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XXI. 七夕 (Tanabata)

Tanabata: Noche de los sietes

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Tanabata era una festividad que Konoha disfrutaba mucho celebrar. Aún faltaban un par de días, pero todos ya estaban emocionados por el festival. Muchos adolescentes aprovechaban para invitar a salir a la chica que les gustaba, aunque otros solo optaban por pasarlo con sus amigos. Las niñas pequeñas se alegraban por tener la oportunidad de usar un bonito yukata. Los niños, por otro lado, se entusiasmaban por la emocionante demostración de fuegos artificiales que habría culminando el festival.

Uno de los valientes que se había atrevido a invitar a una chica era Sasuke Uchiha. Abrazando a Sakura aquella tarde en la parada del bus, le pidió que vaya con él al festival de Tanabata. Las palabras habían salido de sus labios de manera inconsciente. Ella no le dio una respuesta. Solo se acurrucó más en sus brazos, sintiendo los acelerados latidos de su corazón.

Bueno, no se lo había "pedido". Solo le dijo: Sakura, ven conmigo al festival de Tanabata. No fue exactamente una pregunta, pero ella le pudo haber dicho algo. La última vez que habían asistido a un festival las cosas no salieron muy bien. Él entendería si ella no quisiera ir. Tal vez solo le traería malos recuerdos de aquel día.

— ¡Sasuke! — el llamado de Naruto lo distrajo de sus pensamientos.

En pocos minutos empezaría la primera clase del día. Su mejor amigo acababa de llegar al salón, tarde como de costumbre. Lo más probable era que no había escuchado su alarma aquella mañana. Vio al rubio saludar con un rápido beso en la mejilla a su novia, y cómo empezó a dirigirse hacia él.

— Buenos días, dobe. — murmuró Sasuke, torciendo la boca un poco para formar una media sonrisa al agregar su típico insulto al saludo.

— ¿Irás al festival de Tanabata? — milagrosamente Naruto no estaba de rodeos e iba directo al grano.

El Uchiha se encogió de hombros, sin darle mucha importancia al asunto. Si Sakura aceptaba ir con él, iría. Pero ir con Naruto y Hinata... Solo se sentiría de sobra. Si ese era el caso, preferiría quedarse en su casa jugando videojuegos. — No iré de violinista*.

— Iremos todos, Sasuke. No solo Hinata-chan y yo.

— ¿A qué te refieres por todos? — preguntó analizando con cautela lo que acababa de decir el rubio. Su ceja derecha se alzó ligeramente en curiosidad.

— Ino, Shikamaru, Chouji, Kiba, Shino, Lee, Hinata... Incluso hasta el primo de Hinata-chan, el malhumorado de Neji, irá con Tenten. Como en los viejos tiempos, ¿recuerdas?

Si era así, entonces tal vez no sonaba tan mal. Había pasado tiempo que no se juntaban con Kiba y su grupo de amigos. Al estar cambiándose de salones durante la preparatoria, ya no hablaban tanto como antes. La última vez que estuvieron todos juntos fue en el festival de Tanabata de último año de secundaria. Sakura también estuvo ahí. Los doce habían estado en el mismo salón y se volvieron un grupo muy unido.

— Lo tendré en mente.

El timbre sonó y Azuma entró al salón, con las prácticas de Álgebra en su fólder rojo. A él no le gustaban las formalidades, por lo que solo los saludó con un ademán de la mano. Todos los alumnos se acomodaron en sus lugares, algunos revisando a último minuto sus apuntes y otros cuchicheando acerca de los posibles problemas que podrían venir en la práctica. Azuma solo se aclaró la garganta, dándoles a entender que si no guardaban sus cosas y hacían silencio, no les daría la prueba.

Los problemas no resultaron ser un gran reto para Sasuke. Los resolvía con calma, analizando con mucha cautela los datos que les daban. A veces su profesor les formulaba preguntas un poco engañosas y tenía que leerlas con cuidado. Los últimos ejercicios, que más que nada evaluaban su conocimiento de la aplicación de las fórmulas, fue la parte más sencilla.

Por otro lado, para Sakura sí se le hizo complicado. No era tan mala para las matemáticas, pero el curso de Azuma no era su fuerte. Usaba álgebra para resolver los complicados ejercicios de trigonometría sin ningún problema. Sin embargo, los últimos temas que habían estado viendo en clase no los estaba comprendiendo muy bien. Las fórmulas se le hacían muy confusas y a pesar de tener una muy buena memoria fotográfica, no lograba acordarse de la que necesitaba para ese problema. La única parte que se le hizo fácil fue la última, que eran solo ejercicios de aplicación de fórmulas. Pudo terminar la mayoría de ellos, pero de los problemas se terminó rindiendo y no resolvió ninguno.

— El tiempo se acabó, jóvenes. Pasen sus pruebas para adelante. — anunció Azuma, segundos antes de que el timbre sonara.

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Sakura sintió la constante vibración de su celular mientras estaba en el bus. Y no tuvo que ver el nombre de la persona que salía en la pantalla, porque sabía exactamente quién era.

— Sasuke me invitó al Tanabata y no sé que hacer.

— ¿Cómo que no sabes qué hacer? ¿Eres idiota o qué? — Sakura ya se estaba preparando mentalmente para el sermón de la pelirroja. — ¡Sasuke está haciendo todo lo posible para arreglar las cosas entre ustedes! ¡Esta es tu oportunidad para enmendar todo! No lo puedes echar a perder, ¿me oíste? Si no vas con ese Uchiha al Tanabata y no le das su merecido beso bajo los fuegos artificiales, ¡yo misma iré a Konoha a darte tu merecido!

A veces Sakura pensaba que era muy masoquista. No era la primera vez que llamaba a Karin para que ella la reprimenda y le diga lo que debería hacer. Su mejor amiga tenía razón. Tenía que dejar de ser una cobarde y poner a un lado todos aquellos pensamientos negativos. Se daría una nueva oportunidad con Sasuke y no miraría atrás por nada del mundo.

— Ese hombre está perdidamente enamorado de ti, Sakura. Yo misma fui testigo de eso cuando vi cómo te miraba. Esa mirada no se la dedicas a cualquier persona.

— Lo sé, pero-

— Solo estaré satisfecha cuando me mandes fotos con él en el festival. — la interrumpió Karin.

— Mándale saludos a Sushi.

— Ya no te pongas cursi, mujer. — Sakura podía jurar que Karin había rodado los ojos tras hacer ese comentario. — Les mandaré saludos a todos de parte tuya. Todos te extrañamos.

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El Festival de Tanabata, que se llevaría a cabo al día siguiente, era el principal tema de conversación de toda la preparatoria. Incluso Kurenai, la profesora que dictaba literatura, había traído a clase la leyenda del Tanabata para analizarla en clase. A Sakura le parecía una historia muy bonita, aunque un poco triste también. «¿Esperar un año entero para ver a la persona que amas, y solo poder estar con él por un día?», pensó un poco indignada.

— Naruto, ¿mañana en donde nos reuniremos?

La pregunta de Ino la golpeó mentalmente. El festival era mañana y aún no le había podido dar una respuesta a Sasuke. Quería ir con él, pero aún no encontraba el momento para decírselo. Desde aquel día lluvioso, el Uchiha se había distanciado un poco de ella. «Ya me pasó esto una vez...», Sakura recordó los últimos días de la escuela secundaria y la forma en la que sus amigos la trataron. Sacudió la cabeza para alejar sus pensamientos de esa memoria. «No dejaré que suceda de nuevo. Esta vez sí está en mis manos arreglar este malentendido». Estaba segura que él solo había tomado distancias pensando que ella se sentía incómoda por la manera tan espontánea en la que le había pedido ir al festival.

— En el reloj del parque Hiromoto, a las seis. — le respondió Naruto, desde el otro lado del salón.

El rubio había conversado con varios amigos suyos de otros salones, que casualmente cursaron con él en la secundaria. Ella misma recordaba haberse juntado con ellos también. Eran un grupo grande, pero eso lo hacía más divertido. "Konoha 12: Reagrupación" había sido el título que Naruto había puesto en el mensaje que le envió.

— Oye, Sakura. — Ino la llamó, acercándose a su carpeta. El último timbre del día acababa de sonar y todos estaban alistando sus cosas para irse a casa. — Con Hinata iremos a comprar unos accesorios y maquillaje para mañana. ¿Nos acompañas?

— Lo siento, Ino. Tengo algo importante que hacer. — su mirada se desvió inconscientemente hacia el Uchiha que estaba dirigiéndose hacia la puerta del salón. Quería comprarse un labial nuevo, pero tendría que esperar hasta otra ocasión.

— No te preocupes. — la rubia le sonrió. — Nos vemos mañana, entonces.

Sakura asintió con la cabeza y tras meter el último libro en su mochila, salió corriendo tras el Uchiha. Él se había detenido un momento para observar el pizarrón de actividades, que se encontraba en el pasillo principal. Al no encontrar algo de su interés, Sasuke prosiguió con su camino. Ella corrió aún más rápido cuando lo perdió momentáneamente de vista, pues él giró de manera inesperada por una esquina.

— ¡Sasuke-kun!

Cuando él escuchó su nombre salir de los labios de Sakura, se detuvo. Su corazón empezaba a latir desesperado. No se atrevió a voltearse para mirarla. Escuchó su respiración agitada, una muestra clara de que había corrido para poder alcanzarlo.

— Sasuke-kun, yo... — ella tomó una respiración profunda y, apretando fuertemente sus puños con los ojos cerrados, confesó: — ¡Sí quiero ir contigo al festival de Tanabata!

Para sorpresa de la chica, Sasuke se acercó hacia ella. Sakura lo miró con un poco de temor porque no sabía qué se traía él en mente. Sasuke acunó su rostro sonrojado con una mano y sin decir nada, dejó un tierno beso en su frente. Sus ojos se cerraron por breves segundos, cuando sus labios hicieron contacto con su piel. Él la atrajo hacia sí, rodeando su estrecha cintura con ambos brazos.

— Te tardaste, eh... — la reprochó con una pequeña sonrisa en sus labios.

— Lo siento. — respondió Sakura avergonzada, escondiendo su rostro en la intersección de su cuello y hombro.

Se quedaron abrazados un rato más, disfrutando de la presencia del otro. «Quiero quedarme así con él por siempre».

— ¿Por qué eres tan lindo conmigo? — murmuró ella inconscientemente contra su piel.

— Sí sabes la respuesta. — Sakura hizo una mueca ante su contestación y él no pudo evitar soltar una ligera risa por su reacción tan infantil.

— Gracias, Sasuke-kun. — ella lo miró con unos brillantes ojos verdes y con una pequeña sonrisa adornando sus labios.

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Sasuke se terminó de colocar el yukata azul que su mamá había adquirido para él. Sabía que Mikoto Uchiha odiaba que le avisen cosas de última hora. Sin embargo, cuando le dijo que necesitaría conseguir un yukata para el Tanabata, ella fue quien se ofreció a comprárselo. No le reprochó ni se molestó; al contrario, se alegró mucho por la noticia.

Irás con Sakura-chan, ¿verdad?

La pregunta lo había tomado por desprevenido cuando llegó a casa y su madre le entregó una bolsa amarilla de papel. Por el peso y tamaño del paquete supuso que se trataba del yukata que ella se había ofrecido a comprarle. Un ligero asentimiento de cabeza fue lo único que su madre necesitó para emocionarse.

Aunque sus planes no salieron como él quería. Inicialmente la idea había sido ir a recogerla a su casa y después ir a disfrutar del festival los dos a solas. Sin embargo, a Naruto se le ocurrió reunir a todos sus compañeros cercanos de la secundaria para pasarla todos en grupo. Prometía ser divertido. Tenía que admitir que, a pesar de que no se consideraba como una persona muy sociable, había pasado momentos agradables con ellos.

De alguna u otra forma se las arreglaría para pasar un rato a solas con ella.

— ¿Sasuke-chan? ¿Ya estás listo? — le preguntó su madre desde la cocina. Ella iría a visitar a unas amigas y se había ofrecido a dejarlo cerca del lugar de encuentro.

— Sí, mamá.

Se observó por unos segundos en el espejo, asegurándose de que el yukata estaba bien puesto. Se acomodó un poco el cuello y tras coger su billetera y celular, bajó las escaleras. Mikoto ya lo estaba esperando lista al costado de la puerta de la cocina. Sonrió orgullosa al verlo.

— Papá está afuera esperándonos en el auto. Él se ofreció a llevarnos.

Le sorprendió ese detalle por parte de su padre. Aquellos días había estado llegando más tarde de lo usual por un nuevo proyecto de la corporación. Solo tomó el pequeño paquete de las manos de su madre, que —aunque no lo dijera— sabía que era pesado para ella, y salió por la puerta principal de la casa.

Tal y como lo había dicho su madre, su padre ya estaba estacionado frente a la casa. Su mirada se mantenía fija al frente y sus manos estaban entrecruzadas sobre el timón. Solo giró la cabeza cuando Mikoto dio unos ligeros golpecitos sobre la ventana para que desactive el seguro de las puertas. Presionó un botón a su mano derecha y su esposa e hijo entraron al auto.

— Buenas noches, padre. — Sasuke le saludó cortésmente.

— Buenas noches.

Fugaku prendió el auto y emprendieron el viaje hacia el parque Hiromoto. No quedaba muy lejos de la casa de los Uchiha. Si hubiera tomado el bus, probablemente tomaría una media hora. Lo que a Sasuke no le gustaba era que aquella línea que tenía que tomar, seguía la ruta más larga para llegar al parque. En cambio, cuando iban en auto solo le tomaba la mitad de tiempo.

— Cuida de Sakura. Acompáñala a casa y no regreses tarde. — esas fueron las palabras de Fugaku mientras se estacionaba al costado del parque.

Las instrucciones de su padre habían sido bastante claras pero eso no impidió que una pequeña sonrisa surgiera en su rostro. Sabía que esa era la forma que tenía Fugaku de darle un pequeño consejo. No lo defraudaría.

— Sí, padre. — su mirada se encontró con la de su progenitor por el espejo retrovisor. — Gracias.

— ¡Saluda a Sakura-chan de nuestra parte! — le pidió su madre, antes de que cierre la puerta del auto.

Sasuke empezó a caminar hacia el corazón del parque, en donde Naruto le había dicho que se reunirían. Rápidamente identificó al grupo gracias al yukata anaranjado por el que su mejor amigo había optado para aquella ocasión. Parecía un resaltador andante, y sólo él podría usar algo como eso.

— ¡Oye, Sasuke! — Naruto lo llamó agitando la mano. — ¡Por aquí!

El Uchiha levantó su brazo, devolviéndole el saludo. Aceleró un poco el paso y su mirada empezó a buscar con desesperación a una cierta chica. Juró que su respiración se detuvo por un momento cuando por fin la ubicó. Sakura estaba conversando amenamente con Ino y Hinata. Y se veía jodidamente deslumbrante.

Ella estaba usando un yukata rojo con un sencillo obi dorado. Los accesorios que había escogido eran de esos colores también, y consistían en unas pequeñas flores que caían con delicadeza desde el moño que Sakura había hecho con su cabello. Sus labios estaban pintados de un sensual tono carmín y una suave sombra dorada decoraba sus párpados.

— Sakura...

Él susurró su nombre para llamarla. Ella estaba de perfil, aún sin notar su presencia. Ino fue la primera en voltear al escuchar el nombre de su amiga, sorprendiéndose al verlo. Era la primera vez en años que veía a Sasuke usando un yukata y tenía que admitir que se veía muy guapo en aquella vestimenta azul. Al notar el profundo sonrojo en las mejillas de Sakura, sus amigas no pudieron evitar soltar una pequeña risa.

— Sasuke-kun.

Iba a acercarse para saludarlo, pero un chico se abalanzó sobre él. — ¡Sasuke! ¡Me alegra que hayas venido, hermano!

A Sakura se le escapó una sonrisa al reconocer a la persona que abrazaba a Sasuke por los hombros. Kiba Inuzuka, era su nombre. Habían sido muy unidos durante la secundaria, hasta que los pusieron en salones diferentes el último año y se distanciaron. Sasuke empezó a juntarse más con Naruto y Shikamaru, mientras que Kiba empezó a juntarse con Shino y Choji. Aún hablaban un poco en el salón, pero ya no era como antes.

Sus ojos verdes regresaron hacia sus amigas, quienes llamaban a Tenten para que se les una a la conversación. A su lado estaba Neji Hyuga, primo de Hinata. Siempre lo había visto con un semblante serio e incluso un poco aguafiestas. Le sorprendió verlo sonreír al conversar con Shikamaru.

Al parecer el Tanabata traía un poco de magia en su día.

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Habían tenido que caminar solo un par de cuadras para llegar al festival. Varias hileras de stands les dieron la bienvenida, con origamis y serpentines de muchos colores decorando el lugar. Los niños correteaban por ahí con sus amigos, las parejas compartían algún dumping especial e incluso personas mayores disfrutaban del ambiente. Era algo maravilloso.

Y la parte más importante del evento, los bambúes. Éstos se encontraban en el centro del festival, listos para que todos coloquen sus deseos en los papeles de colores. Sakura no pudo evitar leer algunos de ellos. La mayoría se notaba que eran de niños, por su caligrafía aún no muy definida y por las cosas que ellos pedían a las estrellas.

"Deseo tener un perrito"

"Deseo aprobar mi examen de matemática"

"Deseo ser un maestro Pokémon"

— Ese me suena a algo que diría Naruto.

El comentario de Sasuke le sacó una sonrisa y volteó a mirarlo. Su corazón latía rápidamente. «Se le ve tan guapo», no pudo evitar pensar.

— ¿Ya sabes qué vas a pedir? — ella le preguntó con curiosidad.

Sasuke le mostró el papel amarillo que Naruto le había entregado en la mañana. Ella pensó que le diría que eran cosas de niños o algo así. Jamás imaginó que él realmente escribiría algo para ponerlo en la rama de bambú, esperando a que se haga realidad.

— No sabía que creías en estas cosas, Sasuke-kun. — dijo ella, mientras sacaba su propio papel. Tampoco se consideraba a sí misma creyente de estos mitos, pero no pudo resistir el escribir algo para el festival.

— Naruto me obligó.

Él se acercó al bambú detrás de Sakura y con un rápido movimiento colgó su deseo en una de las ramas más altas, para que ella no lo pueda leer. "Deseo estar a su lado por siempre", era lo que él había escrito. Era lo más cursi que había escrito en toda su vida. Solo deseaba que las estrellas que se encontraban aquel día se apiaden de él y cumplan su deseo. Ella hizo una mueca al entender sus intenciones.

— ¿No colgarás el tuyo? — le preguntó él, sin comprender la expresión de molestia en su rostro.

— Sí, pero cuando tú no estés mirando. — ella cruzó sus brazos indignada y miró hacia otro lado.

Sasuke rodó sus ojos ante la actitud tan infantil de Sakura. Era obvio que ella quería saber qué era lo que había escrito. Y por nada del mundo se lo haría saber. Era no solo lo más cursi, sino tal vez lo más patético que había escrito en su existencia. Ya se estaba arrepintiendo de haber colgado su deseo. Su mirada vagó por los stands, en búsqueda de algo de comer y así poder alejar sus pensamientos respecto a su papel.

— ¿Dónde está el resto?

Cuando Sasuke volteó a mirarla, ella ya no tenía ningún papel entre sus dedos. Ella había aprovechado su distracción y ahora sus ojos verdes buscaban a sus amigos.

— Vamos.

Él solo la tomó de la mano, ignorando su pregunta. El grupo se percataría de su ausencia más tarde. Y mientras ese tiempo pasaba, podrían aprovecharlo para pasarlo los dos juntos. Tal vez serían dos minutos, o si tenían suerte, serían veinte. Con lo despistado que era Naruto, esperaba que su mejor amigo solo se demore en descubrir su ausencia. Y se aseguraría de aprovechar cada segundo al lado de Sakura.

Ella lo miró confundida, pero no dijo nada. Solo dejó que él la guíe. No habían tantas personas como imaginó, por lo que pudo caminar a su lado con tranquilidad. Lo miraba de reojo y no se atrevía a decir nada.

— ¿Tienes hambre? — él por fin le preguntó.

— Un poco. — le confesó un poco avergonzada. No había comido más que un poco de fruta después del almuerzo, y eso fue lo último que se llevó a la boca antes de empezar a alistarse para venir al festival.

— Dos taiyaki de queso, por favor.

El señor encargado del puesto le recibió el dinero con una sonrisa. — Por supuesto, aquí tienen.

Les entregó los dos pequeños pastelitos en forma de pez en un recipiente de plástico. Sakura le agradeció con una sonrisa a Sasuke por el gesto. Habían pasado años desde la última vez que había comido taiyaki. Era probablemente una de las cosas que más le gustaba comer en los festivales de verano.

— Sasuke-kun. — ella lo llamó sacando su celular del obi de su yukata.

Cuando él giró la cabeza para mirarla, no esperó que ella le pida implícitamente que se tomen una foto. Le pareció un comportamiento un poco extraño por parte de Sakura. Cuando estaban en la secundaria, ella solía odiar que le tomen fotos. Él tampoco era fanático de éstas. Aún así, no le pudo decir que no.

Se puso tras ella y miró a la pantalla de su celular, el cual ella sostenía alejándolo un poco de su cuerpo para que así puedan encajar mejor en la foto. Presionó el ícono de la cámara con su pulgar y se capturó una preciosa toma. Al haber estado junto a un stand, la cámara no sólo había inmortalizado la pequeña sonrisa de Sasuke. Las serpentinas de colores estaban también presentes en el fondo, moviéndose libremente con el aire, junto con las decoraciones de origami*.

Siguieron caminando por los stands, aún tomados de la mano. Solo se detenían en algunos puestos que llamaban su atención para ver lo que ofrecían. Una de sus paradas fue en el kiosco de yakisoba*, en donde esta vez pidieron solo una porción para compartir. Como Sakura quería probar la mayor cantidad de cosas posibles, no quería llenarse tan pronto con los fideos.

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— ¡Mira, Hinata-chan! ¡Wanage*!

Como un niño pequeño Naruto corrió hacia el puesto del juego, jalando a su novia tras él. Hinata solo dejó que él la guíe al puesto mientras que Lee y Kiba los seguían. El resto se quedó conversando al lado del puesto de takoyaki*, disfrutando de sus propios bocadillos. Los exámenes se acercaban pronto y ya no tendrían tiempo para divertirse en grupo como en aquella ocasión.

— ¡Naruto-kun! ¡Te reto en wanage! — lo desafió Lee señalándolo con el dedo índice, cuando los cuatro finalmente llegaron al dichoso puesto. — ¡Conseguiré un mejor premio que tú!

— ¡Yo también me apunto! — exclamó Kiba. — Tú serás la juez, Hinata.

— ¿Juez? — preguntó ella sin comprender a qué se refería su amigo.

— Sí, Hinata-chan. — Naruto le respondió. — ¡Me aseguraré de ganar el mejor premio para ti!

Ella solo asintió con la cabeza, sonriente ante la confesión del rubio. Los tres chicos pagaron sus respectivos boletos y el duelo por conseguir el mejor premio comenzó. Lee fue el primero en lanzar sus dos aros. El primero lo lanzó con mucha fuerza, pero el segundo logró caer en un pequeño carrito de juguete. El siguiente fue Kiba, quien luego de observar con detenimiento cada objeto, lanzó su primer aro hacia un llavero de peluche. Como había conseguido un premio al primer intento, le tocaba finalmente a Naruto.

— Tú puedes, Naruto-kun. — le animó Hinata, confiando ciegamente en las habilidades de su novio.

Al igual que Lee, el rubio lanzó el primer aro sin calcular su fuerza, haciendo que choque contra la pared de madera del stand. Pero no iba a dejar que la frustración le gane. Cogió el segundo aro con determinación y miró fijamente su objetivo. Era una bonita peineta con estrellas plateadas. Tomó una respiración profunda y lanzó el aro con los ojos cerrados.

— ¡Vaya! — dijo el señor encargado del juego sorprendido. — Son ustedes unos chicos verdaderamente talentosos.

Los tres se acercaron para recibir sus premios: el carrito, el llavero y la peineta.

— ¡Oh, Hinata-san! Mi premio es una verdadera vergüenza comparado con la de Kiba-kun y Naruto-kun... — murmuró con frustración.

— ¿Y bien, Hinata? — Kiba preguntó entusiasmado por la respuesta que daría su amiga.

Era una decisión muy difícil la que tenía que tomar. Por un lado, estaba Naruto. Él había ganado una peineta muy bonita que incluso combinaba con su yukata. Su novio pensó en ella cuando eligió a qué premio quería atinarle. Y por otro lado, Kiba había ganado un llavero de un perrito de peluche. Seguramente lo había elegido porque le recordaban a Akamaru, su adorada mascota.

— Oigan, ¿han visto a Sakura y Sasuke? — la pregunta de Ino distrajo a los cuatro del resultado de la improvisada competencia.

El resto se había acercado para ver los premios que habían obtenido, pero Ino no pudo aguantar más la pregunta. Estaba preocupada por Sakura.

— Ese teme... ¡Seguramente se llevó a Sakura-chan para hacer cosas pervertidas! — Naruto chilló, muy convencido de su propia teoría.

— Creo que Sasuke-kun tenía planeado invitar a Sakura-chan al festival antes de que tú nos invitaras a todos, Naruto-kun. — dijo Hinata.

— ¡¿Sasuke invitó a Sakura en una cita?! — preguntaron Kiba, Lee y Tenten al mismo tiempo sin poder creerlo.

— Ya déjalos, Naruto. — dijo Shikamaru un poco fastidiado por todo el escándalo. — Tienen cosas de qué hablar.

— Sasuke-kun y Sakura-chan tienen que aclarar sus sentimientos. — les explicó Hinata a Kiba, Lee y Tenten para que estén al tanto de la situación. — Ellos estarán bien sin nosotros. Lo más probable es que nos encontremos para ver los fuegos artificiales.

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Ella se sentía un poco extraña estando así con él. Sin embargo, al mismo tiempo, se sentía bien. Tomados de la mano caminaban hacia el parque para tener una buena vista de los fuegos artificiales, que empezarían en pocos minutos. Aquel parque descendía hasta las orillas del río, y ya varias personas habían bajado para conseguir un buen lugar. Pero Sasuke pasó de largo el parque, para la sorpresa de Sakura.

— ¿A dónde estamos yendo?

— Conozco un lugar mejor para verlo.

Doblaron a la izquierda y empezaron a subir por unas escaleras. Se estaban alejando un poco del festival; aunque si conseguían una mejor vista de los fuegos artificiales, sí valdría la pena. Subían por una colina y mientras se acercaban cada vez más a la cima, Sakura comprendió por qué Sasuke la había llevado hasta ahí. No solo tendrían más privacidad, sino que también tendrían una vista panorámica del show de fuegos artificiales.

Cuando finalmente llegaron a la cima, ambos se recostaron contra la baranda que daba hacia el río. El festival se veía tan pequeño desde ahí arriba.

— Sasuke-kun... — le llamó.

— Ya va a empezar.

Muchos destellos de colores empezaron a decorar el cielo. Sakura miraba maravillada el show, sus ojos brillantes por la emoción. Sasuke observaba los fuegos artificiales con detenimiento, pero un suave jalón de su yukata le hizo mirar inmediatamente a Sakura.

— Bésame, Sasuke-kun. — le pidió ella, mirándolo suplicante.

Él no se hizo de rogar. La atrajo de la cintura con suavidad y luego de acomodar un rebelde mechón de su cabello tras su oreja, acercó su rostro hacia ella. Los labios impacientes de Sakura anhelaban los de él, pero Sasuke primero acarició con inocencia su nariz contra la de ella. Ella fue muy receptiva ante aquella muestra tan tierna de cariño. Abrió los ojos lentamente y lo miró con timidez. Sus orbes oscuros la miraban con intensidad y notó un brillo especial en ellos.

Sin quitar su mirada de la suya, Sasuke acunó su mejilla con una mano. Levantó su barbilla con delicadeza y por fin sus labios tocaron los suyos.

Sus bocas se movían sincronizadamente. Un leve gemido escapó de los labios de ella cuando la lengua traviesa de él lamió el contorno de su boca. Siguieron besándose con parsimonia, disfrutando de aquel contacto tan especial.

— Te quiero, Sakura. — murmuró él contra sus labios, para volver a besarla de nuevo.

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Aclaraciones:

*violinista hace referencia a una persona que está de mal tercio. En este caso, Sasuke, porque se sentiría incómodo al estar a solas con la pareja.

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Esquina del Vocabulario de Hatsumi:

*ORIGAMI: "ori" - doblar, "gami" - papel; el origami es el arte de doblar papel. En el Tanabata hacen muchos de estos para decorar los festivales. Si ponen "origami tanabata" en google, pueden encontrar algunos ejemplos

*YAKISOBA: el yakisoba es un plato originalmente chino, que fue adaptado por la cocina japonesa. Literalemente significa "tallarines fritos"

*TAKOYAKI: el takoyaki es un aperitivo japonés que consiste en unas bolitas (aproximadadmente del tamaño del una pelota de ping pong) hecho de harina de trigo y trozos de pulpo

*WANAGE: el wanage es un típico juego en los festivales o ferias que consiste en lanzar aros y lograr "atrapar" algún premio que esté sobre la mesa

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18 de marzo del 2016

Nos acercamos poco a poco al final. Sakura ya está admitiendo sus sentimientos y se siente más cómoda alrededor de sus amigos de antaño. Personalmente, disfruté mucho escribir este capítulo. Traté de que sea más largo de lo usual.

Pero, ¿qué pasará con Ami? ¿Cobrará su venganza?

Iré resolviendo esas dudas en los capítulos que quedan.

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No se olviden de dejar un review con su opinión respecto al capítulo. Es la única forma de conocer sus pensamientos respecto a este bonito capítulo.

Nos leemos en una semana,

Hats