Mensajes

- ... Supongo que no me quieres tanto como para confiar en mí después de todo.

Fue lo último que se oyó antes del sonido de la puerta. Un silencio frío y amargo se posó sobre la sala, como una niebla de puro resentimiento.

- Te has dejado el móvil, imbécil.

Fue lo único que murmuró el moreno, sentado en el borde de la cama, sin intención alguna de levantarse, cuando el aparato comenzó a vibrar como un loco, de forma que hasta cayó de la mesa. El de ojos verdes lo miró y harto del sonido incesante, lo recogió.

La pantalla del aparato se había rajado de un lado a otro por el golpe, pero le daba absolutamente igual. Alguien había estado mandándole montones de mensajes al castaño, que no había respondido. Quien los mandaba era Mayaka y Houtarou no pudo evitar abrirlos para ver de qué demonios trataban.

"Se lo has preguntado ya?"

"Qué ha dicho?"

"Venga no me tengas en ascuas!"

"Dime que no te has echado atrás otra vez"

Houtarou hizo una mueca de asco, y estaba a punto de tirar el móvil directamente al cubo de la basura cuando vibró otra vez. Pero esta vez el remitente era Chitanda... y el contenido del mensaje hizo que se le helase la sangre.

"Mayaka está empezando a ponerse nerviosa, ¡contéstala! ¿Cuándo es la fecha de la boda? :D"

No podía ser cierto. Se negaba a que fuese cierto. Su cuerpo se quedó congelado en la misma pose, mirando la forma en que la raja del teléfono atravesaba la cara sonriente del emoticono.

El aparato siguió vibrando, y, incapaz de moverse, solo pudo mirar como los mensajes pasaban por la pantalla.

"Va todo bien?"

No, Mayaka, no va bien.

"Dime algo estoy empezando a preocuparme"

¿Qué quieres que diga? He destrozado a mi novio por dentro porque soy lo peor y tengo celos de ti.
A pesar de estar pensando las respuestas que podría darle, no tecleó nada, no respondió.

Finalmente, sus pies parecieron responder y se acercó a la mesa, dejando el aparato encima. Y acto seguido salió corriendo, sí, corriendo lo más que podía para encontrar a Satoshi. Conservar energía era lo último que le importaba en ese momento

Llamó su nombre a gritos por toda la ciudad, pero nadie contestó.

Cuando ya estaba a punto de rendirse, de volver y llamar a las chicas para que le ayudasen, vio una figura familiar en la distancia. Debería haber corrido hasta él, pero se acercó despacio, con miedo. El castaño estaba sentado en el puente que hacía tantos años solían cruzar todos los días para ir a clase.

Satoshi no se giró hacia él y Houtarou ni siquiera podía estar seguro de que supiese que estaba ahí. El castaño se sacó una pequeña caja del bolsillo de la cazadora, y el corazón del de ojos verdes se saltó un latido.

- No le merezco, no sé siquiera por qué lo he intentado.

La mano del más bajo se alzó con la caja en ella.

- No debería amar a alguien inalcanzable.

Un par de segundos fueron lo que tardó el moreno en frenar el brazo de Satoshi, antes de que pudiera tirar el paquete al río.

- Sí que quiero, Satoshi.

El castaño se giró, confuso y sobresaltado por el agarre. Y aún furioso y dolido con el otro.

- ¿¡El qué!?
- Casarme contigo. Lo siento mucho.

El más alto engulló al otro en un abrazo apretado, murmurando disculpas una y otra vez a pesar de no ser su estilo. El castaño se sintió sobrecogido, correspondiendo con un leve agarre hasta que fue capaz de asimilarlo, momento en que se aferró a él con fuerza, enterrando la cabeza en su pecho.

- Y siento decirte que tu móvil se ha caído de la mesa y se ha roto.
- Que le den al móvil.