Capítulo 21
Regalo de Navidad
Se quedaron mirándose durante un par de segundos, que a ellos les parecieron años. Si se hubieran enterado con anticipación que volverían a encontrarse en aquellas circunstancias, hubieran sonreído y se hubieran saludado con naturalidad. Quizá hasta se hubieran abrazado afectuosamente, como si el tiempo no hubiera pasado entre ellos. Sin embargo, sus rostros mostraban una expresión de sorpresa, y en cierto punto, de confusión.
Por el lado de Sakura, ella estaba segura de que Touya no acudiría a la pasar las fiestas con su familia, ese año. Mucho menos hubiera esperado que su hermano llevara a su mejor amigo, cuando seguramente Syaoran pasaría las fiestas en casa de los Li.
Syaoran, por su parte, no se había planteado la idea de pasar navidad en casa de su mejor amigo. Sus planes incluían una elaborada cena en casa de la Familia Li, aunque con el repentino accidente de su madre, su otra opción más viable era una caja de pizza en alguna habitación de hotel. Y aun así, cuando Touya le ofreció pasar las fiestas en casa de los Kinomoto, pese a saber que Sakura era hermana de su mejor amigo, nunca imaginó que ella acudiría.
-Hola Syaoran… -saludó la muchacha de cabello castaño, algo nerviosa.
El muchacho despegó los labios, intentó responder al saludo, pero al ver que la voz simplemente no le salía, se limitó a volver a cerrar la boca. Sakura se apuró a corregirse-. Y hola a ti también, hermano.
Touya se limitó a gruñir, cosa que hizo que la muchacha de ojos verdes riera por lo bajo.
-¿Qué están haciendo aquí? –preguntó finalmente el muchacho musculoso.
-Pues, decidí visitar a nuestros padres –contestó Sakura, intentando sonar tranquila, natural-, y me pareció una buena idea que Yukito asistiera también. No te molesta, ¿o sí?
Touya no pudo evitar mirar de reojo a Syaoran, quien seguía envuelto en un silencio sepulcral, antes de atreverse a contestar.
-No, para nada. Bienvenido –dijo finalmente. Yukito se limitó a realizar una breve reverencia.
-No sabíamos que traerías a alguien contigo –intervino en ese momento Nadeshiko, sonriente, y se apuró a mirar a Syaoran-. ¿Por qué no pasarás la Navidad en casa de Ierán?
A Sakura no le pasó por alto la manera en que Syaoran respingó al escuchar este nombre, y cómo esto le hizo agachar la mirada.
-¿Ha pasado algo? –Yukito no pudo evitar preguntar-. Es decir, hemos visto las noticias…
-Es algo complicado –fue Touya quien respondió-. Será mejor no hablar de ello ahora. Quizá después de la cena…
-Ya está todo listo –anunció el muchacho de cabellos grises, sonriente-. Sakura y yo hemos estado cocinando toda la tarde. Espero que les guste.
-Estaremos un poco apretados –intervino Fujitaka, alegremente-, pero confío en que podamos acomodarnos…
Entre los seis, se las arreglaron para sacar platos, vasos, cubiertos, servilletas, y demás cosas necesarias, y colocarlas en la mesa de madera. También, llenaron varias fuentes con los guisados que habían preparado Yukito y Sakura, y los colocaron en la barra que conectaba la cocina con el comedor, para que pudieran tomarlas con facilidad, y pasarlas para que todos pudieran servirse. Cuando estuvieron seguros de que tenían todo listo, los cuatro Kinomoto, Yukito y Syaoran, se sentaron a la mesa, comenzaron a servir los platos, y finalmente, se desearon un buen provecho, y comenzaron a comer.
Para Sakura y Syaoran, todo este ritual familiar fue un poco incómodo. Les había tocado sentarse lado a lado, y como se encontraban un poco apretados en la mesa, los roces de piel se volvieron demasiado constantes. Cada vez que esto ocurría, no podían evitar respingar. Y es que había sido hacía ya tanto tiempo que no sentían el contacto de la piel del otro, que aquella sensación era algo completamente nuevo, para los dos.
Sin embargo, Sakura prontamente se repuso. Podía agradecer a ello, que tuviera a Touya sentado al otro lado, y que el muchacho se hubiera apurado a entablar conversación con ella.
-¿Así que Ierán te adoptó? –fue la pregunta con la que su hermano mayor decidió inciar aquella plática.
Sakura terminó de servir su plato con ensalada de frutas antes de responder.
-Entre ella y Ka-Shing. Aunque me parece muy curioso que haya sido justo después de mi desaparición, que ella decidiera apoyar a papá y mamá, y a ti también –le dijo por lo bajo, para que sus padres no los escucharan.
-¿Estás queriendo decir que Ierán fue quien te mandó secuestrar?
-Mira, no estoy queriendo echar las culpas, pero… -suspiró antes de continuar-. ¿Quién soy yo para mentirte? Me parece muy cruel que quiera hacerse la buena después de perjudicarnos así a todos. Bueno, a ustedes, ya que yo me acabo de enterar acerca de esto…
-Esa vieja loca… -Sakura dio un respingo al ver como Touya clavaba el cuchillo en la mesa. Pero ante las miradas de sus padres, se apuró a componerse-. No es nada, nada… -mintió prontamente, y volvió a concentrar su mirada en Sakura.
-Bueno, ya decía yo que Ierán gustaba de decir mentiras, pero nunca pensé que llegara a tal punto…
-¿A qué te refieres? –Sakura no pudo evitar desviar su mirada de su plato, y clavar sus ojos verdes en los castaños de su hermano.
-Bueno, cuando te secuestraron afuera del restaurante del Hotel Mikuni, supe que tenía que hacer algo. En ese entonces, no lo hice por ti, si soy sincero, lo hice por Syaoran.
-Descuida, lo entiendo…
-Bueno, como conozco a Ierán de casi toda la vida, fue fácil reconocer las placas del auto. Siempre usa la misma clave. Total, me dirigí a la mansión a preguntar sobre aquello. Claro que no le dije que presencié el secuestro. Así que ella se apuró a cambiar los hechos. Aquello se me hizo sospechar. Más cuando explicó por qué vivías en Ibusuki. Así que, ¿te escapaste?
-¿Y tú que hubieras hecho? No sé si estabas enterado, pero Ierán me había ofrecido como un cheque al portador, y me había arreglado un matrimonio por conveniencia.
-¿Matrimonio?
-Ajá, con Yukito –agregó como quien no quiere la cosa, mientras picaba un trozo de manzana y se lo llevaba a la boca. La masticó y tragó antes de continuar-. Fue por ello que me escapé. Llegué a Ibusuki y después conocí a Syaoran.
-Y entonces llegamos nosotros y la cagamos toda.
Sakura rio.
-Sí, algo así.
-Entonces, ¿la vida con Ierán fue un completo desastre?
-Totalmente.
-¿Y la vida con nuestros padres? Porque tengo entendido que ya no vives aquí…
-Bueno, la vida con ellos hubiera sido perfecta si hubiera ocurrido quince años atrás. Cuando aún fuera una niña y necesitara de alguien que me arrullara por las noches y me limpiara las lágrimas de la cara. Pero ahora, ya soy una mujer, Touya. No soy una hermanita pequeña. Puedo cuidarme yo sola.
-¿Eso fue lo que les dijiste?
-¿No fue lo que les dijiste tú también?
El muchacho se encogió de hombros, y no pudo evitar sonreír.
-¿Y bien? –preguntó mientras el también picaba algo de su plato, y se lo llevaba prontamente a la boca.
-¿Bien qué?
-¿Aún tienes planes con Syaoran? Porque si me dices que sí, aunque sea mi mejor amigo, necesitará que le dé una plática muy seria sobre cómo tratar a mi hermana menor y…
-Descuida –suspiró Sakura, aun intentando sonreír-. Ya te lo dije, no soy una niña pequeña. Además, no estoy segura de que Syaoran quiera regresar.
-¿Y tú? ¿Tú quieres?
Sakura no pudo evitar ponerse sonrosada. Agachó la mirada, y con voz temblorosa, dijo:
-No seas un mal hermano, pásame la miel…
Cuando terminaron con la ensalada, siguió la sopa de entrada, y posteriormente el plato fuerte, que resultó ser el pavo recién salido del horno. Al final, después de brindar con copas de vino tinto, llegó el postre, tiramisú de café, servido en pequeñas copas individuales. Y con esto, la cena llegó a su fin.
Del mismo modo, entre los seis, se las ingeniaron para levantar los restos de comida, guardarlos en el refrigerador, recoger los platos sucios, lavarlos, enjuagarlos, secarlos y guardarlos, y posteriormente, calentar agua en la cafetera, servir las tazas, el café, la leche y el azúcar, y llevar todo esto, en varias bandejas, hasta la sala, donde los esperaban calientitas mantas en los sillones, y un gran bowl de galletas con chispas de chocolate en la mesa.
Apenas llevaban un par de minutos, descansando en la sala, cubiertos con las cobijas, cuando Touya carraspeó y se puso de pie.
-Estoy muy cansado –se disculpó el muchacho musculoso, mientras dejaba su taza de café (medio vacía) en la mesa-, ha sido un viaje bastante largo. Creo que iré a dormir.
-Tendrás que compartir habitación con uno de los muchachos –le respondió su padre-. Para que no te sorprenda despertar con alguien dormido en el piso, junto a tu cama.
-No hay problema –respondió Touya, tranquilamente-. Mientras no me despierten, está bien.
-Ten dulces sueños –le dijo su madre, con lo que Touya le dio un beso en la frente. Al pasar junto a Sakura, le revolvió el cabello, haciendo que la muchacha emitiera un fuerte quejido, y sin decir nada más, salió de la sala.
Prontamente se escuchó como subía las escaleras, y finalmente, se encerraba en su habitación.
-Tú también deberías dormir, Syaoran –le dijo Nadeshiko, amablemente-. También ha sido un viaje largo para ti.
-Me encuentro bien, señora. No se preocupe –contestó el muchacho, bebiendo de su café. Parecía como si intentara ocupar el menor espacio posible.
-No me digas señora –respondió la madre de Sakura, intentando sonar ofendida-. Llámame Nadeshiko.
Syaoran no pudo evitar sonrojarse.
-Creo que yo también iré a dormir –anunció Yukito, quien ya había terminado con su café-. ¿Cómo nos acomodaremos para dormir?
-Bueno, uno de ustedes tendrá que dormir en el ático –respondió Fujitaka, mirando a Yukito y a Syaoran-. Es un poco oscuro, pero se duerme bien allí. No hace frío para nada, tiene la calefacción exactamente a un lado.
-A mí no me molesta –se apuró a decir Syaoran.
-Ni hablar –intervino Yukito, dejando su taza vacía en la mesa-. Eres el mejor amigo de Touya, así que será mejor que seas tú quien duerma en su habitación.
-¿Estás seguro?
-Por su puesto. Entonces… si me disculpan, me retiro.
-Te acompañaré –Fujitaka se puso de pie, e indicando a Yukito que lo siguiera, ambos salieron de la sala-. Tendremos que bajar primero un colchón y cobijas para Syaoran, y entonces podremos colocar el resto para que duermas tú…
Su voz se perdió escaleras arriba, con lo que en la sala solo quedaron Nadeshiko, Sakura y Syaoran.
-Ustedes aún son jóvenes y fuertes –dijo la madre de Sakura, dejando ella también su taza-, por lo que son capaces de quedarse despiertos hasta más tarde.
-¿Te irás a la cama ya, mamá? –preguntó Sakura. Nadeshiko le respondió con una sonrisa.
-No se desvelen mucho, ¿de acuerdo? –les dijo alegremente, con lo que Sakura y Syaoran se apuraron a negar. Dobló cuidadosamente las cobijas que ya nadie utilizaba, y después de desearles buenas noches, salió de la sala, y se dirigió a su habitación, en la segunda planta.
Ahora que Sakura y Syaoran se encontraban solos, y con el silencio total que se había quedado en el aire, no pudieron evitar el sentirse un poco incómodos. Ninguno se atrevía a ser el primero en hablar. Ni siquiera tenían el valor de mirarse a los ojos.
Finalmente, Sakura se levantó del sillón donde se encontraba sentada, juntó las tazas de café vacías en una de las bandejas, y con la voz temblando por el nerviosismo, dijo:
-Llevaré esto a la cocina…
-Te ayudaré –brincó Syaoran al momento, y sin esperar a que Sakura respondiera, tomó la bandeja que la muchacha estaba por levantar, y la llevó a la cocina, con paso veloz. Sakura lo siguió, sin poder contener la sonrisa que se dibujó en su rostro.
Repitieron el proceso de lavado y enjuagado, y cuando finalmente terminaron de realizar esa sencilla labor, se quedaron de pie, frente a frente, nuevamente sin saber qué decirse.
-Entonces… -dijo Syaoran, nerviosamente-. ¿Cómo son las cosas ahora que encontraste a tu familia?
-Va todo muy bien –respondió Sakura, intentando sonar animada-. Son personas muy amables, y realmente me quieren. No entiendo como Touya no puede visitarlos tan seguido, aunque debo reconocer que yo tampoco lo he hecho…
-Entonces, si no has estado aquí todo este año, ¿dónde estabas?
-En Ibusuki. Recuperé mi trabajo de cajera, y vivo allá. Estoy de visita con papá y mamá, por las vacaciones que me ha dado Clow.
-¿Y cómo está mi... digo, él? –Syaoran prefirió ahorrarse el detalle de que su antiguo jefe era en realidad su abuelo, y como la conversación estaba yendo mejor de lo que esperaba, jaló una silla, y se sentó en ella.
-Está bien –dijo Sakura, sonriente-. Podrá estar ya entrado en años, pero aún tiene energía. Pero no me has hablado de tu familia –y con esto, la muchacha se apuró a sentarse frente a su ex novio-. ¿Cómo van las cosas con Ierán, o con Mei-Lin?
-Bueno… -Syaoran no sabía cómo responder a aquello. No quería que Sakura supiera de lo que habían sido capaces de-. Mei-Lin era realmente enfadosa al principio, pero ahora está un poco más calmada.
-¿Y dónde está ahora? ¿Se ha quedado con Ierán en el hospital?
Syaoran no pudo evitar morderse el labio, antes de responder.
-Digamos que Ierán ya no está en el hospital. Aunque sí, Mei-Lin está con ella.
-¿Y dónde están? ¿En Tokio? ¿Por qué no has pasado navidad con ellas? Digo, no es que no me guste que estés aquí…
-No es eso –interrumpió el muchacho-. El accidente… Es decir, fue algo complicado. La condición de Ierán no era muy buena. Tuvimos que ir a Estados Unidos, al hospital donde la tenían internada, porque… Porque querían nuestro permiso para desconectarla.
Se creó un silencio total, que duró un par de minutos, hasta que Sakura finalmente habló.
-Quieres decir que… ¿Ierán murió?
Syaoran asintió lentamente.
-Mei-Lin es quien se está encargando del funeral. Será la próxima semana, que Touya y yo volvamos a Tokio.
-Entonces, eso te vuelve a ti…
-Legalmente, seré el dueño de la compañía hasta que firme los papeles, los cuales estarán listos una semana después del funeral, pero sí. Técnicamente ahora yo soy el dueño de Cheung Kong Holdings.
Sakura no supo que decir. ¿Mi más sentido pésame ante la muerte de tu madre, a la cual acabas de conocer y no tienes ni idea de quién era? O quizá, ¿felicidades por heredar la compañía, aunque los dos sabemos que es tuya porque no tenías otra opción?
La muchacha de ojos verdes prefirió ahorrarse estos comentarios incómodos, y sustituirlos por una pregunta.
-¿Y qué harás ahora?
-Bueno, no estoy muy seguro –respondió Syaoran, pensativo-. Primero debo reacomodar el concierto que quedó pendiente. Después, deberé asistir al funeral de Ierán, y a la lectura de su testamento. Y después de eso, firmar los derechos de la compañía, estableciéndome como el legítimo dueño. Aunque ahora que estará en mis manos, bien podría dársela a Mei-Lin, o venderla. Con la banda, bueno, ya había quedado claro que la dejaría apenas se cumpliera el año del contrato. Así que respecto a eso, no hay vuelta atrás.
-Entonces no tienes el futuro completamente planeado, ¿no?
-¿Alguna vez lo he tenido? –bromeó el muchacho, sin poder evitar sonreír. Sakura sintió su corazón acelerarse. Demonios, como extrañaba esa sonrisa-. Sabes que vivo día a día. Aunque ahora todo depende de si me quedo con la compañía, o simplemente la deshecho.
-¿Mi opinión cuenta en esto? –preguntó Sakura nerviosa. Syaoran la miró confundido.
-Cuenta más que la mía propia –le respondió seriamente-. Después de todo, tú estabas más preparada que yo para heredar este problema. De los dos, tú sabes más de negocios.
-Gracias por el cumplido, Syaoran –ambos sintieron una sensación de nerviosismo recorrerles la espalda, al escuchar a la muchacha decir aquel nombre-, aunque si soy honesta, nunca estuve realmente preparada para tomar aquel lugar. Sin embargo… Ambos conocemos a alguien que sí podría.
-¿Ambos?
-Yukito –dijo Sakura. Syaoran no pudo evitar hacer una mueca con los labios-. Mira, yo sé que Yukito no te cae del todo bien, después de todo, nos íbamos a casar. Pero tú sabes que eso fue cosa de Ierán, y en realidad nosotros no tenemos sentimientos el uno por el otro…
Sakura estaba por continuar con las explicaciones, pero se detuvo. Estaba segura de que Syaoran no quería escucharlas, y sinceramente, no eran necesarias. Carraspeó antes de cambiar el hilo de su monólogo.
-Yukito estudió toda su vida para convertirse en CEO. Sabe de economía, sabe de negocios. Si lo tomaras en consideración para ser tu asesor financiero, podrías seguir siendo dueño de Cheung Kong Holdings, pero no tendrías que estar presente cada vez que la compañía necesite al director para tomar alguna decisión. El podrá hacerse cargo de ello por ti, sin convertirse en el dueño de la empresa.
-Sakura, no estoy seguro de que sea una buena idea.
-¿Qué es lo peor que podría pasar? –continuó ella, como si no hubiera escuchado la intervención del muchacho-. ¿Qué te robe la compañía? No es como si la quisieras. ¿Qué la lleve a la quiebra? Tampoco es como si tu vida dependiera de ello.
-Sí, yo sé a lo que te refires, pero…
-Pero no te fías de él –volvió a arremeter ella-. Y no te culpo. Su tú estuvieras por casarte con alguien más, yo también me negaría a tener que ver cualquier cosa con ella. Pero me gustaría que pensaras más acerca de lo que te he dicho.
-De acuerdo –dijo finalmente Syaoran, sin poder evitar fruncir el entrecejo-. Lo pensaré. Pero no te prometo nada.
-Con eso basta. Ahora –y tomándose su tiempo, Sakura se levantó de la silla y la acomodó en su lugar-, ya es bastante tarde, y muero de cansancio. Iré a dormir. ¿Te veo mañana?
-Antes de ello… ¿puedo hacerte una pregunta? –Syaoran sonaba un poco nervioso. Sakura lo miró confundida.
-Claro –dijo mientras se encogía de hombros-. Pregunta lo que quieras.
-¿Estás saliendo con alguien? –soltó Syaoran sin nada de tacto. Sakura sintió que se le pintaban las mejillas de un rojo tomate.
-N… no, para nada. Y… ¿Y tú?
-No, yo tampoco estoy viendo a nadie –respondió el muchacho.
-En ese caso… Yo me voy… Ya a la cama… Y…
-Hasta mañana –dijo Sayoran, sonriente.
-Hasta mañana… -repitió Sakura, aún sonrojada, y con esto, finalmente salió de la cocina, y se perdió escaleras arriba, dejando al muchacho solo, rodeado por sus pensamientos.
El resto de la semana, transcurrió tranquilo y animado. Aunque seguían comiendo apretados en el pequeño comedor, el haber hablado de sus vidas, había provocado que Sakura y Syaoran se trataran con más confianza, transpirando felicidad, y contagiándola hacia los demás.
Tuvieron que esperar hasta la noche del martes, para que Touya y Syaoran pudieran comprar sus regalos, y el resto de la familia pudiera incluir los de Syaoran a los ya apilados debajo del árbol. Sakura, aprovechó que el muchacho de cabellos castaños estaba en constante contacto con Mei-Lin, por lo que también compró algo para su hermana.
Una blanca nevada cayó la noche del martes, por lo que los muchachos (e inclusive los adultos) se entretuvieron todo el miércoles con una guerra de bolas de nieve, haciendo muñecos, y tumbándose en el suelo, para hacer ángeles de nieve. El jueves, acudieron al templo, a disfrutar del festival que había llegado a la ciudad, subiéndose a todos los juegos mecánicos que pudieron, además de comprar chucherías y competir en los juegos de tiro y carreras.
Sin embargo, el viernes la fiesta tuvo que llegar a su fin. Touya y Syaoran debían regresar a Tokio, el primero para establecer una nueva fecha para el concierto final de la gira, y el segundo, para terminar con los preparativos del funeral de su madre. Sakura por su parte, debía regresar a Ibusuki, pues sus vacaciones habían terminado. Finalmente, Yukito debía regresar a casa, a seguir cuidando del negocio familiar.
Así que aquella mañana, los cuatro muchachos terminaron su delicioso desayuno (arroz, sopa de miso, pescado al grill y verduras hervidas), y sujetando sus maletas, se dirigieron al recibidor de la casa, donde se despidieron de Fujitaka y Nadeshiko, agradeciendo por la hospitalidad, y esperando volver lo más pronto posible.
Los cuatro muchachos emprendieron la caminata desde casa de la familia Kinomoto, hasta la estación del tren. Compraron sus boletos, y como aún tenían una media hora antes de que los trenes comenzaran a salir, se sentaron en la sala de espera, algo nerviosos.
Como Yukito y Touya resultaron hacerse buenos amigos durante aquella semana, los dos muchachos comenzaron una plática entre ellos, prácticamente ignorando al resto. Sakura y Syaoran, por su parte, se encontraban temerosos de decirse algo. Después de todo, tomaban trenes en direcciones diferentes, y no estaban seguros de cuándo volverían a verse. Si es que esto llegaba a ocurrir.
-¿Vuelves a Ibusuki entonces? –preguntó finalmente Syaoran. Sakura asintió velozmente.
-Estaré allí durante mucho tiempo. Puedes visitarme cuando quieras.
-¿y por qué no me visitas tú a mí?
-Sabes que no me gusta la ciudad... Y de hecho, pensaba que a tí tampoco.
Syaoran se encogió de hombros.
-No me queda otra opción -respondió-. Si voy a hacerme cargo de la compañía, primero tendré que demostrar que realmente valgo para ello. Un curso intensivo en el que no veré la luz del sol por estar estudiando 24/7 es lo que me espera... -su tono de voz hacía que sonara como si estuviera contando un chiste, por lo que Sakura rio por lo bajo.
-Bueno, yo ya te dije qué es lo que puedes hacer -dijo ella, haciendo que la sonrisa se borrara del rostro del muchacho de ojos avellana.
-Mira Sakura, no estoy muy seguro...
-Dijiste que lo pensarías -se adelantó ella-. Podría ser la respuesta a todos tus problemas.
Syaoran estaba por responder, cuando los altavoces anunciaron que los trenes estaban por salir.
-¿Lista, Sakura? –preguntó Yukito, caballerosamente. Syaoran puso los ojos en blanco. Realmente seguía sin comprender por qué todo mundo pensaba que el muchacho de cabellos grises era tan buena persona. Para él, simplemente era una patada en el trasero.
Pero no dijo nada, y al igual que Sakura, se puso de pie, tomó sus maletas, y los cuatro jóvenes se dirigieron al andén.
Terminaron de despedirse, prometiéndose que volverían a verse pronto, y de este modo, Syaoran, Yukito y Touya, subieron a un vagón con destino a Tokio, mientras que Sakura subía a otro, con destino a Ibusuki.
El viaje fue demasiado tranquilo, rozando el aburrimiento. El tren hizo las acostumbradas paradas en las diferentes estaciones a las que iba llegando, y en la noche, la muchacha finalmente se apeó del vagón, en la pequeña y un poco fría estación de Ibusuki.
Tuvo que llamar a un taxi para poder llegar a casa, y apenas puso un pie en esta, dejó caer su maleta (un poco más pesada debido a todos los regalos de navidad que había traído consigo) en el sillón de la pequeña salita, y subió las escaleras con paso lento y cansado. El viaje había sido largo. Entró a su habitación en el momento justo en que un mensaje llegaba a su celular. Lo abrió y leyó prontamente. Se trataba de Yukito, quien simplemente le anunciaba que habían llegado los tres muchachos, con bien, a Tokio. Sakura escribió un pequeño mensaje por respuesta, diciendo que ella también había llegado sin ningún problema. Y así, exhausta por el viaje, Sakura se dejó caer en la cama, y apenas un par de minutos después, se quedó profundamente dormida.
A la mañana siguiente, el mensaje que la despertó, fue de su hermana, Mei-Lin. La muchacha de largo cabello negro le agradecía por el regalo de navidad, y le pedía que, aunque Ierán fuera una bruja y una mentirosa, por favor la acompañara en el funeral, para estar juntas, volverse a ver, y platicar. Después de todo, durante aquel año que Sakura había vivido en Ibusuki, apenas y se mandaban unos cuantos mensajes, o se llamaban de vez en cuando.
Sin embargo, Sakura le respondió que ella no tenía nada que estar haciendo allí, y que sería mejor que Mei-Lin fuera a visitarla a su casita de playa, cuando finalmente pudiera hacer de su vida, lo que quisiera.
El resto de la semana, siguió la rutina de siempre. Despertar, desayunar, mirar películas en la televisión de la salita, trabajar en el restaurante de Clow Reed, regresar de noche a la casa, directamente a dormir, y repetir este proceso, al día siguiente.
Año nuevo llegó y pasó con una velocidad que a Sakura asustó. Siempre había gustado de la celebración de año nuevo. La pasaba siempre con Mei-Lin, y a ambas muchachas les encantaba quedarse despiertas toda la noche, esperando por el conteo regresivo, darse los primeros abrazos, y disfrutar de los fuegos artificiales, agradeciendo que habían pasado otros 365 días juntas. Sin embargo, ese año Sakura estaba tan perdida en sus pensamientos, que no se dio cuenta de que la fecha había pasado ya, hasta una semana después.
Y todo porque, aquella noche de domingo, había decidido mejor ver las noticias en vez de una película.
El frío seguía siendo una constante, después de todo se estaba a mediados de Enero, por lo que la muchacha de ojos verdes tomó una cálida y pesada cobija de su habitación, y se envolvió en ella, hecha bolita, mientras se sentaba en el sillón de la sala, y miraba la televisión, sin ver mucho en realidad.
Los presentadores del noticiero habían entrado de lleno a las noticias más importantes de aquel día, las cuales incluían movimientos en la economía del país, un ligero roce con Korea, y la visita del presidente Obama. Después apareció el presentador del clima, quien anunció que era muy probable que aquel año se presentaran unas ligeras nevadas. Cuando terminó, fue el turno del presentador de los deportes, quien estuvo cerca de veinte minutos hablando sobre el mundial de futbol, hasta que finalmente fue interrumpido por la presentadora de los espectáculos.
-La semana pasada finalmente se llevó a cabo el concierto de clausura de The Card Captors –comenzó a explicar. Se veía emocionada, aunque al mismo tiempo abatida-. Un concierto increíble, que compensa con creces las dos semanas que tuvimos que esperar debido a la cancelación. Apenas ayer, The Card Captors ha dado su última rueda de prensa, en la que oficialmente han anunciado el retiro de Syaoran, quien ha tomado ya el mando de la compañía Cheung Kong Holdings. También, Takashi ha anunciado que se unirá a XXX Holic, y Eriol ha dicho que se lanzará en solitario. Les deseamos la mejor de la suerte a los tres.
-Es cierto, apenas ayer en la tarde, los directivos de Cheung Kong Holdings salieron de una extensa reunión en el edificio principal –intervino el presentador de economía-. Se pudo ver al joven Sumeragi entrar y salir junto con ellos. Se ve realmente joven a comparación de los demás directivos. Me pregunto si estará a la altura.
-Supongo que aún tiene mucho que aprender. Por ello me sorprende que hayan decidido nombrarlo director sin pedirle primero que aprobara algún curso…
-Bueno, eso no es lo único raro –continuó el presentador-. Hoy en la mañana, volvió a ocurrirse una junta en Cheung Kong. Nadie sabe el motivo de esta reunión. Fue un poco extensa, comparada con la de ayer, y al salir, ninguno quiso informar nada, hasta que la portavoz del conglomerado, Yuuko Ichihara, anunció que se llevará a cabo una rueda de prensa, la próxima semana.
-Me pregunto que tendrá que anunciar la compañía… -dijo la presentadora principal, y con esto, los diferentes presentadores, iniciaron un debate.
Sakura sintió que ya había escuchado demasiado, y además, se encontraba un poco cansada, por lo que apagó el televisor y se levantó del sillón. Hizo un gran bulto con la cobija, y estaba por subir con ella, escaleras arriba para llegar a su habitación, cuando escuchó que tocaban a la puerta de la casa.
Se detuvo en seco, extrañada. ¿Quién llamaba a una casita perdida en casi la mitad de la nada, un domingo, a las nueve de la noche?
Se preguntó si debería abrir. Dejó la cobija en el sillón, y lentamente, salió de la sala. Como la puerta no tenía ningún vitral, puesto que era de madera sólida, no podía ver siquiera la silueta de la persona que pudiera estar al otro lado.
Volvieron a tocar.
Se mordió el labio. Una parte de su cabeza le decía que saliera corriendo por la parte de atrás de la casa, pero sabía que no podría llegar al auto antes de que aquella persona (o personas) la vieran y le dieran alcance.
Así que, desconfiando de su decisión, caminó hacia la puerta, y sujetó el pomo, con mano temblorosa.
Sintió un escalofrío recorrer toda su espalda cuando volvieron a tocar, esta vez más fuerte.
Suspirando profundamente, giró el pomo, y abrió la puerta de par en par.
Por poco se desmaya del susto.
Al otro lado de la puerta, envuelto en escarcha, con una sudadera color gris, que combinaban con sus pantalones de mezclilla clara, se encontraba aquel muchacho de revuelto cabello castaño claro, y ojos avellana. Con las mejillas rosadas debido al frío, los labios un poco pálidos y frotándose las manos para entrar en calor. Respiraba y de su boca salía aquel vaho de humo, al mismo tiempo que sonreía, nervioso. Sakura tuvo que llevarse las manos a los labios para no gritar. No podía creer que estuviera allí. Después de tanto tiempo, verlo llegar como si no se hubiera marchado nunca. Sintió sus piernas temblar, y para no caer, sabía que sólo podía hacer una cosa.
Sin perder un segundo, se lanzó sobre él, y rodeó su cuello con sus brazos. El muchacho respondió al gesto tomándola de la cintura, y levantándola del suelo.
-¡Syaoran! –gritó Sakura, intentando contener las lágrimas de felicidad, y separándose un poco para mirar al joven directamente a los ojos. No fuera que se tratara todo de una simple ilusión-. ¡Volviste!
-Estoy en casa –anunció el muchacho, y sin perder aquella oportunidad de oro que se le había presentado, acercó sus labios a los de ella, y dejó que ambos se fundieran en un tierno y cálido beso.
Finalmente estaban juntos, y sin necesidad de palabras, ambos sabían que esta vez, sería para siempre.
FIN
!Hola a todos, mis queridos lectores y lectoras! Este es, como pudieron ver, el final de este fic :'). Me da mucho gusto poder haber compartido esta exéntrica historia con ustedes, que me hayan perdonado los reviews que no pude responder, y que me tuvieran la paciencia cada vez que hacía la up un poco más tarde de lo habitual. Al final, el capi no quedó tan largo como yo esperaba que fuera. Siento que quedé un poco corta con la conversación de Sakura y Touya, además de que seguro esperaban un roce aún más romántico entre Sakura y Syaoran, en casa de los Kinomoto. También, una disculpa por no haber agregado a Mei-Lin al grupo de personas que llegan a pasar navidad en casa de los Kinomoto, pero me pareció que su presencia no era necesaria y en realidad su personalidad inclusive podría entorpecer el momento que Sakura y Syaoran han tenido. Aún queda la duda de qué ha sido con Yukito, es decir, porqué Syaoran ha dejado Tokio atrás y se ha ido a Ibusuki, entre otros cuantos cabos sueltos, que con gusto me gustaría atar.
Y por ello... he decidido escribir un epílogo de esta historia :D! Estoy trabajando arduamente en él, para que esté a la altura de todo el fic. Para no hacerlos esperar demasiado, estará listo para el viernes, como si se tratase de una up habitual. Espero que este capi extra les ayude a comprender qué fue lo que pasó con personajes que seguramente esperaban volver a ver (como Tomoyo o Mei-Lin). Y aquellos detalles de tiempo y continuidad que se me hayan podido haber pasado por alto. Intentaré que también sea un poco extenso, para que valga la pena y realmente explique qué fue lo que pasó con todos nuestros personajes =)
Sin más que decirles por el momento (sé que había algo importante, pero no logro recordar qué era), me despido no sin antes agradecerles el apoyo hacia esta historia. Esperen también el viernes una lista de agradecimientos para aquellos lectores que han sido el apoyo más fuerte durante estos últimos meses. Muchas gracias a los que están ya esperando a que escriba otra historia (que según yo estoy ya trabajando en ella, pero no le veo mucho avance u_u). Saben que a veces mi cabezota me juega la mala pasada de dejarme en blanco y sin inspiración. Quizá me demore unos cuantos meses, pero prometo regresar. Saben que no puedo vivir sin ustedes ;). Les mando un beso, un abrazo, y como siempre, sigan bellos! Nos vemos el viernes para, ahora sí, terminar con este fic ^^.
