No hay descanso
No, definitivamente no era fácil criar a un hijo, sobre todo en el comienzo.
La Sra. Lovett no daba para alimentar al bebé constantemente, y había olvidado lo que significaba "descansar". Después de aquel primer sueño cuando le había puesto nombre al bebé no había vuelto a cerrar los ojos. Llantos, quejidos y camas mojadas ocupaban su mente a tiempo completo. Eso sin contar que tenía que preparar la comida de los otros dos hombres y ocuparse de la casa. Menos mal que el pobre Toby le ayudaba en lo que podía. No sabría que habría hecho sin él. Y suerte que el sueldo del Sr. Todd era suficiente para sostenerlos. Tener que abrir la panadería habría sido un infierno.
Habían pasado ya tres meses y la Sra. Lovett se estaba acostumbrando a su nuevo y agotador estilo de vida. Desde que se vio totalmente curada de sus heridas del parto, se había vuelto una mujer más activa incluso que antes y no desperdiciaba ni un solo segundo del día.
En cambio, la vida del Sr. Todd parecía transcurrir perfectamente normal, sin sobresaltos ni problemas. Tras ocuparse de rescatar la cuna de Johanna del fondo de su barbería y algunas otras cosas más que encontró para bebés, se podría decir que se había desentendido completamente del niño. Aunque, siendo padre era lo normal. Bastante tenía él con traer dinero a casa como para además lidiar con un mocoso llorón. Para eso estaba su mujer, ¿no? Aunque, si hay que añadirse méritos, al principio había intentado acercarse, pera cada vez que cambiaba a unos brazos que no era los de su madre rompía a llorar angustiado.
Aquella noche no fue diferente a las demás. Al entrar en la habitación, su hijo mamaba en silencio. Un maravilloso silencio en el que se desvistió y se tumbó en su lado de la cama.
-Buenas noches, tesoro –un beso de su mujer en la mejilla al cerrar los ojos sumiéndose en un momentáneo paraíso de tranquilidad.
Fue en el instante en el que el sueño se apoderó de él cuando un familiar sollozo llegó hasta sus oídos.
-Agg –gruñó escondiendo la cabeza bajo la almohada tratando de huir de él. ¡Qué inoportuno!
-Shhh… Calma, Charles… Mi amor… -la Sra. Lovett se volvía a levantar de la cama. El barbero dudaba que le hubiese dado tiempo de reposar siquiera la cabeza. Su dulce voz trataba de aplacar a su bebé acompañándolo con el vaivén de mecer la cuna-Duerme, cariño… -comenzó a tararear una suave nana.
-No callará hagas lo que hagas –gruñó pesimista y de mal fu saliendo de su refugio- Su tortuoso llanto parece no tener nunca fin. Podrías dormirte un rato –dirigió eso último al pequeño, un poco mosqueado.
-Vamos, no te alteres tú también. Y baja la voz. ¡Cómo pretendes que se duerma si no paras de chillar? –le reprendió amablemente.
El Sr. Todd no podía entender muchas cosas de su mujer, pero una de ellas era como podía continuar despierta y alegre un días tras otro. Debía admitir que su gran paciencia le sorprendía.
-Ya, ya –refunfuñó volviendo a cerrar los ojos- Algunos necesitamos descansar, ¿sabes? –sintió la mano de ella acariciar su rostro y se calmó como si fuera una mansa fiera. La Sra. Lovett sabía como domarle, y Charles como sacarle de quicio.
-¡Maldita sea! ¿Es que no va a callar nunca? –se incorporó de la cama de un salto. Era pasada la media noche y seguía sin conseguir conciliar el sueño- ¡Llevo tres meses oyéndole sin parar un solo segundo durante la noche! ¿Acaso los bebés no duermen? –había estallado y cuando eso sucedía, ni las caricias de la panadera conseguían aplacarle.
-Bueno, cielo, antes ha dormido unos cinco minutos y… -empezó ella a disculparle.
-¡Cinco minutos no son suficientes! –apartó las sábanas de un tirón y rodeó la cama inclinándose sobre ella amenazadoramente- Dile que se calle YA –susurró muy bajito con ojos de demente. Al fin de cuentas, lo que era.
Se dio la vuelta y se fue de la habitación cerrando con un fuerte portazo que hizo vibrar las paredes.
La Sra. Lovett se quedó paralizada en el sitio, asustada. Hacía tiempo que no le veía tan enfadado. Sus furiosas y frías palabras se habían visto acompañadas de violentos movimientos que le habían hecho salir de la habitación de aquella manera.
Abrió y cerró la boca varias veces, como queriendo decir algo. Pero, ¿qué? No había nada que hablar, nada que ella pudiese hacer y no hubiese intentado.
Charles seguía llorando en su cuna como si nada hubiese pasado, buscando su completa y exclusiva atención.
Suspiró tomándole en brazos de nuevo.
Aunque lo ocultase, ella también estaba muy cansada, pero ahora tocaba velar por otro y a eso se dedicó el resto de la noche
