N/A: Nada de esto me pertenece. La historia es propiedad de Tyler FZ, quien se tuvo que marchar por motivos personales; antes de marcharse, Tyler compartió el fic conmigo para que yo pudiera continuar publicándolo con su debido consentimiento.


Capítulo 21


Se mira en el espejo de su dormitorio empezando a asumirlo: el dichoso pantalón no le va a cerrar. No puede creerse que con solo dos meses ya empiece a tener problemas con la ropa pero lleva más de media hora intentando abrochar el botoncito sin lograrlo.

Musita unas cuantas protestas cuando escucha el timbre de la puerta. Cuando abre y ve a Steve en la puerta se encamina de nuevo hacia el interior del apartamento.

- ¿Qué quieres?

- Veo que no te has levantado de muy buen humor.

Suaviza el tono al ver la preciosa sonrisa que le decida. El otro día paseando no quiso hacerse demasiadas ilusiones pero sintió que algo estaba cambiado.

- ¿Cómo lo llevas? ¿Te siguen dando guerra las náuseas?

- No mucho pero el dichoso pantalón no me cierra.

Antes de que pueda decir nada más siente sus labios besándola y aunque algo desconcertada al principio, termina disfrutándolo.

- ¿Y esto a qué viene?

- A que te quiero. Y he decidido que no quiero pasar ni un segundo más lejos de ti. Es hora de volver a luchar por nuestra familia.

- ¿Eso lo has sacado de una película?- pregunta con una sonrisa divertida.

- No, cosecha Rogers autentica.

La oferta es tentadora, mucho. No quiere repetir con el nuevo bebé lo que le sucedió con Aleksi, quiere evitar los mismos errores. Pero sigue sintiendo miedo, sin saber si será capaz de poder protegerles.

- ¿Estás seguro, Steve? Mi pasado siempre estará presente.

- Ya, cariño. Pero también eres un peligro al volante y no por eso dejo de montar contigo en un coche.

- De acuerdo. ¿Y qué vamos a hacer?

- ¿Qué tal si lo celebramos en el dormitorio?- dice con una sonrisa juguetona.

- Vamos a hacer las cosas bien, Steve. Paso a paso.

- ¿Te recuerdo por qué no te cierra el pantalón? Pero si es lo que prefieres deberíamos ir a cenar. Una cita, tú y yo solos.

Le cuesta parar los besos en el cuello pero es mejor así por el momento, nada de precipitarse. Le dejará una semana antes de la cita por si quiere recapacitar, es lo justo.

- ¿Qué hacemos con Aleksi?

- Por el momento no le diremos nada. Pero pronto lo verá por él mismo.

.

.

.


.

.

.

Nervioso mira a los transeúntes que pasan por la calle mientras espera a Natasha. El pequeño estaba intrigadísimo por saber dónde iba, igual que Wanda cuando le ha llevado a su casa. Pero es mejor no decir nada por el momento, al menos a Aleksi, sabe de sobra que Wanda sólo ha fingido, esa chica sabe todo antes de los involucrados. Se sube en cuello de la chaqueta notando el helado frío por su cuerpo. Han previsto nevadas esa noche.

Por fin sale Natasha por la puerta con un abrigo negro y un vestidito con el que no te hace falta usar mucho la imaginación.

- Cierra la boca, anda. Que has disfrutado de mucho más.

- ¿Dónde quieres ir?

Antes de terminar la frase comienzan a caer unos copos de nieve que poco a poco terminar haciendo muchos. Ambos comparten una mirada y se sonríen con complicidad.

- ¡Pizza!- dicen al unísono.

Corren escaleras arribas para resguardarse del frío y la nieve y piden las pizzas mientras se secan la ropa mojada y se ponen cómodos. La observa recogerse el pelo en una sencilla coleta y quitarse los zapatos. Se sienta a su lado en el sofá y le desata la corbata para quitársela. De pronto todo le resulta tremendamente familiar.

Al final el gran plan que tenía organizado para sorprenderla se ha ido al traste. La primera vez no la tuvieron, fue un completo desastre a sus ojos. Quería que las cosas fueran distintas.

- ¿Qué te pasa?

- Quería que tuvieras una buena cita.

- Me gusta esto. No me hace falta flores ni velas, nuestra primera cita fue muy parecida a esta y no nos fue mal.

- Sólo quiero que todo salga bien. No puedo perderte de nuevo, Nat.

Ella parece a punto de contestar pero el timbre suena en ese instante. Se ofrece a recoger las pizzas y va a por ellas. Cuando regresa Natasha esta seria y pensativa.

- Steve, no quiero que pienses que voy a…- hace una pausa como si le costara seguir la frase- …abandonaros de nuevo. Quiero estar con los dos.

- Tres-la corrige poniendo una mano sobre su vientre.

Le ofrece un pedazo de pizza para animarla y ella lo acepta con gusto. No recordaba que se volvía tan comilona cuando tenía un pequeñito ser dentro de ella.

- Está siendo una cita estupenda-dice ella dando por terminada la cena.

- ¿Sin flores ni velas?

- Bueno, falta algo.

- ¿El qué?- pregunta preocupado.

Ella empieza a darle besitos por la barbilla mientras asciende a sus labios con una sonrisa juguetona.

- El postre.

.

.

.


.

.

.

Se recuesta a su lado mientras él le acaricia la espalda dibujando círculos imaginarios. Mira por la ventana como cae la nieve sin dar tregua y se imagina lo emocionado que estará Aleksi al despertarse. En más de una ocasión le ha contado que el invierno es su estación preferida. Por fin esta vez lo disfrutará a su lado.

Se da cuenta de que Steve está muy silencioso y le da un besito en la clavícula para llamar su atención.

- ¿En qué piensas?

- Pensaba en nosotros, en todos los años que nos conocemos. ¿Sabes? Nunca imaginé que te fuese a tener. Siempre era demasiado mayor para ti, demasiado payaso, demasiado torpe…

Nunca ha pensado en él de esa forma. Todo lo contrario. Era demasiado bueno para echarlo a perder por una relación. Quiere demostrarle que es cierto lo que siente pero nunca ha sido muy buena expresando emociones.

- Sé que nunca te lo he dicho las suficientes veces pero te quiero. Y me temo que eso no cambiará jamás.

Desliza una mano por debajo del edredón hasta llegar a su pierna, a la enorme cicatriz que le recorre. Más de una vez le ha visto casi cojear, aguantado el dolor mientras a ella se le partía el corazón. De nuevo siente que la culpabilidad puede con ella.

- En una cosa tienes razón. No deberíamos habernos casado, quizás entonces no habrías resultado herido. Pero contra eso ya no hay remedio.

- Entonces no tendríamos al niño más estupendo del mundo. Correría de nuevo el riesgo.

Le sonríe mientras le quita un mechón de pelo de la cara y en ese instante sabe que pase lo que pase todo saldrá bien. Si aquello no ha conseguido separarles por completo nada lo hará ya.

- Va a ser un largo camino, Nat.

- Lo sé, pero estoy dispuesta a luchar por recuperar lo que teníamos antes.

.

.

.


.

.

.

No ha podido pegar ojo en toda la noche. Es todo demasiado bueno para ser verdad. Tanto tiempo deseando que volviera a casa y parece tenerla de regreso aunque este sea su apartamento y ni siquiera hayan hablado sobre cómo avanzar.

La observa dormir durante horas hasta que los primeros rayos de luz empiezan a entrar por la ventana. Anoche no pudo darle una cena impactante pero hoy tendrá un desayuno, quizás sin diamantes pero hará lo mejor que sabe.

En la cocina busca lo necesario para prepararle una buena tanda de tortitas y pone la cafetera en marcha. Tras quemar una bandeja entera de tortitas consigue hacer unas cuantas decentes.

Está empezando a preparar unos zumos cuando ve a Natasha entrar en la cocina ataviada con una de sus sudaderas como única prenda. Como siga así el desayuno va a ser duro.

- Buenos días, princesa.

- ¿Qué haces tan pronto levantado?

- No podía dormir y quería sorprenderte.

Ella se acerca al montoncito de masa chamuscada que tiene en un lateral de la encimera y la ve fruncir el ceño.

- ¿Con unas tortitas quemadas?

- Se hace lo que se puede, princesa.

- Vuelve a llamarse así y verás de lo que soy capaz- le advierte.

La rodea por la cintura mientras la atrae hacia él sonriéndola como un bobo. Hacía mucho tiempo que no se sentía tan tranquilo y feliz. El beso que le da pone en peligro su fantástico plan pero consigue apartarse a tiempo.

- Sólo intento cuidarte, tienes que comer bien. Es lo que hacen los buenos maridos.

La conduce hasta la mesa y le sirve unas cuantas tortitas junto con el zumo y una infusión. Cuando ve que sonríe con satisfacción sabe que ha acertado de pleno con su plan. Y su hambre voraz de embarazada lo agradece mucho más.

Está a punto de darle unas cuantas tortitas de más cuando escuchan el timbre de la puerta. Es sábado y ninguno espera a nadie. Sigue a Natasha hasta el recibidor y ve a un repartidor con un sobre grande en la mano.

- Esto es para usted.

Tras firmar el envío, Natasha parece llena de energía y le rodea por el cuello mientras le besa rumbo al dormitorio. Algo intrigado por el sobre lo abre y frena a Natasha cuando ve el contenido.

- ¿Qué ocurre?- pregunta Nat al notarle serio- ¿Le pasa algo a Alek?

- No, tranquila. Es de tu abogado. Oficialmente estamos divorciados.

El silencio lo llena todo. Ninguno es capaz de decir nada y le gustaría saber lo que pasa por esa cabecita ahora mismo. Teme echar a perder todo por eso.

- Un papel no lo es todo, Steve.

- Te quiero, no voy a cambiar de opinión por eso. Pero quiero saber que tú tampoco.

- Tampoco. Prometido- le dice ella.

.

.

.


.

.

.

Aunque la película sigue su curso en el televisor no le presta mucha atención. Está atenta a Aleksi que se termina su yogurt mientras está sentado sobre sus piernas viendo alegre la peli.

Lleva un par de semanas pasando casi todas las noches con ellos, intentando que el pequeño se empiece a acostumbrar a la nueva situación. Todavía no han hablado sobre dónde vivir, es demasiado pronto pese a que el tiempo se les echa encima. La sentencia de divorcio les sentó fatal a ambos y necesitan primero acostumbrarse a eso.

Se recuesta sobre el hombro de Steve y este le da un pequeño beso en los labios que no escapa de la mirada del niño. Durante unos segundos no dice nada, no es la primera vez que lo ve pero por su cara sabe que algo empieza a gestarse en su cabeza.

- ¿Qué te pasa, enano?- le pregunta Steve revolviéndole el pelo.

- ¿Ahora mamá es tu novia? Porque duerme contigo y le das besitos.

- Algo por el estilo.

No parece muy convencido con la idea y por un momento teme que no le guste nada la nueva situación. No sabría qué hacer entonces. Pero todas sus dudas desaparecen cuando le ve sonreír de oreja a oreja y volverse hacia ella emocionado.

- ¿Y vas a vivir con nosotros? Así te vemos todos los días.

Busca una respuesta que darle sin herirle. Cada vez tiene menos ganas de volver a su apartamento pero teme mencionárselo a Steve. Lo último que desea es presionarle.

- Ahora que Sharon no está papá tiene un huequito en su cama- comenta Alek con inocencia.

La mención de la chica le sienta como un jarro de agua fría. Y a Steve tampoco le debe sentar demasiado bien por el cambio en su cara, ya no está relajado sino serio y distante. Le gustaría saber hasta qué punto sigue pensando en ella. No es capaz de ser la sombra de nadie por mucho que le diga que la ama.

- Es hora de que te vayas a dormir, renacuajo.

- Pero es pronto todavía- protesta él abrazándose a su ranita- Mami…

- Anda, haz caso a tu padre- le dice ella dándole un besito en la frente.

Les ve marcharse escaleras arriba y unos minutos después Steve regresa, quita el televisor y se sienta a su lado. Sigue igual de serio que antes y empieza a sentir miedo. No parece que vaya a decirle nada bueno.

- Quiero que vengas a vivir con nosotros.

Sorprendida no es capaz de responder. Esperaba que fuese a romper con ella, no a proponerle que se mudara de casa. Pero las dudas siguen presentes.

- No quiero que hagas nada por presión, Steve. Hace poco vivías con otra mujer y comprendo que todavía sientas algo por ella.

- Te lo pido por qué quiero, no por presión. Es absurdo que te vayas de aquí, está es tu casa, tu hogar.

Le ve levantarse y sacar de un cajoncito algo que trae en la mano. Cuando se sienta de nuevo a su lado ve que es un juego de llaves con un llaverito en forma de Araña.

- Lo escogió Aleksi.

- Obvio- contesta ella sonriendo.

Observa un momento las llaves pensativa, decidiendo que hacer aunque en el fondo sabe que ya ha dado el paso. En su apartamento dentro de poco ya no entrarán y tiene tanta necesidad como ellos de tenerles cerca.

- De acuerdo.

Steve parece relajarse de pronto, como si le hubieran quitado un peso de encima. Le sonríe de oreja a oreja y termina contagiada.

- Bienvenida a casa. Te echábamos de menos por aquí.