Isabella Swan vive en su propio mundo de lujos y riquezas, un mundo creado por su propio marido... un mundo carente de felicidad. Uno de sus custodios personales ¿podrá ser capaz de darle la felicidad que ella desea?.
El refugio
El patio era grande, más de lo que podía imaginar, no había más que flores y flores interminables, rosas blancas por doquier, el bosque estaba en el fondo, como el marco de una imagen de postal. Alguien gritaba a mi alrededor pero no podía saber de dónde venían los sonidos por más que buscaba con mi mirada… lo único que veía eran flores blancas. Alguien me llamó… oí mi nombre gritado por una mujer… ¿dónde estaba?. No podía encontrarla. Comencé a caminar atravesando ese hermoso prado y pude ver una casa… era hermosa y estaba cerca del bosque. Atravesé todo el prado con largas zancadas y parecía que la casa se hacía más grande a medida que avanzaba, era más bien una mansión. Nuevos gritos que venían de esa dirección. Continué caminando y me di cuenta que la casa estaba cercada por altas rejas de hierro, llegué hasta ella y no pude pasar más allá. Sin embargo seguí escuchando los gritos… gritos chillones, alegres… gritos de un niño. Miré a la casa para ver de dónde provenían y vi a alguien conocido, ella era hermosa. Caminaba despreocupadamente con el cabello castaño suelto flameando detrás de ella, su vestido blanco de verano se azotaba con la brisa y su sombrero de ala ancha tapaba parte de su rostro, pero eso no me impedía ver lo hermosa que era. Venía de la mano con un niño. Un niño de cabellos cobrizos que no pasaba de los tres años. Él reía y gritaba cuando una mariposa pasaba a su lado, quería atraparla. Ella reía feliz al verlo jugar. Entonces él se soltó de su mano y corrió hacia la entrada de la casa subiendo torpemente las escaleras. "¡Edward!" gritó ella. Ese era mi nombre, pero miraba al niño. Tomé las rejas con ambas manos y comencé a azotarlas tratando de abrirlas para entrar e ir hacia ellos, algo me decía que debía ir por ellos. "¡Papá!" gritó el niño. Un hombre de cabellos rubios salió por la puerta de la casa y con una sonrisa atrapó al niño en los aires cuando éste se lanzó a él. Ella reía caminando hacia ellos. Azoté más fuerte la puerta de rejas de hierro, grité y ellos no me escucharon. Ella llegó hasta él y le dio un beso en los labios y luego besó la frente del pequeño niño. Yo grité fuerte para que me oyeran, pero era inútil. Ella miró hacia atrás una vez, fijó sus ojos en mí y como si no me hubiese visto volteó de nuevo hacia ellos. Entraron a la casa… y yo me quedé solo.
_¡Bella!_ grité al abrir los ojos. Mi respiración agitada y el ritmo acelerado de mi corazón me retumbaban en las cuatro paredes de mi habitación. Llevé mis manos a mi rostro y sentí el sudor en mi piel y gruñí de frustración y de alivio al menos que era una pesadilla. Una maldita pesadilla. Volteé a un lado y gemí con las manos aún en mi rostro, rodé sobre mi estómago y hundí mi cabeza en la almohada. No había manera de sacar esas imágenes de mi mente, las llevaría fijas allí durante todo el día… tal vez durante toda mi vida.
Pensé en los detalles de ese sueño, el pequeño niño, Bella ignorando mi presencia, Benjamin con ellos. Mi pecho se oprimió al recordar ¿y si él me había engañado? ¿y si en ralidad no estaba enfermo? … no, pero yo había visto sus estudios, su apariencia física lo denotaba. Él estaba enfermo, él iba a morir… él necesitaba un heredero y yo iba a dárselo, haciendo algo que él no fue capaz de hacer durante sus años de matrimonio, embarazar a su esposa… la mujer de la que me había enamorado perdidamente.
¿Podía estar yo más enterrado en el infierno?... no lo creía. Miré mi reloj de la mesa de noche y marcaba las cinco de la mañana, no iba a poder volver a dormirme, así que me levanté de la cama como si el mundo pesara sobre mis hombros y fui a darme un baño.
Hoy era un día que quería borrar del calendario, no merecía tener este día. Había comenzado mal, con una horrible y premonitoria pesadilla y quién sabe cómo seguiría, solo deseaba volver atrás y vivir este día especial, como aquellos en los que mi madre preparaba un pastel y festejábamos en familia, Alice y yo jugábamos con mi juguete nuevo y luego íbamos a dormir en paz, sin pesadillas ni oscuridad.
Me vestí rápidamente, mi típico traje negro, mi corbata de seda negra y camisa blanca de algodón, mis zapatos lustrados y me peiné de la manera tradicional. Salí de mi habitación cuando el reloj ya marcaba las seis y treinta de la mañana y fui hasta la cocina a tomar mi taza de café.
Alice estaba levantada, estaba sobre la mesa de la cocina con una montículo de libros sobre ella y escribía rápidamente en su cuaderno de apuntes, cuando me vió sonrió alegre y llena de optimismo, se levantó de la silla y corrió hacia mí,
_Feliz cumpleaños Ed!_ casi gritó en mi oído dejándome ligeramente sordo. _Que seas muy feliz hermanito, tú más que nadie se lo merece_ abracé su pequeño cuerpo tan liviano y joven y reí por su efusividad,
_Gracias Alice, pero sabes que últimamente no me gusta festejar mi cumpleaños_
El año pasado para esa fecha mi madre caía en su primera cirugía del corazón,
_Lo sé Edward, pero este año tenernos que hacer al menos un pastel!_ soltó mi cuello y se tomó ambas manos en el pecho _quiero que soples las venas Edward… a mamá le gustaría verte hacerlo_
Sonreí ligeramente, ciertamente mi madre se ponía feliz con la felicidad de sus hijos y si esto la hacía feliz…
_Hoy trabajo Alice_ murmuré caminando a la cafetera eléctrica para servirme un poco de café, _a demás ¿qué haces tú levantada a estas horas estudiando?_
_Tú lo dijiste hermanito, estudiando…_ afirmó sentándose una vez más en la silla, _tengo examen de marketing y debo terminar unos apuntes para más tarde juntarnos en la biblioteca con Jassper y ponernos a estudiar_
Alcé la ceja con una media sonrisa… _¿Así que ahora la biblioteca es mucho mejor lugar para estudiar que tu propia casa que prácticamente tienes para ti sola?_ murmuré antes de sorber mi café, ella se sonrojó levemente y me miró mordiendo la punta de su lápiz,
_Pues está despejado de hermanos entrometidos al menos_ dijo meneando la cabeza _a demás lo hago temprano para a la tarde tener el día libre y hacer tu pastel_
_Ya te dije Alice que no sé si podré venir, hoy trabajo_
_No acepto un no como respuesta y pobre de tí que me dejes plantada. Tu jefe debería darte día libre ya que es tu cumpleaños_ dijo molesta,
Oh Alice… no hay modo alguno que mi jefe me deje libre…
Dejé mi taza vacía en el fregadero y fui a comprobar a mi madre que dormía tranquilamente, la paz infinita que trasmitía al dormir era algo envidiable… a veces me estremecía pensar que parecía un dulce ángel entre las sábanas.
Despedí a Alice con un beso en la frente y tomé las llaves del volvo. La mañana estaba fresca y soleada, habría un día de verano seguramente. ¿Estaría tan hermosa Bella como en mi sueño?... Últimamente no hacía falta un lindo vestido o un sombrero de ala ancha para que se viera dulce y hermosa. Mis ojos veían su belleza natural cada vez más marcada o al menos eso era lo que yo deseaba ver.
Su pálida y tersa piel, por partes sonrojada mientras le hacía el amor, el brillo de su piel recubierto de ese suave manto de sudor, sus finas y largas piernas acaparando mi cadera, sus brazos en mi cuello, sus labios dejando suaves besos en mi piel… su mirada brillante y entusiasta, su cabello cayendo en la almohada como un abanico… toda ella! Era como una hermosa oda a la femineidad, una hermosa obra humana en honor a la mujer.
Corrí por las calles con las ganas inmensas en mi pecho de volver a verla, siempre igual… siempre lo mismo, siempre dejándola por la noche y buscándola a primera hora de la mañana, a sabiendas que el tiempo con ella era efímero. Ella me esperaba con entusiasmo y estaba cien por ciento seguro… que ya me había dado su corazón.
El medio día llegó sin grandes noticias, ella había dormido más de la cuenta en los últimos días. Parecía más cansada y somnolienta y amaba a veces, cuando la ausencia de su marido me lo permitía, acostarme a su lado para verla despertar. Ella abría sus ojos hinchados y me miraba con una mueca de incomodidad, luego volteaba sobre su costado y se acurrucaba en mi pecho para continuar durmiendo. Ella parecía una niña pequeña a quién llaman para ir a la escuela… Dios! Cómo la amaba!
_¿Qué harás de almuerzo hoy Claire?_ pregunté lavándome las manos en el fregadero luego de haber ido a comprobar el nuevo sistema de seguridad en el patio trasero. Claire me miró y alzó una ceja,
_¿Está enferma otra vez?_ hizo una mueca molesta y negó con la cabeza _le hecha la culpa a mis comidas y la Señorita Isabella sabe muy bien que siempre lo hago como a ella le gusta… ¿cómo puede hacerle mal mi comida si siempre la comió?_
Revolvió algo que estaba en un cuenco de bronce, tomó una cuchara y sacó un poco de la mezcla, la llevó cerca de su nariz y olió suavemente. Negó con la cabeza…
_Está bien… no hay nada malo en mi cocina_ confirmó.
_Tal vez es la fruta o los wafles del desayuno… no creo que le hayan sentado bien hace unos días_ murmuré con el ceño fruncido. Sin querer admitir la posible verdad agregué… _tal vez el chocolate en la salsa de sus postres, o el helado…_
_No te metas con mi comida Edward, todo esta bien aquí… déjame decirte una cosa_ se acercó a mí en modo confidente, con una mano en puño en la cintura y con la otra sosteniendo su cuchara de madera que utilizaba para mezclar, la azotó mientras decía,
_Si no fuera porque desde que se casaron ella nunca estuvo en estado… diría que está embarazada_
Ella volteó hacia su cuenco de bronce y siguió con su tarea mientras tarareaba una canción, yo simplemente me quedé parado en mi lugar tratando de digerir lo que ella me había dicho… ¿será que es así?... ¿tan fácil lo había conseguido Benjamin?. Tragué en seco y sacudí la cabeza, quería a como de lugar, convencerme a mi mismo que lo que Isabella tenía no era más que una simple y yana indigestión. A pesar de que las tenía a una hora especifica de la mañana y luego desayunaba y almorzaba con demasiado entusiasmo y que no había razón alguna que cada comida que Claire le preparaba, con sumos cuidados, le cayera mal.
¿A quién quieres engañar Edward?... mierda!
Sentí resonar unos tacones en el suelo de mármol que revestía el piso hasta las cocinas y supe que era ella… y seguramente venía tan hermosa como siempre. Me serví una tostada saborizada con aceite de oliva y orégano, a pesar de que no tenía apetito y la sentí presente en la cocina. Todo en ella me alertaba, su olor tan frutal y sensual al mismo tiempo, su carraspeo antes de hablar, esa peculiar electricidad que despedía su cuerpo y chocaba contra el mío.
_Claire no almorzaré hoy_ murmuró mientras yo me daba vuelta para verla, ella me sonrió antes de volver su atención a Claire _ saldré a almorzar afuera, no me esperes tampoco con la merienda_ luego me volvió a mirar con su rostro serio y formal _¿Puedes estar listo en diez minutos Edward? Vamos en el Mini Cooper hoy_
_Si señora, iré a prepararlo_ murmuré con el mismo tono formal que ella había utilizado conmigo._ ella asintió y se retiró hacia la sala, yo hice lo propio hacia el garaje.
El mini Cooper estaba ya preparado frente a la casa cuando ella salió, llevaba un vestido azul a medio muslo y ajustado, una camiseta sin mangas gris, su saco de cachemira en la mano y unos tacones altos color negro. Lo primero en lo que mis ojos se fijaron fueron sus piernas… y pronto, como siempre que pasaba cuando veía su cuerpo, me sentí endurecer en los pantalones.
Oh cielos… apiádate de mí Isabella.
Ella me miró cuando terminó de bajar las escaleras y sonrió mientras se colocaba unas gafas de sol. Abrí la puerta del acompañante y ella subió, yo me apresuré a subir detrás del volante.
_Al Withe Center, Edward_ murmuró rebuscando algo en su cartera. No perdí segundos y salí por el camino hacia la entrada, Peter, uno de los guardias de seguridad, nos abrió la puerta y salimos a las calles de Seattle.
El Withe center estaba relativamente lejos a la zona donde ella vivía, así que tomé velocidad para llegar al otro lado de la ciudad lo antes posible.
_¿No almorzaras primero?_ pregunté recordando lo que le había dicho a Claire, ella negó con la cabeza y continuó rebuscando en su bolso. _Tienes que alimentarte Isabella… hoy no desayunaste y tampoco almorzaras ¿cómo se supone que…?_ enseguida cerré mi boca.
Idiota!...
_¿Cómo se supone qué Edward?... limítate a conducir y llévame donde te pedí_ la miré con el ceño fruncido, ¿la señora Plath deseaba jugar a la jefa?... pues bien,
_Si Señora Plath, la llevaré donde usted me pidió, no se preocupe_ respondí, ella rió sin gracia y miró hacia la ventanilla.
No hubo palabras en todo el viaje, ella miró las calles de la ciudad, yo me limité a obedecer sus órdenes. Pronto llegamos a la zona del With center, ella me indicó una calle y aparque debajo de un enorme edificio, parecían departamentos.
_¿Necesita que la acompañe Señora?_ pregunté, ella seguramente venía a visitar a alguien, aunque no era el edificio de Rosalie, de todas maneras yo debía saber si acompañarla o no,
_Si, ven conmigo._ pidió. Bajé del auto y fui hasta su lado para abrir la puerta, ella bajó y la acompañé a la entrada del edificio. Me pareció extraño que ella sostuviera un par de llaves en su mano y abriera con ellas la puerta del edificio.
Ella entró y la seguí, caminamos hacia el ascensor de hierro forjado que había en el fondo, parecía un antiguo mobiliario, pero al mismo tiempo lujoso, bien cuidado y clásico, los pisos eran de mármol restaurado y las paredes de granito. Abrí el ascensor para ella y entramos juntos. Ella se removió un poco cuando el ascensor se puso a andar y recostó la cabeza en la pared de fondo,
_¿Te sientes mal?_
_Los ascensores me marean…_ murmuró, _pero tendré que acostumbrarme_
Diablos… ¿a caso ella sabía algo que yo no?
Me acerqué a ella y acaricié gentilmente su mejilla, que estaba pálida y fría, la sostuve de la cintura por las dudas y acaricié su espalda. Ella no se alejó… Subimos hasta el decimo piso y finalmente el ascensor se detuvo.
Al salir Bella caminó delante de mí y con llave en mano fue hasta la puerta de uno de los departamentos, sobre la puerta en letras doradas colgaba el número 21. Ella extrañamente abrió la puerta con la llave y entramos.
Las luces estaban apagadas, pero ella encendió un interruptor cercano y pude ver. En madio de la habitación había una mesa puesta para dos, redonda, con un mantel blanco y largo cayendo hasta el suelo, copas de champagne y una bandeja con tapa plateada, sobre el piso alfombrado en beige habían pétalos blancos esparcidos aquí y allá, que seguían su camino por un corredor que supuse llevaba a la habitación, en una esquina un cómodo juego de sofás de cuero blanco y en la pared contraria una televisión de plasma, miré a mi izquierda y tras una puerta americana había una pequeña cocina que parecía bien equipada.
No me di cuenta cuando Bella se fue de mi lado, estaba acomodando algunas cosas en la pequeña mesa redonda y el exquisito olor inundó mis fosas nasales cuando levantó la tapa de la bandeja,
_No almorcé porque quería compartir esto contigo_
_¿Qué es esto Isabella?_ pregunté atónito, ella dejó lo que estaba haciendo y caminó hacia mí, envolvió sus brazos en mi cintura y sus ojos me miraron fijamente,
_Feliz cumpleaños bebé… este es mi regalo_ se paró de puntillas y plantó un suave beso en mis labios. ¿Un regalo para mí?... ¿el almuerzo o el departamento?. Dios…
_Bella, dime que el almuerzo es tu regalo por favor_ supliqué,
_No te preocupes, este departamento es alquilado. Pero será tuyo o… nuestro hasta que quieras estar en él._ dijo acariciando con ambas manos mi pecho _será algo así como… nuestro refugio_
La miré idiotizado… ¿un refugio?... el maldito cielo junto a Isabella, la mujer que amo?
Ella volvió a parase de puntillas y besó mis labios, pero no pude responder… era demasiado abrumador recibir algo de ella mientras por la espalda yo de alguna manera la estaba traicionando. Ella se separó y me miró cautelosamente, llevé mi mano a revolver mis cabellos cuando la sentí vacilar en su abrazo,
_¿No… te gusta?_ susurró ahogadamente,
Oh Bella… mierda, si me gusta, si!... pero no lo merezco
Al no responder ella se separó de mí y caminó hasta el sofá donde había dejado su sueter de cachemira,
_Por supuesto que no te gusta… es demasiado deshonroso compartir la cama conmigo como hacer también esto ¿no?_
Oh mierda…
Mis instintos reaccionaron y caminé hacia ella rápidamente, le saqué el suéter de sus manos y lo tiré sobre el sofá, la tomé de la cintura y choqué mis labios contra los de ella. Mi hermoso ángel me quiso rechazar, dolida… herida… quiso separarse de mí empujando mi pecho con ambas manos. Estreché aún más su cintura contra mí y luchamos unos segundos mientras sus labios se acoplaban a los míos con un beso hambriento… fuerte y salvaje. La lucha encarnizada de dos amantes… maldición! Cómo la deseaba!... tenía hambre de ella, tenía sed de sus labios, quería arrancar su ropa y derrumbarnos juntos en esa mullida alfombra y hacerle el amor hasta perder el sentido.
Sin palabras engorrosas, por suficiente eran los actos, ella dejó de luchar cuando encontró mi lengua con la suya y me empujó hacia el sofá, caí sentado y ella sobre mí con sus hermosas piernas una a cada lado, nuestras lenguas aún continuaban su batalla. Gemí cuando sentí su pequeña mano en mis pantalones, sobre mi erección… tanteando si ya estaba preparado.
Oh bebé… estuve preparado desde que vi tus piernas esta mañana.
Acaricié la piel de sus piernas con ambas manos y fui subiendo por su muslo llevando el vestido conmigo. Ella se levantó ligeramente de mi regazo y bajó mi cremallera, luego bajó el pantalón solo lo suficiente como para dejar salir mi miembro listo.
_Estas tan duro…_ susurró entre jadeos, asentí y subí mis manos hacia su cadera por debajo del vestido, encontré la tira de sus bragas y con mi paciencia al límite tiré hasta rasgarlas, las hice rápidamente a un lado y tomé su delicioso trasero con ambas manos acercándola a mi erección. Miré hacia abajo en el punto de nuestro encuentro y deslicé mi mano en su centro que ya se encontraba mojado e hinchado,
_Estas tan húmeda_ susurré de vuelta mientras mi dedo mayor se introducía fácilmente en ella,
_Oh Edward…_ gimió arqueando su espalda. _Oh bebé… _ se levantó unos centímetros de mi regazo y tomó mi miembro desde la base, recargó su frente en la mía mirándome con esos profundos ojos chocolate y penetré en ella cuando se dejó caer sobre mí lentamente.
_Me vas a matar Bella…eres mi perdición cariño…_ susurré cuando ella comenzó a moverse lentamente sobre mí, la tomé de la nuca y la aproximé a mi boca, ella me besó bruscamente y sus caderas comenzaron a moverse a mayor velocidad. Sus gemidos en mi boca eran sonidos celestiales…
Déjame sentirte bebé… quiero sentir tus ruidos de amor…
Tomé la orilla de su remera y se la saqué por encima de su cabeza, me separé de ella para admirarla… como un loco perverso. Acuné con mis manos sus pechos redondeados extrañamente más abultados, más sensibles ante mi toque… y arrastre mi pulgar en sus pezones para luego dejarlos sueltos y mirarlos idiotamente mientras ella me cabalgaba. Cerré los ojos cuando sentí que podía venirme antes de tiempo y dejé caer mi cabeza en el respaldo del sofá,
_Ah Edward…_ gimió sosteniéndose con ambas manos sobre el respaldo del sofá, tomé sus caderas con ambas manos y ayudé con sus movimientos frenéticos. _se siente… tan bien... tan profundo así_ murmuró entre gemidos. _quiero tenerte siempre así por favor…_
Oh no tienes que pedirlo, me tienes a tus pies desde que te vi por primera vez…
_Me tendrás, me tienes Bella… me tienes mi amor_ susurré sintiéndola tan cerca, tan íntima. Ella me miró con ojos grandes y luego sonrió antes de tirar su boca en mis labios. Me montó más fuerte y más duro, la mayoría del esfuerzo haciéndolo yo ayudándola con mis manos en su cadera… haciendo chocar su sexo con el mío, enterrándome tan profundo en ella que podía decir que conocía el séptimo cielo.
_Me voy a venir_ advirtió cerrando los ojos. La observé bien y apresuré los movimientos, me sentía crecer aún más en su interior, sentía mi miembro palpitar amenazante. Su cuello se tiñó de un leve rubor junto con sus pechos que brillaban por la fina capar de sudor de nuestros cuerpos, mordió sus labios y gimió entre dientes,
_Grita bebé…_ le pedí _libéralo ahora que estamos solos_
Y ella respondió con un suave gemido, moviéndose incoherentemente sobre mí… y finalmente cuando sentí sus paredes vaginales estrecharse, mi pecho dejó escapar un grueso gruñido al tiempo en que ella apretaba mi dureza, exprimiendo toda mi liberación…
_Oh bebé…_ susurró dejando caer su cabeza en mi hombro, quedamos inmóviles sintiendo los rezagos de nuestros cuerpos excitados, su palpitación y la mía… mojados, exhaustos y sumamente hambrientos.
Su estómago rugió…
_Debes alimentarte_ murmuré levantando mi cabeza y besando su frente húmeda, ella rezongó por unos segundos y luego levantó su cabeza también. Me miró por un momento y luego de una hermosa sonrisa besó mis labios dulcemente.
_Si señor mandón_ se levantó y salió de mí, bajó su falda y sacándose sus tacones caminó hasta donde supuse que era el baño.
Comimos italiano, más exactamente lasaña de vegetales y queso, con tiramisú de postre. Me sorprendí al saber que ella había cocinado todo, con ayuda de Claire por supuesto… pero lo había hecho ella, ella había cocinado para mí.
En el baño mientras arreglaba mi ropa luego de otra ronda de sexo después del almuerzo, ella rodeó mi cintura con sus brazos y me miró en el espejo, yo luchaba por acomodar mi corbata.
_Déjame hacer eso_ dijo soltándome para tomar mi corbata con sus dedos, acomodó el nudo y el cuello de la camisa y luego de que lo hizo se paró de puntillas para dejar un beso en mis labios. Parecía tan normal, parecíamos una verdadera pareja… sin preocupaciones, sin un marido detrás, sin una madre enferma…
_¿Dónde tienes que ir?_ preguntó volviendo a recostarse en mi pecho,
_Es solo algo… sin importancia_
Ella me miró levantando la cabeza y frunció el ceño, suspiré frustrado…
_Es… mi hermana, Alice… me espera en casa con un pastel_ reí sin gracia, ella sonrió y acarició mi mejilla. _El año pasado, luego de que volví de Londres, no pudo hacer ese gesto, pero este año no quiere que me lo pierda_
_Comprendo_ murmuró, miró hacia mi pecho y suspiró _¿quieres?… ¿Quieres que te acompañe?_ su voz fue casi inaudible.
Pensé en eso por un momento… ¿eso sería mezclar la vida con el trabajo? ¿se vería inapropiado?... ¿una rica mujer de alta sociedad visitando al casa de un médico casi en la ruina…?... Mierda! ¿Qué estoy pensando? Te acuestas con ella Cullen ¿recuerdas?... ya atravesaste el límite entre el trabajo y lo personal.
_Olvídalo…_ murmuró con una sonrisa indulgente _ comprendo que no quieras mezclar las cosas, perdóname_
Recosté mi frente en la suya negando con mi cabeza y encerré mis brazos en su cintura,
_Quiero que vengas conmigo_ le dije con fuerza, seguro de que eso era lo que tenía que hacer, quería que viera que si iba con mi familia, que no me alejaba de ella para ir a otros brazos más que los de mi madre y hermana, _Ven conmigo Bella… ven conmigo bebé_
Ella sonrió con tranquilidad y asintió, tomé sus mejillas con ambas manos y la miré a los ojos, me hundí en ellos, en esos que amaba tanto.
_Quiero que conozcas el lugar donde voy por las noches luego de dejar tus brazos, quiero que conozcas a las otras mujeres de mi vida a de más de ti_ susurré, su sonrisa se hizo más amplia y vi sus ojos cristalinos, la besé nuevamente y luego de soltarla tomé su mano y la llevé lejos de nuestro refugio.
Reviews? Por las chicas que leen este fic sigo hasta terminarlo. Gracias.
