DECLAIMER: Harry Potter y su mundo son propiedad de J.K. Rowling.

RECUERDEN: Las imágenes de TODAS mis historias están en mi perfil. No olviden mirar la de este DraMione.

¡AVISO IMPORTANTE!: Ésta historia está siendo editada. Pretendo corregir errores de ortografía y unas que otras cosillas. La trama no cambiará.


Capítulo XXI

Más allá del cielo

_ Casa Malfoy Granger — 7 años después _

Sin descanso nos habíamos dedicado por completo a nuestros hijos durante los días y las noches que conformaron los últimos 7 años. Aunque, siempre intentábamos pasar algunas horas solos los dos aquello se nos hacía totalmente imposible, nos amábamos con la misma intensidad de siempre, pero ya no era igual y eso en parte, en buena parte me dolía. Además, no ayudó para nada el hecho de que casi obligué a mi marido a que volviera a su trabajo y con eso conseguí que en las noches llegara tan cansado que tan solo cenara, repartiera besos y finalmente durmiera. Yo fui incapaz de volver a retomar mi puesto de Profesora en Hogwarts porque si lo hacia ¿Quién cuidaría de mis pequeños? Habían varias opciones, pero simplemente me negué y Draco estuvo de acuerdo cosa que me ayudó mucho más a tomar aquella decisión.

Dumbledore, por otra parte, aceptó todo aquello no muy contento, pero no dijo nada que me lastimara o me hiciera dudar sobre la decisión que había tomado, más bien me hizo otra propuesta.

Sin embargo, la preocupación sobre el asunto de mi marido y su trabajo finalizó hace tan solo 8 días atrás al recibir una grata visita...

FLASH-BACK

Aquella fría y torrencial mañana de agosto Draco se encargó de recoger la mesa donde habíamos desayunado con ayuda de los niños mientras yo preferí lavar los platos.

— ¡Oh!

Un grito me sobresaltó de tal forma que el vaso de vidrio que lavaba cayó de mis manos y al tocar el lavaplatos se rompió en varios pedazos. Saqué a toda velocidad la espuma de mis manos con ayuda del agua y rápidamente me arrodillé frente a mi hija, Draco había hecho lo mismo mientras Scorpius nos miraba de cerca algo asustado.

— ¿Mi amor estás bien? — Pasé las manos por su rostro quitando de esa forma los lisos mechones castaños que lo cubrían.

Mi hija asintió aun algo sobresaltada.

— Solo fue un trueno, princesa — Le susurró ahora mi marido mirando lo mismo que yo, sus ojos grises comenzaban a inundarse en lágrimas.

La abracé con fuerza.

— Ya pasó, ya todo pasó — Y otro molesto trueno sonó haciendo que mis palabras perdieran credibilidad.

Daphne comenzó a llorar en mi hombro.

— No tienes porqué asustarte, papá y mamá están aquí contigo y por si fuera poco tu valiente hermano también — Draco le hizo señas a nuestro hijo para que se acercara y no dudó en hacerlo.

— Daphne, solo son...

— Sí, ya lo sé Scorpius, son truenos los cuales no son más que el sonido producido por la expansión del aire al paso de la descarga eléctrica, es decir, al paso de los relámpagos, pero de igual forma no me gustan.

Mi hijo resopló y Draco colocó una mano en sus rubios cabellos y se los alborotó aun más evitando reír. Por alguna razón le gustaba llevar el cabello despeinado por más que su padre y su abuelo, Lucius, le insistían que mejor le quedaba con un poco de gomina y peinado para atrás. Como Draco, precisamente, solía llevarlo en Hogwarts.

— Tienes toda la razón, eso que has dicho ha sido la definición perfecta de los truenos, pero te repito yo también, no hay nada por lo cual asustarse. Todo está bien, la lluvia en cualquier momento cederá, más bien porque no aprovechas este clima para leer uno de tus libros frente a la ventana ¿No te gusta la idea?

Los ojos de mi hija brillaron con entusiasmo mientras una sonrisa comenzaba a asomarse en sus labios.

— Lo haré — Me besó en la mejilla luego hizo lo mismo con su padre. Tomó la mano de su hermano con fuerza — ¡Acompáñame! Mamá me regaló un libro de pociones avanzado que sé que te encantará — Expresó segura y mi rubio hijo no dudó en seguirla muy emocionado.

Me puse de pie y en silencio los vi perderse por el pasillo que daba hacía sus cuartos. Unos conocidos brazos se aferraron a mi cintura...

— El segundo trueno no te ayudó en nada — Rió en mi oído y yo lo imité colocando mis manos sobre las suyas — Tenemos a otra brillante sabelotodo en casa — Se burló.

— ¿Y qué hablas tu segunda mejor nota de Hogwarts? — Volvimos a reír.

— Te amo.

— Y yo a ti — Susurré besándolo.

Draco se inclinó un poco para profundizar aquel gesto.

— No Draco, pueden venir los niños... en cualquier momento — Al fin me soltó no muy feliz.

— Te necesito, Hermione.

La suplica en su voz me hizo sentir mal, demasiado para mi pesar. Yo también lo necesitaba, lo necesitaba como hombre, como amante, como esposo. Acaricié su mejilla con cariño y él cerró los ojos como muchas veces hacía hace ya bastante tiempo. Sin poder evitarlo uní mis labios a los suyos en un beso nada sutil, cargado más bien de deseos, de ansiedad. Lo necesita y mucho.

— Hermano, sé que te gustará... — Escuché la voz de mi hija a lo lejos y rápidamente me separé de Draco.

Giré para posicionarme frente el fregadero tratando de que mi respiración agitada volviera a la normalidad, mi esposo no estaba nada mejor que yo.

— ¿Papá, hoy también tienes que ir a trabajar?

— Si, campeón ¿Por qué? — No sé como lo hacia, pero su voz sonó normal a pesar de escucharlo a mi lado tomando grandes bocanadas de aire algo disimuladas.

Miré de reojo a mi hijo y vi tristeza en ellos, el rostro de Daphne no mostraba nada mejor.

— Quería que me ayudaras a hacer una pócima que aparece en este libro — Ondeó en el aire el mencionado ejemplar — Será para otro día — Sin más ambos salieron de la cocina.

Su voz había roto mi corazón, pero aun más la decepción y hasta la poca sorpresa reflejada en ella. No pude evitar agachar la cabeza para así ocultar mi rostro con mi rizado cabello, ya que no quería que mi esposo viera las lágrimas que comenzaban a humedecerlo.

Tomó su varita y arregló el vaso roto. Con mucho cuidado se hizo espacio frente el fregadero y terminó de lavar lo que quedaba.

Al finalizar, posó una mano en mi barbilla y me obligó a mirarle.

— A mi también me duele... — Susurró con tristeza y en ese momento miré como sus claros ojos se llenaban de una sustancia acuosa.

Lo abracé con fuerza y él rápidamente me correspondió.

Un ruido en la sala llamó nuestra atención. Él secó rápidamente su rostro mientras yo hacía lo mismo con el mio y juntos caminamos hacía aquella parte de la casa.

— ¡Abuelos! — Susurraron mis hijos al unisono.

De la chimenea salían tanto los padres de Draco como los míos y aquello me extrañó mucho, no porque estuvieran juntos, ni porque nos vinieran a visitar, sino por la hora. Generalmente lo hacían en las tardes.

— ¿Pasa algo? — Inquirió mi esposo algo preocupado.

— ¿Acaso tiene que pasar algo para venir a verlos? — Espetó Lucius sonriendo hacia Daphne mientras la cargaba entre sus brazos.

— No, por supuesto que no, saben que siempre serán bienvenidos — Señalé.

Mi madre se acercó para abrazarme y mi padre hizo lo mismo también, realizaron el mismo gesto con mi esposo para después enfocarse en los niños.

Vi como Draco se colocaba la túnica de viaje sobre el traje negro que llevaba, aquello indicaba una sola cosa, ya era hora de partir. Los niños se percataron de lo mismo y ambos se zafaron de los agarres de sus abuelos para ir a despedir a su padre, el cual los abrazó a los dos al mismo tiempo.

— ¿A dónde va? — Quiso saber mi madre y sinceramente, volvió a extrañarme la actitud de todos. En sus caras había sorpresa.

— Al trabajo, mamá.

— No.

— ¿Cómo no?

— No hijo, venimos a hablar con los dos — Comunicó Narcissa.

— Pero, en 10 minutos entro al trabajo, si no me apresuro llegaré tarde.

— Cariño solo nos llevará 5 minutos hablar con ustedes — Habló mi madre otra vez.

— ¿Daphne, Scorpius, pueden dejarnos un momento a solas?

— ¿Por qué abuela Jane?

— Princesa, porque vamos a hablar cosas de grandes — Les explicó mi padre sonriente.

Aquello no pintaba nada bien.

No muy contentos los niños se fueron a jugar a alguno de sus cuartos. Todos tomaron asiento y Draco y yo los imitamos ubicándonos uno al lado del otro.

— ¿Y bien? — Inquirió Draco — ¿Les pasa algo? — Se le veía preocupado.

— No, a ustedes les pasa.

— ¿Por qué dices eso papá?

— Hija, porque es la verdad. Tienen una familia hermosa, unos niños muy bien educados, atentos y amables, pero... ¿Qué ha pasado con ustedes?

— ¿Con nosotros?

— Si, Draco. ¿Qué ha pasado con la pareja?

Aquella mirada de Narcissa me ponía nerviosa, no debería seguir pidiéndole consejos sobre mi vida matrimonial o de mi rol como madre, aun cuando sus palabras siempre me reconfortaran.

Miré a Draco y hasta ese momento noté que me estaba observando algo dudoso.

— ¿Qué podemos decirles? — Comencé tomando la mano de mi marido — La pareja existe, aquí estamos... — Señalé nuestras manos unidas — Solo que los niños, el trabajo, la casa...

— ¡Exacto! — Exclamó Lucius — Por eso mismo Draco, he ido directamente a tu trabajo y me encontré a mi viejo amigo Lamborginni y simplemente aceptó mi petición.

— ¿Qué petición?

— Tienes 8 días, a partir de hoy de baja en el trabajo.

— ¿Pero que le has dicho?

— Que tienes problemas familiares.

— ¿Problemas con quién? — Inquirí algo molesta.

— Hermione, tranquila. Hemos hecho esto principalmente por ti, por ustedes dos. Hemos decidido que durante estos 8 días los niños la pasaran con nosotros.

— ¿Pero, mamá como hacen algo así sin consultar?

— ¿Cómo sería exactamente? — Preguntó Draco restando importancia a mi pregunta.

— 4 días con nosotros y luego 4 días con los Granger.

— No, mejor 3 y 3. Los otros dos quiero que estén con nosotros ya que si la lluvia nos deja me gustaría salir a pasear, ir a al playa tal vez...

— ¡Draco!

— ¿Qué?

— ¿Cómo puedes apoyarlos así como así? Tomaron esa decisión sin consultarnos.

Se acercó a mi de tal modo que lo que iba a decir nadie pudiese escucharlo.

— Hace minutos ambos nos quejábamos por no poder pasar tiempo juntos, ¿Por qué no aprovechar esto? — Sonrió.

Lo pensé un minuto sin apartar mis ojos de los suyos.

— Daphne... Scorpius — Llamé a mis hijos y enseguida estuvieron al frente de mi — ¿Qué les parece la idea de pasarse unos días en casa de sus abuelos?

— ¡Genial! — Exclamó mi hijo.

— ¿Cuándo? — Quiso saber mi castaña hija con entusiasmo.

— Desde hoy — Habló Draco emocionado y la sonrisa de mis niños selló toda aquella locura.

FINAL DEL FLASH-BACK

Al principio no me había parecido una buena idea, pero finalmente disfruté de cada día a solas con mi esposo sabiendo que, tal vez, para que algo así se volviera a repetir debían pasar unos cuantos años más. Durante aquellos días a solas confirmé que nuestro amor seguía intacto y nos juramos que aun cuando ambos estemos cansados por las noches ellas serían nuestras, solo nuestras aunque aquello implique llenar el cuarto de hechizos protectores y silenciadores.

— ¡Mamá! ¡Papá! — Escuché como los niños comenzaban a llamarnos desde la chimenea.

Rápidamente me puse de pie dejando la carta de Dumbledore aun sin leer sobre la peinadora, luego me encargaría de ella. Sabía que Draco estaba en el despacho alistando todo para cuando regresara al trabajo así que él llegaría antes que yo, debía darme prisa.

— ¡Hola Campeón! — Escuché como mi esposo exclamaba encontrándolos.

Logré ver a mi hijo frente a la chimenea sujetando dos maletas una de un verde oscuro casi negro y otra de flores en varias tonalidades rosadas. Draco se acercó a él y liberó el peso que llevaba nuestro pequeño, para luego abrazarlo con tanta fuerza que lo levantó del piso. Los tres sonreían.

— ¡Papá! — Rió — Tampoco fue tanto tiempo — Volvió a reír cuando su padre lo aseguró sobre el suelo.

— ¿Pero qué dices? ¡Claro que lo fue! — Habló serio, pero aun con una sonrisa pintada en sus labios.

Se acercó a Daphne la cual no dejaba de mostrar su alegría por estar de vuelta con una gran sonrisa que mostraba la caída de uno de sus incisivos laterales. Mi esposo tendió su mano frente a ella e hizo una reverencia, mi hija puso su pequeña mano sobre la suya sin dejar de sonreír.

— ¿Cómo está la hija más bella e inteligente del mundo? — Le preguntó besando su mano — Por lo visto has perdido otro diente — Rió y la pequeña dejó de sonreír.

— Si, lo había olvidado — Señaló colocando una mano en su boca.

— ¡Ven! — La atrajo hacia él con un solo jalón para luego abrazarla de la misma manera como lo hizo con nuestro hijo, aunque esta vez dio varias vueltas con ella en sus brazos.

— ¡Papi me estoy mareando! — Rió junto con Draco el cual decidió, después de darle otras vueltas más, situarla con firmeza sobre el suelo — ¡Los extrañé tanto! — Se abrazó a la cintura de su padre.

No queriendo continuar más tiempo oculta caminé hacia ellos.

— Y nosotros a ustedes — Les sonreí.

— ¡MAMÁ! — Ambos corrieron hacia donde estaba y me dieron uno de esos abrazos dobles que tanto me reconfortaban.

— ¿Cómo están? ¿Disfrutaron con sus abuelos? — Comencé a preguntarles mientras les acariciaba sus mejillas.

— ¡Muchísimo! Abuelo Lucius nos llevó a varios lugares ¿Verdad, Daph?

— Así es mami y nos dieron bastantes regalos...

— ¡¿MÁS?! — Pregunté incrédula y toda mi familia comenzó a reír.

Guiados por nuestros hijos ambos tomamos asiento en el mueble doble mientras ellos se ubicaban en el suelo con sus maletas al frente. Al ver como comenzaban a vaciar sus equipajes preferí ponerme cómoda, así que me acurruqué en los brazos de mi marido que no dudó en acogerme besando mi frente.

— Miren, esto me lo dio abuelo Lucius — Mi hijo mostró sonriente varias prendas donde el color verde predominaba, no puedo asegurarlo, pero me pareció ver un escudo de Slytherin en ellas.

— Mi abuelo está muy seguro de que ambos entraremos en Slytherin, como tu papá — Señaló mi hija confirmando mis sospechas, apiló varios libros con portadas llamativas a su lado mientras notaba como la emoción hacia brillar más sus claros ojos — Estos me los dio abuela Jane...

— ¡No ha parado de leerlos! — Le reprochó Scorpius.

— No veo cuál es el problema, a mi me encantan — Espetó con cierta molestia resguardando los ejemplares más cerca de ella, al parecer su hermano llevaba días molestándola con aquel hecho.

Mi hijo resopló y continuó vaciando su maleta, mientras Draco y yo los contemplábamos en silencio. Ya habían pasado 7 años, 7 maravillosos años...

Scorpius Hyperion Malfoy Granger me parecía el pequeño más encantador de todos con aquel cabello rubio liso siempre apuntando a todos lados y sus ojos grises tan demostrativos. Narcissa, mi suegra, me mostró fotos de mi esposo cuando era pequeño y la verdad es que mi príncipe parece una copia miniatura de su padre. En lo referente a su carácter, bueno, tiene tanto de Granger como de Malfoy ya que es muy atento, inteligente, testarudo y cuando se molesta se molesta, no le gusta que le lleven la contraria asegurando que lo que dice siempre tiene sus bases las cuales generalmente son historias que sus abuelos le cuentan. Le gusta fastidiar a su hermana, al parecer aquello lo distrae, aunque la mayor parte del tiempo siempre están jugando pacíficamente, nos ha señalado más de una vez que siente mucha responsabilidad sobre ella, él asegura que por ser el mayor debe cuidarla, cada vez que dice eso Daphne se pone a la defensiva y le repite una y otra vez que es mayor por menos de 10 minutos.

No sé si notaron que le gusta mucho hacer pócimas, pero no solo eso, modificar sus componentes y estructuras también, por eso siempre tengo que estar muy atenta a las cosas que se le ocurren; recuerdo una vez cuando estaba más pequeño mezcló diferentes pociones que según Draco estaban guardabas fuera de su alcance y un sonoro ruido heló mi corazón por un momento, gracias a los cielos todo había sido un susto nada más, un gran susto. Heredó no solo nuestra habilidad en pociones, sino la de Quidditch de parte de su padre y padrino Ronald, así que cada vez que viene a visitarnos este ultimo o viceversa no pierden oportunidad para hablar sobre aquel tema o jugarlo en si. Ronald le regaló su primera escoba.

Su circulo de amistades es muy cerrado: Albus Potter es su mejor amigo, aunque siempre pasa tiempo con James Potter y Robert Weasley el segundo hijo de Luna y Ronald. Honestamente, está muy emocionado, ya quiere ir a Hogwarts no solo incitado por sus propios impulsos sino por los deseos de su abuelo Lucius; se siente Slytherin de corazón y eso me preocupa ya que colecciona objetos de la Casa antes mencionada y su ilusión es enorme, no quiero imaginarme qué pasaría si no llegara a aquedar en la Casa de las Serpientes, sé que él es consciente de esa posibilidad por eso le da terror el solo pensar en el momento que le coloquen el Sombrero Seleccionador sobre la cabeza. Pero, finalmente, se siente orgulloso de quien es y como es y nosotros de él. Respeta a todos los que les rodean, comprende con facilidad las instrucciones que se le dan, aunque eso no minimiza el hecho de que al parecer le encanta romper una que otra regla, creo que en eso se parece algo a mi ya que a pesar de sobresalir en Hogwarts estoy consciente de que junto a mis mejores amigos hice una que otra cosa que se suponía no debía hacer. Siente una infinita admiración por su abuelo Lucius Malfoy.

Sin embargo, para Draco y para mi no hay niña más hermosa que Daphne Lucia Malfoy Granger, físicamente lo único que sacó de mi fue el color del cabello porque del resto se parece a su padre, es decir, tanto Scorpius como ella tienen un gran parecido, mismos ojos, nariz, labios y hasta gestos. Es muy inteligente, responsable, risueña, terca, le enoja que las cosas no salgan como ella quiere, como precisamente, dice ella, deben ser, es algo perfeccionista y bastante sentimental. Una de sus más grandes fascinaciones es leer, me sorprendí cuando tan solo a los 5 años ya lo sabía hacer con mucha fluidez, pero no solo eso, sino que le encantaba; creo que ha leído más libros que yo a su misma edad. Me encanta mirarla sumergida en uno de sus ejemplares, siempre se le ve entusiasmada y feliz al hacerlo. Por esa razón Draco de vez en cuando a optado por llamarla Mi sabelotodo preferida y eso a ella no le molesta, al contrario, ya que se lo dice con el mismo cariño con que me lo dice a mi en la intimidad de nuestro cuarto, pero lamentablemente sé que una vez ingrese al Colegio las cosas pueden cambiar, es decir, esa misma frase se puede convertir en un insulto al obviar la primera y la ultima palabra, dejando solo sabelotodo. Por esa razón he hablado mucho con ella, no quiero que la lastimen, así que le conté varias circunstancias por las que pasé para que a ella no se le repitan, además le he señalado muchas veces, cosa que me sorprendió en el momento, que es una Malfoy y los de su familia no se dejan humillar, pero tampoco se la pasan haciéndolo. Después ambas llegamos a la conclusión que, ignorar era la mejor solución, claro si aquello realmente pasara.

Es muy apegada a su padre y a los míos. Es la consentida de sus padrinos Harry y Luna, pero aun más de esta ultima ya que ambas se la pasan buena parte del tiempo cuando se encuentran hablando sobre temas con los cuales yo prefiero no meterme. Adora a sus primos, es decir, a los hijos de nuestros amigos que más que eso son hermanos para nosotros. Se lleva de maravilla con Meliza la rubia hija de su madrina la cual es menor que ella por unos pocos meses, además la pequeña Lily aun siendo menor que Daphne por 3 años se lleva increíble con mi hija. Sin embargo, con James no se la lleva nada bien ya que a veces, solo a veces ambos se muestran amables, pero de repente comienzan a discutir por cosas triviales que gracias a los cielos no han pasado a mayores. Según lo que mi princesa me cuenta su primo, mayor que ella por casi 2 años, la molesta diciéndole que quedará en Ravenclaw y sigo sin comprender porqué le molesta tanto si ella misma señala que desea ir a Hogwarts porque quiere conocer, disfrutar y aprender sin importar la Casa en la que quede, además, más de una vez me ha dicho que según sus investigaciones desde la muerte del Señor Tenebroso todo ha cambiado para bien y en eso tiene mucha razón. Todas las Casas se llevan increíble, ya no existe la riña de antes aunque sigue la sana competencia.

Obviando esa parte de James, ella está muy feliz por ingresar a Hogwarts dentro de unos años. Me confesó una noche que le gustaría estar en la misma Casa que su hermano para que así ambos pudieran cuidarse y ayudarse. Uno de sus más valiosos tesoros es el álbum mágico que le regalé a Draco en nuestro aniversario, no para de leerlo y de expresar que ella quiere una historia así, mi marido cuando escucha aquello siempre se atraganta aun sin estar comiendo y busca la mejor manera de cambiar de tema.

Sentí, precisamente, como Draco comenzaba a acariciar mi cabello mientras yo continuaba mirando a los seres que llenaban de luz mi hogar, contando a mi propio marido.

En un abrir y cerrar de ojos ya habían pasado 7 fenomenales años. Mis niños crecen muy rápido, pero a pesar de eso estoy muy feliz. Amo a mi familia, así que hoy en mi presente, si tuviera la oportunidad no cambiaría nada de mi pasado para que todo siguiera fluyendo como va.

— ¿El qué piensas?

— En nuestros hijos... — Susurré mirándolos jugar con lo que parecía ser otro carro de control remoto, obviamente, obsequiado por mis padres.

— ¿En lo niños? — Inquirió dubitativo.

— Si... — Mi voz sonó algo más suave de lo deseado — No te das cuenta mi amor, hace poco les cambiábamos los pañales ahora míralos tu mismo... — Hundí más mi cabeza en su pecho y el afirmó su agarre.

¿Existe alguna manera de paralizar el tiempo? Quiero estar por siempre así, acurrucada a su lado, sintiendo su amor en silencio mientras nuestros hijos juegan con sonrisas de alegría pintadas en sus rostros.

Esto es la verdadera felicidad.

— Opino igual que tu. Hace algún tiempo discutíamos cuáles serían sus padrinos ideales y ahora ellos argumentan en cuál Casa les gustaría quedar — Ambos reímos.

Con señas nuestros hijos nos pidieron que nos acercáramos y no dudamos hacerlo. Nos sentamos en el suelo junto a ellos y comenzamos a examinar cada uno de los nuevos regalos que habían traído a casa, mientras Draco se hacía el sorprendido por las invenciones Muggles nos hacía reír a todos.

_ Horas más tarde _

Hacías más o menos media hora Draco les había pedido a los niños que fueran a asearse y vestirse para dormir al haber visto bostezar a Scorpius más de una vez y hace menos de 10 minutos él mismo fue a hacer los mismo, mientras yo antes de eso preferí echarles un vistazo a mis hijos.

Caminé por el pasillo en donde se encontraban las habitaciones de mis pequeños, entré primero en la de Scorpius.

Su cuarto me recordaba muchísimo al que Draco tenía en la Mansión, aunque este tenía menos negro y más verde. En la pared en la que estaba pegada la cama estaba pintado un escudo de Slytherin que el mismo Lucius, con ayuda de Severus y Draco le hicieron como sorpresa de cumpleaños. Al otro costado estaba un estante lleno de botellas en miniatura llenas de diferentes pociones muy pocas hechas con mi ayuda ya que mayormente prefería que su padre o su abuelo Severus, como él le decía, lo ayudarán en aquello. Cuando se trataba de teoría siempre iba tras de mi, pero al parecer o la práctica se le daba mejor a aquellos dos hombres a pesar de yo haber sido Profesora de Hogwarts precisamente sobre aquella asignatura, o con mayores probabilidades, ellos le dejaban hacer más cosas que yo. Solo remover el cardero no debe ser nada divertido. Habían también hierbas, restos de animales almacenados en frascos y un caldero, aquel costado era su laboratorio particular.

Draco me insistió en varias ocasiones en que debíamos amueblar uno de los cuartos desocupados, pero me negué, por ahora está bien con eso, cuando crezca podrá tener su laboratorio si así lo quiere.

Las luces de la habitación estaban prendidas, me acerqué a la cama con cuidado al no poder divisar si ya estaba dormido.

Sus brazos estaban sobre la almohada en la que descansaba su cabeza y uno de sus pies se asomaba por la frazada. No pude evitar sonreír al verle, al parecer estaba muy agotado.

— Buenas noches mi amor — Susurré besando su frente.

Lo cubrí bien sin intenciones de despertarlo y finalmente apagué la luz de la recamará y salí de ella para entrar ahora en el que estaba justo a su lado, el de Daphne.

Sin duda, al solo mirar ambos cuartos se podía percibir la diferencia entre ambos niños, por más que hayan nacido con solo minutos de diferencia y posean un parentesco físico bastante perceptible.

El color que predominaba en esta habitación era el rosado, aunque el juego de cama era blanco en su totalidad y eso le daba una inocencia digna de toda una princesa. A un costado estaba un blanca y pequeña estantería con libros bien ordenados, solo estaban allí sus preferidos los demás los guardaba en el despacho junto a los de Draco y los míos los cuales siempre me insistía en que quería leer, pero le repetía una y otra vez que aun no, estaba bien por ahora con sus cuentos y leyendas fantásticas, además de los tomo de literatura, historia y ciencias. En el espejo de su peinadora se podía visualizar en uno de sus extremos 5 bufandas: una de Gryffindor, otra de Ravenclaw, Hufflepuff, Slytherin y una con el escudo de Hogwarts y los colores de las cuatro Casas. Sin duda, aquello dejaba claro que no sentía preferencias por una o otra, simplemente quería ir a la misma donde estuviera su hermano.

La luz de la lámpara junto a ella estaba encendida y vi como sujetaba muy cerca de su cara un libro. Caminé hacía ella sin intención de asustarla...

— ¿Daphne, aun despierta?

— Mami es que este libro es estupendo, en serio — Expresó con cierta cautela mientras me mostraba la portada del ejemplar.

— Lo sé mi amor, cuenta la historia de un joven mago que junto a sus amigos derrota a un malvado hombre...

— ¡Sí!

— Pero, sabes muy bien que hay tiempo para leer y para dormir lo necesario también, así que para su pesar señorita este es el momento de descansar — Le sonreí tomando el libro y cubriéndola bien con la frazada mientras resoplaba al estar en desacuerdo.

— Está bien, dormiré — Concretó al fin.

— Mañana podrás continuar con tu lectura — Besé su frente dejando el libro en la estantería — Dulces sueños princesa — Apagué la luz de la lámpara y salí de su cuarto.

Confiaba en mis hijos totalmente, ya que siempre respetaban nuestras decisiones tratando de hacer que estemos orgullosos de ellos, sin embargo, desde él primer día que Draco y yo supimos que seríamos padres lo estábamos.

Reprimiendo un bostezó entré en el despachó, tomé un pergamino, pluma y tinta y me dirigí a mi habitación donde sabia que ya Draco estaba esperándome dentro de la cama.

— Están listos — Le informé sentándome en la peinadora.

— ¿No vendrás a dormir?

— Claro, solo dame 5 minutos para leer la carta de Dumbledore y responderla ¿Sí? — Lo miré con una sonrisa y él me imitó asintiendo.

Sin dudar abrí el sobre dejando al descubierto un pergamino muy bien doblado. Lo desdoblé y comencé a leer la letra de Albus en aquellas pocas líneas que más bien parecían preguntas...

Querida Hermione,

Cuéntame, ¿Cómo va todo? ¿Cómo están los niños? Severus me ha mantenido informado sobre sus visitas ¿Cómo se la lleva con los niños? ¿Por cierto, Draco cómo está? Lucius me contó lo que hicieron y me pareció una idea fantástica, sabes muy bien que si no estuviera tan lejos con Minerva les hubiese cooperado con aquella Misión de dejarlos solos.

Por cierto, en lo que respecta a nosotros todo va bien. Aunque, ahora que recuerdo, no me has dicho ¿Aceptas mi propuesta?

Hasta pronto,

Albus Percival Wulfric Brian Dumbledore

No pude evitar sonreír al haber terminado de leer aquella elocuente epístola. Sin dudar, tomé el pergamino limpio y comencé a escribir...

Estimado Albus,

En términos generales todo está muy bien, más que eso realmente. Draco, los niños y yo estamos muy felices, aunque si me permites contarte hoy me he puesto algo nostálgica al notar cuanto han crecido mis hijos, pero del resto todo marcha normal.

Por cierto, Scorpius y Daphne ya están discutiendo en cuál Casa quieren quedar, además me preguntaron por ti y le dije la verdad, que estabas disfrutando de un par de semanas con Minerva lejos del mundo mágico. Me alegro mucho que estén pasándola tan bien.

No dudes en pasar por la casa cuando estés de regreso, si puedes traer a McGonagall contigo mejor, sabes muy bien que mis hijos los quieren tanto como si fuesen sus abuelos. En lo que respecta a Severus, pues sí, no ha visitado en varias ocasiones siempre poniendo como escusa que viene a ver a su ahijado, pero todos sabemos muy bien que se ha encariñado demás con los niños y la verdad es que ellos lo quieren mucho. A Scor le está ayudando en pociones, según lo que me dijo solo debe aprender a respetar los tiempos de cocción y dejar de lado sus ansias. A Daph le está enseñando Legilimancia y Oclumancia y ella está encantada.

Sí, un día se aparecieron nuestros padres y nos informaron aquello, al principio no estaba segura, pero después aflojé un poco y estoy feliz de haber aceptado, deberíamos tener más sorpresas como esas.

Sabes Dumbledore, no me canso de agradecer tu intervención aquel día cuando Lucius tenía fijado hacernos daños, nunca me hubiese imaginado que tus palabras pudieran hacerlo reflexionar de tal forma. El Lucius que conozco ahora me hace sentir muy orgullosa, no solo de su rol como de padre sino como abuelo. Confío mucho en él.

¿Que si acepto? ¡Por supuesto que acepto! ¿Cuándo y en dónde se me va a presentar algo así? Sé que no te gustó aquella idea mía de no regresar a Hogwarts por querer cuidar a los niños personalmente, por eso nunca me esperé algo así, pero viniendo de ti todo es posible. Gracias por permitirme dar clases en Hogwarts únicamente las mañanas en el mismo período que los niños comienzan, es demasiado, de verdad, Draco está muy feliz porque eso me permitirá regresar en las tardes con él. Desde que me propusiste eso no sé a ciencia cierta con quien habló, creo que fue con un tal Lamborginni amigo de su padre, pero bueno el hecho es que cuando ingrese al personal de Hogwarts él tendrá solo un turno de trabajo y será en las mañanas, así que en la tardes estaremos juntos. A los niños también le gusta la idea de que sea su Profesora de Pociones, solo espero que Scorpius no me deje en ridículo ante la clase. Pero Albus, ¿Estás seguro de que no cambiarás de idea? Es decir, aun faltan 4 años para eso.

Bueno, Draco te manda muchos saludos.

Deseamos que regreses pronto, mientras tanto disfruta mucho, te queremos...

H.D.S.D

Doblé la carta y la metí en el sobre. Escribí en él el nombre completo de Albus y la até a la pata de la lechuza que esperaba desde hacía más o menos un par de horas por la respuesta. Menos mal se me ocurrió traerle agua y un poco de comida al pobre animal.

— Listo mi amor — Señalé arrojándome en los brazos de mi esposo con cierto cansancio — Te amo.

— Yo también te amo — Me besó con entusiasmo.

— ¿Pusiste los hechizos? — Le susurré con picardía y él asintió volviéndome a besar.

Llevé mis manos a su pecho desnudo y lo acaricié mientras él se aferraba a mis labios como si su vida dependiera de ello. Rodó haciéndome quedar bajo su cuerpo y hundió su cabeza en mi cuello logrando que mi piel se erizará en su totalidad, además de hacerme reír por las cosquillas.

— Ahí no... — Susurré y escuché sus carcajadas en mi oído.

Mordió el lóbulo de mi oreja y no pudiéndolo soportar más volví a girar quedando sobre él, ahora yo sería la que lo haría suplicar para que parara. Besé sus labios y fui bajando con muchísima lentitud por su mandíbula, por su pecho y finalmente regresé al cuello cuando sus manos se aferraron a los bordes de mi franela con intensión de quitármela...

Nos amábamos y aquella noche, una vez más, nos lo demostramos con caricias que nos hicieron volar más allá del cielo. Más allá de lo humanamente posible, más allá de nuestras pieles tan siquiera... directo hacia nuestros corazones.


CONTINUARÁ...