¿Qué hora era? A quién le importa. Era navidad. Jake bostezó y buscó a Dirk con somnolencia. Él dormía a su lado, tranquilo como un ángel, siendo su fuente de calor en una mañana particularmente helada. Y claro, estaba desnudo.

Se deshizo del abrazo con la suavidad de mil plumas de seda, con tal de no despertarlo. Podría prepararle el desayuno, pensó mientras se vestía. Eran las cuatro de la tarde y se sentía agotado igual, pero estaba feliz de que todo hubiera salido... así, como salió. Perfecto, también. Todo era perfecto esa mañana.

Silbó en voz baja esperando que el agua hirviera, preparando un café y un té, bien calentitos para combatir el clima de mierda. Bah, siempre había querido pasar una fría y blanca navidad, como en las películas. Puso ambas tazas en una bandeja, pero nunca llegó al cuarto. Algo le llamó la atención.

De pronto entró en pánico. ¿Qué era eso? Sí, un papel. Común y corriente. Un papel que estaba seguro de no haber visto, cosa extraña estando en el medio de la mesa escrito con letras bien grandes. Letras que no eran de Dirk, y obviamente, no eran suyas. Está bien, Jake no es de las personas más atentas, pero ese papel llamaba la atención. Y de haberlo pasado por alto, de igual manera, ¿De quién era? La caligrafía de Dirk era más redondeada y prolija, esta letra no era así. La nota decía: "Terraza. Ahora".

Al entrar a la habitación, olvidó lo de la nota en cuanto Dirk volvió a ocupar su cabeza. Estaba despierto, terminando de acomodarse un sweater color crema. Era la primera vez que lo veía en ese tono. Le sonrió con dulzura y le entregó la taza.

― ¿Té? ―preguntó Dirk con mala cara, refregándose un ojo.

― Ops ―cambió las tazas, café para Dirk.

― Mmh.

Jake le robó un beso de buenos días, por más que a Dirk no le gustaran las mañanas, le iba a poner buena cara al día, por los dos. Pero sorprendentemente, él bajó la cabeza y sonrió. Después sopló su café.

― ¿Dirk?

― ¿Qué? ―contestó al instante, a la vez que ese par de orbes naranjas lo escrutaban con atención. Qué lindos ojos.

― Hay una nota en el comedor, no es mi letra ni la tuya. Tampoco es de las chicas.

― ¿Una nota? ―Dirk frunció el ceño.

― Dice "nosequé strife" o algo así.

La palabra pareció activar algún interruptor dentro de él, porque dejó la taza en el suelo, tomó sus anteojos oscuros y en un segundo oyó el ruido de la puerta. Ni siquiera tuvo tiempo de preguntarle qué carajos había sido eso, así que lo siguió.

Dirk subía las escaleras con apuro. Pasó por una puertita que le prohibía el paso, pero él lo ignoró completamente.

― ¿Dirk?

Pero no le hizo caso.

Salieron a la azotea del edificio. Había alguien sentado en el borde, y cuando levantó la vista, Jake supo quién era sin conocerlo. Tenía un traje rojo y negro, grandes anteojos negros y el cabello rubio claro... como el de Dirk. Era su hermano. ¿Quién más, sino? Eso explicaba por qué había dejado una nota adentro de la casa, probablemente tenía llave. Oh, Jane estaría orgulloso de él por haber resuelto este misterio.

― Hey ―dijo Dirk.

― Bro ―contestó su hermano.

― Eh... él es Jake ―lo presentó Dirk― mi... novio. Jake, Dave, mi hermano.

A la mierda todo, ¡Lo había dicho! Novio. Ay. Sonrió como un idiota y no reaccionó hasta que Dirk se sentó al lado de su hermano, Dave.

Era una mañana extraña. Llena de acontecimientos inesperados. Tampoco esperaba los sentimientos que tenía, con los que tenía que lidiar. Por un lado, esa palabra hermosa, ese tono especial que le dio a la frase monótona al decirlo, aunque con solo decirlo le bastaba. Y lo presentó de entrada, como si quisiera dejarlo bien claro el tipo de relación que tenían. Pero... por otro lado, estaba nervioso. Le gustaría todo ese rollo de que la familia de Dirk lo aceptara y esa fantasía de ser parte de la familia y que también fueran como amigos y eso. No obstante, algo le decía que no era tan sencillo. La rapidez con la que Dirk había acudido y su contrariedad al hablarle y al aparentar que no le importaba era demasiado evidente para Jake. Sabía que era complicado.

Jake tomó asiento al lado de su novio y quiso decirle algo a Dave, porque a pesar de todo, no todos los días se conoce al creador de Sweet Bro and Hella Jeff.

― ¿Eres el creador de Sweet Bro and Hella Jeff, no? ―inquirió Jake, con la emoción por sobre la situación.

― Sí.

― ¡Eres genial! ―exclamó sin poder evitarlo.

― Sí.

Dirk le dio un codazo y Dave le hizo un gesto de "¿Qué?".

― Deberías pasar a ver a Rose. Ella parecía un poco decepcionada de que no estuvieras en navidad ―reprochó Dirk.

― Es por donde pasé primero, y ella me dijo que tú estarías... ocupado. Por eso dejé la nota.

― Como en los viejos tiempos.

Cuando las personas solían decir "como en los viejos tiempos", había un sentimiento de nostalgia, de un buen recuerdo de la niñez. En la voz de Dirk había un dejo de resentido sarcasmo que lo sorprendió. Dirk no parecía contento. No podía saber lo que estaba pensando, pero estaba muy serio, mirando hacia abajo. Jake siguió su mirada y lo golpeó el vértigo. No se movió. Le gustaba el vértigo.

Pero había algo que nunca le había gustado del todo. El frío. Mucho menos cuando no tienes abrigo. ¡Se estaba congelando! Cada respiración era un humito saliendo de su boca y un gramo de calor menos en su cuerpo. Aunque el calor no se midiera en gramos. Lo que sea. Se abrazó y se frotó los brazos para conservar ese poquito de calor.

Se preguntó si Dirk tendría frío. No quería que se resfriara. Pero él no estaba prestándole atención al clima, su vista seguía perdida en las alturas.

― Estoy de paso ―dijo Dave― y quería ofrecerte...

― Dije que no ―Dirk sonó más frío que la gélida corriente de aire.

El aire era tenso, lo suficiente como para Jake se diera cuenta de ello. Se sintió de sobra, así que solo se limitó a mirar para otro lado y a sufrir del frío en silencio. Y como si Dave compartiera su opinión en esto, dijo:

― ¿Podemos... hablar en privado? ―sugirió.

Dirk manifestó su molestia y antes de que dijera algo, Jake se puso de pie. Les sonrió.

― No pasa nada. Igual iba a ir por un abrigo, ¿Quieres que te traiga uno? ―le ofreció a Dirk, quien negó con la cabeza.

― Ve a casa, volveremos en un rato.

Jake asintió.

Hogar, dulce (¡Y cálido!) hogar. Hogar se había vuelto todo lo referente a Dirk, pero ahora, nada era más acogedor y placentero que la temperatura a estufa del departamento. Recalentó su té y se sentó en la cama dispuesto a saludar a sus amigas, pero ellas no estaban conectadas. Ah, mejor que durmieran. O que se estuvieran divirtiendo.

Estaba preocupado por su novio. Novio, novio, novio. No se iba a cansar nunca de esa palabra. Pero hey, la preocupación era real. Todos esos líos de familia solo los conocía por las películas. Jake no había tenido problemas familiares, a menos que perder lo último que quedaba de tu familia cuente como uno. Por lo tanto, no podía hacer más que brindar un silencio apoyo, o consuelo, lo que sea que Dirk necesitara.

Se levantó y tomó en sus manos el osito de peluche que recibió para navidad. Cada vez que presionaba la panza, le pedía contraseña. ¿Cuál podría ser? Entre sorbos, intentó varias cosas, pero siempre respondía con un pitido molesto, y volvía a oprimir la panza peluda y salía otra vez la voz diciendo "contraseña". Lo intentó hasta que se frustró, se terminó el té y se acostó hasta quedarse semidormido.

Abrió los ojos cuando oyó la puerta otra vez y fue a recibir a los hermanos Striders. Pero solo había uno.

― ¿Dirk? ¿Está todo bien?

No parecía que estuviera bien. Se veía amargado.

― Sí...

― ¿Seguro?

Dirk suspiró.

― Él es todo un problema para mí.

Jake no podía entenderlos, realmente no podía. Era como si Dirk lo odiara, o por lo menos, le guardaba un rencor más grande del que había supuesto. Pero, al mismo tiempo, ni bien escuchó algo referido a su hermano corrió a buscarlo. ¿Eso significaba que en el fondo lo quería mucho? ¿Qué lo extrañaba? ¿O no? No, no lo entendía. Para Jake no había punto medio, o quieres u odias a una persona. Nunca comprendió a las personas que podían albergar ambos sentimientos a la vez.

― ¿Qué quiere?

― ¿Recomponer nuestra relación...? Todavía no lo sé ―murmuró, apoyándose contra la pared― ¿Por qué ahora? ―preguntó más para sí―. Quiere... insiste... en que lo acompañe a Nueva York. De verdad quiere que vaya, porque nunca vino especialmente para verme.

― ¿Tú quieres ir?

― No lo sé.

Sí, quería lo mejor para Dirk. Eso siempre. Pero una de las últimas cosas que deseaba era que se fuera. No ahora, no en este momento de su vida. Eso significaba mucho para Jake, por ejemplo, significaba que tenía que regresar a su casa, su verdadera casa, y aprender a convivir con lo que había pasado. No quería convivir con lo pasado. Prefería fingir que nada ocurrió y quedarse allí, donde tenía a Dirk y a Roxy cerca. También significaba que estando en la cúspide de un enamoramiento, su primer enamoramiento, él tendría que irse.

Pero no era decisión suya. Se sentiría muy mal si Dirk se quedaba solo por él, mal pero bien. No, mal pero bien no era la sensación. Se sentiría bien, condenadamente bien que Dirk se quedara con él, junto con el sentimiento de culpa que vendría pegado a su egoísmo.

Así que esperaba a que simplemente Dirk no quisiera ir por sus propias razones.

― ¿Y qué vas a hacer? Yo no entiendo muy bien lo que pasa entre ustedes ―confesó.

― Quiero ir, siempre quise ir. Pero siento que va a ser igual que las otras veces, donde Dave solo está alrededor, pero no está conmigo. No sé si lo entiendes.

― No mucho, la verdad. Haz lo que tengas que hacer ―dijo con resignación.

― Lo pensaré.

Dirk tenía esa máscara de "me importa una mierda", pero Jake dudaba que realmente se sintiera así. Estaba un poco excluido de todo este asunto familiar y no sabía cómo ayudar, ni siquiera había pasado por algo similar como para darle un consejo. No sabía cómo apoyarlo.

― ¿Quieres desayunar o algo? ―Realmente no sabía qué decirle.

― Estamos más cerca de cenar que de desayunar ―dijo Dirk, para después titubear―. Aunque... No, nada. No tengo hambre.

― ¿De verdad?

― Sí.

Dirk se sentó en la cama y Jake lo abrazó, una torpe demostración de afecto para hacerlo sentir mejor. Si es que se sentía mal. No estaba seguro.

En sus brazos, él estaba helado. Lo apretujó más y le dio un beso en la mejilla. Si se resfría, lo mato, pensó cariñosamente. Dirk buscó sus labios y lo recibió con alegría. Terminaron, como era de esperarse, acostados en la cama tratando de darse calor el uno al otro. Acarició las mejillas pecosas y pálidas, sintiéndolas más calientes ahora que antes.

― ¿Sigues teniendo frío? ―preguntó.

Dirk lo miró, desde arriba, y a pesar de que tenía los anteojos oscuros, podía ver sus ojos aturdidos y embobados. Sus ojos lindos. Sus ojos que lucieron enojados de un momento para el otro.

― Tengo calor.

No, enojados no. Ese no era el adjetivo. Demandantes, Dirk tenía calor y del calor de anoche. Ese calor. Eso sí podía entenderlo. Le sonrió atrevidamente, buscando las palabras justas para provocarlo, especialmente porque Dirk no parecía tener paciencia para que lo provocaran, mucho menos hoy.

Pero varios sonidos les impidieron continuar. El tintineo de las llaves, la puerta cerrarse, la charla animada y tok, tok, tok en la puerta del cuarto, que estaba abierta, pero Roxy sabía perfectamente que estaba interrumpiendo.

Dirk se separó enseguida y vio que estaba bastante sonrojado, ¡Qué fácil era avergonzarlo! Qué adorable. Siempre pensó que eso era adorable, solo que ahora podía tomarse la libertad de pensarlo y de decirlo si se le daba la gana. Porque había dicho frente a su hermano que eran novios. Era oficial.

― Ustedes no pierden el tiempo ―se rió Roxy, tirándose a su lado.

Jake quedó con su amiga a un costado y con Dirk en el otro. La cama era pequeña pero no tenían problema en compartir el reducido espacio. A través de la pared se oían las voces de Dave y Rose poniéndose al día. Sonaban como amigos de toda la vida.

― ¿A qué vino? ―cuestionó Roxy en voz baja.

― A molestar ―bufó Dirk.

Jake prefirió quedarse callado.

― Pero probablemente te vayas con él, ¿No?

― Probablemente.

Eso no solo lo sorprendió, sino también le cayó horrible.

― ¿Entonces te vas? ―finalmente preguntó.

― Eso creo ―le respondió Dirk.

― ¿Qué? No... ―se quejó Roxy, ahorrando el tener que quejarse él―. ¿Pasarás las vacaciones de verano con Dave? ¿Y nosotros?

Dirk se acurrucó más contra Jake. Lo notó cansado. También notó que así, se le iban a dormir los dos brazos bajo el peso de sus dos amigos. No pensó en ello, además la conversación demandaba su atención.

― Tranquila, no serán más de cinco días. Estaré aquí para pasar año nuevo.

― ¿En serio? ¡Es perfecto! ―dijo ella.

Menos de cinco días. Eso no era mucho tiempo. Se alivió al pensarlo de esa manera, de verdad, ¿Por qué se estaba preocupando? Él sabía exactamente qué le preocupaba y no quería hacer hincapié en ese tema. No. Ni ahora ni después.

― ¿Puedes sobrevivir cinco días sin mí? ―le preguntó Dirk, bromeando.

― Eso debería estar preguntándote yo ―se quejó.

― Oww, te extrañaremos ―dijo Roxy.

Sí, Jake lo extrañaría. Y tendría que enfrentarse de nuevo a la misma pérdida en su solitaria casa, y esta vez, Dirk no estaría allí para él.

Dirk apoyó la cabeza en su hombro, de manera más íntima y dulce. Jake descubrió que tenía miedo, por más que tuviera dos amigas para apoyarlo, tenía miedo de estar solo y aislado otra vez. Tal vez, si supiera lo que estaba por venir, sabría que su miedo estaba completamente justificado.


¿Qué? ¿Qué dicen? ¿Qué en este capítulo no pasa nada? ¿Que es super vacío? Sí. Ahá. Disfruten de la felicidad que queda, porque no va a haber mucho de esto en los siguientes capítulos :D

Adelantos:

"De cualquier manera, ¿Por qué? Nunca le pareció que Jake fuera... de esas personas. No es que tuviera algún prejuicio al respecto, sino que había algo más allá de la acción; la reacción. Jake reaccionaba como si tuviera una furia calma que se incendiaba en su interior, y Dirk empezaba a temer que explotara contra él. ¿Qué mierda estaba pasando?"