. Incluso si lo hiciera, ya no lo quería en mi vida. No después de que mató a Sasuke. Trató de matar a Sasuke.
Él no estaba muerto todavía. Tengo que pensar positivamente.
Max y Kiba estaban tan absortos en lo que hacía, que al parecer yo no era una amenaza para ellos. Podría usar eso. Eché un vistazo a mi bolso y me di cuenta que tenía dos herramientas muy poderosas en ella. Mi teléfono y mi pistola. No podía llamar y decir nada, porque ellos me escucharían. Supongo que podría haber llamado al 911 con la esperanza de que me encontraran, pero teniendo en cuenta que era un teléfono celular no iba a ser muy rápido.
Llamaría a Obito y ¡diablos! Esperaba que contestara. Tal vez oía algo útil. Me deslicé alrededor del cuerpo del Sasuke, dándoles la espalda a ellos. Eso estaba mal, pero necesitaba cubrirme un poco para buscar en mi bolso. También tenía que mantener la presión sobre la herida, así que me incliné hacia abajo y a través de él, manteniendo los trapos presionados con el peso de mi cuerpo mientras buscaba rápidamente en mi bolso. Encontré primero el teléfono, bajé el sonido y marqué el número de Obito. Sonó, sonó y nada. Mierda, oí que su conversación cambio y me di cuenta que me estaba quedando sin tiempo. Marqué el número de Shizune y dejé el teléfono en el suelo detrás del brazo del Sasuke, esperando que ella respondiera y escuchara algo. No podía hacer nada más que eso, no ahora.
Ahora por la pistola.
Sasuke me había dado una bolsa de cuero muy linda que tenía un pequeño compartimiento diseñado especialmente para una pistola de mano, ¿Loco, no? Lo agradecí en este momento, porque mi .22 se deslizó hacia afuera cuando presioné el pestillo. Ahora todo lo que tenía que hacer era disparar. Me preparé y luego tosí ruidosamente mientras la cargaba, deslizándolo bajo su brazo.
—Deberías dejarlo —dijo Kiba detrás de mí—. Él va a morir, no hay manera que puedas cambiar eso. Agarra tus cosas y vámonos.
Levanté mi pecho y apreté a Sasuke de nuevo con ambas manos. Luego miré alrededor para encontrar a Kiba de pie junto a mí.
—No voy a ir contigo —le dije, mirándolo a los ojos—. Ustedes deben irse mientras puedan, déjenos. Ni siquiera voy a decirles quién lo hizo, sólo quiero que se vayan.
Max se echó a reír y se colocó detrás de Kiba, sosteniendo un papel. Él sonrió y movió la cabeza, estudiando lo que fuera que dijera.
—No puedo creer que sea así de simple —dijo Max, sacudiendo la cabeza. Kiba volvió a sonreírle, el brillo maníaco regreso a sus ojos—. Eres un genio, vamos a estar listos incluso después de pagar al cartel.
—Es sencillo porque pasé mucho tiempo armando todo —dijo Kiba que parecía complacido, aunque me di cuenta de su mano había comenzado a temblar de nuevo. Por supuesto, siguió manteniendo el dedo en el gatillo. Justo lo que necesitaba.
—Hiciste un gran trabajo —dijo Max sacudiendo la cabeza con tristeza—. Es una cosa bella, hombre.
Kiba sonrió ante el cumplido.
—Estoy muy contento de que no me escucharon en septiembre —continuó Max. Él me miró y sonrió casi con cariño—. Tengo que agradecerte por esto, Sakura. Quería matarte hace meses, Kiba. Pensé que me podrías exponer. Nunca pensé en una recompensa así. Maldita sea. Realmente siento que tenga que hacer esto. No es personal, ¿de acuerdo?
Kiba miró a Max, perplejo. Nunca vio la mano del motociclista levantarse y, por segunda vez en diez minutos me encontré gritando y viendo caer demasiado tarde a alguien que amaba. La cabeza de Kiba explotó. Literalmente explotó, trozos volando. Uno de ellos me golpeó en la cara, sin notar que en el momento que Max le disparó, la mano de Kiba se contrajo y apretó el gatillo de su arma. Un segundo disparo sonó casi al instante y sentí un ardor en el brazo. Yo lo ignoré porque mi hermano estaba muerto, mi amante moribundo y tenía un presentimiento muy, muy malo de que yo también estaría muerta pronto.
Max me miró, tocando su pistola con el costado de su pierna. Llevaba la misma mirada perpleja que había tenido la noche en que me atacó.
—Él va a morir —dijo Max, bajando la mirada hacia Sasuke, pensativo—. Tu hermano tenía razón en eso. Deberías dejarlo ir, porque su sangre está en toda tu ropa.
—¿Qué te pasa? —susurré—. ¿Por qué haces esto?
Se encogió de hombros.
—Dinero ¿qué más? ¡Fuera de mi camino a menos que quieras que te dispare también! Te quiero joder primero, es tu decisión.
Mis ojos se abrieron cuando levantó su arma y apuntó en la cabeza de Sasuke. Esto era todo. A Sasuke se le acabó el tiempo. Necesitaba una distracción, sólo por un segundo.
—¡Oh Dios mío, estoy cubierta de sangre! —grité de repente, quitando mis manos de Sasuke para arrancar mi camisa y sostén. Los ojos de Max se dirigieron directamente a mis senos al tiempo que mis manos agarraban mi arma. Miles de recuerdos pasaron por mi mente en un instante, pero el que se me quedó fue el sonido de la voz de Sasuke, el primer día que me enseñó a disparar.
Solo recuerda, si apuntas esto a una persona, le disparas directo al corazón y disparas a matar. Nunca apuntes un arma a menos que estés dispuesta a terminar una vida.
Levanté la pistola y apunté directamente al corazón de Max como si hubiera practicado cientos de veces. Ni siquiera pensé mientras apretaba el gatillo una y otra y otra vez hasta que me quedé sin balas. Al igual que Kiba, Max tiró del gatillo mientras moría pero su brazo se había caído lo suficiente para no darnos. Me arrastré hasta su cuerpo y agarré la pistola, llevándola conmigo mientras llegaba hacia Sasuke, sentada en los trapos agarré mi teléfono.
—Shizune, ¿estás ahí? —Le pregunté.
—¿Qué pasó? —preguntó, con voz firme y tranquila. Al parecer Shizune tomó los disparos con calma—. Los chicos están en camino, van a estar allí en dos minutos, cuando mucho. Tenían GPS en tu coche. ¿Estás bien?
—Sasuke necesita una ambulancia —le dije, con voz temblorosa—. Creo que todavía está vivo. Max y Kiba están muertos. Por favor, sálvanos, Shizune. Estoy muy, muy asustada.
La puerta del granero se abrió delante de mí y se me cayó el teléfono, agarré la pistola de Max y apunté a Obito, Chouji, Duck, Naruto y un par de chicos que había visto en la sala de armas, chicos de otro lugar.
—Quiero a la policía y una ambulancia —le dije, mi voz tal vez era débil, pero mis manos estaban firmes.
Obito contempló la escena, su cara parecía razonable.
—Max trató de matar a Sasuke —le dije—. Él mató a Kiba. No me confío en ninguno de ustedes. Quiero una ambulancia para Sasuke y te quiero fuera de aquí.
—Cariño, no tengo ni idea de lo que pasó aquí —dijo Obito lentamente—.Pero tienes que dejar que ayudemos a Sasuke. Baja el arma.
—De ninguna jodida manera —le contesté—. Max le disparó por la espalda. Voy a dispararle a cualquiera de ustedes que traten de tocarlo. Una ambulancia ahora.
—Viene una en camino —dijo Obito—. Chouji llamó pero si estás sentada ahí con una pistola apuntándonos cuando la policía llegue, será mucho más difícil para ellos atender a Sasuke. Él es nuestro hermano, nosotros no vamos a lastimarlo.
—Max era su hermano también.
—Algo malo ha pasado aquí —dijo Duck, dando un paso hacia adelante.
Algo en su voz me hipnotizó, y sus ojos se veían suaves y tristes. Vi como él cruzó el suelo y se sentó frente a mí, a un metro de la pistola—. No lo hagas peor. Todavía podemos controlar la situación, pero no si te metes en un tiroteo con la policía.
Eso me sorprendió.
—No quiero disparar a los policías, yo sólo quiero proteger Sasuke —dije.
—¿Cómo van a saber eso? —preguntó razonablemente. Oí las sirenas a lo lejos—. Se te está acabando el tiempo, déjanos ayudarte con esto, ¿de acuerdo?
Yo quería llegar a un acuerdo y apenas abrí la boca para decirle algo cuando alguien abordó por detrás. La mano de Duck se lanzó hacia adelante en el mismo instante, arrancándome el arma fuera de mi alcance mientras Naruto me había retirado del cuerpo del Sasuke. Él me mantuvo abajo, con su mano sobre mi boca, y puso su cara cerca de la mía. Su expresión era intensa, casi salvaje. En las pupilas de mis ojos vi a los chicos en acción, arrojando cosas en una bolsa que Bam Bam agarró antes de salir corriendo por la puerta trasera del granero.
—Todo el infierno se va a soltar cuando lleguen aquí —me dijo Naruto, con un tono de urgencia—. Probablemente te van a arrestar, tal vez a todos nosotros. Mantén la boca cerrada, no me importa lo que pasó aquí y no me importa quién disparo. Mantén la boca cerrada y para lo único que la abras es para pedir un abogado. Sigue pidiendo un abogado hasta que consigas uno, te lo vamos a enviar. No hables, ¿me entiendes?
Quitó su mano de mi boca y asentí con los ojos abiertos de par en par. Un solo policía apareció por la puerta y se detuvo abruptamente, obviamente sorprendido por la escena.
—¡Mierda! —gritó llamando por su radio—. Necesitamos apoyo ahora. Todos, las manos arriba donde pueda verlas. Baja a la chica, deje que se vaya.
Naruto me soltó y se detuvo, retrocedió con las manos en alto. Los otros hicieron lo mismo y luego me uní a ellos. El policía nos miraba ansiosamente mientras un paramédico corrió hacia Sasuke, lo puso en una camilla y lo arrastró hacia la puerta. Más policías llegaron, fue el comienzo de una noche muy, muy larga.
Pedí un abogado y, finalmente, me dieron uno, pero no pudo responder a la pregunta que me importaba.
¿Sasuke seguía vivo?
-Sasuke-
Se sentía como si estuviera separado de su cuerpo, casi flotando. El dolor corrió a través de él. Las voces resonaban en el fondo, junto con las sirenas.
Entonces, el mundo se volvió negro otra vez.
Más voces. Un dolor silencioso. Sasuke abrió los ojos lentamente, en una habitación borrosa y una luz blanca brillante. Una mujer se paró frente a él, haciéndole preguntas. Intentó responder, diciéndole su nombre, pero él estaba tan condenadamente cansado. Necesitaba dormir.
—Despierta, imbécil. Llegarás tarde a la iglesia y no hay excusas...
Mierda, ¿se había quedado dormido?
Sasuke abrió los ojos, parpadeando rápidamente, tratando de enfocar. No era su habitación... era un hospital. Tenía que ser un hospital. Miró borroso el lugar a toda prisa, había estado con Sakura y luego alguien le disparó.
—¿Atraparon ellos a Sakura? —exigió, pero le salió en un susurro. Maldito coño, ni siquiera podía hablar. Odiaba sentirse débil.
—Sakura está segura —dijo Obito, dirigiéndose hacia su línea de vista. Sasuke observó su cara para asegurarse de que el hombre no le estaba mintiendo—. Ella está en la cárcel ahora mismo. Nuestros muchachos están pagando la fianza. Dice que si la balística coincide con su historia, probablemente no puedan acusarla de nada. Saldrá, pero que están enojados de que ella esté evasiva acerca de por qué su hermano y Max peleaban.
—¿En la cárcel? —preguntó confundido.
—Sakura le disparó a Max —dijo Obito con el rostro sombrío. Sasuke arrugó la frente—. Naruto está ahí también. Tenía las manos cubiertas de sangre y lo arrestaron. Tuvo que abalanzarse sobre tu chica para quitarle el arma. Casi nos mata, dispuesta a defenderte y matar a todos si era necesario. Cubriendo tu cuerpo como la Mujer Maravilla. Me da una erección sólo pensar en ello.
—Imbecil. ¿Por qué iba dispararle a Max? —preguntó Sasuke, luchando con cada palabra contra su garganta. La bala no le dio en la boca, por el amor de Dios, ¿por qué no podía hablar bien?
—Max te disparó por la espalda —dijo Obito secamente—. Y luego le disparó a Kiba. Sakura probablemente era la próxima, le dijo a nuestro hombre que Max estaba a punto de acabar con tu vida cuando lo mató. Fue una sorpresa, nunca lo vio venir. Le disparó siete veces.
—Mierda —murmuró Sasuke, sintiendo que comenzaba a sonreír—. Maldita sea, eso es increíble. Mi chica es un ejército de una sola mujer.
—No me digas —dijo Obito, sacudiendo la cabeza—. Se hizo cargo de los negocios, no hay duda sobre eso. Oye, tengo que preguntarte algo importante.
—¿Qué?
Obito se inclinó hacia delante y habló en voz baja:
—Los policías encontraron todo tipo de papeles —dijo—. No tengo idea de lo que había en ellos, pero Sakura le dijo al abogado que estaban hablando de transferencias de dinero. Kiba dijo que estaba todo preparado. ¿Podríamos estar en problemas?
Sasuke arrugó la frente, tratando de pensar.
—Cambié todo después de que nos enteramos de Kiba—dijo—. Con las nuevas cuentas, todo estaba bien pensado, mucho más que simples contraseñas y cosas así. No serán rastreadas.
—Me pregunto de qué estarían hablando.
Sasuke buscó en su memoria, que era demasiado duro. Debía estar drogado, comprendió. Algo estaba fuera de su alcance, algo que él sabía que era importante.
Entonces, lo recordó.
—Estamos bien —dijo sonriendo.
—¿Cómo es eso?
—Max estuvo en la oficina la última vez que imprimí la lista de los números de cuenta e información de contactos en el extranjero —dijo—. Le comenté que hacía copias para la caja de seguridad. Probablemente lo dejé sólo para ir a orinar o algo así y las copió. Apuesto a que pensó que se ganó la lotería.
—Dime que no es tan malo como parece, hermano.
Sasuke trató de negar con la cabeza, pero no funcionó.
—Eran tonterías —respondió, saboreando el momento—. Sabes que me gusta joder a la policía. Un par de años atrás actualicé mis cuentas falsas y libros de contabilidad, los hice lo suficientemente bien, por si alguna vez se la robaran no encontraran nada de valor. Nunca le dije a Jensen, y seguro Max tampoco lo sabía. Max le dio cuentas con cerca de cinco mil dólares en ellas. Lo suficiente para engañar a alguien tratando de hacer una transferencia de prueba, ¿sabes? Es un pequeño juego que me gusta jugar, seguridad extra... supongo que funcionó.
—Jesucristo... Gracias por eso —dijo Obito.
—No, no es Jesús, sólo yo —susurró Sasuke—. A pesar de que las mujeres se dejan caer de rodillas y me adoran cuando ven mi polla por primera vez.
Obito rió.
—Sí, vas a vivir —dijo—. Tú ego es demasiado grande para morir. Los policías querrán hablar contigo en algún momento. Diles que no puedes recordar nada más allá de estar en la fiesta, el abogado dice que una lesión traumática en la cabeza puede hacer que se olviden las horas justo antes de que ocurriera el accidente. Te golpeaste con el suelo cuando te dispararon. Eso te dará una buena coartada y los volverá locos al mismo tiempo. Voy a llamar a la enfermera ahora, hazles saber que estás despierto.
—Espera —dijo Sasuke—. Háblame de los Jacks. ¿Me he perdido algo?
—No hay nada todavía —respondió Obito—. Vamos a mantener un ojo sobre ellos, esto es sólo el comienzo. La guerra se avecina. Dudo que tu chica sea su objetivo, no gastarán su tiempo para ir tan lejos fuera de su territorio si no están obteniendo un pago.
Sasuke escuchó la puerta de la habitación abrirse, y los sonidos de un pasillo ocupado detrás de él.
—Obito, acabo de ir a por un café —dijo Painter mientras entraba. Sasuke logró abrir los ojos y lo miró, se quedó inmóvil con los ojos muy abiertos, luego su rostro estalló en una enorme sonrisa mientras corría hacia él. Se inclinó para darle un abrazo, retrocediendo en el último minuto con una mueca. Gracias a Dios por eso, un segundo más abrazado y probablemente iba a necesitar otro galón de cualquier analgésico que le habían dado—. ¡Sasuke! Lamento no haber estado aquí cuando te despertaste. ¿Cómo te sientes? ¿Puedes hablar?
—Te ves como mierda —dijo Sasuke—. ¿Qué te paso?
—Le dispararon a mi hermano —dijo él—. Pensé que ibas a morir. Sakura te salvó la vida, ¿Ya te lo contaron?
—Sí —dijo Sasuke, cerrando los ojos de nuevo. Maldición, estaba cansado.
—Maldito afeminado —dijo Obito, y Sasuke le oyó reír, como si estuviera lejos—. Una mujer tenía que protegerte, vago idiota, ni siquiera te levantaste del suelo, chorreando sangre, haciendo un desorden...
Sasuke abrió la boca para decirle que se fuera al carajo, pero antes de que las palabras salieran se quedó fuera de combate de nuevo.
FIN.
