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Un Ángel en la adversidad

«La tierra desolada grita hasta las puertas del cielo por la destrucción de sus hijos». Dios los envía entonces a encadenar a los Vigilantes y a destruir a los gigantes «pues han oprimido a los humanos» -Cita del libro de Enoc.

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Conduzco hasta Seattle, una vez allí se exactamente a donde debo ir. Las avenidas son totalmente nuevas para mí, nunca he estado ahí y esto va a ser jodidamente peligroso para mi magullado corazón. Cuando llego al imponente edificio tomo una respiración profunda hasta que siento como mis costillas protestan. Tomo mi cartera y bajo del auto. Dejar un Porsche estacionado en medio de la calle era llamativo, más aun por su color amarillo canario pero uno de los guardias junto a la puerta del edificio me hizo señas de que él cuidaría de él. Asentí hacía él y abrió la puerta de vidrio para mí. El hombre me recordó a Taylor y su manera distante de estar cuidando a las personas a su alrededor. Solo Bella había llegado a él, solo ella había logrado que el dejara su actitud taciturna.

Sonreí un poco para mí misma ante eso. Entro al inmenso y, al igual que su dueño, intimidante vestíbulo. Las mujeres rubias detrás del mostrador de piedra levantan la mirada hacía mí y jadean sorprendidas no es algo que no esperara por supuesto. Me dirigí directamente hacía los ascensores. Era ridículo que me anunciara. En el ascensor vi que solo habían veinte botones, pulsé el numero veinte suponiendo que él era tan dueño de su propio mundo que desde luego su oficina estaría en lo más alto.

Cuando las puertas se abren salgo a otro gran vestíbulo de vidrio, acero y piedra blanca con otras dos rubias detrás de otro mostrador de piedra, ellas levantan la mirada y al igual que las recepcionistas se sorprenden de verme. Joder tienen que dejar de hacer eso, no soy un fantasma.

Ni siquiera pedí ser anunciada, el necesitaba una dosis de su propia medicina ¿no? Empujo la puerta y me topo con otra rubia pero esta es realmente vieja aunque se mantiene en ¿su punto? Sí, eso. Ella tiene una mano acariciando el brazo de Christian. Es asqueroso ver como él en tan solo poco más de una semana de la muerte de mi hermana ya anda con otra mujer. La mujer levanta la mirada y se asusta al verme, Christian se gira y se sorprende aunque después frunce el ceño.

-Hola, Christian. –Mi voz sale acida.

Él no responde y la mujer a su lado se recupera de inmediato y me mira fríamente.

-Creí que estabas muerta. –Comenta con burla.

Jadeo fuertemente como si me hubiera dado un puñetazo en el estómago. Christian da un respingo, y dirige su mala cara hacía la rubia.

-¡Es suficiente! –Grita y la toma con fuerza del brazo empujándola hacía la puerta- ¡Vete, Elena!

Ella forcejea con él y logra liberarse.

-¿Qué significa esto? ¡Me llamaste porque ella había muerto! –Gruñe la tal Elena.

¡Oh por el amor de Dios, es suficiente!

-¿Podrías dejar de hablar así de Bella? –Gruño muy enojada.

Ella se gira hacía mí y sonríe con burla. Aprieto los puños en respuesta.

-Entonces ¿Quién eres tú?

-Ella no tiene por qué darte explicación, lárgate de una vez. –Extrañamente la frialdad en la voz de Christian ya no me asusta.

Él vuelve a tomarla del brazo y la saca de la oficina a trompicones. Mi corazón late a mil por horas. ¿Pero qué mierda? ¿Por qué vine así? No, no me puedo echar para atrás ahora.

-¿Qué haces aquí, Anastasia? –Doy un respingo. Él pasa por mi lado y se detiene de cara a los grandes ventanales de su oficina.

Respiro profundo, desde que he entrado en la oficina él solo me ha mirado una vez. Comprensible. Tomo el sobre de mi cartera y lo lanzo en su escritorio.

-Tenía que entregarte esto. Tranquilo, no te molesto más. –Murmuro irritada.

Me giro y camino hacia la puerta, él simplemente es un grandísimo idiota. Total y completamente imbécil, ¿Cómo pude llegar a confiar en algún momento que él amaba a Bella? ¡Aggs! Doy fuertes pasos hasta el ascensor y gracias a Dios llega de inmediato, me adentro en el y respiro profundo tratando de calmarme. Christian detiene las puertas a tiempo y entra en el pequeño espacio conmigo. Y poco después pulsa el botón para detenerlo.

-¿Qué crees que estás haciendo? –Grito exasperada.

Él se acerca a mí y me acorrala contra la pared, tiene un brazo a cada lado de mi cabeza y mi corazón late muy de prisa. Sus ojos arden con intensidad y tengo que recordarme a mí misma que debo estar molesta con él por engañar a mi hermana.

-¿Qué quieres Christian? –Murmuro irritada, ahora más conmigo misma que con él.

-Me he esforzado por mantenerme lejos, –Él me mira con recelo y yo abro la boca sorprendida- y resulta que tú llegas e irrumpes en mi oficina, en un muy mal momento por cierto, ¿y luego pretendes irte así como así?

Ah, mierda. ¿A qué viene todo esto?

-¿Porque habrías de esforzarte por mantenerte lejos? –Susurro.

Él se aleja y vuelve a poner el ascensor en marcha.

-Es necesario.

Y es entonces cuando caigo en cuenta, Christian luce más delgado y tiene grandes sombras bajo sus ojos.

-¿Es por eso que no fuiste al funeral? ¿Por alejarte? –Murmuro con voz rota.

Christian levanta la mirada y se ve totalmente perdido, es como si yo hubiera tirado de la alfombra bajo sus pies.

-Yo sí fui, Ana. No quise acercarme para no crear más revuelo entorno a todo, pero yo sí fui. –Frunzo el ceño en respuesta, el suspira y tira de su cabello- Espere que todos se fueran para bajar del auto. Estuve ahí por quien sabe cuánto tiempo. Simplemente no podía creer que ella se hubiera ido… no puedo creerlo ahora.

Su voz se rompe y él vuelve a darme la espalda. Es muy pronto para hablar de eso, lo sé. Así que cuando el ascensor se detiene yo me bajo y camino a paso rápido hacía la salida, la lluvia ha comenzado a caer con gran intensidad. El hombre de antes se acerca a mí con un paraguas y me ofrece acompañarme hasta el auto pero niego rápidamente con la cabeza, las lágrimas comienzan a caer por mis mejillas. Creí ser fuerte para enfrentarlo pero no puedo, verlo así, tan triste por Bella es jodidamente doloroso porque sé que no puedo hacer nada para calmar su dolor… el mismo dolor que me está quemando desde adentro a mí. Corro hacía el auto y lo arranco de prisa hacia el departamento. Cuando llego al edificio veo el auto de Kate estacionado en la entrada, ella se ha estado quedando en el departamento junto a la playa que en mi primera semana de vuelta compartí con Bella. Alice me había dicho que ella está muy preocupada por mí pero yo no quería hablar con nadie aun, supongo que ha llegado el momento de enfrentarla. Detengo el Porsche detrás del Mercedes CLK de Kate y respiro profundo, tomo mí cartera y el bolso con mi ropa y bajo del auto.

Abro la puerta del departamento y lanzo las llaves en el bold de vidrio, suelto el bolso en el suelo y lanzo la cartera sobre él. Luego de cerrar la puerta me recuesto en ella y respiro profundo cerrando los ojos, tal vez ver a Christian no ha sido la mejor idea en este momento, debí haberle enviado el sobre con alguien más, Taylor por ejemplo.

-¿Ana? –La voz rota de Kate me sobresalta.

Abro los ojos y la miro ella luce igual que todos, a ella también la ha alcanzado la bomba. Está de pie en medio del salón y lleva puesto el pijama rosa de franela de conejitos, el que reserva para cuando ha roto con un novio, para todo tipo de enfermedades y para cuando está deprimida en general. Supongo que ahora lo lleva por la muerte de Bella, sus hermosos ojos verdes están rojos y llorosos, sin brillo. Y su cabello rubio rojizo está recogido en un moño desordenado. Mi corazón se oprime, verla a ella así es como ver a una Rosalie que si puede llorar con libertad. Corro a sus brazos y me refugio en ellos.

-Oh, cariño lo siento tanto… -susurra con voz rota.

-Se fue, Kate… me dejo, maldita sea me dejo sola… -Sollozo con fuerza- no puedo con esto Kate, he tratado de ser fuerte de salir adelante pero no puedo, era mi hermanita y me dejo…

Ella acaricia rítmicamente mi cabello con una mano y con la otra me sostiene con fuerza contra su cuerpo.

-Tienes que serlo Ana, debes ser fuerte. –Me suplica conmocionada- Bella no querría verte así…

-¿Por qué no paran de decir eso? –Refunfuño contra su pecho.

-Porque los que las conocimos a ambas sabemos que de ser contrario todo esto, tú no querrías verla a ella así, ¿verdad? –niego con la cabeza incapaz de hablar- bien, pues ahí está. Tienes que sanar tanto tu corazón como tu fe destrozada, Ana. Debes seguir adelante.

Sé que ella tiene razón, sé que todos tienen razón pero no es fácil.

-He ido a ver a Christian. –Murmuro.

Kate me aleja de sus brazos y tomándome por los hombros me mira como si me hubiera nacido un tercer ojo.

-¿Por qué has hecho eso? –pregunta consternada.

Bajo la mirada.

-Tenía que entregarle una carta que Bella ha dejado para él… -Respiro profundo y lo dejo salir- Me he enamorado de él Kate.

Ella jadea, totalmente sorprendida.

-Ana… él… él es… -Tartamudea tratando de encontrar las palabras- ¡Dios Ana, él es el esposo de tú hermana!

Golpe bajo a mi jodido corazón.

-¡Lo sé! –Grito entre lágrimas- pero no sé en qué momento ni como paso… él era tan bueno con ella que yo deseaba que alguien me tratase así que me mirara así. Cuando conocí a Edward creí sentir esto por él pero estaba equivocada, él nunca me dio a entender nada y es porque jamás vio en mi nada de esa manera y se lo agradezco, Kate. Edward es mi mejor amigo, lo ha sido por un tiempo, pero ver a Christian es… es lograr que mi cuerpo reaccione diferente, sé que es un maldito controlador y que puede llegar a ser muy malo para mí pero no puedo hacer nada.

Mi pequeño discurso la descoloca aún más.

-Bien, pues… no sé qué decirte, cariño. –susurra.

Sonrío un poco.

-No esperaba eso, creí que me harías muchas preguntas o me gritarías.

-Mierda, estoy segura de que nada de esto es bueno Ana. Pero no puedo hacer nada, te has enamorado de un patán pero no puedo juzgarte demasiado, no ahora al menos… -Ella trata de bromear y yo le sonrío agradecida y la vuelvo abrazar- Solo te voy a pedir algo… no te vuelvas a desaparecer así, he estado tan preocupada. Hablaba constantemente con Alice, pero no era lo mismo. Ella decía que estabas mejor pero no le creí entonces y no lo hago ahora. Te veo y veo a la Ana que sale a flote cuando oculta sus sentimientos, sé que estas sufriendo pero no lo reprimas porque eso solo te hará más daño.

Asiento y me alejo secándome las lágrimas.

-Tengo que darme una ducha y ponerme al tanto con la editorial, ella… -Me aclaro la garganta- Bella la ha dejado a mi nombre.

Kate sonríe y asiente.

-Bien, pediré algo de comida mientras tanto. –Giro los ojos, sé que ha estado viviendo a base de comida comprada.

Camino hacía mis cosas y las recojo del piso, una vez en el cuarto lanzo todo sobre la cama. Me quito la ropa de marca que cargo gracias a Alice y me adentro en la ducha pero luego de haber terminado de bañarme no me muevo, es como si todo cayera de golpe ante mí y explotara en mi cara. No puedo evitarlo, el dolor en mi pecho es demasiado grande para ignorarlo más tiempo, apoyo las manos en la pared y lloro, lloro todo lo que he estado reteniendo. No puedo aceptar aun qué mi hermana no estará más en mi vida, no puedo decirle adiós ¿Cómo llegue a creer que si lo haría? Estoy tan enojada con ella por solo dejarme sus propiedades y una carta con no más de diez líneas. Prometió que iba a luchar más ¿Por qué no lo hizo? ¿Por qué no se quedó conmigo? Me dejo caer hasta el suelo y sollozo fuertemente. La necesito tanto, la quiero aquí y no tres metros bajo tierra en el cementerio de Forks. No sé cuánto tiempo estoy ahí pero la voz de Kate no muy lejos se levanta en gritos y una voz gruesa y autoritaria le responde. No soy consciente de lo que dicen ni me importa. Escucho la puerta del baño abrirse.

-¡Dios mío, Ana! –Susurra sorprendido- Sabía que esto pasaría.

Abro los ojos sorprendida, estoy desnuda sentada en la ducha y el ex-esposo de mi hermana, el hombre del cual estoy enamorada está de pie en la puerta mirándome. Los sollozos se convierten en pequeños hipeos. Atraigo las piernas hacia mi pecho y trato de cubrirme lo más que puedo. Él parece no ser consciente de nada, se acerca a mí y abre la puerta de vidrio, alarga la mano y apaga el agua, y luego toma unas toallas y vuelve hasta mí.

-Levántate, Anastasia. –Ordena con delicadeza.

-¿Qué haces aquí? –le digo yo, ignorándolo.

Mis lágrimas han cesado, pero las convulsiones siguen en mi cuerpo, no sé si es por el frio, por los hipeos o por estar desnuda ante él.

-Tenía que venir. –Se limita a responder- Levántate, te vas a resfriar.

-¡No! –Siento un ligero rubor subir por mi cuello hacía mis mejillas.

Él parece notar mi incomodidad y se gira un poco para no mirarme pero aun sostiene la toalla hacía mí. Cuando veo que de verdad no va a mirar me levanto y tomando la toalla la envuelvo en mi cuerpo. Me ayuda a salir de la ducha y luego seca mi cabello con la otra toalla. Frunzo el ceño y lo miro a través del espejo. Se ha cambiado, ya no lleva el traje que tenía en su oficina, tiene unos pantalones de jean azul y una camisa de lino negra. Él pesca mi mirada a través del espejo y frunce el ceño en respuesta.

-¿Ana? –Pregunta Kate recién llegada a la puerta, la miro y ella irradia hostilidad- ¿Estas bien?

Asiento y el resopla frustrada y se va dando un portazo en la puerta de la habitación. Vuelvo a mirar al espejo y Christian me mira con expresión grave, sus manos siguen tratando de secar lo más que pueden mi cabello con la toalla.

-¿Qué pasa? –Me pregunta en voz baja.

-¿Por qué estás aquí realmente? –Pregunto de nuevo.

Christian entorna los ojos y suspira pesadamente.

-Hablaremos de eso mañana, ahora no es momento. –Ordena tajante- Saldré mientras te vistes, volveré en cinco minutos si no te has vestido lo hare yo mismo, usa algo abrigado lo necesitas aun estas temblando.

Él camina hacia la puerta y antes de salir avienta la toalla al cesto de la ropa sucia. No había sido capaz de mirarme a mí misma en un espejo, lo hago y me arrepiento, estoy hecha un asco como nunca me había visto pero no es eso lo que me oprime el pecho, es verme y ver el rostro de mi hermana y no tengo ganas de volver hacerlo, más nunca. Duele demasiado. Me quito la toalla y la cuelgo sobre el espejo cubriendo mi reflejo. Tomo la que Christian tiro, voy a la habitación y hago lo mismo con el espejo de la cómoda. Luego tomo mi ropa interior de los cajones y me la coloco de prisa, corro a mi bolso sobre la cama y saco un pijama de pantalón de chándal y me la coloco, luego tomo un suéter de lana y cuando termino de pasarlo sobre mi cabeza la puerta se abre y Christian entra con una taza humeante y la deja en la mesa junto a la cama. Con un frasco de pastillas junto a ella. Él retira las cosas de la cama y las coloca en el sillón a los pies de esta. Luego tira de la colcha hacia abajo.

-Acuéstate. –Él no me mira.

Voy hasta la cama y me adentro en las cobijas dejando mi espalda recostada en las almohadas, Christian me cubre con la colcha y luego me tiende la taza y un paracetamol. Lo tomo con manos temblosas y cuando acerco la taza a mi cara noto por el olor que es té. Lo miro sorprendido ¿Cómo sabe sobre el té? Tal vez lo hizo Kate. Luego de beberme el té coloco la taza en la mesa y me acurruco en la cama.

Christian tiene la mirada perdida, parece incomodo como si no supiera que hacer, yo tampoco, de echo.

-Estaré en el salón trabajando desde la portátil. Descansa un poco. –Dice y luego se va.

¿Por qué está aquí? Esa pregunta sigue girando en mi mente. Revivo los últimos minutos en mi mente una y otra vez en busca de una respuesta pero no la encuentro, no sé en qué momento me quede dormida pero lo siguiente que supe es que estaba soñando, con Bella.

Podíamos escuchar los gritos de mamá y Charlie desde abajo, como ella le suplicaba que no lo hiciera, ¿hacer qué? Mire a Bella y ella se encogió de hombros en respuesta, lucía tan aterrada por los gritos como yo.

-¡Charlie, no! No voy a permitir que lo hagas.

-Necesito hacerlo, no puedo vivir un día más con esto, Carla. ¡No lo merecen!

-¿Y yo sí? Sabes que yo no tuve la culpa de nada, ¿Por qué me hieres así? ¿No puedes ver lo que esto me duele? ¡Odio esto tanto como tú, pero jamás haría algo así!

-No puedes impedirlo para siempre.

-Puedo, y lo haré tanto como pueda.

No escuchamos respuesta del tío Charlie pero si los pasos de mamá por las escaleras, y luego sus golpes frenéticos en la puerta.

-¿Annie, cariño? Nos vamos. –Dijo con voz nerviosa.

Ella no entro en la habitación, nunca lo hacía si Bella estaba, como si la repeliera. Mire a Bella y ella tenía los ojos llenos de lágrimas, yo no tenía mi media hora de haber llegado y mi mamá ya quería que nos fuéramos, no podía decirle que no. Mis maletas aún están en la planta baja. Abrace a Bella tan fuerte como pude, me sentía incompleta cuando no estaba con ella y ahora tendría que esperar un año más para volver a verla. Aprieto fuerte mis ojos tratando de no llorar. Cuando me alejo de ella la beso en la frente.

-Volveré pronto. –prometo.

Pero esa promesa no se cumpliría y ella lo sabía. Cuando el auto se alejaba escuche los gritos de Bella, me gire y tío Charlie la sostenía fuerte para que ella no corriera detrás del auto. Sus gritos eran ensordecedores aun en la distancia. Cubrí mis oídos con mis manos y solloce fuerte.

-¡Bella! –Grite fuerte- ¡No!

Me senté en la cama de golpe, sollozaba con fuerza. El dolor que sentí en ese momento al ser apartada de ella no se compara con el dolor que siento al saber que esta vez no volveré a verla, jamás. Entierro la cara entre mis rodillas y abrazo con fuerza mis piernas tratando de no romperme más de lo que ya estoy. La extraño mucho.

Escucho la puerta abrirse y largos pasos apresurados. Unos fuertes brazos me rodean y yo lo dejo, no puedo seguir así, le prometí a los Cullen que estaría bien y solo soy un manojo de lágrimas y gritos. Él me mantiene contra su pecho y me mese ligeramente como si supiera lo que hace, tal vez si lo sabe porque logra calmarme un poco. Cuando dejo de llorar el suspira aliviado. Me aleja y toma mi cara entre sus manos y con los pulgares seca mis mejillas.

-¿Ha sido así todos estos días? –Pregunta en voz baja.

Lo miro e incluso en la oscuridad de la habitación él se ve hermoso. Sus ojos grises están puestos en los míos, y lucen preocupados. Jamás lo vi preocupado por mí. Trago fuerte y niego con la cabeza.

-Es solo… estar aquí, sola, estoy abrumada por todo esto, la extraño mucho… -Murmuro con voz rota.

-Yo también. No he podido volver a casa desde entonces… -Susurra luego de un rato y suena inmensamente triste.

Coloco mis brazos a su alrededor y lo abrazo, él se tensa durante un momento y yo intento retirarme pero luego él se recupera y me mantiene en ese lugar. Entierro mi cara en el hueco de su cuello y él apoya su mentón son mi cabello. Esto es muy surreal, jamás me imagine ser consolada por Christian.

Me alejo muy despacio para mirarlo, su mirada es dura y cautelosa. Contemplo su hermoso rostro, no dice nada, pero me mira fijamente, sin pestañear apenas. Es como si él pudiera ver dentro de mi alma, me mira como nunca nadie lo había hecho. Ay es tan arrebatadoramente guapo. Alargo el brazo y le acaricio la mejilla, paseo la yema de los dedos por su barba de pocos días. Él cierra los ojos y suspira. Esto está mal. Me alejo de él como si un chispazo de corriente me hubiera tocado, él abre los ojos y me mira atónito.

-Lo siento. –Le susurro.

-¿Él qué?

No puedo estar tan cerca de él, no puedo pensar con claridad. Me levanto de la cama y camino hacía el balcón, abro las puertas corredizas y el viento de da de golpe en la cara, se siente bien. Ha dejado de llover y la brisa marina se siente fría y me refresca la mente. Camino hacia la baranda y apoyo las manos en el frio metal. Miro hacia el cielo aun esta nublado.

Ayúdame, Bella. Si de verdad quieres que sea fuerte ayúdame a sobrellevar esto sin ti… -Pienso hacía el cielo.

Como respuesta recibo un rayo y luego un gran estruendo. Mis ojos se humedecen de nuevo pero sonrió.

Escucho unos pasos acercarse y mi cuerpo se tensa. Él se recuesta en el barandal a mi lado y me tiende un papel.

-Por esto estoy aquí. –Me dice con voz áspera.

Tomo el papel con manos temblorosas y lo primero que noto es la letra de Bella.

-No, esto es entre ustedes yo no debo leer esto. –Digo rápidamente y le devuelvo la carta.

Christian me mira y empuja mi mano de nuevo hacía mí.

-Yo quiero que lo leas. Has preguntando porque he venido y ahí está la respuesta.

Nos miramos durante un momento. Me muerdo el labio nerviosa y bajo la mirada hasta la carta.

"Creo que debería comenzar por pedirte perdón. Perdóname por haberte hecho daño, confiaste en mí tanto como yo en ti y falle, sé que posiblemente estarás pensando que no te amo y no es así, yo te amo, eres sin duda alguna una de las personas en la que más confío. Te amo porque eres todo para mí. No tengo como enumerar todo lo que has hecho por mí en estos años, lograste devolverme la vida y la felicidad, me has enseñado a amar de nuevo, has cuidado de mí, has creado una nueva Bella, más fuerte. Me curaste. Y me he dado cuenta que jamás te he agradecido por estos extraordinarios años a mi lado, jamás te he agradecido por ser ese maravilloso hombre conmigo. Eres y siempre serás mi pilar más fuerte, sin ti yo no sé qué sería de mí hoy día. Espero algún día logres entender que no te amo por ser solo una cara bonita como siempre has creído Christian. Te amo por lo que has sido conmigo y para mí. Por lo que tú eres ahí, en ese hermoso corazón que tienes. Tú has sido mi amigo, mi hombro, mi fuerza y es por eso que te pido a ti que cuides de ella, de mi Annie. No la dejes sola, acompáñala siempre, dale fuerzas, la conozco y sé que esto no será fácil para ella. Llénala de ese amor que tanto me diste a mí. Que me curo. No quiero andar de pedigüeña pero estoy asustada por ella, tengo miedo de lo que pasara una vez yo no esté. Nunca ha sido fácil para nosotras estar separadas y sé que esta vez será peor y no puedo hacer nada. Si hay algo que deseo más que nada en el mundo es envejecer con ella cuidarla yo misma pero no puedo, a veces las cosas no salen como queremos. Eres lo más hermoso que le paso a mi vida, contigo fui tan feliz. Quiero agradecerte por todo eso, contigo aprendí muchas cosas y quiero que ella disfrute de eso. Cuida a mi Annie, Christian. Mantenla lejos del dolor. Pero por sobre todo, no quiero que cambies, no quiero que vuelvas a ser ese Christian gruñón y amargado que eras hace cinco años cuando te conocí. Quiero que sonrías… te ves tan hermoso cuando lo haces, jamás borres esa sonrisa de tu cara, ese brillo en tus ojos, los únicos ojos que han sabido verme por dentro, ver mi oscuridad y aun así amarme. Gracias mi amor, por entenderme, por apoyarme, por cuidarme, por cuidarla a ella y por qué sé que aun así estés molesto conmigo lo harás. Te amo de una manera que solo a ti he podido amar, más allá de una cara bonita, más allá de lo sentimental, más allá de lo físico.

No quiero hablar de Edward, no contigo, pero quiero que sepas que si decidí pasar estos días con él es porque ya sentía el final cerca, y sentía que todo estaba acabando para mí y quise compartirlo con él. Espero me perdones todo lo malo, incluso eso. Pero también espero que comprendas que a ti te dedique años y a él, a él solo días. ¿No es así?

No quiero que sientas lo de Ana como una responsabilidad, es solo que los escuche hablando y tú sonabas muy interesado en ella, confieso que por un momento me sentí traicionada pero ahora, miro atrás, y solo puedo ver en ti una excelente compañía para ella en momentos difíciles. Los amo a ambos y solo quiero lo mejor para ustedes.

Sé que esta carta no tiene ni pies ni cabeza pero tú… tú la entenderás.

Se feliz, Grey. Sé feliz y sonríe de esa manera que me vuelve loca.

Te amo, Isabella.

Cuando termino de leer, sonrío entre lágrimas. Tan intenso era lo que ella sentía por él, tan intenso como para escucharnos hablar y que no le importara pedirle que me cuidara. Dios… Bella siempre pensando en los demás antes que en ella.

Apoyo de nuevo las manos en el barandal y bajo la cabeza, puedo ver las lágrimas caer sobre el suelo y no me importa, lo dejo salir, necesito llorar. Ella nos escuchó… ella nos escuchó hablar poco antes de que le diera ese derrame que la mando al hospital… caigo de rodillas sintiendo la culpabilidad venir a mí, esa conversación la altero lo suficiente como para generar un derrame, el derrame que dio paso a todo lo que ocurrió después…

Christian vuelve a rodearme con sus brazos pero esta vez lo alejo.

-¡No! –Grito en sollozo- ¿No ves lo que causamos? ¡Ella nos escuchó ese día, Christian! ¡Ella tuvo ese derrame por nuestra culpa!

Christian me toma la cara con ambas manos y me hace mirarlo.

-¡Basta, Anastasia! No digas estupideces. –Dice mordaz- Yo me he preguntado lo mismo una y otra vez desde que leí la carta así que llame a Matt y me dijo que a Bella no la ha afectado alterarse, pero que ella posiblemente corrió y sus pulmones dispararon la alarma. Ana… el cáncer ya había llegado a sus pulmones en ese momento. Si no nos alertaba lo iba a hacer después. Era solo cuestión de tiempo. Confía en mí, no ha sido nuestra culpa.

Asiento asustada por su tono pero las lágrimas aún no han cesado. Christian toma la carta de mi mano y la dobla guardándola en su bolsillo. Él me toma en brazos y me deja sobre la cama, se desliza lejos y camina alrededor me siento mínima, como si hubiera sido regañada por hacer algo mal. El sale de la habitación y lo escucho caminar por el apartamento apagando luces, cuando vuelve cierra la puerta y camina hasta las corredizas del balcón y las cierra también, la lluvia ha comenzado a caer afuera. Él me mira y parece debatirse con qué hacer ahora.

-Puedes tomar el otro lado si quieres. –Me apresuro a decir.

No sé de dónde vino eso y me sonrojo. Me acuesto y le doy la espalda, cubro con las mantas hasta mi cuello y me refugio ahí. Escucho una pesada respiración y luego sus pasos, la cama se mueve donde él se sienta, los zapatos caen al suelo, uno y luego otro, el colchón se hunde bajo su peso al meterse en la cama a mi espalda. Estoy sumamente quieta y tensa, ¿Por qué hice eso? ¿Por qué le invite a dormir conmigo?

-Yo también la amo, Ana. –Murmura despacio- No eres la única que está sufriendo por todo esto. Ella me salvo a mí también, antes de conocerla yo era un hombre oscuro, un hombre al que le importaba una mierda si lastimaba gente, era frío y encerrado en mi propio mundo donde yo era el puto amo. Él día que la conocí ni siquiera me fije en su cuerpo, aunque tal vez esto no suene bien…. por primera vez no pensé en sexo al ver una linda mujer. Bella… era única, cuando cayó en mis brazos, cuando vi sus ojos… pude notar que no estaba mirando al hombre millonario, pude notar que no estaba viendo solo mi cara bonita… me miraba de una manera que estúpidamente me hizo sentir vulnerable. Fue extraño porque ella no vio en mi lo que todos ven, ella vio al Christian que trate de mantener oculto toda mi vida. Al Christian que tenía miedo de amar, de ser amable con alguien, de salir lastimado. Su mirada era tan inocente que incluso me lo demostró con su sonrojo cuando apenas le sonreí. –Él se ríe y la cama se sacude- Justo en ese momento, tuve miedo… miedo de soltarla y que no fuera real, que desapareciera, quería mantenerla en mis brazos para siempre. Trace por lo menos cinco planes diferentes de cómo hacer para volver a toparme con ella pero pronto, demasiado pronto quizás, se alejó. ¿Tienes idea de lo que John me cobra por cada cita? En ese momento quise pagarle el triple solo porque dijo su nombre. –Me giro y lo miro, parece un niño contando una historia emocionante- A penas salí de ese jodido lugar le ordene a Taylor tener toda la información que pudiera sobre Isabella Swan en mi escritorio para el final del día. Sabía lo que debía hacer, así que tire mi carta y deje todo en sus manos, me prometí a mí mismo que si no iba a la cita la dejaría en paz pero sabía que me estaba mintiendo. Jamás la dejaría tranquila hasta que me aceptara. Supongo que yo debo darle las gracias por hacerme una persona mejor, por sacarme de esa oscuridad en la que vivía, por enseñarme amar. –Era la primera vez que veía a Christian tan abierto, y era hermoso. Él sonrió ampliamente- Quisiera agradecerle por enseñarme que amar no es malo, que la felicidad si existe. Y sobre todo, que puedo tener una familia por mi propia cuenta. Pero no puedo… y eso es lo que más me jode a mí, Anastasia. Que no tengo la posibilidad de hablar con ella y decirle todo esto. Cuando Taylor me llamo y me dijo que ella había… muerto… no tienes idea de cómo me sentí, mi mundo se vino abajo, yo… realmente la amo y me arrepiento de no haberle dicho esto a ella, de haber sido un imbécil. –Él se restriega la cara con las manos tratando de alejar las lágrimas pero yo ya las he visto, las mías se cuelan silenciosas por mis mejillas- No llores, Ana. Sí algo aprendí de Bella es que llorar no soluciona nada. Ella lloraba mucho al principio, ¿sabes? Se despertaba por las noches y miraba la habitación como buscando algo y luego lloraba por no encontrarlo, nunca entendí que sucedía realmente con ella pero aun así la ayude a superarlo y ella me ayudo a mí con mis mierdas. Bella fue mi mejor amiga, y yo nunca se lo agradecí y ahora… ahora no puedo y me arrepiento. Así que sí ella me pide que cuide de ti, lo haré y ni tu podrás impedírmelo. Esa es mi forma de agradecerle lo que hizo por mí, lo que me enseño, agradecerle por amarme a pesar de todo. Pero por favor, no pienses que lo hago como obligación, no tengo nada en tu contra, me pareces una mujer fascinante pero verte y ver lo parecida que eres a ella es muy jodido en este momento y espero me disculpes por ello porque hasta tú misma has tapado los espejos. Bella fue mi gran amor y duele como la mierda el haberla perdido de esta manera. Recuérdalo siempre, no eres la única ni la que más sufre con todo esto.

Él me mira y sus ojos grises se ven brillosos con la poca luz de la habitación, no sé qué responderle, no puedo responderle. Me ha dejado sin palabras. Sonríe tristemente y se gira dándome la espalda, no puedo creer aún todo lo que me ha soltado de sopetón. Me giro devuelta hacía mi lado y sonrió un poco, Christian se ha abierto conmigo de una manera increíble. Meto la mano debajo de la almohada y la abrazo tratando de dormirme.

Cada fibra de mi ser esta gritándome, el fuego arde a mi alrededor. La culpa y la tranquilidad se propagan por mi cerebro. Ahora todo se está complicando un millón de veces más con los fuertes brazos de Christian envueltos a mí alrededor. Abro los ojos y me topo con su pecho, Dios, todavía no puedo comprender la pura, salvaje y masculina gloria de este hombre. Su cabello está totalmente desordenado, encrespado, perfecto. Tiene los labios rosáceos y entreabiertos, él es definitivamente la cosa más hermosa que he visto en mi vida. Me alejo un poco de él para poder mirarlo mejor y noto mi corazón acelerarse por la idea de ser descubierta pero no me importa. Estar cerca de él, ahora que sé todo lo que sé, estúpidamente me tranquiliza, me siento… segura. Pero aun así tengo miedo, de necesitarlo demasiado, de sentirme viva a su lado. Voy a salir lastimada. Él tiene un pasado jodido antes de Bella, ambos compartimos el dolor de perder a la misma persona y sé que eso nos joderá demasiado. Me deshago de sus brazos y me siento en la cama, Christian se remueve un poco y hace un sonido bajo con su garganta, dormido. Me hace sonreír ese pequeño gemido de protesta. Esto podría haber sido un error porque se siente todo demasiado perfecto. Voy a ceder a esto, el tiempo cura las heridas, ¿verdad? Bueno, tal vez yo solo deba esperar el tiempo suficiente, ahora solo debo seguir adelante. Tengo algo que me hace sonreír, después de la miseria que he pasado.

Me levanto y camino descalza hacia la puerta, salgo y la cierro con cuidado. Kate está en la cocina preparando un poco de café me sorprendo al verla valerse por sí misma en la cocina. Ella se gira y me mira, se sonroja un poco y señala la cafetera eléctrica.

-Ella lo hace todo por mí. –Dice avergonzada.

Me río y niego con la cabeza. Me acerco a ella y la beso en la mejilla.

-¿Quieres que me encargue del desayuno? –Pregunto.

-Sí, por favor. –Kate camina hacia su habitación- Papá me ha conseguido una entrevista y debo apresurarme si no quiero llegar tarde.

Miro el reloj y veo que apenas son las siete pero yo ya no tengo sueño. Reviso la alacena y la nevera, encuentro lo suficiente para preparar unos emparedados, no sé qué quiera Christian de desayuno así que le preparo a él unos huevos revueltos, un poco de beicon y tortitas. Cuando Kate vuelve ya tengo listo su emparedado y lo he empaquetado porque sabía que no le daría el tiempo suficiente para comerlo aquí. Ella sonríe un poco y se bebe el café. Coloco mi desayuno y el de Christian en la barra y cuando estoy a punto de ir a despertarlo él abre la puerta y sale. Esta descalzo y despeinado. Le doy una mirada fugaz a Kate y ella enarca una ceja notando que el paso la noche aquí. Oh, Dios. Me sonrojo violentamente. Niego desesperada con los ojos como platos para que capte la indirecta y ella gira los ojos, deja la taza sobre la barra y tomando sus cosas y la bolsa de papel con el emparedado se va sin decir nada. Me giro y veo a Christian revisando su celular con el ceño fruncido.

-¿Desayuno? –Pregunto tímidamente.

Él levanta la mirada y sus cejas se arquean, sorprendido.

-¿Por favor? –Responde.

Asiento y señalo hacia la barra con el pulgar.

-¿Te prepare huevos, beicon y tortitas? –Pregunto y muerdo mi labio, nerviosa.

-Suena bien, gracias. –Me contesta con una mirada intensa.

-Bien, siéntate. –Ordeno sintiéndome más relajada.

Camino hacía la nevera y saco un poco de jugo de naranja para ambos agradeciendo a Kate mentalmente por mantener la cocina abastecida mientras yo no estuve. Dejo la jarra y dos vasos sobre la barra y sirvo un poco de café para él. Christian se acerca a la barra, dejo el café junto a su plato y noto que aún no se ha sentado a comer.

-¿Sucede algo? –Pregunto cohibida por su mirada.

-Te estoy esperando. –Se encoge de hombros.

-Oh… -Me detengo y lo miro sorprendida.

Coloco mi té ya preparado junto a mi plato y miro a Christian que está esperando que me siente.

-Señorita Steele. –Me dice señalando el taburete.

Me ruborizo y asiento dándole las gracias, ¿Por qué mierda tiene que ser caballeroso justo ahora?

-Señor Grey. -Murmuro

Tomo asiento y él hace lo mismo poco después, desayunamos en silencio y es acogedor no tener la necesidad de querer llenar los espacios en blanco. Él termina primero pero espera a que termine y coge ambos platos.

-Creo que lo más democrático es que yo recoja la mesa ya que tú has cocinado. –Me dice y luego frunce el ceño como si recordara algo.

Salto del taburete y le ayudo a recoger lo demás.

-No es necesario… -Comienzo a protestar pero él me interrumpe.

-Anastasia, ve a hacer lo que sea que quieras hacer mientras yo arreglo aquí. –ordena tajante.

Vaya… lo miro estática, él retira las tazas de mis manos y señala la salida de la pequeña cocina con un movimiento de la cabeza.

-Ah, vale. Estoy siendo corrida de mi propia cocina. –Refunfuño.

Lo escucho reír y me giro para mirarlo, Bella tenía razón en la carta. Él tiene una sonrisa maravillosa.

Camino hasta la habitación y decido darme una ducha rápida, me coloco unos shorts de jean blancos y una camiseta negra sin mangas. No quiero salir a ninguna parte hoy, de hecho hay lago rondando mi cabeza desde hace un buen rato y quiero platicarlo con él. Dejo mi cabello húmedo, tomo el celular del bolso y lo enciendo. Hace una semana que no lo uso y sé que será desesperante ver cómo llegan mensajes y llamadas sin contestar, tormo la carpeta que contiene los papeles que él me ha enviado con sus abogados y salgo. Me encuentro a Christian en el balcón junto al salón y tiene una mano apoyada en la mesa y con la otra está revisando algo en su laptop. Se ve relajado, tanto como nunca lo había visto. Él levanta la mirada y por un momento me siento ruborizar ante su escrutinio de mi atuendo. Me apresuro a sentarme en la mesa y le entrego la carpeta.

-Sé que Bella quiso que yo me hiciera cargo de todo y que tú no quieres nada pero de momento no me siento preparada para hacerlo… -Digo en voz baja captando su atención, él se sienta junto a mí y cierra la laptop frunciendo el ceño- Yo… no estoy lista para encerrarme en la oficina de la editorial y jugar a ser la dueña. No puedo, Christian.

Mis ojos se humedecen parpadeo varias veces para eliminar las lágrimas. Él me mira por un largo rato, respira profundo y luego se deja caer hacia atrás chocando su espalda con el espaldar de la silla de un solo golpe.

-Entiendo. –Su voz es distante- Y no es que yo no quiera nada, es que al igual que tú no puedo hacerme cargo de sus cosas porque es jodidamente difícil para mí hasta ir a Escala, o Villa B y mucho más aún lo es ir a la editorial o saber algo respecto a ella. Cuando la compre para Bella era con la intensión de verla brillar y sonreír con lo que más le gustaba, era su sueño, es tan ella que no quiero nada respecto a eso.

Bufo frustrada.

-No podemos dejar que la editorial se valla a la mierda… -Mi voz se va desvaneciendo.

-Dile a Ángela que se encargue de todo mientras tanto. –Sugiere en voz baja.

Eso es una buena idea, tomo mi celular e ignorando todos los mensajes llamo a Ángela y le platico lo de ser la encargada de la Editorial, después de todo ella ha estado al pendiente durante todo este tiempo. Ange acepta encantada y yo me siento un poco más relajada, camino por el balcón de un lado a otro mientras le doy órdenes y algunas sugerencias. Cuando cuelgo la llamada noto la mirada de Christian puesta en mí, me ruborizo furiosamente y miro hacia otro lado incomoda. Por el rabillo del ojo lo veo levantarse y acercarse hasta mí, toma mi mentón y con su pulgar hala mi labio hasta liberarlo de entre mis dientes.

-No. –Me regaña- Deberías mantenerte alejada de mí… yo debería mantenerme alejado de ti.

-Por la carta… –Murmuro cohibida.

Christian levanta una ceja, con ojos brillantes, y niega lentamente sin apartar la mirada de mi cara.

-Hay algo en ti que me impide apartarme Ana, supongo que ya lo habías imaginado…

¡No puede apartarse de mí! Oh, mierda… concéntrate Ana.

-¿Por qué? ¿Por el extraño contrato que me enviaste? Christian no entendí de que iba todo eso ya te lo dije.

Su rostro se contrae un poco.

-No debí haber hecho eso. –Refunfuña- Olvídate de él, hace años que me aleje de ese mundo y me he sentido bien sin toda esa mierda yo solo quería una distracción para lo que estaba pasando con Bella, pero fue un error elegir eso.

Nos miramos fijamente sin decir más nada.

-Christian no entiendo… -Digo en voz baja.

Me quedo mirándolo un segundo más de la cuenta. Y pensando que he dormido con él esta noche y que pese a todas las mierdas sigue aquí. De pronto, por alguna razón inexplicable, probablemente por estar tan cerca, la atmosfera entre nosotros cambia y se carga de eléctrica y excitante anticipación.

¡Esto es un error! Me grita mi subconsciente pero no soy capaz de hacerle caso.

Se me acelera la respiración y el corazón me late a toda prisa. Christian gira un poco la cara hacia mí con los ojos totalmente impenetrables. Fija su mirada en mis labios y veo como poco a poco se va acercando y justo cuando estamos a punto de besarnos el teléfono en mi mano comienza a sonar.

Ambos nos sobresaltamos y volvemos a la realidad, él se aleja y pasa la mano furiosamente por su cabello. Sin mirar la pantalla me apresuro a responder la llamada tratando de calmar mi respiración.

-¿Hola?

-¡Dios mío! ¡Ana! –Mierda es Edward y suena desesperado- ¿Dónde estás? Te he llamado millones de veces desde ayer, nos has tenido asustados como la mierda.

Edward muy pocas veces dice groserías. Me lamento por no haberle llamado.

-Lo siento, me… superaron las circunstancias. –Digo con voz queda- Estoy bien.

Él da un largo suspiro y luego se ríe un poco.

-Bueno pues no creo que eso sea suficiente para Esme, Rose y Alice. –Se burla- Van de camino a Seattle si no es que ya han llegado.

Palidezco de golpe, ¿Qué están aquí? ¿Abran visto…? Me giro y miro hacía la calle en todas direcciones, no veo ninguno de sus autos, gracias a Dios.

-¡Dios santo, no debiste haberlas dejado venir, Edward!

Él bufa y puedo imaginarlo con expresión sarcástica.

-Esme anda un poco mamá gallina contigo y lo sabes, no había manera de detenerla. Rose y Alice solo encontraron una excusa para ir pronto.

-¿Y tú? ¿Vendrás? –Digo un poco más bajo, lo cierto es que ya lo extraño.

-No, Annie. No creo sentirme cómodo en ese lugar. –Responde igual de bajo.

-Ya, yo tampoco lo hago. –Suspiro profundo y tiro con fuerza de mi cabello- Te extraño y… puede que vuelva con ellas.

De inmediato las alarmas se activan en él.

-¿Sucedió algo? ¿Estás bien? ¿Tuviste una crisis no es así? Hemos estado esperándola toda esta semana y sabía que al estar lejos no ibas a poder aguantar más…

-Edward, cálmate. –Me apresuro a decir- Estoy bien, alguien… alguien me ayudo. –Me giro para mirar a Christian pero él ya no está y su laptop tampoco- Escucha, debo colgar, te avisare cuando ellas lleguen y puede que en dos o tres días estemos de vuelta a Forks. ¿Ok?

-De acuerdo, Ana. Cuídate. –Dice enfurruñado y sé que no está bien con mi respuesta.

-Lo hare. Te quiero. –Digo y cuelgo la llamada sin esperar respuesta.

Me adentro de nuevo en el departamento y veo a Christian salir de la habitación con sus zapatos puestos. Él toma sus cosas y las guarda en un maletín. Luego se coloca una americana azul de raya diplomática, coge el maletín y las llaves del coche y se dirige hacia la puerta sin despedirse.

-¿Sucedió algo? –Le suelto de pronto.

Él se detiene con una mano en el pomo pero no se gira.

-Sí, no debí venir. –Dice en tono duro.

Me quedo sin voz. Conozco esa actitud ya la he visto antes y Bella la ha señalado en la carta.

-Lo siento. –Digo en voz baja.

-No tienes porque. No ha pasado nada. –Dice bruscamente, sobresaltándome.

Él está siendo totalmente hostil conmigo, ¿Por qué? La boca se me seca, y de repente me siento perdida, no he hecho nada mal, él es quien ha estado a punto de besarme aun así me disculpe y sigue tratándome mal.

-No entiendo porque tomas esta actitud tan hosca en mi contra de un momento a otro, no he hecho nada malo. –Suelto de sopetón.

Él se gira y da largas zancadas hasta quedar a centímetros de distancia. Doy un respingo y retrocedo dos pasos.

-Creí que habías mal interpretado todo cuando entraste en mi oficina y viste a Elena. –Dice entre dientes- Pero ahora… luego de escuchar cómo se preocupa él por ti y como se tratan… creo que el que yo hablara con una vieja amiga no es nada en comparación con lo que estás haciendo tú.

Tras otro leve respingo me quedo boquiabierta. ¿Qué acaba de insinuar?

-¿Estás diciendo que...? –Mi voz sale baja y dolida.

-Tú y Edward. Me dan pena. –En sus ojos hay de todo menos burla pero su voz es irónica- No has esperado demasiado para meterte en su cama.

Imbécil.

Mi mano va a dar en su mejilla justo antes de que mis ojos se nublen por las lágrimas.

-¿Cómo te atreves a siquiera pensar en eso? –Le grito- Edward es mi amigo solo eso, él esta tan jodido en esto como nosotros, ¡él ama a Bella! Eres un idiota Grey.

Sus ojos arden con furia cuando vuelve a mirarme. Está atónito por mi reacción.

-¿Me has golpeado? –susurra casi para sí mismo.

Mis mejillas se ruborizan un poco, si he golpeado a Christian Grey.

-Sí. Me has insultado y es lo mínimo que te merecías.

-Bien. –Se vuelve a girar y camina de regreso a la puerta- es tu problema con quien te acuestas.

Jadeo, la furia va creciendo en mí de manera descomunal.

-Deja de decir esas mierdas. ¡Nunca me he acostado con nadie! –Gruño y no es hasta que Christian se gira y me mira sorprendido que me doy cuenta de lo que he dicho.

Abro los ojos como platos y me ruborizo de todos los tonos posibles. ¡Ah, mierda! ¿Por qué coño hice eso?

-¿Eres virgen? –Susurra despacio.

Asiento con la cabeza y me ruborizo aún más. Desvío la mirada y lo escucho jadear, luego como cae su maletín al suelo y sus pasos apresurados hacia mí pero esta vez no se detiene.

Se abalanza sobre mí y me empuja contra la puerta de cristal que da al balcón, me sujeta el cabello con una mano, tira hacia abajo para levantarme la cara y pega sus labios a los míos. Gimo, lo que le permite aprovechar la ocasión para meterme la lengua y recorrerme la boca con experta pericia. ¡Me está besando! Abro los ojos y veo su rostro pegado al mío con los ojos cerrados, quiero devolverle el beso así que lo hago. Posiblemente no tenga otra oportunidad para hacerlo. Mi lengua acaricia tímidamente la suya y se une a ella en una lenta y erótica danza de roces y sensaciones, de sacudidas y empujes. Me siento flotar.

Se separa de mí colocando sus manos a los lados de mi cabeza y me mira intensamente.

-No puedes decirme algo así y esperar que me quede tranquilo. –Se queja.

Siento mis mejillas hervir, entrelazo los dedos y los miro fijamente intentando distraerme. Cuando vuelvo a levantar la mirada él parece caer en cuenta de lo que ha pasado y se aleja de mí. Justo en ese momento alguien toca la puerta debe de ser Esme.

-Debo irme. –Dice en tono seco- Adiós, Anastasia.

¡Vuelvo a ser Anastasia!

Christian toma de nuevo el maletín y camina hacia la puerta. Alice, Esme y Rose están ahí de pie claramente fingiendo que no le han oído. Él pasa junto a ellas sin decir nada y se marcha. Dejo salir todo el aire de mis pulmones de golpe y me deslizo hasta estar sentada en el suelo. ¿Qué hemos hecho? ¿Por qué he dejado que me besara? ¿Por qué le he devuelto el beso?

-¡Ana! ¿Estás bien cariño? –Pregunta Esme llegando a mi lado.

Levanto la mirada y me topo con sus ojos dorados preocupados. No puedo decirles nada, independientemente de lo que sepan ya, no puedo decirlo en voz alta.

-Lamento haberlos preocupado. –Murmuro en su lugar.

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Tres días después y con ayuda de Rosalie quien había estado ejerciendo de abogada de Bella junto a Jasper, ya tengo todo listo. Ángela pasó a ser mi mano derecha y la encargada de todo, ella me mantendría al tanto de lo que sucediera en la editorial y en los clubes. En cuanto a la casa de Villa B no quise tocar nada, la mantendrían limpia y cuidada pero nadie viviría en ella. El departamento se lo deje a Kate, ella había logrado el trabajo en un importante periódico y se quedaría en Seattle, y aunque no le hiciera gracia que yo viviera con Rosalie no protesto, ella sabía que yo no estaba para enfrentar todo esto no directamente. Mi teléfono sonaba constantemente con llamadas de Carla y Ray, no atendí ninguna. Yo no quería nada de ellos, ni siquiera sus explicaciones.

No supe más nada de Christian desde ese día.

Mi regreso a Forks fue bien recibido, sobre todo por Edward, el brillo en sus ojos se había extinguido para siempre pero aún era capaz de regalarme sonrisas a pesar de todo.

-¿Cómo lo llevas? –Le pregunte el primer día.

-Cómo puedo. –Respondió.

Entendí esas dos palabras mejor que nadie, yo quise ser valiente y falle.

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Hoy Bella cumplía cinco meses de muerta, Edward me acompaño en la mañana a llevarle flores. Estuvimos un largo rato ahí en silencio, hasta que comenzó a llover. Nos encontrábamos de vuelta en casa. Estaba sentada en el suelo junto a las puertas de cristal que daban al jardín trasero, me gustaba estar ahí cuando llovía, estaba leyendo un libro que Ángela me había enviado cuando de repente escuche el piano sonar, Edward no había dejado de tocar así que no me sorprendió, lo que me tomo desprevenida fue su voz, era baja pero clara.

Él estaba tocando Say Something. Y me hizo llorar.

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En Junio Rose y Emmett nos platicaron respecto a su decisión de renovar votos, todos estuvimos contentos por ellos, aunque pude ver la sombra pasar por los ojos de Edward e instalarse ahí por un largo tiempo. También recibí un correo de Christian.

De: Christian Grey

Fecha: 27 de Junio 2014 13:24

Para: Anastasia Steele.

Asunto: ¡Felicidades!

Me alegra mucho que lo estés llevando bien, felicidades por el premio. La editorial ha quedado en buenas manos.

Christian Grey

Presidente de Grey Enterprises Holding, Inc.

Había adjuntado una copia escaneada del artículo de Seattle Times que había escrito Kate sobre el premio Pulitzer que había ganado la editorial por la influencia en la opinión pública. Solo le respondí "Gracias" y por cortesía. Aunque mi corazón se aceleró a mil por hora.

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Para el cuatro de Julio los Cullen me ofrecieron pasar las fiestas visitando a sus parientes en Denali. Acepte ya que no quería quedarme sola en Forks, a penas pisamos Alaska en mi celular sonó con un correo.

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De: Christian Grey

Fecha: 03 de Julio 2014 19:36

Para: Anastasia Steele.

Asunto: ¿Buen viaje?

No sabía que Alaska fuera de tu interés. Espero disfrutes la estancia en McKinley.

Christian Grey

Presidente de Grey Enterprises Holding, Inc.

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Abro la boca sorprendida. Miro a Jasper y Alice en los asientos delanteros del auto y parecen ajenos a esto. ¿Qué mierda es esta? Pulso "Responder"

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De: Anastasia Steele

Fecha: 03 de Julio 2014 19:36

Para: Christian Grey

Asunto: ¿Buen viaje?

¿Se supone que debería sentirme alagada? ¿Me estas siguiendo?

Ana.

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Pulso "Enviar" y un minuto después llega su respuesta.

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De: Christian Grey

Fecha: 03 de Julio 2014 19:38

Para: Anastasia Steele.

Asunto: Promesa.

Le recuerdo que he prometido cuidar de usted, así que acostúmbrese a ser vigilada por mi equipo.

Christian Grey

Presidente de Grey Enterprises Holding, Inc.

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Esto es peor de lo que pensé. Tecleo una rápida respuesta.

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De: Anastasia Steele

Fecha: 03 de Julio 2014 19:40

Para: Christian Grey

Asunto: Niñeras fastidiosas.

No necesito una niñera. Puede decirles a sus hombres que den media vuelta y regresen por donde vinieron.

Ana.

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-¿Pero que se habrá creído? –Refunfuño.

-¿Sucede algo, Ana? –Alice se gira desde su asiento y me mira, me sonrojo, olvide donde estaba.

-Nada solo… pensaba en voz alta. –Tartamudeo.

Mi celular vuelve a sonar y lo reviso rápidamente.

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De: Christian Grey

Fecha: 03 de Julio 2014 19:42

Para: Anastasia Steele.

Asunto: ¿Niñeras?

En Alaska hace mucho frío, no arriesgaría a mis hombres a morir de hipotermia. Solo te mantengo vigilada, puedo rastrear tu móvil.

Christian Grey

Presidente de Grey Enterprises Holding, Inc.

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Agosto pasa rápidamente y pronto, tal vez demasiado pronto, llega mi cumpleaños. El cumpleaños de Bella, luego de llevarle un hermoso arreglo floral hecho por Esme a su tumba volvemos a casa y yo me refugio en mi lugar junto a la puerta de cristal, con una taza de té y un libro. No dejo que nadie me felicite, no recibo llamadas, ni leo mensajes. Quiero que solo termine el día pero mi correo suena y no puedo evitar revisarlo al ver que es de Christian.

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De: Christian Grey

Fecha: 13 de Septiembre 2014 20:38

Para: Anastasia Steele.

Asunto: Un día normal.

Escuche de Kate que no respondiste sus mensajes, puedo adivinar el por qué. Quieres un día normal, así que… ¿Feliz día normal?

Christian Grey

Presidente de Grey Enterprises Holding, Inc.

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Me reí un poco. Y fue el único al que le respondí.

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De: Anastasia Steele

Fecha: 13 de Septiembre 2014 20:40

Para: Christian Grey

Asunto: ¿Feliz no cumpleaños?

Gracias.

Ana.

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Septiembre se fue y dio paso a un Octubre lluvioso y oscuro, el 11 de Octubre Bella cumplió un año de muerta y yo lloré, el tiempo había pasado en un abrir y cerrar de ojos pero el dolor no se había ido aun. Tanto Edward como yo pasamos parte del día en el cementerio, hasta que llegaron Charlie y Renée. No hable con ellos, solo me aleje y volvimos a casa. Hice un viaje rápido acompañada de Alice a Seattle para resolver algunos pendientes con la editorial, escuchar a Edward tocar el piano todo el tiempo me recordó algo. Fui al departamento y tome lo que necesitaba, Alice me sonrió y volvimos Forks. Cuando llegamos a casa todos miraron el objeto colgando de mi hombro y yo me sonroje.

-La tengo hace años. –Murmuro cohibida.

Ellos asienten y no hacen preguntas, comprenden que no quiero hablar al respecto.

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La boda de Emmett y Rose era el sábado quince de Noviembre y hoy era viernes. Los Denali habían llegado, aunque la mayoría había ido con ellos de caza, eran los únicos invitados a parte de mí. Rose no quería a más nadie y cuando dijo esto nos miró a Edward y a mí. Entendí por qué y le sonreí en agradecimiento. Alice tenía meses tratando de ver algo en el futuro y no podía eso la frustraba y hoy andaba peor que nunca, incluso distraída mientras caminaba de un lado a otro por el jardín ordenando algunas cosas para la fiesta de mañana.

Me senté en las escaleras de la parte trasera y tome mi guitarra entre mis manos, no la había tocado desde que la había traído y tuve que ajustar un poco las cuerdas para afinarla. Comienzo a tocar suave las tonadas de Only Hope, es fácil tocar esta canción, no necesito pensar demasiado así que la uso solo para liberar mi mente. Pero cuando la termino decido ocupar mi mente con Stay in my memory, es una canción que solíamos tocar Bella y yo, cuando ella aprendió a tocar piano yo ya tenía años tocando guitarra así que nos acoplamos bien, Kate tiene algunos videos de nosotras aunque no éramos la gran cosa pero la pasamos bien en esos momentos. Cuando la termine, note lágrimas en mis ojos las limpie rápidamente.

-Tocas muy bien, Ana. –Comenta Edward.

Doy un respingo, por supuesto no lo escuche llegar, él está de pie junto a la puerta.

-Y tienes una voz maravillosa. –Dice Alice recostada a la baranda de la escalera.

-¿Pueden dejar de ser tan silenciosos? Acabaran con mis nervios. –Refunfuño sonrojada.

No quiero público, por eso tome la guitarra justo ahora que todos los demás han ido de caza.

-¡Toca otra! –Exclama Alice dejándose caer en el último escalón a su lado.

-No quiero que me vean tocar. –Digo en voz baja.

Edward se sienta frente a mí con la espalda apoyada en barandal de la escalera, justo donde estuvo Bella la última vez que estuvo aquí.

-Tú me has visto tocar muchas veces, incluso cantar. –Dice con una pequeña sonrisa- Me parece justo que ahora me toque a mí escucharte.

Él me mira fijamente, me muerdo el labio nerviosa, solo Kate, José y Bella me han escuchado. Más nadie. Pero Edward está sonriendo y me gusta verlo sonreír. Bajo la mirada a las cuerdas y comienzo a tocar It's Time. Es una canción que me recuerda a él, a como él a pesar de todo lo sucedido se ha mantenido fiel a quien es y como es. Cuando ya tengo el dominio de las notas cierro los ojos y comienzo a cantar. El canto parecía una extensión natural de tocar guitarra, salía sin ser llamado. Cuando aprendí tocar guitarra los quince años para mantenerme ocupada de la distancia con Bella fue algo que parecía estar escondido en mi interior y simplemente floto. Bella aprendió a tocar piano para no olvidar a Edward, ahora lo sé porque la pieza que más tocaba era muy parecida a la que él le compuso. Dejo que todo salga cuando canto y eso es lo que estoy haciendo ahora, dejar que Edward vea con esta canción que no debe cambiar jamás. Siento sus ojos puestos en mí, y cuando termino la canción y la última nota tiembla en el aire abro los míos, no son solo Alice y Edward quienes me miran, son todos. Tanto los Cullen como los Denali. ¿En qué momento llegaron?

Abro los ojos sorprendida y avergonzada. Ellos aplauden y mi corazón late con fuerza en mi pecho.

-Eso fue hermoso, querida. –Carmen es la primera en hablar y no sé qué ha dicho porque lo ha hecho en español.

-Maldición, Ana. –Exclama Emmett sonriendo- Eres jodidamente buena.

-Ese lenguaje Emmett. –Lo regaña Esme, pero me sonríe y yo me río de él- Pero es cierto, Ana. Cantas hermoso. ¿Podrías tocar otra?

Me encojo de hombros, yo realmente no quiero que me miren mientras todo, no tengo ningún problema con ser escuchada porque todo el mundo canta pero que me estén mirando fijamente me cohíbe mucho.

-Creo que deberíamos dejarla tranquila. –Sugiere Jasper y yo le miro agradecida.

Muerdo mi labio nerviosa tratando de no parecer muy entusiasmada con lo que él ha dicho, sería muy grosero de mi parte. Ellos asienten y poco a poco se dispersan por la casa, aunque algunos se quedan en el jardín a terminar de retocar algunas cosas. Suspiro agradecida y le sonrió a Jasper. Él me devuelve la sonrisa y me guiña un ojo.

-Tengo una, te puedo ayudar si quieres. –Comenta con un encogimiento de hombros señalando mi guitarra.

Esa idea me gusta más. Quiero seguir tocando pero no la atención de todos sobre mí. Sonrío más ampliamente y asiento animada.

-De acuerdo. –Le digo y el desaparece dentro de la casa.

Alice me está mirando con ojos soñadores.

-Me gusta que el socialice contigo, es una cosa buena. –Dice bajito aunque sé que él pudo escucharla.

Miro a Edward y él asiente de acuerdo con Alice. Aunque ellos no sean conscientes, sé de lo que hablan, Bella me lo conto. Y yo tampoco quiero ser atacada por Jasper. Me gusta más tenerlo de amigo. Él vuelve y se sienta a mi lado con su guitarra.

-¿Te sabes From where you are? –Pregunto en voz baja.

-Eso creo, comienza y yo te sigo. –Asiente y frunce el ceño.

Es una canción que tiene días rondándome la cabeza, la he escuchado muchas veces desde hace un año. Y realmente quiero tocarla, respiro profundo y esperando no equivocarme comienzo a tocarla, es la primera vez que lo hago y puede que sea la última. Jasper la pesca de inmediato y se une, justo cuando yo comienzo a cantar. No aparto la mirada de las cuerdas pero puedo ver por el rabillo del ojo como Edward da un respingo ante la letra. Los ojos se me llenan de lágrimas cuando recuerdo a Bella y lo mucho que la extraño. Ojala, donde sea que ella este pueda escuchar esto. Cuando termino la última nota, seco una lágrima fugaz que se ha logrado colar por mis mejillas.

Esta vez nadie dice nada, y lo aprecio.

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La boda fue muy linda e íntima y la fiesta paso a ser solo una reunión entre allegados. Veo a Edward mirar atentamente a Rose bailar con Carlisle con ojos soñadores. De pronto sacude la cabeza y baja la mirada. Camino hacía el y me detengo a su lado.

-Estás pensando en ella.

Él me mira y sus ojos se entristecen aún más.

-Te pareces tanto a ella. –Susurra acariciando mi mejilla.

Mi peor tortura. Bajo la mirada y le doy una leve sonrisa.

-Lo sé, aun me cuesta mirarme a un espejo sin que duela. –Comento en voz baja- La extraño cada día más, Edward.

-Lo has hecho mejor que yo, Ana. –Me responde en voz neutra, esa que usa para esconder su profundo dolor.

Cuando estoy por responder el da un respingo y comienza a mirar en todas direcciones, me alarmo de inmediato buscando el peligro pero el corre en dirección a Alice. Lo sigo lo más rápido que puedo al ver que todos se han detenido a prestarle atención a ellos dos, Alice tiene la mirada perdida y le murmura algo a Edward. Él se gira hacía mí y me mira aterrado. Me detengo en seco y él camina hacia mí y se detiene en frente mirándome directamente a los ojos.

-¿Qué te dijo Bella de los Vulturi? –Pregunta y todos los presentes jadean- Y no me mientas, Anastasia.

¿Los Vulturi? De pronto recuerdo a Bella asustada maldiciendo a Edward por haberme contado que es un vampiro. Ella les temía a esos tipos, y por la expresión de Edward yo también debería hacerlo. Palidezco de golpe.

-So-solo lo que son… como los que mandan en tu mundo y que una tal… ¿Victoria? –Pregunte con duda y el asintió con la mandíbula tensa- Si eso, que ella estuvo creando un revuelo y ellos interfirieron… -Me mordí el labio y lo pensé un momento- ellos… no le hicieron nada a Bella porque esas eran las ordenes… ella dijo que había sido la única vez que los había visto. Pero no sé si sea verdad, ya ves que ella aprendió a mentir.

-¿Qué es lo que sucede, Edward? –Pregunta Carlisle alarmado.

Edward se gira hacía ellos y mira a Eleazar, ese hombre me pone los bellos de punta por la forma en que me mira desde que me conoció en Julio pasado. Edward reacciona a algo que posiblemente él pensó y me coloca detrás de su cuerpo cubriéndome. Mi corazón late deprisa.

-Lo siento. –Dice Eleazar con serenidad.

-¿Por qué estabas haciendo eso? –Pregunta Edward en tono frío.

-Solo trataba de saber porque no puedo leer nada en ella. Ella definitivamente es un escudo… -Murmuraba Eleazar mirándome hipnotizado- es increíble que aun siendo una simple humana pueda bloquearme de esta manera…

¿Bloquearlo? Frunzo el ceño en respuesta, no entiendo de qué hablan.

-Perdóname –dice Edward aturdido- ¿Cómo la has llamado?

-Un escudo Edward. –Eleazar lo mira con curiosidad- Si yo no puedo leer nada en ella tú tampoco, ¿no es así?

Él sacude la cabeza.

-No, pero jamás he podido hacerlo. Ni siquiera con su hermana. –murmura Edward.

Eleazar pestañea sorprendido.

-Qué interesante, que dos personas tengan un don tan latente aun siendo humanas… imagina si las transformaras… -Él le dirige una mirada a Edward casi de exasperación- qué ironía. Aro me envió por todo el mundo en busca de este tipo de anomalías, y tu simplemente te tropiezas con ellas por accidente… ¡Y por partida doble!

¿Antes de… transformarme? Dejo de respirar por un momento. ¿Es que acaso ellos quieren hacerme vampiro? ¿Quién es Aro?

-Pero Aro ya tiene un escudo en su guardia personal, ¿no? –Pregunta Edward exasperado.

A Eleazar se le ponen los ojos redondos como platos. ¿Escudo personal?

-¿Es que no lo entiendes, Edward? Alice acaba de tener una visión y solo dijo el nombre de esta muchacha… y luego tú vas y le preguntas por los Vulturi… demasiada casualidad ¿no es así? ¿Por qué no nos dices que fue lo que Alice vio?

Ya esto ha sobrepasado los límites, mis nervios están a flor de piel. Quiero saber que está pasando.

-¿Edward? –Mi voz sale frágil.

Él se gira para mirarme y me abraza manteniéndome contra su pecho.

-Los Vulturi quieren a Ana. –Murmura con voz fría hacia los demás- Alice vio a Aro muy enojado porque Bella había muerto –su voz se quiebra en la última palabra- pero al ver a Ana en las noticias supo de inmediato que ella podría tener ese mismo poder, Eleazar tiene razón. Quieren a Ana en su guardia.

-¿Edward de que estas hablando? –Pregunta Rose.

-Los Vulturi… vienen por Ana. –Dice Alice en respuesta.

Me estremezco entre sus brazos, Edward me aprieta un poco más dándome sensación de protección.

-Nunca dejare que alguien te haga daño. –Sisea bajo entre dientes apretados, justo en mi oído.

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Una semana después todos se encuentran alerta a la espera de una nueva visión, Edward se ha convertido en parte de mí. Incluso permanece en la habitación mientras duermo. Los Denali no quisieron marcharse y puedo notar la hostilidad emanando de Irina, una de las hermanas Denali. Ella en serio me odia y no sé porque.

No había llovido en días y el sol brillaba como jamás lo había hecho en Forks. Estaba sentada en el salón tomando un poco de té recostada al pecho de Edward cuando Alice se levantó de golpe de su sitio y Edward se tensó debajo de mí.

Me enderece y deje la taza sobre la mesa. El miedo se había extendido por mi cuerpo en cuestión de segundos. Edward me rodeo con sus brazos un poco más fuerte de lo permitido.

-¿Cómo es que no lo viste venir antes? –Gruñe Edward hacia Alice.

Ella parpadeo un par de veces y me miro aterrada, luego poso su mirada en Edward y siseo.

-¡No es mi culpa! Sabes que he estado al pendiente de cada decisión, no entiendo cómo se me escapo.

El miedo crece en mi pecho, mi corazón se acelera.

-¿Edward que sucede? –Pregunto en voz baja.

Él me mira por un largo segundo y su rostro cae en picada hacía la preocupación extrema.

-Están a poca distancia. –Explica con voz gruesa- Ha venido solo Aro con algunos guardias. Pero aun así son más fuertes comparados con nosotros. –Él toma mi rostro entre sus frías manos y me mira intensamente- No dejare que nada te pase, Annie. Lo prometo.

Mis ojos se llenan de lágrimas, solo le he dejado a él que me llame así y que lo use en este momento solo me dice que la situación es realmente jodida.

-Yo no quiero que te pase nada a ti… -murmuro con voz rota- ni a los demás…

-Ni se te ocurra, Anastasia. –Gruñe Emmett sobresaltándome- Joder, eres igual a Bella. No vamos a dejarte sola en esta mierda.

Lo miro boquiabierta. Rosalie a su lado asiente y Esme viene hasta mí y me acaricia la mejilla.

-No pienses que vamos a dejarte sola en esto cariño. –Dice con voz maternal- Si ellos saben de la existencia de ustedes es por nosotros, no nos pidas que nos hagamos de la vista gorda mientras Aro te lleva con él porque tu hermana ya no está.

Cada vez que Esme habla de Bella es como si ella estuviera de viaje. Y se siente bien por lo menos pensar que así es aunque no sea la verdad.

-Tenemos que encontrarlos a mitad de camino o vendrán hasta aquí. –Se apresura a decir Alice con la vista perdida nuevamente- Están muy cerca.

Emmett se suena los dedos de las manos en actitud amenazante y sonríe ampliamente.

-Bien, pues ¿Qué esperamos? Yo personalmente no los quiero cerca del pueblo. –Dice y sale corriendo, seguido de cerca por Rosalie.

El pueblo… ¡Charlie y Renée! Palidezco de solo pensar que algo les suceda. Que este molesta con ellos no quiere decir que no me preocupen. Tomo a Edward por su camisa y los zarandeo.

-¡Edward tenemos que irnos, Charlie está en el pueblo! –Digo desesperada.

Prefiero mil veces que algo me pase a mí y no a ellos.

Edward parpadea un par de veces y me toma en brazos tal y como hizo Emmett el día que Bella murió. Siento el viento golpear mi cara mientras el corre, aprieto fuertemente los ojos e intento no marearme. Me siento como en una montaña rusa, rápidos movimientos y largos saltos. Minutos después se detiene y me deja con cuidado en el suelo, mis piernas fallan y tengo que sujetarme de él para no caerme. Miro hacia nuestro entorno y estamos en un espacio grande, como un gran claro. Los Cullen son quienes están más cerca de nosotros, los Denali también han venido, sin embargo se mantienen un poco retirados, sobre todo Tanya e Irina.

Todos miran fijamente hacía el otro extremo pero yo no logro ver nada. Poco después unas sombras negras se mueven hacía nosotros y no es sino hasta que están a pocos metros que logro distinguirlos. Son capas, largas capas negras.

Ellos son solo ocho, o al menos esa es la cantidad de capaz que logro contar. Edward tenía razón son pocos comparados con los doce vampiros que hay de este lado del claro. Edward se tensa a mi lado e igual a como hizo con Eleazar me vuelve a colocar detrás de su cuerpo, protegiéndome. Él vampiro en el centro se retira la capucha de la capa con un movimiento fluido y sonríe amablemente. No es si no hasta entonces que noto el sol dando de lleno en su piel. Brilla, brilla como un diamante en bruto. Miro a los vampiros a mi lado y también están brillando. ¡Que hermosos!

-¡Carlisle, mi viejo amigo! –Dice el vampiro con voz etérea- Veo que saben a qué hemos venido ya que la muchacha está aquí.

Me estremezco al ver su mirada posarse en mí. Edward se mueve un poco y me cubre totalmente con su cuerpo.

-Ah, Edward. ¿Cuántos años sin verte muchacho? –Dice un poco más jovial- ¿Podrías por favor entregarme mi precioso tesoro?

Edward gruñe fuertemente y no responde.

-¿Debería tomar eso como un no? –Inquiere en voz queda.

-Aro no creo que sea buena idea el que obligues a Ana a ser vampiro. –Comenta Carlisle sin ningún saludo de su parte.

Así que ese es Aro. Me asomo con cuidado por un lado y veo una figura a la derecha del vampiro, se mueve dando unos pasos hacia adelante y retira la capucha de su cara. Ella es pequeña incluso más que Alice, pero de una manera aterradora. Sus ojos lucen afilados y se posan en nosotros. Edward da un respingo y me hace volver a esconderme detrás de él. Me quedo esperando la posible razón de su reacción pero no llega, nadie se mueve ni dicen nada. Grandes estruendos suenan en el cielo y doy un brinco asustada. Levanto la mirada y veo potentes rayos caer cada vez más cerca, el cielo se va nublando rápidamente y los siguientes rayos caen justo en medio del claro, entre los Vulturi y nosotros. Miro en todas direcciones, sobre todo a aquellos vampiros de negra vestimenta pero ellos parecen tan desconcertados como yo.

El siguiente rayo que cae lo hace en el mismo lugar y parte el suelo en dos. Jadeo sorprendida. Y retrocedo unos pasos. ¿Qué está pasando? ¿Es alguna clase de poder de alguno de ellos? Aro no aparta la mirada del cielo y los otros vampiros lo rodean tratando de protegerlo de la amenaza invisible.

-¡Tráiganme a la humana! –Brama Aro con voz urgida.

Todos los Cullen se colocan más cerca de Edward y se agazapan listos para saltar. Pero cuando los vampiros Vulturi comienzan a venir hacia nosotros cuatro rayos caen al mismo tiempo a pocos pasos por delante de los Cullen. Los Vulturi se detienen y lucen expresiones aterradas, me inclino hacía un lado para ver mejor y noto cuatro figuras de rodillas justo donde cayeron los rayos. Ellos se levantan y lo primero que llama mi atención son las hermosas alas blancas en sus espaldas.

-Son solo guardianes, ¡vayan por ella! –Gruñe Aro quien parece momentáneamente más relajado.

De pronto todo pasa muy rápido ante mis ojos humanos como para seguirlo con claridad. Los vampiros de Aro comienzan una batalla contra las figuras con alas y veo arder en llamas varios de ellos con facilidad.

-¿Qué es eso? –Pregunta Esme sorprendida.

-Parecen… -Dice Alice.

-Ángeles… -Completa Edward.

Abro la boca sorprendida. ¿De verdad hablan en serio? Bueno si tienen pinta pero ¿Ángeles?

-¡¿Qué están esperando?! ¡Félix, Demetri traigan a la humana!

Dos guardias que se habían mantenido junto a Aro reaccionan ante su orden y corrieron hacía nosotros pero una quinta figura cae a centímetros de Carlisle, quien es el que estaba en la primera fila de mis guardias, haciendo detener a Félix y Demetri en seco. Ella, tenía una rodilla apoyada en el suelo y un puño junto a esta. Levanta lentamente la mirada y poco a poco se pone de pie irguiendo su cuerpo delante de nosotros. Sus alas lucen más grandes que las de los demás, e incluso brillan con destellos dorados en las puntas. Tiene los brazos marcados con alguna clase de símbolos triviales y va vestida de blanco, en contraste con su larga cabellera negra recogida en unas trenzas que daban a una coleta alta, pero aun así el cabello le da por la cintura. Ella levanta un puño y los cuatro ángeles que se encontraban peleando con los vampiros baten sus alas y de un salto se posan a los costados de ella formando una barrera entre los Vulturi y nosotros.

-Sera mejor que te lleves a tus lacayos antes de que te quedes solo. –Amenaza con voz vibrante a Aro.

Aro la mira aterrado, por primera vez veo el miedo en las facciones de todos los presentes.

-¡Mi querida niña, cuanto tiempo sin verte! –Exclama con fingida emoción.

Ella no responde y él continúa con su perorata.

-¿Por qué un Arcángel se ha tomado la molestia de venir hasta aquí a proteger a unos condenados? –Le pregunta Aro con asombro- Aunque tengo una ligera idea…

La mujer, tal parece que ella es el Arcángel al que Aro teme, se ríe a mandíbula batiente y es un sonido tan hermoso y vibrante como lo es su voz.

-Tú no sabes nada. ¿De verdad crees que me han enviado aquí a proteger vampiros? –Ironiza- Estoy aquí para cuidar a la humana que tanto deseas condenar.

Mi boca se seca y dejo de respirar. ¿Ella ha venido con cuatro guardianes a protegerme… a mí? Los Cullen se giran y me miran sorprendidos, me ruborizo y encojo de hombros. No sé qué está pasando. Solo Edward mantiene su atención fija en la mujer y Aro.

-Ah, cuan extraordinario es el amor que perdura más allá de la muerte… pero, ¡No me iré de aquí sin ella, me pertenece! –Gruñe Aro.

Félix y Demetri parecen tomar esto como una orden y retoman su camino hacia nosotros. Los ángeles no se mueven y la mujer Arcángel se vuelve a reír por lo bajo y esta vez es un sonido amenazante.

Félix da un salto y ella lo hace medio segundo después y lo intercepta en el aire, algo brilla en su mano y cuando el vampiro cae al suelo está en llamas. Demetri llega a un metro de distancia de Carlisle el pánico me hace gritar pero los ángeles no se mueven, la mujer se gira de prisa y toma a Demetri por la capa y lo avienta lejos, de regreso a Aro, este cae justo a los pies del vampiro. Ese pequeño momento de ella de cara hacía nosotros me hizo notar algo familiar pero no logre distinguirlo. Varios, por no decir todos, los vampiros de mi lado jadean fuertemente.

-No puede ser… -Murmura Edward.

La mujer vuelve a tomar su lugar en la fila, delante de Carlisle y es entonces cuando puedo ver lo que lleva en la mano, una daga plateada con letras doradas en la hoja.

-Sabes que no pueden conmigo, así que largo. –Dice la mujer- O sufrirán la ira del cielo.

-¡No deberías protegerlos es absurdo! –Gruñe Aro con cara de desquiciado.

-Tú no deberías tentar a tu suerte. –Se burla ella en respuesta- Los Arcángeles hemos estado tras su pista por un tiempo, tú y tus hermanos han cometido muchas atrocidades y ya es suficiente.

Aro da unos pasos hacia atrás y su guardia lo imita. Él en serio luce asustado de ella.

-A pesar de tu amor por ellos no podrás protegerlos para siempre. Volveré a por ella en algún momento.

-Te estaré esperando. –Responde ella y para afianzar su promesa un nuevo rayo cae en medio del claro.

Aro se sobresalta y se va. Corriendo, huye de ellos. No sé cómo reaccionar ante esto. Los Cullen a mi alrededor relajan sus posiciones, todos excepto Edward. Siento los brazos de Esme rodearme, lo sé por lo suave que es y cómo me acaricia el cabello. Pero no la miro. Hay algo en la mujer que aún no termino de entender, ella luce demasiado familiar para ser una recién llegada.

Los ángeles se giran y noto que ellos a diferencia de la mujer, son todos hombres y llevan ropa negra.

-Mikhael, Muriel, asegúrense de que se vayan. –Ordena la mujer y los dos ángeles a su izquierda dan un salto y se van batiendo sus alas.

-¿Retiro el escudo? –Pregunta uno de los ángeles que han quedado a su lado derecho.

Ella asiente aun de espalda a nosotros y el chasquea los dedos, una línea dorada y dispersa comienza a bajar justo entre nosotros y ellos hasta el suelo y desaparece. ¿Ese era el escudo?

-¿Cómo podemos agradecerles? –Pregunta de repente Carlisle.

-No es necesario que hagan tal cosa. –Responde, la mujer y se gira de cara hacia nosotros.

Piel nívea, cabello negro, un vestido estilo ateneo blanco y grandes ojos verdes. Ella es idéntica en cierta forma a…

-¡Bella! –Exclama Edward con voz rota.

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¡Hola! Primero que nada lamento haberlas hecho llorar, ¿puede que con este capítulo también? Como verán no todo era malo chicas, les pedí confianza en mí…

Respondiendo a sus preguntas:

1.- Charlie y Renée si son los padres de Ana y Bella. Ana fue robada al nacer y la hicieron pasar por muerta pero Charlie no se lo creyó del todo y por eso fue a dar con Carla. (Carla no tiene la culpa, ella solo fue una víctima más). Y, por lo tanto, Ana y Bella tienen la misma edad, solo que hicieron pasar a Ana por menor que Bella para no crear sospechas entre ellas.

2.- Posiblemente esperen un Christian total y completamente muy "Grey" de nuevo pero lo cierto es que Bella lo cambió mucho y no quiero volver a darle esa personalidad fría y déspota de antes. Sigue siendo el chico controlador de siempre, pero más "liberadas" no sé si me explico ;) Espero les guste que el comience a confiar en Ana como para contarle todo lo que dijo.

3.- ¿Alguien llamo a Bella de regreso? Pues les dije que ese amor no acaba tan fácil. La chica ha vuelto aunque no tan Bella, ya notaran el por qué.

4.- Una chica, la cual no sé su nombre porque su review es anónimo pregunta sobre porque Bella en el cap pasado está de nuevo viva si ya había muerto: Es porque ese es la muerte desde su punto de vista.

Muchas gracias por sus hermosos y emotivos comentarios, nuevamente les pido disculpas por las lágrimas derramadas y por emocionarme ante eso, lo sé puedo sonar mala, pero eso significa que les llego la historia :)

Espero con ansias sus reviews que serán para mí unos bonitos regalos de cumpleaños ya que mañana (11) es mi día :)

Las quiero mucho.

xx

Maiia