Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, son propiedad de Stephenie Meyer.
Capítulo 21: Terrores pasados
Durante los dos días siguientes no aparecí por el hospital y mi padre no puso reparos en ello. Me dediqué a rastrear todo el perímetro de Forks y sus alrededores, llegué hasta los límites de la Push y por poco me desvío hacia Canadá. Lo único que me detuvo fue una llamada de Alice que me suplicaba que no me marchara tan lejos después de verme rodeado de nieve y de árboles sin hojas, demasiado lejos de mi hogar.
No cacé por el camino aunque debí hacerlo. Todos mis sentidos estaban puestos en encontrar alguna pista de un posible nuevo polizón en la zona. Solo necesitaba un leve aroma, un efluvio para reconocerlo al instante y de ese modo confirmar el peor de mis temores.
Fue horrible la búsqueda. Una posibilidad, un punto ciego que no sabía siquiera si existía. Podría estar haciendo algo inútil porque no había nada que buscar, que no hubiera nada detrás de la locura de aquella mujer y que todo fuera producto de la imaginación triplemente precavida de Carlisle. Sin embargo, era mejor estar seguros y al fin y al cabo, no tenía nada mejor que hacer para distraerme de mi fuero interno. Cada dos por tres me venía a la mente la imagen de Bella, aterrada por mi culpa y luego la veía sonriendo en por la sarta de bobadas que le contaba el perro faldero de Jacob Black. Supe por las llamadas de Alice que ese hombre había seguido yendo a visitarla y a pasar un largo rato con ella y por lo que mi hermana había escuchado no tenía nada que ver con el caso que estaba intentando resolver. Era un simple oportunista y si no tuviera una mandíbula a prueba de todo me la habría roto de tanto apretar los dientes. Como habría disfrutado partiéndole la cara…
Pero no podía aunque tuviera vía libre. En estos momentos y siempre que no se pasara de la raya, estaba sirviendo de distracción a Bella, y aunque no soportara admitirlo, quizás su intervención me beneficiaba a mí. Si era capaz de hacer olvidar a Bella lo ocurrido durante el tiempo suficiente, quizás cuando me volviera a presentar frente a ella el efecto que le produzco hubiera menguado. Esperaba que al menos fueran en el sentido del miedo porque por otra parte quizás ese Jacob Black fuera lo suficientemente bueno como para robarle el corazón y en ese caso yo ya no tendría nada que hacer.
Y como podéis ver soy el rey del melodrama y la soledad es mi peor enemigo. No hacía más que devorarme los sesos una y otra vez, matándome y rematándome. Si hubiera seguido de ese modo probablemente me hubiera vuelto loco definitivamente. Echaba demasiado de menos a mi Bella a pesar de que solo llevaba dos días separado de ella y lo peor era saber que incluso aunque estuviera en el mismo edificio no podría verla al menos durante un tiempo prudencial.
En eso que, cuando estaba de vuelta de las cercanías de Atlanta, algo se me cruzó en el camino y todos mis sentidos se pusieron alerta.
―Tranquilo hermano—dijo Emmett levantando las manos.
Jasper lo seguía de cerca.
―Hemos venido a echarte una mano―chocamos las palmas y nos abrazamos.
Emmett soltó una carcajada.
―Estás hecho una piltrafa. Tenemos órdenes estrictas de Esme de llevarte de caza si no quieres que venga ella misma y te ingrese―se descojonó.
Me alegré muchísimo de verlos a pesar de sentirme odiosamente insoportable. No es que no me apeteciera seguir comiéndome el tarro―que va―es que es agradable saber que hay alguien ahí fuera que se preocupa por tí aunque sea para reírse a tu costa.
―Deberías pasar por casa a cambiarte y a darte una ducha Edward. Sabemos que estás alterado pero hasta el momento no has encontrado señales de ningún tipo y eso no pueden ser más que buenas noticias. Creo que mereces descansar un poco y atender tus necesidades.
Los miré a los dos por unos instantes. Dejé caer los hombros y suspiré. Era cierto que estaba completamente descuidado, pero no estaba de acuerdo con ellos. Que no hubiera encontrado nada era tan buena noticia como mala. Podía significar que todo estaba bien, o podía significar que todo estaba catastróficamente mal. Lo cual significaba que aquello que buscaba sabía cómo esconderse y eso era muy, pero que muy malo.
Aún así, deje que me contagiaran parte de su entusiasmo. No me venía nada mal pasar un rato agradable entre familia después de lo que había pasado los últimos días.
―Gracias―dije de corazón.
Ellos me sonrieron y me indicaron que los siguiera por el bosque, adentrándonos en lo más profundo del mismo.
―En vista de que hace mucho que no te alimentas creo que hoy podemos ir un poco más lejos para buscarte uno de esos deliciosos pumas que tanto te gustan. Si vas a seguir en huelga de hambre por lo menos tenemos que asegurarnos de que te nutras bien las escasas veces que te alimentes―dijo Emmett en plan padre que te suelta una reprimenda por impertinente pero asomándosele la sonrisilla en la comisura de los labios.
Durante todo el camino buscaron mil y una manera de hacerme reír. Nunca los había visto intentarlo tanto y eso me hizo sentir un poco culpable, porque quería decir que los había hecho preocupar demasiado.
Corrimos libremente durante un par de horas con calma, disfrutando de la brisa de la tarde y del tiempo juntos. Hacía mucho que no salíamos los tres solos.
Al llegar a una zona más salvaje, comencé a concentrarme en el olor, pero esta vez para poder alimentarme, y noté el leve aroma de un carnívoro en plena forma que se desplazaba a gran velocidad a medio kilómetro de distancia.
―Ahí tienes tu cena, yo acabo de percibir a un oso macho al este así que nos reuniremos aquí en cuanto terminemos de saciarnos ¿vale?
Jasper y yo asentimos y este se fue también por un camino diferente al mío. Yo seguí avanzando hasta que reduje considerablemente la distancia entre el puma y yo. Lo oí detenerse en la distancia y me acerqué sigilosamente para espiarlo subiéndome a las ramas de los árboles cercanos.
Allí estaba, agazapado entre la maleza mientras se arrastraba sobre su barriga sin hacer el menor ruido para cualquier animal a su alrededor. No para mí. Tenía sus ojos fijos en un pequeño cervatillo que pastaba entre las rocas y que no se había dado cuenta del peligro que corría. Hoy era su día de suerte. Me agazapé sobre la rama y, antes de que el puma pudiera reaccionar o saltar sobre su presa, yo me cerní sobre la mía y le clavé los dientes en el cuello, dejándolo completamente paralizado mientras lentamente iba extrayéndole la vida. Siempre era desagradable ver como se debatían, pero su sangre en mi boca no me dejaba demasiado espacio para pensar en su dolor, sino en el mío y el de mi garganta que hasta el momento no sabía cómo lo había hecho para aplacarlo o pasar de él.
En pocos minutos lo drené completamente y como pude lo enterré. No había ya ni rastro del pequeño cervatillo. Escuché ruidos entre la maleza, y en un abrir y cerrar de ojos otro puma, esta vez hembra, se lanzó sobre mí rugiendo con vigor. De un zarpazo consiguió rasgarme la camisa, pero antes de que pudiera hacer otro movimiento lo golpeé y la lancé contra el árbol más cercano dejándola aturdida. El resultado ya os lo podéis imaginar.
Cansado mentalmente, ensangrentado y con las ropas en no muy buenas condiciones pero finalmente saciado, emprendí mi camino de vuelta hacia donde me había separado de mis hermanos. Jasper ya estaba allí esperándome.
―¡Caray Edward! ¿Cómo te has dejado ir tanto?
―He pescado dos pumas de los cuales uno no entraba en mis planes.
―Sí, ya había percibido que te habías alimentado bien. Esme se llevará una alegría cuando te vea.
Le sonreí un poco.
― Solo llevo dos días fuera.
―Madre es al fin y al cabo.
Mi sonrisa se hizo más amplia, pero luego desapareció.
― ¿Hay algo nuevo que contar?
Jasper negó con la cabeza.
―Si te refieres a Bella, todo sigue igual. Ese tal Jacob ha vuelto a visitarla hoy por quinta vez.
― ¿¡Quinta!?
Al parecer se deja objetos atrás más de una vez al día.
Apreté los puños con tanta fuerza que sonó como el raspar de un trozo de mármol rajado contra otro.
―Tranquilo Edward…
―Estoy tranquilo―mascullé.
―Bella ha preguntado por ti.
Mi estado de ánimo cambió de repente.
― ¿Y qué te ha dicho?
― ¿Qué crees que va a preguntar? Pues que dónde estás naturalmente. Está preocupada por ti.
Suspiré. Mi Bella…
―Sabes por qué no puedo presentarme ante ella ahora.
―Sí, lo sé. Pero también sé que a pesar de todo te quiere y te está esperando. Si te tiene miedo no va a lograr superarlo sola Edward, te necesita. Para que le demuestres que no le vas a hacer daño. Ya ha aceptado cuál es tu naturaleza. Ahora que la conoce tiene que asumirla, pero no lo hará de manos de ese inspector de pacotilla. Ese como mucho conseguirá ponerla aún más en contra tuya para poder ganársela, aunque he de reconocer que mérito tiene, no todos los hombres se acercarían a una mujer burbuja, saben que de ahí no puede salir nada duradero.
Lo miré furibundo.
―Eso no es verdad, Bella es una chica como ninguna en el mundo. ¿Sabes una cosa?
― ¿Qué?
―No me estás ayudando mucho a decidirme.
Jasper soltó una carcajada.
― ¿Es que no te das cuenta? No hay nada que decidir. Tienes que hacer lo que tienes que hacer y sabes que ya has tomado tu decisión.
― ¿En qué momento te has convertido en mi consciencia señor pepito grillo*?
Jasper levantó una ceja.
―En el momento en el que la tuya se quedó atascada en el botón de autodegradación.
De repente, como un borrón ante nuestros ojos, una mole de fuerza y velocidad nos embistió desde la derecha y nos lanzó a treinta metros en la distancia, rompiendo cada tronco que se que colaba en nuestro camino y destrozando lo que a la naturaleza tanto le había costado crear.
Tras un breve momento de aturdimiento, ambos fijamos la vista en Emmett, que continuaba agazapado en el mismo sitio donde nos había embestido.
―Emmett, ¿qué…?—farfullé quitándome los trozos de astillas del pelo.
Antes de que pudiera continuar hablando, saltó a la carrera de nuevo hacia mí, con la mirada perdida y unos rasgos feroces como los de un fiero animal. Me levanté deprisa y esquivé el golpe tan rápido como llegó, pero enseguida contraatacó lanzándome una patada a las rodillas y tirándome al suelo.
―¿¡Estás loco Emmett!?—gritó Jasper viniendo en mi ayuda, pero solo recibió un fuerte puñetazo que lo lanzó de espaldas. Eso me dio el tiempo necesario para recuperarme y ponerme a una distancia prudente.
―¿Qué te ocurre Emmett?—le dije en el tono más tranquilizador que pude teniendo en cuenta de que estaba mucho más que nervioso.
Tampoco respondió. Con un fuerte rugido se lanzó de nuevo a la carrera para alcanzarme y me subí a la rama más alta del árbol más cercano. En vez de seguirme, Emmett partió el tronco en dos de una sola patada y me vi obligado a saltar a otro.
―¡Vas a destrozar el bosque, detente!—le grité impotente.
―¡Es inútil Edward, mírale a los ojos! ¡Es como si no fuera consciente de lo que hace!
De eso me había dado cuenta en el momento en que intenté leerle la mente, vacía de todo pensamiento. Sentí un escalofrío que me recorría de arriba abajo al mismo tiempo que mi mente registraba las implicaciones que aquello tenía.
Me erguí en mi posición y miré a todos lados buscando una respuesta.
―Desgraciado…
Justo en ese momento, algo tiró de mí, una fuerza que no tenía nada que ver con lo físico, como si unos hilos se agarraran de mis brazos y de mis piernas arrebatándome toda la voluntad. Mi mente pareció adormecerse y ya no fui del todo consciente de lo que ocurría a mi alrededor. Sentía un frío glacial en mi cabeza, una congelación completa de mis sentidos y mis pensamientos.
Era una sensación que me resultaba aterradora y desagradablemente familiar.
Todo sucedió muy deprisa y no recuerdo casi nada de esos instantes. Recuerdo levemente oír el grito de Jasper atravesarme los oídos como un aguijón. Recuerdo que sentí entumecimiento en las partes donde creo que fui golpeado pero también en los puños. Luego no sé qué más pasó, solo que cuando comencé a recuperar el sentido tenía a toda mi familia al completo a mi alrededor agazapada y de espaldas a mí. Jasper estaba a mi lado y Emmett se encontraba en las mismas condiciones que yo. Sin embargo, apenas reparé en esos detalles puesto que la mayor parte de la atención la tenía puesta sobre una nueva figura que acababa de hacer su aparición entre los árboles.
Mis manos comenzaron a temblar sin control aún en el suelo y mis ojos se abrieron como platos ante la evidencia y al ver mis peores temores convertidos en uña y carne.
―James―dije casi sin voz, como cuando acabas de ahogarte con la bebida o la comida.
La figura me miró directamente a los ojos, unos iris inyectados en sangre y crueldades que iban más allá de cualquier razón. Era la mirada del demonio en persona.
―Mi querido Edward… ¿qué tal has estado?
Tardé unos segundos en reaccionar, en primer lugar porque su voz era como un millón de dagas que se te clavaban en el pecho una por una. Era con una mezcla de dulzura engañosa aderezado con sonido de ultratumba que no auguraba nada bueno, más propio del hombre del saco o del coco, como se le solía contar a los niños pequeños para asustarlos. Solo que yo hacía mucho que había traspasado la barrera del miedo. Era mucho peor que eso. Era mi pesadilla in vivo.
En segundo lugar porque también reconocí su mente al instante. Una mente perversa a la que solo le interesaban sus propios fines sin importar los medios. En esos momentos me vi a mí mismo por sus ojos. Estaba aterrado y por sus pensamientos sabía que el encontraba una gran satisfacción ante mi reacción. Tuve la inexplicable sensación de tener arcadas.
―De maravilla hasta que has aparecido demonio.
Levantó las manos como un gesto de paz. ¡Maldito hipócrita!
― ¿Es así como tratas a tu antiguo mentor? Creí haberte enseñado mejores modales Eddie…
Carlisle gruñó interponiéndose entre él y yo. Esme lo siguió.
― ¿Cómo te atreves a aparecerte por aquí?—dijo con voz que distaba mucho de parecer tranquila, totalmente opuesta a como solía ser la voz de mi padre.
―Por favor Carlisle, solo he venido a hacerle una visita al chico. Quería saber qué tal le iban las cosas.
Alice intervino.
―Pues ahora que ya lo sabes puedes marcharte tranquilo.
―¡Pero que bienvenida más calurosa! Me habían dicho que os habíais vuelto una familia de lo más gentil y amable, pero esto rebasa todas mis expectativas!—se rio con esa carcajada fría y gélida que estoy seguro de que colmaría mis pesadillas por la noche si todavía tuviera la capacidad de dormir.
―¡Lárgate de aquí!—soltó Rosalie tajante.
―De acuerdo, de acuerdo, ya me voy… pero antes ¿qué tal está tu dulce Bella Edward? ¿Tan hermosa como siempre?—me miró directamente con una sonrisa siniestra. En su mente apareció la cara de una Laurent Mallory sentada en una cama con un camisón blanco y la mirada perdida antes de que fuera sacada del centro en el que estaba.
Sin siquiera meditarlo me lancé a por él gritando al muy desgraciado y mi familia tuvo que pararme en seco. Primero Carlisle me golpeó en el estómago para hacerme retroceder, luego Jasper vino por detrás y me inmovilizó contra el suelo con ayuda de Alice.
―Te lo advierto James, no te atrevas a volver a tocar un solo pelo a Edward o a algún miembro de mi familia, incluyendo a Bella―le soltó Carlisle amenazante.
―¿O qué?—preguntó con voz inocente.
En ese momento Carlisle se envaró, y de un solo movimiento fluido tomo a Esme por el cuello y la alzó en el aire como si fuera una muñeca. Esme sorprendida abrió mucho los ojos y miró a Carlisle, llamándolo impotente, sin que este pudiera escucharla. Rosalie cogió una gran roca que tenía cerca de ella, casi de la mitad de su tamaño y se la lanzó, haciendo que se distrajera el tiempo justo para que Carlisle recuperara la cordura. Luego alarmado, soltó a Esme y la abrazó a modo de disculpa.
―Vete James, en estos momentos somos mayoría numérica y es imposible que puedas controlarnos a todos al mismo tiempo sin sufrir daños. Lárgate y no vuelvas.
James soltó una fuerte carcajada.
―Que ingenuos sois… pero os haré caso y me iré. Tengo otros planes que atender. Ha sido un placer volver a veros—me miró―en especial a ti joven Edward. Espero que podamos ponernos al día cualquier tarde de estas.
―Sigue esperando―gruñí mordazmente aún siendo sujetado contra el suelo.
Él volvió a soltar otra carcajada y en un abrir y cerrar de ojos desapareció de mi vista.
Tan pronto como Alice percibió que estábamos fuera de peligro me soltó al igual que Jasper y me puse de pie de un brinco dispuesto a seguirlo.
―Edward―me puso la mano en el pecho Carlisle.
― ¿Lo has visto Carlisle? Dime por favor que no lo has visto, dime que son imaginaciones mías.
Mi padre suspiró. Esme me puso la mano en el hombro y yo me la sacudí, aunque vi el dolor reflejado en sus ojos no insistió.
Me llevé las manos a la cabeza.
―Esto no puede estar pasando. Otra vez no.
―Sé que no quieres aceptarlo Edward, pero está aquí, es un hecho, tú mismo lo has visto. Y ahora hay que enfrentarlo.
Lo miré desesperado.
― ¿¡Cómo!?
Él negó con la cabeza.
―No lo sé, pero no es la primera vez que lo hacemos, aunque parece que esa primera vez no fue suficiente. Me gustaría saber qué fue lo que lo ha retenido lejos tantos años si ha tenido siempre vía libre.
―Venganza―respondió Alice.
La miramos todos al unísono.
―Pensadlo. Tiene sentido. Si estamos en lo cierto y todo lo que ha pasado ha sido culpa suya, sería lógico pensar que ha estado esperando el momento oportuno para actuar.
―¿Qué momento?—Preguntó Emmett.
No fue necesario que lo dijera.
―El momento en el que Bella apareció en mi vida.
Se produjo un silencio conforme.
―Va a intentar darte por donde más te duele.
Asentí.
―Pues tenemos que impedírselo.
Sonreí con sarcasmo pero luego se me borró de la cara.
―No se cómo voy a soportar volver a pasar por esto. Antes, cuando me tuvo bajo su influjo… quise morirme. Preferí que Emmett me matara antes de seguir fuera de mi de ese modo, como en aquella ocasión. ¡No lo soporto!—pateé el tronco que Emmett había roto antes y prácticamente lo envié a la otra punta del bosque.
Japer me agarró del brazo para intentar tranquilizarme.
―Ahora tienes que centrarte. No puedes permitirte perder a Bella, y él no va a salirse con la suya. Para eso nos tienes a todos nosotros en esta ocasión. No vamos a permitir que nada os pase a vosotros dos. Nos protegeremos unos a otros, como hace una verdadera familia.
Lo miré largamente, al igual que al resto de mi familia y asentí.
―Gracias.
Volvimos juntos a casa y en silencio. El panorama no podía ser más negro y no tenía la menor idea de lo que tenía que hacer ahora. ¿Esperar a que actuara? ¿Ir por él antes de que mueva ficha? De lo único que estaba seguro era de que a partir de ese momento ya no podría fiarme ni de mí mismo y mi familia y la gente de nuestro entorno era tan vulnerable de ser influenciado como yo.
James tenía el don de ser capaz de controlar a otra persona anulando su mente y tomando posesión de su cuerpo durante un tiempo indefinido. Por ese entonces apenas era capaz de mantener controladas a dos personas a la vez, ya que eso requería mucha concentración por su parte. Esperaba que en el tiempo que había transcurrido no hubiera aumentado sus poderes. Si se daba el caso, muy difícilmente íbamos a ganar esta batalla. No quería ni imaginar lo que sería ver a toda mi familia enfrentándose en una lucha a muerte entre ellos.
Por otra parte no sabíamos si trabajaba solo. Y tal como ocurrió con Laurent podría tener a más de un polizón oculto en el hospital dispuesto a atentar contra la vida de Bella en cuanto bajáramos la guardia.
De algo sí que estaba seguro. Para poder controlar la mente de alguien James tiene que estar como mínimo a un radio de cincuenta metros o perdería la conexión, así que para mantenerlo lejos del hospital tendríamos que montar la guardia fuera de este y a una distancia prudencial para que en caso de que quisiera tomar el control de alguno de nosotros, nos diera tiempo de detenernos mutuamente y a él si intentara entrar. Era una estrategia que tarde o temprano fallaría porque para que funcionase tendríamos que estar prácticamente todos al pesque. Y necesitábamos alimentarnos. Eso solo nos dejaba la opción de buscarlo, pero tampoco era algo fácil teniendo en cuenta que después de dos días no había dado con su paradero mientras que él se nos acercó tanto como le dio la gana. Estábamos metidos en una encrucijada.
Por órdenes de mi madre, me dirigí a la mansión mientras Alice y Jasper fueron directamente al hospital. Yo me duché lo más rápido que pude y me vestí con ropa cómoda y lo mismo hicieron los demás. Cada uno cogió su coche y nos separamos al llegar al pueblo. Tuvimos una fuerte discusión porque todos concordaban que lo mejor era que yo me quedara con Bella, que de todos el que más experiencia tenía en este asunto era yo y que si notaba cualquier cambio extraño sabría tomar las medidas adecuadas. Yo me oponía alegando que en esos momentos a quien menos necesitaba Bella era a mí y que por mi mayor velocidad, lo mejor era que me quedara fuera con los demás para poder ayudar. Ese argumento me lo presentaron en sentido contrario también. Si me controlaba a mí, lo más probable era que ninguno fuera capaz de detenerme en cuestión de velocidad, así que podía convertirme en el sujeto más peligroso. Sin embargo, mi verdadera excusa radicaba en que si algo fallaba y James conseguía burlar nuestra barrera, temía que su mente retorcida provocara que yo le hiciera algo a Bella o que ella misma se lo hiciera deteniéndome a mí para que no pueda hacer nada. Conocía la mente insana de ese demonio y sabía perfectamente que no había nada peor para mí que ver morir a Bella o que la matara yo mismo. Eso acabaría conmigo.
No sé si cayeron en la cuenta de eso o no, el caso es que mis excusas sirvieron de poco y al final tuve que entrar al hospital para quedarme a cuidarla.
Eran más de las ocho de la tarde y el personal del hospital comenzaba a disminuir. Alice me interceptó por el camino antes de dirigirse a casa para cambiarse ella y dejarme el relevo.
―Black está allí. Parece ser que por el momento no va a atacar, por lo menos no he visto que ninguno estemos en inmediato peligro como cuando te vi a ti y a Emmett luchando. Con un poco de suerte puedo interceptar sus pasos antes de que ocurra.
¡Claro! ¡Las visiones de Alice! No había reparado en ellas, eran una ventaja de la que no disponíamos en la época en la que tuvimos que enfrentarnos a ese malnacido por primera vez. Sabía que no iba a ser fácil pero siempre que Alice y yo estuviéramos a una distancia prudencial, James no podría controlarnos a los dos a la vez y nos daría tiempo de avisar. A ella con sus visiones y a mí por poder detectar anomalías en la mente de los demás. Eso dejaba claro que con Laurent fue diferente y que se adueñó de ella sin necesidad de utilizar sus poderes porque yo lo habría notado. Eso lo hacía aún más peligroso si cabía pero estaba claro que eso le llevaría mucho tiempo.
Habíamos convenido que si algo sucediera marcaríamos el número de cualquier miembro de la familia dejando que este suene solo una vez y el miembro que la reciba debía enviar un mensaje a todos al mismo tiempo con el nombre de la persona que la llamó, pudiendo acudir en su ayuda.
―Gracias. Ya me encargo yo.
Alice asintió y me besó en la mejilla, sabiendo que tardaríamos en vernos más que a cualquier miembro de la familia.
―Mucha suerte.
―Igualmente―me dijo antes de salir pitando del hospital.
Caminé despacio el trayecto que me separaba de la antigua habitación de Bella. Me escondí detrás de un armario a esperar a que el visitante persistente se marchara para poder alertar a Bella de mi presencia. Me moría de ganas de entrar y echarlo como solo mi autoridad de médico me permite, pero sabía que no estaba bien y tampoco me convenía que Black se percatara del miedo de los ojos de Bella cuando me viera llegar. Era mejor esperar y aguantar.
Transcurrió una hora antes de que escuchara girar el pomo de la puerta y viera salir a ese machango de pacotilla. Le soltó una última broma a Bella y se despidió con la promesa de volver pronto. Contuve las ganas de lanzarlo por una ventana mientras lo veía desaparecer por el pasillo. Me coloqué delante de la puerta y respiré hondo antes de abrir.
Bella estaba de espaldas, llenándose un vaso de agua.
― ¿Te has vuelto a olvidar algo Jake?—preguntó con voz alegre mientras aún de espaldas se llevaba el vaso a la boca.
Cerré con pestillo para que nadie nos interrumpiera.
― No, no lo ha hecho.
Vi como de la impresión casi se le cae el vaso de la mano. Se giró deprisa, perdiendo un poco el equilibrio.
Retrocedió un poco, pero para mi sorpresa me retuvo la mirada aunque con un ligero miedo asomando por sus ojos.
―Edward…―susurró con voz contenida.
Yo tenía la mirada baja sin saber cómo actuar.
―¿Cómo estás?—dije para intentar romper un poco el hielo. Solo hacía dos días que no la veía pero debido a las circunstancias parecía que estuviera hablando con alguien después de años sin saber de esa persona.
―B-bien.
―Me alegro.
Un silencio incómodo se instaló entre nosotros y no pude soportarlo por mucho tiempo.
―Lamento no poder cumplir lo que dije, pero durante un tiempo seré yo quien se quede a cuidarte y no Alice.
― ¿Le ha ocurrido algo?—preguntó alarmada. Me conmovió que le hubiera cogido tanto cariño y por primera vez desde que había entrado la miré fijamente a los ojos.
Algo se encogió dentro de mí al verla después de dos días. Sus magulladuras ya eran simples moratones amarillos y su rostro se mostraba más sereno que antes. Eso la hacía parecer más madura y no menos hermosa. Sin embargo lo que me desarmó fueron sus ojos. Esos dos orbes marrones por los que mataría una y mil veces me miraban completamente transparentes, mostrándome su miedo, pero también una alegría contenida en lo más profundo. Lo vi en el brillo de sus ojos.
Sabía que no podía quedarme demasiado tiempo mirándola, me arriesgaba a cohibirla de nuevo.
―Ella está bien, pero toda la familia corre un serio peligro. Y en especial tú.
Sus ojos se abrieron como platos y el miedo volvió a resurgir en toda su plenitud por todos sus poros. Podía olerlo desde donde me encontraba, al otro lado de la burbuja.
―¿Quién?—susurró.
Suspiré.
―Uno de los nuestros.
Ella permaneció con la tez inmutable.
― ¿Por qué?—dijo esa vez un poco más alto.
―Para vengarse de mí. Él es el culpable de lo que te pasó hace unos días.
Noté que temblaba de pies a cabeza y temí que fuera a caerse redonda al suelo, pero afortunadamente se sentó sobre la cama.
― ¿Por qué a mí?
La miré de soslayo.
― ¿Y todavía lo preguntas? Tú eres mi eslabón débil. Si te ataca, acaba conmigo de la peor de las maneras.
Ella me miró aturdida pero decidida. Ahí seguía. Esa electricidad que nos envolvía cada vez que estábamos cerca el uno del otro, ese sentimiento casi tangible que nos propiciábamos. Me moría de ganas de atravesar todos esos plásticos para llegar hasta ella, pero no podía. No hasta que ella así lo quisiera y buscaba que volviera a confiar en mí. Tenía que dejarlo a su elección.
―¿Quién es él?
―Es un fantasma del pasado y una larga historia.
Ella se tumbó boca abajo sobre la cama, cruzó los brazos bajo la cabeza y me miró más atenta que nunca.
―Tengo tiempo. No es como si pudiera salir corriendo.
Al final tras el cruce eterno de miradas terminé cediendo y me senté con los pies cruzados sobre la alfombra que estaba en el suelo.
―De acuerdo. A ver por donde empiezo.
*Pepito grillo: Personaje de la película de Pinocho de Disney que tomaba el papel de su consciencia para aconsejarlo en sus buenas acciones.
Hola a todas!
Lo sé lo se ¿otra vez?
Llevo mucho tiempo queriendo renovar, pero recordais que la ultima vez os dije que tardé porque tenia que presentarme a los examenes? Pues no me fueron muy bien la verdad y tres dias mas tarde de terminar el ultimo examen volvieron a empezar las clases y a recuperar las que no aprobé y aunque os parezca mentira llevo desde enero haciendo examen tras examen sin parar y hasta esta semana santa no he tenido un respiro (ahora cojo inspiración). Lamento de verdad haber tardado tanto, aqui os dejo una aclaracion pequeña de todo lo que ha acontecido en los capitulos anteriores. En el siguiente vendrá lo demás, a ver como me lo monto porque ya no sé ni lo que estoy escribiendo xD.
Lamento de verdad la tardanza, se que algunas me habeis escrito reviews solo para que renovara asi que espero que no os canseis de mi y bienvenidas las nuevas lectoras!
Como son las dos de la mañana no me puedo entretener mucho en explicaciones asi que os dejo hasta la proxima que espero que no tarde mucho en llegar.
Un beso enoooooormeee!
Sele.
