¡Hola! Oops cap 21 me tarde mucho espero no hayan olvidado el fic :S pero aún demasiado trabajo…

Muchas gracias! a todos los que siguen el fic ,y a todos los que esperaron este cap.

GRACIAS especialmente a todos los que se toman el tiempo de dejar un review!

Dashamalfoy (:D yo quiero un diario así) Lucy-Eve (jajaja me encanto el: "Desagradable pero tierno" XD) Miadharu (gracias por tu review) Tokio2323 (que bien que te guste el fic Caroone (si espero ya no tardarme tanto en actualizar) PaolisMalfoy (creo que no te convendría un DRaco como novio XD Karla (Draco sufre… interiormente) SunMoon206 (no, nunca XD) Angelik (indirecta? Jajaja muy directa!) A (trato de no tardar o.O) Darsy (Me alegra que te unas a este fic :D) SolMeyerMG (pero si Ron y Hermione son el uno para el otro!) Josephine tres cosas: 1.- Me alegra mucho que te guste el fic :D 2.- Me encanto lo de Tuna! :D 3.- ¿Por qué me llamaste Enrique? (no es que me moleste, de hecho me agrada el nombre, pero me da curiosidad de donde lo sacaste XD! Y Nyra Potter (Gracias por tu review, espero te siga gustando)

Espero no haya olvidado a nadie :S ! Y les guste este capítulo

Además me gustaría agradecer a Ov aunque se queje!

Por cierto todos los personajes, lugares, y demás cosas Potterianas son propiedad de J.K. Rowling… yo solo los tomé prestados!

...

Los Weasley's y la araña

Harry despertó sintiendo algo incómodo en la espalda, y no era para menos, pues parecía que había dormido sobre poco más que un montón de hojas, unas cuantas piedrecillas y un ligero cobertor que más cubría a la figura femenina que dormía a su lado. Así era, una vez más, él y Ginny se habían quedado dormidos en el jardín de la Madriguera; pero el asunto, más que molestarlo, lo hacía muy feliz, pues le gustaba mucho despertar al lado de aquella cabellera roja que tanto amaba. Afortunadamente para él, en esta ocasión todos los demás continuaban dormidos, pues si Ron hubiese vuelto a encontrarlos dormidos juntos, sin duda alguna lo hubiera matado allí mismo, sobre todo debido a las "condiciones" en las que se estaban en ese preciso momento: abrazados y totalmente desnudos.

–¿Harry? –murmuró Ginny, aún medio dormida.

–¿Sí? –Dijo el chico, a quien de pronto el miedo invadió cada parte de su cuerpo al preguntarse que demonios se suponía que debía decirle a la chica, sobre todo después de que hubiera ocurrido… lo que había ocurrido.

–Pensé que… que más bien había sido… como un sueño –le confesó la pelirroja.

–Sí, je, bueno…ehm… – balbuceó el chico–, ehm… sí, algo así pensé yo también.

–Menos mal, eh –le dijo ella–. Y… para tu tranquilidad: estuviste fantástico, Harry–agregó pícaramente recargándose en su pecho.

Harry de pronto sintió el impulso de tatuarse un Colacuerno Húngaro en el pecho.

...

Hermione había intentado prepararse para ese momento y había recreado mentalmente muchas veces la situación, pero aún no sabía cómo debía comportarse ante Ron.

Faltaba poco para que el sol se metiera, ellos se habían sentado en una pequeña colina cerca de la Madriguera y desde ahí podían ver la casa de Luna, pero ambos guardaban silencio, como esperando a que el momento se diluyera sin que ellos tuvieran que actuar. Ron había accedido a acompañarla hasta ese lugar, pero ahora no fijaba la vista en ningún lugar que no fueran las, repentinamente interesantísimas, suelas de sus zapatos.

–Hermione, no necesitas explicarte–exclamó finalmente un triste y desganado Ron.

–Ron…–Intentó comenzar Hermione, pero él la interrumpió.

–Ya… ¿Era evidente, no lo crees? Nunca fui lo suficientemente bueno para ti

–Ron, no digas eso…

–Perdón Hermione, lo intenté.

Hermione se sintió terriblemente vil ante la disculpa de Ron; no quería que él se quedara con esa errada impresión; sobre todo porque era ella quien lo había traicionado, quien había fallado, quien no había podido amarlo.

–Ron, estás muy equivocado; déjame intentar explicarte, quiero que entiendas…

–Lo entiendo Hermione. Y como te dije, siendo sincero, era algo que ya esperaba; es sólo que necesito asimilarlo. Dame algo de tiempo, ¿vale?

Ron fijó sus claros ojos azules en los castaños de la chica y ella sintió toda su tristeza; hizo ademán para acercarse a él, quería consolarlo, evitarle en algo la pena que irónicamente ella misma le estaba causando desde hace ya algún tiempo, pero él la detuvo al acariciar suave y fugazmente su mejilla. Una despedida, eso era, una caricia que buscaba permanecer junto a ella, al menos en la memoria.

Él se levantó y ella se quedó estática en el lugar, pues sus ojos se habían empañado y su mente, siempre tan racional, sabía que no encontraría ni las palabras ni los sentimientos adecuados para detenerlo con un buen motivo o consuelo; Ron susurró un "nos vemos" en un tono demasiado neutral para ser natural y cabizbajo se alejó de la chica.

A pesar de que hacía mucho tiempo que ella se había acostumbrado a contar con sus amigos para esta clase de situaciones en los cuales se sentía perdida, ahora no podía ni acercarse; estaba segura de que en ese momento no estarían dispuestos a escucharla o algo más, pues Hermione tenía la pesada certeza de que había destrozado una parte de Ron y le parecía muy difícil que llegasen a perdonarla por ello…, ni siquiera sabía si ella podría perdonarse por haberlo hecho.

Permaneció sentada un largo rato en el lugar, intentando evadir la tristeza que amenazaba con derribarla de un momento a otro. Lo peor de todo era que, aunque había terminado formalmente con Ron, no había sido capaz de mencionar a Draco en la conversación. De manera que aquello era sólo el comienzo del torbellino que se avecinaba.

...

Los últimos días de vacaciones, Hermione no volvió a tener noticias de nadie del mundo mágico… ella se sentía bastante culpable y por lo mismo no se había atrevido a escribirle a Draco, además, seguramente sus amigos ya estaban enterados de todo (o casi todo) y aún no sabía cómo la recibirían ahora. Sin embargo, el último día antes de volver a Hogwarts, recibió una visita mientras ella acomodaba sus cosas y guardaba su "diario" en el baúl, cuando una mujer de cabellos rubios y aspecto severo apareció en el alfeizar de la puerta de su casa. Hermione, asustada y sorprendida, invitó a pasar a Narcisa Malfoy, quien entró en el hogar sin decir una palabra y ni siquiera parecía dispuesta a sentarse en la sala de los Granger.

–Yo he cumplido impecablemente con mi parte –fue todo lo que le escupió Narcisa, prácticamente al entrar a la estancia.

–Sí, lo sé. Y lo agradezco –le contestó Hermione sin entender todavía el tono de la mujer.

–¿Y bien? ¿Qué me dices entonces de lo que tú acordaste?

–Bueno, Draco ha mejorado, no se mete en tantos problemas y creo que con excepción de lo ocurrido en el partido de Quidditch…

–Has pasado algo por alto –la interrumpió Narcisa.

–¿Algo? –preguntó Hermione empezando a irritarse, ¿por qué últimamente nadie la dejaba terminar de hablar?

–Tengo mis razones para creer que Draco está "interesado" en alguien.

Hermione se quedó de piedra, ¿Cómo era posible que no hubiera pensado en eso antes? ¿Cómo es que nunca había pensado en lo que diría Narcisa?

–Espero que estés tomando en serio nuestro trato muchacha – exigió Narcisa ante el silencio y el rostro lívido de Hermione. –Si esa chica no lo distrae demasiado, no será problema; claro, siempre y cuando sea alguien de nuestra… altura. Pero, aún así demando saberlo.

Hermione ni siquiera pudo asentir, aunque no hizo falta, porque la señora Malfoy terminó de hablar y se dirigió a la salida sin esperar a que la chica la acompañara o le respondiera algo.

¿Cómo reaccionaría Narcisa si no sólo llegaba a confirmar sus sospechas, sino además se enteraba de que la chica en cuestión era ella, Hermione Granger? Y lo peor de todo, algo que en ese momento le parecía más aterrador que cualquier otra cosa: ¿Qué pasaría cuando Draco supiera que ella prácticamente era su "niñera" desde poco antes del inicio del curso?

...

El regreso a Hogwarts después de vacaciones fue de las experiencias más incómodas que había vivido Harry en aquel tren (siendo que tenía muchas, muchas y variadas historias para contar sobre sus viajes en el expreso). Hermione había aparecido en el andén 9 y ¾ , donde Ron la había saludado en un patético intento de mostrarse tranquilo y normal con ella, de manera que hasta habían terminado juntos en el vagón. Sin embargo, la tensión era evidente. Hermione estuvo un corto tiempo con ellos, en el que por cierto no había dicho mucho, tan sólo algunas frases y en el que Ginny le había aplicado –sin disimulo– la ley del hielo; después de eso, Hermione se había despedido con algún pretexto tonto, así como había hecho en el viaje anterior, y se había marchado con los ojos tristes. Harry tenía una idea de a donde y con quien se había ido, pero ni siquiera intentó comentarlo con Ginny que parecía querer fulminar la puerta con la mirada. Hermione aseguraba que mantendría lo suyo con Draco lo más discretamente que se pudiera, y Harry había accedido a guardarle el secreto… al menos en lo que Ron se recuperaba.

Aunque todos evitaban el tema, Harry había intentado intercambiar algunas palabras con Ron, pero él había asegurado que estaba bien, que era algo que sabía que pasaría, que probablemente era lo mejor (al menos para ella) y que sólo necesitaba unos días más para sentirse menos miserable.

–Ya encontrara a alguien que si la merezca.

Después de oír eso, Harry se molestó aún más con Hermione por la manera en la que había dejado a Ron; sin embargo, algo en las palabras de su amigo lo hizo reflexionar, pues pensó que Draco no entraría en la definición de "alguien que mereciera a Hermione" … y se preguntó ¿Cómo estaría Hermione ahora que iba con él y cómo reaccionarían los demás, sobre todo Ron, cuando la bludger explotara, pues tarde o temprano explotaría.

...

El regreso al castillo fue abrumador ya que era su último semestre, los ÉXTASIS estaban a la vuelta de la esquina, y aunque Harry supiera que para ellos eran sólo un trámite, no dejaban de ponerlo nervios (constantemente se imaginaba encabezados de Rita Skeeter tipo: "El niño que vivió sobrevivió penosamente a los exámenes"). Aún así, y aunque la situación con sus amigos era bastante frustrante, un año escolar "tranquilo" y junto a Ginny era todavía más raro que un par de personas queriéndolo matar, por lo cual intentaba disfrutar los momentos que llegaban a tener a solas, que ahora eran muchos, sobre todo porque Hermione se dejaba ver más bien poco (Ginny seguía sin hablarle) y Ron había comenzado a planear algunos asuntos con George, ya que éste en un intento por animar al chico, después de lo del muérdago, le propuso trabajar juntos en la creación de nuevos artículos para "Sortilegios Weasley; tan sólo Neville y Luna parecían un tanto ajenos a los problemas del trío y de vez en cuando se acercaban para estudiar con ellos.

–Estudiar con Luna es extenuante, ¿no lo crees? –le preguntó un día Ginny a Harry.

–Sí, al final acabamos buscando todo nuevamente, tanto lo que sabíamos como lo que no, porque dudamos de que la mitad de lo que dijimos está registrado en algún lado fuera de su revista, y después empezamos a dudar de la otra mitad.

–Bueno, tampoco puedes negar que has repasado mucho –concluyó ella y él rió.

– ¿Y exactamente por qué debería hacerlo? ¿Por qué debería importarme?

–Draco, te pido que sigamos siendo discretos, es sólo por un tiempo –le insistía Hermione–. No quiero hacerle más daño y él…

–¡¿A él? ¿Es eso lo que te importa?¿Quieres esconderme y te preocupa lo que él sienta? –le reclamó Draco sosteniéndola de los hombros. Y es que le quería gritar, ¿Por qué le hacía esto? Además, utilizaba ese estúpido tono para convencerlo. Mejor sería que se largara antes de que acabara cediendo...

–¡Draco, ¿a dónde vas? –lo llamó Hermione, pero él la soltó y se marchó furioso.

Poco después Hermione entró a su dormitorio en la torre de Gryffindor, cerró las cortinas de su cama, se tapó con las cobijas y debajo de la almohada encontró su diario (no es que fuera el lugar más seguro para dejarlo, pero le gustaba tenerlo cerca). Tenía tantas cosas que le gustaría gritar o al menos hablar con alguien, como por ejemplo lo mucho que quería a Draco, cuánto lamentaba haber lastimado a Ron y hasta cómo extrañaba a Harry y lo mucho que estaba dolida con él por ni siquiera intentar entenderla. De vez en cuando Luna la acompañaba e incluso la consolaba, pero sería difícil encontrarla a esa hora. Al final, sin pensarlo decidió confesarle algo de su pena al diario.

Por otro lado, Draco entró llegó a su sala y Theo lo invitó a jugar una partida de ajedrez mágico, pero Draco sólo logró articular un gruñido molesto en su contra, de manera que Theo decidió dejarlo pasar su ira y se sentó a jugar con Astoria.

Draco se sentía humillado, algo que no estaba acostumbrado a sentir y de ninguna manera sabía manejar. ¿Cómo es que era él, un Malfoy, un sangrelimpia, alguien de su linaje, tenía que ser el que se ocultara para no perjudicar a un pobretón como ese Weasley? ¿Por qué rayos ella seguía preocupándose por aquél? La había visto dudar y aunque jamás lo aceptaría, eso le daba miedo: ¿y si al final ella descubría que prefería estar con ése? No, eso no sucedería.

Le dolía donde estaba la marca, probablemente porque estaba aferrado furiosamente a su brazo, quería destrozar algo, quería abrazarla fuertemente a ella, escucharla decir que quería estar junto a él… simplemente, se arrepentía de haberse ido sin dejarla terminar de hablar. Había desperdiciado un momento con ella y ahora era probable que hasta estuviera molesta. Tal vez debería buscar la manera de mandarle un mensaje para que arreglaran el asunto esa misma noche.

«No, de ninguna manera. Es ella quien debe buscarme», se dijo, pero en seguida se preocupó por cuánto tiempo tardaría ella en decidirse a hacerlo. « Maldición.»

No quería ceder, no le gustaba que ella pensara en sus amiguchos antes que en lo que él podía sentir; pero lo que menos le gustaba era no tenerla cerca, no poder ni platicar tranquilamente con ella. Finalmente se había quedado con todo lo que quería decirle y ahora quién sabe hasta cuándo podrían hablar de nuevo.

Estaba ansioso, debería haber aceptado la partida de ajedrez, al menos para evitar querer estrellarle algo a alguien (algo-mortífero-o-al-menos-explosivo-a-alguien-de-preferencia-pelirrojo)… pensaba en eso cuando recordó el cuadernillo y casi por inercia se acercó a él y lo abrió.

Definitivamente aquel regalo había sido una de sus mejores ideas: el cuadernillo acababa darle la calma que necesitaba. Cedería a la petición de la castaña, pero tendría un delicioso costo.

Y al final del día logró conciliar el sueño pensando en esa idea y en las líneas que Hermione había escrito y él podía leer perfectamente: aunque yo lo amo.

...

Al otro día en su clase de Defensa Contra las Artes Oscuras, el profesor Bill Weasley comenzaba con lo que sería el último tema de la materia: maldiciones que provocaban cosas peores que la muerte.

–¿Alguien sabe por qué no entran en el grupo de las llamadas maldiciones imperdonables? –preguntó Bill.

Inmediatamente la mano de Hermione se alzó entre las demás, pero él la ignoró tan olímpicamente que incluso el profesor Snape se habría sentido orgulloso. Hermione no insistió más, pues no tardó mucho en darse cuenta del por qué de la actitud de Bill hacia ella, sin embargo, aunque Draco no entendía bien lo que sucedía, supo que Hermione se sentía mal y eso lo hizo mirar con odio a Bill.

–Son diferentes a las maldiciones imperdonables –continuó el profesor– porque no tienen un fin determinado y no su realización es tan compleja que…

Hermione se quedo sumida en sus pensamientos: ¿Cuántos malos tratos tendría que soportar? ¿En verdad se los merecía todos? Si así era ahora, cuando se enteraran que había dejado al "pobre Ron" por ir con un "joven mortífago", sería ella, y no sus padres, la que acabase viviendo en Australia.

En ese momento una araña de papel llego hasta su pupitre, en cuanto la chica la tocó se abrió para que ella pudiera leerlo:

«Aceptaré, temporalmente, tu petición… siempre y cuando tú aceptes lo que quiero a cambio de eso. Te veo hoy a la media noche en la sala de trofeos.»

Hermione releyó varias veces el mensaje y lo dejó, olvidándose de lo demás y sin poder reprimir una sonrisa. Seguramente Draco tenía algo entre manos, algo que probablemente no fuera del todo benéfico para ella, pero la hacía sentir mucho mejor que él no se uniera a la ley de hielo que los demás parecían insistir en aplicarle. Con eso en mente, decidió que, aunque no participara ni ganara puntos para la casa, al menos intentaría poner atención a la clase o terminaría por preguntarle ahí mismo a Draco de qué se trataba lo que quería; estaba ocupada en esas ideas y no se percató de que Ginny, quien aún estaba sentada cerca de ella, se acercaba sigilosamente hacía su recado. Cuando la pelirroja estuvo lo suficientemente cerca del mensaje, el papel se volvió a convertir en una araña y trato, sin éxito, de huir; Hermione intentó recuperarlo, pero una pelea a media clase no le parecía muy prudente.

Ginny sostuvo en su palma a la araña, misma que en lugar de abrirse sacó un aguijón y la picoteó varias veces. En ese momento Draco no pudo reprimir una leve carcajada orgulloso por su ingenio, algo que llamó la atención no sólo de Ginny, tanto que Hermione lo miró asustada. Ginny seguía sin soltar el mensaje, pero sintió un dolor intenso (como cuando te cortas con una hoja de papel) y soltó un gritito a la vez que la araña se liberaba y tejía un hilo de papel hacía el piso. Todos, incluyendo al profesor voltearon a ver a Ginny, pero ésta no quitaba la vista de Draco y de Hermione, quien estaba muy nerviosa.

–¿Qué pasa Ginny? –preguntó Bill.

–No es nada… –contestó ácidamente– Es sólo un insecto que descubrí –añadió Ginny con maldad, viendo a Hermione, y con un simple movimiento de varita pulverizo a la araña de papel asegurándose de que los trozos cayeran frente las narices de Draco.

...

Hermione había sobrevivido a varias clases más con Ginny y su frío silencio, que ahora parecía mucho más denso que antes; Ron seguía siendo cordial, pero lo cierto es que regularmente reducía al mínimo la interacción; y lo único bueno era que Harry parecía que había comenzado a apiadarse de ella y volvía a hablarle de buena forma.

Durante la cena Hermione estaba sentada junto a Harry, mientras Neville y Lavander contaban algo sobre las visitas a Hogsmeade; Hermione lo buscaba con la vista, y cuando lo encontró se dio cuenta de que Draco cenaba y charlaba alegremente junto a Theodore y a Astoria. Ella jamás imaginó que llegaría un día como ése en el cual desearía poder sentarse en la mesa de Slytherin; Luna, estaba ahí y era tan frecuente su presencia y parecía tan inmune a los comentarios qua ya pocos Slytherins se ocupaban de decirle algún comentario mordaz de vez en cuando; hasta el mismo Theo se había sentado alguna vez a la mesa de Ravenclaw. Ellos podían convivir con todos, como gente civilizada. Hermione sintió que sería muy ingenuo desear que algún día pudiera estar con sus amigos y con Draco en la misma mesa.

Después de la cena la profesora McGonagall pidió a los jefes de casa que se quedaran un momento junto a todos los alumnos de séptimo. Todos pensaron que sería acerca de los ÉXTASIS.

–Éste es su último año en Hogwarts, al final de este ciclo –decía la directora– y debido a las "circunstancias" que atravesó esta generación, nos agradaría tener una celebración especial con motivo de su graduación.

Los murmullos excitados inundaban el comedor, la directora sonrió y continuó.

–Además, la profesora Fleur ha insistido, una vez más, en que tal vez les gustaría aprovechar la ocasión para disfrutar de un último baile.

Esta vez el murmullo se convirtió pronto en un alegre escándalo.

De regreso a la sala común, todos los alumnos de séptimo, liderados por Parvati y Lavander, no hablaban de otra cosa que no fuera el baile de graduación.

En esta ocasión, Hermione no fue la excepción, y mientras se abría camino para dirigirse a la sala de los trofeos se contagió con la emoción de todos; tanto que en sus ligeras divagaciones se veía llegando a aquel baile del brazo de Draco… pero poco antes de que ella decidiera que eso sería casi tan creíble como el que Hagrid hiciera un manual de criaturas mágicas para hablar de los peligros de los Dragones, fue interrumpida abruptamente por Ginny:

–Hermione, dime que estoy equivocada y que todo esto no es porque preferiste dejarte arrastrar a la graduación por una serpiente rastrera y ponzoñosa.

Hermione se detuvo y observó a la pelirroja. Su amiga siempre había sido muy perspicaz, no era extraño que finalmente hubiera sucedido.

Ginny la había descubierto.