TODOS LOS PERSONAJES SON DE JK. ROWLING. YO SOLO SIGO LA BASE DE LA HISTORIA, Y LA MODIFICO.
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Capítulo 21. Visita inesperada.
Se habían pasado la mañana sin dirigirse la palabra, sin apenas mirarse. Era tan incómodo para el uno, como para el otro, aunque en el Slytherin se notase muchísimo menos. Seguía tranquilo, sereno, había guardado los regalos y había esperado a recibir alguna carta de Narcissa, pero ésta no había llegado. Por otra parte, una lechuza torpe y fea había cruzado el salón de la casa de los Granger y se había apoyado en la lámpara de pie que había justo al lado del sillón donde Draco estaba sentado viendo la "caja parlanchina". Errol se había chocado con la ventana y había dejado un buen rastro de plumas por el camino, cosa que le provocó una mueca de asco al rubio.
– ¿Va a estar mucho tiempo ese bicho aquí dentro? Seguro que tiene piojos, se le ve medio muerto…
– ¡Errol! – Gritó la castaña, emocionada al ver al ave. Corrió donde estaba ella, y sin darle más vueltas, acarició su cabeza, pero ésta no parecía querer sus cariños, sino, irse de una vez por todas y descansar. Estaba medio asfixiada… Y era normal, justo debajo de donde estaba había un paquete bastante grande, mal envuelto, de color rojo. – Muchas gracias, ya puedes irte, Errol. – Hermione le acarició la cabeza de nuevo y le dio una chuchería para lechuzas. De inmediato, ululó, agitó las alas, y despegó el vuelo para salir por la ventana, no sin antes llevarse una planta por medio que tiró al suelo. El Slytherin rodó los ojos.
– Esa ave idiota…
– Es de Ron.
– Dicen que las mascotas se parecen a sus dueños… – Dijo Draco ladeando una sonrisa, divertido, que fue respondida por un ceño fruncido y un gesto de reproche de la castaña.
Pero Hermione estaba de muy buen humor, ¡Había recibido un paquete de parte de Ron! Seguramente sería ese jersey que todos los años Molly Weasley cosía para todos los miembros de su familia, o mejor dicho, para todo aquel que consideraba parte de su familia. Y así fue. Desenvolvió el paquete y se encontró con un jersey rojo, con una "H" grabada en amarillo en el centro. Este año había añadido que, en las mangas, había puesto también un poco de amarillo, y en el cuello. Junto al jersey apareció una carta y un sobre un poco más pequeño en la que rezaba: "Para Hermione".
"¡Hola Hermione! Como puedes imaginarte, soy Harry, Ron está a mi lado pringando las cosas de chocolate. Solamente queríamos desearte feliz navidad, y recordarte que pronto nos veremos por Hogwarts. Ambos tenemos muchas ganas de tenerte cerca… (Ron dice algo como "Si no estás tan gruñona como al irnos", pero no le hagas demasiado caso)
Esperamos que te guste el regalo, y sentimos que no puedas estar este año aquí con nosotros. Ya nos contarás que es lo que ha sucedido.
Tus amigos Harry y Ron."
La sonrisa de la castaña era tan amplia que Draco había logrado enarcar una ceja, casi asustado. Rápidamente desenvolvió el papel y se encontró con un pequeño bote de pociones relleno de un líquido color dorado. En la etiqueta se podía leer "Felix felicis". Aquello logró confundirla por un segundo, ¿Ellos habían hecho esa poción? ¡Era prácticamente imposible! Harry había logrado hacerla una vez ese mismo año, pero… ¿Hacerla de nuevo? Bueno, quizás se habían ayudado, así siempre era más fácil.
Decidió no darle muchas más vueltas a aquello, y cuando volvió a la realidad se topó con la fría mirada de Malfoy sobre ella.
– ¿Qué pasa?
– ¿Potter y Weasley te han enviado eso? Seguro que te lo han robado a Slughorn, o a Snape. Esos dos no saben hacer algo bien ni aunque les aplaudan, que es lo que más les importa…
– ¿Por qué te estás todo el día metiendo con ellos, Malfoy?
– ¿Por qué no?
Hermione apretó los labios y cerró la boca de inmediato, tratando de ignorar al rubio, que se había puesto de pie y se dirigía a la mesa.
– Bueno, ¿Entonces vas a decirme que es un "spá"? – Hermione se había olvidado por completo de aquello, del regalo de sus padres… Tenían que gastarlo en esos días, pero… No quería ir con Draco a un lugar como ese, como una pareja de verdad, sería… sería demasiado bochornoso.
– Es un bar. – Se inmentó la Gryffindor de manera improvisada. La mueca de asco del rubio fue más que palpable.
– No me jodas que nos han regalado eso por navidad… ¿No podrían ser más cutres tus padres, no Granger? Ni para su hija…
– ¡Vale ya! Es un bar… Muy caro, un restaurante – Así quedaba mucho mejor, y era mucho más creíble. Al menos, no tendría que ponerse en bañador frente a Draco, que de nuevo, había alzado las cejas.
– Muy caro dices… ¿Cómo de caro? ¿Para un Weasley? Cualquier cosa es cara para un Weasley, hasta las sobras de hoy…
– ¡Caro de muy caro, Malfoy! – Se quejó, sin saber qué añadir para no aceptar lo que había dicho frente a la pobreza de su amigo, ni decir que era para gente rica como él, pues el ego… Se vería de inmediato, y no quería eso.
– Bueno… Algo es algo. Al menos así podremos salir de este antro. ¿No te aburres en serio?
– Pues claro que n…
*DIN, DON*
El timbre. Ambos se quedaron quietos, mirándose. ¿Quién podría ser? ¿Quién podría llamar? Con cautela, y tardando en retirar el rabillo del ojo de sobre el Slytherin, se aproximó hasta la puerta.
Todo se quedó en silencio de pronto en el salón. Pero entonces, un hilo de voz llegó hasta los oídos del Slytherin, provenientes de los labios de la castaña…
– ¿Viktor…?
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– ¿Viktor…? – Los ojos castaños de la Gryffindor parecían esta a punto de salirse de sus órbitas. Allí estaba Viktor Krum, con su gran cuerpo, su ropa de abrigo, como le había conocido, y su barba bien recortada decorando sus mandíbulas, su amplísima sonrisa.
– ¡Herrrmione! – Dijo antes de abrazarla con fuerza, abarcándola por completo con sus grandes brazos – ¡Cuánto me alegro de verte! – Su acento era más que palpable, era arrastrado, basto, muy brusco, pero la forma de ser de Viktor contrarrestaba todo por completo – ¿Estás bien?
La castaña se había quedado en shock, y además, muy sonrojada. Tardó en reaccionar. Nerviosa, comenzó a pasarse un mechón de su rebelde cabello castaño tras la oreja.
– Perdona, yo… Yo… No esperaba que fueses a venir…
– ¡Clarrro que no! ¡Porrr eso se le llama a esto sorrprresa!
Hermione sonrió ampliamente y le dejó entrar, ¿Cómo le iba a dejar en la puerta, después del largo viaje que había hecho tan solo para verla?
– ¿Estás sola en casa? – El mundo se le cayó encima cuando escuchó esa pregunta, pero no fue necesario decir nada, a juzgar por la mirada de Viktor, ya había visto al Slytherin. – ¿Qué hace este idiota aquí, Herrmione?
– Yo también me alegro de verte, Armario-Krum-Sin-Cerebro. Es como sentirme de nuevo rodeado de Crabbe y Goyle, pero… en uno. – Hermione pudo sentir la amplia y arrogante sonrisa del Slytherin sin mirarle. Viktor apretó los dientes, pero no contestó, sino que miró a la castaña, a espera de una contestación. Cogió aire, muy nerviosa, y terminó por suspirar.
– Por favor, entra y… es una historia muy larga, te lo contaré con un té caliente… Debes estar congelado con el frío que hace fuera.
El búlgaro no tardó en despojarse de pesado abrigo marrón que llevaba, el sombrero relleno de borrego que también había protegido sus orejas del frío, y entró al salón, esquivando a Malfoy, aunque éste parecía querer golpearle en el hombro. El Slytherin se sentó en la mesa también, justo en frente de Krum, con una sonrisa arrogante y los dedos entrelazados, mientras éste le miraba con cara de muy pocos amigos.
Hermione no tardó en servirle el té, y le ofreció unas pastas, aunque no cogió ninguna. Rodeó con sus enormes manos la taza, buscando calor.
– ¿Y bien? – Dijo ansioso.
"Ni que tuviese que contarle todo lo que ocurre en mi vida…" se sintió fatal por pensar algo así, por pensar como Malfoy seguramente pensaría. Pasar tanto tiempo con el Slytherin, definitivamente, la estaba cambiando… Apretó los labios, y habló.
– Draco está aquí por protección. – "¿He dicho Draco?"
– ¿En serio se lo vas a contar? – Rechistó el Slytherin, molesto. La castaña le mandó callar con una mirada severa.
– Por protección, ya que… hay una plaga en su mansión.
– ¿Una plaga? De idiotas, dirás…
– Vuelve a decir algo así y te tragas el vaso, mono de cabeza hueca. – Respondió Draco arrastrando las palabras, de una forma muy agresiva y una mueca de asco latente en su rostro. No comprendía qué demonios estaba haciendo Hermione.
– Una plaga de enanos con síncopoa – Habló rápido, para que la pelea no se enzarzase del todo.
– ¿Síncopoa? – Preguntó el chico, ahora bastante confuso. Al fin le dio un sorbo a aquello. Lo agradeció en silencio.
– Sí, síncopoa. Son enanos con una enfermedad contagiosa que produce que la magia se descontrole en un mago. Es muy peligroso, y a mí… Ya sabes, no podía dejarle así…
– La buena samaritana de Granger. – Respondió Draco irónico. De nuevo, una mirada escrutadora por parte de la Gryffindor que le sabía a gloria.
– ¿Y porqué tú…? – Se quedó en silencio, esperando a que respondiese, mas, cuando fue a abrir la boca para decir algo, él mismo habló – Es cierrto… Herrrmione, errres demasiado buena… – Aquello la hizo odiarse. Viktor la creía demasiado buena, demasiado buena y… le estaba mintiendo. Mintiendo para proteger el secreto de Malfoy. – Herrmione… ¿Y mi colgante? ¿Ya no te lo pones?
Aquello la dejó de nuevo K.O. Se llevó una mano a donde se suponía que debería estar el colgante, pero nada… Allí no había nada. Debería habérselo quitado para probarse el que Malfoy le regaló aquella madrugada por navidad… "El que Malfoy me regaló por Navidad, qué raro suena eso…"
– ¿Qué creías? ¿Qué era como un anillo de castidad? – Aquella intervención no la había visto llegar. Draco parecía bastante molesto, y aquello la confundió. En realidad, confundió a todos los integrantes de aquella sala. El Slytherin optó por ponerse de pie, arrastrando la silla hacia atrás con su propio cuerpo, y subir las escaleras silencioso, como una serpiente.
– Herrrmione… ¿Qué está pasando? – La voz de Viktor no sonaba a reproche, más bien, sonaba a querer comprenderla. Hermione apretó muchísimo los labios, hasta el punto de casi hacerse daño, y finalmente bajó la mirada.
– No lo sé, Viktor, no lo sé…
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*DIN, DON*
De nuevo, sonó el timbre. Viktor había aceptado comer algo, y Hermione seguía cocinando unas cuantas galletas para su preciado invitado. Draco no había bajado de su cuarto desde su última intervención.
Con sus pequeños dedos deshizo el nudo del delantal y se lo quitó, colgándolo tras la puerta. Se sacudió las manos, y de inmediato abrió la puerta.
Su prima Zoe, con su apretada ropa negra, su lacio pelo y su flequillo ocultando uno de sus enormes ojos claros, aguardaba en silencio a que la invitase a entrar.
– ¿Zoe? ¿Estás bien? ¿Qué haces aquí?
– Necesito… ¿Está Draco?
Aquello la hizo fruncir el ceño muchísimo. Lo que salió de entre sus labios fue inmediato:
– No. Quiero decir… No… se encuentra disponible…
– ¿Qué eres, una teleoperadora del móvil? Sé que está arriba, le he visto por la ventana.
– Oh… sí… Es verdad, pero…
Sentía el ahogado impulso de agarrarla por la muñeca, sacarla de su casa, y cerrarle la puerta en la cara. Pero no lo hizo.
– Herrrrmione, ¿Va todo bien? – Alzó la voz desde el comedor Viktor.
– Sí, sí, todo va bien…
– ¿Estás con otro? Y parecías tonta… – Dijo la morena, molesta porque no le dejase subir de una vez por todas.
Hermione abrió mucho los ojos, sus mejillas se habían teñido de color rojizo, y parecía una niña pequeña, indefensa.
– ¿Me dejas pasar, o qué? Quiero ver a Draco.
– No. – Esta vez habló mucho más seria. – Draco está ocupado, lo mejor es que vengas mañana…
– No seas estúpida. Sé que Draco no es tu novio, me lo dijo. Es más, le besé y puedo asegurarte que le gustó mucho más de lo que tú puedes gustarle nunca… – La chica alzó las cejas, dejando, sin lugar a dudas, una explicación desagradable ante la reacción que tuvo Malfoy en su momento, cuando la besó. – Lo peor es que te gusta, por eso le tiraste ese libro a la cara, y siquiera eres capaz de admitirlo, Hermione, porque te diste cuenta de lo que pasó entre nosotros arriba, y eso te molestó mucho. Pero, ¿Qué más te da? Si tú no vas a frenarm…
*PLAS*
La mano de Hermione golpeó el rostro de Zoe de golpe, de improviso. Y así la hizo callar. Se quedó con la boca muy abierta, mirándola, confundida. De los ojos de Hermione habían brotado pequeñas lágrimas que resbalaban por sus mejillas hasta sus labios. Tardó en reaccionar.
– Granger. Déjala subir. – La voz de Draco llegó desde la parte superior de las escaleras, muy severo, muy distante y frío.
Siquiera pudo negarse, mientras bajaba la mano, la chica ya había avanzado y llegado hasta él, mientras se frotaba la zona que había golpeado Hermione.
Viktor corrió junto a ella, la abrazó, tratando de consolarla durante largo rato.
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Cuarenta minutos después Zoe bajó las escaleras y salió por la puerta, sin mediar palabra. Draco tampoco bajó, y aquella noche, durmió acurrucada en el sofá, echando de menos los grandes brazos de su amigo Viktor. Porque se había dado cuenta de eso, de que quería muchísimo a Viktor, pero únicamente como su buen amigo…
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¡Hola, hola! Siento muchísimo el tardar en escribir un nuevo capítulo, pero es que estaba en fiestas por donde vivo y no he sacado hueco hasta ahora…
Bueno, lo que muchos me pedisteis, ¿Estáis contentos con estos reencuentros? Os digo, que aún pueden intervenir mucho más, pero creo que ambas visitas han sido un gran paso para la relación de estos dos.
¿Qué creéis que le ha dicho Draco a Zoe? O, mejor dicho, ¿Creéis que han vuelto a liarse?
¡Espero vuestros reviews, follows y favoritos con ganas! ¡Hasta la próxima!
