Los personajes le pertenecen a Meyer.

Estoy en control
No he perdido mi mente
Estoy recogiendo los pedazos
Por el desorden que dejaste atrás

Yo no necesito tu condescendencia
Las palabras sobre mí se ven solitarias
No necesito tus brazos para sostenerme
Porque la miseria está esperando en mí

Three days grace, Misery loves my company


LA MUJER DEL CANIBAL

Capítulo 22

'Sirenas del Alma'

Andantino Molto vivace


Se llevo una de sus manos por el cabello, una cámara del backstage lo filmaba para el especial de MTV sobre los premios, se dejó observar, permitió que la cámara lo recorriera de arriba abajo y hasta disfrutó ese segundo de intromisión brutal. Todo el mundo lo esperaba, sabía ───con arrogancia─── que el maldito show iba a ser una putada excelente tan sólo por ver a Eddie Caníbal cantar. Un año de ostracismo autoimpuesto después de la muerte de Jane, permitió la circulación de noticias falsas y rumores que estaba a segundos de desmitificar: no intento de suicidio, no enfermedad terminal, Eddie, The Cannibal, volvía en gloria y majestad.

Jane… cerró los ojos y recordó la última vez que la vio con vida y era la imagen que ella tuvo por mucho tiempo pero nunca se imaginó que esa sería la final: ojos enrojecidos, maquillaje corrido, extensiones mal puestas, con olor a alcohol que ni el más caro perfume lograba disimular y siempre llorando.

─── Nunca es suficiente Eddie, nunca es suficiente para ti, todo, todo te lo devoras, no me tocas, todas esas putas son mejores que yo ¡Maldito seas! Te he dado todo, y tú, a mi ¡Nada! ¿Por qué no me amas, Eddie?

Ella trastabillaba y su ropa de miles de dólares parecía escurrirse en su extrema delgadez.

─── Yo sólo quería tu amor Edward Masen, pero nunca fue para mí, siempre fue para alguien más. ¡Hasta la idiota de tu madre lo sabe! Hubiéramos podido ser felices, pero nunca te diste la oportunidad conmigo y te fuiste, te perdiste para no escuchar.

Recordó como ella cayó sobre el piso y la imagen le pareció patética, tanto, como el sentimiento de indolencia con que la observó. Nada quedaba del afecto que de adolescente sintió por aquella que fue su novia, aunque ahora le parece que fue más de ese amor que se siente por una mascota ───que siempre lame la mano pero que es harto fastidiosa en su devoción─── que otra cosa, pero ni eso le quedaba.

─── ¡Quiero un bebé Eddie! Dame un bebé, sólo para mí, no quiero sentirme sola.

─── ¡Estoy harta de tus giras! ¡Harta de ver como tus grupis te tiran sus bragas! ¡Harta de los hoteles!

─── ¿Por qué no miras hacia mí? Nunca lo has hecho, siempre, siempre miras hacia otra parte ¡Siempre!

Un cigarrillo en ese momento hubiese sido una mierda maravillosa, el recuerdo de su esposa era amargo, aún para él, un hombre sin alma. Las palabras de Jane era un murmullo fastidioso que le susurraban al oído ¿Culpa? No lo sabía, tan sólo entendía ───a sus veintisiete años─── que Jane fue un error de cálculo, que la historia del chico que se volvió estrella y que se casó con su novia de la escuela, era una idiotez y que simplemente ella debió quedarse en Forks, allí hubiese sido feliz con su gloria de reina de preparatoria, contando el cómo ella fue el amor de Eddie Caníbal.

─── ¿La estrella de rock?

─── Oh si, él me amaba.

─── ¿Y porque no te fuiste con él Jane?

─── Porque soy una buena chica y lo dejé ser libre…

Eso hubiese sido suficiente para hacerla feliz. Jane, en su casa, casada con cualquiera de los idiotas perdedores del equipo de futbol, gorda, llena de niños y hablando de su estelar papel como el primer amor de Eddie Masen.

Sin embargo, su destino fue otro. Su cuerpo, esperando un hijo de un tonto cualquiera ───que en ella solo vio a la mujer rubia dueña de mucho dinero y que estaba dispuesta a alimentar su adicción─── con el rostro de alguien que no fue feliz ───a pesar del millón de dólares en su cuenta bancaria, de los cinco autos, de la casa en Beverly Hill y de sus quince minutos en cámara siendo la esposa de una estrella de rock─── estaba tendida sin vida en aquel legendario hotel y señalaba su frustrada felicidad soñada en su época escolar. Jane, pobre Jane la que siempre temió a que una niña de ojos oscuros apareciera en cualquier parte se había cansado de luchar, por fin ya no luchaba contra ese fantasma ni contra la rabia de Eddie Caníbal.

Paul, Harry y Seth estaban tras él, se sentía la adrenalina que corría por cada célula de su sangre, así como unas cuantas líneas de la mejor coca que Carlisle ───siempre tan amable y repugnante─── les ofrecía. Batería, bajo, guitarra y piano, el resto de los músicos estaban tras la bambalina. Eddie se movía frenético, estaba ansioso por cantar, de perderse de nuevo, un año embotado entre mujeres, sexo, alcohol e idiota conmiseración había sido suficiente. Estaba de nuevo en el lugar que le correspondía, en el escenario, dejando que todos y todas los adoraran como el dios que era.

─── ¡Es tu hora, cowboy! ───Carlisle fue hacia él, le entregó un sombrero para así complementar su atuendo de torso desnudo, piel tatuada y pantalones negros de cuero─── ¡Te están esperando!

Edward hace una mueca petulante de ¡Claro que sí! ¡Me aman! Y se apresta a que el mundo completo observé como él ha regresado. La gente chilla, el presentador lo anuncia, mira hacia atrás a sus compañeros ───quienes jamás han sido sus amigos─── y les dice con los ojos que ellos son solo parte del entramado, que The Carnival debe estar atenta a él, porque es el alma y que sin él, aquella estrella jamás habría brillado. Siempre era así, Eddie siempre miraba a su entorno como un amo a sus esclavos, fue así en el instituto, es así ahora.

Se escucha…

Están aquí…

Son ellos… dispuestos a incendiar el escenario…

Si…

Un ruido agudo que parece venir desde todos los rincones del planeta ensordece a la audiencia y satura el sonido de los televisores.

¡The Carnival! Y su canción…The perfect song…

El escenario se abre de par en par, Edward levanta sus brazos dispuesto a permitir las vibraciones del mundo que lo adora, se alimenta de aquella enfermiza relación: todos amándole y él ¡Que le importa!

Corre…Toma el micrófono, abre su boca, saca su hermosa lengua y hace el gesto pornográfico de quien ofrece su sexo para que lo asesinen con su boca. Todos gritan, esa lengua es la fantasía perversa y perfecta que el dios del rock, benevolente, les presenta. Está dispuesto a disparar y a matar de placer a todos, en medio de folladas salvajes y tristes canciones de amor y muerte, ha vuelto para hacerle honor al título de 'último gran y maldito poeta americano' como lo llamó la Rolling Stone.

La guitarra resuena en un acorde intenso, un sonido de carretera y de forajido es el aire de la canción. Las cámaras se detienen en su rostro, luces azules y roja neón, gritos y suspiros, respiraciones entre cortadas y corazones que palpitan al unísono de una pum pum de baterías, le dan la atmosfera oscura al hombre de belleza sorprendente y voz rasgada que observaba, con ojos azules eléctricos y llenos de arrogancia, a la audiencia colapsada.

Cabalgo en un viejo dragón de acero,

Las calles se derrumban en sangre y fuego,

Voy por tu boca de azúcar y miel,

Soy un guerrero de piel,

Buscando la canción pero cabalgo en un viejo dragón de acero.

Te veo en una nube, ángel de cielo,

Entiendo que no perteneces aquí…

Eres mía, ángel caído y turbulento…

Cabalgo en un viejo dragón de acero…

Y busco la canción perfecta para ti…

Ángel rojo de fuego y miedo…

Cabalgo en un viejo dragón de fuego…

El cielo estalla y desnudo de todo…

Vuelo hacia la estrella que perece…

Estas allí y el mundo es cadáver y horror…

Vuelo hasta allí para salvarme…

Cabalgando, cantando en un viejo dragón de fuego…

Mujer de azúcar, sangre, miel y cielo…

Voy a quemarte con mi boca,

Tengo el coraje para amarte, quiero saciarme,

Llenarme de rabia y pasión en tu noche de astros fríos.

Soy el viajante, el fugitivo del horror…

Él de dudas y heroína, él de palabras blancas y negras,

Soy aquel el viajante…

Busco la canción perfecta… espérame… ángel,

Voy hacia ti en mi viejo dragón de acero y fuego…

Las cámaras aman su rostro, las grandes pantallas del escenario lo exponen en toda su extensión, los ojos azules relumbran bajo el negro maquillaje, su perfil es más angulado que un año atrás y a pesar del cosmético, su aspecto es de un hombre cansado. Su cuerpo, con el torso desnudo, exuda y resopla, Paul se levanta y juega con las baquetas de su batería y Eddie pide su guitarra.

La guitarra mítica del Caníbal hipnotiza, es una estrella más, es perfecta, es su arma, su amiga, su voz. Ha destruido cientos de ellas como parte de su show perfecto de ángel destructor pero, esta ¡Jamás! La que pide ahora fue su primera gran guitarra, la cuida como si fuera un hijo, ama como la siente al tacto y el sonido melancólico que siempre le logra sacar. Jane la odiaba y si la guitarra sobrevivió indemne a su rabia fue porque con furia, Edward le advirtió de las consecuencias nefastas para ella si su amada "Brunette" era dañada, a Amanda tampoco le gustaba, la única vez que la vio dijo que era vulgar y que la mariposa pintada le daba un aspecto de artesanía china, en serie y muy barata.

Se la lanzan al escenario y la toma, la cuelga en su cuerpo y parece acariciarla.

Busco la canción perfecta…

Entre el cielo y la tierra…

Viajo en mi viejo dragón de acero,

Entendiendo que, ángel de luz y fuego…

Que cuando bese tus labios de estrellas y nubes…

Sabré las notas y la melodía, ángel…

De sangre, arrullos heroína y miel…

Soy un vaquero, un fugitivo…

Y cabalgo en un viejo dragón de acero y fuego…

Tras la sombra del escenario, Carlisle Cullen observaba a su niño dorado, obviando las normas de seguridad, prende un cigarrillo. Saca cuentas alegres, incluso, con su ostracismo de droga y sexo durante un año, le hizo ganar dinero, ahora con la gira de regreso… se sobaba las manos con solo pensar ¡Miles de millones de dólares! ¡Ese era Edward Masen y su aire de ángel caído! Era el tesoro encontrado y que lo hizo el hombre más poderoso de la industria, y él más odiado, porque el gélido Carlisle era el vampiro dueño de la voz, la vida y los secretos de Eddie Masen, la joyita que después de una década, no paraba de brillar.

Once años antes lo había visto en un viejo antro entre Sunset Boulevard y Sunset Street siendo aún un adolescente. Jamás en su vida había visto algo semejante, Cullen era un tiburón y olía la sangre a kilómetros, sobre todo aquella que lo podía hacer inmensamente rico y el chico de cabello rubio rojizo, de mirada vibrante y voz como los jodidos dioses del rock olía ferroso y a dinero, el chico era la respuesta a la plegaria que al demonio siempre rezaba. Y resultó que el chico era el mismo diablo, invirtió mucho dinero para que se viniese a su lado, apenas cantó para el mundo, lo adoraron y su cuenta bancaria creció y creció.

El niño era toda hambre y fuego, capaz de hacer gemir hasta las latas de cerveza, con sólo diecisiete años era una enigmática serpiente que pasaba por entre la multitud y dejaba a todos sedientos de él. En la vida, como caza talentos, Carlisle no había visto algo semejante, el chico transformaba todo con sólo gruñir, con un arpegio hacía remezón y en medio minuto, componían una canción. Nunca pensó que eso fuera posible, tenía treinta y cuatro años y no había pertenecido a la época de los grandes juglares del rock, no, él pertenecía a la época de la tecnología, de los músicos desechables, de niñitos lindos vestidos de colores chillones que bailaban como mariquitas y que sus canciones no hablaban de nada en sus letras. Era la época del inicio de MTV, la época en que las grandes melenas y voces de trueno no eran novedad, era Madonna ──jugando con la hipocresía reinante, masturbándose en el atrio de una iglesia── o Prince, que cantando de como follar a su madre, enloquecían a los fans.

Ahora eran otros tiempos y quería al chico. Le buscó conversación.

── Comencé en los ochenta, con una boysband.

── Yo que tú, borraría eso de tu currículum.

── Hubo buena gente.

── Uno que otro músico rescatable, pero sin la poesía rebelde de Jim Morrison o Janis Joplin. Riders on the storn y Piece of mi heart son joyas que todo músico debería tocar.

── ¡Eran los ochenta, muchacho! The Who y su himno sobre su generación y la juventud era algo que a los niños de cabellos rosas y pantalones buggies no les interesaba ¡Era prehistoria! Y tambien Roger Daltrey ni Peter Towsend, tan gordos, calvos y viejos, que no cabían en la estética del final de la guerra fría.

── No eran rentables.

── Si, triste, y la esperanza de la buena música murió cuando Kurt Cobain harto de cantarle a unos niños que no entendían sobre la falsedad de ser americanos se metió en su boca una escopeta y se voló la tapa de los sesos.

── No, no olía a espíritu joven ── y sin más, se fue al escenario y se puso a cantar.

Ver a Eddie Masen cantando y retando la ley de niños menores de dieciocho en un lugar donde la droga era parte del aire, enseñando como se tocaba la guitarra a la vieja usanza de Hendrix, Jimmy Page, Eddie Van Halen o B.B King era un pedazo del cielo.

Lo había olfateado desde lejos, Edward Masen estaba destinado a ser eso y mucho más. Se acercó a él y desde la primera vez que el chico de pelo enmarañado, con un cigarrillo colgado en su labio, lo miró despectivamente, entendió quién era. El chico estaba tan seguro de su talento que parecía decirles a todos que agradecieran que él se dignaba a caminar entre mortales y eso le gustó y más le gustó cuando no dio de saltos, al día siguiente, en el momento que se presentó diciéndole que le daba la oportunidad de grabar un demmo en el mejor estudio de grabación de la ciudad. El chico pintaba para un superstar, monosilábico, interesado en su música y en que todas las nenas de la ciudad lo llevaran al baño de atrás para un rapidin, aun teniendo la noviecita sexy y cabezahueca que estaba deslumbrada ante la magnífica bisutería falsa que inundaba la ciudad de los corazones rotos.

Llegó tarde, con resaca y con su novia Jane colgando del brazo pero, al segundo, estaba parado, sólo con su guitarra y una armónica, cantando viejas canciones.

── ¿No eres muy joven para Leonard Cohen y Neil Young?

── Para The Partisan y Heart of Gold no hay edad. Eso deberías saberlo muy bien, señor representante de boysband.

Si, allí estaba la leyenda en vivo y sólo era un niño ambicioso con hambre de todo, pero sobre todo con ansia de belleza.

Sí Carlisle era un tiburón que olía el dinero a kilómetros también era un sabueso que rápidamente advirtió que Edward era, en realidad, un músico en su estado más puro, intuyó en medio de su deseo por poseer semejante joya que el niño venido de un pueblo helado, que odiaba, tenía una poesía interior que ni él mismo conocía.

Diez años después Edward seguía ocultando su poesía y lo que componía no era lo mínimo que todos sabían que podía hacer, Carlisle que era un mercader y veía más poesía en los millones en el banco que en las letras de una de sus canciones, para él estaba bien con lo que hacía y nunca alentó a su representado para que fuera más allá. Él estaba en la tarea de seducirlo e hipnotizarlo para que fuese más producto que artista, y aun así, no había ningún músico de su generación o en los últimos veinte años que se le comparase, tan sólo tenía que mimarlo, darle lo que el deseo de destruir y comer del caníbal le apetecía y todos estaban tranquilos. Carlisle tendría dinero y las chicas rubias y sexys ──siempre dispuestas a darle una deliciosa mamada── tendrían un poco del aire del Dionisos de la música.

Podía recordar el día en que, con desparpajo, le dijo que tenía que volver a la escuela a terminar su secundaria ¡Casi lo estrangula! Se veía ya con el niño en las grandes portadas y siendo el ídolo juvenil del momento.

─── Mi mamá me espera.

Fue lo único que dijo cuando lo vio subirse en su auto plateado, ¡Idiota! Casi le grita ¿Madre? ¡Las estrellas del rock no tienen madre! Eran renegados y solitarias bestias que vivían enredados a su guitarra y a la droga. Ni siquiera la babeante novia fue capaz de convencerlo. Años después, cuando conoció a la madre, comprendió el talante del que estaba hecho, la mujer era extremadamente hermosa, arrogante y amargada, odiaba a todo el mundo y apenas lo vio, lo aniquiló con la mirada.

No presionó, sabía que en menos de un año el chico volvería, era demasiado ambicioso y quería su bota en el cuello del mundo. Le otorgó prioridad uno a su llamada y cuando ocurrió, no le importó que su secretaria lo interrumpiera mientras estaba enterrado el ambicioso coño de la ex chica Disney que quería cambiar su imagen y acrecentar su fama.

Él niño llegó a finales de septiembre con una de las mejores canciones que Carlisle había escuchado en su vida 'Muévete Suavemente' y entendió que él regresaba para tomar su lugar en el mundo. En su rostro vio como más hambre, más fiebre, más rabia y deseo que un año antes, venía con gesto insaciable y con el complemento de su noviecita rubia. Para el manager, ella era parte de la ecuación perfecta de Edward Masen, bestia del rock y de las ganancias. En menos de un año Eddie era ya una leyenda en el mundo de los bares underground de todo el país, poco a poco fue caminando por la senda de la idolatría y, lejos del mundo de Forks, la leyenda se acrecentó.

Hizo de él un mito. La nueva imagen externa ayudó, ya no era el niño pulcro, de imagen correcta que mami cuidó, ahora era el mismo rebelde, inconformista y arrogante de antes pero, en el envase adecuado. Todo su cuerpo cambió, del cabello de niño no quedó nada, la primera vez que se presentó en un gran escenario lo hizo rapado. Con sus tatuajes, lejos de parecerse a un pandillero o ex presidiario, parecía el más bello ejemplar polinésico que con un haka ritual ejercía un influjo chamánico en el escenario.

Carlisle patentó su imagen, torso desnudo, pantalones de cuero, tatuajes e industriales, el mercadeo fue intenso, vendió todo: desde autoadhesivo con la copia de los tatuajes, hasta los modelos de pantalones en versión cuero y eco cuero ──dependiendo la sensibilidad del cliente── pasando por el álbum coleccionables de gestos y miradas. A Eddie no le importó, él era un cínico profesional.

── ¡Si creen que obtienen algo de mí comprando esas jodidas putadas, compren todo! Yo me hago rico y ustedes obtienen nada.

El manager se mostró ante el muchacho como un amigo proveedor de todo lo que deseaba, dinero, autos, fama, viajes, y la falsa ilusión que era libre con su música. Carlisle Cullen era un vampiro y era el complemento perfecto para Eddie, que deseaba extirpar su alma y eso fue lo que pasó.

─── ¡Púdrete!

Gritó cuando le dijo que como solista no tendría el mismo brillo que como el líder de una banda

─── ¡Soy yo! Es mi voz, mi maldita voz es el instrumento, no necesito una banda, Carlisle.

Con una paciencia solapada, el manager lo convenció apelando a su ego monstruoso, se sentó a su lado mientras cubría a Jane con una sábana porque estaba desnuda y dormía en la enorme cama del Hilton, en Nueva York.

─── Vamos chico, una banda no te quitará brillo, es más ───la sonrisa era ladina─── te dará un aire de jefe de pandilla mi amigo ¿Quién es el líder de Black Sabbath?

─── Ozzy Osborn.

─── Poca gente recuerda los nombres de los otros componentes de una banda, a menos que sean Jimmy Page o Richie Sambora, y tú tienes una gran ventaja ¡Eres guitarrista también! Al final, siempre serás tú, Eddie Masen, siempre serás tú.

Y si, siempre fue él, llegaron Paul, Seth y Harry, y el pandemónium de la banda se abrió paso entre las demás y la fuerza brutal de la música de Edward Masen se levantó sobre la tierra y todo fue fuego, sexo, drogas y rock and roll.

El mundo conoció a The Carnival, giras escandalosas, los grandes tráiler que los llevaban por el país y el mundo eran bacanales aterradoras donde miles de personas los seguían tan sólo para ver como Edward hacia su magia o se dignaba a mostrar su rostro de lobo que gruñía y al que todos veían como un sacerdote de la oscuridad.

Francia le negó su entrada la segunda vez que fueron porque en una gran fiesta el señor todo poderoso destrozó el hall del hotel y desató un escándalo mayúsculo cuando, en un set de televisión, borracho, ante todos, se desnudó para mostrarle a una anciana duquesa que era verdad lo de su piercing.

En Londres en pleno concierto en honor a la reina no se presentaron a tocar porque estaba demasiado ocupado, en el backstage, metiéndole la lengua en la boca de la actriz porno del momento y dejándose fotografiar. Cuando le preguntaron por el desaire, contestó frente a cientos de paparazzi que lo esperaban en las puertas del hotel:

─── ¡Oh vamos, chicos! ¡No pueden culparme! Cheryl y sus grandes tetas son mi sueño ¿No quieren que Eddie sea feliz? Seguramente su majestad no le importará, la próxima vez la besaré a ella y, además, le haré una cosita que muy bien se hacer y que si preguntan a Cheryl, les podría contar ───levantó la ceja y el piercing en ella brillo, mientras que se relamía su boca─── ¡Una gran venia! ¡No quedará decepcionada!

Esa semana infernal todo Londres ardió pues Jane, con quien él se habían casado borrachos y drogados en una ceremonia bizarra en Las Vegas ───cuyos testigos fue una Marilyn Monroe de sesenta y un Elvis obeso─── apareció e hizo un escándalo que hizo tronar toda la ciudad.

Carlisle no se sentía cómodo con la rubia ───si hubiese tenido sentimientos, seguramente la habría odiado─── ¿Acaso no le era suficiente ser la esposa trofeo del dios del Rock? Todo el mundo la envidiaba, era el sueño de todas las adolescentes americanas: la novia del pueblo, la novia de la secundaria, que logró que la mega estrella, después del éxito, no la abandonara y hacía de eso un orgullo que la obligaba a mostrarse en todas las premiaciones como la vanidosa esposa de Edward Masen. Para él, todo estaba bien mientras siguiera fiel y no se le ocurriera quedarse embarazada, pero presentía que con Jane todo iba terminar mal, no podía definir por qué y eso le incomodaba.

Jane, con Eddie se resignaba, siempre había sido así y nunca esperó que eso cambiara ───bueno, sí. Cuando Bellapestosa renunció a su premio, pero eso ya es historia pasada─── así que las mujeres haciendo fila en los camerinos, las niñas rogando porque él las desvirgara y las bacanales en giras y hoteles, no la afectaban, al final, Eddie volvía siempre.

El manager nunca entendió el porqué, él amaba a Esme aunque le era infiel, sin embargo Edward parecía tener una relación oscura con la chica rubia que nadie podía definir.

¿La amaba? No. Eso era evidente. Sin embargo, a pesar de sus reiteradas infidelidades, jamás se vio involucrado con una de esas mujeres con quien se acostaba, eran simples polvos rápidos, que él olvidaba al entrar en las limosinas.

Hasta los seis años, todo fue de maravilla hasta que pasó lo de Denver, todo estuvo a un paso del fin y que la carrera de Eddie Masen hubiese sido un maldito desastre. La muerte de Jane en un hotel, lejos de él, hicieron del caníbal el líder de la destrucción y de la barbarie.

El escándalo vino, todo el planeta apuntó sus cámaras a la mansión fortaleza del caníbal en Los Ángeles y parecía que el filón de oro Carlisle se agotaba. Sin embargo y aún con la batahola, que en ese momento estaba desatada ───y atendiendo a su verdadera naturaleza de músico─── hizo de la muerte de su mujer la alegoría para todas las canciones de su nuevo álbum Dream´s Theater, a excepción de la canción que resonaba poderosa en pleno escenario de los Mtv y que en ese momento era el número uno en la Billboard.

Carlisle sonrió, si, confiaba en el deseo de Eddie Caníbal de tragárselo todo, aún así, un paso en falso y todo se iría a la mierda literalmente, y ese paso estaba sentado en primera fila: Riley Biers.

Se alejó del escenario, sabía lo que vendría, el líder, el chaman correría hasta un entramado y gritaría a la horda para que todos los adorasen.

Una chica de cabello rojo se le acercó, sus ojos eran de niña buena con pensamientos muy sucios, después de tantos años ya conocía la maniobra y ahora que Masen era viudo, las cosas habían mejorado, siempre había zorritas dispuestas a pagarle con cama el sueño de llegar a estar en los brazos de Eddie, el caníbal. No tuvo que decir casi nada, en menos de cinco minutos tenia a la nena de espaldas en los tocadores del camerino, siendo tomada por detrás.

─── ¡Demonios, Carlisle! ───la voz de Edward resonó por todas partes─── ¿Podrías dejar de meter tu polla en mi camerino?

Carlisle volteó y lo observó con burla, la chica grito de emoción al ver la cara de su ídolo en vivo y en directo, más que por el placer que el viejo Cullen le daba de manera eficaz.

─── ¡Eddieeee, te amo!

─── Vamos cowboy, podemos compartir.

Edward rodo los ojos

─── ¿Yo? ¡Jamás!

Tomo una botella de cerveza, agarró una toalla y se metió al baño a desocupar su vejiga.

─── ¡Imbécil! ───le asqueaba que Carlisle hiciese de las suyas en su nombre.

Oyó los gritos de la gente en el escenario, oyó el gruñir de su manager en el camerino y los griticos por demás fingidos de la chica que estaba con él, por alguna razón pensó en Esme la esposa de éste, ella era una buena mujer y tener que aguantar al cabrón de su marido follando con cuanta mujer siliconada apareciera era repugnante.

─── ¡Eddie, te amo! ───volvió a escuchar, con sonido chillón, desde el otro lado de la puerta.

Estaba harto de todo, quería perderse, tomar su moto y recorrer las calles. Se miró en el espejo como un ritual al que obedecía día tras día, frente a ese otro que lo observaba en el espejo Edward Masen sentía que no se pertenecía, sólo era él cuando estaba con su guitarra solo en su cuarto y componía música tan sólo para sí mismo, sin embargo en el momento en que veía la luz la vieja hambre de tragárselo todo volvía con más fuerza. Su cabello negro estaba pegado en su cuello por el sudor, tenía en su piel los gritos de miles de personas y la sensación de que había sido devorado por los ojos ávidos de todos ellos.

En una semana empezarían las giras y volvería de nuevo a la carretera y a la rutina de música, gente desconocida, él, sobre un escenario desgarrándose y miles de personas queriendo uno de sus pedazos, ya veía a la mujeres colgándose de su cuello y desabotonando sus vaqueros relamiendo sus bocas mientras que él desde lo alto, tomando su cabellos permitía que todas se lo tragaran de una sola chupada.

El mito de que le gustaban niñas morenas creció por su guitarra, "Brunette", de ahí se infirió que lo suyo eran chicas de pelo de negro y ojos oscuros hizo que muchas de ellas hicieran grandes caravanas creyendo que entre todas ellas alguna pudiese ser la nueva nena Masen.

Detroit en una semana, escupió sobre el lavamanos, odió la maldita ciudad, no podía volver a ella, sin embargo para demostrar que nada debía acepto a regañadientes volver a tocar allí.

Años atrás, cuando Edward y los demás de la banda estuvieron allí, todo fue una locura, era uno de los primeros conciertos que hacían, miles y miles de personas se trasladaron desde el este del país para ir a verlos, Carlisle contrató a la policía para que vigilase el hotel y los grandes autobuses que los trasladaban, el estúpido de Paul quien siempre traía zorras a su camerino no se medía con ellas cualquiera que tuviese un coño era buena para éste, él las atraía de la misma manera como los demás, con la promesa de pasar después por las manos de Eddie, y darles como manjar decenas de líneas de coca y el resto era una fiesta. Jane fue con él, y ésta ya mostraba sus celos enfermizos, al final de cada noche ésta lo seguía de bar en bar y siempre peleaba con todas las mujeres que se le acercaban.

Carlisle quien intentaba que Paul y Seth tuvieran un límite con la droga y el sexo hizo que la policía rondara por todo el lugar, cómo si así pudieran contrarrestar el hecho de que todos ellos eran unas estrellas del rock y que estaban hechos para ir contra el mundo. Recordó los ojos azules oscuros del teniente McCarthy quien lo observó de arriba abajo mientras él descansaba en su hotel.

─── Usted no me importa, señor Masen, sólo espero que controle a su gente.

En las afueras del hotel toda una multitud gritaba y Eddie miraba al enorme policía con ojos burlones, el tipo era intimidante, treinta y ocho años, un viejo de ropa opaca, seguramente mal sueldo y una esposa gorda y fea.

─── No se preocupe, teniente, daremos un buen espectáculo y nos iremos de aquí sin causarle problemas ───empujó una lata de cerveza hacia el hombre─── ¡Vamos, Emerson!

─── Emmett.

Edward soltó una carcajada, nombre de montañés imbécil, que seguramente escuchaba viejas canciones country.

─── Si, como sea, Carlisle paga por sus servicios, aquí no tiene por qué ser tan apretado ───Jane a su lado fumaba y descansaba su cabeza rubia sobre el pecho de su esposo─── puede divertirse, siempre nos divertimos ¿No es así, cariño?

Edward recordó como Jane en esa época empezaba a sonreír de manera forzada y agotada.

─── Así es, gatito.

─── No vine a divertirme, ni mi gente tampoco, sólo cuidamos su culo estúpido, Eddie caníbal.

Edward quien llevaba dos días de juerga preparándose para la semana de conciertos en la ciudad se paró de la cama entre las brumas del whisky y caminó hasta el enorme policía, no, las cosas no habían cambiado para él, había salido de Forks y seguía haciendo destrozos a su paso, igual, reyezuelo donde pisaba. Para él, Emmett McCarthy era lo que siempre odió, un tipo aburrido, responsable y aplastado en su mundo, lo despreciaba.

─── Vamos, teniente, aquí nadie dirá nada si decide divertirse ¡Somos una gran familia! ───le guiñó el ojo─── una chica y un poco de licor, no le hará daño.

Los ojos de Emmett lo taladraron, años de aquello y el caníbal recordaba como aquel hombre lo atravesó con una mirada de desaprobación y asco.

─── Yo tengo familia, niño, tengo esposa y tengo una bebé ¿Cree que me importas? Tú y tu sequito de estrellas del rock, yo sólo estoy aquí por unos dólares de más y para que ninguno de ustedes haga de mi ciudad una mierda.

Sin embargo Edward y todos con su espíritu de destrucción a los dos días habían iniciado una pelea en pleno escenario, pelea que la siguieron en un bar, mientras que recorrían las calles con sus motos o haciendo carreras en las calles en la noche.

Ese era el sueño de todos, sobre todo del líder de la gran horda de chimpancés que él lideraba, eran intocables, sólo el serio teniente lo seguía, tratando como alguien insignificante, siguiéndolo para que el maldito loco y sus secuaces se largaran, Edward tentaba sus límites siempre, pero el teniente McCarthy era un hueso duro de roer.

Al tercer día todo el pasillo estaba en silencio, Edward odiaba el silencio, Jane dormía en la habitación que era un desastre de cigarrillos, latas de cerveza y personas que dormían una sobre otras, se levanta, necesita largarse de ese lugar, el murmullo fastidioso de su madre estaba en sus oídos:

Eddie cariño, debes estar siempre muy limpio, la higiene es la manera de alejarnos de la chusma nene…

Tiró a un lado a Jane y se levantó de la cama, Carlisle y los demás integrantes de la banda dormían en el suelo y varias de las chicas, casi todas desnudas los abrazaban en medio de botellas de cerveza y colillas de cigarrillos, caminó hasta el baño y de manera frenética se cepilló los dientes y tiro sobre él agua para así quitarse el sudor y las viciosas respiraciones de todo el mundo sobre él. Tenía hambre, no recordaba bien que era comer de manera decente en los últimos cuatro años de su vida, odiaba admitir que extrañaba la comida condimentada de su madre, odiaba admitir que la extrañaba; Amanda quien día con día era una imagen que se perdía en la bruma, su abogado se comunicaba con ella y cada mes depositaba en su cuenta bancaria sendos extractos de miles de dólares, sabía muy bien que aquel dinero seguramente hizo a su madre muy feliz, era el punto final para la coronación de su reinado, sin embargo por la misma Jane quien visitó a su madre a regañadientes cuando se enfermó, supo que la casa vieja y derrumbada seguía allí y que Amanda por una razón desconocida la mantenía así.

Su madre hermosa y lejana, alguien que para él era una total desconocida y que las dos veces que lo visitó se encerró en su cuarto llena de miedos ante la enorme ciudad en que su bebé vivía.

Se colocó una camisa y humedeció su cabello que en esa época era rubio platino con mechones rosas en las puntas, de su cuello colgaban sus collares y en sus muñecas estaban los estandartes de la banda que él lideraba, no estaba en la época en que deseaba pasar desapercibido, quería que todos lo vieran como lo que era:

El más importante cantante del planeta, un maldito dios sin moral y sin ley.

Bajó por el ascensor, quería algo de comer, unos huevos con jamón y un café oscuro y sin azúcar, eran las once de la mañana y el restaurante estaba desierto, los guardaespaldas y la policía estaban cerca, con una mueca de cinismo buscó al teniente McCarthy pero no lo vio, la noche anterior el viejo había irrumpido en la habitación de Paul sacando a una menor de edad que estaba borracha que gritaba en la enorme terraza.

¡Estúpido Paul! Al menos una chica de dieciocho, la nena tenía diecisiete y tenía la boca más sucia del mundo.

Una mesera se acercó y la chica desabotonó su uniforme, ya conocía el viejo truco, si, ¿Por qué no? quizás la llevaría a los baños y le daría algo de su toque…

Sin embargo tenía hambre y una nena con muy buen culo no sería quien se interpondría entre él y su desayuno.

─── ¿Esta noche, Eddie? ───la chica deslizó su número telefónico en la bandeja y arrimó sus pechos a la cara del hombre que la recorría de arriba abajo.

─── Claro que sí, linda ───le dio un golpe en el trasero y la chica saltó de emoción.

A los diez minutos comía, comía con esas ansias de hombre que nada le satisfacía, con el ansia de alguien que parecía siempre querer más, más fama, más aire, más música, más adrenalina, más todo, Edward Masen era un tornado siniestro que se llevaba todo a su alrededor, sólo tenía veintitrés años y en él se anidaba un deseo aterrador de vivir sin consecuencias, una extraña ponzoña que lo hacía ir hacia donde el viento lo llevara, una necesidad desconocida que lo hacía buscar algo que él no sabía, una melancolía salvaje de la ausencia.

Se sintió observado, cinco años de fama y las miradas para él eran algo cotidiano en su vida, se relamió los labios con el sabor de la sal de la comida que parecía años no estaba en su estomago, sin embargo la mirada continuaba sobre él, casi de manera insistente ¡Maldita sea! ¡Solo estoy desayunando! Volteó tan sólo para enfrentarse a la mirada de ese alguien que lo recorría, la silla chirrió en el piso, tenía el ¡Vete a la mierda y déjame comer! Pero, al instante, la grosería murió en su boca cuando se encontró frente a una niña pequeña, vestida con un coqueto pantalón rojo, una camiseta de Winnie the Poo y los ojos más azules que él había visto y que contrastaban con su cabello negro enredado en trenzas que cruzaban su cabeza.

La niña saltó hacia atrás con miedo, sosteniendo su oso de peluche. ¿Quién carajos era la niña? ¿Y porque estaba sola en aquel lugar? Ambos se quedaron viéndose, la niña le parpadeo con gracia y le sonrió con dulzura y picardía.

─── Tienes un cabello muy raro.

Su voz fue tintineo dulce para un hombre que podía escuchar las vibraciones de todo lo que se movía.

─── ¿Tú crees?

─── Si ───la niña se le acercó sin miedo─── pero es lindo, mi color favorito en tooodo el mundo es el rosa ───la pequeña hizo con su brazo el movimiento de abarcar el planeta en un círculo para así dibujar todo el planeta con él.

─── El mío es el negro ───su piel era cocaína, alcohol y sexo, un poco de jabón y colonia para quitar el olor de días y días de demencia, para no ser parte de la gentuza como decía su madre y frente a esa niña era el ser más sucio del mundo.

─── El negro es feo.

─── No lo es, tu cabello es negro.

─── Odio mi pelo ───la niña hizo un puchero─── quiero ser rubia como mi mami, mi mamá es la mujer más hermosa de tooodo el mundo ───y volvió a hacer el circulo divertido. Un bebé intentando explicar y abarcar la tierra.

─── ¿Y porque estás aquí, sola? ───corrió la silla, una sonrisa que salió en él como algo natural y la niña entendió aquello como una invitación a sentarse a su lado.

─── No pude ir a la escuela hoy, mi mami tuvo que irse temprano porque ella es chefee.

─── Chef.

─── ¡Sí! Y no pudo llevarme a la escuela ¡No me gusta faltar a la escuela! Me gusta mucho ¿Tú vas a la escuela?

¡Gracias a Dios, no!

─── Ya estoy viejo para ir a la escuela, linda.

─── ¡Oh! La escuela es divertidísima, puedes pintar, tener amigos, aprendes a contar hasta diez y todas esas cosas importantes ───su rostro era serio, parecía que hablase de cosas increíblemente profundas y grandiosas─── puedes volver.

─── Ya se contar y ───se acercó a ella, tenía una extraña necesidad de olerla─── hasta sé sumar y multiplicar.

La niña abrió los ojos maravillada.

─── Ohh, así como mis papas y mi profe, ellos son inteligentísimos.

En un momento Edward Masen quien parecía jamás haberse carcajeado en su vida soltó una risa ante semejante niña precoz y llena de vida. La niña puso su peluche sobre la mesa como si éste tuviese que estar allí, presente siendo testigo de tremenda conversación.

─── ¿Cómo se llama?

La pequeña saltó en su silla, frunció su pequeña boca y contestó de manera muy digna.

─── Su nombre es míster Benson, y míster Benson es mi mejor amigo en…

─── Tooodo el mundo ───terminó la frase con ella.

─── Sí, mi papi dice que quiero más a mister Benson que a él, pero eso no es verdad, mi papá es lo mejor del mundo, lo que pasa es que no me gusta dormir solita y él me acompaña siempre sobre todo cuando llueve, los truenos me dan miedo.

De niño en Forks odiaba los truenos que parecían iluminar el oscuro cuarto, y siempre rogaba porque su madre viniese y le dijese que todo estaría muy bien.

─── Yo también odio los truenos ───su rostro se ensombreció, en algún momento retrocedió a su niñez, todo tan oscuro y sólo una niña viento… solo…

─── ¿No tienes un amigo? ───el rostro de la pequeña se hizo serio─── necesitas un míster Benson.

En las afueras había miles de personas apostadas esperando que él mostrara su rostro en la ventana, miles y gritarían ¡Eddie te amamos! Y no, no tenía ni un solo amigo.

─── Seguramente, bebé.

Allí estaba, allí estaba él, a pesar de todo, tatuajes, fama, una fortuna de millones de dólares, una colección de autos deportivos, cuatro gramys, sexo, adoración, todo lo que él deseo, y aún así, el poeta de la soledad y la noche como lo habían bautizado estaba en su momento más puro, sintiendo que necesitaba algo, algo que con los años parecía hacerse insustituible y que él no podía llenar ni siquiera con la música.

─── Yo puedo ser tu amiga, y míster Benson también ───la pequeña alargó su mano─── ¿Amigos?

Edward limpio su mano con furor en su vaquero, no podía darle la mano a ese precioso bebé con los residuos de noches de vicio y sexo.

─── Amigos.

─── ¡Qué bien! Me encanta tener muchos amigos, quiero tener hermanos, pero mis papas no pueden, no pueden tener bebés.

─── Pero te tienen a ti, contigo seguramente, es suficiente.

─── Soy doptada.

La pequeña baja la cabeza, su boca tiembla en un pequeño sollozo, Edward abre los ojos y no sabe porqué pero el gesto de profunda tristeza ya lo había visto, en alguna parte el mismo gesto de una nena mirando hacia la nada, tratando de comprender el mundo en que le había tocado vivir.

Mariposa…

─── Adoptada.

─── Sí, eso.

─── Bebé, lo siento mucho.

La nena levanta la cara y sonríe, los ojos azules son profundos y claros, Eddie cree que puede componer miles de canciones a esos ojos.

─── No, mi mami dice que yo soy su bebé de corazón, y eso es importante, más importante que bebé de barriga.

─── Sí, lo es, a veces los niños van donde exista gente que los ame mucho, y seguramente tus padres te deben amar mucho ¿Quién no va a amar a alguien tan lindo como tú, corazón?

Oh si Jane ese día hubiese escuchado esa conversación, seguramente el odio hacia Bella Swan se hubiese profundizado a niveles infernales, si la rubia sin neuronas hubiese visto a aquel maldito egoísta conversando con aquel bebé de sólo cinco años de edad su tristeza al no haber sido madre se habría profundizado, si Jane lo hubiese visto habría entendido que quizás Edward Masen hubiera sido ser humano si él hubiese tenido contacto con su hija.

─── Sí, yo amo a mis papas, mucho, mucho ───la nena gimió como si algo le doliese, miró hacia los lados y se asustó.

─── ¿Qué pasa, bebé?

─── Me perdí de mi papá, debe estar muy asustado ───saltó en la silla y agarró a Míster Benson con fuerza en su pecho.

─── No puedes irte así, si quieres te ayudo a buscar, el hotel es enorme ¿Tu papá trabaja aquí?

─── Si ───toma con fuerza la mano de Edward y lo levanta de su silla─── ¿Me ayudas?

El contacto con la mano fue para él perfecto, la pequeña manito de la nena contenida en la suya, manos enormes, callosas, infectadas de música.

Era la suavidad y ternura que él no tuvo jamás.

─── Para eso son los amigos, bebé ¿Cómo se llama tu papá, linda?

─── Emmett, es policía, el mejor de tooodo el mundo.

Edward se paraliza ¿Cómo aquel burdo animal puede tener a esa princesa como hija?

La niña lo arrastra por el comedor, pero no es necesario caminar más, de pronto en la puerta de éste aparece el enorme teniente, quien tiene la expresión más aterrorizada del mundo, esta pálido y parece atravesado por un enorme dolor.

─── ¡Papii! ───la niña grita de felicidad y se desprende con fuerza de la mano de Edward que la quiere retener un segundo más, corre hacia su padre que suspira ruidosamente y abre sus brazos para recibir a la pequeña en un sonoro beso.

─── No vuelvas a hacer eso, Vanessa ¿Quieres matar a tu viejo de un susto, mi amor?

─── No ───lo abraza en su cuello y le da un pequeño besito para calmarlo─── lo siento papi, estaba aburrida en la oficina, además ───se enfrenta a la cara de su padre─── además tengo un nuevo amigo.

Edward vuelve a su cara de cerdo egoísta, se acerca a Emmett quien lo quiere acribillar.

─── Mira, él es mi amigo ¿No es así? ───la niña rueda los ojos, se muerde su boca furiosamente y se sonroja, el corazón del caníbal se detiene─── ¿Cómo te llamas?

Emmett ruje y tácitamente le dice que no se acerque, pero es tarde están frente a frente.

─── Edward.

─── Edwald, me llamo Vanesa Mcalty ───la pequeña sentenció dignamente.

─── Lindo nombre, debe cuidar a su hija, señor McCarthy, es peligrosa dejarla sola.

─── Sí, hay demasiados lobos por aquí ───cada palabra disfrazada las reales palabras que el teniente quería decirle al maldito de Masen, no las diría frente a su hija.

─── ¿Qué clase de padre trae a una niña pequeña a un hotel cuando está trabajando?

─── Uno que no tiene con quien dejar a su hija, sólo fue hoy ───sostiene a la niña─── te voy a llevar a casa cariño, le diré a una vecina que te cuide dos horas más, tengo que ir a la inspección de policía, bebé.

─── No, no quiero ir, me puedo quedar con Edwald.

Ambos hombres se miraron, el teniente quería alejar a su niña de aquel imbécil que en su habitación tenia a niñas adolescentes y quienes seguramente sus padres se preocupaban por ellas, padres que temían que en la vida de sus pequeñas se presentaran hombres como el caníbal y su banda de malditos sin alma.

Edward comprendió el pensamiento del hombre frente a él, no, él no era bueno para nadie ¿Qué haría? ¿Llevársela a su habitación donde todo olía a depravación y mugre?

─── Tienes que irte, Vanesa, tu papá tiene razón.

─── ¿No puedo quedarme contigo y míster Benson? Prometemos portarnos bien, papiiii ───la nena rogó con los ojos, tenía al duro policía comiendo de su mano, y antes que éste la decepcionara con un no rotundo, Edward se acercó a la nena y le dio un beso en la mejilla.

El beso ardió. La piel era suave y pura. El beso de alguien que no discriminaba quien era, un beso de alguien que jamás volvería a ver y que fue lo único bueno entre toda la basura que le tocaba tragarse día a día.

─── Otro día será cariño, los amigos nos encontramos en todas partes, hasta pronto.

─── Ohmm, ok, hasta pronto Edwald, fue lindo conocerte.

El teniente McCarthy gruñó, volteó con la niña en sus brazos y no se despidió. En la noche en medio de la locura de la salida hacia los estadios, Edward firmaba un cheque por diez mil dólares.

─── Es para usted y su hija.

El policía rompió el cheque con furia.

─── No necesitamos sus limosnas, sólo fue por hoy, mi esposa es la mejor madre del mundo y nunca aceptaríamos el dinero de alguien como usted. Mi bebé no tiene por qué contaminarse con su aire, señor estrella del rock, si acepte este trabajo es porque puedo hacerlo, pero no me place codearme con alguien como tú y tu gente ¡Pudren todo! ¿Cree que porque mi hija lo llama amigo, voy a respetarlo? ¿Por qué, a pito de nada, quiere darme un cheque voy a considerarlo? Te equivocas, gente como tú me ha repugnado toda la vida, he sido durante quince años policía, he visto niñatos ricos drogados matándose en la calle, haciendo lo que se les pega en gana y pasando por encima de todos, y al final lo arreglan con un cheque ¿Y quieres que lo acepte? No, yo no soy de su calaña ───se acercó al cantante quien tenía su sequito preparado para otra noche de rock y desafuero─── mi bebé no necesita su dinero, señor caníbal, págueme el sueldo que su manager acordó, es lo único que acepto.

─── Su moral de clase media es vomitiva.

─── Posiblemente, pero su mundo es peor. Haga su show, evite que su gente haga estupideces. Le aseguro que cualquier cosa y me fascinará verlos a todos, una semana, en la jodida cárcel.

Emmett lo dejo con la palabra en la boca, Jane parpadeaba sin entender qué había ocurrido allí. Mientras el policía se alejaba, Edward lo observó confundirse entre sus guardaespaldas y demás policías, no entendía nada ¡Eran diez mil malditos dólares! Podrían servirle para la niña, una emergencia médica, una bicicleta nueva o cualquier otra cosa que la niña deseara y que el hombre, con sueldo de hambre, no le podía dar.

─── ¿Qué ocurrió con el teniente, Edward? ───Carlisle le preguntó en la limosina.

Edward miro la ciudad tras el vidrio polarizado.

─── Nada, una mierda ¡Dame un trago, Cullen! ¡Vamos a estallar esta ciudad hoy! ¡Maldita ciudad de idiotas!

Si, Edward quien siempre luchó por no estar de lado de aquellos que él llamaba perdedores, hombres con los cuales creció toda su vida en un pueblo donde llovía casi a diario, entender a Emmett McCarthy era para él una traición a todo lo que lo hizo salir de su pueblo natal.

Lastimosamente, a la noche siguiente de los conciertos en Detroit, una chica muy joven fue encontrada muerta en la habitación de Paul, tercamente intentaba ser parte de la horda de adoradores de la banda y para ponerse a tono, abusó del alcohol, la droga y las noches sin dormir. A los 17 años y sin mucha noción de lo que pasaba, se ahogó en su propio vomito. El escándalo se difundió en menos de media hora y toda la ciudad se paralizó ante la tragedia traída por The Carnival y su gente.

Las portadas de los periódicos, serios y faranduleros, se coparon con fotos de Eddie y los chicos de la banda, entrando a la cárcel, esposados. La más famosa, la foto de Masen mirando directamente a la cámara, con un dudoso cigarro en la boca, levantando sus manos esposadas y mostrando el dedo del medio.

Emmett fue el encargado de detenerlos, el rudo policía, sin atender los tácitos chantajes de los abogados, esposó a todos los miembros de la banda y sin miedo los metió en la patrulla de la policía para encerrarlos en una cárcel.

Todos los adoradores de The Carnival se apostaron en las afueras del hotel y gritaban:

─── ¡Eddie, te amamos!

El grito que se hacía eco por la ciudad sólo hizo que Eddie Masen se carcajeara dentro de la patrulla y mirara al teniente McCarthy por los espejos retrovisores del auto.

─── No sonrías Masen, eres despreciable, te dije que no tenías por qué meter a niñas en tu maldito piso.

─── Ella no estaba en mi habitación, Emerson.

─── Mientras se aclara eso voy a tener el gusto de verte unos días encerrado, en mi jodida cárcel.

─── ¿Crees que me importa, teniente? Acabas de acrecentar mi mito ¡Idiota!

La patrulla frenó en seco, Emmett salió rápidamente, se fue donde Edward, lo bajo a tirones de la patrulla, lo pone contra el suelo y con su rodilla en el pecho, lo increpó.

─── ¿Te fascina, no es así? No te importa que la niña que murió tuviese una familia, unos padres, gente que la amara. Para ti, es sólo cantar y jugar a ser el puto dios del mundo ¡No tienes idea! ¿Cuántos años tienes? ¿Veintitrés? ¿Quizás, veinticuatro? ¿Tienes hijos? No claro que no, eres un niñito egoísta que no entiende que yo tendré que explicarles a los padres de esa chica que murió sola, en un baño, tan sólo para ser parte del ¡Jodido mito de Eddie Caníbal! ¡Felicitaciones idiota! La niña lo logró, es parte del mito ¡Maldito seas! ───mientras que el teniente le gritaba en su cara, el rostro del caníbal era seco y duro, parpadeó un par de veces tratando de recordar cómo era la nena que murió en el baño, y no recordaba nada ¿Hasta dónde su ego lo hizo ser aquel animal de piedra?

Por un segundo el teniente se alejó, el chico se puso de pie, las otras patrullas llegaban con los miembros de la banda y los abogados, más una histérica Jane quien parecía perdida entre todo el escándalo. Emmett se paró en medio de la calle, con sus manos empuñadas y presionando su cintura, él era amargo y serio, un hombre que no sonreía ante nadie, su ternura, risas y chistes malos eran para su esposa y su pequeña hija. Prendió un cigarrillo y enfrentó a Edward quien estaba recostado en la patrulla con gesto profundo, observando a aquel hombre que por primera vez lo había enfrentado a un concepto para él totalmente desconocido.

Decencia.

A dos grandes zancadas el gigantesco teniente le respiraba en su cara.

─── No puedo creer que hablaste con mi hija, doy gracias a Dios que es sólo un bebé y que no te va a recordar en su vida.

Emmett recordó como en la mañana la pequeña con su amigo peluche en su brazo y comiendo los cereales le preguntó qué cuando podría ir a ver a su mejor amigo Edwald

─── Ojalá, algún día, Masen, entiendas que es sentir como padre y no tengas que ver como un hijo tuyo es vulnerable ante gente como tú.

La estrella del rock chasqueó su lengua en fingido gesto de no importarle nada, sin embargo las palabras del teniente lo lastimaron, la niña había sido lo único bueno en su último año y esa mínima conversación con ella fue lo más humano de los últimos cuatro años de su vida.

A la semana, el revuelo mediático había bajado en intensidad, los abogados los habían librado de la cárcel, el chivo expiatorio fue un tramoyista que estuvo con la chica en el baño mientras la banda festejaba, los noticieros de todo el mundo hicieron de la historia la noticia de la semana, la leyenda se acrecentaba, todos los chicos dieron notas, con cara de circunstancias, prometiendo visitar centros de rehabilitación y bajar la intensidad de sus celebraciones. Todo era parte del show. Menos lo de Edward. A la primera pregunta sobre el tema, vociferó en cadena nacional.

─── ¡Si los padres no se preocupan de sus hijas, nosotros no podemos hacer nada! Llegan vestidas como putas a nuestros camerinos diciendo que tienen veinte años y si las dejamos ¡Nos violan!

Sus palabras fueron tema de debate nacional, donde especialista en educación, entidades religiosas y asociaciones de padres aportaron sus visiones. Una vez más, Edward Masen volvía a su favor condiciones negativas pero, a solas, en su hotel, sin que nadie lo viese, por primera vez en su vida, la estrella del rock sintió un asco infinito, grandes arcadas lo atacaron y vomitó la repugnancia en el baño.

La chica sólo tenía diecisiete años. Le faltó poco para asesinar a Paul frente a todos.

─── ¡Una mierda más Paul y te largas! ¿Me escuchaste?

─── No puedes ───en la limosina que los llevaba de regreso a Los Angeles el baterista aulló─── soy parte de esta banda.

Como una tromba Edward se lanzó hacia el muchacho, mientras otros trataban de detenerlo.

─── La banda soy yo ¡Yo! No me retes imbécil, cualquier cosa y te tiro a la calle ───lo dijo con las manos anudadas al cuello de Paul.

─── ¿No me digas? ───deslizó su mirada hacia Jane y hacia Carlisle que rodaba sus ojos y hacía cuentas mentales de todo el dinero que se le había ido en el pago de abogados y fianzas─── ¿Quieres que diga ante todos como son tus noches después de cada concierto? Por favor Eddie ───los ojos oscuros del hombre lo enfrentaron de hito a hito─── puedes ser un genio, ¡Dios! Te respeto como músico hermano, pero como ser humano eres una completa y absoluta mierda, así que no me vengas con tus alardes de hermanita de la caridad, no a mí, me quedo en la banda, quieras o no yo me quedo.

A los segundos todos intentaban apartar los puños de Edward de la cara de su baterista.

─── No volveré a esa maldita ciudad ───le informó a Carlisle─── ¡Ni en un millón de años! Y que Darek reemplace a Paul por el resto de la gira.

Sin embargo, seis años después, la ciudad de Detroit estaba programada en la gira de regreso, un recuerdo vago de algo importante ocurrido allí lo sacudió, y ese sentimiento de asco hacia él mismo, oculto bajo capas y capas de vanidad, resurgió y fue su imagen ante el espejo.

─── ¿Tienes alma, Eddie Caníbal? Alguien le preguntó. No, no la tenía, la había perdido mucho antes de salir de Forks, y algo en él resentía su ausencia. ¿Si no tienes alma Eddie cómo compones tus canciones? ¿Quién las inspira? Esa pregunta se la hacía constantemente ¿Qué fuerza hace que pueda componer si sólo eres un devorador de corazones?

Abrió las duchas del camerino, quería quitarse el maldito olor de gente, humo, y quemar el tiempo para que la niña boba, que Carlisle se había cogido a pocos metros, se hubiese largado con sus ojillos y esperanzas puestas en que sus bonitas tetas fueran atractivas para su apetito.

Volvió de nuevo al espejo, completamente desnudo, se observó de largo a largo, repleto de tatuajes, lleno de piercing ───incluido el apadraiva─── que ya había merecido miles de reportajes en todo el mundo.

Todo en él era leyenda. Eddie se negaba con todo su corazón a entender cuán solo estaba, durante diez años rodeado de gente, de adulación de mimos y de indulgencias no hubo ningún momento en que no se sintiera completamente solo, y con Jane a su lado fue mucho peor. Seguramente esa noche tendría a una chica en su cama, y si chasqueaba el dedo quizás más, todas al mismo tiempo.

El sexo era parte de lo que él mismo era, su carta de presentación, su esencia. Al sexo le cantaba: poesía y semen, poesía y muerte, orgasmos y vientos, bocas y piel, y era jodidamente bueno, sus chicas lo amaban, todas ellas se ofrecían frescas, lindas, perfumaditas ante él y era tan fácil hacerlas llegar que ya era aburrido, ninguna le ofrecía un reto, un desafío. Sin embargo, siempre busco, quiso más, deseaba quedarse en algún lugar y hundir su nariz en una piel que lo convocara a ir más allá del juego seductor de una palabra. Se acercó a milímetros del espejo.

─── ¿Qué quieres, Eddie Caníbal?

La imagen era fría, porque él era frío también, alcanzó una botella de vodka y la tomó dos grandes tragos.

─── ¿Qué buscas? ¿Cuándo vas a parar?

El ruido del show se escuchaba a lo lejos, los demás integrantes de la banda gritaban al otro lado del muro, cientos de personas caminaban por los pasillos comentando felices los números históricos que dejaba la transmisión televisiva, la vuelta de Eddie, el caníbal a los escenarios era lo más visto de la televisión mundial ese año y seria el comentario obligado en las cientos de fiestas que habría esa noche en toda la ciudad. La más importante, la organizada por Carlisle Cullen en el gran hotel de Beverly Hills celebrando el regreso del The Carnival a los ruedos de los grandes escenarios y su gira de conciertos. Todos los invitados habían aceptado, no solo porque las fiestas de Cullen eran antológicas sino que también para ver cómo se comportaba Masen, bien sabido era que el Caníbal y los hoteles no se llevaban, una semana atrás había destrozado un cuarto completo y había lanzado dos televisores por la ventana.

Los medios no se hicieron esperar y los aires pacatos y republicanos lanzaron gritos de desaprobación, declarando que todo América estaba harto de los escándalos y el horror de la vida de la legendaria estrella, y el New York Times y la revista People vaticinaban que aunque el álbum de The Carnival era una obra maestra, el comportamiento de su líder haría que éste fuese un absoluto fracaso, así que la fiesta era la prueba de fuego y era la estrategia que usaba Carlisle para demostrar que su pupilo estaba centrado.

─── ¡Tienes que controlarte!

Carlisle gritó, más de cien millones de dólares se le irían de sus manos si el idiota seguía con su comportamiento errático. Los números lo acompañaban, pero estaba a un tris que todo se viniera abajo. El manager intuía que algo, en el chico, lo llamaba fuertemente hacia la destrucción y la buscaba con desesperación ¡Fue un milagro que pasara los veintisiete años! Hasta la muerte de Jane la prensa celebraba, en gran medida, su anárquico comportamiento de súper estrella de rock pero, con la muerte de la chica, la situación cambió. Para la prensa reditó muchos beneficio la posición de víctima de la esposa, le perdonaron que estuviera embarazada de otro hombre, que siguiera consumiendo droga a pesar de su estado, que despilfarrara todo el dinero que a manos llena su marido le daba. Eddie fue levantado como un demonio y eso justificaba el desahogo que su rubia, linda y juvenil esposa. Todavía el público le era fiel, pero la prensa ya lo había sentenciado.

Se colocó unos vaqueros, una camiseta negra y una chaqueta del mismo color, tenía el cabello mojado y sin el rastro del maquillaje teatral que usaba para las presentaciones, a cara limpia, Eddie Caníbal, tenía aún los rasgos del niño capitán del equipo de futbol.

Abrió la puerta del camerino y escuchó la conversación de Carlisle con su hijo de siete años, que le prometía ir a su partido de béisbol en la mañana, Edward sabía que, como siempre, rompería su promesa y dejaría al chiquito botado. No pudo evitar sentir una antipatía profunda por su manager, los niños necesitaban a su padre. Él lo sabía. Siempre necesitó el suyo.

Abrió una ventana y agarró una cajetilla de cigarrillos, Carlisle desesperado colgó la conversación por el teléfono, Edward entrecerró los ojos y observó al hombre frente a él, lo conocía muy bien, era un hombre que no se medía ante nada, estar en la industria era su manera de estar al lado de aquello que no pudo nunca tener, y eso era talento.

Edward sentado en el gran sofá, descansó una pierna sobre la rodilla, su mano con el cigarrillo entre sus dedos y callaba, todo era ruido y él deseaba silencio.

─── Hay una conferencia de prensa.

─── ¿Y…?

─── Es la rutina, Edward, es por tu música, tu gira.

Una mueca de desagrado en el rostro de Edward fulguró sin empacho, demostrándole a su manager lo poco que le importaba hablar de "su música"

─── ¿Mi música Carlisle? ¿Mi gira? Tú sabes que quiero.

El hombre rubio platino rodó sus ojos de manera impaciente, abrió un poco su camisa y subió las mangas hasta los codos.

─── Deja de hablar de tocar en pequeños lugares Edward, eres una estrella no un idiota muerto de hambre que va de bar en bar.

Alguien tocó la puerta, e interrumpió la discusión que día tras día se hacía peor entre los dos hombres, los azules ojos de Carlisle observaron a su apoderado, lo conocía muy bien y había algo que comenzaba a surgir, lo toma de la chaqueta con fuerza y lo arrastra hacia él, a pesar de que Edward es más alto y más fuerte.

─── Estamos hablando de negocios Edward, millones de dólares, cinco compañías patrocinando tu nueva gira, no vas a joder esto ¿Entiendes? ¿Qué harás con cientos de demandas? Nunca tendrás el dinero para pagarlas, es tu imagen, la imagen de la compañía, arruínalo Edward Caníbal y te jodo de por vida, y toda tu carrera se irá para la basura ¿Quieres volver a tu pueblo con tu mami? Eres un maldito genio, sin embargo ya nadie está para aguantar tus groserías y tus ganas de joderlo todo.

Edward se desata y tira al hombre contra la pared, pone sus brazos arriba de los hombros de Carlisle y lo mira con repugnancia.

─── No eres mi dueño Cullen, no te debo nada, he pagado diez años de mi vida, te has vuelto millonario a mi lado, no me amenaces, no me jodas que te jodo a ti, siempre te lo he dicho, si me da la gana, me largo.

─── No seas ridículo Eddie, eres un adicto a la fama y a la adoración, te mueres de miedo de volver a ser el don nadie hijo de Forks, no vives ya de ser la estrella de futbol de tu pueblo, te he dado el mundo y siempre supiste que es demasiado poco para ti, no lo niegues, lo único que has amado Edward Masen es esto, ni siquiera tú música es importante, ni siquiera eso, te falta valor para ser ese hombre de los bares, te falta sufrimiento y te falta alma ───aparta los brazos que lo rodean con fuerza─── así que confórmate con ser la más grande estrella del rock de los últimos tiempos y yo me encargo que nadie te toque.

El hombre mayor se apartó del chico, a Edward le relampaguearon sus ojos, de espaldas a Carlisle una sonrisa torcida fue su impronta que sugería una maldad.

─── Límpiate el labial de la camisa Carlisle, hueles a Barbie Rose y a orina, no querrás que tu mujer e hijos sepan que te estás graduando de pederasta ───caminó dos pasos y se adelantó con el cigarrillo colgado en su boca.

La puerta se abrió de par en par y el sonido lo golpeó en la cara, los sonidos de los músicos y las gente tras bastidores del Mtv, algunos cantantes trataron de saludarlo y él sólo levantó su barbilla, no era amigo de nadie de la industria, tan sólo eran sus conocidos, y escasamente soportaba una conversación con ellos. Con las mujeres era diferente, se había metido en las sábanas de casi todas y ahora, ni el saludo les daba, odiaba cuando hablaban de repetir o le enrostraban lo abandonadas que las tenía. Kate Denali era la peor, la había conocido apenas llegado a Los Ángeles, eran los Bonnie & Clyde del rock, que Eddie fuera casado nunca pareció ser impedimento a la hora de follar. Tres años después, formó familia, el matrimonio con un magnate ruso la había suavizado un poco, después de haber sido una perra absoluta, su condición de madre de unas preciosas gemelas le había bajado un tono a su agresividad. Ella entendía el juego del espectáculo, siempre supo que fue sexo por sexo, por eso, la rubia, de inmensas tetas naturales, le caía bien y siempre estaba dispuesto para ella, sus abrazos y sus besos, carecían de connotación sexual.

─── Sigues siendo tan malo Eddie Caníbal, pero tu música es lo más bello del mundo ───Edward la abrazó con fuerza y pellizco su nalgas─── ¡Oye, no! ¡Soy una mujer casada! Y madre ejemplar.

─── ¿No me extrañas, Bimbo? ───hace muchos años Edward no sonreía, pero con Kate era diferente, quizás porque la respetaba, era una gran compositora y cantante. También era una diva y una perra, en la industria nadie se atrevía a pelear con ella, pero era una compositora pura, alguien con quien compartía el deseo obsesivo de hacer buena música.

Por unos segundos se quedaron en silencio, Kate lo miró intensamente y recordó porqué estuvo a punto de cometer el tremendo error de enamorarse de Edward.

─── Te invito a casa, quiero que conozcas a mis pequeñas, Eddie.

Él se apartó un poco, es como si le nombraran el diablo, mujeres con hijos, delantales, y pasteles de chocolate.

─── No es tan malo Edward Masen, gente como tú y yo necesitamos eso, te cansas de toda esta basura ───lo tomo de la mano─── yo soy de las pocas, Edward, que cree que alguien que compone la música que tú compones, puede ser rescatado.

─── No quiero ser rescatado, Kate.

─── Todos queremos ser rescatados, aunque nos llamemos Eddie Caníbal.

La mujer se alejó después de intercambiar sus teléfonos, Kate sabía muy bien que él jamás la llamaría.

─── « ¡Eres adicto a la fama y a la adoración!» ───Odiaba las palabras de Carlisle. Rumió mientras a su paso por todo el gran pasillo escuchaba las voces de quienes lo observaban, ojos de lujuria concentrada ardían en su piel, algunos músicos lo intentaron saludar pero él, por lo bajo, solo gruñó. A lo lejos escuchó las voces de sus compañeros de banda, rodó los ojos, después de casi diez años con ellos, escucharlos, le agotaba. Todos eran fantásticos músicos, él los había presionado, ningún mediocre sería parte de The Carnival, se los hizo saber y ellos lo aceptaron, era el precio que debían pagar por el éxito y la fama, que el talento y el carisma de Eddie traería para ellos. Él, como siempre, al igual que en la secundaria ───como capitán del equipo de futbol que llevaba a todos a los límites─── se los tragaba y los convertía a todos en lo que necesitaba.

Una cantidad de chicas semidesnudas andaban por el camerino, cuando él abrió la puerta se hizo silencio, todas gritaron, con emoción.

─── ¡Ediiieeeee!

Se le abalanzaban todas, tocándolo, rastrillando su pecho con uñas muy largas y postizas. Sus voces eran chillonas, con tono de falsete, olían a marihuana.

Torció su boca en un gesto que sólo él sabía que contenía. Fastidiado, abrazó a dos chicas por las cinturas y les ofreció un beso cargado de posesión y lujuria, un beso doloroso porque con el piercing de su lengua las golpeó duro en el paladar hasta que gimieron de malestar.

─── ¡Fiesta! ───gritó Paul, mientras se limpiaba la nariz de las huellas de cocaína. Harry, que sostenía una botella de whisky, se hizo un gesto de apoyo y Seth, no se dio por enterado, estaba demasiado ocupado tratando de llegar a las bragas de una chica ruidosa con acento texano.

─── Estoy deseoso de la gira, hermano ───Harry se le acercó ofreciéndole un poco de su whisky, Eddie bebió como si fuera agua, mientras que las dos chicas trataban de quitarle la camisa para ver en vivo y en directo sus tatuajes─── Será como en los viejos tiempos ¡Estremeceremos el mundo! ¡The Carnival ha vuelto!

Todos rugieron menos Eddie, estaba concentrando su atención y mirada el escote de una de las chicas que trataban de llegar a sus tatuajes y mucho más abajo. Unas tetas falsas, seguramente regalo de cumpleaños de papi por la mayoría de edad, un bronceado intenso y artificial, maquillaje cuidado y profesional.

─── ¡Otra zorrita más que quiere llegar a la fama por la cama!

Y él, ni jodidamente estaba dispuesto a hacerle el favor a nadie más. Al menos, Jane, en sus mejores épocas nunca fue esa versión ramplona y majadera del concepto de ser sexy.

─── ¿Por qué todas tratan de ser Pamela? ¡Joder! ¡Un poco de clase no estaría mal!

Otro tipo de belleza, en ese momento, lo hubiese puesto duro como un jodido riel, pero no las chicas cuya carne expuesta era estilo Playboy para soldado en guerra. Ya las había tenido, y en suficiente cantidad.

─── ¡Yo no soy Pamela, soy Kendra!

También estaba harto de las Kendra, las Summer o las Heather.

─── ¡Eso es malditamente peor! ───se giró hacia Paul─── ¡Hey! Si no puedes conseguir putas con tetas reales, al menos, que sus nombres sean de verdad.

─── Ellas dos son nietas de un senador y ella es la hija del dueño del canal.

─── ¡Carajo! ¡Tres putas por placer, no por necesidad! Señorita, mis disculpas por pensar que usted quería mamármela para hacerse famosa.

Las chicas sonrieron y no se dieron por enteradas que su ídolo las acababa de insultar.

El show había terminado, las grandes caravanas de gente que salían del teatro Nokia se escuchaban a lo lejos, iban a fiestas privadas organizadas a lo largo de la ciudad, Carlisle con una sonrisa de triunfo se acercó a los integrantes de la banda.

─── Es hora de irnos, chicos ───tocó el hombro del líder de la banda quien no se movió ante el toque de su manager.

Un fuego rebelde lo enardeció, estaba harto, inexorablemente sentía que ya era hora de demostrarle a Carlisle que si volvía a los escenario era porque él quería y que no estaba dispuesto a entregarle esta etapa de su carrera y de su vida, en bandeja. Él era dueño de sí mismo, nunca pertenecería a alguien, sentía que fue un error haberle permitido a Cullen que asentara dominio sobre él, como también fue permitírselo a su madre. Carlisle, carente de sentimientos, en un mundo de objetos y pertenecías no estaba en condiciones de decirle como vivir su vida y su madre, amando a un fantasma, sumida en las ruinas del deseo y de posesión, tampoco. Lo intentó con Jane, fracasó estrepitosamente y lo reafirmó: no un amigo, no una amante, no nada, él era un animal solitario observando el mundo desde lo alto.

Tres grandes limosinas los esperaban en garajes, sin embargo Edward iría en su última gran adquisición, una poderosa chica, la Harley Davidson VRSCAW/A V-Rod que podía llegar de cero a 240 km/h sin protestar, una nena hecha sólo para él, diseñada en exclusividad, un regalo dado por un auspiciador para promover la marca y de la cual era la imagen mundial.

Hizo rugir el motor, más bien la hizo ronronear, estaba pensando en un nombre para ella, ya tenía una Brunette y a una Feileacán… Trago en seco, un recodo de alma y un poco de nostalgia que no había en él, no podía permitirse eso, para él, era muy peligroso estar en contacto con la soledad porque inevitablemente llegaba a un sitio que temía y que prefería ignorar.

Una corrida ruidosa y cientos de fotógrafos, que esperaban la salida de las estrellas, se desplazaban gritando todo tipo de preguntas a alguien que acababa de salir a la calle, Edward empequeñeció sus ojos, a diez metros de él, la caravana de Riley Biers. Encendió un cigarrillo y buscó a Carlisle, lo encontró muy ocupado con una joven periodistas, ajeno a todo. Esto era muy peligroso, podía ser la tercera guerra mundial, él era su más grande contradictor en la música, Biers, lo odiaba a muerte, no sólo porque siempre batallaban en los grandes listados de música, sino porque a los largo de los años ambos se habían hecho la vida imposible, vía prensa, y mujeres, no era un secreto para nadie en la industria que Masen, en una noche de la entrega de los Billboard music awards, se había cogido la novia de Riley en uno de los camerinos, dos semanas antes de la boda, a modo de despedida de soltera.

Aspiró el cigarrillo con fuerza, contó los pasos de Riley que también lo observaba de manera furiosa, Harry llamó a Carlisle sabiendo lo que allí iba a ocurrir, el manager caminó mascullando:

─── No lo hagas Eddie ¡Maldito idiota! ───pero era demasiado tarde, Edward se adelantó hacia Biers y el humo del cigarrillo fue a la cara del rubio y masculino rostro de su contendor.

─── ¿Te gusto mi show, Riley?

Las cámaras apuntaron y los frashes obnubilaron a todos.

─── Si tú llamas show a berrear y mostrarte como una ramera ante todos, Masen.

Edward se carcajeó, estaba pendiente de la reacción de su manager que parecía echar fuego por la boca.

─── Tsk, ramera era tu novia ───con su dedo índice aguijoneó el pecho del chico rubio─── ¡Ella si berreaba cada vez que le daba! ───empuño su mano e hizo un gesto de eficacia y sexo─── estaba hablando el que di ahora, no el que hice con tu novia, tiempo atrás.

─── ¡Demonios, Edward! ───fue el grito de Carlisle al ver como el puño de Riley iba directo al mentón de quien le había amargado sus dos últimos años.

Para los fotógrafos aquello era lo mejor. Sangre. Escándalo. Fuego. Edward Masen y su amoralidad sin culpa, éste dio un paso atrás, tocando su barbilla y saboreando un poco de la sangre que se aglomeraba en su garganta─── ¡Mierda, Riley! peleas como niña y por eso coges como niña.

Eso fue todo, en cinco segundos ambos hombres se peleaban en pleno estacionamiento, la gente de Biers se fue contra la comitiva de Masen, Carlisle intentaba separar a los dos chicos, guardaespaldas y demás, mientras cámaras y fotógrafos disfrutaban la carnicería del mes.

De pronto todo fue un pandemónium fue todo aquello, puños, gritos, guardaespaldas, las mujeres chillando y Riley Biers tendido sobre el piso y Edward jadeante recostado sobre su enorme moto.

─── Agradece Biers, al menos te diste cuenta con quien te ibas a casar, aprovecha nene y ¡Haz buena música! Porque la tuya apesta.

El chico levantó su cabeza, uno de sus ojos estaba en serios problemas y su mano parecía fracturada.

─── Al menos ¡Yo no tuve una esposa muerta en un hotel, con el hijo de otro en su vientre!

Eddie pestañeó, una furia intensa se arremolina en su estomago, la sangre del chico no valía la pena, quería decirle al mundo quien era, deseaba gritar que no se debía a la fama o los gritos histéricos de medio planeta, decirle a Carlisle que no era su dueño y que no tenía miedo, sentirse libre en su furia.

─── ¡Vamos, golpéalo, Eddie!

─── ¡Acaba con él, Riley!

Todos los buitres gritaban a su alrededor, allí no importaba quien estaba herido, quien sufría o los gritos de todos de que parecen aquello, mañana ambos serían el escándalo nacional, grandes portadas con sus nombres y todos los Talk Show del país haciendo grandes análisis éticos sobre la inmoralidad de las grandes estrella que se saltaban toda ley y prácticamente, en cadena nacional.

Carlisle corrió, Edward, con aquellos ojos azules y duros, iba de nuevo, en batida, contra Riley que se paraba con dificultad y deseaba continuar la pelea. El brazo fuerte del rubio manager agarro, con mano de hierro, al descontrolado chico que estaba por mandar diez años de carrera por el caño.

─── ¿Lo tenías que joder todo, no es así, Eddie? ¿Tenías que hacerlo? ───le susurró al oído, mientras que con un gesto comandaba a la gente de Biers que lo agarraran antes que la pelea pasara a mayores, nadie quería a la policía tras sus talones─── ¿Tenías que demostrar quien realmente eres?

─── Yo me pertenezco, Carlisle, estoy harto de que creas que eres mi dueño.

─── Yo soy tu dueño, idiota.

Edward lo empujó con fuerza.

─── No lo eres Cullen, contigo o sin ti, puedo hacer lo que me dé la gana.

─── ¡No eres nada! Rétame Masen y haré de tu carrera un infierno ¡Jódeme y yo lo haré peor! ───una sonrisa ladina e hipócrita apareció en la cara de Carlisle─── Así que ¡Vas a la fiesta! ¡Das la conferencia de prensa! ¡Le pides perdón a quien sea! y ¡Ya está!

El caníbal voltea, nada le importa, ha traspasado siempre los límites de todo, poco o nada le importa la amenaza de su manager y eso tiene que ver con que ha escogido el camino del no sentir. Un hombre, que de niño, en algún punto extraño de su vida decidió pasar de largo con los sentimientos ahora, a los veintisiete años de edad, no puede discernir. Sentir era una pérdida de todo y la terrible, más bien, trágica decisión de sellar su corazón fue una opción hecha por miedo, no lo sabía en ese momento, pero el día en que Jasper murió fue el puntillazo final para cerrarse a todo lo que el mundo de los afectos podría darle.

El mismo, a veces, en la oscuridad de su habitación o en el pequeño estudio de la enorme y bizarra casa, que era de su propiedad, se preguntaba ¿Cómo era capaz de escribir las canciones que escribía? ¿Qué fuerza ciega lo empujaba y hacia donde iba si no creía en el amor?

Tiempos y retornos era Eddie Masen, en los sueños o en extraños deja vu se veía sólo en carreteras que se bifurcaba, rostros que se habían ido y que volvían, carreteras y lluvia, cantos, olores de madera y aleteos furiosos, un lalala siniestro o un calor de algún recuerdo que no podía discernir.

Si él hubiese sido menos egoísta y un hombre con menos temor de vivir en el peligro del sol de los afectos Edward tal vez hubiese entendido que un parar un Volvo en una calle en medio de la lluvia, un trago menos, o un acercarse con un simple hola lo hubiese hecho mejor, digno quizás de la poesía que a pesar de él bullía en su interior.

Se subió en la moto, odiaba la risa de Carlisle que le decía: te tengo de las bolas niño los motores de la poderosa Harley se escucharon en el garaje, las energías de todos estallaban aquella noche de música, fama, y estupidez. La enorme máquina con el logo de la banda en ella rugió, ésta se movió alrededor del manager, una mueca cínica de no me importas en el rostro de Edward, un amague frente a todos y un grito en su garganta.

─── ¡Soy libre, Carlisle! ¡Mírame!

Y la moto, a 200 kilómetros por hora, sólo fue una centella en medio del furor de la gente que clamaba adoración por Edward Masen.

Carlisle Cullen se quedó en silencio y lo vio desaparecer ¡Muérete, idiota! ¡Tienes veintisiete años! ¡Entrarías en el mito! ¡Venderías más que Elvis Presley! ¡Me harías millonario igual!

A la media hora, la ciudad y las calles corrían con él, la sangre era un fuego y las luces eran solo chispas en su retina. Aspiro el aire de la ciudad, un palpitar, un instinto, iría donde lo llevase el viento ¿No era lo que siempre quiso? Huir de todo.

Spring. Broadway. Sacramento. El mar, el aire salado y la soledad de la carretera. Tarareando su canción:

Cabalgo en un viejo dragón de fuego…

El cielo estalla y desnudo de todo…

Vuelo hacia la estrella que perece…

Estas allí y el mundo es cadáver y horror…

Vuelo hasta allí para salvarme…

Cabalgando, cantando en un viejo dragón de fuego…

Mujer de azúcar, sangre, miel y cielo…

Cinco horas después y estaba lejos de todo, sediento y lleno de adrenalina. Cuatro de la mañana, San Francisco, California ¡Maldita moto! Quería irse hasta el infierno.

A lo lejos el enorme puente, un cielo rojo y una ciudad que no conocía. Tiró la moto en medio de la calle, la noche, sin nadie a su alrededor, sin murmullos, lascivia o lenguas tentando y buscando lo que él jamás daría. Un cigarrillo, caminar y caminar para perderse, una cerveza tan sólo por el gusto de beberla, soledad, vaquero solitario en el oeste de cemento. A lo lejos escuchó una canción, no la reconoció en un principio, como si un destello viniera en medio de la bruma, el riff se oyó poderoso, la batería y el bajo penetraron con fuerza y algo amargo sacudió su hígado.

Muévete suavemente, nena…

Y esa era su voz, en una canción íntima que Carlisle y su gente habían pervertido entre la estridencia y los bum bum metálicos, una canción que en sus oídos siempre fue acústica y noche de estrellas.

Siguió el sonido, no por la canción sino porque ésta lo llevaba a una sensación que hacía años no sentía, algo lo llamaba desde lejos, apretó su chaqueta, subió las solapas de ésta y oculto su cabello en el cuello, bajo la cabeza y metió las manos en los bolsillos, la oscuridad del lugar le permitió penetrar en aquel lugar, era un bar pequeño iluminado con luces de un azul violeta y con espejos en las paredes, había poca gente, era casi amanecer y los pocos que quedaban se arrullaban en la música y en un trago de cerveza y cigarrillos.

Se escondió en una mesa, la canción de su niñez fue reemplazada por una canción de amor de Bon Jovi (You Want) Make A Memory, le gustaba ella, no lo diría en voz alta jamás, no diría que algunas veces respetaba aquella música que atrapaba tiempos y recuerdos.

¿Por qué él no lo hacía? Escuchó una carcajada sonora de una mujer a lo lejos, era una risa contagiosa y divertida.

─── ¿Cómo se te ocurre, Ben? Tienes veintidós, eres demasiado viejo para mí, precioso.

El corazón viejo y sellado de Edward saltó, una vieja furia y deseo se concentró en su vientre.

─── Vamos linda, una cita, prometo portarme bien, soy un buen niño.

La mujer explotó en otra carcajada.

─── Pero yo no, no soy una buena chica, lindo.

Un perfume, un frío conocido, vientos helados venidos desde el tiempo.

─── Lo eres, yo sé que si, te juro que preparo ricos desayunos.

─── Yo hago mejores, Ben, me sé alimentar sola.

─── Es mejor entre dos, preciosa.

Edward estiró la cabeza, aquella voz golpeó sus sentidos. Años y locura. Olvidos y cementerios de cosas muertas que no quería revivir.

─── Tómate tu cerveza, Ben, busca otra chica, lindo, voy a llamarte un taxi.

─── Eres mala conmigo, una chica muy, muy mala.

Y escondido y protegido por la oscuridad, la luz azul violeta, la chaqueta negra y por diez años más encima Edward Masen la vio, y era ella, ella de nuevo, niña de instituto, dolor y deseo de toda su infancia y adolescencia.

Sólo una palabra para ella… para ella que caminaba con una bandeja y reía con aquel chico que sostenía en sus hombros como una mamá protegiendo a un hijo pequeño.

Féileacán


Editado por XBronte.

Hola chicas, gracias por esperar, no odien a Eddie, bueno sólo un poquito, ya saben en los capítulos anteriores que él derramará sangre por lo que hizo. A todas las que leen y comentan un millón de gracias, a las lectoras fantasmas que me acompañan también.

Si, aún estoy atrapada por el escocés y siendo sincera chicas ¡me encanta mi rudo guerrero!