Les aseguro que terminaré la historia :D
Capítulo VEINTE
Fuimos de regreso a la cabaña tomados de la mano todo el camino. Ambos teníamos una encantadora sonrisa en el rostro. Definitivamente besarnos había sido una clase de anestesia.
Como ya eran las nueve de la noche, el pequeño Vulcan ya había llegado a casa hace una hora.
Cuando nos vio llegar todos húmedos, preguntó riendo:
-¿Por qué están todos mojados? ¡Parecen perros recién bañados!
-Oye, ese no es modo de referirte a tus mayores -Lo regañó Natsu falsamente molesto, a lo que Vulcan atinó a distinguir, entonces me miró a mí y me sonrió tan bonito que me derritió el corazón.
De algún extraño modo como que pude sentir conexión, cosa imposible pues es hijo de la otra Lucy y no mío, pero aun así... Ahora mismo me daban ganas de achucharlo con mucho cariño, contarle un cuento y besarle la nariz.
Tuve un pinchazo maternal tan grande que ni había puesto atención en lo que me había dicho la lejana voz de Natsu.
-¿Qué dijiste, Natsu?
Mi cara ha de haber sido toda la de un poker porque él me miró con ternura en vez de molestia como antes había hecho.
-Dije que debemos tomar un baño, puedes hacerlo primero en lo que yo preparo a Vulcan para que se vaya a dormir.
La voz del niño me hizo mirarlo a él:
-Mmm... ¡No! ¡Yo quiero que mamá sea quien venga conmigo!
-Vulcan -Gruñó Natsu, advirtiéndole que no insistiera.
Pero en cambio, a mí me llenaba de ilusión estar con él y una sonrisa se formaba por sí sola en mis labios con tan solo verlo y que me dijera mamá... ¡Awww!
-¡Bueno! Que la señorita... Lucy, me acompañe...
-Que no, Vulcan...
-¡Claro que sí! -Exclamé emocionada, interrumpiendo al poco flexible pero guapo Natsu 32-. Me gustaría mucho que cenáramos juntos. ¿Quieres cereal?
-¡Síiii!
Los ojos de Vulcan brillaron inmediatamente y su infantil sonrisa se amplió. Como el niño energético que era, me tomó de la mano y haló apresurado. Antes de que a Natsu se le ocurriera oponerse, me adelanté a pedirle:
-Ve a darte un baño tú primero, yo me encargo del niño. No te preocupes, estaremos bien -Le guiñé un ojo. Como respuesta el sólo sonrió.
Fuimos a la cocina y Vulcan rápidamente sacó la leche, dos tazones y su cereal favorito.
No pude hacer mucho. Solo miré embelesada lo dulce que era el hijo de Natsu mientras comía cereal. Cuando terminó le pregunté si quería un poco más y al decirme que sí, yo misma le serví.
-Hoy Romeo me ha ensaño un truco muy guay de fuego -Dijo medio apenado, medio entusiasmado. No sé si le hacía falta confianza conmigo o qué pero de que miraba más a la cuchara, la miraba.
-¿En serio? -Pregunté curiosa-. Dime más, ¡cuéntamelo todo!
Mis palabras llenas de interés lo animaron instantáneamente, y luego unos ojitos verdes estaban encima mío, los cuales se hacían más adorables con cada palabra me contaba a cerca del sucedo de la tarde. Al parecer Romeo se había vuelto un mago fuerte y responsable.
-¡...y entonces yo la cogí con las manos, y la bola de fuego ya no seguía azul sino naranja!
Me reí sin poder evitarlo, era una emoción que nacía desde el fondo de mí. Vulcan verdaderamente se notaba alegre y eso a mí me hacía feliz.
-Veo que se han divertido sin mí -Entró Natsu que se estaba secando el cabello con una toalla blanca-. ¿De qué se reían?
-¡Le estaba contando a mamá cómo Romeo me enseñaba a cambiar el fuego de color!
Esta vez, Natsu no fue capaz de corregirle que yo no era su madre y lo entendía. Un padre no sería capaz de interrumpir y mucho menos de desvanecer la felicidad de su hijo.
-Bueno, iré a tomar una ducha -Me levanté de la mesa sin dejar de sonreír.
-Yo me encargaré del resto -Natsu revolvió el pelo de Vulcan.
Cuando estaba a punto de girarme a la puerta, el niño habló:
-¡Mi beso de buenas noches!
Oh, casi lo olvido. Sin poder negarle algo ahora mismo, fui hacia él y le deposité un besote en cada una de sus mejillas.
-Que tengas dulces sueños, Vulcan -Le pasé juguetonamente el dedo índice en la nariz-. Y lávate bien los dientes.
Cuando llegué al baño me quité toda la ropa más rápido que la luz, me estaba muriendo de frío por haber estado con la ropa mojada todo el tiempo. Estar bajo el agua caliente me hizo sentir mejor. Pensé por un momento en lo que había pasado en el día, lo que más me preocupaba era lo que seguiría entre nosotros... Es decir, ¿ya no iba a regresar a mi tiempo? ¿Me quedaría aquí?
No quise pensar más a cerca del tema, me daba miedo. Salí de la regadera y me envolví en una toalla mientras con otra me quitaba el exceso de agua en el cabello, el resto de humedad me la quité con la segadora.
Al salir del baño, en la cama había un bulto dentro de la cama. No tuve que adivinar quién era. Natsu 32 seguro estaba cansado y... Aunque el había estado durmiendo en el sofá, que él estuviera aquí y que en el haberme esperado hasta que se quedara dormido es...
Me acerqué de puntitas al otro lado de la cama y lo siguiente que hice... Sólo lo hice.
Deslicé la toalla de mi cuerpo y me metí debajo de las sábanas, con cuidado abracé a Natsu desde atrás. Mi cara estaba muy caliente y mi corazón latía como un loco. Cuando las manos de Natsu tomaron las mías y se giró para darme un beso, casi doy un chillido de la pena que no pensé que me daría hacer lo que hice. Natsu me abrazó, notando mis pechos desnudos, en los cuales enterró su rostro:
-Te amo, mi Lucy.
Su voz en un susurro, su cuerpo aferrándose a mí... Natsu estaba llorando.
Acaricié su nuca lentamente y le susurré lo mismo. Y como ya se imaginarán, también me puse a llorar.
