Capítulo 20: "Evolución"
Jiraya miró con enfado el teléfono de la casa, en realidad no era culpa del aparato pero era más fácil echarle la culpa a un objeto que a una persona
Anko no había aparecido en todo el día y no contestaba su celular. En la comisaría no supieron darle información y el inspector Morino no parecía tener intenciones de soltar prenda. Aquello era molesto, especialmente porque toda la mañana había tenido la sensación de que las cosas no estaban marchando como deberían.
Bueno, aun quedaban algunas horas antes de que Naruto regresara de la escuela y podía dedicarlas a localizar a su adorada "chica de las serpientes"
La primera idea fue contactar a Kakashi pero lo pensó mejor, sería un desperdicio de recursos ir con el ANBU retirado sólo para eso, pero había algo en esa ausencia que le estaba dando mala espina y él sabía que no podía ignorar esas cosas.
Así que cuando Naruto entró a la casa intempestivamente, seguido de una Hinata con el miedo pintado en el rostro, supo que algo andaba bastante mal.
— ¿Naruto? —Jiraya se acercó un poco a él y notó su respiración agitada y un temblor leve en su cuerpo.
El muchacho no respondió, estaba viéndolo fijamente, sus ojos tenían una expresión confusa y enfadada.
—Yo… Yo… Lo sé. Lo he visto…
— ¿Qué has visto, muchacho?
— ¡Las tumbas, las malditas tumbas! —Estalló Naruto.
Jiraya sintió que el suelo se abría a sus pies.
—Encontré esto en la maldita chamarra que me diste. —Naruto le arrojó el papel a Jiraya— Vi las tumbas, lo que escribieron en ellas ¿Por qué?
—Na… Naruto…
—Los adultos me odian, siempre ha sido así. —El muchacho estaba lívido— ¿Fue por culpa de ellos? ¿Estoy pagando algo que hicieron ellos?
—Nadie sabe quiénes son tus padres. —Las alarmas en la cabeza de Jiraya sonaban como locas, no podía pensar correctamente ante la urgencia de calmar al muchacho— Yo… Gente que le importa…
—Gente que se avergüenza de mí…
—No digas eso muchacho… Nadie… —Jiraya trató de acercarse y tomarlo por el hombro.
Naruto dio un manotazo alejándolo de él, estaba enfadado, eufórico, una tonelada de cosas estaban pasando por su cabeza y el contacto físico era lo que menos necesitaba. Se dio la vuelta y casi empuja a Hinata al salir del departamento.
—No lo pierdas de vista. —Dijo Jiraya— Va a necesitar a alguien cerca de él.
Hinata sólo pudo asentir rápidamente y después salió tras Naruto. Jiraya los vio partir sintiéndose desolado, la edad y el silencio empezaron a dolerle como nunca antes.
—0—
Anko bajo del taxi que la había sacado del aeropuerto de Kusagakure. Cuando pregunto por la ubicación de la aldea del sonido u Otogakure le miraron extrañados. Parecía que nadie había escuchado tal nombre, no fue sino hasta mucho después que algunas personas le mencionaron que había una propiedad muy grande a unos pocos kilómetros de la capital de la hierba que posiblemente sería lo que estaba buscando.
Frente a ella se alzaba un portón estilo occidental y una enorme barda que parecía rodear por kilómetros y kilómetros. En la entrada, tallado en roca estaba un letrero que decía: Instituto Correccional Juvenil de la Villa del Sonido. Un poco dudosa jaló una cuerda que colgaba en un lado y escuchó una campana sonar a lo lejos. Unos minutos después el enorme portón se abrió y un hombre un poco más joven que ella, de cabellos plateados salió a su encuentro.
—Bienvenida, soy el doctor Kabuto Yakushi ¿En qué podemos ayudarla?
La mente de Anko empezó a trabajar rápidamente al escuchar ese nombre.
— ¿Algo que ver con el doctor Yakushi que fue arrestado hace tres años en Konoha?
La sonrisa desapareció del rostro del hombre y su mirada se torno glacial, aunque fue sólo un instante antes de recuperar el gesto amable.
—Malos entendidos y chismes que no vienen al caso. —Dijo— Pero aun no se con quien estoy hablando
—Mitarashi… Oficial Anko Mitarashi de la policía de Konoha.
— ¿No está un poco lejos de su jurisdicción oficial Mitarashi?
—En realidad solo vengo a ver al señor Orochimaru.
—Si… Orochimaru-sama estaba esperando verla… un día de estos.
La sonrisa de Kabuto le heló la sangre a Anko y de forma muy discreta se llevó la mano a la cintura, donde debería de estar su pistola, desafortunadamente no podía llevarla consigo en un vuelo entre países sin causar un problema así que estaba desarmada.
Desarmada y sola delante de un tipo que había sido acusado de tráfico de órganos.
—Bien. —Dijo fingiendo un aplomo que estaba lejos de sentir— Entonces no hagamos esperar mucho a Orochimaru-sama.
Caminaron por una vereda de piedra rodeada de árboles y flores. Era como una caminata por algún parque muy bien cuidado, pero estaba vacío. Tan sólo se escuchaban los discretos cantos de algunas aves aquí y allá.
—Que silencio hay aquí. —Dijo Anko, sin hablarle a nadie en especial.
—Es hora de la escuela. —Contestó Kabuto— Tenemos un horario estricto en este lugar. Después de todo… No es un centro recreativo.
Anko levantó la vista y vio que al final de la vereda se alzaba un edificio de muros grises, sobrio y austero, que contrastaba mucho con el alegre entorno. Más parecido a un reclusorio que a un albergue.
Al entrar al edificio no pudo evitar un escalofrío. El lugar estaba inusualmente helado, como si hubiesen entrado a una hielera o algo parecido. Los pasillos pintados de gris exactamente iguales, se extendían en todas direcciones como las entrañas de una serpiente muerta. Anko estaba temblando, no sólo por el frío que había en el lugar, sino porque también podía sentir la presencia de él, cerniéndose a su alrededor, como una aura maligna.
—Él está aquí. —Dijo Kabuto deteniéndose frente a una puerta—Puede pasar, yo traeré un poco de té.
Anko se sorprendió al darse cuenta de que le estaban temblando las manos, era un movimiento que parecía independiente a su voluntad. Haciendo un esfuerzo logró tocar de manera firme.
—Adelante. —Dijo una voz sedosa que le produjo un escalofrío por la espalda.
De alguna manera sus piernas se movieron y entró a la oficina. El interior era lujoso, con un extraño aire exótico. Parecía más bien el despacho de algún representante de estrellas. Las paredes llenas de fotos, artistas, políticos, empresarios… Era como un muestrario de influencias. Pero eso no impresiono tanto a la mujer como la figura que se encontraba recargada en el escritorio de caoba oscura que dominaba la vista.
Recordaba a Orochimaru. Como un hombre maduro, con los rastros de juventud todavía tratando de brillar en su rostro, un cabello negro con ligeros tonos grises y una mirada penetrante y ligeramente reptiloide… Pero lo que ahora tenía enfrente parecía más bien una caricatura de aquel hombre. Muchas cirugías, demasiado botox... Incluso tenía un aire femenino que resultaba perturbador.
—Cuanto tiempo, Anko-chan. —Dijo aquel hombre, canturreando las palabras— ¿A qué debo el honor?
— ¿Qué, que fue lo que le paso? —A pesar de todo no podía evitar el preguntarle.
—La guerra contra el tiempo, querida, la guerra contra el tiempo. —Con un gesto dramático regreso a su lugar tras el escritorio y se sentó— No me mires así, eso es tener ignorancia.
"asco" Fue la palabra que llegó a la mente de la mujer pero prefirió no hablar de eso.
—He visto los expedientes Namikaze. —Dijo sin rodeos. Como esperaba la expresión de Orochimaru se endureció y por un instante se vio de la edad que se suponía debía de tener.
—Sabutori enterró eso. —Orochimaru busco en un cajón y después sacó una cigarrera, le ofreció una a Anko pero ella se negó. Él simplemente se alzó de hombros y encendió el suyo— Hay muy buenas razones para eso.
—Todo el asunto apesta a trampas, a engaños… Y tiene su firma por todos lados.
—Anko, corazón. —Orochimaru rió sin muchas ganas— Me das más crédito del que me merezco. Yo tan sólo…
El movimiento fluido de Anko fue la única advertencia, pero el hombre ya estaba poniendo el escritorio como una barrera.
—Maldito bastardo… —Siseó Anko mientras controlaba sus ganas de saltar y romperle el cuello— Asquerosa, ruin y miserable…
—-Deja los halagos, querida, que me sonrojó. —A pesar de la aparente calma en su voz, los ojos de Orochimaru analizaban las posibles vías de escape— No has venido aquí sólo para tratar de matarme.
— ¿Qué estabas buscando? —Anko dio un paso atrás— ¿Qué pretendías atacando así al procurador Namikaze?
—Yo… Nada, en realidad. —Orochimaru se relajó un poco y se volvió a sentar— En esa época estaba mezclándome con muchas personas, aprendiendo, tu sabes, conociendo el mundo…
Anko se cruzó de brazos y lo miró con furia.
—Había muchos interese en la muerte de Izuna Uchiha. El no iba a heredar el liderazgo del clan, eso no era el punto. Pero él sabía.
— ¿De qué está hablando?
—Jiraya y algunos de sus amigos están investigando algo llamado "Akatsuki" —Orochimaru parecía mucho más relajado— No están tan lejos de la verdad. Pero yo sugeriría que mantuvieran ese perfil bajo. Aún hay poder detrás de ese nombre… Mucho poder.
— ¿Y qué hay de la esposa de Namikaze? —Anko comenzó a sentir una desagradable sensación en el estomago. Los ojos de Orochimaru no se separaban ni un milímetro de su cara— ¿Qué tuvo que ver su muerte?
—Un accidente. Con consecuencias. —La voz del hombre se volvió dura— Tan sólo tenían que recuperar un archivo y dejar algunas pruebas aquí y allá, que ella estuviera en casa ese día fue desafortunado. Pero resultó útil al final. Y antes de que pienses otra cosa. —Orochimaru levantó un dedo— Nunca estuve de acuerdo con eso y tampoco declararé nada ante nadie más. No puedes hacer nada al respecto.
—Lo que ha dicho podría reabrir el caso.
—Y matarme a mí en el proceso. Además de exponer el "secretito" de Jiraya y quizá matar a otras personas en el proceso. No mi querida niña, esto va más allá de lo que tu ley o las reglas pueden hacer. —Dicho esto el hombre hizo una señal dando por terminada la entrevista.
—No… No hemos acabado.
—Ya lo hicimos. —El hombre estaba ahora leyendo algunos archivos— Escarbaste mucho en el pasado de otros y no tengo humor para hablar de "nuestro pasado"
Anko tragó saliva con dificultad, tenía un nudo en la garganta y el estomago endurecido.
—Lograste que me quitaran mi licencia, casi término en la cárcel, creo que el daño fue bastante….
— ¡Trataste de violarme! —Estalló la mujer— ¡Era una niña que te admiraba más que a cualquier persona en el mundo! ¡Te aprovechaste de mí!
Orochimaru no contestó, bajó la carpeta que tenía en sus manos y miró a la mujer. Anko se estremeció ante la gélida mirada de su antiguo tutor, no había nada en esos ojos más que indiferencia. Kabuto abrió la puerta lentamente. Rompiendo el momento. Anko respiró hondo y salió de ahí empujando al otro hombre con el hombro. Kabuto trató de seguirla pero notó como su jefe le hacía una seña.
—Déjala. —Dijo— Ella no es el problema ahora… necesito que vayas de regreso a Konoha
— ¿Nuestras operaciones están en riesgo, señor? —Preguntó Kabuto con un dejo asesino en su voz.
—Nosotros no tenemos nada que ver con lo que Pein o su gente estén preparando. Pero aún así, no estaría de más mantenernos con un ojo sobre eso.
Mientras Anko había logrado de alguna manera llegar a la salida y abrir el portón, camino unos pasos fuera, tambaleándose hasta que tuvo que recargarse en la pared. Trató de tomar aire pero una arcada se le vino en ese instante y sin poder contenerse, vació el contenido de su estomago en el pavimento.
Cayó de rodillas al suelo sintiendo que su cuerpo estaba temblando, era como aquella vez, asco, miedo, confusión. Se quedó un rato más de rodillas mientras el resto del mundo comenzaba a recuperar sentido.
¿En qué demonios estaba pensando? Las piernas aun le temblaban, respiró un par de veces más y un poco del aplomo perdido regresó a su lugar. Se dio cuenta de que en realidad no había ido a buscar información sobre el pasado de Naruto, aquello había sido una bravata de su inconsciente, un intento de cerrar cosas de su pasado. Al final sólo consiguió información y la sensación de estar caminando en aguas pantanosas…
—0—
Hinata estaba sentada en una pequeña banca, aun lado de los sacos de arena para golpear. Naruto estaba parado frente a uno de ellos, dándole con tal fuerza que parecía que se iba a romper en cualquier momento. Llevaba así casi una hora y no parecía querer detenerse. La chica miró a su alrededor y se dio cuenta de que casi no había clientes. De hecho algunos ya estaban recogiendo sus cosas ¿Acaso era tan tarde? Miró su reloj. Apenas iban a dar las cinco de la tarde. El muchacho había estado dando vueltas por la ciudad sin un rumbo fijo y actuando como si ella no estuviera ahí. Pero Hinata se mantuvo a su lado todo el tiempo, hasta que llegaron al gimnasio y él se puso su traje deportivo.
—Disculpa. —La voz la sobresaltó. Era el dueño del lugar— Vamos a cerrar un poco temprano…
—Cla-claro. —Dijo ella—Le diré… Le diré a Naruto-kun que…
—Oh, no hay problema. —Dijo el dueño— Naruto-kun y Jiraya-san son muy buenos clientes. Y amigos así que se pueden quedar un rato más. —Miró a Naruto— Veo que ha tenido un mal día.
Hinata solo se alzó de hombros tímidamente.
—En fin, él sabe donde están las llaves. Asegúrense de cerrar bien.
El hombre se dio la vuelta y se alejó. La chica lo siguió con la vista. Él y otros clientes ya estaban saliendo. Suspiró y volvió a centrar su atención en Naruto, que ya había dejado de aporrear el saco de arena y permanecía de pie, con la cabeza recargada en el inmóvil objeto. Él último cliente abandonó el gimnasio.
—Lo siento. —Dijo Naruto después de un buen rato— Lo siento de verdad Hinata-chan. Por arrastrarte a todos mis problemas.
—No… No te preo-preocupes… Naruto-kun.
—No quiero que mis problemas se conviertan en los tuyos. No quiero arrastrarte, a lo que sea que se convierte mi vida.
No estaba segura de lo que quería decir. Pero las palabras se oían ominosas.
—Es mejor terminar con esto. —Naruto no la miraba a los ojos— Tu padre tenía razón al no querer que me acercara a ti…
—No es verdad, Naruto… —Dijo ella mientras la sangre se le congelaba en el pecho.
—Es verdad. Y yo, yo no creo que sea correcto. —Naruto pasó a su lado sin mirarla— Mejor… mejor vete a tu casa, dattebayo.
Hinata se quedo de pie, con la cabeza baja sujetando la chamarra que no había soltado desde que salieran del cementerio.
Naruto sintió que lo detenían del brazo, con firmeza, quería voltear pero sabía que si lo hacía se encontraría con los ojos de Hinata. Y sabía también que no resistiría verla, si quería seguir firme… Entonces escuchó el sollozo.
Giro la cabeza aun antes de pensar en lo que estaba haciendo y vio a Hinata, sujetándolo con una mano mientras seguía con la bendita chamarra en la otra. Los ojos de ella llenos de lágrimas, sin apartarse de él.
—No. —Dijo con voz trémula.
—Hi… Hinata-chan.
— ¡No! —Exclamó ella soltando la prenda y agarrándolo con las dos manos— ¡No puedes hacer esto, no puedes! —Hizo un esfuerzo para controlarse pero las lágrimas caían con voluntad propia— Me dices cosas… Me haces sentir… Bien, mejor, diferente… Y luego, luego, luego simplemente te-te vas ¿Cómo puedes ser así? ¿Cómo quieres que pretenda que nada paso?
Naruto abrió y cerró la boca incapaz de contestar, temeroso de que su voz no saliera con la determinación necesaria.
Ella le tiró un golpe al pecho, más bien un manotazo sin nada de gracia o fuerza, pero él se quedó quieto, ella le dio otro y otro y otro más, pronto se convirtió en una andanada de manotazos.
— ¡Ego, ego, egoísta, insensible, i-i-idiota! —La chica lo golpeaba sin dejar de llorar— ¡Yo también lo arriesgo todo, yo también soy una molestia! —Aspiro fuerte. El pecho le temblaba— Nadie me quiere… Si tú, tú, tú me dejas… ¿Quién me va a querer?
Naruto se quedó inmóvil, tratando de pasar un poco de saliva por su garganta reseca. Él sabía que las cosas en casa de ella eran malas. Recordaba a Hiashi-sama y al idiota de Neji… En realidad nunca se había puesto a pensar en eso. Despacio le detuvo las manos, ella no hizo más movimientos. Inseguro, la acercó a él, temía hacer el gesto incorrecto pero la chica lo abrazó y se recargo en su pecho.
—Tienes razón… Lo lamento. —Le susurró Naruto— No estoy… No estoy muy acostumbrado a que la gente… Bueno tu sabes, este tan cerca.
—No vuelvas a decir que me vas a dejar… Por favor…
—No lo haré, es una promesa, dattebayo.
Hubo un momento de silencio. Ella levantó la cabeza y él sonrió un poco, limpiándole las lágrimas de los ojos. Hinata los cerró al contacto con las manos de Naruto, Se acercó un poco más a ella y la besó. Hinata se estremeció, como si de repente no quisiera que eso pasara. Pero en vez de alejarse puso las manos en la nuca del muchacho y respondió.
Naruto sintió un escalofrío cuando Hinata se pegó más a él. Los pechos de la chica se comprimían contra su torso y a pesar de la ropa podía sentir perfectamente su consistencia.
Hinata sentía que la sangre se le empezaba a agolpar en las mejillas. No era la primera vez que estaba así con Naruto, pero estaba muy nerviosa, no estaban en su casa, ni en la escalera de la mansión, era un lugar nuevo, estaban solos… Y esta vez no había nadie que los pudiera interrumpir ¿De verdad quería llegar tan lejos? Las manos de Naruto se movieron, una de ellas quedó cerca de sus pechos ¿Debía dejarlo? Si no lo hacía era posible que él se molestara, acababan de tener un conflicto, si ella no cooperaba lo iba a perder. Si Naruto quería, eso, entonces se lo daría…
Naruto comenzó a retroceder con la chica en sus brazos, hasta que dieron contra la pared. Tenía la cabeza embotada, la cercanía de ella le había bloqueado cualquier otro pensamiento, sus manos se movían sobre la muchacha con mente propia. Él comenzó a deslizarse en la pared hasta quedar sentado en el piso con ella sobre su regazo, el beso se hacía cada vez más intenso, las sensaciones aumentaban, demandando más contacto. Hubo un ligero forcejeo por parte de ambos y la blusa de ella cayó al suelo. Rodaron por el suelo hasta que Naruto quedo encima, había dejado de besarle el cuello y ahora pasaba sus labios por el cuello de la chica, mientras ella sentía un hormigueo en el vientre, con las manos trataba torpemente de levantar la camisa del chico, pero sus dedos no coordinaban. Había un espacio en su mente, la vergüenza inicial, los nervios, pronto todo eso pasó a segundo plano cuando sintió a Naruto, besándola por encima del sujetador.
Algo, muy, muy en el fondo de Naruto le estaba gritando que se detuviera, que aquello era una locura. Pero su cuerpo no respondía a ese clamor apagado, el aroma de Hinata lo estaba volviendo loco, no era un perfume o algo así, era el aroma de ella, como si lo estuviera guiando y era algo que agradecía porque en realidad no tenía ni la menor idea de lo que estaba haciendo. La chica respiraba con dificultad y cuando beso sus pechos por encima del sujetador, por un instante pensó que la había lastimado pero ella lo sujetó del cuello para que no se apartara, forcejearon un poco más, mientras de alguna manera trataban de quitarse los pantalones. Naruto maldijo la tela elástica que las chicas usaban para su ropa mientras que Hinata parecía no tener la menor idea de cómo manejar una bragueta; el pantalón de él cedió primero y el de ella llegó debajo de la cadera cuando ambos dieron un traspiés y cayeron al suelo sin mucha gracia.
Hinata cerró los ojos asustada, pensando que se iba a dar un golpe pero cayó encima de Naruto. Sus pantalones se habían resbalado hasta los tobillos y se estremeció al sentir contra sus muslos expuestos, la piel desnuda de Naruto.
El chico tragó saliva al sentir la entrepierna de Hinata contra la suya, era un calor agradable que lo estaba haciendo temblar. Al tratar de moverla hubo un roce que le mando una descarga eléctrica por la espina dorsal. Ella también se estremeció y lanzó una especie de gritito ahogado. Naruto estaba moviéndose sin pensar levantando y bajando su cadera, Hinata estaba muy roja y comenzaba a respirar con dificultad, el roce estaba empezando a producirle un cosquilleo que nunca había experimentado, ya no importaba la vergüenza, ni el miedo, sólo era esa sensación que parecía aumentar y aumentar y…
Naruto sintió una especie de explosión en su cuerpo una luz blanca que lo cegó mientras una oleada de placer le provocaba un espasmo muy intenso, en las brumas del clímax escuchó que Hinata gritaba y le apretaba las caderas con sus piernas. El instante desapareció casi de golpe y el muchacho se sintió desfallecer. Hinata cayó encima de él respirando con mucha dificultad, Naruto puso sus brazos temblorosos alrededor de ella y se quedaron en esa posición durante un buen rato.
Hinata se incorporó lentamente y se separó de Naruto, cubriéndose púdicamente. El muchacho también se sentó en el suelo, sintiendo una extraña mescla de tranquilidad y culpa. La chica parecía asustada, como si acabara de despertar sin saber donde estaba. Naruto se puso a gatas y se acercó. La chica miró al suelo, evitando su mirada, pero Naruto la tomó de la barbilla y le levantó la cara. Se sostuvieron las miradas un momento y luego la besó, ella parecía reluctante al principio pero se fue dejando llevar, hasta que terminó en el suelo con Naruto arriba de ella. Parecía que iban a comenzar de nuevo pero una extraña sensación en su ropa interior los detuvo. Al mirar en esa dirección vieron que su ropa estaba cubierta de fluidos, de ambas partes.
Se separaron. Naruto se quedó sentado con las piernas cruzadas mientras ella se hacía un ovillo. Hubo un momento de silencio, los dos sonrojados sin mirarse a la cara.
—Creo que Jiraya Oji-san le llama a esto "tercera base" —Murmuró Naruto
— ¿di-dijiste algo, Naruto-kun?
— ¿Eh? No… No, nada. En serio, dattebayo. —Respondió el chico poniéndose más rojo todavía.
Hinata sonrió un poco. Naruto se veía lindo con esa cara.
—Ne… Necesito bañarme. —dijo Hinata— Y ro-ro-ropa lilimpia…
— ¿Hinata-chan? —Dijo Naruto con un hilo de voz
— ¿Si? —La respuesta de Hinata salió intempestiva, como si fuera hipo.
—Yo… Yo quería… Es decir… ¿No te, te sientes incomoda con todo esto?
Hinata bajó la cabeza y lo pensó un poco antes de hacer un gesto negativo. A pesar de su miedo inicial, de la vergüenza. Había sido con Naruto y aunque no habían llegado a mayores… La experiencia había sido agradable.
Muy agradable.
—Yo estoy bi-bien… De verdad.
—Creo que aun hay agua caliente en las regaderas. —Dijo Naruto incorporándose— Las de mujeres están del otro lado… Espero que no te incomode, pero creo que nuestra ropa interior no quedo en buen estado…
—E-Está bien, no creo… creo que lo noten. —Aunque Hinata se preguntó como explicaría la ausencia de sus pantaletas si alguien llegaba a descubrirla.
Se levantó y caminó a la puerta de las regaderas de mujeres y se dio cuenta de que Naruto no se había movido, estaba de pie y parecía esforzarse por decir algo.
—Hinata-chan… Yo quiero decirte… A lo que quiero llegar… Es decir… Nosotros… Yo… Lo que yo siento… Lo que yo…
—Yo… Yo también Naruto-kun. —Hinata se adelantó a la idea del muchacho— Y no… No estoy arrepentida… —Hizo una pausa mientras recordaba la palabra que quería decir— da… da… dattebayo…
Naruto sintió que el pecho le iba a estallar de pura alegría.
—0—
—Nos estamos aproximando a la última semana de estudios. —Dijo al alumnado— Los exámenes de fin de curso han finalizado y me alegra informarles que todos han pasado de año. —Hizo una pausa mientras algunos chicos vitoreaban— eso demuestra que el esfuerzo y la determinación son la mejor herramienta para labrar su futuro. —Miró el reloj y suspiró— No tiene caso que les prolongue la tortura… Presidente de clase por favor.
Shikamaru se levantó como si se le fuera la vida en ese movimiento y después miró a todo el salón.
—Atención clase. —Los alumnos se pusieron de pie— Saludar. —Una reverencia al maestro y otra a la bandera del país del fuego— Clase terminada.
— ¡Arigatou gosaimasu! —Exclamaron los muchachos antes de salir del salón de clases.
Naruto estaba terminando de empacar sus cosas cuando Ino se acercó a él.
—Necesito que me prestes a Hinata por un momento. —Miró a la chica que estaba sentada en su pupitre— Hay una persona que trae un catalogo de zapatos y quiero su opinión.
—Bueno… —Naruto se mostró cauto— Si a ella no le importa…
— ¡Claro que no le importa! —Ino le dio una palmada en la espalda— ¡Son zapatos!
La ruidosa rubia tomó de la mano a una desprevenida Hinata y casi se la llevó en volandas fuera del salón. Ella le dirigió una mirada de apuro a Naruto y él le hizo una señal, de que la esperaba en la azotea de la escuela, ella entendió y asintió antes de desaparecer por la puerta.
Con un poco más de calma salió del salón. Había visto a Sakura y Sasuke discutir algo a sus espaldas pero no hizo nada por indagar más. Al fin y al cabo eran temas que no le importaban.
Ya habían pasado dos semanas desde que viera las tumbas, Jiraya no lo riño al regresar a la casa y el tema no volvió a ser tocado. Hinata tampoco parecía muy entusiasmada en recordarlo, aunque al llegar a lo sucedido en el gimnasio su cara adquiría un adorable tono rojizo y una sonrisa asomaba en sus labios. Algo bueno había salido de todo eso. El pesado de Neji había desaparecido casi totalmente del radar Uzumaki y las cosas se tranquilizaban un poco.
Subió rápidamente a la azotea, esperaba encontrarla vacía y poder tomarse una pequeña siesta. Pero se detuvo cuando vio a una figura recargada en la barda, contemplando el paisaje.
Por un instante pensó que Hinata se había adelantado. Misma estatura, misma silueta. Pero aquella chica era rubia y llevaba un vestido blanco con flores muy diferente al uniforme o a cualquier cosa que Hinata le gustara usar.
La chica al sentirse observada se dio la vuelta y Naruto dio un paso atrás mientras contenía la respiración. Era como ver a Hinata a través de algún extraño cristal de colores. El tono de piel, el cabello, los ojos de color lila…
— ¿Se te ofrece algo?
La voz impositiva y distante de la chica rompió la ilusión. Podría parecerse, pero definitivamente no era Hinata.
—Yo… Eh… Lo lamento, pensé que no había nadie.
—No importa. —La chica volvió a darle la espalda— Sólo vine a ver como es la ciudad. Mi oadre me transfirió aquí para el siguiente año.
Naruto se sentó en la jardinera, sin saber que decir. En realidad le sorprendía que una desconocida le hablara de esa manera.
—Es verdad. —La chica se volteo a verlo— No me presenté. Me llamo Shion. Shion de Onigakure.
—Yo… Soy Naruto. Naruto Uzumaki
—Mucho gusto en conocerte… Uzumaki-san. —Dijo ella mientras sonreía un poco— ¿Podrías ser mi guía y mostrarme la escuela?
Sonaba un poco a Ino. No pedía las cosas, era más bien como si ella estuviera haciendo el favor de pedirlas
—Me encantaría. —Dijo Naruto usando el mismo tono que usaba con Ino— Pero tengo una cita pendiente.
—Bien. —La chica no parecía molesta— Me imagino que estarás más desocupado cuando regreses a clases.
Hubo un cruce de miradas, Shion sonreía discreta y muy segura de si misma, Naruto nervioso trataba de apartar la vista de esos ojos Lilas. Finalmente se estremeció y haciendo un esfuerzo tomó su mochila y se dio la vuelta.
—Sí, sí… Cuando regresé a clases. Mucho gusto en conocerte Shion-san.
La chica no le contestó. Lo estuvo observando hasta que desapareció en las escaleras y después soltando una risita volvió a prestarle atención al paisaje.
—Naruto Uzumaki. —Canturreó el nombre— parece que Konoha puede ser un lugar muy interesante para vivir…
FIN
Primera temporada
—0—
Notas del autor:
Pues llegamos al punto intermedio de este fic y finalmente ¡Finalmente! Acabé este capítulo que me estaba sacando canas verdes. Y no por la dificultad en escribirlo si no más bien por elementos externos que me mantuvieron en jaque, amén de un enorme lapso en que sufrí un bloqueo mental de aquellos…
En fin. Próximo capítulo: Iniciamos la segunda temporada con los problemas de Sakura y su relación. Naruto se siente acosado y Hinata enfurece. Hiashi se da cuenta que los tratos con el diablo nunca terminan y Jiraya considera que ya no puede mantener tantos secretos ah y casi sin notarlo descubrimos el paradero del kyuubi…
Sigue: Entre dos aromas.
