Descargo de responsabilidad: Hunter x Hunter no me pertenece al igual que sus personajes y demás relacionado con la serie o series mencionadas en el fanfic, como son Paradise Kiss y D. Gray man. Excepto mis OC: Emma, Eleonora, Henry y ¿Katniss? Esos si son míos, of course dah :P
Advertencias: Contenido Yaoi, relación hombre con hombre. Esta es una Versión Yaoi, si deseas leer la otra version de esta misma historia con Kurapika fem te invito a buscarla con el nombre "Mine" en
Finalmente Disfruten! Ñuñ
Capítulo 20: El ritual de las almas perdidas.
Es verdad que había recuperado sus recuerdos, y recordaba haberle tenido apreció a algunas personas de la tribu Kuruta. Sin embargo, nunca podría dejar de odiar al "bastardo de la cadena" por asesinar a su mejor amigo.
Y aun así, ahí se encontraba. Transportando los ojos de los Kuruta a la tribu de los Kurda. No es que le tuviera aprecio al Kuruta, ni que sentía lástima o arrepentimiento por lo que había hecho. Simplemente se trataba de que estaba siguiendo órdenes.
Y aunque odiara ayudar a su nombrado némesis, Nobunaga no podía negarse a una orden del líder.
¿Pero cómo habían terminado en esta situación?
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Al final, la curiosidad pudo con ellos. Terminaron yendo a la sala donde se resguardaban los ojos. Y pudieron contemplar lo que Henry había querido mostrarle a Kurapika.
Los amigos de Kurapika se alegraron al saber que su búsqueda había terminado, por fin había recuperado los ojos de su tribu. Pero ¿ahora qué?
-¿Qué es lo que vas a hacer con ellos?- le preguntó Killua a Kurapika.
-Bueno lo que sigue sería hacer el ritual de las almas perdidas- interrumpió una voz desconocida para todos los presentes, excepto para Lavi-
-¡Viejo panda!- exclamó Lavi sorprendido, y se ganó una fuerte patada por parte del desconocido.
Era un hombre pequeño y arrugado, con varios lunares en su piel y entre ellos algunos que daban la impresión de que el hombre era un panda. Sus ropas eran negras y al estilo oriental.
-Ya he informado a las tribus hermanas y todas han aceptado ir-
Ninguno de los presentes tenía ni idea de lo que hablaban, excepto tal vez Kurapika, Katniss, Lavi, Allen, Kuroro y el anciano.
-¿Disculpe quién es usted? ¿Puede explicarnos de que están hablando?- le preguntó Killua.
-No tengo nombre- dijo el anciano- sólo llámenme Bookman, por favor. Como ustedes sabrán- dijo el Bookman- no es la primera vez que una tribu desaparece debido a los deseos egoístas de las personas citadinas. Así que hace setenta y cinco años trece tribus unieron fuerzas, así si atacaban a cualquiera de las tribus hermanas las demás acudirían en su ayuda. Por años esta táctica funcionó y pudieron sobrevivir. Sin embargo, cuando atacaron a la tribu Kuruta no se trataba de un problema de cantidad sino de poder.- dirigió sus ojos a Kuroro y su grupo- las tribus hermanas ayudaron a la tribu Kuruta. Y aunque comprendieron que no había forma de ganar contra ellos, aunque superaban al Genei Ryodan en número, lucharon fervientemente.
-Pero al final, la tribu de Kurapika pereció- continuó Lavi - hubo muchas bajas para las otras tribus, pero sobrevivieron.
-Así es- rectificó el anciano- cada vez que se libraba una batalla, se extraían los ojos de las personas y se enterraban los cuerpos. Y cuando el 29 de febrero llegaba cada cuatro años, se cremaban los ojos de los guerreros en un ritual llamado "el ritual de las almas perdidas".
-No entiendo- interrumpió Leorio- ¿para qué enterrar los cuerpos y cremar los ojos por separado?
-¿Alguna vez has escuchado el dicho "los ojos son las ventanas del alma"?- le preguntó Lavi a Leorio y éste asintió- bueno las trece tribus hermanas comparten la misma creencia de que en los ojos se resguarda el alma.
-Eso es ridículo- susurró Nobunaga
-En ese tiempo pudieron realizar los ritos en los fallecidos, excepto en aquellos que eran portadores de los ojos rojos. De cualquier forma, ya que los ojos de la tribu Kuruta fueron robados, hasta que no fueran recuperados no podíamos hacer el ritual de las almas perdidas.
-Y ahora que Kurapika ha reunido los ojos de su gente, se podrá llevar acabo.- concluyó Lavi- deberían sentirse agradecidos, podrán ver el ritual. Es algo realmente hermoso.
-Si lo es, pero ¿Qué vamos a hacer?- interrumpió Kurapika- ¿cómo vamos a transportar todos los pares hasta la tribu de los Kurda a tiempo? En tres días es 29 de febrero.
-Bueno- dijo Allen- para eso me tienen a mí. Con el arca podremos transportar los ojos con mayor rapidez, sin embargo necesitaremos la cooperación de todos. - y los observo a todos y después dirigió su mirada al Genei Ryodan- y con todos me refiero a TODOS- término con una sonrisa.
-¡Olvídalo!- gritó Nobunaga -Si crees que les vamos a ayudar...
- Y les vamos a ayudar- le interrumpió Kuroro- es una orden, transportar los ojos rojos.
Nobunaga estaba que hervía de rabia, pero no dijo nada más.
Todos comenzaron a reunir los ojos y a transportarlos. Kurapika, Senritsu y Emma tuvieron que regresar a la mansión de Emma para recuperar los dos pares que había guardado. Pero gracias al arca, sería muy rápido transportar todos los ojos.
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-Pareces algo confundido- comentó Senritsu a Kurapika. En estos momentos, se encontraban transportando los ojos de casa de Emma a la tribu de los kurda.
-¿Lo dices porque me veo confundido o por los latidos de mi corazón?
-Ambos- le respondió Senritsu.
-Desde el principio, tú siempre supiste que era Kuroro. Pero nunca me lo dijiste, ¿Por qué?
-Nunca te lo mencioné, porque en los latidos de su corazón no habían malas intenciones. Sabes Kurapika, tus latidos y los de Kuroro han cambiado. Desde la fiesta de Navidad pude advertir lo que el sentía por ti, pude notar que él te amaba. Aunque no lo creas, él se enamoró de ti. Y sé que estás enamorado de él, y si realmente quieres ser feliz debes olvidar lo que te hizo. Y aceptar los sentimientos que tiene el por ti y tu por él.
-No hay forma de que pueda perdonar lo que hizo, ni de olvidarlo.- dijo seriamente el muchacho - pero, tal vez pueda aceptar estos sentimientos que tengo hacia él- dijo con un pequeño rubor en su rostro.
Senritsu le sonrió.
-Gracias, Senritsu.
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Era 29 de febrero y se encontraban en la tribu de los Kurda, rodeados por un inmenso bosque.
Todos estaban reunidos, eran las once de la noche, más de trescientas personas de diferentes tribus, rasgos y características. Cada persona cargaba con un par de ojos rojos, y llevaban túnicas blancas. Un hombre pequeño, rechoncho y gordito se aclaró la garganta antes de hablar.
-Comenzaremos con la procesión. Por favor, todos muévanse ordenadamente para evitar accidentes y hagan sus plegarias por nuestros hermanos caídos de la tribu kuruta. Para que sus almas encuentren el paraíso-el hombrecito repitió las instrucciones en varios idiomas.
Un redoble de tambores comenzó, y las personas comenzaron a avanzar a paso lento. La mayoría de las personas llevaban la cabeza baja y diciendo oraciones en diferentes idiomas entre dientes. Un grupo de mujeres y jóvenes chicas iban cantando, entre ese grupo se encontraba Kat.
Kuroro había pensado en no asistir, ya que era el causante de sus muertes, pero sentía curiosidad. Habían dicho que era un rito hermoso y eso lo había invitado a quedarse.
Cuando escuchó la canción que entonaban estas mujeres, sabía que había hecho lo correcto. Cantaban como un coro de ángeles, nunca había escuchado voces igual de celestiales.
Kurapika pudo ver como Senritsu derramaba silenciosas lágrimas, estaba seguro que era no sólo por la melodía de sus voces sino de los corazones de los presentes lo que la enternecía.
Los cánticos traían una sensación de paz, tranquilidad y nostalgia. Poco a poco se internaron más en el bosque hasta que llegaron a una cascada.
Las personas empezaron a atravesar la cascada, probablemente dentro había una cueva.
Cuando llegaron a la cascada y la atravesaron, se encontraron con uno de los santuarios más hermosos que habían visto jamás.
Era lo suficiente te grande para albergar a tantas personas, tenía forma circular y sobre ellos un gran agujero que revelaba el cielo nocturno. El pasto y otras plantas se extendían sobre la planicie y justo en el centro había un gran agujero debajo de un arco de roca.
Con forme iban llegando las personas con los ojos rojos (entre ellas Kurapika) iban depositando los ojos en el agujero. Y se colocaban alrededor del arco.
Una vez que todos estaban dentro de la cueva y han ocupado sus lugares, comenzó el rito.
El grupo de mujeres comenzó a cantar, esta vez una canción diferente. El lugar y las personas daban una sensación de misterio al lugar, y había algo extraño. Se sentían como si estuvieran siendo vigilados.
Katniss comenzó a cantar con calma y tranquilidad, y las demás mujeres seguían su voz. Poco a poco empezaron a moverse alrededor del arco bailando, danzando. De una manera grácil y hermosa, pero con espíritu y pasión. Una niña se acercó al agujero de en medio y prendió una fogata, los ojos empezaron a arder entre las llamas fundiéndose con las flamas. Poco a poco las llamas empezaron a crecer. Una vez que Katniss término de cantar, un hombre de voz potente empezó a cantar una nueva canción.
Y para sorpresa de los ojos de Kuroro, el Genei Ryodan y los amigos de Kurapika, las llamas se volvieron blancas. Después comenzaron a elevarse más y hasta les parecía que formaban rostros humanos. Y así era.
-Son las almas de los dueños de los ojos- explicó Lavi al grupo.
Después las figuras humanas se iban desprendiendo del fuego y se convertían en una pequeña llama azul que ascendía al cielo nocturno hasta alcanzar las estrellas y desaparecían.
Sin duda el espectáculo de la naturaleza más hermoso que los ojos de Kuroro pudieran presenciar, tal vez excepto por alguien.
Kurapika se había acercado a sus amigos, y estaba observando el rito con ellos. Una sonrisa en su rostro y la mirada al cielo, por eso era tan importante para él recuperar los ojos de su gente, para que pudieran descansar en paz.
Kuroro no pudo apartar los ojos de Kurapika, verle feliz de esa manera le gustaba.
-Creo que es la primera vez que te veo tan feliz- pensó
Cuando las llamas finalmente se consumieron y apagaron, el pequeño hombre volvió a llamar la atención de la gente.
-El tiempo de luto ha terminado- anunció- ya han pasado muchos años desde su muerte y por fin hemos recuperado sus ojos y completado el rito. Podemos estar seguros que sus almas descansaran en paz, podemos estar felices de que se encuentran en el paraíso y vivir nuestra vida de la mejor manera posible para algún día volver a verlos en la siguiente vida. Así que a celebrar- dijo el anciano con una sonrisa en los labios y comenzaron a entonar una canción más alegre. Unas personas empezaron a repartir comida y bebida para todos.
Más que un funeral, parecía una celebración.
Todos se dejaron llevar por el gozo y la tranquilidad. Excepto por Kurapika. Kuroro siguió a Kurapika fuera de la cueva. Y lo vio pronto, sentado a la orilla del río, observando el cielo nocturno.
- ¿Qué haces aquí afuera?- le preguntó el pelinegro.- ¿no deberías estar celebrando como ellos?
-No me sentía de humor para celebrar- le respondió Kurapika, Kuroro se sentó a su lado.
Hubo varios minutos en que no dijeron nada, hasta que Kuroro rompió el silencio.
-Siento haberte mentido- le dijo Kuroro- con respecto a Lavi. Pero había algo en ti que me parecía familiar, y era la única forma en que podía acercarme a ti.
-si- asintió el Rubio- yo lo entiendo. Sin embargo, no apruebo tus métodos.- Kuroro se rió entre dientes.
-¿Que vas a hacer a partir de ahora? Los ojos rojos fueron recuperados, ¿aún te vengarás de nosotros?
Pasaron minutos sin que ninguno de los dos dijera algo más.
-No- finalmente respondió Kurapika - ya he visto lo que la venganza hace con una persona, no quiero transformarme en un monstruo como Eleonora.
-¿Eso significa que nos perdonas?
-No. Aún no puedo perdonarte por lo que les has hecho, pero ya no intentare asesinarlos.
-En ese caso me alegra- sonrió Kuroro y tomó la mano de Kurapika, mientras con la otra tomaba su barbilla y la hacía girar en su dirección. Y entonces se adueñó de sus labios, con un beso suave. Kurapika sintió los labios de Kuroro sobre los suyos, pero no lo alejó. Correspondió al beso y poco a poco Kuroro fue profundizando el beso.
Finalmente cuando se separaron sus labios, Kuroro le susurro a sus labios.
-Te amo- le dijo el pelinegro, observando a sus ojos azules.
Kurapika se sonrojó y desvió la mirada: -tonto- le susurró - no lo digas así de fácil. Y antes de que el Rubio pudiera seguir protestando, Kuroro comenzó otro beso más largo e intenso.
